.
.
Capitulo 7. Quebrantable
.
.
Seiya abrió lentamente los ojos. Lo primero que vio, fueron unos cuadritos negros, se había quedado dormido encima del teclado.
—Estos exámenes finales me van a asesinar — dijo a la habitación vacía.
Sin levantarse de la silla, estiró la espalda y los brazos. Miro hacia la ventana de su cuarto; la luz del atardecer se hacía presente. Sacó el celular de su bolsillo y miró la pequeña pantalla.
— ¡Maldición!
Se levanto de golpe, tenía veinte llamadas perdidas de su padre, vio el último mensaje:
— ¿Dónde te encuentras? Estamos en el hospital ¡Ya nació tu hermana!
Entró al baño a toda prisa, se echo agua en la cara y se seco con una toalla. Se miró al espejo y se acomodó el cabello y casi volando, bajó por las escaleras, corrió hasta la esquina, y para su suerte, el autobús que lo llevaba al centro paso enseguida. Una vez sentado, le marcó a su padre.
—Hola — dijo secamente —. Sí, me quedé dormido, pero ya voy.
Una pareja que estaba sentada delante de él, se comenzó a besar, distrayéndolo por un instante. Eran Lita y Andrew.
— ¡Claro que me importa! — exclamó.
La pareja se separó al escuchar su grito. Andrew volteó molesto, y Seiya miro hacia otro lado, evadiéndolo. La pareja se bajo en la siguiente parada.
—En unos minutos llego, hasta pronto.
Un grupo de jovencitas de uniforme escolar subió, venían escuchando las noticias en el celular de una del grupo. Tomaron asiento atrás de Seiya. El volumen era tan alto, que no pudo evitar escuchar.
—Fue toda una sorpresa para los ingleses, la inesperada llegada del cantante Yaten Furiyama, ha levantado muchas especulaciones; ¿Qué opinas Kira?
—Pues; ¿Qué puedo decirte Yumiko? El rumor más fuerte es que, en Londres, radica desde hace muchos años, una ex bailarina de su staff, llamada Minako Aino, parece que tuvieron una relación, aunque eran unos críos en ese entonces.
—Un viejo amor, ¡Que romántico! Lo malo es que cuando piso el aeropuerto de Londres, desapareció. Nadie sabe adonde fue, se ha vuelto un maestro del escape, ya sabes lo huraño que es, pero lo perdonamos por lo guapo y talentoso.
.
Cuando Mina abrió la puerta de su departamento, no se vio muy sorprendida. Ya lo esperaba, pero quiso disimular su alegría.
— ¿Qué haces aquí?
Yaten entró sin permiso, haciendo enojar a la rubia.
— ¡Te pregunte algo!
Yaten le tomó una mano y la llevó a la sala; ya ambos sentados, la soltó.
—Es más guapo ahora que es todo un hombre —pensó Mina —. ¡Hey! No le hagas las cosas fáciles. Casi te quitas la vida por este tonto. Por supuesto que no me hubiera atrevido. O, quién sabe…
Los brillantes ojos color esmeralda de Yaten, la miraban impacientes, y como odiaba eso Mina.
—Ya no voy a hablar — pensó Mina—, sí lo hago, seguro meto la pata.
Yaten acomodó sus codos en sus piernas y chasqueó la lengua.
—No voy a ceder… — canturreó para sí misma.
Mina se estiró hacia atrás y alació su cabello con ambas manos. Yaten levantó una ceja.
— ¡Me lleva…!— grito Mina —. ¿Qué haces aquí? ¿Crees que porque eres rico y famoso, puedes venir a mí departamento, y entrar sin permiso? ¡Estoy esperando una respuesta!
Y Mina vio lo que más temía, la sexy sonrisa de Yaten, le había robado el corazón desde adolescente y aún lo hacía. Pero nunca obtuvo más que eso de él… hasta hoy.
Yaten se estiró y le tomó las manos.
—Perdóname, por la forma en que te trate en el pasado, era muy inmaduro, la verdad es que nunca quise lastimarte, fui un ególatra, pero sobre todo un cobarde, no quise aceptar que me interesabas…
Mina pestañeo varias veces.
—No sé si recuerdes que en esa época, mis padres murieron en un accidente, y cuando los perdí, también se fue mi capacidad de amar, o más bien la quise enterrar; no quería experimentar ese dolor nunca más. Y ahora lo único que deseo, es recuperar el tiempo perdido.
