DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


La mañana llegó demasiado rápido.

Una vez más, Lilia fue la encargada de despertar a Viktor, si bien se comportó notoriamente más amable y el joven tributo sospechó que se debía a que esa bien pudiera ser la última ocasión en que se verían.

Minako le informó que Pichit se había adelantado. No era extraño, puesto que los estilistas acompañaban a sus tributos hasta antes de que estos entrarán a la arena para ayudarlos a prepararse, en tanto que los mentores y las asistentes permanecían en el Capitolio para tratar con los patrocinadores y coordinar el envío de los posibles regalos. Hasta el año pasado, Lilia tuvo que encargarse de aquello sola. El que el Distrito 12 no contará con ningún vencedor los dejaba con una desventaja considerable, y sin embargo Viktor recordaba algunas ocasiones durante Juegos anteriores en que los tributos de hecho recibían regalos: piezas de pan, agua, cerillos e incluso un par de gafas de visión nocturna, lo que implicaba que la mujer se esforzaba por cumplir con su trabajo. Viktor no pudo evitar pensar en lo frustrante que debía ser para Lilia el ver que todos sus esfuerzos eran en vano.

Para la mayoría de las enviadas del Capitolio, los tributos eran simples herramientas para sobresalir, y Lilia tenía al que fácilmente se consideraba como el peor distrito, si bien ella demostró ser diferente a sus compañeras, de modo que quizás lo consideraba como algo más que un instrumento para ganar prestigio. Y cuando lo abrazó para despedirse, dejando escapar una única lágrima, supo que estaba en lo cierto. Decidió que, después de todo, Lilia le agradaba.

-Preocúpate por sobrevivir y no seas descuidado- lo instruyó en tono maternal-Buena suerte, Katsuki y yo estaremos al pendiente y te ayudaremos en todo lo posible.

Yuuri…

Hasta ese momento, Viktor logró mantenerlo fuera de su mente, pero de pronto cayó en cuenta de su ausencia y de que seguramente no se despediría. Deseó contar con la oportunidad de aclarar las cosas antes de irse, sin embargo le resultó claro que no sería posible. Una vez más, Yuuri lo evitaba. Sintió una punzada de dolor.

-Eres un favorito, lo que quiere decir que los otros tributos te tendrán en la mira-advirtió Minako muy seria mientras lo acompañaba al sitio de donde partiría a la arena-Así que no seas imprudente y no te expongas-ordenó dándole un suave golpecito en la cabeza, a lo que Viktor asintió, solemne-Cualquier asunto pendiente, podrás arreglarlo cuando regreses-pronunció con una convicción tal, que a Viktor no le quedó más remedio que creerle-Haz lo que sea necesario para ganar, recuerda a quienes te esperan.

Viktor se permitió dedicarle a su familia postiza un pensamiento: Nikolai, quien lo tomó de la mano y no dudó en acogerlo al percatarse de su soledad, y Yuri, el enojado y orgulloso hermano menor que nunca supo que quería hasta que lo tuvo en su vida. Una vez más, deseó no estuvieran pasando demasiadas dificultades y reflexionó en lo que su ausencia permanente implicaría para ellos. Su determinación se renovó. Se los debía, por supuesto que debía regresar.

-Gracias por todo-le dijo sinceramente.

En verdad las palabras se quedaban cortas para expresarle su gratitud. En apenas unos pocos días, llegó a apreciarla mucho.

Minako lo besó en la mejilla.

-Ve y hazle honor a tu nombre-le deseó con una sonrisa y alzando el pulgar, retomando su actitud despreocupada habitual.

Viktor la dejó para recorrer el tramo final por su cuenta. Ahora que estaba por enfrentarse a lo inminente, se preguntó a dónde iría. A través de los años, numerosos escenarios fungieron como arenas: bosques de distintos tipos, praderas, ciudades en ruinas, incluso desiertos y páramos helados y cubiertos de nieve. Esperaba que cuando menos en el que le tocara pudiera contar con una fuente de alimento y agua o de lo contrario todo se complicaría. Recordó que en el caso de Yuuri, ni el agua ni la comida fueron un problema.

Se detuvo y esperanzado, se permitió mirar hacia atrás. Nada.

