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Capitulo 6: Triste batalla.
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—Has ido muy lejos, te atreviste a lastimar, lo más preciado para mí en este mundo, querías una batalla, tendrás una batalla, querías poder, yo te mostrare el poder.
Elensis dio algunos pasos atrás sorprendido de ver la nueva forma del consejero solar.
—Crees que me asustas, por haber tomado forma humana, solo eres un consejero, no un guerrero—Elensis sonreía altaneramente, como siempre, con ambos brazos cruzados sobre el pecho. Sus ojos, sin embargo, recorrían lentamente al hombre frente a él—Lo que me sorprende es saber que ese humano es el último de la dinastía solar, le gustara mucho a mi señor saber esto—declaró, separando apenas las piernas, lo suficiente para insinuar que se estaba preparando para lo que venía.
Orión apretó los dientes, observando a aquel sujeto de arriba a abajo.
— ¡Cállate, maldito!
Sin dejar de mirarlo, camino hasta Plut.
—Por favor cuida de el—Con total tranquilidad y ternura entrego el cuerpo inconsciente en brazos de la Sailor. Ella asistió.
Se arrojó al ataque sin previo aviso, como una exhalación, salvando la distancia entre ambos en un abrir y cerrar de ojos. El polvo de la calle salió disparado violentamente en un radio circular cuando Elensis alzó el brazo, bloqueando su puño con una precisión escalofriante. Orión, lejos de amedrentarse, se inclinó a toda velocidad, apoyando el peso del cuerpo a la pierna izquierda, mientras que con la derecha arrojaba una demoledora patada directo al abdomen. Elensis reaccionó con la misma increíble rapidez. En un solo movimiento separó las piernas y cruzó los antebrazos por delante del cuerpo, absorbiendo toda la potencia del impacto. Inmediatamente movió los brazos, atrapando a Orión por la pierna y lanzándolo por los aires con una fuerza brutal. El consejero salió disparado violentamente hacia atrás, desprotegido, pero logró enderezarse antes de que el guerrero contraatacara, girando sobre sí mismo en una potente patada. Elensis se abalanzó sobre él, inclinándose hacia un lado para eludir el golpe. Lo hizo tan rápidamente que Orión no fue capaz de verlo y mucho menos de anticiparlo.
El puño del guerrero lo golpeó con una potencia demoledora en el rostro, arrojándolo de lado al suelo.
—Rey Apollo, dame un poco de fuerza, para proteger a este mundo y al príncipe. Una brillante luz envolvió su brazo, dejando tras de sí un brazalete blanco con el símbolo del sol. Al instante supo qué hacer.
Elensis se lanzo de nuevo sobre él, pero Orión sabía cómo luchar cuerpo a cuerpo. Se movió de costado, haciéndose un ovillo para rodar en una voltereta y alzarse de un salto, de cara al guerrero. El puño de Orión se encendió en una luz blanca con destellos dorados.
— ¡Poder de Luz Solar, ven a mí!
El brazalete brillo con una intensa luz dorada que envolvió el cuerpo del consejero, formando sobre una brillante armadura de bordes agudos, tan blanca como la nieve en el invierno. Extraños símbolos y glifos dorados cubrían el metal, entrelazándose en intrincados diseños.
— ¡Puño Solar!
Golpeó hacia adelante, potente y recto, con todo el peso del cuerpo y del aura reunido en un solo punto. Elensis, no obstante, reaccionó como un relámpago. Lo golpeó con el codo, hacia abajo, desviando el puño hacia el suelo. Un inmenso agujero abrió la tierra bajo sus pies, liberando un geiser de piedras y polvo que ocultó el rodillazo con el que Elensis lo golpeó en el estómago. Orión gruñó de dolor, pero se las arregló para juntar los brazos y atrapar a su rival por la pierna antes de que se alejara. Elensis, sin embargo, con la rodilla aún hundida en el estómago del guerrero solar, extendió la pierna hacia afuera con una fuerza y velocidad asombrosas.
Orión volvió a salir despedido hacia atrás como lanzado por una catapulta. Aun así pudo notar, en pleno retroceso, como su rival salía nuevamente a su encuentro con los pies suspendidos a centímetros del suelo, casi flotando. Se equivocaba. Suspendido aún en el aire, volando hacia atrás por la fuerza del golpe, Orión alzó rápidamente el brazo derecho, encendiendo el aura hasta el límite.