Mina recordó, que Yaten era muy dulce con ella antes de eso, y después, se convirtió en otra persona. No sabía que responderle, habían pasado ya seis años, ella tampoco quería experimentar ese dolor, nunca más.
—Lo siento Yaten, pero…
Antes de que terminara la frase, el platinado la tomo entre sus brazos y la beso, con dulzura, al principio Mina se resistió, pero terminó cediendo, claro que aún lo amaba.
.
.
Seiya se encontraba en la recepción del hospital, era la primera vez que pisaba uno.
—Señorita, señorita…
—Espere unos minutos joven, el señor llego primero, siéntese, yo lo llamo.
Molesto, se recargó en una esquina.
—Pero yo sólo quiero informes, no es gran cosa —murmuró.
Marco nuevamente a su padre, ahora era él quien no le respondía.
— ¡No puede ser! — exclamó, estirando los brazos, pero al hacerlo, asusto a una chica que iba pasando, ella tiró al suelo el libro que llevaba.
—Perdón — se agachó Seiya por el libro, cuando se levantó, su cara se le hizo muy familiar.
—No paso nada — dijo Amy ruborizada tomando el libro, al rozar los dedos de Seiya, sintió mariposas en el estómago.
Ambos sintieron que ese encuentro, era un momento especial.
—No suelo ser así de torpe — sonrió Seiya —, pero estoy muy retrasado, y ni siquiera se adonde tengo que ir.
—Quizá yo te puedo ayudar, mi madre trabaja aquí, se puede decir que yo crecí aquí, tengo influencias, ven conmigo.
Unos minutos después, ya sabían mucho uno del otro. Seiya se despidió de Amy cuando vio a su padre. Artemis Kou estaba afuera del cuarto donde se encontraba Hotaru, junto con los padres de ella y una persona encargada del trámite de adopción. Su padre le dio una mirada dura, pero Seiya la ignoró y entró, ahí se encontraban Hotaru y Luna.
— ¡Hijo!— dijo ella con lágrimas —. Es hermosa tienes que conocerla.
Ambos salieron del cuarto, y fueron a los cuneros.
— ¿Cómo te sientes madre?
—Muy feliz.
Había dos enfermeras adentro. Luna le hizo señas a una de ellas, se acercó a la cuna y alzó a la bebé. La arrimó a la ventana, estaba durmiendo.
— ¿Verdad que es preciosa?
—Si madre, mucho.
—La llamaremos Usagi.
—Usagi — repitió Seiya.
En ese momento, la bebé abrió los ojos, como reconociendo su voz, y Seiya miró esos hermosos ojos azules.
—Usagi — repitió Seiya con una sonrisa —. Me estoy poniendo chipil madre, ya no soy el más guapo de la familia.
—Ay hijo, ¡Que cosas dices!
.
.
Días después, Seiya comenzó a salir con Amy, fue algo difícil, pues la chica era muy tímida, pero como él era todo lo contrario, se complementaron perfecto, desafortunadamente, no le duró mucho el gusto, pues unas semanas después, al salir con sus amigos, chocó el auto de Artemis, salió con una pierna rota y con la promesa de su padre: en cuanto se recuperara, se iría al internado militar.
Estando en el hospital, Amy lo visito a todas horas.
— ¿Qué tienes? — pregunto ella.
—Lo que pasa es que el doctor me dijo que la lesión que sufrí en la pierna…— respiró profundo —, a lo mejor, no me permite ser un jugador de futbol americano.
—Lo lamento tanto, pero aún tienes tu música.
—No lo sé, no creo que les guste mi estilo rockero en la academia militar.
— ¿Crees que pueda visitarte ahí?
—Lo dudo, pero nos mantendremos comunicados.
Amy comenzó a llorar, Seiya le acarició su mejilla.
—Te esperaré — prometió ella.
Un mes después, salió de su casa hacia la academia, un autobús lo llevaría al internado, los gritos de su padre y los lloriqueos de su madre, fueron su despedida.
.
.
Rei y Mina se veían después de tantos años, la rubia regresó a Japón, al lado de Yaten.
—Nuestros sueños se han cumplido — declaró Rei.
—Pero, amiga, ¿Nicolás? ¿Estás segura que cambio? Recuerdo que en la escuela, era un mujeriego.
—Claro — mintió Rei.
Pues, había visto a Nicolás con otras mujeres.
