Disclaimer: Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.
Advertencias: Yaoi. Reencarnación. Palabras altisonantes. Universo Alternativo.
Parejas: Eren x Levi, Erwin x Levi, Eren x Annie.
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CAPÍTULO VI
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Presentimiento
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— Esto no funcionará.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Porque eres un niño y no tienes idea de en qué te estás metiendo.
— ¿Y por qué diablos me lo dice ahora? Podría haberlo dicho hace meses o por lo menos antes de haber tenido sexo.
— No seas ingenuo, el sexo no determina nada, ¿o de verdad crees que eres el primero que me la mete? ¿Cuántos años crees que tengo? Por favor, no eres más que un niño intentando ser adulto.
— Pues este niño sabe muy bien que lo ama y eso es mucho más válido que todos los sinsentido que está diciendo.
— Crees que me amas. Para amar de verdad a alguien tiene que pasar tiempo, debes estar con esa persona y sortear dificultades, sólo así puedes saber que de verdad es amor.
— ¿Y no está dispuesto a pasar todo eso conmigo?
— No hay tiempo para eso, tú sabes que podemos morir mañana o, quizás, en los siguientes cinco minutos. Por eso no hay tiempo para amar.
— ¿Entonces por qué aceptó iniciar esto conmigo?
— Tuve mis razones, las cuales no voy a discutir contigo ahora.
— ¿Y eso qué significa? ¿Soy una especie de juguete o qué?
— No estoy diciendo eso.
— ¡¿Pues entonces qué mierda está diciendo?! ¡Dígamelo ahora, carajo!
— Cálmate. No tienes porqué gritar.
— ¡Grito lo que me dé la gana y usted no puede decirme nada!
— Puedo decirte lo que quiera porque, te recuerdo, soy tu superior, así que ahora cierra la maldita boca y lárgate a tu sótano; no quiero ver tu cara en lo que resta del día.
— ¿Así se resuelven los problemas de pareja? ¡Já! ¡Qué lindo!
— Para ser mi pareja te falta mucho, niño. Ahora lárgate.
— Si eso es lo que piensa, entonces me voy.
— Ahhhhhh… Por eso no quería meterme con este niño, carajo…
— Ahora sí, ¿me quieres explicar lo que pasó?
Cuestionó Erwin cuando se adentraron en un laboratorio vacío ubicado en el último edificio del instituto.
— El idiota me provocó, eso fue lo que pasó.
— Pero para que llegaras a golpearlo, siendo tú tan impasible y siendo él tu Eren, tuvo que haber sido algo sumamente grave, ¿cierto?
— ¿Qué es esa mierda de mi Eren? Y a final de cuentas, no te enterarás de lo que dijo.
— Si no me dices lo que pasó, entonces no podré ayudarte.
— ¿Y quién demonios te pidió ayuda?
— Soy tu amigo y quiero ayudarte, no tienes que pedirlo, yo lo hago porque quiero.
— Pues te recomiendo que quieras dejar de ayudarme, no lo necesito. No necesito nada, sólo desaparecer de esta mierda de mundo y dejar de renacer en otra mierda peor.
— Levi, no hables así…
— Cállate, no estoy de humor para soportar tus idioteces sobre las oportunidades para cambiar y esas cosas.
— Pero es verdad. ¿No has escuchado que si las cosas no cambian sin importar cuántas veces las repitas, es porque el que debe cambiar eres tú?
— ¿Qué quieres decir exactamente?
— Que si, según tú, decidiste dejar a Eren atrás, entonces deberías hacerlo, y me refiero a hacerlo por completo, no sólo dejar de hablarle, sino a sacarlo poco a poco de tu interior. En otras palabras deberías esforzarte por olvidarlo y no sólo fingir que lo olvidas.
— Eres un pendejo.
— ¿Por qué? ¿Por desear que dejes de sufrir por una persona que obviamente jamás sentirá lo mismo que tú? ¿Por esperar que veas más allá de lo que tienes enfrente?
— Lo que tú quieres es que te dé el culo, no te hagas el inocente.
— Si sólo quisiera eso entonces lo habría hecho aquel día que estuviste en mi casa, no olvides que si yo no me hubiera detenido tú—
— ¡Cierra la puta boca! ¡Sé perfectamente lo que hice y no necesito que me reclames como si fuera una perra ofrecida!