Sacudió la cabeza y reinició la marcha. Pero sin importar cuántas veces lo intentara, su mente se llenaba con imágenes de Yuuri. Una parte de él se imaginó que yendo a los Juegos, podría tener una mejor idea de lo que tuvo que pasar, que de esa forma podría arreglar las cosas y en cambio, acabó empeorándolo todo. Tal vez, sólo tal vez, si conseguía volver con vida, pudiera volver a intentar.

"Excepto que no quiere saber nada de mí" recordó sin querer. Tendría que estar enfocado y pensando en su estrategia en lugar de perder el tiempo con asuntos del corazón.

Divisó ya no muy lejos el avión encargado de transportarlo a él y a los demás tributos y dejo escapar una exclamación de sombro. Siempre deseó subir a uno y dedujo que seguramente disfrutaría más el viaje si no lo llevaran a su posible muerte.

El sonido de unos pasos acelerados a sus espaldas atrajeron su atención y pensó que Minako habría olvidado algo, más al girarse para comprobarlo, se paralizó. Su mente debía estarle jugando una mala pasada al hacerle creer que Yuuri corría en su dirección. Por unos minutos permaneció inmóvil, pero pronto comenzó a moverse, decidido a aprovechar aún si se trataba de un espejismo. Dicho espejismo prácticamente se estrelló contra él y lo envolvió en sus brazos.

-Por favor, dime que no estoy soñando-expresó Viktor en voz alta, aferrándose al recién llegado con desesperación.

-Lamentablemente, esto es real-le respondió, y ambos guardaron silencio por unos instantes, disfrutando de aquel contacto, hasta que Yuuri recordó cuál era su rol-¿Sabes… sabes qué hacer cuando llegues a la arena?

-Revisar mis alrededores, analizar el terreno… -calló porque no podía concentrarse en nada más que no fuera Yuuri entre sus brazos.

-Agua y comida-le informó, separándose un poco para verlo mejor aunque sin soltarlo realmente-Busca agua y comida.

-Sí…-asintió una vez-Y también debería buscar un arma.

-Sólo si no es muy peligroso, y de preferencia que sea un arco-aconsejó en tono suave-Impresionaste a los vigilantes en la prueba, seguro que dejarán uno para ti.

-¿Apegarme a lo que sé?-preguntó con una sonrisa.

Yuuri se sorprendió por el comentario, pero asintió y le correspondió el gesto.

-Se nos acaba el tiempo-informó al percatarse de los agentes de la paz que venían a llevarse a Viktor-Hay… algo que quiero decirte…

-Mejor no-lo silenció con su dedo índice sobre sus labios-Así me das un motivo más para volver.

Yuuri debatió consigo mismo, si bien hizo lo que le pedía.

-¿Puedes prometerme que vas a regresar?

Viktor pensó que una vez más, se repetía lo ocurrido hace un año. Esto y aquello eran muy similares, aunque bajo circunstancias diferentes, además de que ahora cumpliría su promesa.

-Lo haré-anunció decidido, para después tomar la mano de Yuuri y besar el dorso con delicadeza.

-Ya es hora-intervino uno de los agentes, impaciente.

Viktor le dedicó una última sonrisa antes de marcharse. Sólo entonces, cuando ya no podía verlo, Yuuri rompió a llorar.


Viktor dejó de sobarse el antebrazo donde le colocaron el dispositivo de rastreo en el instante que Pichit apareció. Cualquier dolor quedó olvidado en favor de la preocupación por la actitud que tendría el estilista hacia él.

Por suerte, ya fuera porque decidió excusar su error de la noche anterior, o en favor de ser profesional, Pichit se mostró amable al ayudarlo a prepararse, e incluso intentó adivinar el tipo de arena en base al traje que usaría en los Juegos.

-La tela es gruesa, pero no tanto, así que podemos descartar un lugar con nieve o demasiado frío-opinó tras tocar la chaqueta-De todas formas sería conveniente que buscaras un buen refugio, las noches pueden ser frescas y no creo que quieras enfermarte.

Además de agua y comida, tendría que agregar "refugio" a su lista de prioridades. Tomó aire.

-Sobre lo que pasó con Yuuri…

-A mi no tienes que aclararme nada-lo interrumpió Pichit. Por su expresión, dedujo que Minako le comentó algo-Si quieres compensarlo, que sea sobreviviendo.

