Avatar no me pertenece, tampoco Hetalia.
Au Avatar.
Capítulo 2
Julián es un maestro agua, capturado por soldados de la nación del fuego, en su intento de escapar se encuentra en un rio del Reino tierra, intenta escapar, sin prever que terminaría en manos de otros problemas.
Se habían quedado aquella noche en las escaleras de tierra, hablando muy bajo hasta que la noche avanzo sin contratiempos. Hablaron de muchas cosas. Y Julián le conto las cosas que había experimentado en el Reino tierra. David por otro lado le conto todo lo que había vivido, e incluso como se había quedado atrapado en una de las cuevas de la aldea Oma, cuando era pequeño y como Arthur tuvo que ir a rescatarlo porque nadie más podía ver en la oscuridad.
Todo esto hasta que Julián comenzó a bostezar y David se le contagió. La luna aún seguía en lo alto y un extraño presentimiento anidaba en el pecho del maestro agua.
-Ven- David se levantó de un salto – ven a mi casa. Estoy casi seguro que es un poco más cómoda que la enfermería.
Julián no le discutió nada. Aunque la enfermería no era nada incomoda, estaba demasiado cansado como para negarse y sabía que David estaría más que dispuesto a insistir.
La casa de David era sencilla, el piso de madera y con tres habitaciones, un salón de estar bastante grande. Encendió una vela y guio a Julián a su habitación donde dormiría y sintió el deseo de arrastrar su colchón hacia esa habitación solo para continuar hablando con Julián, pero este demasiado cansado. El maestro agua le dio las gracias y las buenas noches.
Algo le decía que debía de dormir esa noche.
David se despidió y le dijo dónde estaba el baño por si alguna necesidad. Julián encontró la cama muy cómoda, y ante lo anterior, rio nasalmente.
El maestro tierra apago la vela en cuanto llego a su habitación. La luz de la luna baño amablemente la casa. A lo lejos en el cielo oscuro, las nubes de humo negro se avecinaban desde Omashu.
No escucho a ningún pájaro cuando despertó, cosa que hacia en la enfermería. Rosaura tenía una manía de poner tazas de semillas en la ventana cada mañana temprano.
Julián no supo qué hora era en aquel momento, se movió en la cama y se quedó viendo a la nada, recordando lo que había pasado anoche, se rasco el cabeza, pensativo. Había hablado con David hasta tan tarde, él lo invito a casa y ahora aquí estaba.
Se levantó lentamente de la cama y camino por la habitación quería lavarse el rostro desesperadamente y tomar algo para quitar la pastosidad de su boca. Camino hacia el baño que debió de intentar varias veces en las puertas hasta encontrarlo. Se lavó la cara y luego de despertarse lo suficiente camino por el gran pasillo hasta el centro de la casa.
-David…
Llamo de nuevo pero nadie le respondió. No escuchó nada en la casa, y tuvo el atrevimiento de volver al pasillo y abrir la puerta de la habitación del maestro tierra, la cama estaba desordenada pero nadie en ella. Se adentró más en la habitación y la encontró sencilla, mas algo lo inquieto. Un olor a carbón quemado. Se asomó ligeramente por la ventana y vio el responsable. Tres carros con el símbolo de la nación del fuego estaban en la entrada de la aldea y de las tuberías brotaba ese humo negro que todo el mundo podía decir, era lo peor que podía presenciar.
Podía recordar ese olor, era el mismo olor que percibió el día en que lo tomaron prisionero. El mismo olor de cuando estaba en el barco. Un olor maldito en tiempos de guerra, olor a muerte.
Julián se sintió desprotegido aun que estuviera dentro de la casa de David y por sobretodo que el maestro tierra no estuviera con él.
Se alejó de la ventana y salió de la habitación con paso rápido. Choco contra alguien a mitad de camino. Cayo de espalda y al caer en cuenta de su situación se levantó rápidamente.
