REACTIVOS
Los rayos de sol se colaban por las persianas y los cánticos de las aves se hacían presentes sacándolo de su estado de letargo. El ardor y dolor en sus ojos eran evidentes y sus mejillas aún tenían algunos rastros de lágrimas. Enfocó la vista y se percató de que algo o específicamente alguien se encontraba a su lado. El cuerpo esbelto de su Senpai descansaba a lo largo de la cama. La pregunta era por qué. ¿Qué había pasado la noche anterior para que el homofóbico amor de su vida estuviera acostado junto a él en su cama de hotel? No lo recordaba.
– ¿P-por qué Senpai está…?
Se sentó sin dejar de mirarlo y, al tratar de evocar lo que había sucedido esa noche, lo primero que apareció en su mente fue la cena en el restaurant con toda la gente del congreso. Acto seguido, se dio cuenta de que su Senpai y él estaban con la misma ropa casual que habían usado para la cena, lo cual quería decir que algo debió haber ocurrido para que no tuvieran tiempo de cambiarse antes de dormir.
– Ah, me duele la cabeza…
Sintió una punzada en la región parietal y la apretó ligeramente con las yemas de los dedos. De pronto, como un rayo, varios acontecimientos se estrellaron entre sus neuronas. Se vio a sí mismo en la entrada del restaurant conversando con sus padres y después reafirmando su posición mientras ambos progenitores le daban la espalda y seguían su camino.
– Así que todo fue real, ¿eh? La conversación que tanto había esperado se dio de forma tan diferente a la de mis sueños…
Antes de que la depresión lo envolviera otra vez, escuchó gemir a su Senpai que ya estaba despertando del todo. Su cabello estaba un poco desordenado pero seguía atado, y al parecer había dormido con anteojos.
– Mmm, ¿qué hora es?
– Ah, creo que son las 6 am.
– ¿Las 6 am? – repitió antes de entrar en pánico – ¡¿Las 6 am?! ¡El avión sale a las 9 am y ni siquiera nos hemos…!
Vio a su asistente y se vio a sí mismo y sí, ambos estaban vestidos. Claro que no podían regresar con esa ropa, pero eso también significaba que la noche anterior no se habían llegado a poner la ropa de dormir. Quedose pensativo unos segundos cuando de repente el recuerdo llegó a su mente. Se sonrojó profundamente y miró de reojo al otro. Estaba seguro de que empezaría con sus cursilerías si también recordaba.
– No te preocupes, el aeropuerto no está muy lejos, así que tenemos tiempo de cambiarnos y desayunar algo rápido.
– A-ah…
– Senpai, lamento lo de anoche…
– ¿La-lamentas…? ¿Q-qué es lo que lamentas?
– El encuentro con… mis padres. Debió haberte incomodado y…
– Basta. – cortó con seriedad – Esa conversación tenía que darse tarde o temprano, con o sin mí. Y realmente siento mucho que no se haya dado de manera favorable para ti.
– N-no, está bien. Me esperaba todo eso, así que no te sientas mal.
– ¡Baka, esa es mi línea!
– No estoy mintiendo, Senpai. En verdad me siento mejor. Bueno, vamos a cambiarnos para poder reunirnos con los demás.
El menor se metió al baño y cerró la puerta tras de sí. Souichi se quedó atónito mirando a la nada sin poder creer lo que estaba sucediendo. Un sentimiento que no supo identificar invadió su alma.
– No lo recuerda…
Ambos muchachos se dejaron caer en el sofá. Estaban agotados del viaje y no tenían fuerzas para nada, mucho menos para abrir sus maletas. En el viaje de regreso no habían hablado demasiado, solo lo indispensable. Ahora que estaban en casa, Souichi no sabía si prefería que Tetsuhiro rompiera el hielo o que sencillamente no dijera nada. Y al cabo de unos minutos ocurrió lo primero.
– Senpai, voy a desempacar y después me ducharé y descansaré un rato. ¿Quieres almorzar fuera? Estoy un poco cansado como para cocinar.
– Si quieres pedimos algo para no tener que salir.
– Es una buena idea, gracias. – respondió sonriente – Entonces iré a mi cuarto. Me avisas cuando quieras que llamemos al delivery.
Souichi lo vio alejarse y con ansiedad escondida se aferró a la tela de su pantalón. ¿Era posible que ese idiota no recordara lo que sucedió después de que él había empezado a llorar? ¿Estaría solo fingiendo para molestarlo?