— ¡Dragón de Fuego!
Una columna de fuego brotó de su puño, en línea recta, directo hacia Elensis que ya estaba casi encima de él. El guerrero oscuro no aminoró su avance, de repente giró en una media pirueta imposible, como un trompo, paralelo al suelo, saliendo disparado hacia un costado a toda velocidad. El Dragón de Fuego pasó a su lado en una furiosa ráfaga de fuego, sin llegar siquiera a rozarlo. Elensis derrapó con agilidad sobre el suelo, agazapado y con la mano izquierda colocada a la altura de la cadera, los dedos tensamente abiertos.
— ¡Vórtice de Fuego Oscuro!
El aire estalló en llamas, formando una espiral de fuego negro que giró sobre sí mismo, como una hélice, contrayéndose de repente en la palma del guerrero. Entonces extendió el brazo. Un torrente de fuego en forma de remolino se extendió por toda la calle, abriendo un profundo surco de roca fundida. Las casas sobre las aceras, a ambos lados del campo de batalla, estallaron en cenizas al mero contacto con aquel extraño fuego oscuro. Orión, de pie en el centro de la calle, se arrodilló haciéndose un ovillo, alzando ambos brazos en cruz. Una fina capa de aura cubrió su cuerpo cuando el torrente de llamas arrasó con un rugido ensordecedor, engulléndolo como una ola en un mar ardiente.
Silencio. Solo interrumpido por el leve crepitar de las llamas sobre los consumidos muros y tejados de las casas más lejanas.
Elensis bajó lentamente el brazo, observando con atención. Delante de él, una enorme y humeante zanja abría la tierra, como si un gusano gigantesco hubiera arrastrado su inmenso cuerpo a través de la calle. Y allí estaba Orión, en el extremo opuesto de la zanja, acuclillado, con la cabeza oculta tras los brazos que aún cruzaba sobre el pecho. Se incorporó muy lentamente, escupiendo un fino chorro de sangre hacia un lado. La armadura blanca, intacta a pesar del castigo, humeaba al igual que las pequeñas laceraciones que le cubrían los brazos y el rostro. Orión sonrió, clavando una arrogante mirada en su rival.
—Sigo vivo, maldito—declaró despreocupadamente, señalándose a sí mismo con el pulgar.
Elensis le devolvió la sonrisa, entrecerrando sus duros ojos grises.
—Veamos por cuánto tiempo…
Una densa lluvia acompañada de algunos truenos comenzó a caer sobre la cuidad o lo que quedaba de ella.
Ignis salió disparado hacia atrás como si un inmenso gigante le hubiera dado un manotazo. Durante un segundo, el sabor de la sangre en su boca y el retumbar de su cabeza, como si alguien le estuviera sacudiendo el cerebro dentro del cráneo, fue lo único que pudo sentir. Aún así, recuperando el equilibrio en pleno aire, logró apoyar una mano en el suelo para impulsarse ágilmente hacia un lado. Cuando cayó y alzó la mirada, agazapada sobre el suelo, Lilith se encontraba inclinada sobre él, mirándolo directamente a la cara.
— ¿De verdad pensaste que un ataque tan débil acabaría conmigo?
Rápida. Increíblemente rápida.
Esa mujer se movía a una velocidad que lo sorprendió. Nuevamente intentó hacerse a un lado, pero Lilith lo sujetó por el rostro con una mano que parecía hecha de acero, propinándole un potente rodillazo en la boca del estómago. Ignis se dobló de dolor, abriendo los ojos hasta casi desorbitarlos, pero la guerrera estaba lejos de terminar. Sin siquiera darle tiempo para tomar aire, Lilith lo levantó del suelo con un brutal puñetazo directo a la mandíbula. Aquel golpe lo habría arrojado contra la pared del pasillo como si fuera un muñeco de trapo, pero la guerrera lo evitó sujetándolo por la muñeca, golpeándolo en el peto de su armadura con una fuerza monstruosa. Ignis sintió como si alguien le hubiera propinado un mazazo en el pecho, dejando escapar otro grueso hilo de sangre entre sus labios. Recién ahí Lilith lo soltó, echándolo hacia atrás con un feroz cabezazo en el rostro.
