14/02/2018
17:23 PM
Ubicación: Desconocida

Ada Wong camino a través de la maleza creciente del lugar, esquivando árboles y pequeños espinales. Estaba segura que más de una vez había escuchado una serpiente, pero no se preocupaba por eso, las botas de tacón alto que llevaba la protegían de cualquier mordedura por debajo de la rodilla.

El negro nunca había sido su color favorito, pero en medio de la noche y en ese tupido bosque era perfecto. Ninguna cámara de seguridad era capaz de captarla, aunque dudaba que siguieran en funcionamiento, o que hubiera alguien para revisarlas constantemente.

Se encontró con una rejilla metálica que le fue fácil cruzar por arriba, las botas chocaron contra la tierra húmeda y por un segundo se arrepintió de llevar los tacones. Tres edificios de color granito se erguían, produciendo una noche aún más oscura en la noche.
La luna llena detrás de las nubes proyectaba una luz tenue, como sacada de un cuento de fantasía. Miro a todos lados mientras preparaba las variadas armas que llevaba, dirigiéndose a las edificaciones el aire frío la a bordo de repente, un olor a rocío y humedad era todo lo que le llegaba.

Abrió la puerta del edificio al norte de donde había llegado, solo la grasa condensada en el ambiente fue capaz de recibirla. Un par de autos estaban estacionados, y a la mayoría estaban destartalados casi por completo, encendió la linterna integrada en su arma, ubicando uno que le llevaba una gran ventaja de tamaño a los demás.

El color verde camuflado, grandes ruedas y una trompa enorme… era obvio que era un tanque, o al menos el armazón de uno, dio un par de vueltas por el lugar, bajo de la enorme maquina había un desnivel.

La espía sonrió al encontrar en el tanque una pequeña manija, suspiro mientras la rotaba. Un sonido sordo empezó a escucharse y la mujer retrocedió, mientras el tanque se movía del lugar y dejaba un ascensor a la vista. Las botas hicieron algo de eco contra el metal frío de la maquinaria.

El lugar parecía estar completamente vacío, acompañada únicamente por el sonido de sus propias pisadas sobre el cemento gris. Una sola persona, luego del incidente con Carla Radames, prefirió continuar con las investigaciones con la sangre de la espía, manteniendo el proyecto vivo de alguna forma.

Ese hombre, ese tipo era capaz de crear el apocalipsis y parecía no importarle

Barrio la zona con el arma, antes de decidirse a meter el cuerpo entero en el lugar, el pasillo tenía un par de bifurcaciones y eligió por el que tenía a la izquierda.

Estaba a oscura y la linterna apenas iluminaba el lugar

colores grises y acero era todo lo que veía llevaba horas registrando el lugar y solo se había encontrado con un par criaturas no del todo vivas… aunque parecían no tener demasiado tiempo, las batas de laboratorio y chalecos antibalas estaban derruidos.

Se encontró con otro par, le disparo directo a uno, al otro le dio una patada directo al cráneo rompiéndole el cuello de inmediato.

Una gran puerta de metal le bloqueo el paso, con una contraseña de trece dígitos. Entrar en el sistema no fue difícil, algo básico que sabía de sus años de actividades no del todo legales. Entro mientras un frío criogénico le golpeo de frente, unos tubos largos y bastante anchos, aunque la mayoría estaban vacíos… el centro, uno del centro, frente a una consola de mandos, mantenía a una mujer dormida…

…Otra Ada Wong.

La espía observo, mientras se acercaba a la consola de mandos, perdió todo de vista excepto su objetivo… aún no se acostumbraba a ver esas mujeres, que en apariencia eran como ella pero que, seguían siendo tan diferentes… después de todo, solo puede existir una Ada Wong, una ella.

Empezó a teclear encontrando una contraseña mucho más complicada y restrictiva que la de la puerta.

Escucho el chasquido de un arma a sus espaldas, maldijo en voz bajas mientras daba la vuelta.