– Es mejor así. Además, si no fue importante para él, no tiene por qué recordarlo…
Se repitió esas palabras a sí mismo varias veces. Y aunque creyó que estaban clarísimas para su cerebro, su corazón las cuestionaba con frustración.
En su habitación, mientras tanto, Tetsuhiro sacaba sus pertenencias de la maleta y las colocaba en los cajones de la cómoda. En Hamamatsu tenía casi todo lo que necesitaba, así que solo llevaría su mochila de siempre que ya se encontraba casi lista al lado de su cama. Le dolía tener que alejarse de nuevo de su Senpai, sobre todo después de lo que había pasado en Fukuoka, pero era inevitable. Recordó que ahora las cosas serían más complicadas, sobre todo después de su brillante idea de los dichosos cien días.
– Es verdad, yo tenía un plan, ¿no? Estaba empezando a ponerlo en práctica, pero lo que pasó con mis padres me descolocó por completo. Ah, tener que alejarme nuevamente de Senpai es tan doloroso… Me pregunto si al menos podré darle un beso de despedida…
Estaba destendiendo su cama para recostarse un rato cuando, como por encanto, la palabra beso activó su sistema nervioso y lo puso en máxima alerta. Dejó caer las sábanas al suelo y se lanzó cual flecha a la sala donde su Senpai se encontraba fumando. Este se asustó al ver a su kouhai aparecer delante de él respirando agitadamente con las mejillas sonrojadas. De algún modo, entendió lo que había sucedido y sus mejillas también se encendieron.
– S-Senpai, anoche… anoche tú…
Souichi presionó el cigarro torpemente contra el cenicero y se puso de pie instintivamente dispuesto a huir del lugar lo más rápido posible.
– Matte, Senpai… – ordenó cortándole el paso.
– D-déjame…
– Senpai, tú anoche… me besaste, ¿no es así?
La respiración de Souichi se hizo pesada y por más que trataba de escapar de los brazos de su kouhai, le fue inútil. Lo estaba sosteniendo con fuerza mientras él moría de frustración y vergüenza.
– Me besaste cuando empecé a llorar, ¿verdad? No sé cómo pude olvidar algo tan importante…
– E-eso solo fue p-por…
¿Dónde se metían las excusas cuando Souichi más las necesitaba? Tetsuhiro había recordado el beso y en el fondo eso lo alivió. Y aunque nunca lo admitiría, se sintió en paz consigo mismo.
– Gracias, Senpai. – susurró sonriendo – Ahora recuerdo lo que pasó. Me besaste mientras lloraba. Me abrazaste y poco a poco me fui calmando. Y nos quedamos dormidos en mi cama con la ropa puesta.
El mayor lo miró aún sonrojado sin saber qué decir. Aquella hermosa sonrisa había vuelto al rostro del chico de cabello corto y esta vez sí era sincera. No fingía felicidad. Estaba feliz.
– Mis padres me rechazaron una vez más. Me sentí abandonado, perdido, y llegué a sentir envidia de ti y de tu familia, y fingí que estaba bien. Soy tan estúpido. Pero ¿sabes? Estoy feliz. Como siempre te diste cuenta de que yo estaba mal, incluso desde el restaurant. Y no solo eso. Me defendiste de mi padre hasta el punto de ser golpeado. Perdóname por favor. El dolor me bloqueó y olvidé todo lo que hiciste por mí anoche. Senpai, tú siempre… tú siempre estás salvándome la vida.
El menor tomó el rostro de su Senpai entre sus manos y besó su frente con inmensa ternura. Souichi se estremeció e inconscientemente puso sus trémulas manos sobre las de su kouhai apretándolas con timidez.
– Morinaga…
El aludido lo miró fijamente con los ojos aún un poco rojos e hinchados. Souichi susurró entre dientes sin siquiera levantar la vista.
– Tú… tú ya no estás solo… No olvides eso…
Dicho esto, se escabulló de entre sus brazos y se fue casi corriendo a su habitación, sin dar tiempo a su kouhai de responder. Este solamente pudo suspirar enamorado. Nunca nadie había hecho tanto por él. Nunca nadie le había dicho palabras tan profundas y significativas. Nunca nadie lo había besado con esa dulzura. Su alma se llenó de esa calidez característica que aparecía cada vez que las palabras o acciones de su Senpai lo hacían sentir querido y atesorado. Su corazón podía estar roto, pero ese hombre con tan solo una palabra o un gesto, lograba recoger los pedazos y armarlo otra vez en cuestión de segundos.