Ignis trastabilló, retrocediendo varios metros, salpicando su armadura con gruesas gotas de sangre. Dobló una rodilla sobre el suelo, inclinando la cabeza con los cortos cabellos naranjas sobre el rostro. No volvió a moverse.
Lilith no pasó por alto semejante oportunidad. Se lanzó sobre él como un toro a la carrera, echando su inmenso hombro hacia atrás en otro poderoso golpe de puño. Era apenas perceptible, menos teniendo en cuenta la increíble velocidad a la que se movía, pero una muy leve aura violeta rodeaba a la guerrera.
— ¡Eres mío, guerrero!
Pero el golpe nunca llego.
— ¡¿Qué?!
Durante un segundo, Ignis observó incrédulo lo que estaba ocurriendo. El brazo de Lilith extendido hacia adelante, con toda su poderosa energía, se había quedado quieto.
—Elensis…—Susurro, girando la mirada hacia el horizonte.
Ignis, quien continuaba arrodillado, pero al sentir el impresionante choque de energías, giro la cabeza hacia el mismo lugar donde miraba Lilith.
—Orión…—susurró el guerrero de fuego, poniéndose de pie—Febo se encuentra en peligro.
Lilith se limitó a darle la espalda, sacudiendo la corta cabellera rubia.
—Creo que nuestra batalla seguirá pendiente—replicó con voz fría.
—Tiene razón—Ignis sonrió—Aunque yo iba ganando.
Aquellas palabras la hicieron torcer la boca en una mueca de desagrado. Volteó para mirarlo por encima del hombro, atravesándola con el hielo de sus ojos ambarinos.
—Si eso es lo que eliges creer, bien por ti—Un torbellino de sombras la cubrió desapareciendo.
—Vamos…—Miro a sus compañeros.
Orión retrocedió, aturdido, poniendo distancia entre él y un Elensis que ya volvía a abalanzarse sobre él. Apretó los dientes, un poco más que mínimamente cabreado. El Dragón de Fuego había demostrado ser inefectivo. Debía encontrar un hueco para atacarlo con algo más poderoso, algo luego de lo cual ya no volviera a levantarse tan fácilmente. El problema era que aquel maldito no le estaba dando ni la más mínima chance de hallar ese hueco.
Elensis volvió a caer sobre él, rápido hasta lo indecible, arrojándole unos diez puñetazos consecutivos, con ambas manos, de arriba abajo y de diestra a siniestra. Orión bloqueó cerca de la mitad, logró eludir otros tantos y recibió dos de lleno en la cara, uno en la quijada y el otro en la mejilla. Los golpes lo arrojaron de cara al suelo, ante lo cual reaccionó incorporándose instantáneamente de un salto en el sitio. Fue un error. Sin siquiera moverse un paso, aprovechando la aceleración y la inercia de su anterior ataque, Elensis volvió a girar sobre sí mismo en una fulgurante patada en semicírculo. El golpe alcanzó a Orión de lleno en el rostro, demoledor, pero el guerrero solar ya había tenido suficiente. Volvió a caer de cara sobre el suelo, pero esta vez no se levantó a ciegas, de golpe, sino que apoyó ambas manos en el suelo a la par que abría las piernas, impulsándose hacia adelante como si fuera una enorme rana. Elensis, quien aún no terminaba de recuperar el equilibrio tras la patada, no se esperaba un movimiento como ese. Orión lo abordó en menos de un suspiro, sujetándolo con fuerza por el hombro mientras entrelazaba un pie tras su talón en una complicada llave. Bien, si no podía encontrar un hueco… ¡entonces se fabricaría uno!
Orión apoyó su mano libre en el pecho de su oponente, y entonces, agazapado como estaba, lo arrojó hacia arriba con todas sus fuerzas. El movimiento fue tan veloz y repentino que Elensis no pudo evitar salir disparado en línea recta hacia arriba, girando como un trompo en pleno aire. El joven consejero sonrió ferozmente, extendiendo ambos brazos con las palmas hacia afuera.
— ¡Impulso Cósmico!
