Las cosas entre ellos habían mejorado, el tema estaba solucionado y olvidado, el único cambio minúsculo que hubo fue el cambio de actitud de Kenma —regresó a su desapego social de siempre —. Kuroo lo tomó como un intento de que no volvieran a verlo vulnerable, mas no intentó remediar eso, él era así y no se le podía hacer mucho.
Los días previos al inter-high estaban poniendo a Kuroo en su estado de nervios. En el trayecto de esa tarde ya se había comido dos paquetes de galletas y por lo que Kenma estaba notando, iba por el tercero.
—Podrías dejar de comer, tal vez ayude a tus nervios —recomendó el teñido sin siquiera mirarlo —. Tu próxima preocupación será que no estás en buen peso si sigues así.
—¿Acabas de decirme gordo? —musitó con sorpresa fingida.
Dejó el paquete de galletas en la alacena antes de irse a la sala de estar y echarse en el sofá boca abajo. Kenma dio un suspiro antes de seguirlo y sentarse en el suelo a su lado para seguir jugando.
—Lo siento —dijo después de un rato.
—No te preocupes, funcionó —Kuroo finalmente lo volteó a ver —. Tú vas a quedarte ciego si sigues así.
—Sí, espero que me recomienden usar lentes.
Kuroo rodó los ojos mientras negaba. No le gustaba la idea de que desarrollara algún padecimiento en la vista solo por pasar mucho tiempo expuesto a la luz de aparatos electrónicos. Sería algo muy desfavorable para su desempeño en el vóley, aunque imaginarse a Kenma con lentes le resultó muy agradable, efectivamente se vería hermoso con lentes.
Se quedaron un buen rato en silencio, Kuroo estaba más dormido que despierto por lo que cabeceaba en su lugar optando por dormir boca arriba y Kenma simplemente estaba metido en sus cosas, una de las manos del mayor cayó del sofá topando con su brazo y al escuchar un leve ronquido apagó la consola para acomodarse sobre su pecho. No podía cerrar los ojos por el miedo a que de un mal movimiento ambos terminaran en el piso, Kuroo balbuceaba cosas sin sentido —incluso algunos regaños a Tora — pero al menos lo tenía bien sujeto por la cintura, dándole menos importancia al miedo cerró los ojos para dormir un poco.
Algunas cosas un poco mortificantes pasaban por su cabeza, ajenas al pelinegro que lo sostenía con cariño y roncaba un poco. Los problemas en casa habían aumentado de manera considerable —no quería darle más importancia de la necesaria teniendo cosas en las que debía ocuparse — pero por más que trataba de que no llenaran su cabeza, terminaban haciéndolo de todos modos, se repitió a sí mismo varias veces que ese problema no le correspondía atenderlo, eran problemas de sus padres y prefería no interferir para evitar romper la delgada línea de comunicación entre ellos.
Se concentró en lo que estaba viviendo en ese momento; los brazos de Kuroo eran un buen remedio para su cabeza, es así desde que tiene memoria, Kuroo compartía su calidez con él desde que son pequeños. Parecía que las cosas no habían cambiado entre ellos, que no compartían sentimientos románticos entre ellos y que estaban haciendo algo que tal vez, solo tal vez, estaba incorrecto. No, no era incorrecto, si así fuera él no hubiera accedido y no hubiese dejado que las cosas avanzaran tanto por si solas, ¡incluso había dejado de lado la idea de los puntos de noviazgo!
—Kuro —lo llamó entre balbuceos.
Dentro de sus sueños estaba él, con sus estupideces para hacerlo sentir bien y las cosas tan cotidianas que hacían; también estaban las pocas veces que habían discutido —esto lo hizo fruncir el ceño y apretar la camiseta del pelinegro aun con los ojos cerrados — y entonces a su cabeza regresaron aquellas inseguridades y preguntas que se formuló cuando empezó todo esto. ¿Qué tanto iba a durar todo? ¿qué pasaría después? ¿perdería a Kuroo para siempre? La forma en que sus figuras paternas dejaban su ejemplo de una relación le aterraba, no le gustaba la idea de que Kuroo y él estuvieran juntos solo por compromiso y de estar solo por estar.