– Senpai…
El martes finalmente llegó y Tetsuhiro ya estaba listo para regresar a su capacitación en Hamamatsu. No había tenido tiempo ni fuerzas para ir a ver a Hiroto, por lo que lo llamó y le prometió que iría a verlo cuando regresara a Nagoya. Souichi lo acompañó hasta la estación, ya que él también tenía que volver al trabajo.
– Senpai, ya me voy. Por favor cuídate mucho y llámame si necesitas algo.
– Ahou, de nuevo estás usando mis líneas.
Tetsuhiro sonrió y se dirigió a la entrada del Shinkansen con su mochila al hombro. Antes de ingresar, dio un último vistazo a su Senpai que seguía ahí de pie mirándolo fijamente.
– No… no olvidaré lo que me dijiste, Senpai. No lo haré nunca…
Souichi contempló por última vez aquella sonrisa y se quedó inmóvil durante un rato, incluso después de que el tren partiera a toda velocidad. En él iba una de las personas más importantes de su vida.
– Baka…
Souichi volvió a la rutina del trabajo, con la presión de tener solo una semana para acabar el proyecto encargado por su profesor hacía casi un mes. Sin embargo, pudieron terminarlo a tiempo y con excelentes resultados. Sus asistentes, si bien nunca serían tan buenos como su eficiente kouhai, habían hecho un muy buen trabajo y eso lo satisfacía muchísimo.
– Minna-san, con orgullo puedo decirles que hoy, 27 de mayo, hemos concluido y entregado el proyecto "Ichigo Alpha I". Otsukaresama deshita. – pronunció haciendo una pequeña reverencia ante Shouta y Ayano.
– Iie, Tatsumi-senpai, todo ha sido gracias a ti. – expresó Ayano conmovida.
– Estamos seguros de que en el futuro seguiremos siendo un gran equipo.
– Y ahora puedes descansar un poco, no has parado desde que se inició el proyecto.
– Sí, supongo que debería.
– ¿Por qué no te tomas el día libre? No hay mucho trabajo hoy, y en todo caso, nosotros podemos avanzar solos. – ofreció Shouta.
– Está bien, agradezco su consideración. Ja, osaki ni. Nos vemos mañana temprano.
– ¡Hai, otsukaresama deshita, Tatsumi-senpai! – exclamaron ambos asistentes al unísono al verlo partir.
Souichi llegó agotado a su departamento. Se lanzó al mueble con la satisfacción de saber que el proyecto había concluido y además con éxito. Estaba a punto de quedarse dormido cuando el timbre terminó con su somnolencia. No tenía idea de quién podía ser, ya que naturalmente no esperaba a nadie. Se levantó con desgana listo para despedir a quien quiera que hubiese tenido el atrevimiento de interrumpir su merecido descanso. Sin embargo, al ver quién era el molesto visitante, se le quitó el sueño por completo.
– ¡I-Isogai!
– El mismo. – dijo guiñando un ojo – ¿Cómo has estado, Souichi-kun? ¿Me dejas entrar?
– ¡O-oi, no dije que sí! Y en todo caso, ¿qué demonios haces aquí?
– Tengo un par de días libres en el trabajo, así que decidí venir a visitarte.
– Qué considerado de tu parte, pero no tenías por qué hacerlo. – contestó irónicamente – No necesito de la compañía de nadie.
– ¿Ni la de tu fiel kouhai? Por cierto, ¿dónde está?
– Morinaga está en Hamamatsu, en su capacitación. – contó sentándose en el sofá.
– Oh, ya veo por qué tu humor está peor que de costumbre.
– ¿A qué demonios te refieres? – preguntó arqueando una ceja.
– A que se nota que estás sumamente irritado por su ausencia, ¿o me equivoco?
– Bah, tonterías… – exclamó cruzándose de brazos – Cada vez se va por más tiempo, y cuando ya le toque trabajar allá definitivamente, que será aproximadamente en un año, va a venir incluso menos. Así que no tiene por qué afectarme, ¿crees que soy una colegiala o qué?