El aura lo rodeó en un estallido circular que levantó polvo y piedras en una potente onda expansiva. Durante un instante, fue como si cientos de miles de brillantes bólidos de luz, traslúcidos, brotaran de sus manos, cubriendo el cielo con su majestuoso vuelo. Se trataba en realidad de una brutal tormenta de aura, miles y miles de golpes arrojados a la velocidad de la luz en un incontenible torrente. Elensis abrió grandemente lo ojos, aún en pleno aire, extendiendo una mano para protegerse.
— ¡Vórtice de Fuego Oscuro!
Fue inútil. El remolino de llamas negras fue totalmente arrasado por el poder cósmico, el cual engullo al guerrero en un caótico torbellino de poder. Una colosal explosión finiquitó el ataque, extendiéndose como un óvalo dorado que cubrió buena parte del firmamento.
Orión dobló una rodilla sobre el suelo. El sudor le empapaba el rostro y los cabellos, su pecho subía y bajaba al ritmo de una agitada respiración. Dioses…estaba tan agotado. Y dolorido. Los golpes de ese tipo eran tan fuertes, sin contar esa técnica de los mil demonios del Vórtice de Fuego. Había logrado protegerse con su aura, pero aun así el ataque había sido tan fuerte que su armadura se había recalentado como un caldero al fuego. A punto había estado de coserse vivo dentro de su propia armadura.
Lilith se acercaba cada vez más al lugar de donde provenía el poder, a su paso podía ver edificios destruidos, símbolo inequívoco de una gran batalla, y sin saber por qué un extraño sentimiento se apodero de su en su corazón.
Miedo. Si era miedo lo que estaba sintiendo. No por ella si no por aquel a quien buscaba. Cuando por fin llego al lugar, pudo observar el destruido campo de batalla. En un extremo vio a la Sailor de tiempo, con un joven en brazos.
Las frías gotas de lluvia caían por su cabello. Pero lo que helo su corazón fue la escena delante de ella.
Bajo la intensa lluvia el cuerpo inerte de un joven rubio de ojos grises.
—Elensis…Hermano, todo estará bien—Se puso de rodillas a su lado y con una mano retiro los cabellos mojados de sangre y agua de la cara del joven. Desesperada abrazo al joven—Elensis perdóname no pude cumplir mi promesa de protegerte, eras todo lo que me quedaba y la ambición de poder me hizo olvidarme de los lazos que unían a ti, desgraciadamente recordé muy tarde quien eras realmente para mí.
—Fue mi culpa, tu renunciaste a todo por mí—La mano de él se poso en la pálida mejilla de su hermana—Jamás me dejaste solo, te amo herma…. —Pero no pudo terminar la frase. Sus ojos se cerraron lentamente, mientras unas lágrimas corrían por sus mejillas.
—Elensis…—Abrazo el cuerpo sin vida de su hermano y se puso en pie.
Justo en ese momento, aparecieron el lugar los cuatro guerreros solares.
El fuego de los ojos de Ignis de cruzo con el ámbar de los ojos de Lilith.
—Aquí termina esto guerrero, la batalla ha terminado, me disculpo por todo el dolor que he causado—Miro hacia donde estaba Orión y luego miro al joven que ahora estaba en brazos de Iron—Lo siento príncipe Febo.
Las sombras la envolvieron mientras desaparecía.
—Lilith…—Susurro Ignis. De inmediato se volvió hacia Orión con una mirada de desaprobación y reproche.
—Que paso aquí. De donde sacaste tanto poder—Su habitual tono juguetón apareció—No te podemos dejar un rato solo, porque casi destruyes por completo la ciudad.
—Hablando de dejar solo a alguien—Comento Aeris preocupado—Debemos regresar con las chicas.
—No te preocupes ellas—La voz de Ignis se torno seria—Ahora lo importante es cuidar al príncipe y a Orión—Muchas gracias guerrera del Tiempo.
—Yo me encargo de las chicas—Respondió la morena.
— ¿Donde están los chicos?—pregunto una preocupada Amy.
—Dijeron que ayudarían a unas personas a llegar al hospital, que más tarde se comunicarían con ustedes—Sorpresivamente los disculpo Darién, con lo cual las chicas quedaron más tranquilas para atender otro asunto pendiente: Sammy.
