N/A: Este es hasta el momento el capitulo mas largo que he escrito, y sirve de puente para el siguiente que ya tengo listo y escribí primero, simplemente porque las cosas pasan así a veces xD

Espero que disfruten de este capitulo :D

Aclaraciones:
—Diálogo
"Pensamiento"
Énfasis.


Los minutos pasaron con extrema lentitud, y aunque sintiera que había pasado horas pensando, el reloj indicaba otra cosa. No le molestaba en lo absoluto estar con él, pero sentía que debía irse, y aquello le causaba una extraña ansiedad, aunque tal vez se impacientaba más por verlo tan tranquilo. Miró el reloj otra vez, apenas había pasado un minuto.

Bostezó, estaba un poco cansada, había hecho bastante la noche anterior y apenas había dormido un par de horas solo para despertar para entregarse de nuevo a él. Se acomodó en la silla, cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la barbilla sobre los mismos, mirándolo mientras recordaba lo que habían hecho. La actual tranquilidad de Yamazaki difería bastante de aquella pasional actitud que había tenido hacia apenas unas horas, pero le resultaba igual de fascinante. Ver de cerca sus cambios ayudaba a entender un poco más esa extraña personalidad suya, que le había resultado un misterio por mucho tiempo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar la fuerza con la que había tomado su brazo en el pasillo y como eso contrastaba con su delicadeza al acariciar su cuerpo. Su sonrisa y sus ojos nublados por la excitación, al igual que su grave voz susurrándole cosas bonitas al oído, estaban grabados en su mente, y no pudo evitar sonrojarse al pensar de nuevo en eso. Bajó la vista y escondió el rostro entre sus brazos, esperando a que él no lo notara.

Yamazaki estaba sentado al otro lado de la mesa, frente a Mary, concentrado en lo que hacía pero aun así se mantenía atento a ella. Pulía con esmero la hoja de su cuchillo tras haber pasado un rato afilándola, para que no solo fuera letal, si no hermosa también. Sabría que obtendría un mejor resultado mientras más tiempo le dedicara, además esa tarea lo distraía de sus pensamientos, pero eso no evitaba que alguna que otra idea volviera a su cabeza. La idea de que estaba en un error, la idea de que su obsesión pasaría pronto, eran más comunes que las otras y también eran más incomodas. Le gustaba la rubia, ¿qué tan malo podía resultar eso? Y si no iba a durar, ¿qué le impedía disfrutar de aquel sentimiento aunque fuera efímero?

Mary levantó la vista cuando ya consideraba que el rubor había abandonado sus mejillas, solo para admirarlo en silencio y posiblemente sonrojarse de nuevo. Se veía como un tipo decente, relajado, pero serio, mientras que pulía su cuchillo en silencio absoluto. Su cabello estaba algo desordenado, por lo que algunos mechones caían sobre su frente, restándole algunos años y dándole un aspecto un poco más ameno, que le gustaba tanto como su apariencia de delincuente experimentado. Suspiró, cada vez le resultaba más atractivo y le era imposible ocultarlo, porque al parecer Yamazaki se dio cuenta.

— ¿Qué tienes Mary? —habló sin mirarla y calmadamente, sobresaltándola.

— Solo estaba…viéndote —no había necesidad en no decir la verdad, aunque no iba a ahondar en detalles.

— ¿Y eso es por qué quieres hablarme de algo?

— Mmh, ¿no?

— Está bien —dejó el cuchillo y el trozo de tela con el que lo limpiaba sobre la mesa, para apartarse un poco de la misma e indicarle que se acercara—, pero mejor ven aquí.

Aquellas habían sido las primeras palabras que habían cruzado luego de que se hubieran decidido a ponerse los pantalones y salir de la habitación. Mary se levantó y con calma caminó hacia él para sentarse en su regazo, dándole la espalda. La chica tembló apenas al hacerlo, provocándole una sonrisa.

— Aquí es donde perteneces, princesa —dijo mientras inclinaba el torso hacia adelante, apoyándose contra su espalda para sentirla tan próxima como pudiera, con la simple excusa de tomar las cosas que había dejado en la mesa con anterioridad. Mary suspiró, y casi podría jurar que aquello había sido un débil gemido de los que tanto le gustaba oír.