—Si te hace feliz — dijo Mina —, espero que mi boda, lo anime a que formalice lo suyo.
—Seguro que sí — comentó Rei esperanzada.
Y se dio la boda del año: Yaten y Mina finalmente unieron sus vidas. Pero Nicolás nunca formalizo su relación con Rei y siempre la humillo.
En el abismo del Infinito, los Demonios que se encargaban de hacer tropezar a las almas en su camino a la felicidad, estaban contentos con esta victoria. Diamante había engañado a Rei, nunca le dijo que se quedaría con un SinDestino: Nicolás, y por eso nunca sería feliz.
.
.
Seiya estaba de regreso en casa, se detuvó unos instantes antes de tocar, pasaron cuatro largos años, lo único que endulzó su vida todo ese tiempo del internado, fueron las llamadas de su madre y de Amy.
Al abrirse la puerta, vio a su madre más pequeña.
— ¡Hijo! ¡Cuánto has crecido!— se fundieron en un abrazo —. Pasa, ¡Te extrañe muchísimo!
Seiya la lleno de besos, miró al interior suspicaz.
—No está — Luna sabía a quien buscaba —. Salió en viaje de negocios.
—A lo mejor lo hizo a propósito, para no verme.
—No digas eso, siéntate. Preparé un pastel delicioso. Amy ya se fue, como es un poco tarde, no quería que la regañaran sus padres, me cae muy bien esa muchacha, no la vayas a dejar ir.
—Ella es la que me tiene que cuidar — bromeó Seiya —. Ya soy más irresistible que antes.
—Tú siempre con tus bromas —dijo Luna —. Pero creo que esta vez, tienes razón. Estás más guapo que antes.
Seiya se carcajeó, con muchas fuerzas, no sabía que desde lo alto en las escaleras, una pequeña rubia lo observaba. Luna regresó con té y pastel.
—Creo que sólo comeré esto y saldré a verla.
—Me parece bien hijo, necesitas que te de mucho aire.
Ambos bebieron té, Seiya probó un bocado de pastel.
—Tan deliciosos como lo recuerdo — Luna sonrió ampliamente —. Pero dime, ¿como sigue Usagi? — preguntó preocupado.
—Igual — respondió Luna cabizbaja —. Ya no saben lo que tiene, al principio decían que era autismo, pero no encaja del todo con los síntomas, estoy muy preocupada hijo, no ha dicho ninguna palabra, y ya tiene cuatro años, le han hecho muchos exámenes, todos los doctores me dicen lo mismo: es la niña más sana que he visto, simplemente no se explican lo que tiene.
— ¿Y mi padre que opina? ¿No la quiso devolver?, con ella podría hacerlo, conmigo no tuvo de otra.
—No digas eso, él te ama.
Ambos se quedaron callados, terminaron el té, y Seiya se levantó.
—Sólo voy a saludar a Amy, vuelvo enseguida, porque seguro que preparaste una gran cena por mi regreso.
El sonido de un piano llamo su atención.
— ¿Tenemos piano?
Luna asintió sorprendida.
— ¿Qué sucede madre?
-Es que tu padre lo compró, cuando un doctor sugirió la música como terapia para Usagi, pero ella nunca mostró interés.
— ¿Nunca recibió clases? ¿Y cómo es que está tocando "claro de luna" a la perfección?
—No lo sé, vamos a verla, pero en silencio, es muy sensible, además los extraños le son molestos, y bueno, a ti sólo te ha visto en fotos, preferiría que mañana la conocieras.
Caminaron despacio, la puerta estaba entreabierta, el cuarto estaba completamente oscura, sólo la luna iluminaba a la pequeña, quien tocaba magistralmente.
—Es tan tierna, parece un angelito — pensó Seiya.
Llevaba su cabello en dos pequeños chonguitos, su vestido era blanco y estaba descalza.
Cuando terminó de tocar claro de luna, comenzó algo más, pero se equivocó y paró de tocar, se quedó pensativa mirando las teclas. Entonces Seiya entró a la habitación.
—No — susurró su madre.
Pero ya era demasiado tarde.
—Hola hermanita — dijo Seiya en un tono muy dulce —. A lo mejor no me recuerdas, pero yo no podría olvidar esos ojitos tan bellos.
Usagi lo analizó de pies a cabeza.
— ¿Quieres que te ayude? Afortunadamente me acuerdo de esa pieza.
En respuesta ella palmeó el asiento a su lado.