—Prometo que guardare su secreto, que ahora también es mío, después de todo Andrew también lo sabe—Contesto el joven con un puchero.
—Debes entender la importancia de esto. Si el enemigo sabes nuestras identidades, podría atacar a nuestras familias incluido tu—La mirada de Hotaru era muy seria.
—Hotaru, tiene razón—Serena puso una mano en su hombro—Yo no quisiera ver a mama o a papa, ni a ti lastimados.
Después de calmar un poco los ánimos, todos los chicos regresaron a sus respectivas casas.
Pero Sammy no podía dejar de pensar en la chica de ojos amatista, en lo tierna y hermosa que era Hotaru, pero también en la fuerza y poder que había demostrado la enigmática Sailor Saturn. Su mente daba muchas vueltas, no solo era descubrir que ella era una guerrera, sino también su propia hermana, aquella a la que muchas veces tacho de torpe y débil era la gran Sailor Moon.
Su paso era lento, resignado, pero aún así mantenía la cabeza en alto, con la vista fija hacia adelante. Entre sus brazos, el cuerpo de su pequeño hermano descansaba. Lo miró durante un breve instante, luchando contra la punzada de dolor que la golpeó en el pecho. Con los ojos cerrados, los labios ligeramente entreabiertos y una expresión de tranquilidad en el rostro, Elensis casi parecía dormido.
Pero no lo estaba.
Con un dolor atroz, infinito, Lilith pasó a través del gran pasillo. Sus ojos no se despegaron del suelo en ningún momento, sintiéndose incapaz de observar aquellas columnas, aquellos muros entre los cuales Elensis había vivido. Los recuerdos llegaron a su memoria.
…
El hermoso palacio blanco rodeado de brillantes flores de diversos colores era sede de uno de los eventos más importantes de la Galaxia Andrómeda. El nombramiento de cinco jóvenes con el título de Senshis protectoras de la princesa Andrómaca, hija de los soberanos del planeta Andrómeda, que pronto contraería nupcias con un joven príncipe de la vía láctea.
Dentro del gran palacio, en el enorme salón del trono, daba comienzo el sublime acto.
—Ustedes cinco, han sido elegidas por los dioses, como guardianas de un poder muy grande y con este poder juraran proteger a la heredera de este conjunto planetario—Hablaba el imponente rey del planeta Andrómeda. Junto a él estaba la reina y a un lado de ella la hermosa princesa Andrómaca. Las cinco jóvenes permanecían, delante de ellos, con una rodilla en el suelo y una mano en el corazón.
—Perséfone, tú portaras el título de Sailor Dark Hole.
—Acepto mi deber gustosa—Contesto una joven de largo cabello rojos y ojos verde intenso.
—Xiomara, tu portaras el título de Sailor Nova.
—Cumpliré con honor mi señor— Los ojos dorados de la joven brillaron bajo los mechones negros de su cabello.
—Lamis, tu portaras el título de Sailor Sirius.
—Así será mi señor—Seriamente una joven de cabello azul oscuro y ojos celestes.
—Adana, tu portaras el título de Sailor Nebulosa.
—Es un orgullo-contesto la más joven de las guerreras, una chica de intenso cabello rubio y profundos ojos grises.
—Lilith, tu portaras el título de Sailor Black Star.
—Con mi vida, protegeré a la princesa—Los brillantes ojos ambarinos de la joven demostraban devoción hacia su nueva misión.
—El poder del que son guardianas, no es igual que el de las demás Senshis de las otras galaxias, su poder se basa en energía oscura, mas sin embargo esto no quiere decir que deba usarse para el mal, sino todo lo contrario, este poder es completamente suyo… pero debe ser usado para proteger.
….
—Para proteger…—Susurro Lilith.
Las grandes puertas dobles de las habitaciones del señor oscuro se abrieron ante ella, revelando el largo pasillo alfombrado que conducía hasta el trono de ébano. Allí estaba Thanos, de pie en mitad de la habitación, con ambas manos entrelazadas detrás de la cintura
Se acercó a Thanos, mirándolo fijamente a los ojos. Sin decir nada, sin dejar de observarlo, depositó el cuerpo a los pies del hombre al que Elensis había considerado un líder.