Volvió a estrujar la camiseta del mayor, esta vez alcanzando un poco de piel con sus uñas, con un poco más de fuerza. Kuroo despertó por el ardor que estas dejaron a su paso, quiso comprobar que no lo estaba haciendo a propósito pasando su mano frente al rostro de Kenma que estaba en dirección a la televisión. Alcanzó a notar que una de sus delgadas piernas colgaba del sofá, estiró su bazo lo suficiente como para tomarlo por el muslo y ayudarlo a subir aquella extremidad que lo más probable era que estuviese adormecida.
—Kuro. —volvió a llamarlo, se removió sobre su lugar causando que Kuroo no pudiera respirar bien por la presión.
—Hey, deberíamos ir arriba —habló tratando de no sonar somnoliento —. Y cortarte las uñas de paso.
Pero Kenma no demostraba interés en despertar, aún tenía el ceño fruncido y de vez en cuando apretaba los labios —y pensar que él era él que tenía más sueño —. Kuroo le sujetó la cabeza con firmeza mientras con la otra le sujetaba por la cadera para poder ponerse de pie, pero las piernas de Kenma estaban flojas y eso le dificultaría el subir las escaleras. No quería faltarle al respeto a su novio, no quería tocarlo indebidamente y que por accidente despertara y pudiera malinterpretarlo; aunque si lo despertaba podría molestarse más. Suspiró resignado y le hizo dar un pequeño saltito para poder sujetarlo por la parte baja de su trasero.
Estaba sonrojado a más no poder. No podía negar que en su cabeza ya había pensamientos indebidos sobre Kenma, después de todo ambos crecieron juntos y cuando él descubrió lo que era explorarse compartió con el menor sus conocimientos, que no eran muchos, a decir verdad, eran solo unos niños de 12 y 11 años, y podría decir que tenía motivos para decir que se sentía atraído por Kenma no solo de forma romántica.
En un acto reflejo el cuerpo del teñido buscó seguridad para no caerse, por lo que enroscó sus piernas alrededor de su cintura, eso sólo hizo más incómodo el subir las escaleras pues subir equivalía a sentir el rebote de su pequeña anatomía contra su pelvis. Kuroo trató de disuadir sus pensamientos para evitar tener problemas con su entrepierna aparentemente inquieta. Se sentía apenado por su comportamiento, él no era la persona magnifica en la cama que las chicas describían cada vez que lo veían, solo era un virgen con cara de poder llevarte al cielo que en ese momento solo deseaba llegar a su cama para recostar a su novio y dejar de pensar en cosas de pubertos.
"piensa en gatitos, piensa en gatitos" repetía en su cabeza repetidas veces mientras abría la puerta de su habitación. Kenma afianzó su abrazo cuando finalmente tocó el suave colchón, Kuroo relajó su cuerpo y despejó su cabeza, pero cuando Kenma abrió los ojos y se incorporó en su lugar para después sentarse sobre su estómago apoyando ambas manos sobre su pecho sintió su cabeza explotar.
—¿Estoy pesado? —preguntó el menor en un hilo de voz.
—No, no… no, no —negó repetidas veces, sintiéndose estúpido —. Estabas incomodo allá abajo, pensé que lo mejor sería subir.
Kenma dejó caer su cuerpo sobre su pecho acurrucándose una vez más, pero sin cerrar los ojos, sino que lo miraba fijamente. Kuroo rio nervioso y sintió estar un poco acalorado.
—¿No crees que es muy pronto? —musitó el teñido sin dejar de mirarlo.
—¿Qué es muy pronto? —quiso saber, sintiéndose atrapado.
—Que tú y yo tengamos relaciones sexuales —A veces odiaba que Kenma no tuviera tacto al hablar, se quedó estático un momento sorprendido por lo obvio que estuvo siendo.
