Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de Petite24 y Altea Kaur, los personajes principales y demás que les suene familiar, es de Rowling.
Placer culpable.
Rose estaba por tocar la puerta que tenía el número siete de plata, pero a último momento bajó la mano y se fue caminando por el pasillo. Era ridículo, no era posible que estuviera allí, buscándolo en su casa cuando ni siquiera estaba invitada. No importaba qué había dicho Dominique, era ridículo.
Y es que desde que Rose había regresado a su departamento a la mañana siguiente de la pijamada con Lily y Dominique, las palabras de la última no habían dejado de darle vueltas en la cabeza…
Yo digo que escribas de inmediato que ella consigue su dirección y va a visitarlo de sorpresa para decirle que sí.
Pero ella ya conocía su dirección, pues la había escrito muchas veces los últimos días por muchos de los trámites de la editorial. Y ahora se la sabía de memoria.
Ni siquiera estaba segura de cómo había llegado hasta allí.
No estaba acostumbrada a pedir consejos, por lo que ese acto era más que desesperado. Sin más, Rose se dio por vencida, reprochándose mil veces por ese acto impulsivo y tonto, y comenzó a caminar por el largo pasillo hasta que escuchó una voz llamándola:
-¡Rose!- era Scorpius, que venía hacia ella para alcanzarla.
Rose se puso más roja de lo que había recordado alguna vez, sólo quería que se la tragara la tierra. Lo había molestado en su casa, seguramente descansaba luego de largas horas de trabajo, si no ¿por qué otra razón llevaría pantuflas en lugar de zapatos?
-Ho… hola- fue el único sonido que pudo emitir.
Scorpius le sonrió abiertamente y explicó:
-El portero me avisó que una mujer pelirroja me buscaba, supuse que eras tú porque conozco muy pocas pelirrojas.
Rose nunca se había sentido tan avergonzada, como si hubiera hecho algo realmente malo.
-Lo siento, no debí venir- dijo entrecertadamente.
-¿De qué hablas?- se extrañó Scorpius.
-Bueno, es tu casa, yo no tenía derecho a…
Scorpius se puso serio, pero en sus ojos resaltaba una chispa de diversión.
-Te preocupas demasiado, Rose. Mis amigos siempre me visitan, me agrada la compañía.
Rose frunció el ceño.
-¿Cómo supiste que venía a decirte que aceptaba ser tu amiga?
-¿Entonces sí vienes a eso?- fue su respuesta, alegre y entusiasmada.
-Pues… sí, eso creo- admitió ¿por qué cuando estaba con él se volvía tan blandengue?
Scorpius soltó un "¡sí!" de felicidad y comenzó a bailar una danza extraña por todo el pasillo.
-Puede que me arrepienta- murmuró Rose para sí, pero pareció que Scorpius la había escuchado y soltó una carcajada.
-Lo siento, Clarice dice que debo dejar de hacer eso- dijo alegremente, aunque sonrojado.
Rose intentó sonreír, pero no podía.
-Ven, no hay que quedarnos en el pasillo- siguió Scorpius haciéndole una seña para que lo siguiera dentro del departamento-. Llegaste justo para atraparme con mi placer culpable- comentó riendo, señalando una mesa de madera en el comedor, donde un gran trozo de pastel de chocolate y un vaso de cristal con leche fría estaban dispuestos.
-No quería molestarte, en serio, ya debo irme- comenzó a decir Rose, pero Scorpius la interrumpió.
-Mis amigos nunca me molestan en nada- repitió-. Quédate un rato. Conociéndote seguramente querrás que hablemos de los parámetros de nuestra amistad y… no puedes decirle que no a ser la primera en saber los lineamientos del "Concurso Greengrass".
-¿Concurso Greengrass?- preguntó Rose confundida.
-Y yo que creía que me habías puesto atención en la junta- bromeó Scorpius-. El concurso en el que participarán todos los de la editorial.
Rose se sonrojó nuevamente, lo había olvidado por completo. Ahora sabía por qué Sam le había dicho que no se haría más el reto de la semana; obviamente nadie se arriesgaría a que les copiaran su trabajo para el concurso.
Scorpius rió nuevamente y se dirigió a la cocina, donde comenzó a sacar un plato y un vaso de cristal de la alacena y un tenedor de un cajón. Después fue a la nevera y sacó un cartón con leche.
-Creo que te preocupas demasiado, Rose, en serio. A cualquiera se le puede olvidar algo del trabajo… a cualquiera se le puede olvidar algo- se corrigió.