El tiempo pasaba. Ella permanecía inmóvil, respirando lentamente mientras él seguía en lo suyo, como si aquel metal pudiera brillar aun más. Estaba demasiado cómodo con ella, algo que jamás había sentido estando con otra mujer. Es más, ni siquiera recordaba haberse quedado tanto tiempo con una chica después de quitarse las ganas con ella, pero nuevamente pensaba en lo mismo: Mary era diferente.

Abstraído en sus pensamientos y sin intención, tocó apenas el filo de la navaja con el pulgar, cortándose. Chasqueó la lengua en desaprobación, mientras miraba la pequeña herida sangrar. Mary miró el delgado hilo de líquido rojo se deslizaba con lentitud por su dedo, y copiándose de sus turbias costumbres, lo tomó por la muñeca para acercar su mano a su boca y lamer lentamente la sangre.

Le dio gusto sentir como se estremeció bajo suyo, y el modo en el que la cercanía y aquel proceder lo habían hecho reaccionar. Jadeó con una media sonrisa en los labios mientras él besaba su cuello y dejaba el cuchillo sobre la mesa. Iba a resultarle incomodo tocarla con el arma en su mano.

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Vanessa golpeó la puerta del departamento de Mary, le habían dado ganas de salir esa noche y si la rubia se negaba, llevaba algunas cervezas en una bolsa de compras para animarla un poco y convencerla. Se preocupó al no escuchar respuesta alguna, salvo por los ladridos de Anton desde adentro, le sorprendía que Mary no estuviera en casa, aunque tal vez había salido a trabajar. Retrocedió apenas hasta el barandal del pasillo y miró en dirección al patio, como si ella fuera a aparecer de la nada por allí. Y efectivamente, eso pasó.

Mary hizo un par de pasos de espaldas, para luego saludar en dirección a la calle, despidiéndose de alguien y luego volteó para caminar hacia la escalera. Vanessa había tenido suerte de haber llegado al lugar unos instantes antes que ella, porque no habría esperado más de diez minutos. Además, las cervezas estaban perdiendo frío.

— ¿Vanessa? —preguntó la chica al acercase a ella, mientras sacaba sus llaves del bolsillo de la chaqueta, la cual llevaba cerrada y con el cuello arriba. Le resultó extraño, no hacia tanto frío como para andar así.

— Apenas vine, no te preocupes —sonrió y le enseñó la bolsa con las cervezas—. ¡Traje una sorpresa!

Mary rió apenas ante aquello mientras abría la puerta para invitarla a pasar, a su vez Anton salió rápidamente a saludarla, tan efusivo como siempre. Ambas chicas se quedaron un momento en la puerta riendo y jugueteando un poco con el can, hasta que Mary logró calmarlo para que entraran los tres.

Los movimientos de Mary eran lentos y con frecuencia alguna mueca de dolor se dibujaba en su rostro, que se notaba cansado y extrañamente falto del clásico maquillaje que llevaba siempre. Durante el momento anterior con Anton había disimulado con avidez cualquier malestar, pero parecía incapaz de seguir con el fraude, y Vanessa lo notó de inmediato. Definitivamente había algo raro en ella, no pudo evitar preocuparse por su amiga por lo que decidió no andarse con rodeos y preguntarle qué le pasaba. Mary se llevó una mano a la nuca sonriendo como si no quisiera hablar del asunto, algo que no hacía más que inquietar a la pelirroja. Se sentó en el sillón y Vanessa hizo lo mismo, para después sacar las cervezas de la bolsa que traía y dejarlas sobre la mesa.

— ¿Encerraste a alguien hoy? —Preguntó casualmente mientras tomaba una lata para dársela— ¿Peleaste? —agregó rápidamente al notar el corte en su labio inferior.

— Algo así, aunque esta vez no hay dinero de recompensa —dijo casualmente, el corto sonido que produjo el anillo de lata al atravesar el delgado metal seguido del leve crepitar de las burbujas en la cerveza acompañaron aquella vaga respuesta. Mary esperó a que Vanessa abriera una lata también y levantó la suya como si brindara por algo, como lo había hecho Yamazaki. Se abanicó la cara al recordarlo, temiendo ruborizarse de la nada.

— Debe ser un récord, que apenas abriste la cerveza y ya estás ebria —comentó Vanessa, extrañada pero divertida a causa de su raro proceder, pero no se negó a brindar.

— Discúlpame, pero es que recordé algo…—por supuesto, no solo recordó el brindis, sino todo lo demás. Le dio un trago largo a su cerveza para no seguir hablando de eso.