Taichirou rió. Era realmente un espectáculo muy divertido ser testigo de cómo Souichi trataba desesperadamente de ocultar o negar cuánto le afectaba todo lo relativo a su kouhai, en este caso su ausencia. El joven de Tokio sabía, sin embargo, que aquello no era más que producto del miedo, ese miedo extremo que Souichi experimentaba al sentirse vulnerable nada más y nada menos que por causa de otro hombre. Si bien él juraba odiar a los homosexuales, su comportamiento indicaba que con Morinaga Tetsuhiro, todo era diferente. El visitante se sentó al lado de Souichi y lo miró con una sonrisa pícara mientras colocaba un brazo alrededor de sus hombros. Souichi se zafó de inmediato con una expresión llena de espanto.
– A-Aléjate de mí, ¿qué diablos pretendes?
– Quiero hablar contigo seriamente.
– ¿Hay algún tema serio que tú puedas manejar? O-oi, no estarás pensando en contar lo de…
– ¿Lo de qué? O mejor dicho, ¿lo de quién? O mucho mejor dicho, ¿lo de quiénes?
– Ya basta de indirectas, Isogai. – vociferó poniéndose de pie – ¡Tú prometiste que no dirías nada!
– Y no romperé mi promesa, hombre. Tan solo quería conversar un rato contigo. En realidad, quería decirte algo que me ha estado dando vueltas desde la última vez que estuve en Nagoya.
– ¿Y de qué diablos se trata?
– Pues verás…
La respuesta quedó en el aire, ya que el celular de Souichi había comenzado a vibrar insistentemente sobre la mesa. Al ver el conocidísimo nombre en pantalla, el dueño del aparato torció el gesto y contestó de mala gana.
– ¿Qué pasa?
– Senpai, ¿daijoubu desu ka? No quiero molestarte, perdón si interrumpí tu descanso. Lo que pasa es que te mandé tres mensajes en el transcurso de la mañana y como no respondiste, me preocupé. Solo quería saber si todo había salido bien con el proyecto.
– Claro que sí, deja de preocuparte innecesariamente. En fin, ¿solo para eso llamaste?
– Gomen nasai, no solo es eso, también… extrañaba oír tu voz…
– Souichi-kun, estás rojo. – se burló el hombre de negocios – ¿Tienes fiebre? ¿Quieres que te tome la temperatura?
Souichi se apresuró a tapar la bocina, pero ya era demasiado tarde. La mecha había sido encendida.
– Senpai, ¿estás con alguien?
– N-no, estoy solo. Lo que oíste fue… una rata.
– ¿Una rata? Souichi-kun, no eres muy amable. ¿Y por qué me estás negando? ¡A mí, a tu gran amigo!
Si el destino de un asesino no fuera la cárcel, hace mucho que Souichi habría matado a miles, comenzando por su entrometido amigo. El científico volvió a ponerse el teléfono al oído temiendo lo peor.
– Mori…
– Chotto matte, yo conozco esa voz… ¡¿Eh?! ¡¿Isogai-san?!
– ¡Omae, no grites así! ¿Quieres dejarme sin tímpano derecho?
– S-Senpai, ¿por qué Isogai-san está contigo? ¿Es que acaso lo estás invitando a casa cada vez que yo me voy?
– No digas estupideces, el tipo vino porque está de vacaciones, y ya sabes que siempre aterriza aquí solo para molestarme.
– Vaya, vaya, así que es tu querido y celoso kouhai. Pásamelo, Souichi-kun.
– ¿Ah? En este momento no creo que sea lo…
Pero Taichirou ya le había arrebatado el celular a Souichi para poder hablar con el joven al otro lado de la línea. El de cabello largo solo observaba inquieto la escena.
– Moshi moshi, Morinaga-kun, ¿genki?
– ¡I-Isogai-san, kaette kudasai! Estás importunando a Senpai. Él acaba de terminar un proyecto y necesita descansar para recuperar fuerzas porque no ha estado comiendo ni durmiendo bien estos días.
– No te preocupes, he venido a cuidar de tu Senpai en tu ausencia, deberías estar agradecido.
– ¡So-solo vete por favor! Estoy seguro de que él no necesita de tu ayuda.
– Morinaga-kun, escucha. – dijo adoptando un tono serio – Estoy en medio de una conversación seria con Souichi-kun. Ya es hora de que dejes de desconfiar de mí. Yo soy de tu bando.
– ¿De mi…? ¡E-eso quiere decir que sí eres gay!
– ¡No! – negó algo ofendido – Lo que intento decir es que estoy de tu lado y que apoyo tu relación con Souichi-kun.