—Nunca he tocado piano, pero es muy parecido al teclado, haber como nos sale.
Luna simplemente no podía creer como Seiya había compaginado tan rápido con la pequeña. Le pareció buena idea dejarlos solos, entonces cerró la puerta. Seiya se tronó los dedos y después se sentó a su lado.
Tocaron por un buen rato; Usagi entonces se recargó en su costado y cerró los ojos. Se había quedado dormida. Seiya la cargo, subió las escaleras, buscó su cuarto, y no dudó al entrar en una habitación pintada de blanco y con el techo lleno de estrellas, la puso en la cama, le dio un beso en la frente y la cobijo.
Bajó a la cocina donde encontró a su madre, acomodando unos platos en la alacena, se acomodó en un banco.
—Se durmió.
— ¿Aún vas a salir?
—Ya es muy tarde, no sería apropiado.
—Yo no he cenado, que te parece si…
Seiya volteó hacia donde veía su madre, era Usagi, tallándose los ojos.
— ¿Tienes hambre? — preguntó Luna
La pequeña asintió, Seiya se levantó, la alzó y la sentó en un banco a su lado.
—Eres muy escurridiza.
Usagi le sonrió.
—No puedo creerlo hijo, le has caído muy bien.
.
.
Una semana después regresó Artemis Kou. Era la hora de la cena, y los cuatro estaban en el comedor, Usagi estaba sentada al lado de Seiya.
—Así que hoy fuiste a la universidad a pedir informes, ¿dime, qué carrera vas a estudiar?
Luna se tensó, se imaginó que vendría una pelea, porque sabía que a su esposo no le gustaría la respuesta.
—Licenciatura en educación física.
— ¡Eso no es una carrera! — protestó Artemis dejando violentamente los cubiertos, Luna saltó de su asiento, Usagi no mostró ninguna emoción —. Espero que analices mejor tus opciones.
—Ya lo tengo decidido padre.
—Pues no estoy de acuerdo.
—¡Nunca lo estas! Y no me controlaras más la vida, ya soy mayor de edad, será mejor que me vaya.
— ¡Me parece bien!
Luna comenzó a llorar.
—Seiya, hijo.
—Lo siento madre.
Se levantó de la mesa, Luna seguía llorando, Artemis miró a Usagi, como no se expresaba, y no sabía lo que pasaba por su pequeña mente, siempre le explicaba las cosas.
—Perdóname hija, espero que entiendas que no estoy enojado contigo, sólo con tu hermano.
Usagi asintió tranquilamente y también se levantó de su asiento.
Seiya hizo su maleta rápidamente, no sabía adónde iría. Cuando bajo las escaleras, su madre lo estaba esperando llorando.
—Lo lamento, pero era inevitable esto.
Miró hacia el comedor, Artemis seguía sentado, dándole la espalda.
—Seiya.
— ¡Por Kamisama!— exclamó Luna —. Hablaste Usako, hablaste.
Usagi tenía en su mano un portarretratos. Artemis corrió ante el grito de su esposa, y Seiya también estaba sorprendido.
—Seiya, no te vayas.
Artemis se arrodilló al lado de su hija, la adoraba.
—Padre, que Seiya no se vaya — le extendió la foto a Seiya.
Era él mismo, la foto de cuando ganó su primer partido de futbol americano en la secundaria.
—Padre te ama — dijo Usagi —, pero no te entiende, eso lo asusta, siempre veía esta foto, y le decía cuanto te quiere y se preocupa por ti…
Luna estaba maravillada, la fluidez con la que hablaba Usagi era perfecta, y Artemis más maravillado de que su pequeña supiera cómo se sentía respecto a su hijo.
—Pero yo le ayudare a que te entienda — dijo determinada la pequeña.
—Creo que ya lo has hecho — dijo Artemis con su voz quebrada.
Seiya tampoco pudo más y abrazó a su padre, con lágrimas en sus ojos de color zafiro, reconciliándose, y esa sería la primera noche de muchas en la que ambos hablarían sin rencor, sin menosprecio y llenos de comprensión.
.
.
A partir de esa fecha Usagi comenzaría a mostrar una enorme inteligencia. A los seis años ya dominaba el piano, sólo la limitaba su estatura de niña. Casi siempre se las arreglaba para salir con Amy y Seiya, era un chaperón que la peli azul ya empezaba a alucinar.