Erwin suspiró denotando cansancio, se acercó mientras Levi se resbalaba en la pared mostrando su mejor cara de hastío.
— Entonces dime qué necesitas.
— No sé, simplemente no lo sé…
Sin pensarlo, el rubio se inclinó sobre su amigo, extendió sus brazos y lo arropó sorprendiéndose de que no se alejara ni lo golpeara por tal osadía.
— Eres un idiota.
Susurró Levi al tiempo que cerraba los ojos y se dejaba envolver en aquel calor que le daba tranquilidad.
— Quizás lo soy, pero no importa.
Permanecieron en esa posición por tiempo incierto. Afuera, el día continuaba su recorrido diario mientras los sentimientos de dos adolescentes parecían acompasarse.
Con un evidente golpe en la mejilla y el entrecejo arrugado, el castaño de ojos verdes no veía la hora de salir del salón de clases y, quizás, buscar al rubio entrometido —como había decidido llamar a Erwin— para partirle la cara o, al menos, darle unos cuantos puñetazos.
— Ya, deja de portarte como un psicópata.
Susurró Armin observándolo de reojo.
— No estoy haciendo nada, no jodas.
— Cómo que no estás haciendo nada. Casi estás echando humo por las orejas y se nota que estás enojado hasta con el aire que te pasa por enfrente.
— Armin, cállate. No tengo ganas de escucharte ahora.
— Bueno, yo sólo decía,
— ¡Pues no digas nada!
Épicamente, Eren falló en su intento por mantenerse en silencio, lo cual les ganó varias miradas, incluida la de la Srita. Nanaba.
— Jaeger, Arlet. O se callan o nos cuentan a todos lo que los tiene tan entretenidos.
— Lo sentimos, no volverá a pasar.
Respondió velozmente el rubio mientras su amigo desviaba la mirada en un evidente gesto de fastidio.
— Ojalá este maldito día termine pronto.
Pensó el castaño mientras su mirada se perdía en el cielo que, curiosamente, le recordó los ojos de Levi.
Casi como si el destino estuviera de su lado, al menos ese día, Erwin y Levi pudieron pasar desapercibidos en la escuela y lograr salir, con bastante ayuda de Hanji, en el primer descanso.
En silencio caminaron recorriendo las calles extrañamente solitarias. Sin pensarlo en realidad, el pelinegro guio a su amigo hasta su casa a sabiendas de que su madre estaría trabajando doble turno ese día.
Para Erwin resultaba más que obvio que el pelinegro no necesitaba hablar y no pretendía obligarlo, no necesitaba presionarlo más de lo que ya estaba. Lentamente crecía en su interior una necesidad de protegerlo, de arroparlo para que el sufrimiento latente mientras estuviera cerca de Eren no lo atravesara como hasta ese momento.
Levi, por su parte, permitía que sus pies se movieran de la manera que quisieran sin oponerse en lo más mínimo; permitía que el rubio caminara a su lado casi como si no importara, de cualquier forma, sabía que no lo dejaría solo aunque lo deseara.
Arribaron a la casa de Levi con una actitud similar a la de un funeral. Erwin, sin perder sus modales pidió permiso para entrar a la casa, lo cual fue respondido por su amigo con una mortífera mirada indicándole que eran los únicos en el lugar.
Después de dejar sus mochilas y deshacerse de sus calurosos suéteres, el pelinegro le indicó al otro que tomara asiento en la sala.
— Mi madre llegará hasta tarde, siéntete libre de hacer lo que quieras.
— ¿Lo que quiera? ¿Seguro?
— Menos de follarme en la alfombra, debe ser incómodo.
Casi sin quererlo, una leve picardía se asomó en los ojos del pelinegro, a lo cual sólo recibió una carcajada por parte de su amigo. Al menos el humor de ambos comenzaba a aligerarse.
En un acto de rapidez ninja, Levi subió las escaleras y a los pocos segundos se encontraba nuevamente en la sala, con la diferencia de portar una playera ligera y un pantalón corto en vez de su uniforme.
— ¿Tienes algo que hacer o aceptarás mi reto a muerte?
Cuestionó mientras con la mirada hacía énfasis al PS4 con dos controles que yacía en sus manos.
— ¿Cómo podría rechazar tal reto si mi honra depende de ello?
Respondió Erwin con la mirada propia del Comandante de la Legión, Levi no pudo evitar sonreír.