Pichit esperó a que terminara de ponerse la chaqueta para prenderle una pequeña insignia con un pájaro dorado que Viktor reconoce pero a la vez no.

-¿Qué es?

-Un sinsajo, de parte de Minako-explica, no sin asegurarse que están solos-Lo usó en sus Juegos y el año anterior, se lo dio a Yuuri como amuleto de buena suerte.

-Pues creo que es muy efectivo-bromeó a medias, tanteando el adorno con sus dedos.

Una voz les indica que los tributos deben ocupar sus lugares. Pichit estrecha su mano y luego lo abraza.

-¡Tienes que ganar!-le grita mientras la plataforma metálica se eleva para llevar al tributo a la arena-¡Por Yuuri!


Viktor tiene exactamente un minuto para asimilar tanto de sus alrededores como le sea posible y elaborar un plan.

Se encuentra en una zona plana, una meseta sin árboles con apenas unos pocos arbustos pequeños, en torno a la cual se alzan una serie de montañas. Identifica un camino despejado en una de ellas que le permitiría subirla con facilidad pero que también lo dejará expuesto, o podría tratar de escalarlas. Supone que en ese terreno, por su agilidad natural, Chris tiene la ventaja. Se apresura a buscar a su amigo y lo encuentra cuatro tributos a su izquierda. Un poco más allá, identifica a Anya y Lis, que se encuentran una junto a la otra.

-38, 37, 36, 35…

Aún le queda tiempo. Le llega el ruido del agua cayendo, una cascada seguramente. En los puntos más lejanos a la cornucopia yacen ubicados objetos varios, mochilas y bolsos. Pero lo verdaderamente valioso, se encuentra en la propia cornucopia. El rostro se le ilumina al divisar un arco con sus flechas. Tiene que decidir si vale la pena arriesgarse por conseguirlo.

-24, 23, 22, 21…

Confía en ser lo suficientemente rápido para llegar y lo bastante fuerte para defenderse. De los demás tributos, Pierre representa el mayor peligro. Puesto que no logra divisarlo, supone se encuentra en el extremo opuesto, siendo bloqueado por la cornucopia, lo que puede usar a su favor ya que implica que Pierre tampoco puede verlo.

-11, 10, 9, 8, 7…

Quizás lo más conveniente sería seguir los consejos de sus mentores, no arriesgarse y evitar exponerse al baño de sangre inicial. Pero si consiguiera el arco…

-3, 2, 1…

Un sonido marca el fin del conteo y el inicio de los Juegos del Hambre.

Viktor se lanza al frente a toda prisa, mirando de reojo a sus rivales. Chris recogió una de las mochilas en la zona exterior y corrió a buscar refugio en las montañas, evitando participar en la confrontación, al igual que otros de los tributos. La pelea, sin embargo, ya había comenzado entre los profesionales. Anya fue la primera en llegar a la cornucopia, tomando unos cuchillos para enfrentarse con otra de las chicas. Georgi llegó poco después y se apoderó de un pesado mazo y una espada.

Viktor se apresura a tomar el arco. Retrocede a tiempo para esquivar uno de los cuchillos de Anya y casi tropieza con el cuerpo sin vida de la otra chica. La primera víctima de los Juegos.

Considera tomar otra arma, pero ver a Georgi y Anya luchando juntos le hace cambiar de parecer. No es tan imprudente como para creer que puede enfrentarse con los dos a la vez. Ya tiene lo que fue a buscar y lo mejor de momento es retirarse.

De pronto, algo lo golpea en la espalda. Logra sostenerse a pesar del dolor y salta a tiempo para impedir le claven una cuchilla similar a un colmillo, aunque mucho más grande.

-¿Te vas tan pronto?-lo saluda Pierre.

-Se cuando no me quieren-le sonríe, mordaz y una voz en su mente le señala que provocar a su rival más grande podría no ser una buena idea.

Pierre intenta otro ataque y Viktor nota que por toda su precisión y fuerza física, también es terriblemente lento. La misma voz anterior, le grita que aproveche esa ventaja para perderlo de vista en su huída, puesto que seguramente no dejará que los demás profesionales se adueñen de los objetos en la cornucopia. Pero Viktor tiene otros planes.