-Julián…cálmate –Escucho la voz de David no muy lejos de él, y acertando de la alteración del maestro agua, David se acercó y por algún motivo Julián se alejó, tal vez fue solo la conmoción - cálmate, sé que los vistes…
Sintió la mirada azulina del maestro agua sobre él, sin poder descifrar su silencio, Julián no dijo nada sin embargo. Ninguna pregunta brotaba de su aturdida cabeza.
-Tengo que irme –Dijo Julián, moviéndose por la sala de estar sintiéndose incapacitado de muchas maneras. No podía salir de buenas a primera y huir, ¡lo atraparían!. Y seguramente la aldea quedaría pagando las consecuencias de esconder a un maestro agua.
-Arthur está hablando con ellos.
- ¿Qué hace Arthur hablando con ellos? –Pregunto sin calmarse aun. –
-Calma, Arthur conocer al general Jones. – Le dijo, David se acercó a él para decir con una voz apaciguadora- No te entregara, Arthur no haría algo como eso. Confía en mí.
A pesar de que David le transmitía cierta calma, no podía confiar del todo, miro al maestro tierra con ojos analíticos y entorno los ojos en duda. Arthur era el primero en querer que Julián se marchara. No conocía a Arthur, no podía fiarse de alguien que no conocía. Miro hacia la puerta con aire pensativo y luego a David
-No puedo quedarme aquí – Condeno Julián, temiendo de que los soldados pudieran reconocerlo de alguna manera al entrar a la casa de David. Los maestros fuegos no son muy aficionados a tocar las puertas y hacer preguntas antes de convertir todo en cenizas. –
-Lo sé. –Le dijo el otro con seriedad en su mirar, le toco el hombro derecho- solo, espera un minuto. ¿Podrás?
ΩΩΩ|°°DAMISTA°°|ΩΩΩΩ
Los pies descalzos de Arthur no temblaron al acercarse tan pacientemente a la entrada del pueblo. Allí donde tres carros se habían estacionado. Donde el humo hacia podrir la pureza del aire. Donde la muerte asechaba. Donde el General Jones estaba esperando con un pelotón de soldados a sus órdenes, todos maestros fuegos. Todos iguales de agresivos.
El General Jones, tenía un uniforme que lo caracterizaba, una armadura propia de su cargo, vino tinto con bordes dorados, no usaba el casco que lo definía de General por decisión propia, no le gusta, tenía un riso rebelde que no importaba cuanto se peinara correctamente no se unía a su cabello rubio . Tenía una mirada tan energética y a la vez peligrosa. Aunque de carácter alegre era tan impredecible como el fuego. Incontrolable y caprichoso.
Arthur era todo lo contrario, era paciente, certero y agresivo si se le amenaza lo que más quiere, su aldea.
-Saludos, Arthur
-General – Saludo cortamente, cuando estuvo frente de el a unos pocos pasos.
Jones se levantó de su puesto y con la barbilla en alto observo al ciego, sabiendo perfectamente que podía mirarlo sin problemas.
-Su visita es inesperada –Agrego el mayor, el maestro tierra mantuvo su vista al frente sin ver realmente a nadie. –
- Lo es siempre- Dijo el General - pero esta vez no. Un barco no llego nunca. Paso por aquí. –
Arthur rodo sus ojos hacia donde escuchaba la voz del general. Arrugo el entrecejo con sus gruesas cejas.
-General. –Hablo el maestro tierra con una voz neutral – Soy ciego. No puedo ver nada que no esté en tierra. El agua es inestable y no es mi elemento.
-Sé que eres ciego, Arthur – Le dijo Jones con mucha paciencia – Pero los ciudadanos de este pueblo no.
Alfred camino alrededor de donde Arthur estaba. Casi asechándolo con sus ojos azules, feroces. Todos los aldeanos que fueras de sus casan veían la escena, se sintieron acechado por los ojos del General Alfred, que ni siquiera les prestaba atención. Luciano atravesó el sendero hacia la casa de David. Intentando parecer tranquilo. Los ojos de Arthur lo detectaron, girando la cabeza hacia la nada.
