Capitulo 7: VERDADES

Las casas estaban construidas pegadas a la montaña, ellos mismos sembraban, había manantiales que surgían de la tierra y les daban agua, cuando salían de las escarpadas montañas lo hacían volando para que las personas no los vieran. Los ermitaños de la montaña vivían en paz, vivían muchísimo más alto que el resto del mundo, a salvo. Pero todo cambio.

Zuko observaba sentado a unos cuantos maestros aire que jugaban a confundir a Toph. Ellos volaban y tocaban el suelo de vez en cuando mientras la agitada maestra trataba de atraparlos estirando la tierra hasta los escurridizos tobillos de los niños, atrapaba a uno que otro, pero la mayoría escapaba.

Iroh camino despacio desde el pasillo hasta un lado del príncipe, llevaba dos vasos de té caliente en las manos, le dio uno a su sobrino y sorbió tranquilamente el otro.

-Aun no puedo creer que todo esto exista – dijo el príncipe-

- A mí me tomo años acostumbrarme, no espero que tu lo hagas en una semana – respondió riéndose Iroh-

Zuko bajo la mirada con esos ojos tristes.

- Yo no voy a quedarme aquí tío – dijo el muchacho-

Iroh suspiro un poco, sus ojos tristes y su mirada baja.

- Llevas diciendo eso durante días – dijo molesta Toph frente a él-

La maestra ya había dejado de jugar y ahora estaba con su cara de enfado frente al príncipe.

- Este lugar es bonito si – siguió la pequeña – pero planean una guerra abajo y yo planeo ir.

Zuko siguió sentado, sin intención de detenerla.

- Adiós – dijo el chico con su actitud malcriada antes de sorber un poco más de té-

Toph levanto un cumulo de tierra que aventó sus cosas hasta ella, las cachó y empezó a caminar.

Iroh se levanto.

- No le digas a nadie lo que has visto – le pidió el viejo hombre- por favor.

- No lo hare – respondió la niña que sonreía – usted ha sido muy amable y le agradezco eso.

Toph camino hasta el filo de la montaña y se arrojo, algunos maestros aire se asomaron, luego se dispersaron.

Una pequeña niña se acerco a Iroh y lo miro con grandes ojos.

- ¿Qué pasa? – pregunto amablemente Iroh-

- ¿Por qué ella puede irse y nadie más puede? – pregunto la pequeña sin apartarle la vista-

Iroh se quedo sin palabras.

- Porque ella es más fuerte – interrumpió Zuko desde la esquina-

La pequeña lo miro un segundo y después se fue a buscar a su madre mientras lloraba.

- Me pesa que no entiendas lo que sucede- dijo Iroh al muchacho-

Zuko ya estaba de pie, con el aliento contenido y su ira a punto de salir.

- ¿Y qué voy a entender si aun no me explicas nada? – grito el chiquillo- ¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué fue lo que paso?

- Tú tampoco has querido hablar mucho – respondió el intuitivo hombre-

Zuko hizo silencio, una mano sobre su cicatriz y otra sosteniendo el vaso que se derramaba.

- Esta cicatriz me la hizo la diosa del fuego, Tletl; cuando me opuse a la voluntad de su hermana – dijo el muchacho – yo ataque cuando le dieron poder a la tribu de agua.

- Eso es más fácil de deducir que la razón de tu exilio- respondió Iroh-

Zuko siguió en silencio, volteo su mirada y evadió la de su tío, junto sus manos y estrujo sus dedos, trago saliva.

- Es…complicado – respondió el muchacho-

Iroh sabía lo que debía hacer, debía hablar.

El sol entraba por la ventana, de nuevo la claridad la despertó. Ty lee abrió los ojos, era de mañana, un respiro grande, se dio cuenta de que era de mañana, de que se había quedado dormida, un grito. Se vistió lo más rápido y bonita que pudo y bajo corriendo casi saltando las escaleras. Cuando llegó abajo Mai y Azula desayunaban en el comedor más elegante y rojo que ella hubiera visto jamás.

- Lo, lo, lo siento- alcanzó a decir la chica-

Azula volteo a verla sin la menor sorpresa.

- Siéntese por favor – la invitó una sirvienta mientras otra acomodaba otro lugar en la mesa –

Ty lee se sentó. Esta nerviosa, casi asustada.

- No te preocupes – empezó Azula con su tono feliz y maquiavélico – un desayuno es casi lo mismo que una cena, lo importante es que ya estás bien.