– Oi, oi, oi, ¡¿cuál relación?! – preguntó Souichi colérico.
A Tetsuhiro nunca dejaba de dolerle cuando Senpai hablaba así. Cuando negaba lo que tenían de una manera tan rotunda que hasta parecía que estuvieran hablando de una aberración. Taichirou notó esta reacción y volvió a hablar por la bocina.
– De eso precisamente quiero hablar con tu Senpai. Por favor te pido que confíes en mí en adelante. Soy una buena persona. – afirmó guiñando un ojo a pesar de que el otro no podía verlo.
El más joven dudó unos instantes antes de responder. Si bien seguía molestándole el hecho de que su Senpai estuviera acompañado de aquel tipo, desde Hamamatsu no podía hacer nada para que se fuera. Suspiró prolongadamente y decidió ceder por el momento.
– De acuerdo, Isogai-san. Voy a pasártela por esta vez, pero si me entero de que intentaste algo con Senpai…
Taichirou no podía creer cómo el chico podía ser tan terco y desconfiado, pero conociendo la personalidad explosiva y excéntrica de Souichi… Bien, no quería ser malo, pero le parecía que cualquier persona que estuviera con él se sentiría insegura de sus sentimientos. Y naturalmente, un hombre tan emocional como Tetsuhiro no era la excepción.
– Ya, ya, me quedó clarísimo. Te paso con tu adorado Senpai. Que te vaya bien en tu capacitación. – concluyó pasando el celular al de cabello largo.
– Morinaga, cálmate, solo vino de visita, ¿entiendes? Ve a trabajar… Sí, sí estoy leyendo tus correos y mensajes, pero a veces no me da tiempo de responder. Mañana te cuento lo del proyecto, ahora déjame terminar de hablar con este tipo para poder irme a dormir. No, no me iré a la cama con el estomago vacío… Maldición, Morinaga, ¿quieres dejar el drama? Me puedo cuidar solo. Voy a colgar. Ja na.
El científico se dejó caer en el mueble y colocó el celular a un lado. Reposó su brazo a lo largo de su frente en un gesto exasperado y negó con la cabeza.
– Diablos, este chico es…
– Sí que te has conseguido un novio maravilloso. Hace todo por ti e incluso a la distancia está muy pendiente.
– ¿Puedes dejar de decir cosas desagradables? Él no es mi… ni e-eso ni nada por el estilo.
– Pero como si lo fuera. Y veo que siguen teniendo una relación complicada incluso después de todo lo que han pasado, ¿eh?
– Ya te dije que eso no te incumbe.
– Es que siento pena por Morinaga-kun.
– ¿Ah? ¿Pena?
– Sí, porque sé cuánto desearía él tener una relación formal contigo. Se nota que está enamoradísimo de ti. No sé por qué lo está, pero…
– Ve al grano, Isogai. – ordenó seriamente.
– Quiero decir, por lo que vi aquel día, no parecía disgustarte lo que él te hacía y te lo dije esa vez. Ahora lo que me pregunto es… Si ustedes hacen ese tipo de cosas y no son una pareja, ¿digamos que son algo así como sefure?
Souichi lo tomó por el cuello totalmente enfurecido. Su mirada era brutal y feroz, y su voz sonaba grave y sombría.
– Por mucho que quieras ayudar, no voy a permitir que te metas en mi vida íntima, ¿de acuerdo?
Taichirou se dio cuenta de que por haber elegido mal sus palabras ahora se estaba metiendo en problemas. Y si bien estaba seguro de que podía usar alguna llave de judo para dejar a su contrincante completamente indefenso, la expresión del joven tirano le hizo desistir.
– Tie-tienes razón, Souichi-kun, me disculpo.
Souichi lo soltó de un tirón y se fue al balcón indignado. Prendió un cigarro y empezó a fumar con ansiedad. Toda esa conversación lo estaba poniendo demasiado nervioso y no entendía por qué. Taichirou lo miró apenado. Sabía que detrás de ese carácter infernal y esa constante etapa de negación, aquel científico se encontraba en una eterna lucha contra él mismo. Una lucha contra sus sentimientos. Y quería ayudarlo. Oh sí. De algún modo sentía la necesidad de ayudar a ese par de la misma manera en que había ayudado a Mitsugu y a Tomoe a lo largo de su relación.