- ¿Insinúas que algunos de los de esta aldea abordo el barco? .-Arthur hablo con naturalidad y agrego – Señor.
- Insinuó que alguien abordo el barco. –Le respondió con seriedad. Jones se colocó en frente del maestro tierra e inclino el torso para verle a los ojos, ojos pálidos y sin uso. Olivos. Hermoso
Jones odiaba que Arthur jamás le mirara el rostro cuando le hablaba.
Los tibios dedos fueron a la barbilla del maestro tierra con lentitud. La alzaron suavemente y los ojos vacíos de Kirkland buscaron inútilmente la mirada del General.
-Sabes quienes fueron ¿verdad? –
Lo que era más difícil para Jones, era descubrir algún indicio de mentira del maestro tierra, Arthur era comparable con una enorme piedra, inexpresiva cuando quería, pero a la vez demasiado expresivo, por eso los niños lo querían, era como el gran padre de Oma. En esta ocasión Arthur era una roca de metal.
-No.
-Mientes.
-No lo hago, señor.
Hubo un silencio, los ojos de Alfred se entornaron con análisis, mientras todos los presentes, incluyendo los soldados, miraban expectante la escena. Alfred estaba tan cerca del rostro de Arthur que podía sentir la respiración calmada del maestro tierra.
Soltó la barbilla del hombre más pequeño y se alejó un paso.
-Tal vez tú no sepas. –Dijo el general con un aire desdeñoso - ¡Apuesto a que los niños si saben! –
Alfred camino por la entrada, y se quedó allí visualizando a todos los aldeanos. Muchos de ellos estaban en sus casas, los pocos que estaban afuera, era porque no se habían movido desde que los soldados llegaran por temor a que algo malo sucediera.
Arthur volvió lentamente, su pulso se alteró un tanto al escuchar eso. Había dos niños fuera de sus casas, pegados a sus madres que observaban todo.
-Tu, mujer.-Ordeno Alfred con la azulina y fulminante mirada en una mujer que tenía a un pequeño escondido detrás de su falda –Trae a tu niño.
La mujer miro a Jones. Luego dio una mirada leve a Arthur, este asintió suavemente.
-Ahora. – Le dijo con un tono más fuerte. La mujer se sobresaltó y tomo a su hijo de la mano, se acercó a lentos pasos al general.
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Julián, David y Luciano, se asomaron por la ventana en aquel momento.
- ¿Quién es? – Pregunto Julian en una voz susurrante-
-el general…Alfred F Jones. – Respondió el moreno con igual voz, Luciano miro a Julián que al parecer no había escuchado aquel nombre en su vida – Es uno de los Generales más peligrosos de la nación del fuego, es de los pocos que son condecoraron por el Señor del fuego.
Luciano hizo una pausa y luego agrego.
- Venció a un General en un Agni Kai cuando tenía 18 años. – Los ojos de Julián se agrandaron - según dicen que es temido hasta por los propios generales.
Julián arrugo un poco su expresión, preocupado. Tal vez Luciano no lo sabía, pero eso no le daba nada de aliento al azabache. David pidió silencio, más porque sabía que eso hacía sentir mal a Julián y por qué no podía escuchar lo que ocurría afuera de la casa.
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- ¿Cómo te llamas, pequeño? –Pregunto Alfred, inclinándose un poco al muchacho, moreno de ojos oscuros y cabello negro, le llegaba a la cadera como mucho y en su rostro reflejaba cierto temor –
- Dali.
-Dali –El general pronuncio aquel nombre con suavidad e hizo una pausa para poder agregar – Dali ¿puedo hacerte una pregunta? .
Dali asintió.
-Arthur no me quiere responder, eso me pone muy triste – Los ojos oscuros de niño no se despegaban de Alfred- tal vez tú puedas. ¿Viste por aquí a algunas personas con nuestros uniformes? Son rojo y dorados…y puntiagudos… -
Lo último lo dijo, emitiendo una risa nasal. Dali, el niño de cabello oscuro se detuvo a pensar. El pulso de Arthur se alteró significativamente. Con sus ojos ciegos en la tierra, agudizo el oído para escuchar correctamente lo que Dali iba a responder.