Ty lee lo pensó un momento, nada le dolía y había bajado dando piruetas sin siquiera darse cuenta.

- ¿Y ya eres reina? – pregunto la chica-

- Si – dijo jactanciosa Azula – pero solo por ser ustedes las dejare que me sigan llamando por mi nombre en lugar de majestad.

- ¿Y también es verdad que el reino Tierra planea atacarnos? – pregunto Ty lee-

Azula dejo sus cubiertos y su sonrisa. Mai siguió comiendo tranquilamente. Ty lee miro a Mai de reojo, como queriendo culparla de algo. Mai siguió comiendo tranquilamente. Azula acomodo sus dedos entrelazados debajo de su barbilla mientras subía sus codos a la mesa y el humo de las tazas cubría sus ojos. Mai siguió comiendo tranquilamente. Ty lee no.

- Déjennos solas – ordeno la princesa a los sirvientes con un tono frío –

Los sirvientes se fueron.

- La verdad es que incluso el reino agua quiere atacarnos – dijo Mai sin cambiar su actitud- pero si tenemos un plan.

Ty lee miro a Azula. La reina levanto su cara.

Hay un hombre que Mai dice que puede parar a ejércitos enteros, incluso de maestros – dijo la reina – y creo que puede ser verdad.

- ¿Y como lo hace? – pregunto Ty lee-

- Son cosas increíbles – dijo Mai- cubos de acero que se mueven con ruedas gigantes que aplastan a cualquier enemigo, palancas enormes que arrojan bolas incandescentes de fuego, aparatos que lanzan flechas mucho más fuertes, máquinas, eso es lo que nos puede hacer más fuertes.

- ¿Y él es tu amigo? – pregunto un poco más calmada Ty lee-

- No realmente – respondió la ecuánime chica- yo lo vi en mi bola de cristal. Es solo cosa de lograr que coopere con nuestra causa.

- Cooperara- aseguro la orgullosa reina-.

Azula lucía confiada, pero no feliz.

- Supongo –dijo Iroh – que quieres saber que pasó ese día.

- Me exiliaron porque lo pregunte- respondió Zuko-

Iroh lo miro sorprendido, no esperaba que su sobrino hablara tan pronto.

- Era el decimotercer cumpleaños de Azula – empezó el príncipe sin subir la mirada- mi padre me dijo que yo ya estaba en edad de salir en campaña de guerra y por supuesto que acepte. Yo estaba en mi cuarto, preparando mis cosas cuando Azula entró – el joven príncipe trago saliva- ella me dijo que no me hiciera ilusiones, que mi padre me enviaba a la guerra para que muriera, igual que tú, igual que mamá, que papá le había dado el mejor regalo de todos al enviarme lejos. No sé que me pasó después de eso que me llene de dudas, tal vez papá si los había desaparecido y planeaba hacer lo mismo conmigo.

- Zuko…-trato de interrumpir Iroh, pero Zuko no lo dejo-

- Antes de irme me arme de valor y le pregunte a mi padre – siguió el príncipe – el estaba detrás de esa cortina de fuego y no me respondió, ignoro mi pregunta, yo me levante y se lo dije más fuerte – empezaba a agitarse- creí que estaba molesto, pero cuando me acerqué, el sonreía. Después el me dijo que yo no debía cometer esas faltas de respeto, que él no sabía de que le estaba hablando, que si acaso yo insinuaba que él, el ser más poderoso sobre la tierra podría mentir.

Zuko se detuvo. Iroh puso una mano sobre el hombro del muchacho.

- No sé porqué – dijo Zuko- no sé por qué seguí hablando.

- ¿Qué fue lo que le dijiste? – pregunto Iroh a sabiendas que el muchacho necesitaba decirlo-

- Que mi madre me había dicho que lo más fuerte en este mundo eran las tres diosas de la fortuna- dijo Zuko entre avergonzado y dolido-

Los dos siguieron en silencio.

Después de eso Zuko había sido exiliado con la condición de encontrar a las diosas, no era difícil de imaginar lo que había ocurrido.

- Cuando mi padre murió – dijo Iroh iniciando otra conversación sobre lo mismo- Lu Ten fue sacrificado, las tres diosas nos pedían un narrador, un sacrificio para que siguiéramos reinando. Los narradores son..