—Suelta el arma y lánzamela… rápido—Era la voz de un hombre, cuando se acerco pudo verlo bien… tenía la ropa ensangrentada y rota, manchas de suciedad pintaban su cara y el cabello despeinado junto a la forma en que temblaba le daba la apariencia de un científico loco. — ¿Eres sorda?, lánzame el arma— paso una mano por el rostro, mientras ella dudaba de la cordura del tipo, disparo muy cerca de sus pies. Parecía que tenía buena puntería—No dejare que ninguno de sus lacayitos me arruine el trabajo, no después de todo lo que he pasado.

Tiro el arma al suelo, creando estrepito en el aura silenciosa del lugar. El tipo recogió el arma con cautela del piso, acercándose despacio y con ademanes maniacos, no dejaba de apuntarla.

— ¿Ada Wong?— fue lo único que expreso el hombre al acercarse.

—La misma— expreso mientras una sonrisa se pintaba en los labios, bajo una mano mientras la llevaba lentamente hacia su espalda, en busca de la otra arma que llevaba— Ninguna copia barata.
— ¡Perfecto!

Escucharon el eco de ruidos, rugidos guturales y el tipo salto cuando una extraña criatura entro a la sala… parecía una masa bulbosa. Ada recogió la pistola del suelo, al mismo tiempo que sacaba la otra y empezaba a disparar, aunque las balas simplemente parecían atravesar a las criaturas.

El hombre corrió hacia algún lado, para volver con un extraño aparato que solo pudo diferenciar cuando disparo… Un lanzallamas.

Ada esquivo cuando una de esas cosas, parecida a un capullo, le lanzo una serie de tentáculos que se retorcían y doblaban sobre sí mismos, no le dio a ella, pero si golpeo una de las capsula… de alguna forma y por alguna razón, esta exploto.

El retumbar de la explosión de lleno los oídos y el fuego empezó a propagarse por todo el lugar, jalo al hombre por una puerta que encontró del otro lado de la sala, hasta que este se separó bruscamente de ella.

— ¡No puedo dejar mi trabajo!... es mi clave, es la clave de todo— el tono de voz del hombre llego a ser un grito hasta bajar a un susurro apenas audible— ella puede detenerlo todo… no puedo dejar a mi Lara.

Seguro la sala ya no existía y sinceramente no le importaba, el científico volvió a entrar por las puertas y esta no pudo hacer nada por detenerlo, y tampoco es que lo intentara demasiado.

Una explosión la empujo mientras el fuego se propagaba por todo el lugar, empezó a correr para después bajar unas escaleras en espira. El rato huyendo del fuego fue largo, hasta que las piernas no pudieron más.

Encontró un ducto de desechos y sin pensarlo demasiado se tiro dentro.

El ducto cilíndrico la llevo por un largo rato, tapándola completamente con el agua en ocasiones, no podía moverse pues cuando lo hizo se rasgó la piel del codo hasta que sintió la sangre corriente en contraste del agua fría y desagradable.

Sintió el aire frío ascenderle por las piernas, luego el vació en su espalda, cayó en las cauces de un río y supo enseguida que no podría llegar a cenar.


Leon Scott Kennedy apenas salía de su trabajo, caminaba hacia su auto mientras una chaqueta beige colgaba del brazo izquierdo.

La noche hace rato que había abordado el cielo, tomando una tonalidad azabache, con pequeñas estrellas y una hermosa Luna llena iluminando tenuemente del cielo. Continuo con su paso, mientras sacaba las llaves del auto su teléfono empezó a sonar.

Se las arregló para abrir la puerta del vehículo mientras contestaba el teléfono.

No poder llegar a cenar— escucho la voz de Ada al otro lado de la bocina.—Lo siento, guapo.
Yo tampoco, apenas y acabo de salir de trabajar— Kenndy tenía que admitir que, esperaba al menos, que volviera para esa noche— ¿Para el viernes?

Para el viernes sin falta— estaba casi seguro de que escucho agua cayendo, no presto demasiado atención, aunque estaba seguro de que eso era el sonido de agua.

Colgó el teléfono, de hecho fue ella quien lo hizo, se introdujo dentro de auto y empezó a conducir a su casa, aun le sobraba una hora para llegar a la reservación que había hecho aunque… ¿No sabía quién podía invitar?

Tal vez a Helena.