- No. –Dali respondió- No hay personas así aquí. ¡aquí usamos verde!
Alfred sonrió sin mostrar los dientes, miro al pequeño por unos momentos antes de asentir. Alfred miro a la mujer con intensidad y está bajo la mirada tomo al niño y se retiró. David soltó un suspiro que no sabía que contenía y Arthur escucho los paso pesados de Alfred acercarse a él.
- ¿Por qué tan nervioso Arthur? – Le pregunto con un aire de serenidad - ¿Piensas que soy tan cruel como para maltratar a un niño? –
Los tibios dedos de Alfred volvieron a el rostro del ciego que se sobresaltó solo un poco, Alfred sonrió.
David salió de la habitación de donde estaban mirando tan silenciosamente, Luciano lo siguió con la mirada, escucharon un susurro de parte de David.
"Él sabe"
- o…¿acaso piensas que soy tan cruel como para maltratarte a ti? . –
Julián se alejó de la ventana e inmediatamente fue hacia David que estaba en camino a la puerta –
- ¿Qué pretendes hacer? – Quiso saber el maestro agua- ¿David, que pasa?
-Él sabe que están aquí. –
-¿Cómo puedes estar seguro?
-si no fuera así. –David se detuvo en la puerta – No estaría poniendo tan nervioso a Arthur. Normalmente, le cree, ¿Por qué le pregunto a los niños?. Vino a aquí a que Arthur le dijera una verdad que ya sabía. –
- Per…- Luciano cayo al escuchar un estruendo.
Arthur había levantando un muro de tierra a su alrededor. Todos los espectadores corrieron dentro de sus casas, mientras los montículos de roca eran arrojados por el aire hacia Alfred.
La pelea había comenzado.
David se asomó en el marco de la puerta y vio claramente como el fuego rojo y fulguroso brotaba de las manos de Alfred, envolviendo su alrededor. Disparándole a Arthur que lo bloqueaba con sus agiles y fuertes movimientos. Tenía razón, David tenía razón al sospechar que Alfred tenía la verdad y solo quería ser confirmada.
Los soldados se dispersaron por la aldea mientras que Alfred y Arthur se enfrentaban, chispas y rocas se encontraban, explotaban, el fuego nacía con tal vigor del General Jones que Arthur dudo por primera vez de su poder para enfrentarlo.
David no lo pensó dos veces en salir a la pelea, más una avalancha de rocas con el que abrazo a los dos soldados que interceptó.
- Julián, ven.- Le dijo Luciano cuando se acercó al marco de la puerta- trata de no usar agua control, iremos con Rosaura. –
Luciano salió de la casa, Julián lo seguía de cerca. Otros maestros tierras aparecieron en la pelea. La rudeza incontrolable con la que peleaban hizo sentir algo cohibido a Julián. El no poder hacer nada lo tenía ahorcado. Avanzaron con cuidado y Luciano cubrió sus puños con unos guantes de tierra, solo para golpear a un soldado en la cara, con fuerza casi brutal, mantuvo a Julián atrás y vio como Luciano había hundido al soldado hasta el cuello en el piso.
- Vamos, entra…. –Le ordeno Luciano
Rosaura con estaba muy lejos de la puerta cuando Julián entro. Ella corrió hacia él y lo abrazo, había muchos niños alrededor. Luciano se quedó en la puerta, tenía sus propios problemas con dos soldados tratando de irrumpir en la enfermería.
-¡Julián! Tenemos que sacar a los niños de aquí. –
Julián contuvo un suspiro. No podía usar su agua control y se sentía tan inútil. Hasta los guerreros de la tribu agua peleaban.
- ¡Llévenlos con Shu! – Ordeno David cuando intentaban esquivar una bola de fuego - ¡El los ocultara en las montañas! –
Rosaura tomo a varios niños sin pensarlo dos veces, algunos adultos que estaban en la enfermería salieron de allí juntos con los niños cargados. Otros aldeanos los siguieron, algunos maestro tierras los protegían de los soldados que comenzaron a quemar todo a su paso. Julián estaba con Rosaura y cargaba una niña de lindos risos negros.
