Al llegar al campo de quidditch, Sophie no se encontró con lo que esperaba. Su equipo no había empezado el entrenamiento. Es más, ni siquiera habían empezado a montar las escobas. Y Sophie se percató del motivo en seguida: Slytherin.

La chica, esperándose problemas, aceleró el paso.

- Cállate, Crabbe -escupió Ginny en el momento que Sophie llegó a su lado.

- ¿Qué ocurre? - susurró Sophie a Ginny sin apartar la vista de Harry y Ron.

- La que faltaba - empezó a reírse cínicamente una voz que la bruja ya tenía, desgraciadamente, más que repetida -. La asquerosa Slumber viene a defender a sus amigos, los pobretones Weasley y el sucio Potter - masculló Draco.

-Vaya, Malfoy, no sabía que estabas aquí. Pensé que te tocaba oxigenarte el pelo para conseguir ese rubio de pollo imbécil - escupió la bruja.

-Uhh, qué malota. Veo que ahora que tienes amigos y no vas por ahí sola y con la cabeza mirando al suelo sí que eres capaz de defenderte - soltó, riéndose -. Aunque claro, la solitaria Slumber nunca tuvo necesidad de defenderse antes, cuando nadie le hacia caso ni tan siquiera para insultarla - a Sophie le ardía el rostro mientras aguantaba la mirada a Draco -. Dime, brujita de pacotilla, ¿como se siente una al ser invisible para todo el mundo?

- ¿Sabes? Te equivocas en una cosa - dijo lo más tranquila que pudo -. Puede que no tuviera necesidad de defenderme, pero eso no significa que no supiera hacerlo. ¿Y sabes qué es lo que si sé hacer de maravilla?

-Sorpréndeme - río Draco, al ver lo molesta que estaba Sophie.

-Partirle la cara a hurones de mierda como tú - dijo mientras se lanzaba sobre Draco.

Oyó como Ginny lanzaba un gritito y notó su mano intentando detenerla, pero ella le apartó y se abalanzó sobre Draco, dándole un puñetazo en la nariz, que empezó a sangrar. De un empujón lo tiró al suelo y se tiró sobre él, pegándole golpes en la cara. Entonces unas manos le agarraron por detrás, rodeándola y apartándola de él. Draco retrocedió en el suelo, incorporándose y mirando a Sophie sorprendido con una mano en su nariz rota.

La bruja pataleaba para liberarse de Harry, que la agarraba con fuerza. Mirando a Draco con furia mientras se alegraba de ver correr un torrente de sangre por su cara, proveniente de su nariz. Se lo merecía, todos lo sabían. Harry le alejó y la soltó al lado de Ginny y Ron solo cuando Sophie prometió no arremeter de nuevo contra el Slytherin. Vio como Ron le sonreía disimuladamente antes de girarse hacia Draco, que estaba siendo atendido por su sombra, Pansy Parkinson, y sonrió triunfalmente. Draco la miró un momento, mostrando odio en su cara. Pero su expresión cambió a una sonrisa cuando miró más allá de la joven bruja. Sophie siguió la dirección a la que éste miraba y vio llegar a la profesora McGonagall.

- ¿¡Qué está pasando aquí?! Oh, Draco, su nariz... - dijo con la boca abierta - ¿Quién es el responsable de esto? - quiso saber, mirando hacia Ron y Harry, esperando una respuesta de confesión de alguno de los dos.

-He sido yo, profesora- murmuró Sophie, tímidamente.

-¿Usted? - soltó, realmente sorprendida. Era normal. Nunca había dado problemas-. ¿Qué le llevó a hacerle...eso, al señor Malfoy?

-Él... Él me provocó. Empezó a burlarse de mi y de ellos - dijo, señalando a sus amigos-. Llevo semanas aguantando sus estupideces y he explotado.

La profesora miró a Sophie con los ojos entrecerrados, como analizando sus palabras.

- Eso no es motivo para romperle la nariz a un compañero, señorita Slumber. Lo siento, pero debo quitarle cuarenta puntos a Gryffindor por su comportamiento -. La risa de Malfoy sonó, mostrando satisfacción -. En cuanto a usted - dijo, girándose hacia el Slytherin - soy consciente de que ha estado molestando a su compañera, así que veinte puntos menos para Slytherin. Además, los dos están castigados. Esta noche, después de la cena, acudan a mi despacho. Y usted, Malfoy, debería acudir a la enfermería antes de que se le ponga morada toda la cara.

Y antes de que ninguno pudiera protestar, McGonagall comenzó a caminar por donde había venido.

Los Slytherin le dedicaron una mirada de odio a la chica mientras se dirigían de nuevo a Hogwarts, acompañando a Draco.

Una vez que todos desaparecieron de su vista, los Gryffindor empezaron a aplaudir y vitorear a Sophie.

-¡Vaya derechazo le has dado!- felicitó Dean.

-Bien hecho, Sophie. Ese imbécil de hurón Malfoy llevaba mereciéndose otro puñetazo desde el de Hermione - sonrió Ron.

Todos le dieron la razón y siguieron vitoreando a Sophie por su buena mano para dar palizas muggles. Al final, Harry decidió posponer el entrenamiento y todos se dirigieron a cambiarse para la comida.

Sophie quería darse una ducha antes de bajar al Gran Comedor, así que llegó la última. Al entrar, el resto del equipo ya había contado lo sucedido en el campo de quidditch y todos la miraban, sonriéndole y felicitándole, haciéndole gestos de aprobación con las manos e incluso aplaudiéndole. Ella no pudo evitar sonreír y se sentó en frente de Hermione, al lado de Neville.

-¡Y con todos ustedes, señoras y señores, las dos chicas que han tenido el honor de romper la nariz a Draco Malfoy! - gritó Ron, señalando a Hermione y Sophie. Todos aplaudieron-. Aunque hay que admitir que los derechazos de Sophie son mejor que los tuyos, Hermione.

-Mira, ahí llega Malfoy - señaló entonces Harry.

Sophie se giró y vio entrar a Draco junto a Pansy. Su nariz ya estaba en su sitio otra vez, y ya no quedaban rastros de sangre. Pero, por la expresión de Draco, debía de dolerle aún. La bruja sonrió para sus adentros, aunque sintiéndose un poco culpable. Draco levantó la mirada y sus ojos se cruzaron. Se miraron fijamente, sin bajar la vista ninguno. Finalmente, él bajó poco a poco sus ojos grises y Sophie volvió a girarse hacia sus compañeros. La satisfacción de la chica terminó pronto, al recordar que McGonagall le había castigado.

El resto del día continuó sin más incidentes. Hermione y Sophie se pasaron la tarde en la habitación de Harry, comiendo golosinas los tres. Abajo, Ron seguía teniendo otra sesión de baboseo con su nueva novia Lavender y Hermione no tenía fuerzas para aguantarlo. Después bajaron a la cena, donde ella no cenó mucho.

Al terminar, Sophie se dirigió al despacho de McGonagall, preparada para el castigo.