Pierre le da un puñetazo en un costado y Viktor se esfuerza para disimular una mueca de dolor. Reza para que no le haya fracturado una costilla. Aprovecha que su enemigo se confía para golpearlo en las rodillas con el arco, haciéndolo caer.

-Ten más cuidado la próxima vez- se burla abiertamente, aún si su voz suena sofocada por el golpe anterior lo importante es que pudo derribarlo, y no sólo eso, humilló a un profesional en los Juegos del Hambre.

No queriendo darle oportunidad de que se levante y lo persiga, echa a correr hacia el camino que visualizó durante el conteo, rescatando en su carrera una mochila negra al lado de otro cuerpo.

Se siente adolorido, sin embargo no tiene problemas para respirar lo que implica que no tiene ninguna costilla rota. Imagina que Yuuri debe haber visto lo ocurrido deseando regañarlo por ser tan insensato. Por si acaso, se detiene y mira a un punto fijo como si se tratara de una cámara. Se encoje de hombros y murmura un "lo siento" con su mejor expresión inocente que poco hará por calmar el enojo de su mentor.

Revisa una vez más sus alrededores. Hay poca vegetación, principalmente matorrales con pocas hojas y arboles sin nada de fruta. Tampoco parece que haya alguna fuente de agua cercana y le preocupa que la cascada en la meseta sea la única. Quizás si sube más pueda encontrar nieve para derretir.

Piensa en la mochila y la abre para ver que contiene: unos paquetes de galletas y otros con carne seca, una cantimplora (vacía, porque que estuviera llena era mucho pedir), algunos cerillos, una navaja y una manta.

Le alegra contar con algo de comida. Con suerte podrá hacerla rendir el tiempo suficiente hasta cazar algo. El agua por otra parte, será un problema. Procede a inspeccionar el arco. Parece metálico, sin embargo es muy ligero. De todas formas opta por practicar para habituarse. Ahora, las flechas…

-Las flechas…-gime, dándose una palmada en la frente, recriminándose mentalmente por ser tan tonto. En medio de su pelea con los profesionales, olvidó tomarlas-Qué estúpido…-se reprende, suponiendo que si Yuuri estuviera a su lado, le diría lo mismo.

Al final se arriesgó por nada. Tendrá que volver a la cornucopia si quiere recuperarlas y tras su altercado con Pierre, no cree que sea muy conveniente.

Un cañón resuena en la lejanía y lo pone en alerta. La batalla inicial ha llegado a su fin. En total cuenta cuatro cañonazos, cuatro tributos caídos. Elimina a la chica con la que peleaba Anya y el chico que estaba junto a la mochila. ¿Quiénes serán los otros dos? ¿Christophe? ¿Lis? Un sentimiento de incomodidad se apodera de él. Por una parte, desea que sigan vivos, por otra, si espera ganar tarde o temprano tendrá que matarlos suponiendo que alguien más no haga el trabajo sucio.

-Maldición…-gruñe, consciente de que si resulta vencedor, jamás estará en paz consigo mismo. ¿Es así como Yuuri se siente? ¿Por eso se comporta así?

Rememora su conversación sobre las alianzas y hasta ese momento, puede comprenderlo por completo. Tiene la boca seca. Decide bloquear esos pensamientos hasta que pueda encontrar agua o si no la deshidratación acabará con él antes que los otros tributos. Pero por más que camina, solo ve piedras, hierba y más montaña.

Confía que en el peor de los casos, Yuuri lo ayudará. Espera haber impresionado al menos a alguien que decida patrocinarlo. Reflexiona sobre los Juegos del año anterior y cómo Minako se abstuvo de ayudar a su pupilo hasta que éste verdaderamente lo necesitó: cuando se encontró herido recuperándose de las picaduras de rastrevíspulas. Él recién comienza y razona puede llegar a encontrarse en peores circunstancias donde requerirá el apoyo de Yuuri. Por lo pronto, es capaz de arreglárselas solo.

Está atardeciendo y el ambiente refresca. Viktor está más que acostumbrado a cazar en invierno en el bosque cubierto de nieve, por lo que el frío no representa un inconveniente. Sin embargo, decide buscar un refugio. Menos mal da con una pequeña gruta pocos metros más adelante. La inspecciona con cautela para cerciorarse está desocupada antes de cualquier cosa. Es muy estrecha y tiene que entrar a gatas. Se golpea la cabeza varias veces y apenas puede acomodarse, pero le proporciona un buen escondite para descansar y vigilar el exterior.

