Peeta dirigió ese beso apoderándose de mis labios. Puso una de sus manos en mi cintura y me recostó en el sillón acomodándose él sobre mí.
Sentía mi pecho aún sobresaltado por la emoción y adrenalina. Acaricié su cuello y sus mejillas, tocando por primera vez su suave piel. Al hallarse nuestras lenguas un volcán hizo explosión en mi interior encendiéndome por completo. Acaricié su cabello mientras sus manos recorrían mi abdomen y espalda.
Estaba a punto de hacer el amor con un completo desconocido y ni siquiera me importaba. Siempre había querido que mi primera vez fuera algo mágico, con un hombre que me amara y al que yo amara igual, que fuera romántico y tierno… pero dadas las condiciones del mundo actual aquello ya no era algo que se pudiera conseguir y Peeta… él era pasión sobre pies.
Deslizó una de sus manos hasta mi entre pierna y la metió en mi ropa interior. Yo gemí de placer pues aquello era algo nuevo para mí. Él besó mi cuello, dejando algunas marcas, bajó a mis senos, pero yo quería sus labios, su aliento en mi boca, así que lo tomé del rostro y lo besé con fervor.
Mordió mi labio inferior y luego sentí el sabor de la sangre mezclado con su saliva pero no me importó, aquello era más placentero que doloroso. Toqué su abdomen, cosa que lo hizo estremecerse, y desabotoné su pantalón, no llevaba ropa interior y sentí su erección en mi mano.
-Katniss…- exclamó él ronco de pasión.
Yo seguí besándolo, recorriendo su boca con mi lengua, mientras él jugueteaba en mi parte baja. Y entonces dio en el punto, tocó mi clítoris y tuve que arquearme hacia atrás reaccionando con mi cuerpo embargado de excitación. Él sonrió al ver que había dado en el lugar exacto y giró su dedo índice rosándolo lentamente con mi zona íntima. Otro gemido se me escapó y me aferré del sillón.
Jamás había sentido un orgasmo y no sabía cómo sería, pero algo en mí me decía que estaba a punto de venir.
-Oh, nena…- se apoderó de mis labios y los devoró con pasión no dándome tiempo de respirar. Su mano seguía con esos movimientos que iba acelerando cada vez más y metiendo presión. Mi cuerpo se estremeció bajo el suyo, mis piernas temblaron, mi abdomen se contrajo, mis brazos se llenaron de cosquillas y así, dentro de mí sentí que algo explotó descargando placer por todas partes y supe que había tenido mi primer orgasmo.
Él siguió jugueteando y besándome mientras yo intentaba recuperar el aliento y entonces algo nos sobresaltó a los dos.
La puerta se abrió de un golpe y, dos zombies vestidos de conserje, tres enfermeras y cuatro doctores aparecieron, bramando con ansiedad, dispuestos a conseguir su almuerzo para ese día.
-¡Mierda!- gritó Peeta fuertemente y de un salto se levantó y cogió su arma del piso. Una de las criaturas se abalanzó a mí y sólo me cubrí el rostro esperando a que me atacara. Escuché un disparo y el cuerpo cayó a centímetros de donde estaba.- Ven acá.- dijo él y me paré rápidamente yendo a esconderme a su espalda.
Él le disparó a las tres enfermeras, al otro conserje y a dos doctores terminándosele las balas.
-¿Qué pasa?- pregunté asustada al ver que el arma no disparaba y las otras dos repugnantes cosas se acercaban.
-Me quedé sin municiones.- respondió él molesto. Volteó a todos lados pero no había algo con qué golpearlos.- Hikari tienes que salir de aquí, brinca el sillón y enciérrate en el baño.
-¡No!- grité.- No voy a dejarte solo.
-Tienes que hacerlo.
Uno de los zombies se lanzó y Peeta lo tumbó dándole un puñetazo en el rostro.
Desesperada hice lo que me dijo y entonces recordé que había visto un tubo donde se cuelgan las cortinas de baño, en el closet.
Brinqué sobre el sillón y lo abrí, captando la atención del otro zombie. Cogí el tubo y cuando me voltee lo tenía tan cerca que ni siquiera pensé y lo golpee haciendo que su cabeza volara fuera del cuarto.
Me acerqué al otro, con el que Peeta forcejeaba e hice lo mismo. Luego de eso nos miramos, ambos respirábamos agitadamente y sonreí, pero él no me correspondió.
-Tenemos que largarnos ya.- dijo apresurado.
Se abrochó el pantalón, se puso la camisa y los zapatos. Yo esperaba que dijera algo de lo sucedido, era cierto, también me agarró por sorpresa el ataque de los intrusos y más por lo que estábamos haciendo pero no era para molestarse, pensé.
Me fui a la recepción y cogí otro uniforme de enfermera igual al que llevaba y me vestí de prisa. Guardé mi celular y, para cuando acordé, Peeta ya iba rumbo a las escaleras.
-Estúpida, estúpida, estúpida…- me repetía en la cabeza. Lo que había hecho no estaba bien y lo sabía. Prácticamente había perdido mitad de mi virginidad con él y ni siquiera lo conocía.
Bajamos rápido, yo iba atrás esperando que dijera algo. Temerosa a que fuera a reaccionar mal conmigo y a golpearme o dejarme ahí. Pasaron eternos minutos de silencio hasta que habló.