- Se lo que son – interrumpió el muchacho sin voltear a verlo-

- Yo sé, que él se ofreció – dijo Iroh sin sorprenderse, el dolor se tragaba sus demás emociones – pero lo presionamos mucho, el entró a ese cuarto y cuando vio cómo estábamos…

Los ojos de Zuko por fin miraron a los de su tío.

- Estábamos a punto de matarnos entre nosotros – Dijo Iroh – uno debía hacer el sacrificio y nadie cedía, es complicado, pero hay una columna de luz y alguien debe entrar. Lu Ten dijo que él lo haría – los ojos de Iroh dejaron salir las lagrimas- yo, no pude, no supe cómo; pero él se paro frente a la columna, estaba indeciso, respiro hondo y no dio el paso. Ozai, Ozai lo empujo.

Los ojos grandes de Zuko que miraban a su tío con sorpresa.

- ¿Y por que tu no? – grito Zuko frente a su tío poniéndose de pie-

Yo debí haberlo detenido desde que se ofreció – siguió Iroh- pero no, fue como si todos, no solo Ozai, lo arrojáramos.

Otro poco de silencio y lágrimas. Zuko volvió a sentarse.

- Cuando salí de palacio – siguió Iroh- lo hice con la intención de ir a la guerra, creí que ayudar a la familia imperial podría honrar la forma en que él murió; pero en cada soldado que atacaba, en cada pueblo al que iba, lo veía a él, en todas partes, veía a mi hijo.

- ¿Y qué le paso? – pregunto Zuko, quien no era capaz de armar las piezas en su cabeza-

- Eso solo se lo puedes preguntar a las diosas – dijo Iroh- pudo haberse convertido en narrador o pudieron haber tomado su esencia y cambiarla.

- Quien narraba a las diosas era una chica – dijo Zuko-

Iroh lo miro sorprendido

- Te lo digo – siguió Zuko- yo encontré a las tres diosas de la fortuna, y nosotros, liberamos a su narradora.

- ¿Nosotros? – pregunto Iroh-

- Azula, Ty lee y yo – dijo inseguro el muchacho – creo.

- ¿Crees? – pregunto impaciente el viejo hombre-

- Puede que haya sido solo yo – dijo Zuko con aflicción- pero no, cuando lo pienso, puede que yo haya sido solo una excusa.

- ¿Y no había nadie más? ¿nadie más junto a las diosas? – pregunto aun más angustiado Iroh-

Zuko lo pensó un momento, recordó a Mai, sobre el pedestal, atada con los hilos dorados, hablando frente a su bola de cristal con ese tono frío y ese vestido negro.

- No – dijo Zuko- no recuerdo a nadie más.

- Si ya había un narrador – siguió Iroh tratando de tranquilizarse- tal vez un mounstro.

La respiración de Zuko se corto un segundo. Recordó cuando murió Jet, recordó cuando Mai le hablaba de su mascota.

- No- dijo Zuko con su pésimo tono de mentira- creo que no.

Iroh lo miro reconociendo su falta de determinación. Había pasado tanto tiempo aceptando que estaba muerto que algo como eso no iba a desbaratar su idea. Tal vez era lo mejor.

- ¿Cómo encontraste a los ermitaños? – pregunto Zuko en parte por curiosidad y en parte por cambiar de tema-

- Yo viaje – dijo Iroh- viaje a tierras muy lejanas a la zona de los volcanes, fui al borde de los valles y encontré estás montañas. En parte por curiosidad y en parte porque no sabía qué más hacer, trate de subirlas, pero caí.

- ¿Y ellos te salvaron? – pregunto Zuko-

- Ellos me tiraron – dijo Iroh riendo un poco-

- ¿Cómo es que..? – pregunto confundido el príncipe-

- Esta montaña antes era un volcán – dijo Iroh – un volcán muy parecido a los que rodeaban el castillo donde creciste.

Zuko estaba a la expectativa.

- En este mundo – siguió Iroh- existían cuatro diosas, ellas lo crearon todo, incluso a las personas, por lo que es de esperarse que haya cuatro tipos de personas, cuatro tipos de suelo, cuatro elementos.

Zuko lo miro confundido.

- Y eso tiene que ver con…- interrumpió Zuko-

- Para esos cuatro tipos de persona – siguió Iroh- las diosas crearon cuatro animales, que vivían libres en el mundo, felices junto a los humanos. Pero un día, las diosas pelearon y escondieron a estos animales y a otros más fantásticos, dejando sobre la tierra a los animales más simples.

