N/A: A petición del público, este NO es el fin… :p

La respuesta a los sentimientos y deseos escondidos se encuentra más superficialmente de lo que nosotros pensamos.

Los sentimientos escondidos estan alerta en nuestra cabeza en forma de pensamientos siempre listos para asaltar a nuestra conciencia y darle un vuelco a nuestra realidad. Siempre ahí, siempre.

El regreso de los chicos a Hogwarts después de lo sucedido en la Madriguera ponía las cosas en tensión para todos. Más de lo que cualquiera de ellos hubiera deseado. Todos estaban sensiblemente afectados y con una gran confusión en su cabeza, más aún para los hermanos, quienes vivían la mayor confusión sobre la piel.

La llegada a Hogwarts de entrada los separó. Ahora estaban ellos en su habitación, lejos de ellas, con los demás y con un sentimiento tan tirante por parte de Ron que Harry no se atrevía ni a mirarlo.

Ron no tenía interés en ver a Harry, en se momento sentía que simplemente era mejor estar un poco alejados, incluso no lo miraba. Sentía una fuerte repelencia, era una condición inconciente de su propia mente. Harry estaba un poco preocupado, parecía imposible saber qué pensamientos se debatían en la cabeza de su amigo.

Por otro lado en la habitación de las chicas, mientras Hermione retomaba sus libros para repasarlos un poco antes del inicio de las clases. Ginny desde su cama la miraba sin enfocar su mirada. Sus pupilas estaban fijas sobre Hermione mientras por su cabeza corrían dando vueltas como en un carrusel diferentes pensamientos. Su mente insistía en la mirada esmeralda de Harry pero su piel gritaba por volver a sentir aquellas manos que a sus espaldas la hacían sentir lo que nunca, lo que nadie excepto él.

Los días y las semanas pasaban y la estancia en Hogwarts a veces parecía una cruel tortura. Una temporada llena de silencios prolongados, tensión, presión, deberes, buenos pretextos.

El fuego crepitaba en la chimenea de la Sala Común, pero detrás de los ojos azules de Ron había simplemente recuerdos. Hermione después de aquél encuentro nocturno con él en la Madriguera lucía temerosa, nerviosa, dudosa; como si él fuera a juzgar el hecho de que fuera mujer y se excitara. Jamás.

La castaña evitaba mantenerse con él a solas y su mejor pretexto para huir de él era justamente tomar a Ginny del brazo e irse a sus habitaciones. Precisamente con ella.

La amistad entre el trío seguía siendo estrecha, pero Harry podía percibir que algo estaba sucediendo en torno a Ron, algo en lo que Hermione estaba involucrada. Entonces intentando ser prudente y aprovechando la estupenda oportunidad que esto le dejaba comenzó a buscar la manera de dejar a sus amigos a solas mientras él… iba en busca de la pelirroja que invadía su cabeza por las noches llenándolo de emociones.

Los frutos de todo aquello se cosecharon al iniciar el invierno. Frutos que llegaron con el frío de la nieve encima. Para las vacaciones de fin de año ambas parejas presumían su noviazgo caminando de la mano por los pasillos del colegio. Las demás personas que los veían estaban seguras de estar viendo las parejas ideales, eran realmente complementos, el uno para el otro. Ellos disfrutaban de sus noviazgos auténticamente, pero a veces todo aprecia tan extraño… había algo que… hacia que los pelirrojos necesitaran verse sin mirarse, aunque sea a veces.

Ginny se había imaginado algo tan pleno con Harry… Era feliz sin duda. Mucho. Pero era simplemente diferente a lo que esperaba que sintiera su piel con sus manos, lo que sentiría al besarse. Cuando Harry la acariciaba y la besaba solía ser tan tierno, tan dulce. Con un nerviosismo que a veces era gracioso. Ginny sabía que eso era por el respeto que le inspiraba que Ron pudiera verlos de nuevo. Aún siendo novios Harry prefería mantenerse en una actitud que su amigo no pudiera reprochar. La piel de ella no se erizaba al esperar por sus manos.