Cierto día Amy estaba en su casa esperando a Seiya, era su primer aniversario, como novios oficiales. Escuchó un auto estacionándose enfrente, se asomó por la ventana. Vio llegar a Seiya, sólo.
—Que bueno — pensó.
Se dieron un tierno beso y se subieron al coche. El restaurante era muy elegante.
—Te tengo una sorpresa Amy — dijo muy animado Seiya.
Vaya que lo fue, Amy no se esperaba ver a los padres de Seiya, esperándolos.
— ¿Me irá a proponer matrimonio?—se pregunto esperanzada.
Saludaron a sus padres, les tomaron la orden, y dejaron una botella de champagne. Un hombre de traje negro, subió al escenario que tenía el lugar, y comenzó a hablar por el micrófono.
—El rincón de Hokkaido siempre se ha enorgullecido de apoyar al talento joven, y hoy no es la excepción, bueno un poco, porque el talento que verán, los dejará con la boca abierta, con ustedes la pianista más joven que ha tocado este lugar: Usagi Kou.
Todos aplaudieron. Una luz tenue ilumino la pequeña silueta; ella dio una leve reverencia.
—No puede ser — pensó Amy —, esa niña, esta por todos lados.
Tocó como los ángeles, una pieza de Chopin: Romance. Cuando termino su ejecución la ovacionaron de pie. Después se acercó a la mesa de sus padres, con el porte de una pequeña princesa.
—Buenas noches Amy.
—Buenas noches Usagi.
—Estuviste maravillosa, como siempre Usako.
—Gracias madre.
Amy estaba molesta, pero fingió estar muy contenta.
— ¿Verdad que fue toda una sorpresa? — preguntó Seiya con los ojos iluminados, estaba muy orgulloso de Usagi.
—Sí, muy grande — respondió Amy, por dentro estaba muy enojada.
Una persona se acercó a su mesa, les dejó su tarjeta, comentó brevemente que deberían llevar a Usagi a una escuela para genios, para cultivar todo su potencial, pero ese lugar era un internado, sus padres desecharon la idea, pero Usagi guardó la tarjeta.
Al día siguiente, Amy esperaba a Seiya, en el parque.
—Espero ahora sí venga sólo.
Pero no fue así, Usagi venia riendo en la espalda de Seiya, él también se veía feliz.
—Hola mi amor — dijo Seiya depositándole un beso tierno en los labios.
—Hola Amy-chan.
—Hola.
—Vamos por unos helados — propuso Seiya.
Los compraron y se sentaron en una banca, como siempre Usagi estaba en medio de ellos. Pero paso algo que cambiaria eso. Una señora de la tercera edad, se detuvo al verlos.
—Son una linda familia, que hija tan linda tienen.
Pero Usagi se puso seria, no le gusto oír esa palabra; hija.
—Espero no tener una así de metiche — pensó Amy.
La señora siguió su camino.
—Una familia — dijo Seiya alegre.
Una pareja pasó enfrente de ellos discutiendo: Rei y Nicolás.
—Kaolinet es muy resbalosa, pienso que te importa — sentenció Rei.
—Piensa lo que quieras…
Seiya los vio alejarse.
—Espero nunca ser como ellos.
.
.
Una semana después, Seiya llegaba de otra cita con Amy, desde aquella tarde, Usagi no los volvió a acompañar. Sus padres y la pequeña estaban esperándolo, tenía una noticia importante que darle.
—Vaya esto se ve serio — dijo Seiya sentándose —. ¿Qué sucede?
—Usagi se va — dijo entre lágrimas Luna.
— ¿Qué? — Preguntó Seiya asustado —; ¿Por qué?
—Tu hermana ira a un internado para genios, es su deseo, y aunque me duela, es lo mejor. En su escuela no le está yendo bien, la están comenzando a molestar demasiado, por su alto coeficiente, no tiene ningún amigo, le huyen, no están a su nivel.
— ¿Nos dejaras? — pregunto Seiya tristemente.
—Sí, quiero aprender muchas cosas, pero vendré en las vacaciones.
Seiya estiró sus brazos y ella corrió a ellos.
.
.
Pero Usagi no lo cumplió, no fue en las siguientes vacaciones, ni en las siguientes, Seiya se comenzó a preocupar porque no quería verlo, sólo sus padres la visitaban.