-Sí, pero odio que me suceda- comentó Rose apática.
-Creo que a todos, pero eso nos ayuda a soñar despiertos de vez en cuando ¿no crees? ¿qué? ¿qué haces allí parada? Ponte cómoda, en un momento voy.
Rose entonces se sintió regañada nuevamente. Suspiró resignada, a pesar de haberlo pensado mucho, no había analizado todas las posibilidades cuando aceptó ser su amiga. El sujeto estaba loco, de eso estaba segura, pero no sabía hasta dónde llegaba su locura. A pesar de eso, debía admitir que tenía buen gusto. El departamento era luminoso y agradable, había fotografías muy buenas en marcos de madera, una pintura al óleo de un atardecer, los muebles estaban bien dispuestos. Todo en sí era agradable.
-¿Te gusta? Una amiga mía me ayudó a decorar hace poco. Tiene más olfato para este tipo de cosas que yo- rió Scorpius.
-Mejor que mi departamento sí es- comentó Rose con envidia, pero a Scorpius pareció no importarle.
-Albus ya me había dicho que lo detestas. A él le gusta mucho, y yo creo que es muy… pintoresco.
-¿Has estado en mi departamento?- se sorprendió Rose escandalizada, sintiéndose acosada de repente ¿acaso la estaba espiando mientras dormía o algo así?
-Una vez Albus me llevó para ver sus pinturas, le compré una, por cierto.
-¿Fuiste tú?- preguntó Rose extrañada. Tenía el vago recuerdo de que su primo le había dicho que había vendido uno de sus cuadros, pero no pudo recordar exactamente cuándo o cuál.
-Te dije que creo que Albus tiene potencial. Ahora ¿me acompañas?- preguntó Scorpius señalando otro trozo del suculento pastel de chocolate en el sitio libre frente a él.
Rose se ruborizó nuevamente. La verdad era que se moría de hambre, pero no quería causarle más molestias.
-Anda, ya te he dicho que no muerdo- rió Scorpius nuevamente-. Además me harías un favor, si como más pastel parecerá que estoy en dieta de engorda…
Rose no pudo evitar reír y, sin saber exactamente por qué accedía, se sentó frente a él, y se llevó un trozo de pastel a la boca.
Oh, por Dios.
Estaba delicioso.
En serio delicioso.
Nunca había probado algo así. Incluso se atrevería a decir que era mejor que el de la abuela Molly, y eso ya era decir mucho.
-¿Te gustó?- preguntó Scorpius expectante.
Rose sólo pudo asentir con la cabeza. No recordaba haberse sentido así de maravillada antes.
-¿Dónde lo conseguiste?- preguntó Rose poco después, imaginándose que, con todo el dinero que tenía, quizás lo había mandado traer de Suiza o algo así.
-Pues… directamente de reposterías Malfoy- respondió un tanto ruborizado, pasándose una mano por el cabello, despeinándolo un poco.
-¿Qué?
-Yo lo hice hace unas horas- aclaró.
Rose lo miró sorprendida.
-¿Es en serio?
-No suelo mentir.
Rose lo miró entornando los ojos.
-¡Es en serio! Creí que ya habíamos aclarado que no te mentí, sólo… no te conté toda la verdad que aparentemente era muy importante para ti- carraspeó, como intentando desaparecer el momento incómodo y dijo-. Pero en serio, yo lo hice, así que siempre que quieras puedes usarme para abastecerte de pastel.
Rose no pudo evitar reír nuevamente ¿qué le sucedía? ella no era así… ¿o sí?
-No creo que quieras ofrecerme eso, los Weasley tenemos el apetito de un elefante, si no pregúntaselo a mi abuela, cada vez que vamos a las reuniones de los domingos hace comida como si fuera a alimentar a todo un pelotón…
Scorpius rió nuevamente ¿qué acaso reía por todo? Parecía que no era de los que pensaba mucho lo que haría después, y no sabía si eso le agradaba o no.
-¿Tienes una familia muy grande?
Rose asintió.
-Somos bastantes, de hecho. Mi papá tan solo tiene cinco hermanos y una hermana, a eso sumados sus respectivas esposas y esposo, junto con sus hijos y los hijos de sus hijos; aunque hasta ahora sólo Victorie está casada. Mis primos son muy agradables, el problema a veces son nuestros padres…
Rose se sorprendió de nuevo hablando sobre su familia con tal normalidad que parecía que hablaba con un viejo amigo… o quizás así se sentiría, pues no podría saberlo en realidad porque no tenía ningún amigo de más de dos o tres años de conocer.