Shu estaba en aquel lugar desértico y plano al pie de una montaña, donde los niños practicaban su tierra control a diario.
- ¡Esto no hubiera pasado, Arthur –Jones tenia a Arthur del cuello. - si me hubieras dicho la verdad, en toda relación debe de haber honestidad…
-Idiota –Le dijo en una mutilada voz por los dedos de Alfred en su garganta. Alfred iba a destruir toda la aldea y seguramente tomaría a los niños y a los maestros tierras como prisioneros.
Eso era algo que Arthur no iba a permitir.
Con los dientes apretados, dio un fuerte golpe en el piso y la tierra se movió de tal forma que las piernas de Alfred se abrieron más de lo que podía mantener el equilibrio. Descolocado, el maestro fuego ablando el agarre del cuello, Arthur aproveche esto y le dio un fuerte golpe en el costado con una columna de piedras que broto del suelo. Alfred voló por los aires y choco contra la pared de una casa.
La aldea estaba en llamas cuando los aldeanos comenzaban a salir de las últimas casas con algunos cargamentos, Julián dejo a la niña con la madre que agradeció y echo a correr. El calor de una llamarada le golpeo la espalda, instintivamente se agacho y al darse vuelta un soldado los estaba persiguiendo, venia tan rápido que Julián creyó que volaba.
Los aldeanos echaron a correr sin más, Julián se quedó estático, los dedos del soldado brillaban con una llamarada nueva por formarse. Al venir a él con el fuego fluyendo, Julián se agacho y golpeo las piernas del soldado que cayó de rodillas, incorporándose vio a el maestro agua ir en dirección opuesta a él, lo siguió, Julián entro a una casa, no vio de quien era, y no importaba en un momento, así, el solo buscaba una cosa. Y era importante: agua.
El soldado lo siguió y al entrar no dudo en prender fuego a la madera de la entrada o incluso a las ventanas, Julián se había adentrado a la cocina, más allá de la sala.
- ¡David! ¡Julián tiene problemas! – Luciano le grito desde donde estaba.
El grito sobresalto tanto a David que recibió un puñetazo de un soldado. Dolió, y quemo un poco su mejilla. Le devolvió el favor con creses golpeándole en el rostro con su puño enguantado de piedras. El soldado calló inconsciente.
David miro a su alrededor y vio a Arthur lidiando aun con Alfred, Luciano esquivaba los ataques de los soldados, muchos otros más luchaban con una ferocidad increíble.
¿Dónde estaba Julián?. No lo veía en el campo, algunas casas estaban incendiadas, David corrió por el lugar. Recordó a Arthur en aquel momento, se detuvo a mitad de la calle principal y cerró los ojos, al dar un pisotón se sintió uno con el mundo en muchas maneras, podía sentir la feroz lucha que tenía Arthur con Alfred y los maestros tierra a su alrededor, los soldados, algunos en el piso. Las casas estáticas y sometidas a la inevitable destrucción del fuego. Separo un poco más las piernas. A dos casas más adelante escucho un estruendo y la honda de impacto llego hasta el al ver sin sus ojos como un soldado caía al frente de esta casa en llamas.
David abrió los ojos y vio como Julián era rodeado por un aro de agua cristalina, arrojo un chorro de esta hacia el soldado y subiendo sus manos, lo atrapo en un glacial de hielo.
Luciano hizo una mueca tensa ante esto. El General que se había detenido al ver lo que sucedía arqueo las cejas con sorpresa y a la vez satisfacción, Era un maestro agua. Allí.
- ¿estás bien? – Pregunto David al llegar al maestro agua-
-Si… - Julián dio un suspiro corto, una masa cristalina de agua le abrazaba los brazos, Julián se movió rápidamente al poco tiempo, tomo a un soldado que venia detrás de David del cuello con sus látigos de agua y la lanzo hacia el techo de una de las casas. –
-Gracias… - Julian solo asintió con una suave sonrisa.