Claire Redfield salía de su trabajo, cuando el viento le revolvió el cabello, como si imitara una fogata en pleno aire libre. Camino un rato, no estaba cansada, solo había hecho trabajo de oficina y aunque eso solía dejarla agotada hoy tenía la energía muy cargada.

Paseo un rato por la plaza, viendo a la gente ir de un lado a otro… la mayoría eran parejas, paseando con las típicas cursilerías de la fecha, y por un momento ella olvido de que fecha se trataba.

Tuvo que pasar por una tienda de regalos, para recordar que el 14 de febrero era el día de los enamorados. Compro un humeante chocolate, el cual era una especialidad por la fecha y fue a sentarse a uno de los bancos.

Lo que quedaba de tarde paso, y aunque revisaba el reloj cada cierto tiempo, se le fue volando la tarde. Había fotógrafos por todos lados, tomando fotos a las parejas y revelándolas en pocos segundos, también los típicos caricaturistas y floristas.

El cielo ya estaba pintado de azul.

Una chica joven se puso enfrente de Claire y le tomo dos fotos con flash, dejando ciega en el acto.

La pelirroja trato de protestar, pero por la sorpresa y la luz, solo fue capaz de dar un pequeño quejido.

Cuando recupero la vista trato de ubicar a la mujer entre la multitud, pero fue imposible, ya se había esfumado… eso había sido muy raro.


—Ya he ubicado a la mujer que me pidieron, le he tomado un par de fotos— suspiro mientras revisaba las fotos en la cámara.
Tómale varias más, se te pagara el doble si son de frente a la cámara y de cerca. —La voz de barítono del hombre al otro lado, tenía cierto dije intimidatorio, incluso estando al otro lado de la línea.
—Si me acerco demasiado podría sospechar, además ya le tome unas realmente cerca.
Un par, el doble por las que estén de cerca, el triple por las que sean de frente, cuádruple si logras ambos. — El hombre colgó el comunicador.

Se movió de un lado a otro, mientras dejaba su chaqueta tomo por otra que estaba colgada en una tienda. Observo a la pelirroja contestar el teléfono, levantarse y empezar a caminar, decidió seguirla.

Cambió la bufanda por el sombrero de alguna persona, le quito el bolso de mano a alguien y le entrego el suyo.

Vio a la mujer parar un taxi, se adelantó un poco, introduciendo la cámara en uno de los bolsillos del pantalón y encendió su motocicleta. Se quitó el sombrero un momento, mientras se arreglaba el cabello.

Cuando el vehículo avanzo empezó a seguirlo, desde la prudencia y sigilo que le proporcionaban los tres metros de lejanía. Agito la cabeza, mientras reía por lo fácil que se iba a ganar el dinero que iban a pagarle.


Claire Redfield saco su teléfono después de un rato de ocurrido de la fotografía, mientras se acomodaba en el asiento marco el número del agente Kennedy… le hizo raro pensar en el en vez de cualquier persona. Aunque claro, entre todos, solo ellos dos permanecían realmente solos.

Hola Claire, ¿Pasa algo?
No nada— La pelirroja supo que iba conduciendo por el sonido de bocinas y viento que se oía—¿Tienes algo que hacer hoy?
—Tengo una reservación… ¿Quieres ir a cenar?
—Pensé que saldrías con alguien o por el estilo, siendo la fecha que es.

El agente se quedó callado al otro lado de la línea, la menor Redfield pudo escuchar un frenazo, un bocinazo y otro par de palabras malsonantes. No pudo contener una pequeña risa.

—Yo también—mencionó el rubio al volver en si—, ¿Quieres salir o no?
—Está bien, ¿Dónde es?
—En… queda al lado de aquella cafetería que fuimos la otra vez, el que tenía los ventanales de vidrio.
—Bien nos vemos allí.

Claire colgó el móvil, mientras se levantaba y llamaba un taxi… sabía exactamente a cual restaurante se dirigía Kennedy y supo enseguida que, a quien quiera que hubiese invitado, el rubio iba enserio.


Primer capítulo de la segunda parte, y ya voy a empezar a fastidiarle la vida a todo el mundo jajaja… empezando por… tendrán que esperar por saberlo.