¡Hola de nuevo!

Lo primero, agradecer a Nimbusmind y Robinevans por su constante apoyo y su pasión por El Alhelí Negro.

Sólo espero que este capítulo no deje indiferente.

¡Gracias otra vez!


Lene se quedó ahí, plantada en medio del salón. Soul la miraba fijamente, sin saber qué decir. ¿Cómo sabía su verdadero nombre? Sólo las brujas lo conocían. Además, ella no se lo había dicho a sus amigos, más que nada porque le parecía un nombre horroroso. Pero él lo sabía. Y, lo más raro de todo, parecía que hubiera sido toda una revelación para él.

Soul se levantó. ¿Qué estaba haciendo? Se acercó un poco a Lene, con algo de miedo. Sus pupilas brillaban con un fulgor esperanzador. Se le hizo un nudo en el estómago. Nunca antes había visto esa reacción en su amigo. Su común cara de desinterés se había transformado en una que inspiraba de todo menos confianza para ella.

-¿Eres tú, Lorelei? -preguntó, levantando una mano para acariciarle la mejilla. Ella se alejó, con una mueca de desconfianza.

-Me llamo Lene -terció ella sin ningún tipo de delicadeza en la voz.

-Pero... eres igual que...

El muchacho calló, interrumpiendo las palabras que en su garganta ardían. No lo comprendió. ¿Qué le estaba pasando? Creía haberlo asimilado ya, pero se ve que esa chica había despertado sus recuerdos más profundos de su hermana gemela. Además, era imposible. Ya sabía que toda su familia había muerto en aquel ataque, incluido su hermano Wes. Se sentó de nuevo en el sofá, despacio, con la cabeza gacha.

-...ella -terminó de decir, estallando en un llanto lleno de rabia. Se echó las manos a la cara. Odiaba llorar, y más con gente delante.

Lene continuó de pie, contemplando a Soul aún sin comprender. Se acercó un poco, para intentar consolarlo. Pero, ¿cómo consolar a alguien que siempre era el que consolaba, el fuerte del grupo, el que siempre sabía que lo que hacía saldría bien?

Se limitó a pasarle un brazo por la espalda en gesto cariñoso. Pero de las manos que cubrían el rostro del albino surgieron unas palabras que la descolocaron:

-Si no eres ella, ¿por qué tienes que ser igual que ella? ¿Por qué tienes que ser la viva imagen de mi hermana pequeña, que murió en aquel maldito día? ¿Por qué, Lene? ¡Es cruel! ¡Hablas hasta igual que ella!

-¡Yo nunca pedí ser así, ¿sabes?! ¡Eres un imbécil! -gritó.- ¿Acaso tengo la culpa de que tu familia esté muerta, eh? ¡Porque la mía siempre lo ha estado!

Soul levantó la cabeza, y se encontró con una Lene que apretaba los puños e intentaba contener las lágrimas. Ella nunca había considerado a las brujas como parte de su familia. ¿Acaso podrías considerar familia a las personas que no hicieron nada para salvar la vida de su madre, y que después le hicieron lo que le habían hecho: despropiarla de su derecho a la privacidad y desterrar su alma de su propio cuerpo cuando a Medusa le apeteciera?

Ni mucho menos.

La chica continuó desahogándose:

-Mi gente nunca ha sido mi gente. Sólo me han causado dolor, durante toda mi vida. Y aun así tengo que estar con ellos. ¿Crees que eso no es cruel? ¿EH?

Soul se había quedado con la boca abierta.

-Pero, ¿tu abuela...?

-¡NO HAY NINGUNA ABUELA! -vociferó. Al instante se arrepintió de ello. Sin recoger siquiera el bajo, salió corriendo de la casa. Sus lágrimas brillaron reflejando la luz del escaso sol que quedaba en el cielo al desprenderse de su rostro colorado por la tensión del momento.

Soul acudió corriendo a la puerta, tan confuso que incluso había tardado unos segundos en darse cuenta de que Lene se había ido. Intentó alcanzarla, pero lo único que logró fue verla alejarse hacia las afueras de Death City. La miró con una comprensión impregnada de tristeza mientras el horizonte se la tragaba.

-Lene...


En el bosque se sucedían flechazos llenos de rabia contenida. El entrenamiento estaba siendo muy duro. Lene, que vestía su capa de arquera, esa que querría llevar cuando fuese una bruja de verdad, bajó un instante el arco, y Eileen adquirió su forma humana de nuevo.

-Oh, vamos, Lene. No le des tanta importancia.

Le había contado a su arma lo que había pasado con pelos y señales en cuanto la había visto, porque necesitaba desahogarse. Ahora, aunque no se sentía mucho mejor, había dejado de llorar al menos. Dio un fuerte puñetazo al árbol-diana, haciéndolo temblar hasta las raíces. Tenía ganas de matar a alguien, pero lo único que podía hacer era apuntar y disparar, apuntar y disparar...

Y, en realidad, era lo único que le apetecía en ese momento. Necesitaba olvidarse de aquella tarde, de las egoístas palabras de Soul y de la gran metedura de pata que había cometido. Si Soul se lo comentaba a Kid, o le daba por investigar un poco el tema, estaría perdida. La descubrirían.

-Vamos -le ordenó a Eileen, que se volvió a convertir en un arco de cristal, y ambas volvieron al entrenamiento.