David miro a sus alrededor. Se sintió vigilado. Estaba en los cierto, Alfred tenía la vista pegada en él. Provocando cierto temor
-Tenemos que irnos. – Dijo David rápidamente, tomando a Julián del brazo, pero esto no altero la masa de agua que el moreno mantenía. –
Alfred esquivo las ofensivas de Arthur que sabía sus intenciones, al maestro fuego le quedaban pocos soldados pero esto no era un inconveniente y aunque los aldeanos se hubieran escapado, un maestro agua podía compensarlo.
Algunos maestros tierras ya comenzarían la retirada a la montaña.
- ¡Síguelos a la montaña y no se te ocurra volver! – le ordeno David a Julian, con una voz seria, Julián observo a David confundido
- ¿A dónde vas?
- Tengo que ayudar a Arthur… -
Una honda de calor acaricio agresivamente la nuca de David. Los grandes látigos de fuego eran las armas de Alfred tenía en cada mano.
-Arthur ya no necesita ayuda- Le dijo Alfred sombríamente, que estaba a varios pasos de ambos, Miro a Julián por unos segundos, sorprendido, observo su posición de ataque y a el maestro tierra que se preparaba para atacar. La tierra tembló, Alfred batió las lenguas de fuego contra ambos. Una roca casi le atina el costado, pero el General giro y está casi golpea a Julián de frente. – un ataque sucio, Arthur.
Arthur estaba detrás de él y le había lanzado un ataque que no atino. El ciego se veía agotado. Hilos de sudor le recorrían las sienes y algunos de sus mechones de cabello estaban pegado a su frente, un vivo color rojo ensombreció sus mejillas.
-Esto puede ser más fácil para ustedes de lo que piensan. –Dijo el General con voz solemne, y deshizo los grandes látigos de fuego – Entreguen al maestro agua.
Hubo un silencio, David apretó los puños al tal orden y vio claramente como los labios del rubio más alto se estiraban en una sonrisa de autosuficiencia. Alfred era un rival peligroso. Había dejado a Arthur exhausto en su enfrentamiento.
-Y no los seguiré –Prometió el General mirando a Arthur y luego a Julián – Podrán irse. Tienen mi palabra.
Por un momento Julián sintió que era lo mejor. Que era lo correcto, la aldea estaba destruida, si eso era lo que quería Alfred para que dejaran a los aldeanos de Oma en paz le pareció justo.
- Yo…
Julián no pudo completar la palabra cuando Arthur ya había comenzado a arremeter contra Alfred, montículos y columnas se reunían en donde Alfred pisaba intentando esquivarlo. El fuego nació de los pies del General que con agresividad se defendió espaciando fuego por el suelo de tierra cada vez que podía.
-Llévate a Julián de aquí. –Ordeno Arthur en cuanto pudo hacer retroceder a Alfred.
Julián miro a David y este, había tomado su mano, y lo había arrastrado lejos de los dos maestros, el agua de Julián cayó al suelo, y siguió el ritmo de David. Podía escuchar las detonaciones detrás de ellos. Cuando llegaron a las últimas casas de la aldea, vieron al mismo tiempo el campo desértico de tierra y más allá el pie de la montaña, allí Shu, el tejón topo había abierto un camino por esta. Los aldeanos ya pasaban por allí.
David miro hacia atrás y observo como Arthur se aproximaba hacia ellos, Alfred tenía los pies hundidos en la tierra y luchaba por salir.
-Entren al túnel, no podrá seguirnos allí.-
Esa fue la orden de Arthur que se detuvo a colocar un muro que cubriera toda la salida de la aldea, David le ayudo y antes de terminar escucharon un grito de Alfred junto con un aliento de fuego. Los tres maestros corrieron hacia el túnel, el tejón topo, Shu no se había movido de la entrada del mismo, seguramente sabía que Arthur faltaba entre los habitantes.
En la entrada del túnel musgo y hierbas escalaban por la roca.