Por otro lado, no es necesario puntualizar lo diferentes que pueden llegar a ser Ginny y Hermione. Ambas admirables, bellas, inteligentes… pero Hermione tenía miedo. Miedo de sentir, miedo de ser vulnerable, miedo a que un jadeo se escapara de su boca, miedo a ser vistos por alguien. Miedo de las manos de Ron recorriéndole el cuerpo mientras su boca acababa con sus respiros. Siempre estaba contenida y después de ceder un poco se mantenía silenciosa por un par de días. Culpable.

Ron se sentía muy feliz de estar con ella por fin. Pero su sangre no corría tan aceleraba como… antes. A veces en las noches, los recuerdos lo traicionaban y escuchaba aquellos ahogados jadeos que parecían activar de una manera especial su cuerpo. Durante los años anteriores Ron y Ginny no habían tenido acercamientos de –ese- tipo dentro de Hogwarts; podían esperar a las vacaciones. Pero este año era diferente, la edad, las hormonas, o algo que no sabían qué era, los tenía con ansiedad y angustia sobre la piel, deseando tener un momento en el que pudieran quedarse a solas, lo suficientemente a solas y… pero eso era una locura.

Ambos hermanos en sus camas, en sus momentos de reflexión obligaron a su mente a desengañarse y enfrentar la confusa realidad que vivían. Ambos reconocieron sentir un loco sentimiento que no debían sentir –culpa únicamente de las malditas hormonas seguramente-, ambos acordaron internamente suprimirlo, ambos consideraron que lo más justo para ambos era permitirse una vida normal con las personas que siempre han… querido. Sería estúpido y absurdo pensar en otra cosa. Estúpido. Absurdo.

Cuando para la Navidad estuvieron de regreso en la Madriguera todos pudieron notar en la pareja de hermanos una evidente ausencia mental. Estaban sin estar, oían sin oír, callados… ausentes.

Harry pensaba que era porque era su primer Navidad como novios con su familia, él se sentía emocionado, integrado. Hermione pensó lo mismo. Ron tan tímido, inseguro; seguramente estaba temiendo las bromas de los gemelos. Hermione buscaba apoyarlo con caricias y besos, abrazada junto a él lo protegía. Él la abrazaba también.

La noche anterior al regreso a Hogwarts Molly cansada dejó a Ginny la tarea de limpiar la cocina antes de dormir. Todos se habían ido, la cocina estaba sola. Ginny estaba sola ahí. Ron mientras se desvestía y esperaba el sueño en su recamara junto a Harry tenía su mente en la cocina. Inquieto, ansioso, intrigado, confundido. Voy… me quedo

Finalmente después de unos minutos fue débil; y fingiendo un malestar en el estomago salió al baño, pero sus pasos fueron más allá. Bajó las escaleras hasta la cocina con pasos apagados y silenciosos. El correr de agua en el fregadero no logró disimular los pasos sobre la madera del piso. Al instante los vellos de todo el cuerpo de Ginny se erizaron ante el llamado del poderoso imán que los convoca. Ella lo sabía, iba por ella.

Silencio.

Preludio largo.

Pensamientos.

Deseos.

Locura.

Locura… todos los sentimientos a punto de volcarse sobre ellos cuando Ron estaba de nuevo detrás de Ginny ante el fregadero… Pero una voz, la suave voz de una Hermione somnolienta los hizo sentir una impresión tan fuerte que Ginny verdaderamente sintió un mareo que la hizo tambalear.

Ginny debería sentirse agradecida de tener una amiga como Hermione que se preocupa y está ahí para ayudar a su amiga a dormir pronto. Pero Ginny no lo agradeció. No lo agradecía.

N/A: Ahora sí, chicas. El próximo es el fin.

Espero subirlo antes del 21, si no, discúlpenme pero lo subo hasta después de que lea Deathly Hallows OK. (no se preocupen lo leeré en ingles XDD)