Zuko seguí confundido.

Las diosas no podían vivir alejadas de los humanos y según su juicio, los hijos de Ehecatl, diosa de los viento, eran los más nobles de todos, les construyeron este reino alejados de los demás y les ordenaron vivir en paz, alejados de todos – siguió Iroh- dándoles comida, agua y poderes que les dieran felicidad y tranquilidad.

- Eso es injusto – dijo Zuko- para ellos y para nosotros.

Ellos estaban muy sorprendidos cuando uno de los animales que ellos guardaban y cuidaban me salvó de caer – dijo Iroh- e imagina mi sorpresa cuando me di cuenta que un dragón me había salvado.

- ¿Un dragón? – pregunto sorprendido el muchacho.-

- Esos son los animales que cuidan a nuestra gente – dijo Iroh con ese tono de sabio- Yo no podía irme, no sabiendo tanto. Pero últimamente, dos de los animales que resguardábamos desaparecieron, la serpiente marina que cuidaba de los hielos perpetuos y los tejones topo de los valles.

- Las diosas les dieron poderes – dijo Zuko poniéndose de pie- te lo dije, ahora son una tribu y un reino, ya no obedecen a la familia real, tu viste a Toph, una guerra va a comenzar, ya hay una guerra debajo de nosotros; por eso no soporto quedarme aquí.

- ¿Por eso me buscabas? – pregunto Iroh- ¿Para qué te ayude a pelear?

Zuko lo pensó un momento, sabía que si la respuesta era si su tío tendría mucha razón al decepcionarse de él.

- No – dijo al fin el muchacho tratando de que su voz no flaqueara- yo quiero consejo, la gente en la que confiaba me traición, la gente que amaba se fue y no sé si debo pedir una explicación o irme a la batalla, no sé si debo apoyar a los pueblos que deben ser libre o a mi gente, ya no se, quien es mi gente, ya no se en que creo.

- ¿Han cambiado tanto las cosas? – pregunto Iroh-

- Yue y Arnok ya no son más mi familia – dijo el príncipe- y Azula la siento más presente que nunca, no sé cómo, pero así es, siento que le he hecho daño a la gente equivocada, siento que la gente que creo que me ha hecho daño no lo ha hecho realmente, pero no se – Zuko bajo la voz- si debo perdonarla.

Iroh se inclino y lo miro, sus ojos mayores reconocieron algo más que estaba herido.

- ¿Hablamos de alguien en específico? – pregunto Iroh-

Zuko no pudo evitar reconocer que sus pensamientos iban en una sola dirección. Pero no quería decir su nombre, no quería. Mai lo había traicionado y se había puesto del lado de Azula. Sus pensamientos se fueron a su boca.

- ¿Por qué Azula es tan fuerte? – pregunto el muchacho sin darse cuenta-.

Iroh se sintió atrapado, en sus ojos se armo un remolino, como si esa fuera la única pregunta que no esperaba. Pero no lo era, esa era la pregunta exacta que Zuko debía hacer, cualquier otra los hubiera conducido a platicas sin sentido, no a la plática a la que debían llegar.

- ¿Por qué la familia real ya no tiene poderes? – dijo Iroh levantándose y mirando al cielo- lo creas o no, todo lo que ha pasado, todo lo que me has preguntado, está conectado.

- ¿Cómo? – dijo Zuko presintiendo la verdad reveladora-

- No soy yo quien debe responderte – Dijo Iroh caminando- Sígueme.


- ¿Y entonces iremos a ver a este chico? – pregunto Ty lee ladeando su cabeza y pestañeando sus ojos-

- Ty lee – dijo Azula mientras meneaba su cabeza y terminaba su desayuno- ¿Tú crees que yo hubiera pasado una semana completa solo contemplándote inconsciente?

Ty lee se sorprendió, no por su comentario, sino por su tono, sonaba más que sarcástico, sonaba hiriente, como si tratara de castigarla por algo.

Las tres chicas se levantaron y salieron del comedor, atravesaron el castillo y llegaron al volcán. Había un bunque subterráneo, entraron. El ambiente era sofocante, se escuchaba el ruido del metal moviéndose, de los engranes girando, de los hombres trabajando, era como una inmensa fabrica. Todos se inclinaban cuando Azula pasaba. Ella camino en línea recta, directo hacia un hombre, él lucía desdichado, nervioso, asustado.