El himno del Capitolio empieza a sonar y espera atento. Las imágenes de los rostros de los caídos se proyectan y suspira en acto reflejo. Para bien o para mal, no apareció ningún conocido.

Le llega el murmullo de una corriente de aire. La gruta en apariencia se extiende por un tramo considerable, seguramente un túnel. Siente el impulso de adentrarse para ver hasta dónde conduce, pero está demasiado obscuro y si se fuera a hacer progresivamente más pequeña, correría el riesgo de quedarse atrapado sin manera de salir.

El cansancio lo invade y deja escapar un bostezo. Con suerte disfrutaría de un par de horas de sueño antes de continuar.


A la mañana siguiente, no está ni cerca de tener éxito en su búsqueda.

-Si fuera agua… ¿dónde estaría?-se cuestiona en voz alta.

Inspecciona su entorno con cuidado, esperando algún rastro de humedad que lo guíe a una fuente de agua, sin éxito.

Se debate si no debería regresar y arriesgarse en la meseta o probar con otra de las montañas. El camino se divide en tres senderos: uno que sigue hacia la cima, otro a la derecha y otro a la izquierda. Además también puede retroceder. Casi como si lo presionaran para elegir.

"Si tuviera una moneda… no, no funcionaría, solo tienen dos caras… ¿Y si tuviera una de tres?"

Sacude la cabeza para dejar de divagar y no tarda en arrepentirse. Se lleva una mano a la sien. Ya fuera por dormir en un lugar tan incómodo o por la deshidratación, comenzaba a dolerle. Al menos pudo desayunar algo, apenas una galleta y un trocito de carne seca que no bastan para llenarlo pero que al menos le dan la energía suficiente para continuar.

Sigue debatiéndose que hacer, cuando se percata de que a un lado del camino derecho, crecen una serie de flores blancas. Se le ilumina el rostro. Las flores no pueden crecer sin agua.

Sin perder más tiempo echa a correr, desesperado. Se detiene tras avanzar casi un kilómetro. Los pulmones le arden y tiene la boca terriblemente seca, más todo el cansancio pasa a segundo plano en el instante que divisa un gran árbol cargado de fruta, un manzano.

Celebra por unos segundos y aunque quiere acercarse de inmediato, se obliga a esperar. No fuera a ser que alguien más lo hubiera encontrado antes y aguardara al acecho a que otro pobre tributo hambriento y sediento se acercara para caerle encima y deshacerse de él.

Se oculta entre unas rocas y observa. Nada. Por si acaso, toma la navaja y con un movimiento certero, la arroja directo hacia el tronco. Un conejo sale huyendo despavorido. Resiste las ganas de gritar de puro gusto. Es la primera vez que ve a un animal en la montaña, lo que implica que de hecho debe haber agua por ahí. Además, si tiene suerte, podrá cazar y conseguir algo de carne.

Sin confiarse, se aproxima con cautela y toma una de las manzanas, prácticamente devorándola de un mordisco para después buscar otra y guardar otras más en la mochila. No elimina su sed por completo, pero al menos ganó un poco más de tiempo y tiene una fuente de alimento segura. Corta algunas de las ramas que tienen partes delgadas con la longitud precisa. Con ayuda de la navaja, podría tratar de improvisar flechas. "Tratar" siendo la palabra clave, porque los trabajos manuales siempre se le dieron fatal. Por esa razón, nunca pudo construir una buena trampa, pero considerando sus alternativas, vale la pena intentar.

Recorre otro tramo, hasta que le llega un sonido similar a rocas rodando sobre otras. Armado con la navaja, procede a buscar de dónde proviene. Mira a su alrededor, pero no ve nada fuera de lo común. Entonces suena el cañón que marca la muerte de un tributo y después una piedra le da de lleno de la cabeza.

-Pero qué…

Su protesta se queda a medias. De nueva cuenta el sonido de las piedras rodando, esta vez acompañado de un grito. Alza la vista a tiempo para contemplar a una aterrada niña rubia que le cae encima y lo derriba al suelo. Al principio, piensa que se trata de un ataque sorpresivo, pero como ella se le quita de encima y comienza a quejarse en voz alta por el golpe, rechaza la idea. Parpadea, confundido. Ella no parece haberse dado cuenta de su presencia.