— Seguro es algo de ese tonto novio tuyo, el tipo de negro —Mary casi se ahogó aunque lo disimuló muy bien—, no creo que venga ahora, ¡no pienso invitarle de mis cervezas! —concluyó, abrazando su lata mientras reía.

— No creo que sea muy fanático de la cerveza, la verdad es que lo he visto tomar…—intentó recordar que diablos estaba bebiendo Yamazaki esa noche en el bar, pero aquella vez se veía dudosa por el paso del tiempo, y los detalles habían sido borrados por el alcohol. Sin poder recordar, simplemente dejó la respuesta al aire. Vanessa simplemente siguió riendo, llegando a prácticamente la misma conclusión: Mary había estado demasiado alcoholizada como para fijarse en algo así.

Mary siguió evitando darle información acerca de su paradero durante la primera mitad del día, y entre risas y charlas de temas un poco menos serios, se les acabaron las latas. Vanessa había hecho un pequeño esfuerzo por lo que bebiendo lentamente y hablando mucho, había conseguido que la joven se acabara cuatro de las latas en un rato, así que cuando le ofreció salir a seguir divirtiéndose por ahí, ella le contestó con un .

— ¿No crees que es linda la primavera, Vanessa? —Desprendió su chaqueta, bastante distraída—. El clima es agradable, nunca hace demasiado frio…ni demasiado calor…

— Ya estás divagando, mejor ve a darte una ducha fría —dijo la mayor mientras dejaba la lata que acababa de terminar sobre la mesa y se ponía de pie para ayudarla a hacer lo mismo. Entonces se dio cuenta de algo: la camiseta negra que llevaba puesta no era suya.

Vanessa echó a reír frente al descubrimiento que acababa de hacer, pues no tenía la menor duda de que la chica obviamente había estado con ese sujeto. La tomó por los hombros agitándola apenas, Mary nuevamente se mostró adolorida, gesto que no hizo más que poner a funcionar la mente de Vanessa.

— ¡Qué delicada, pero si ese tipo te tiene contra la pared seguro te sonríes, tonta! —dijo en un tono burlista.

Abrió los ojos sorprendida, ya era demasiado tarde como para seguir evadiendo el asunto, pero de todas formas se cerró la chaqueta mientras sentía que su cara se ponía roja de la vergüenza. Se levantó rápidamente y con algo de dificultad corrió a su habitación a encerrarse en el baño, la ducha aclararía su mente y aplacaría un poco las burlas de Vanessa que, sin duda alguna, seguirían toda la noche.

La simple idea de que Mary lograra ocultarle semejante hecho parecía una misión imposible desde el comienzo, principalmente por las evidencias que la chica llevaba consigo: la camiseta del otro, el corte en su labio y varias marcas en su cuello. Su coartada tampoco era demasiado convincente, aunque no había testigo alguno que la ubicara en la escena del crimen, salvo por su cómplice, que sería difícil de encontrar. Siempre existía la posibilidad de ir a buscarlo en su residencia y tirar la puerta, pero algo así resultaría poco práctico, y no estaba segura si Mary sabía dónde vivía. De ser así, ¿en dónde habían estado? Pensó horrorizada en una situación donde Mary se viera arrastrada a algún motel de mala muerte por ese criminal que parecía salido del callejón más oscuro y sucio de aquella corrupta ciudad. A pesar de lo mucho que le desagradaba un escenario así, Mary, con malestar y todo, tenía cierto aire de satisfacción. La imagen en su mente se dio vuelta de golpe, resultándole casi cómico imaginar que fuera la pequeña quien arrastrara al hombre a un motel un poco más bonito.

Vanessa daba vueltas por el departamento, sin acercarse demasiado a la habitación, dándole algo de paz a Mary por un momento. Al contrario de lo que hubiera creído, ella no se tardó demasiado y tras un poco más de media hora, salió secándose el cabello con una toalla. Se veía algo extraña. Vestida de una amplia camiseta blanca metida dentro de sus jeans que junto al par de zapatos deportivos que calzaba, parecía que no tenía ánimos de salir. Dejó la toalla en el respaldo de una silla y después de darle de comer a su mascota, fue hasta la puerta, haciéndole señas de que la acompañara.

— No quiero ir a ningún lugar muy fino, ¿entendido? —dijo mientras cerraba la puerta para después bajar por la escalera.