…..
En uno de los grandes jardines del palacio dorado del reino solar. Una joven entrenaba duramente. Los rubios cabellos se pegaban a su frente por el sudor. Un pequeño se acercó intentando atacarla por la espalda, pero la chica lo esquivo sin ninguna dificultad.
Eres muy mala, hermana, no puedo atacarte siempre lo anticipas, yo quiero ser tan fuerte como tú.
—Y lo serás, Elensis. Si eres muy persistente, un día pertenecerás a la guardia de palacio, o tal vez podrías llegar a ser uno de los guardianes del rey—Le contesto la chica de cabellos dorados con ternura.
—Ella tiene razón, si perseveras y pones tus esfuerzo y fe, podrás lograr todos tus sueños—Una suave voz llego a sus oídos.
—Reina Andrómaca—La chica se apuro a hacer una reverencia, instando a su hermano a hacer lo mismo.
—Has entrenado muy duro Lilith—Andrómaca miro con cariño a la más fiel de sus guerreras—Deberías tomar un descanso.
….
— ¿Que ha pasado, Lilith?—preguntó Thanos en tono calmo.
—Pasa que mi hermano está muerto—contestó la mujer al pie del estrado. Era alta y orgullosa, de cabellos dorados como el sol y ojos ambarinos.
—Supongo que el buen Orión se cobró la vida de Elensis, ¿no es así, Lilith?
El semblante de la joven se ensombreció durante un instante.
—Es tu culpa—Lilith apretó el puño, enfurecida. No pudo hacer nada, nada para evitarlo. Elensis había muerto ante sus ojos y ella no había sido capaz de reaccionar. Se odiaba…se odiaba a sí misma casi tanto como odiaba a aquel maldito—Se todo lo que hiciste, se quién soy yo…Se quien fui, se lo que paso en el pasado, sé que nos borraste la memoria, sé que quisiste eliminar el lazo de sangre que había entre Elensis y yo…pero lo pagaras muy caro—Su aura reaccionó a su ira.
Su cuerpo dibujó una oscura estela borrosa en el aire cuando se arrojó sobre Thanos, a una gran velocidad. Thanos abrió enormemente los ojos, alzando un brazo en el último segundo. Lilith le había arrojado una patada alta tan rápida que apenas llegó a vislumbrar su movimiento en el aire. Logró bloquearla interponiendo a duras penas el antebrazo. Pero al instante siguiente señor oscuro se inclinó, casi agachándose al ras del suelo. Lilith no llegó a ver el movimiento de sus manos. Los puños de Thanos se movieron dibujando líneas cuando le asestó seis violentos puñetazos en el estómago.
La chica salió despedida violentamente hacia atrás, sintiendo el sabor de la sangre en su boca. Dobló una rodilla sobre el suelo, aturdida, y cuando alzó la vista su oponente ya no estaba allí. Lo percibió por encima de su cabeza menos de un suspiro después. Lilith alzó bruscamente la vista, apretando los dientes. Thanos había dado un salto en línea recta hacia ella, elevándose varios metros por sobre el nivel del suelo. Cayó girando sobre sí mismo en pleno aire, asestándole una patada en el rostro con toda la aceleración de su cuerpo.
Lilith volvió a salir disparada hacia atrás, estrellándose de espaldas contra uno de los inmensos muros del pasillo.
—Veo que el hechizo que sellaba tus memorias ha desaparecido—prosiguió Chaos—En cuanto a Elensis—sonrió cruelmente—El se lo busco, era un estúpido, impulsivo
Thanos se adelantó un paso hacia ella. Sus ojos no revelaron nada, pero Thanos vio con toda claridad el temblor de sus puños apretados.
— ¿Has venido a vengarte, Lilith? No pensé que las senshis se dejaran dominar por instintos tan bajos… Al fin y al cabo no somos tan diferentes.
—Cállate—la voz de Lilith sonó fría como un témpano de hielo—No te atrevas a compararnos con una basura como tú.
— ¡Cuánto orgullo!—rió Thanos—Supongo que esa es una característica de la elite de las guerreras de Andrómeda. Ahh las cinco sagradas senshis…todas tan imponentes, tan honorables, tan orgullosas de su inigualable poder—Thanos alzó una ceja, sonriendo burlón—Dime, ¿de qué te sirvió todo ese derroche de orgullo y honor Lilith, que harás después de hacerme pagar mis culpas?