-¿Lis?-la llama dudando, y la niña se tensa, consciente que no está sola-Eres Lis, ¿cierto? Del Distrito Cinco…

Ella chilla, aterrada e intenta levantarse para volver a caer.

-¡A-atrás!-le ordena, amenazándolo con algo que sostiene entre sus manos-¡No te me acerques!

Viktor sonríe, aliviado de que siga viva. Suelta una risita al identificar el objeto con que pretende atacarlo y alza las manos, mostrándole las palmas para indicarle que no va a lastimarla.

-Estoy seguro que podrías hacerme mucho daño si me pegas esa linterna-le dice, sonando más divertido de lo debido-Pero puedes estar tranquila, no voy a lastimarte, lo prometo.

Lis frunce el ceño, incrédula, pero su expresión cambia a una de horror y deja escapar un gritito.

-¡Estás sangrando!

Se lleva una mano a la cabeza y comprueba que tiene razón. Seguramente fue por la piedra que lo golpeó antes.

-No es nada serio-le resta importancia y sin embargo obedece el insistente ademán de la niña para que vaya a su lado y se hinca para quedar a su altura-Ni siquiera me due…-calla de golpe cuando siente un chorro frío que le lava la herida-¡Tienes agua!-exclama y ella retrocede, asustada, todavía con la cantimplora en la mano y Viktor resiste el impulso de arrebatársela-Lo siento, lo siento… ¿De dónde la sacaste?

-Es un secreto- informa en tono altivo, olvidando su temor y abrazando la cantimplora.

Le sería muy fácil quitársela, pero no se atrevería a hacer algo tan vil, y deduce que ni los espectadores ni Yuuri lo aprobarían. Necesita otro enfoque.

-Así que… ¿Cómo llegaste aquí?-pregunta mientras coloca su sonrisa más inofensiva.

La niña se sonroja y señala hacia arriba. Viktor arquea una ceja y al mirar, nota algo que no estaba antes. Entre unas rocas, ahora se encuentra un agujero abierto.

-¿Un túnel?-cuestiona, admirando la grieta que apenas tiene el tamaño requerido para que Lis pudiera pasar. Recuerda que su refugio de la noche anterior, también parecía ser un túnel-¿Encontraste el agua ahí?

-Tal vez…-responde vagamente-¿Y yo que gano con decirte?

Decide que en verdad le agrada la chiquilla. Saca de la mochila una manzana y más tarda en ofrecérsela, que Lis en quitársela y comerla. Ella le arroja su cantimplora.

-¿Sólo así?-espera para asegurarse.

-Ajá-asiente, terminando de devorar la manzana. Incluso se come el corazón y lo único que escupe son las semillas-Puedo traer más si se acaba.

Bebe con avidez y al instante se siente renovado. Abraza con fuerza a la niña, depositando un inocente beso en su cabeza sin dejar de agradecerle. Ella suelta un gritito y lo aparta, apenada por tanta efusividad.

-Lo siento-se disculpa de nuevo-Acabas de salvarme la vida. ¿Me dirás de dónde la sacaste?

-Hay un manantial del otro lado de la montaña, pero será más rápido si voy por ella-indica el túnel.

Lis lleva consigo las dos cantimploras y Viktor la ayuda a subir. Como se demora, le preocupa que la hayan encontrado los profesionales o se quedara atrapada. Ya se planteaba ir a buscarla, cuando en eso divisa una cabecita rubia que se asoma desde la grieta.

-Salta-la instruye, extendiendo los brazos-Te atraparé.

-¿Cómo la otra vez?-arquea una ceja, recelosa.

-Hey, si nos caímos fue porque me sorprendiste-se defiende, aparentando estar enojado, aunque la risa lo traiciona-O puedes bajar por tu cuenta, no está muy alto…

La altura hasta el suelo son casi dos metros y las piedras y pequeñas salientes funcionarían como escalera. Lis niega enérgicamente y tras considerarlo, cierra los ojos y se lanza. Viktor la recibe sin problemas, asombrándose por lo ligera que es y no puede evitar preguntarse si en el Distrito 5 también tendrán problemas con la comida.