Una tarde cargada de emociones, emociones que sólo podían mostrarse entre ellos, coronó ese día que, aunque difícil, sería de suma importancia en sus vidas.
Esa misma noche, el insomnio azotó a Eren, torturándolo con la certeza de que al día siguiente debería levantarse temprano para ir a la escuela.
La luz de su móvil le lastimaba ligeramente los ojos mientras las interminables actualizaciones de Facebook aparecían en su pantalla. Una tras otra, leía las tonterías de sus amigos, principalmente quejas de la escuela y sus relaciones; de pronto, el estado "Conocer gente nueva es interesante" de Mikasa Ackerman le hizo percatarse de que la pelinegra se encontraba en línea.
Un simple "Hola, ¿no puedes dormir?" inició una conversación que terminó cerca de las 3 am, hora en que los dedos de la chica no podían escribir más y los ojos del castaño apenas y podían mantenerse abiertos.
No se despidieron sin antes comprometerse a salir en los próximos días, quizás el cine o alguna otra cosa lograra divertirlos mientras, según las palabras de Eren, podía conocer mejor a su nueva amiga.
Por su parte, Mikasa no podía estar más contenta de encontrarse con Eren y, precisamente por eso, no sabía cómo tenía que reaccionar con él. Cuando se encontró con Armin su corazón se alegró enormemente, pero con el castaño era diferente, pues ella no olvidaba ninguno de los momentos que vivieron en la época de los titanes. Justamente esos momentos eran los que se agolpaban en su cabeza cada vez que Eren le sonreía o le hablaba.
Ella no podía olvidar el sufrimiento que embargó su corazón cuando vio a Levi cubierto de sangre ajena mientras cargaba un cuerpo inerte y mutilado. Su pecho se contraía de dolor cuando pensaba en la expresión del amante de su hermano y la forma en que ella lo golpeó al tiempo que le reclamaba esa muerte tan injusta.
Mientras intentaba dormir después de haber platicado en Eren, se abrazó a sí misma por el recuerdo de Jean y Armin intentando controlarla y consolarla cuando subían el cadáver del castaño a una de las carretas para regresar al interior de las murallas.
— ¿Por qué tenías que aparecer ahora?
Murmuró la pelinegra dejándose vencer por el sueño, uno que sería intranquilo.
Al día siguiente, la celeste mirada de una rubia se perdía en el inmenso cielo. Sus pensamientos no hacían más que girar en torno a un guapo castaño de ojos verdes. Se abstrajo tanto del mundo que ni siquiera se percató del momento en que terminaron sus primeras tres clases.
— Annnnniiiiiiieeeeee…
— Uhh… ¿Me hablaste?
Reiner volteó riéndose lo más fuerte que podía, se recargó en el hombre de Bertholdt y miró nuevamente a la confundida rubia que los miraba expectante.
— Te lo dije, ni siquiera se dio cuenta de que llevamos diez minutos hablándole.
— ¿Qué? ¿Diez minutos?
Cuestionó la confundida chica.
— Sí, hemos estado parados a tu lado por diez minutos y no has hecho más que ignorarnos.
— No los escuché.
Respondió ella con simpleza.
— Es obvio que no nos escuchaste, lo que quisiera saber es por qué. Últimamente te hemos visto algo rara, además de que no haces más que estar pegada a tu celular… ¿Con quién hablas tanto?
Después de algunos segundos de una lucha de miradas entre los rubios, ella suspiró con cansancio.
— ¿Qué te importa?
Betholdt estalló de risa mientras un ofendido Reiner reclamaba con la indignación pintada en la cara.
— ¿Cómo te atreves a decirme eso? ¡Me estoy preocupando por ti!
— Nadie te pidió que hicieras nada, así que no te metas.
— Sabes, Annie, es en momentos como este en los que más tienes que confiar en tus amigos. Nosotros podemos ayudarte a sortear cualquier dificultad que estés pasando.
— ¿Y quién te dijo que tengo una dificultad?
— Bueno, lo supongo por lo distraída que estás.
— Pues deja de suponer. No me pasa nada.
Los ojos del chico se entrecerraron mirándola fijamente.
— No te creo pero está bien, no te molestaré por el momento, sólo por el momento.
— Lo que digas. Vete a sentar que ya llegó el maestro.