Pero no pudieron continuar durante mucho tiempo, porque la pica negra apareció en la palma de la mano de la rubia. Lanzó un grito de frustración al aire y volvió a vestir las ropas de siempre tras un chasquido de dedos.

Un tiempo después, ambas se encontraban ante Mabaa. Estaba seria, como siempre, pero el ambiente parecía estar más cargado de lo normal. Medusa apareció detrás de ella. Lene le dirigió una mirada hostil, a lo que la otra respondió un una sonrisa burlona. La jefa de las brujas comenzó a hablar, con su voz cascada:

-La misión se está retrasando, Lorelei. Debes terminar cuanto antes con él. Y con todo el que se te ponga por delante, si hace falta. Contamos contigo. Recuerda que así podrás convertirte en una bruja oficial.

Lene se mordió el labio, reprimiendo un suspiro. La verdad es que hoy tenía ganas de matar de verdad.

-Ya sabes lo que pasará si te retrasas demasiado -intervino Medusa, contoneando sus caderas de forma provocativa. Lene evitó cruzar miradas. Sabía que si lo hacía, volcaría esas ganas de matar hacia ella.

-Queremos que actúes mañana por la noche, niña -continuó Mabaa-, así que ve preparando la táctica que concretamos la última vez.

Lene levantó la cabeza y dijo, firme:

-Llevar a Kid al sur del bosque, y allí atacar. Vosotras, apareceréis por allí si veis que necesito ayuda. Ya lo sé -suspiró-. Intentaré que no adivine mi estrategia, pero no aseguro nada; quizá lleguemos a batalla campal. No aseguro nada. Ese chico es duro de roer.

-O bien tú eres demasiado blanda con él -comentó Medusa.

A Lene comenzó a hervirle la sangre. Siempre, siempre tenía que comentar algo la maldita bruja de las narices. ¿Y esa era su familia? Puaj.

-No permitiremos ninguna negligencia en este plan, jovencita. Sin miramientos. Espero que se hagan notar tus cualidades como bruja.

-Sí, mi señora.

La reunión terminó. Eileen habló por primera vez desde que habían llegado al palacio de Mabaa.

-Lene, ¿estás segura de lo que has dicho?

-Pues claro. ¿Te crees que no podré ganarle en batalla?

-No; me refiero a, si de verdad era tu estrategia enamorarte de él.

Lene calló y la miró con incredulidad. ¿Había dicho "enamorarte"? Ja, ja, ja. Amor, dice. Eso era imposible. Él era su objetivo, la persona a la que debía asesinar. Era un Shinigami. ¿Cómo se iba a enamorar de su enemigo? Además, era muy irritante todo en él: la manera en que se preocupaba porque todo fuera simétrico, cómo siempre la criticaba, cómo vestía a sus pobres armas...

Pero ¿y si era verdad? No, no podía ser. Lo tenía claro. Pero la forma en que tocaba su guitarra, la pasión que ponía en cada canción, la forma en que, aquella vez, se había quedado mirando a su violáceas pupilas, la forma en que la había arrinconado, cómo se había puesto de colorado -eso más bien los dos-, cómo ella se había sumergido a la vez en sus ojos...

Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Dios mío. Su corazón había comenzado a latir con fuerza al recordar ese momento tan incómodo. Sintió un fuerte calor en las mejillas. ¿Acaso se había puesto colorada por un recuerdo?

Evocó lo que había dicho en la sala del Trono, y el estómago se le encogió. Lo había declarado cegada por la ira. Ahora, estaba confundida. ¿Sería capaz de matarle? Se dijo a sí misma que sí, que era la misión, que no podía fallar; pero su corazón pedía clemencia para el dolor anticipado que ahora sentía ante la inminente muerte de Kid.

Se echó la mano al pecho, intentando calmarlo. Eileen exhaló el aire de sus pulmones.

-Lo suponía.

-Cállate -le ordenó.

El arma volvió a guardar silencio, pero aún contemplaba a Lene con cierta lástima; qué ironía, se dijo. Pobre Lene. Iba a sufrir, y mucho.


Oye, Medusa -la llamó Eileen, que había dejado marchar a su técnico hacia Death City sin ella-, Lene me ha contado que el chico del pelo blanco la ha reconocido por su nombre, Lorelei, pero que en realidad la había confundido con su difunta hermana. ¿Acaso es él el superviviente del ataque de las brujas de hace diez años?

Medusa se giró bruscamente, recordando al pequeño Soul llorando en medio de la masacre. En aquel momento tuvo piedad de él. Cuán arrepentida estaba ahora. Miró a Eileen inquisitiva.

-¿Ha recordado algo?

-Al parecer, aún no -le contestó-, pero no creo que la memoria le tarde en despertar -Eileen se veía mucho más madura hablando con su superior en privado, como si fuera otra persona-. ¿Acaso el efecto de la máquina de manipulación de la moralidad puede verse desbaratado si vuelve a ver a alguien de su familia?

Medusa guardó silencio. Eileen comprendió. Ahora, no podrían aplicarle de nuevo los efectos de la máquina sin que descubriera sus verdaderos orígenes, y con ellos, la verdad sobre cómo llegó hasta las brujas. Sería mejor que destapara la verdad, que descubriera que fue raptada por sus compañeras aquel día; pero que no pusieran la misión en peligro por evitar un mal menor. Además, si quisiera irse, tampoco podría; la Pica expandería su veneno por su cuerpo.

Sólo deseaban que Soul no metiera mucho las narices en sus recuerdos.

-CONTINURÁ-