Lis le regresa su cantimplora y Viktor a cambio, la conduce al manzano.

-¡Espera!-grita para advertirle que no es conveniente exponerse de forma tan descuidada, pero ella es más rápida y ya se encuentra pegando de brinquitos para bajar toda la fruta posible, devorando una tras otra. Su hambre es evidente. Suspira resignado-Ten más cuidado la próxima vez, no sabes si puede haber alguien al acecho.

-Pero no había nadie-lo rebate, todavía sujetando una manzana.

Viktor delibera muy serio cómo hizo ella para sobrevivir siendo tan imprudente. Invariablemente, recuerda a Yuri Plisetsky y las primeras veces que lo llevó a cazar. Definitivamente son muy parecidos.

-¿De qué te ríes?-lo increpa, ofendida.

-No es nada, sólo que te pareces mucho a alguien que conozco-responde sin disimular la nostalgia en su voz.

-¿Eso quiere decir que estamos juntos? En una alianza, no pienses cosas raras-aclara al notar la expresión perpleja de Viktor.

-¿No te preocupa que intente eliminarte?-cuestiona prudente y a propósito evita usar las palabras "matar" y "asesinar".

Lis aprieta los labios y palidece, pero al final niega con la cabeza.

-Si esa fuera tu intención, lo habrías hecho después de que te contara del agua-admite viendo la fruta entre sus manos.

"¿Qué haría Yuuri?" se pregunta Viktor, pero de hecho ya conoce la respuesta. Y también, sabe lo que hará.

Extiende su mano y Lis le corresponde, estrechándola. La parte racional de la mente de Viktor le indica que sería mejor continuar sin depender de nadie y evitar apegarse más de lo que ya está a los otros tributos, enemigos potenciales con los que tendrá que combatir eventualmente, si bien desea hacer las cosas a su modo. Además, su lado responsable le impide dejar a Lis, la más joven de los doce participantes en los Juegos, sola. Y otra parte en él, reza para que no se repita lo ocurrido con Yuuri y Kenjiro Minami el año anterior.


Viktor decide que Lis es definitivamente buena compañía y sobre todo, muy entretenida de observar.

La niña es orgullosa, camina a su lado trotando y le grita cuando nota que el mayor va más lento porque ella se queda atrás, argumentando que no necesita tales consideraciones y puede seguirle el paso. Se esfuerza por hacerse la desinteresada, no hablando a menos que sea Viktor quien se dirija a ella primero aunque resulta obvio se muere por conversar con él. Y lo más tierno, desvía la mirada apresurada al percatarse que el otro la descubre contemplándolo. Incluso se sonroja un par de veces. Recuerda que Chris le comentó que lo seguía durante los entrenamientos.

-¿Sabes algo de los otros tributos?

La rubia reflexiona con cuidado antes de responder.

-La chica del uno y el chico del dos están juntos, no sólo trabajan juntos, están juntos-juntos. Los vi besándose-hace una mueca de desagrado y Viktor suelta una carcajada, pensando una vez más en Yuri-Intentaron convencer al del cuatro para que se les uniera, pero él no quiso.

"Por supuesto que no, Pierre es un cazador solitario y yo soy su presa"

Es consciente que tiene la desventaja. No sólo Pierre es un profesional, es seguro que cuenta con un buen número de armas y suministros de la cornucopia a su disposición y Viktor supone que debe estar ansioso por encontrarlo. Pero enfrentarlo así equivaldría a un suicidio, sus únicas armas son una navaja y un arco sin flechas. Lo mejor será mantener un bajo perfil hasta idear una estrategia.

-¿Dónde los viste por última vez?-pregunta, esperando reunir más información.

-Deben seguir por la cornucopia. Ella me persiguió hasta el bosque, pero me escondí y no pudo alcanzarme.

-Espera… ¿cuál bosque?-la interrumpe, decidiendo que algo no le cuadra en su relato.

-Al pie de la montaña-responde sin dudar. Viktor se detiene.

-He pasado un día completo aquí y no vi ningún bosque abajo-comenta, recordando la notoria poca vegetación en el camino inicial.

-Obviamente-rueda los ojos, sin darle importancia-No es cómo si esta fuera la única montaña.