Ella no estuvo cuando finalmente pidió la mano de Amy, le dolió no tener a la pequeña a su lado, pues se habían hecho muy unidos, ella entendía su pasión por la música, y gracias a su madurez; incluso le daba consejos. Sus padres también no la entendían, sí al principio no hizo más que adorar a su hermano, los psicólogos pensaban que era por su particular caso, aunque nunca atinaron cual síndrome era ese.
Cuando Amy camino hacia el altar, nunca imaginó que quien tocaba el piano fuera Usagi, Seiya estaba igual de sorprendido y por un segundo, su mirada fue hacia la pequeña, que estaba en lo alto y al fondo de la iglesia, a pesar de que había cambiado en esos tres años que no la había visto, la reconoció, le sonreía desde arriba, y él se sintió feliz. Amy notó la distracción de su futuro esposo, se imagino a que se debía, pero se tranquilizo.
—En unos minutos será mío, esa niña ya no me molestara— pensó.
Cuando salieron de la iglesia, recibieron muchas felicitaciones, entre los invitados estaban Lita y su esposo Andrew, Lita era amiga de Amy.
—Como eres Amy — dijo Lita abrazándola —, tu cuñadita es un prodigio, ojala hubiera tocado en nuestra boda.
— ¿Sí, verdad?
Ni siquiera su mejor amiga, le contó la aberración que ya sentía por Usagi.
Durante toda la fiesta, el centro fue la pequeña, pues no sólo tocó magistralmente en la iglesia el piano, sino que tocó el violín y les dedicó una pieza escrita por ella para su primer baile.
—Pero amor — suplico Amy —, esa no es nuestra canción.
—Vamos Amy — contesto Seiya tomándole la mano —, es su regalo de bodas.
Amy suspiró derrotada. Todos felicitaron a Luna y Artemis, por tan bella hija, tan prodigiosa. Unos invitados de la peli azul eran franceses, se sorprendieron de la fluidez con la que hablaba ese idioma, unos amigos de su madre eran ingleses, ese idioma también lo hablaba perfecto.
— ¡Es mas lista que tú! — Exclamó la madre de Amy —. ¡Te la cambio Luna!
Todos rieron, menos Amy.
Casi era hora de que la pareja partiera a la luna de miel. Seiya no había tenido la oportunidad de hablar con Usagi, quería saber porque se había mantenido alejada de él, pero siendo el prodigio de la noche, pareciera que todo mundo quería estar cerca de ella.
Cuando Amy se fue para cambiarse de ropa, Seiya caminó hacia el jardín, y ahí con los pies metidos en la fuente la vio, se acerco sonriente a ella.
—Usako, estoy molesto contigo.
—Yo también.
Seiya rio, y Usagi también.
—Es enserio Usako.
—Yo siempre hablo enserio Seiya.
— ¿Cuándo serás una niña normal?
Usagi le sacó la lengua.
— ¡Eso!— sonrió Seiya —. Así me gusta, ahora dime; ¿Qué te hice? ¿Porque estas enojada conmigo? ¿Por qué te has alejado de mí?
—Porque te quiero.
—Explícame.
—Bueno es que a tu esposa no le caigo bien, y es mejor que no esté cerca de ti, para no darte problemas.
— ¿Qué dices? Ahora sí que eres una niña normal, son tonterías las que dices.
—Prométeme que no le contaras a ella lo que te dije, seguro se enojara, promételo.
—Claro que no le diré, no tiene sentido.
—Di que lo prometes.
—Que seria. Lo prometo.
—Así podre irme tranquila.
— ¿De qué hablas?
—No te veré en un tiempo, de nuevo, les pedí a nuestros padres que me dejaran decirte yo misma. Estudiaré en Francia.
—Otra vez te vas —dijo triste— ¿Por qué tan lejos?
—Bueno, la principal razón es que allá vive mi madre biológica, quiero conocerla.
—Seguro eso a nuestra madre no le agradó.
—Te equivocas, ella vendrá conmigo y nuestro padre, para presentármela, pero solo será un año.
—Me van a dejar solo.
—Claro que no, ya tienes a tu esposa.
Seiya suspiró.
-Debes enseñarme Usako, como le has hecho, parece ser que te has convertido en la cabeza de la familia.
Ella sonrió, salió de la fuente y tomó una caja pequeña.
—Este es otro regalo, cuando nos extrañes lo puedes escuchar.
Lo abrió, era un cd.
—Son todas mis composiciones, hasta hoy.
Seiya la abrazó.
—Te voy a extrañar, a los tres.