Por más que se sintiera curioso y deseoso por estar junto a Kenma en algo tan íntimo como eso no estaba seguro de muchas cosas; tenía miedo de lastimarlo o de que fuese algo que no les agradara demasiado a los dos, además de que, si era demasiado pronto como para que pensaran en cosas como esas, tal vez Kenma había estado escuchando cosas de ese tipo y por eso estaba tan interesado en el tema.
—Ambos deberíamos estar seguros de que es el momento —Le dio un corto beso en la frente para aligerar el ambiente —. Cuando ese momento llegue ambos lo sabremos… y va a ser especial.
Kenma no perdió el tiempo para acercarse para besarle, a veces lo hacía porque simplemente tenía ganas de que Kuroo lo besara, pero no era el momento para hacerlo. El mayor no rechazó la oferta, le rodeó la cintura mientras movía sus labios con entusiasmo, pasando su lengua sobre los labios del armador de vez en cuando provocando que estos se abrieran para él y le dejara entrar en su interior.
Era húmedo, su boca se sentía caliente, estaba teniendo muchas sensaciones encontradas cada vez que su pelinegro acariciaba su cintura y metía un poco su mano dentro de su remera azul o le mordía el labio inferior seguido de la lengua del mayor entrelazándose con la suya de forma inexperta. No dejaba de apretar los costados de su camiseta dejándola arrugada en el proceso, sentía como su piel se erizaba y sus ojos se nublaban ligeramente obligándole a cerrarlos un momento. Se separaron de pronto con los labios hinchados y las mejillas coloradas, ambos jadeantes y demasiado apenados.
—Creo que deberíamos parar —propuso el pelinegro tallándose la cara con las manos —, acabamos de decir que no era el momento y las cosas se están saliendo de control… perdóname si te falté al respeto.
—No, esto lo inicié yo, discúlpame tu a mi —Kenma se bajó de su cuerpo y se situó de nuevo en el colchón —. No fue desagradable, no fue una falta de respeto.
Kuroo sonrió avergonzado, sobre su pantalón deportivo resaltaba un bulto el cual ya le causaba molestias y su armador estaba en las mismas, pero estaban demasiado avergonzados como para siquiera comentarlo. Kenma en un instante le dio la espalda mientras intentaba tranquilizarse, él también lo hacía, se concentraba en pensar en los gatitos que había figurado en su cabeza para quitarse la idea de que ambos se ayudaran con ese problemita.
—¿Tienes hambre? —preguntó el mayor para matar el silencio.
—No, no… no tengo hambre —Kenma se aovilló en su lugar queriendo esconderse.
Su teléfono sonó sobre la mesa de noche haciendo retumbar la madera, lo tomó con desgana y al revisar el mensaje se levanta de golpe, haciendo que el teñido lo viera confundido.
—Bokuto esta abajo con Akaashi —aclaró mientras se estiraba en su lugar —, voy a recibirlos… baja si quieres.
—Está bien.
Bajó las escaleras casi trotando para abrir la puerta principal esperando aún encontrar a la pareja de búhos.
—¡Bro! —gritó el hiperactivo capitán del Fukurodani —. Creí que no estabas, pero se escuchaba el ventilador por dentro…
—A veces me das miedo —se burló sonriendo con sorna.
Bokuto no dejaría pasar algo como el notable bulto en su pantalón, por lo que no tardó en comenzar a burlarse de él y a comentar cosas estúpidas de embarazos, una vida lejos del vóley por tener que cuidar de un niño pequeño y cosas del estilo.
—Bokuto, no seas idiota —Kuroo le propinó un golpe en la cabeza con la palma abierta —. En primera: no estaba haciendo nada malo. En segunda: Kenma no podría embarazarse porque es un hombre.
—No puedes saberlo, bro —exclamó con mucha confianza —. Tú eres tan masculino y perfecto que bien podrías embarazar a un hombre.
Kuroo rio con ganas, no cabia duda de que su amigo era un idiota total.
—¿Y Kenma? —preguntó Akaashi, notando la ausencia del teñido en la sala.