Cae en cuenta de lo que implican sus palabras. De alguna manera, Lis se las ingenió para ir de una montaña a otra en un día. ¿Pero, cómo?

La niña estornuda y se abraza a sí misma. Está atardeciendo y Viktor nota que ella no tiene tanta resistencia al frío. Le sugiere que pasen ahí la noche. Se encuentran en una zona rodeada por rocas altas cerca del borde de un acantilado, lo que les proporciona defensas naturales por si intentaran atacarlos.

El rostro de Lis se ilumina cuando Viktor le pide que encienda una fogata y le entrega un cerillo. A cambio, ella le presta su linterna para que vaya a revisar la zona. El himno y el conteo de bajas lo sorprenden en medio de su inspección. Ahora van cinco caídos, y una vez más experimenta un profundo alivio de que Chris no aparezca entre ellos.

-Parece que es seguro, pero igual deberíamos organizarnos para montar guardias y… ¿Qué estás haciendo?

Lis chilla y arroja la mochila de su aliado, pretendiendo que no la registraba momentos atrás.

-N-nada…-balbucea a la vez que oculta con torpeza algo a sus espaldas. Viktor sonríe. Se trata de la manta.

-Te la presto por hoy, yo no la necesito-le dice en tono suave, y ella de inmediato se envuelve bien y corre a sentarse al fuego, aún tiritando.

Como la niña empieza a cabecear y a bostezar, Viktor se ofrece para tomar la primera guardia. Lis le exige que la despierte para cumplir con su turno y se queda dormida poco después.

Pasa las siguientes horas trabajando con las ramas del manzano y la navaja para crear unas flechas. Rompió las dos primeras sin querer, pero a partir del tercer intento, fueron lo suficientemente decentes. Por la mañana buscará algo para hacer el emplumaje y si tiene suerte, piedras que puedan funcionar como puntas.

Recuerda que de pequeño, como parte del entrenamiento con su padre, éste le enseñó a fabricar no sólo flechas sino también arcos. Su padre era un buen maestro, severo pero muy paciente y no le importaba repetirle las cosas una y otra vez hasta que lograba hacerlas bien. Entonces festejaba hasta el menor de sus logros. ¿Qué pensaría si lo viera? Al igual que casi todos en el Distrito 12, su padre odiaba los Juegos del hambre y era especialmente vocal en sus opiniones. Su madre lo reprendía con frecuencia, temerosa que alguien malintencionado pudiera delatarlo, o que el propio Viktor, un niño en aquellos tiempos, repitiera sus palabras sin querer.

Lis se remueve, inquieta. El fuego casi se ha apagado. Viktor se acerca para arroparla bien, tratando de protegerla mejor contra el frío.

-Mamá…-susurra la niña entre sueños.

Un sentimiento de incomodidad lo invade. Lis tendría que estar en casa al lado de su familia, no luchando por sobrevivir.

Permanece a su lado y le acaricia la cabeza hasta que se calma. Se promete que hará todo lo posible por mantenerla a salvo, ignorando la voz en su mente que le grita que únicamente puede haber un ganador.


Respuestas a sus reviews:

Lilie: =D ...y una preguntita extra, de casualidad te gusta pokemón o jugaste las versiones sol y luna? XD

WidowSlayer: Conozco el fic que mencionas, jamás lo leí porque (aunque no me crean), no me gustan las tragedias y el summary y el análisis que leí en tumblr me dijeron todo lo que necesitaba saber, que compares el nivel de dolor que te produce mi fic con ese me honra como no tienes una idea, te prometo que habrá más dolor y espero no decepcionarte. Sobre la historia de Vitya... el problema es que Yuuri no sabe que está fingiendo, no lo dice con mala intención.

Berlice: Aquí está el siguiente capitulo, espero te guste y sigas al pendiente, gracias por comentar!

Ya empezamos oficialmente con los Juegos. La parte triste es que terminaron las vacaciones, lo bueno es que en teoría no tengo pendientes en la escuela por lo que espero no tener problemas para actualizar. Espero subir capítulo de "No es lo que parece" el Pov de Mari dentro de este mismo universo entre martes y miércoles, esten al pendiente.

Spoiler del próximo capitulo: la alianza continua... O no lo hará?

Muchas gracias por leer y dejar reviews!