—Eso espero — murmuro muy bajo Usagi.
.
.
Nuevamente, Usagi le había mentido a Seiya, porque no fue un año, fueron tres. Sus padres regresaron solos de Francia, la pequeña se quedó con su madre, Hotaru era muy avariciosa, y Usagi tenía el signo de pesos en la frente, se hizo la representante de su propia hija, y le consiguió muchos conciertos. Todo el mundo quería oír a la pequeña Mozart, como ya le llamaban.
Durante esa lejanía, Seiya se había convertido en el entrenador, en jefe del equipo de su antigua preparatoria, Amy era pediatra. Se habían comprado una pequeña casa, en Kyoto. Vivian tranquilos, hasta que Usagi regreso.
Era un caluroso día de verano, Seiya se encontraba con Amy, en el parque, entonces la escucho.
— ¡Seiya!
Él se levanto, corriendo. La atrapó en sus brazos. Atrás, venían sus padres.
—Te hemos sorprendido ¿verdad hijo?
—Muy grata sorpresa.
— ¡Estas tan grande Usako! — dijo Seiya acariciando su cabeza —. ¡Tan linda!
— ¡Tú también!
Se acercaron a Amy.
—No puede ser — pensó.
—Hola querida — dijo Luna dándole un beso en la mejilla —. Estamos de fiesta, se han juntado muchas cosas, su futuro hijo, el regreso y cumpleaños de Usako.
— ¿Cuántos cumples? — preguntó Amy fingiendo interés.
—Doce. Amy-chan; toma, este regalo es para mí sobrinito.
—No te hubieras molestado — dijo, pero por dentro —.No importa lo que sea, lo tiraré a la basura.
—Gano mucho dinero, no es molestia, creo que gano más que tú.
— ¡Hay que cosas dices! — Dijo Luna —. ¿Por qué no vas con tu padre por unos helados?, a ver si podemos refrescarnos.
— ¡Sí!
—Perdónala — dijo Luna riendo —, aunque a lo mejor, es verdad. En cada presentación le pagan muy bien, y en las conferencias que da.
— ¿Cuáles conferencias? — preguntó Seiya asombrado.
—Unas que le organiza Hotaru, en las escuelas. Inspira a las personas, de hecho sólo viene a su cumpleaños y regresa a Europa, está muy entusiasmada, dice que va a estudiar Cardiología, es muy lista, bueno ya lo saben. La música está quedando atrás, como ya es más grande cada vez tiene menos impacto como para dedicarse a eso, aunque dice que puede con la música y la medicina.
—Sí, que lista — murmuró Amy molesta, por primera vez Seiya se dio cuenta de su enojo.
—Ya aprendió a tocar la guitarra eléctrica, y dice que pronto seguirá con la batería.
—Cuando aprenda batería, le diré que me enseñe — comentó Seiya sin quitarle los ojos a Amy, ella hizo una mueca de enfado.
La fiesta de Usagi fue pequeña, Seiya insistió en hacerla en su casa, solo sus padres y los de Amy.
Seiya le regalo unos patines.
—Para que entrenes algo más que el intelecto Usako.
— ¡Pero me debes enseñar!
—Ven mañana temprano, es mi día libre.
Y así fue, Luna la llevo temprano, después se fue de compras con Artemis.
Seiya no comprendía como Usagi no podía hacer amigos de su edad. En el parque la vio tan desenvuelta, risueña, como cualquier niña. Luego, regresaron al atardecer.
— ¡Ya llegamos!— gritó Usagi —, ¡Tenemos hambre! — escuchó Amy
Seiya se metió al baño. Amy estaba en el piso de arriba, arreglando unas cosas, de pronto, se escucho el grito desgarrador de Usagi. Seiya corrió a buscarla.
— ¡Por Kami! ¿Qué te paso Usagi? —exclamó Seiya
Seiya estaba limpiando la cara ensangrentada de Usagi.
Amy se asusto más, al escuchar esa exclamación, bajo las escaleras demasiado rápido, para su mala suerte al final de las escaleras estaban los patines de Usagi, lo que hizo que cayera.
-No fue nada, no llores, la cara es muy escandalosa, sólo es una pequeña abertura.
En ese momento, escuchó un golpe y los quejidos de Amy, su corazón salto asustado.
Cuando Amy se recupero de la anestesia, recibió la noticia con un grito. Seiya estaba con ella, con lágrimas en sus ojos, sus familiares estaban atrás de la puerta, todos devastados. Entonces, Amy recordó con que había tropezado.