Siendo prácticamente arrastrado por su amigo, Reiner tuvo que dejar en paz a la chica e ir a su asiento, desde el cual siguió observándola con el firme pensamiento de no descansar hasta saber lo que le ocurría.
Ella, por otra parte, decidió que la ventana seguía siendo más interesante que su odioso —según ella— profesor Dawk.
Al finalizar las clases, los ojos de Eren no dejaban de buscar la figura de su sempai en todo el instituto, que si bien era pequeña, no podía haber desaparecido del mundo de un día para otro. Mientras permanecía enfrascado en sus pensamientos, una suave voz lo regresó al mundo.
— Hola.
Se giró para encontrarse con una cabellera rubia acompañada de unos hermosos y grandes ojos azules.
— ¡Annie!
Gritó espantando a la chica y la abrazó con una efusividad que ella consideró innecesaria.
— Siento no haberte buscado en estos días, estuve ocupado.
— Sí, me enteré de tu alboroto de ayer.
Mencionó la rubia casi como si estuviera reprochando algo.
— Te enteraste… —afirmó Eren con cierta tristeza en los ojos—. Bueno, era obvio que te ibas a enterar, toda la escuela se enteró…
— No te voy a pedir que me expliques porque sé que no me debes nada, pero al menos me gustaría que tuvieras más cuidado. —Se acercó y acarició ligeramente su mejilla derecha—. Este golpe no combina con tu cara.
Eren sonrió, más que por el comentario, por el evidente sonrojo de ella.
— Sabes, deberíamos ir a algún lado. ¿Qué tienes que hacer el sábado?
Sin pudor, tomó a la rubia de la mano y entrelazó sus dedos mientras la conducía a la salida.
— Pensé que nunca propondrías que hiciéramos algo, después de aquella vez casi no me has hablado… Creí que ya no te gustaba…
Confesó Annie con un hilo de voz, sintiendo que no tenía derecho a reclamar absolutamente nada pues, a final de cuentas ni siquiera eran novios.
— Claro que me gustas, es sólo que, como te dije, he estado ocupado.
— Lo entiendo…
La rubia suspiró mostrando bastante tristeza.
— Pero no te preocupes, te presaré más atención. ¡Lo juro!
Gritó el chico abrazando a la chica frente a la puerta principal del instituto, lo que les ganó varias miradas curiosas.
— En realidad no tienes por qué jurar algo así. No es necesario.
Aseveró ella terminando el abrazo y continuando su camino. Con una ligera sonrisa en los labios, él le permitió alejarse unos pasos para después seguirla y abrazarla por encima de los hombros.
Lentamente se acercó a su oído y, susurrando ligeramente, logró que se le erizara la piel.
— Claro que de debo jurarlo. ¿Qué clase de patán sería si no le prestara atención a mi novia?
Instintivamente, Annie se alejó mirándolo con asombro.
— ¿Qué dijiste?
— Bueno, si no quieres que sea tu novio lo entiendo, pero te juro que me encantaría serlo.
El rostro de la chica se pintó de todos los colores posibles mientras asentía ligeramente y le sonreía al culpable de que su corazón estuviera a punto de salírsele del pecho.
— ¿En serio quieres que seamos novios?
Cuestionó ella una vez que pudo recuperar su voz.
— Sí, es lo que estoy diciendo.
Casi con timidez, Annie tomó la mano de Eren y lo invitó a caminar a su lado.
Para ella, todo parecía un sueño. Para él, era hora de cosechar los frutos del esfuerzo de todas esas semanas con Annie.
Se alejaron del barullo del instituto pensando qué deberían hacer en su primer día como pareja, aunque ninguno de los dos podía pensar con claridad.
Algunos kilómetros lejos de ellos, el extraño ambiente llegaba hasta la casa de un pelinegro con ojos de cielo que se perdía en la inmensidad del universo.
Con la mano en el pecho, Levi exhaló cansado.
— A la mierda… Hoy todo se irá a la mierda.
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¡Hola! ¿Aún me recuerdan?
Sé que ha pasado poco más de un mes pero sentí que los abandoné por mucho tiempo.
En fin, ¿creen que soy muy cruel con Levi? Quizás lo soy, y eso que aún no llegamos al clímax, aunque ya está cercano.
¿Cuándo actualizaré? No tengo idea, espero que pronto, ojalá...
Anyway, besos gays para todos, especialmente para Tina (aunque quien sabe cuándo lea esto).
Bye!