- ¡Arthur! – Escucharon un estruendo y el sonido de roca rompiéndose. Un aliento de dragón muy cercano. El general Alfred estaba furioso. - ¡Ven y enfréntame! –
Shu dio un paso al frente y las piernas de Alfred quedaron hundidas en la tierra, eso fue suficiente para detenerlo
-Entren- ordeno Arthur a los dos maestros más jóvenes, El ciego fue a la entrada del túnel, Shu ya había entrado en el túnel–
Arthur capturo los dos puños de Alfred antes de que pudiera atacarlo, al momento sintió una gota de agua caerle en la mejilla.
- ¡Piensas que pueden huir de mi para siempre! – Alfred vocifero iracundo. - ¡Voy a encontrarlos y se arrepentirás de esto!
Arthur resopló con algo de cansado fastidio.
-Adiós, General. –
- ¡Arthur! ¡ARTHUR! …
La llovizna comenzó a caer. Y Julián no pudo odiar más el clima en aquel momento, que inoportuno podía ser. Escucho el gruñido del maestro fuego detrás de él y luego una aspiración de aire muy profunda. El aliento de dragón del maestro fuego nacía con fuerza al abrir sus labios, una enorme llamarada chispeante brotaba hacia el ciego.
Julián corrió hacia Arthur, solo al verla el aliento de fuego aproximarse a la nuca del ciego, Detuvo el agua del aire, millones de gotas de agua a su alrededor, al poco tiempo una masa de agua golpeo el centro de la llamarada, esto la hizo perder fuerza. Arthur giro algo descolocado y se alejó varios pasos, antes de que el maestro agua golpeara el rostro de Jones con un chorro de agua, la presión hizo que volviera el rostro, agachándolo, Alfred tosió fuertemente, pronto sintió sus labios enfriarse, los mechones de su cabello rubio se congelaron lentamente, un aliento helado le hizo castañar los dientes, Intento mover sus cuerpo totalmente mojado y este se había congelado en un posición incómoda. Quiso gritar pero no podía mover sus labios, sus manos y pies imposibilitados. Fulmino con la mirada a Julián y este sintió que Alfred lo estaba matando en su mente de la peor manera.
Hubo un silencio, Arthur dio algunos pasos hacia atrás y Julián se incorporaba de la corriente de adrenalina que lo atravesó.
-Vámonos…-susurro Julián-
La lluvia cayó como mucho más fuerza, empapándolo a los dos. Las llamas de la aldea se disipaban lentamente, El maestro tierra de ojos opacos dio un profundo suspiro.
Los ojos de Alfred iban de Arthur a Julián, con intensidad, con furia. Con impotencia.
Cuando por fin volvieron al túnel, David y Arthur se encargaron de cerrar la entrada con un derrumbe de rocas. Arthur estaba fatigado, tanto que David le ayudo a caminar unos pocos pasos. Más adelante, luces fosforescentes alumbraban una especie de camino, un túnel de tierra que Julián sospechaba fue hecho por Shu. La luz azulada de los cristales era hermosa, era la primera vez que Julián podía presenciar algo así.
- ¿Crees que nos siga? – Pregunto David-
-Es lo más probable—Le respondió el ciego – de momento, debemos de atravesar la montaña, e ir a otra tierra.
- ¿A dónde iremos? –
- Lejos de Omashu. – Le dijo, Arthur no podía pensar en un lugar en aquel momento.- Salgamos de esta montaña y luego hablaremos de eso.
Al poco tiempo de su caminata encontraron a todos los aldeanos avanzando. Los mayores fueron a socorrer a Arthur, Luciano se acercó cargando a un bebe en brazos. Rosaura abrazo a David y a Julián
-¡oooww! ¡Estaba tan preocupada! ¡¿Están bien?!-
Julián podía jurar que el abrazo de Rosaura era mucho más doloroso que los golpes de los soldados, Rosaura se alteró mucho más al ver la mejilla irritada de David y el aspecto cansino de Arthur y lamento no tener sus hierbas ni cremas. Julián tampoco se había dado cuenta de esto y miro el rostro de David cansado y rojo por tanto esfuerzo.