—Volveré a donde pertenezco, los príncipes de la luna y sol están llenos de bondad y luz, me perdonaran…—murmuró Lilith, mirándolo fijamente.
….
Habían pasado algunos años, los reyes tenían a su primogénito el príncipe Febo. Una cruel batalla se había desatado en el Reino solar, un oscuro ser conocido como Thanos pretendía apoderarse de las gemas del infinito. Pero los poderosos guerreros solares, lo impidieron.
El oscuro ser sabiéndose derrotado, decidió no irse con las manos vacías. Sabiendo de la existencia de energía negativa en el poder de las sagradas guerreras de la reina, las sedujo a pelear a su lado.
—Tal vez no lo sepan, pero este reino está destinado a morir y con el todos sus habitantes y eso las incluye a ustedes-hablaba con perversión en su voz el oscuro ente.
— ¿Eso es cierto Sirius? —Preguntaron a la más sabia de las guerreras.
—Desgraciadamente sí— Contesto con pesar.
—Aquellos que ustedes protegen les han ocultado la verdad, si ustedes pelean a mi lado… en un futuro yo les prometo la juventud eterna, además de más poder, la esencia de su poder es la energía oscura, y yo puedo aumentarlo. Ustedes deciden, morir aquí o la juventud eterna—Con un movimiento de su mano abrió un portal oscuro incitándolas a entrar.
—Yo acepto—Contesto sin dudarlo Nova, cruzando el portal.
—Y yo voy contigo—Respondió la más joven, imitando a su amiga.
—Vamos ustedes deben de estar juntas—Insistió el ser malévolo ser.
—Está bien—Respondieron Sirius y Dark Hole.
— ¿Que hacen? —Black Star sujeto la mano de Dark Hole, mirándola asustada— ¿Y nuestro juramento y nuestro deber de guerreras?
—Yo también voy.
Black Star sintió que un escalofrió le recorría la espalda al escuchar aquellas palabras de vos de su hermano.
—Si me prometes poder… un poder que aquí jamás tendré la oportunidad de tener.
—Elensis…—Susurro mientras se giraba para mirar a su hermano menor.
—Lo siento hermana esta es mi decisión, buscare en otro lugar lo aquí me fue negado.
Delante de portal, Dark Hole y Elensis la miraban, esperando su decisión.
—No puedo dejarte solo, pero no iré así, mi orgullo de guerrera se queda aquí—Camino lentamente hasta cruzar el portal—Perdóname Andrómaca, no puedo dejar a mi hermano.
Detrás de ella, en el suelo, quedo un brillante broche con una estrella negra, símbolo de su estatus de guerrera.
….
—Por eso debiste escapar cuando pudiste—continuó Thanos—Aquí no tienes ninguna oportunidad, jamás podrás vencerme.
Thanos desapareció. En realidad, Lilith sabía que se había movido, corriendo en línea recta hacia ella, pero el movimiento fue tan increíblemente rápido, tan fluido, que fue como si su cuerpo se esfumara en el aire. Era un ataque imposible de evitar, imposible de anticipar.
Y sin embargo Lilith lo esquivó.
En ese breve instante pensó en su hermano, en Andrómaca, en el mundo, y en Febo, sobre todo en Febo. Aquellos a quienes tenía el deber y el deseo de proteger, aquel a quien debía proteger. Si, se dijo. Lo haría aunque fuera su última acción en el mundo de los vivos.
La determinación insuflada por ese pensamiento hizo que se moviera por sí sola. Lilith, sin desarmar su postura, dio un suave paso hacia un lado, eludiendo por milímetros el ataque de Thanos. Éste, asombrado, logró alzar un brazo para contener el fuerte empujón con el que reaccionó la guerrera. Aún así, no pudo evitar retroceder unos cuantos pasos, tambaleándose. Lilith no dejó pasar la oportunidad. Volvió su brazo alzado hacia el oscuro ser, apuntando y midiendo la distancia. Su otra mano, empuñada, a la altura de la cadera, se encendió en un hermoso resplandor de color oscuro.