-Eso debe ser genial, tener muchas personas a quienes acudir, las fiestas familiares… en mi familia sólo somos mis padres, mi tía Daphne y yo- comentó Scorpius.
-No es genial que se metan en tu vida a cada rato- aseguró Rose pensando en sus padres-. La verdad te envidio un poco. Tus padres te apoyan, no tienes quien interfiera en tus planes.
-Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde- aseguró Scorpius-. Deberías estar agradecida con tu familia. Si a veces interfieren es porque te quieren.
Rose no dijo nada. Pero estaba segura de que su madre no coincidiría con Scorpius acerca de eso.
-Veo que… estás algo incómoda- comenzó a decir Scorpius y Rose no podría estar más de acuerdo- ¿qué te parece si hablamos de los parámetros de nuestra amistad? Hay que dejar todo claro.
-Me parece bien- afirmó Rose. Al fin algo en lo que era buena, los planes.
-¿Tienes alguna idea?
-Algunas- "mentirosa" dijo una vocecita en su cabeza, recordándole que no había dejado de pensar en eso las últimas horas.
-Te escucho.
-Bien- comenzó Rose, pensando por dónde comenzar-, primero que nada nadie debe de saberlo, ni siquiera Albus. Por lo que en la oficina no se puede hacer mención a esto ¿de acuerdo?
-Comprendo y lo acepto ¿puedo hacer una sugerencia?
-Claro.
-Tengamos algo así como una clave.
-¿Clave para qué?
Scorpius se encogió de hombros.
-No lo sé… si quieres hablarme de algo o yo a ti y estamos en el trabajo decimos algo así como… "la mula cruza el charco" y luego le preguntas a mi tía si quiere más café y después yo salgo también- terminó feliz por su hazaña.
Rose no pudo evitar reír.
-¿La mula cruza el charco?
Scorpius rió con ella y dijo.
-No me culpes, fue lo primero que se me ocurrió.
-¿Por qué no simplemente te pregunto si quieres café si necesito decirte algo o tú me pides café si quieres decirme algo?
-Eso tiene más sentido- rió Scorpius.
-Bien, me parece buena idea, porque no quiero que la señorita Greengrass crea que me aprovecho de la situación. Fui muy afortunada con que me eligiera para ser su nueva asistente y no quiero echarlo a perder.
-¿Y cómo será esto? ¿Nunca le diremos a nadie que somos amigos?
-Creo que es lo mejor, al menos por el momento- confirmó Rose. Lo cierto era que estaba nerviosa, pues como le había dicho en otras palabras a sus primas la noche anterior, no estaba acostumbrada a tener amigos y sus amistades siempre terminaban en desastre.
Rose se lo pensó otro momento, pero sólo encontró algo más que agregar:
-Y dejarás de mentirme.
Scorpius puso los ojos en blanco.
-Bien, dejaré de mentirte- rió.
-Entonces acepto.
-Y a mí me alegra que aceptes- dijo Scorpius con una gran sonrisa.
Rose se sentía como si estuviera cerrando algún trato importante. No solían sucederle situaciones por ese estilo. Generalmente sólo conocía personas por ser amigos de su familia, por lo que Scorpius también llamaba bastante su atención. Había dejado de pensar en su objetivo de hacerle ver a su madre que estaba equivocada, ahora sólo podía pensar en qué sucedería después. Su corazón palpitaba más rápido de lo común debido a la emoción, o eso creía Rose.
-Cuéntame más de ti- pidió Scorpius unos segundos después.
-¿Qué te gustaría saber?- preguntó Rose dejando el tenedor sobre el plato.
-¿Cuál es tu color favorito?
-¿En serio? ¿Es lo que quieres preguntarme?- Rose se sorprendió por la pregunta, ya que era demasiado trillada y poco informativa.
Scorpius se encogió de hombros, divertido.
-Bien, es el azul ¿Y el tuyo?
-Todos ¿Comida favorita?
-Pastel de chocolate- dijo señalando su plato ahora vacío, haciendo sonreír a Scorpius.
-Ese es un postre ¿cuál es tu comida favorita?
Rose bufó.
-Lasaña ¿y la tuya?
-Curiosamente es la misma. Y, te lo preguntes o no, mi postre favorito es el helado de limón. Ahora ¿cuál es tu libro favorito?
-La Divina Comedia ¿El tuyo?
-¿Soy yo o me estás robando mis preguntas?