-Cierto… ¿Te hicieron eso?
-Me golpearon...-Informo David tocándose la mejilla con suavidad. –
Julián lo detuvo, le dijo a Rosaura que le consiguiera un poco de agua, al tenerla, cubrió su mano con esta y la acerco a la mejilla irritada, el agua se ilumino y los ojos del maestro tierra fueron impresionado al rostro de Julián que dejaba de mirarle con un gesto de concentración.
- ¿tienes alguna otra herida? – Pregunto Julián en voz baja-
David solo asintió lentamente. Pasaron algunos minutos antes de que quitara la mano de su mejilla. Iba a examinar sus otras heridas pero la multitud de comenzaba a mover sin ellos. Así avanzaron, Arthur descansaba sobre el lomo de Shu -que dirigía a la multitud- junto con algunos niños, Rosaura le ofreció una cantimplora al maestro Agua que agradeció efusivamente.
No sabe cuánto tiempo paso cuando Shu abrió en la pared de la montaña una salida, la luz del interior bañó a la multitud, Al salir la lluvia se había detenido, la tierra estaba húmeda, y un rio de asomaba en las cercanía de las montañas, ya no estaban en Oma, ya no podrían estar en Oma.
Tres maestros tierras se dispusieron la tarea de crear un puente para cruzar el rio. Julián estaba en la multitud cuando David le jalo lejos de ella.
- ¿Qué pasa? -Pregunto Julián
- ¿Qué vas a hacer? – Le respondió David
- ¿de qué?
- ¿de esto? ¿Te iras? …
Silencio.
- ¿A dónde? - Julián pregunto con duda
-Sí, eso ¿A dónde?..- David quiso saber con duda, casi graciosa, la verdad
Julián entorno lo ojos realmente confundido.
-ya va… - Julián puso una mano al frente y David contuvo el aliento - ¿Cuál es la pregunta?
David soltó el aire con disimulo, miro a los ojos al azabache para poder concentrarse
- ¿Qué harás…después de esto? ¿Piensas irte? Y si es así ¿a dónde iras?
Hubo un silencio, En donde Julián miro hacia el rio y vio como la multitud se ayudaba a cruzar con ayuda del puente, vio como Arthur bajaba de Shu, le acaricio la cabeza al animal y avanzaron por el puente. Luego miro a David que no le quitaba el ojo de encima.
- No me puedo ir. ¿Y dejarte con esas heridas de muerte? ¿Estás loco? –Miro A David con una expresión dramática – además, Le aligeraría el trabajo a Rosaura, Ahora si tiene mucho que hacer.
David sonrió lentamente al saber esto.
- ¿Te vas a quedar conmigo….?
Silencio
-Con nosotros, digo… -
David carraspeo.
- David deja de ligarte a Julián, mueve el culo y ayuda con esto – Luciano le regaño desde la orilla. David se alarmo, sus mejillas se acaloraron y sin decir nada más, porque pensaba que podía poner solo mas incomoda la situación se despidió de Julián con un movimiento de cabeza y fue al puente.
Julián lo siguió con la mirada. Avanzo con la multitud y se perdió en ella. En el puente se podía observar como alzaban la tierra desde el fondo del agua y era un camino solido hacia unirse con el otro lado. Arthur informo que había un pueblo más allá de las montañas que el viaje era duro y que olvidaran la posibilidad de volver a Oma, más que sea para recuperar algunas posesiones. Dicho esto y una vez que todos pasaron, destruyo el puente con ayuda de otros.
David encontró a Julian en la multitud y se le unió en su caminata y continuaron hablando, como si se hubieran conocido de toda la vida. Como si fueran los mejores amigos. La tarde caia lanzando sus luces anaranjadas y violetas, tocaría acampar esa noche, y Julian sabía que dormir sería difícil si se tenía a un compañero tan carismático como David.
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Gracias por leer.
Fin.
DamistaH.