— ¡Impulso de Estrellas!
Un rayo de luz violácea, recto y enceguecedor, brotó del puño de la guerrera, iluminando la habitación. Aún presa de su asombro, Thanos no tuvo tiempo de hacerse a un lado. La distancia era demasiado corta, y el ataque demasiado veloz y decidido. Lilith se estaba jugando el todo por el todo. Logró, sin embargo, alzar el brazo izquierdo, recibiendo de lleno el impacto con la palma de la mano.
— ¿Crees que podrás hacerme algo con esto?—gritó Thanos— ¡Te equivocas!
El ser empujó hacia adelante, intentando devolver toda la presión del ataque. Pero no lo logró. Más perplejo que furioso, Thanos sintió como el aura de Lilith crecía desmedidamente, imposiblemente, sobrepasando todos los limites. Volvió a intentarlo, pero fue inútil. El Impulso aumentó su presión y su poder aún más, haciéndolo retroceder con los pies enterrados en la piedra del suelo. Atónito, contempló como el resplandor se hacía cada vez más y más fuerte, abrasándole la mano. Thanos soltó un grito de ira y dolor, alzando el brazo para rechazar hacia arriba el ataque. El rayo de luz salió disparado hacia el techo, rozándole el lado izquierdo del rostro. La sangre que manó por su frente, cubriéndole los ojos, apenas le permitió ver la sombra brillante que cayó sobre él.
Pero la vio.
Thanos se hizo rápidamente a un lado, deteniendo el feroz puñetazo de Lilith con su mano izquierda. El agudo dolor en su rostro, el sabor de la sangre que había llegado hasta su boca, lo hizo enloquecer de furia. Aquella guerrera… aquella maldita guerrera… ¡Lo había lastimado! Su mano izquierda sujetó a la chica por la muñeca, impidiéndole escapar, y entonces la golpeó.
Thanos estaba fuera de sí, enfurecido como nunca lo había estado antes
— ¡Maldita!
Un poderoso haz de energía oscura atravesó a Lilith de un solo golpe. La sangre escapó entre los labios de la guerrera, salpicándole el rostro. Aquello hizo que pestañeara varias veces, aturdido, como si saliera de un trance. De un fuerte empujón, se sacó de encima a Lilith, arrojándola hacia atrás. La chica cayó de espaldas sobre el suelo, con su expresión oculta por los cabellos que le caían sobre el rostro.
Chaos la miró durante un largo rato, llevándose una mano hacia la cara. Un profundo tajo le abría la ceja izquierda desde la frente hasta la mejilla. La herida sangraba tanto que no podía tener el ojo abierto. Y no era solo eso. La palma de su mano, aquella con la que había contenido el ataque, le ardía horriblemente. La observó casi con fascinación, contemplando el tono negruzco y el humo que despedía la carne quemada. Volvió la vista hacia Lilith, apretando los dientes.
—Tú…—murmuró—Tú fuiste capaz de dañarme.
Lilith no respondió. Estaba tendida de espaldas en el suelo, con los brazos en cruz y los cabellos dorados cubriéndole los ojos. La increíble aura que la había envuelto durante el último ataque, un aura que había ardido más allá del todo lo posible, se había esfumado por completo. Un charco oscuro comenzó a formarse a su alrededor, tiñendo de rojo el suelo. Thanos asintió levemente con la cabeza, abriendo ambos brazos.
—Bien, Lilith, magnífico—exclamó—Has logrado lo que nadie fue capaz de lograr antes. Tienes mi respeto. Por eso honraré tu muerte con la más regia de las sepulturas.
Lilith continuó en silencio. Una fina lágrima escapó entre los cabellos que le cubrían el rostro cuando Thanos encendió su monstruosa energía, expandiéndola a lo largo de la habitación, haciéndola estallar de adentro hacia afuera.
— ¡Dimensión del vacío!—
Los muros cayeron.
Las columnas estallaron.
Los pasillos colapsaron sobre sí mismos.
—Perdóname, hermano, hasta en el último momento te falle—Lágrimas de dolor y arrepentimiento inundaban sus ojos—Perdóname Andrómaca.
Capitulo triste y emotivo.
Áureo-Chan