— Descuida, tengo uno en mente a unas cuadras de aquí, así podemos ir y volver caminando —Mary asintió, la verdad que salir en motocicleta habría sido bastante imprudente, y no creía que Yamazaki fuera a llevársela al otro día de nuevo. Se cubrió el rostro, ruborizada otra vez, pensaba en él como si fuera a encontrárselo, ¿qué probabilidades existían? Prácticamente ninguna, ya se estaba haciendo a la idea de que el otro desaparecería por una semana de nuevo.

La noche era agradable, no había demasiado movimiento de vehículos y las aceras estaban tranquilas, sin mucha gente yendo y viniendo. No se había percatado de la hora, y estaba tan distraída que un reloj era lo último que hubiera visto antes de salir de casa. La pelirroja tenía razón frente al lugar y su cercanía, porque después de una corta caminata lograron llegar. Antes de entrar Mary dio un rápido vistazo a la fachada del sitio pues no lo conocía, habría pasado por una casa de antaño cualquiera si no fuera que arriba de la puerta había un cartel que indicaba el nombre lugar y que se etiquetaba como un simple pub. Por ultimo su vista se fijó en un papel pegado en la puerta: noche de músicos.

Tomar un par de cervezas con su amiga y de paso escuchar a algunos talentos infravalorados de la ciudad sonaba a un buen plan, por lo que entró contenta seguida de Vanessa y rápidamente se sentaron a una mesa junto a la pared, de la cual se tenía vista perfecta al pequeño escenario donde ahora estaban cantando unos muchachos, pero estaba a la distancia ideal para que la música no las aturdiera. Una joven se acercó a tomar su orden, y cuando los muchachos del escenario terminaron su canción, el par de detectives ya tenía tarros de cerveza en sus manos.

— Veo que llevas con orgullo las marcas del romance…—comentó Vanessa en tono ladino, a lo que Mary contestó rápidamente con un gesto de la mano mientras le daba un sorbo a su cerveza.

— No digas que es romance, no es eso —esa tonta idea le daba vueltas la cabeza, pero no podía permitirse involucrarse sentimentalmente, lo tenía claro—, nada más tuve algo de sexo y ya, joder, ¡que ya era hora!

Vanessa levantó su tarro en lo alto, celebrando el hecho y la brutal honestidad de Mary, una característica que quizás se le había contagiado de ese maleducado. Aunque aquella súbita rudeza le iba bien.

— ¿Y arreglaron otro rendezvous? —preguntó, haciendo alarde de sus conocimientos de otro idioma. Esto provocó una risilla por parte de Mary quien negó con la cabeza.

— La verdad es que no me sorprendería perderle el rastro, aunque me gustaría verlo…—dijo en un suspiro nostálgico mientras repasaba con la mirada la concurrencia esperando distinguir su silueta. Vanessa pudo imaginarse lo que estaba haciendo, por lo que la imitó y sorpresivamente, alcanzó a ver a alguien bastante parecido al final de la barra, hablando con quien parecía ser el dueño del local. Fijó la vista y sin dudarlo, era él. Y no estaba hablando con el dueño, más bien parecía estar amenazándolo. Al volver la vista a Mary, la chica parecía estar muy concentrada en el burbujeante universo color ámbar que era su cerveza, tanto así que cuando se levantó excusándose un momento, ella ni siquiera la miró.

Con una sonrisa burlona en su cara, caminó entre las mesas y se sentó a la barra, esperando a que Yamazaki acabara su show de brabucón. Tuvo suerte, pues justo parecía finalizar ahora que el temeroso dueño del pub se inclinaba respetuosamente para alejarse rápidamente de él. Yamazaki resopló fastidiado y caminó junto a la barra con obvias intenciones de marcharse, hasta que Vanessa lo detuvo.

— Hey galán —dijo imitando un tono de borracha, mientras se bajaba tambaleante de la banqueta de la barra y se paraba frente a él —, tengo algo que podría gustarte.

— Muévete zorra, que tengo prisa —contestó en mal tono, sin haberla reconocido. No estaba de ánimo para lidiar con una desconocida. Pero la desconocida se puso derecha y su boca en una sonrisa tonta se frunció en una mueca de indignación.