-No se me ocurre nada qué preguntar- dijo Rose a modo de disculpa.
-Bien. Veamos, mi libro favorito… El secreto de Adán.
-Nunca lo había escuchado ¿de qué es?
-Pues habla de la Atlántida, del ADN y cosas por el estilo.
-¿La Atlántida?- se burló Rose.
-Sí, la Atlántida. Mis creencias son del tipo New Age- comentó despreocupado.
Rose observó que llevaba colgada una piedra que parecía un cuarzo color violeta ¿cuánto tiempo lo había llevado y ella no se había dado cuenta? Había visto ya a mucha gente con cosas como esas, y ahora sabía por qué le parecía loco el sujeto frente a ella…
-Así que eres una de esas personas…- comentó Scorpius viéndola suspicaz.
-¿A qué te refieres con eso?- preguntó ceñuda.
-Ya sabes, de las escépticas.
-Siempre me enseñaron a ver los hechos, es todo- dijo Rose un tanto ofendida.
-Lo siento, no quería insultarte- se disculpó Scorpius.
Rose se encogió de hombros, sin sentirse nada ofendida. Por si las dudas, decidió cambiar de tema.
-Se me acaba de ocurrir una ¿vives solo?
-A veces sí, a veces son Lucy, pero no siempre- contestó quitándole importancia.
Rose estaba a punto de preguntar quién era la tal Lucy, pero sintió que podía pasarse de la raya.
-Dime una característica tuya- siguió Scorpius.
Rose se lo pensó un momento y respondió:
-Soy muy terca.
-Bueno, yo no puedo decir mentiras.
Rose rió sarcásticamente.
-¿Es en serio?
-Muy en serio. No me gusta que me mientan, por eso no lo hago.
Sorprendentemente, Rose sentía que podía bajar la guardia y relajarse cuando estaba con él. Era extraño, ya que prácticamente no lo conocía y eso nunca le había sucedido con nadie, pero si era verdad que no mentía, quizás sí era alguien en quien se pudiera confiar.
-Entonces ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?- siguió Scorpius.
-Escribir.
-¿Aparte de eso?
-No lo sé… ¿leer?
-Está bien, pero ¿algo que no involucre tu trabajo?
-Mi trabajo es mi vida.
Scorpius no insistió más, pero en su rostro había una mirada que Rose no podía identificar.
-¿Dónde aprendiste a cocinar así?- preguntó Rose haciendo alusión a la rebanada de pastel que ahora ya sólo era un recuerdo.
-Pues… cuando estaba de viaje tenía que ganar dinero para sobrevivir, así que generalmente trabajaba como cocinero y aprendí mucho. Eso y que a mi padre siempre le gustó la cocina, dice que tuvo que aprender porque mamá es bastante mala cocinando- rió.
Rose se sorprendió. No había imaginado que Scorpius había trabajado en otra cosa que no fuera la editorial de su familia, pues ¿no se suponía que ya tenía suficiente dinero? De todos modos no dijo nada, no quería parecer entrometida.
Después de un rato más de preguntas y respuestas, Rose decidió que ya era hora de retirarse.
-¿Segura que no quieres ver lo del "concurso Greengrass"?- preguntó Scorpius por enésima vez.
-Segura- afirmó Rose disimulando que se moría de ganas por verlo-, eso me daría ventaja sobre los demás ¿no crees?
-Si tú lo dices…
Rose se levantó de la silla y le dio las gracias a Scorpius por haberla recibido.
-No fue nada, regresa cuando quieras- sonrió Scorpius acompañándola a la puerta.
Cuando Rose ya se encontraba en la calle caminando para entrar en la estación de metro más cercano, una radiante sonrisa se posaba en su rostro, sintiendo que ya nada podría salir mal.
Hola! Aquí les dejo el capítulo, un día antes de lo esperado en agradecimiento a las lindas personitas que han dejado sus comentarios xD
Esperamos les haya gustado. Al fin el momento tan esperado Rose/Scorpius, que aunque no fuera de amor, marcará un punto demasiado importante en la historia.
El libro que menciona Scorpius, El secreto de Adán, yo lo leí y me pareció fantástico! Explica montones de cosas que la humanidad se ha preguntado desde siempre. Si tienen la oportunidad de leerlo, se los recomiendo mucho, está en forma de novela, pero todos sus datos están documentados xD
En fin, sin más, me despido no sin antes desearles la mejor de las semanas! Petite24 y yo ya entramos a clases el lunes, así que deséenos suerte!
Besos!