— ¡Ella lo hizo!
— ¿De qué hablas?
— ¡Tu hermana me provoco esto, es un monstruo!
Luna abrazó fuerte a Usagi que comenzó a llorar.
—Tranquila fue un accidente, estas confundida.
—Estoy muy cuerda, ella nunca me ha querido.
—Nunca te ha hecho nada.
—Sólo matar a nuestro hijo.
Y comenzó a llorar. Su madre entró y le aplicó un tranquilizante.
Seiya recordó las palabras de Usagi en su boda, pero no era el momento de confrontar a su esposa. Tal vez, después se retractaría de lo dicho.
Durante el entierró de su hijo, Amy echó a Usagi.
— ¡Asesina!
Todo mundo la creyó loca. Incluyendo a Seiya.
Desde entonces Amy no permitió que Seiya la tocara, sólo aguanto dos años esa situación, por el dolor de la pérdida de su hijo. Después vino otro golpe más a sus vidas: La muerte de Luna.
Usagi no estaría presente; se lo había dicho Artemis a su hijo. Minutos después, Seiya recibió su llamada, se apartó del lugar del entierro.
—Seiya, no quiero causarte más problemas.
— ¡Usako! ¡Es tu madre! No puedes fallarle.
—Estuve con ella, en sus últimos momentos — escucho como lloraba —, ahora ella no me puede oír más, toda la noche toque para ella, para que tuviera un lindo viaje. Regreso a Francia, quizá ya no te vea más, por favor no te enojes con Amy, sé feliz.
Por supuesto que se enojo con Amy, nunca entendió ese odio enfermizo hacia su hermana, y sumado a su lejanía física, unas semanas después, en un arrebato, la engaño con otra mujer: Kakkyu.
— ¡Lárgate con ella! — gritó Amy.
—Hablemos — dijo Seiya —. Perdóname…es que yo…
Entró furiosa a su recamara y comenzó a sacar la ropa de Seiya, también abrió sus cajones y encontró el cd que le había regalado Usagi, lo aventó al suelo y lo piso, haciéndolo pedazos.
— ¡Y esta música infernal! Siempre la odie…
Seiya se enfureció.
—Ya no te conozco Amy.
—Ni yo a ti.
Finalmente se divorciaron.
¿Qué sucedió? ¿Acaso el bosque del destino era una broma de Kamisama? ¿No se cumplían sus designios?
.
.
Dos años después, Seiya estaba en su nuevo departamento, en Tokio. La casa de Kyoto la habían vendido. Amy no la quiso por el amargo recuerdo de haber perdido ahí a su hijo. Estaba solo; lo de Kakkyu fue algo pasajero.
Tocaron a su puerta, y ahí estaba ella… Usagi, con su sonrisa inocente.
— ¡Seiya! — lo abrazó, atrás venia Artemis.
— ¡Como has crecido Usako! ¡Ya eres una mujer! ¡Y Muy hermosa!
— ¡Como muy bien!, por cierto tengo sed.
—Claro, pasa. Estás en tu casa.
Ella los dejos solos en la sala.
—Estamos preocupados por ti, casi no has escrito — dijo Artemis
—No soy un niño del que debas preocuparte, ya tengo treinta y uno.
—Como sea, ¿Por qué no vienes con nosotros a Kyoto?
—No gracias, además aquí tengo un mejor trabajo.
— ¡Entonces yo me quedo en mis vacaciones aquí! — exclamó Usagi apareciendo de repente.
Su padre y Seiya se sorprendieron.
—No me veas así hermano — lo cual, los sorprendió. Más nunca se había dirigido a él de esa forma —. Necesitas quien te cuide, por lo menos en el verano, ni te hagas ilusiones de que me quedare aquí para siempre, cuidando a un viejito, soy toda una celebridad.
Los dos estallaron en carcajadas, finalmente accedieron a su petición.
Pero todas esas palabras eran puras mentiras, para esconder sus verdaderas intenciones, pues ni veía a Seiya como su hermano, ni pensaba irse de ahí y mucho menos lo veía viejo.
.
.
Agradecimiento.
Este capítulo se lo dedico con mucho cariño a PaulaLunatica, a pesar de que seguramente es una persona muy ocupada, me ayudo a mejorarlo bastante.
Gracias por seguir leyendo, el siguiente capítulo será el último.