— ¿No me reconoces, tarado? Nos conocimos hace poco, soy Vanessa —él cruzo los brazos y desvió la mirada. Para atraer su atención agregó rápidamente—: Tal vez reconozcas a mi buena amiga Mary, y a las marcas de tus dientes en su cuello.

Al escuchar eso último Yamazaki volvió su vista rápidamente, algo sorprendido, y antes de que pudiera decirle cualquier cosa, Vanessa lo jaló por la ropa y sin llegar hasta su mesa, le señaló a la rubia que estaba sola. Jugar a ser Cupido por un rato parecía una buena idea, por lo que lo dejó solo, mintiéndole que saldría a fumar. Yamazaki la miró alejarse, indeciso si debía agradecerle aquello o buscarla y darle un golpe por su impertinencia, pero se encogió de hombros y se acercó sigiloso a la mesa. Mary seguía con la vista baja hasta que tocó su hombro suavemente.

— ¿Yamazaki?

— Mary, ¿qué diablos haces aquí? —repitió el primer diálogo que habían cruzado después de no verse por años con una sonrisa. Olvidaba muchas cosas, pero el recuerdo de esa noche volvía a su mente con frecuencia.

— Y-Yo…he venido c-con Vanessa… —se deslizó contra la pared en su asiento doble, dándole lugar— ¿Por qué no te sientas?

— Ya que insistes… —dijo con ese maldito tono lleno de galantería que la hacía perder la cabeza por él. Se sentó bastante cerca, arrinconándola aún más contra la pared, y tras voltear un instante como para comprobar que nadie estuviera observándolos, la tomó por la barbilla para besarla.

El seco y amargo sabor de la cerveza no eran rivales para la dulzura natural de los labios de Mary, quien correspondió y rodeó su cuello con los brazos, acercándolo más. La chica ya se había hecho de esa costumbre, que lo encantaba pues parecía que lo quería, que lo necesitaba. La hizo estremecer deslizando su mano por su pierna lentamente hasta la rodilla. Ella se separó y movió la cabeza a un lado, dejándole su cuello expuesto, las marcas en él trayendo el delicioso recuerdo de la noche anterior y la mañana del día a su mente.

Yamazaki se apartó de golpe y se mordió el labio bastante molesto, acallando algún que otro insulto, guiándose del presentimiento que Vanessa iba a volver en cualquier momento. No estaba de ánimo para lidiar con sus tonterías, aunque no la conocía muy bien, podía darse cuenta de que si los hubiera encontrado en una situación comprometedora, se pondría insufrible. Mary lo miró extrañada y lo jaló un poco de la ropa, silenciosamente pidiendo algún tipo de explicación, pero él desvió la mirada y se acomodó en su lugar, mostrándose serio como si nada hubiera ocurrido. Encontró su actitud un tanto desesperante, y antes que pudiera enojarse del todo con él, Vanessa regresó de donde sea que estaba.

— Ay, pero que aburridos están, habría preferido interrumpir algo —dijo en tono de broma mientras se sentaba en su lugar. Yamazaki negó con la cabeza restándole importancia a su tonto comentario y miró a Mary de reojo, para sonreírle a medias por un instante, gesto que pasó desapercibido por Vanessa, quien continuó hablando—: Sabes Mary, ya no hay más grupos tocando, y cualquiera puede ir a cantar alguna canción, si quiere.

La rubia parecía entusiasmada ante la propuesta, y animada por el alcohol en sangre y Vanessa, aceptó. Yamazaki se levantó dándole lugar, su extraña caballerosidad divertía a la pelirroja, aunque no podía evitar sentirse feliz por su amiga. Si ese tipo raro tenía esas actitudes para con ella, tan malo no podía ser. Estaba terminándose su cerveza cuando él la agarró por el brazo para que se levantara, diciéndole que desde donde estaban no había buena vista del escenario, y aunque no creyera lo mismo, lo siguió, absteniéndose de bromear con él y su interés que podía pasar casi por romántico. Mary lo negaba, él seguramente también lo hacía, pero para ella las cosas resultaban demasiado obvias.

Acabaron sentándose a una mesa que estaba en la segunda fila desde el escenario pero al centro del salón, y en eso Vanessa aprovechó para pedirse otra cerveza, y para ponerle un poco de atención a Yamazaki, a ver si distinguía que tenía de especial. Sentado, cruzando las piernas y con el codo apoyado en la mesa, recargaba la cabeza contra su mano izquierda viéndose bastante aburrido aunque expectante. Era bastante obvio que la música no era lo suyo. Mary al contrario se veía bastante alegre en el escenario, dándoles algunas indicaciones a los músicos, rebosando una confianza impulsada por la cerveza. Se acercó al micrófono, lo ajustó a su altura y tras hacerles una seña a los músicos su canción dio inicio.