—Debe estar durmiendo — Kuroo tenía la ligera sorpresa de que eso era cierto.
—Él es como un gato pequeño y flojo —declara Bokuto sin razón aparente mientras se mecía sobre sus piernas —, pero tú también lo eres… pero tú no eres flojo… mejor ya no digo nada.
La visita de ellos fue corta: hablaron de cosas triviales y los búhos le contaron sobre el gran paso que estaban dando al aceptar sus sentimientos el uno al otro comenzando una relación, mencionando que Bokuto había tomado su ejemplo ya que parecía que la atracción que los capitanes tenían por los armadores era muy fuerte y no debía desaprovechar las oportunidades. Kuroo volvió a reír. Ahora todo el mundo quiere salir del clóset pensó con una sonrisa.
Antes de irse ambos capitanes se desearon suerte con toda sinceridad, expresando su amor como amigos, todos tenían que prepararse para las eliminatorias dentro de dos días y después de varios intentos de que Akaashi convenciera a su capitán para que se fueran la casa quedó en un agradable silencio. Kuroo pasó por la cocina para llevarle un vaso con agua y algo de comer a Kenma, subió por las escaleras tarareando hasta llegar a su habitación.
—Te traje un poco de agua.
Las palabras se quedaron en el aire, sonrió dulcemente acercándose a la cama donde el menor estaba acurrucado en una esquina de la cama, no estando seguro de que estuviera dormido se acercó a él descubriéndolo con el teléfono en la mano, muy concentrado en algo que no podía distinguir.
—Creí que estabas dormido —Deja el vaso y el plato con las galletas que quiso comerse unas horas atrás en la mesa de noche esperando una respuesta del armador.
—Ah, no… quise esperar a que regresaras para que pudiéramos seguir durmiendo —concretó dándose la vuelta —. Faltan dos días para que empiece todo.
—Si —Kuroo bufó relajando los hombros —. Supongo que debemos aprovechar estos días para descansar, será una semana ajetreada.
Encendió el aire acondicionado para que la habitación estuviera fresca, no se había dado cuenta del clima caluroso de afuera hasta que salió con Bokuto y estaba seguro que no tardaría en sentirse acalorado. Regresó a la cama, no sin antes ofrecerle a Kenma las galletas y el vaso de agua.
—Gracias —dijo sin más y procedió a comer —. por cierto, ¿Pasó algo bueno?
—Están saliendo, Akaashi me dijo que estaba muy feliz por ello —confesó al tiempo que ponía su cabeza en las piernas de Kenma —. Yo también me siento bien por ellos… pero bokuto sigue quedándose atrás, porque no tiene a un setter tan hermoso como yo.
Las mejillas de Kenma se pintaron de un tenue color rosado mientras masticaba, casi se atraganta en el proceso.
—No digas cosas tan vergonzosas —Puso su mano sobre el rostro de Kuroo impidiéndole que lo siguiera mirando.
—¿Qué? No es vergonzoso, es la verdad —Kuroo frunció los labios pretendiendo dar un beso —. Tan hermoso, hermoso.
Kenma frunció el ceño dejando de lado la galleta y poner su otra mano sobre la nariz del pelinegro hasta que la respiración comenzó a faltarle; la respuesta de Kuroo fue agarrar una de sus mejillas con fuerza hasta que lo soltó. ¡Vamos! Ambos son hombres, juegan brusco. Estuvieron así un rato hasta que ambos quedaron con el rostro enrojecido.
—Ya duérmete, maldición —dijo Kenma en voz baja cuando sintió que Kuroo le picaba la costilla.
—Ya, ya. —Le dio un beso, lo abrazó y se quedó tranquilo.
Era demasiado molesto si se lo proponía.
Heya!
Siento mucho la demora y eso, no había estado muy bien emocionalmente por unos problemillas... pero estoy de vuelta:v
no es excusa y les pido una disculpa. espero disfruten el capitulo... también espero no haber cometido alguna falta ortográfica ;n;