– Me pregunto si al final todos los cupidos terminan solteros…
Se acercó a Souichi y se recostó en el balcón mientras encendía un cigarro él también. Pasaron unos minutos en silencio antes de que Taichirou se animara a decir algo. Apagó el cigarro y empezó a hablar sin mirar a su compañero.
– Creo que no me expresé bien, discúlpame. Lo que en realidad quería decirte era otra cosa.
– Si vuelves a decir una sola estupidez como la anterior, te saco a patadas de mi casa.
– Hai, hai… ¿Desde hace cuánto conoces a Morinaga-kun?
– Mmm, pues casi cinco años si mal no recuerdo.
– ¿Y cuándo fue que te enteraste de sus sentimientos hacia ti?
Souichi lo observó con el ceño fruncido.
– ¿Esto es relevante para eso tan importante que tienes que decirme?
– A eso voy, a eso voy. Solo contesta a mis preguntas. No serán muchas, lo prometo.
El tirano rezongó dudoso y resignado. Algo le decía que todo este interrogatorio le causaría problemas ahora y un dolor de cabeza más tarde.
– Hace como un año me confesó que era… homo, y que… bueno que…
– ¿Que estaba enamorado de ti?
– E-eso. – murmuró ligeramente sonrojado.
– Souka… Y puedo imaginar cómo reaccionaste.
– No te voy a contar detalles, ¿de acuerdo? – sentenció con firmeza – Solo te puedo decir que desde ese día mi vida se volvió un total caos.
– ¿Para bien o para mal?
– ¿Qué tratas de decir?
El irónico chico regresó a la sala y se sentó en el sofá. Colocó una pierna sobre la otra y se quedó pensando unos minutos. Souichi se intrigó y también volvió a la sala esperando a que el otro se explicara más claramente.
– Has cambiado mucho. A pesar de que sigues siendo un tirano, ahora te veo más humano.
– ¿Ah? No entiendo nada de lo que dices.
– Souichi-kun… ¿Sabes lo que significa "demisexual"?
– ¿Eh?
Souichi, por primera vez en su vida y sin saber bien por qué, no sintió escalofríos al escuchar un término que poseyera la palabra sexual en él, a pesar de no tener idea de lo que esto significaba. Disimuló un poco su curiosidad, pero aun así soltó la pregunta.
– No tengo idea… ¿Qué es eso?
– Mira, estuve analizando tu situación y la de Morinaga-kun…
– ¿Tú en verdad trabajas, Isogai? – preguntó irónico.
– Deja que termine. Un día me puse a pensar en ello y llegué a una conclusión bastante probable de lo que puede estar sucediéndote. Pero antes, respóndeme una pregunta.
– ¿Otra más?
– Será la última, lo prometo. ¿Alguna vez has estado con una mujer?
Souichi se sonrojó y lo miró como si hubiera visto a Satanás con vestido. Se dio la vuelta para ocultar su reacción y comenzó a tartamudear palabras sin cohesión aparente.
– Y-yo… eso… no… porque… pero… y…
El chico de Tokio sonrió. Si bien conocía de antemano la respuesta, no dejaba de hacerle gracia la inocencia del tirano que tenía enfrente.
– Eso quiere decir que no te gustan las mujeres.
– ¡Pero tampoco los hombres! – se apresuró a responder tapándose la boca un segundo después.
– ¿Lo ves? Es por eso que digo que llegué a la conclusión de que tú eres demisexual.
– Deja de andar catalogándome a tu antojo y explícame qué cuernos es eso.
– A ver, – comenzó con un tono de sabelotodo – cuando eres demisexual no sientes atracción por un género específico, es decir ni por las mujeres ni por los hombres. Sin embargo, la sentirás únicamente hacia la persona con la que hayas forjado un vínculo emocional muy fuerte.
Souichi no pudo evitar sorprenderse. En silencio, empezó a reflexionar un poco acerca de lo que acababa de explicar su fastidioso amigo. ¿En verdad él tenía un lazo tan fuerte con su asistente? Eso tenía sentido, pues eran muy amigos después de todo. Habían llegado lejos, sí, pero eso no les quitaba su condición de amigos.
– ¿Cómo es que sabes esas cosas?
– Solo lo consulté con mi Isogapedia. – contestó pícaro – ¿Entonces qué opinas?
– Opino que tienes demasiado tiempo libre y que lees más shoujo manga que Kanako. ¿No se te estará pegando lo homo de tu amiguete Kurokawa?