El sonido de un saxofón a conjunto de una batería fue lo primero que se escuchó, el instrumento de viento producía una suave y sugestiva melodía, y Mary se movía acorde a ello, golpeando con suavidad su pierna al ritmo de la batería, con la vista fija en el pie del micrófono. La tenue luz que iluminaba a los artistas se posó sobre ella cuando comenzó a cantar.

— Kiss me… —dijo tras un sensual suspiro, mientras que con una mano acariciaba su cabello con delicadeza y bajaba por su cuello hasta su pecho, fijando su vista en aquel por quien quería ser besada. Hizo enloquecer a todos los que estaban en el lugar con sus delicados movimientos, y su dulce voz de terciopelo que hipnotizaba a los que escuchaban. Vanessa golpeó la mesa con su cerveza y le gritó animándola, contagiada de la algarabía del resto y consciente del encanto y talento de su amiga. Yamazaki se mantenía en su posición, sonriéndole con disimulo y disfrutando del show que estaba dando la chica ignorando al resto de la concurrencia, pues solo le importaba ella.

Durante el corto intermedio instrumental en el que se lucieron el tecladista y bajista por igual, los silbidos se hicieron escuchar. Los traía muertos del gusto y se lo hacían saber sin reservas.

— Touch me…—dijo en un tono más provocativo cuando la canción parecía volver a empezar, de nuevo mirando a ése sentado en la segunda fila, que desde lejos parecía inmune a sus encantos, pero ella sabía que no era así. Tomando con una mano el micrófono y con la otra el soporte, se movió de forma sugerente, mientras entonaba su canción con fuerza y emoción, sobrepasando por poco a los sobreexcitados gritos de la concurrencia.

Una ovación fue lo que recibió al terminar con su presentación de más de seis minutos, y entre toda esa gente, lo vio de pie junto a Vanessa aplaudiéndole, una sonrisa de galán en su rostro. Mary se ruborizó, y agradeció al público y a los músicos que la habían acompañado de excelente manera, para bajarse con timidez del escenario e ir con ellos. Ya era hora de volver a casa.

— ¡Eso fue sensacional, rubia, creo que estoy algo excitada! —comentó Vanessa, incentivada por el alcohol, cuando la chica llegó hasta donde estaban. Pasó un brazo tras sus hombros acercándola y con su mano libre le desordenó el cabello juguetonamente. Mary se rió, y luego de un instante levantó la vista, mirando a Yamazaki.

— Voy a tener un rato difícil llevándome a rastras a casa a Vanessa, ¿no nos acompañas? —se encogió de hombros y aceptó ayudarla, después de todo la pelirroja era bastante más alta que Mary y efectivamente sería complicado para ella.

Vanessa fue hablando durante todo el camino, riéndose por cualquier cosa, hasta por su inutilidad para subir las escaleras que conducían al departamento de Mary. La decisión de quedarse allí durante esa noche no había sido tomada por ella pero tampoco se quejó, y al estar la puerta abierta de una vez, entró sin hacer demasiado escándalo, ya agotada.

— ¿Y qué opinas? —le preguntó al mayor una vez que estuvieron solos, de verdad quería oír su veredicto.

— Haces que la música me parezca interesante, Mary… —comentó mientras le acomodaba el cabello tras la oreja—. Aunque tu voz es una dulce melodía siempre

Se inclinó sobre ella y a sabiendas de lo que esperaba, bromeó con ella y la besó en la mejilla, apartándose rápidamente mientras reía por lo bajo. La cara de sorpresa de Mary fue impagable. Dio media vuelta para volver por donde había venido, caminando lentamente hasta que escuchó la puerta del departamento de Mary cerrarse. Miró por sobre el hombro, asegurándose que ella hubiera entrado para marcharse definitivamente. Había sido una noche emocionante.


N/A: la canción es Blue Mary's Blues, si no la han escuchado, búsquenla en youtube y maravillense, pues es hermosa.
N/A2: Un rendezvous es una cita o encuentro en francés.

Hasta el proximo capitulo! Que prometo, será pronto :D