- ¿Cómo va el trabajo? – pregunto la reina-

- Bien – dijo el hombre sin fijar la vista e inclinando la cabeza- va más rápido de lo que esperábamos.

Aquel hombre llevaba un mandil sucio, el cabello desarreglado, le faltaban dos dedos.

Las tres chicas se fueron sin más detalles, pero no caminaron rumbo a la salida, caminaron más profundamente.

- Ese hombre lucía nervioso – dijo Ty lee, pero ninguna de las otras dos se inmuto-

- Digamos que no nos ayuda exactamente por gusto – dio Azula en tono burlesco-

- A eso mismo nos conducimos- dijo Mai con el tono un poco menos ecuánime-

Caminaron más, hasta que el ambiente cambio, ya no olia a aceite y sudor, había una puerta con un pequeño candado. Azula, Ty lee y Mai miraron por una rendija, adentro había una cama y una mesa con comida al lado, parecía una prisión. Adentro estaba chico, casi un niño.

- Su hijo – dijo Mai-

- ¿Y no puede escapar? – pregunto Ty lee-

- No puede ni caminar – respondió la princesa-

Ty lee no pudo evitar mostrarse contrariada, sus ojos estaban tristes, no le parecía la idea.

- Si no estás de acuerdo solo dilo – dijo la reina con tono frío- lo peor sería que te arrojara adentro.

- Yo no la traicionare – dijo Ty lee sin tartamudear, sin mas que el terrible miedo que le infundía convicción-

- Pero me ocultaras cosas – corrigió Azula-

Ty lee la noto más molesta, algo había cambiado, algo había ocurrido, ¿ocultarle cosas? ¿Qué sabía Azula?. Ty lee miro a Mai, ella tenía una mirada extraña, unos ojos profundos que trataban de decirle algo, como cuando tratas de que alguien siga una corriente, cuando quieres que una amiga encubra una mentira, Ty lee ya había visto esa mirada…

Ty lee ya había visto esa mirada, en la gran puerta roja, cuando los guardias se la llevaron para curarla.

"Qué…qué fue lo que le dijiste" había preguntado antes y Mai le respondió "Solo lo que necesitaba saber".

- Mai ya te lo conto- dijo Ty lee frente a la sorpresiva Reina-

Atrás de Azula Mai movía sus labios para que Ty lee entendiera la palabra que no podía pronunciar.

- Ursa – pronuncio sin decirlo-

Iroh lo dijo con sus gestos, con su mirada, pero no pronuncio su nombre.

Anda- dijo el viejo hombre- esto es algo de lo que no debes darme tiempo para arrepentirme.

- Mai me hablo sobre tu don – dijo Ty lee con su voz dulce- ¿te molesta que no te lo hayamos dicho antes?

- ¡Me molesta que ustedes dos tuvieran un secreto y yo no!- estallo la princesa- ¿Quién se creen que soy?

Ty lee se extraño. Ese grito que salía desde su interior, no sonaba como una reina, como una princesa; sonaba como el chantaje más vil y común que tuviera una adolescente molesta. Ty lee se tranquilizo, en medio de todo eso, sabía que aun quedaba algo de su amiga, o al menos aun lo podía creer.

- No volverá a pasar – prometió la chica a pesar de que en ese mismo momento estaba pasando-

Azula hizo su mueca de inconformismo, se vio malcriada y se dio la vuelta.

- Está bien – dijo la reina- pero si vuelve a pasar les irá mal a ambas.

Sonaba como sonaba siempre, pedante y confiada, confiada en su juicio y en ellas dos.

Las tres chicas salieron de ese lugar tan estresante.


Iroh y Zuko subieron unas escaleras, entraron a una casa que no estaba cerrada y Iroh sentó a Zuko en una sala con tapices rojos. El hombre viejo camino hasta la puerta.

- ¿Quién? – grito una voz de mujer desde dentro de las demás habitaciones-

La sangre de Zuko hirvió y se congelo al mismo tiempo.

- ¡Yo! – respondió Iroh antes de abrir la puerta de nuevo-

Una mujer salió de la habitación continua, estaba despeinada, con un vestido viejo, no deshecho ni feo; pero no era hermoso, no era elegante, no estaba peinada y maquillada como Zuko la recordaba, vestía y calzaba como una mujer común.

Iroh cerró la puerta detrás de él y dejo al muchacho dentro de la casa, frente a su confundida madre.