-Vamos a salir por la parte de urgencias en el estacionamiento.
-Ajá…
-Habrá unos cuantos zombies así que quiero que estés lista para correr, ¿me entendiste? Busca un auto que no se vea tan dañado y enciérrate ahí.
-¿Y tú?
-Haré lo mismo.
Seguimos bajando hasta que llegamos a la puerta de emergencia. Antes de abrirla, Peeta me miró.
-Katniss…- soltó un suspiro tras pronunciar mi nombre.- Lamento mucho lo que pasó.- dijo y mi corazón se aceleró.- No debí aprovecharme así de ti y te juro que no volverá a suceder.- pasé saliva, tragándome un nudo que empezaba a formarse.
Estaba arrepentido. Arrepentido de lo que hicimos… yo, no podía creerlo.
-No fuiste sólo tú.- dije, haciendo notar en mi voz quebrada que aquello me había dado sentimiento.
-Pero no podemos volver a hacerlo, ¿entendiste?- exclamó levantando la voz y me asusté.- Maldita sea, Katniss, estamos en medio del infierno, corriendo el riesgo de morir en cada momento, no podemos involucrarnos de ninguna manera o saldremos lastimados.
-Tiene razón.- dijo esa voz interna. Pero otra la contradijo diciéndole que, por volver a repetir una experiencia como aquella, valía la pena llorar cien años de amargura.
-Cuando encuentres el auto intenta arrancarlo y ve por tu amigo.- aquello era una despedida, algo que en la mañana había anhelado y ahora no quería que pasara.- Luego vete a la torre del vigía, el ejército sabrá a dónde enviarnos y no quiero que vuelvas a pensar en mí o buscarme, ¿me oíste?- unas lágrimas escurrieron por mis mejillas y tuve que hacerme la fuerte. Voltee el rostro para que no me viera y asentí solamente.
Sabía que él sabía que me estaba haciendo daño pero ninguno de los dos iba a hablar del tema.
Abrió la puerta, y la luz del sol me caló en los ojos. Había alrededor unos diez zombies y Peeta los distrajo corriendo para que lo siguieran a él, unos cuantos fueron tras de mí.
Miré una ambulancia que tenía la puerta del conductor abierta y corrí metiéndome deprisa. Miré y no había nadie dentro. Cerré la puerta y subí las ventanas antes de que llegaran las criaturas.
Sentí un fuerte golpe en la parte de atrás y por las puertas. Desesperada busqué la llave y temí que no estuviera ahí. Me agaché y, debajo del pedal del freno, la vi.
-Gracias.- exclamé para mis adentros y arranqué el vehículo.
Atropellé a unos zombies y busqué a Peeta. Se había metido a un deportivo negro de dos puertas, alrededor del coche había más de veinte abominaciones. Miré por el espejo lateral, se aproximaban corriendo unos treinta.
-Mierda.- teníamos que salir de ahí cuanto antes.
Escuché que él encendió el motor y, acelerando deprisa, arrancó. Lo seguí hasta que salimos a una avenida.
La ciudad era fantasma y sólo se veían esas cosas en las calles. ¿Quién diría que así terminaría Panem? Finalmente, cuando llegamos a un puente, que dividía el camino, él se giró a la izquierda, yendo directamente a la salida del infierno y yo, giré a la derecha, en busca de mi mejor amigo.
No pude contenerme y salió el llanto. Un dolor desgarrador me azotaba en el pecho. Había sido una tonta por reaccionar así con Peeta, por hacerle caso a mis impulsos. Me odiaba tanto y el coraje, más que con él, era conmigo misma.
Conduje, cargada de tristeza y enojo, sin importarme qué me llevara de paso. Lo importante era que nunca volvería a verlo, aunque eso en gran parte, era lo que más me dolía
hola, estoy ultra desanimada. se preguntan por que; tenia unas por decirlo "amigas" que a mis espaldas decian que era una puta, golfa, estúpida y muchas cosas mas por que segun ellas queria ligarme a su novio,lo supe gracias a mi mejor amiga lectora, a si que chavos siempre tengan cuidado con quienes son sus amigos y quienes seran hipocritas. Mel se fue de viaje; asi que para recompensarlo les traigo un adelanto de el proximo capitulo de mi vida, mi pelea y capitulo doble, aqui el adelanto:
Yo solo estaba confundida ¿concordancia? No puede ser posible, los mire y vi que estaban igual que yo: confundidos.
-Hace 19 años recibimos una llamada donde decía que habían robado a un bebe recién nacido de un hospital y que estaban los padres muy alterados, así que sospechamos que usted es hermano de Katniss- el y yo nos miramos eso es imposible
- Y yo que tengo que ver con eso- nos miro y volteo su vista de nuevo a Maysilee- no me parezco en nada a ellos
- Si, eso ustedes deben de averiguarlo pero el 99% de su sangre concordó con la de Katniss - reviso su reloj y se levanto – pero también concordó con la del señor Altobelli, me tengo que ir
- Espere- la tomo del brazo y Maysilee lo volteo a ver- ¿Al menos me podría decir con cual otra sangre concordó?
Suspiro y un nombre conocido para mi salio de sus labios- Venia