– Ay, Souichi-kun, eres imposible. – concluyó dirigiéndose a la salida – En fin, ya hice mi tarea, así que ahora te toca a ti hacer la tuya.
– ¿De qué demonios hablas?
– Tu tarea es la siguiente. – explicó ya desde el umbral de la puerta – Deja los prejuicios y los miedos de lado y date una oportunidad de ser feliz. Porque al final, el amor no tiene etiquetas, ¿no?
– Iso…
– Bye bye, Souichi-kun. Nos vemos otro día. – dijo mientras cerraba la puerta tras de sí.
Souichi quedose mirando la gran puerta ensimismado. Trataba, de algún modo, de asimilar la magnitud de la conversación que acababa de entablar con el molesto, pero, muy a su pesar, casi siempre acertado salary man de Tokio. Pero, desafortunadamente, no lo logró.
– Cada vez que hablo con Isogai me siento mejor y peor al mismo tiempo.
Después de darse un refrescante baño, se secó el cabello y se sentó en el sofá mientras daba un sorbo al café que recién se había preparado.
– Demisexual, ¿eh? Tonterías… Bah, olvidaré toda esta estúpida conversación, no tengo tiempo para esas ridiculeces.
Se dispuso a trabajar un poco en su laptop, pero se le hizo imposible. No podía dejar de pensar en su kouhai. Nunca antes había estado tan consciente de él y menos después de lo que Isogai Taichirou le había dicho. Realmente haber pasado tanto tiempo con Tetsuhiro lo estaba empezando a trastornar. Tetsuhiro era como… como un reactivo. Al chico solo le bastaba dirigirle una mirada y su cuerpo empezaría a reaccionar de esa forma tan extraña que él no entendía. Era tóxico, sí, definitivamente era uno de esos reactivos tóxicos que te negarías a tocar por el bien de tu humanidad, pero su color y olor te hipnotizarían y entonces te arrastraría a desearlo, a mirarlo, a tocarlo. Se maldijo mil veces por lo que estaba a punto de hacer, pero necesitaba saber algo con urgencia.
– ¿Qué diablos estoy haciendo? Esto nunca me había pasado antes con él…
No, claro que no. Todo había comenzado desde ese maldito día en el que Tetsuhiro aceptó su propuesta de no tocarlo durante cien días. Él mismo había puesto el plazo, sin siquiera pensar en qué tipo de consecuencias tendría que soportar más adelante. Siempre pensó que el que nunca aguantaría más de dos semanas sin sexo sería su kouhai. ¿Por qué ahora al otro se le veía de lo más normal y tranquilo mientras él sentía que se estaba muriendo? Se puso de pie y se dirigió hacia su habitación. Tomó el calendario que descansaba sobre el escritorio y, muerto de vergüenza, empezó a contar los días que habían pasado desde que llegaron a aquel acuerdo.
– Solo estoy haciendo esto por si ese tipo intenta algo antes de tiempo. Tengo todo el derecho de enojarme con él y castigarlo si no respeta el plazo… Sí, solo lo hago por eso…
Contabilizó desde el día posterior al que habían tenido relaciones por última vez, más las dos semanas que el otro se había ausentado, más la semana que regresó, más los días que ya habían pasado desde que volvió a irse…
– Treinta días… Eso quiere decir que aún faltan otros setenta…
Souichi suspiró y se avergonzó mucho más al darse cuenta de que ese suspiro había sonado mucho a una frustrante resignación. Arrugó el calendario y lo lanzó con rabia contra el suelo, produciendo este un sonido seco y agudo.
– ¿Por qué me siento así? Esto no es normal. Esto… esto no es justo…
Tal parece que nuestro tirano está medio frustrado. Y qué me dicen de la aparición de nuestro queridísimo Isogai? Souichi siempre necesita de un consejo suyo, es inevitable. Al igual que Isogai, yo estoy convencida de que Souichi es demisexual, ya que nunca ha sentido atracción hacia mujeres ni hombres, solo hacia Morinaga, pero eso es porque ha llegado a formar un vínculo emocional muy fuerte con él. Ustedes qué opinan? Una aclaración: "sex friends = sefure". Así lo abrevian los japoneses a causa de la pronunciación.
Nos vemos en el siguiente cap! Espero sus comments!
Para el cap 8:
Pista: Aircon
Pregunta: Tetsu regresa a Nagoya y se quedará todo un mes. ¿Qué eventos inesperados les esperan ahora a este par?
Ja nee!
**Jane Ko**
