Un encuentro casual

Ino Yamanaka siempre había estado convencida de que Kiba Inuzuka sólo se había casado con ella porque estaba embarazada. Y eso quedó confirmado cuando Kiba se marchó del pueblopara perseguir el sueño de convertirse en piloto de carreras en cuanto ella perdió el niño. Ino había seguido adelante con su vida desde entonces. Se mudó a la gran ciudad y se convirtió en organizadora de bodas, ayudando a las novias a tener el gran día que ella no pudo tener. Imagina su sorpresa cuando al mirar hacia el pasillo de la iglesia durante una ceremonia se encuentra con los ojos de su marido. ¡Un hombre del que no había vuelto a saber nada en siete años!

CAPÍTULO 7

Ino se encogió de hombros. Pero Kiba insistió:

-O sea, que estabas preocupada por mí.

-Más bien, muerta de miedo. Veía todas las carreras de Fórmula Uno en televisión, esperando saber algo de ti. Hasta que vi cómo moría un corredor en una explosión... Después de eso no pude seguir viéndolas. Temía que fueras tú cualquier día.

El miedo que había sentido se notaba en su voz.

-Es raro que alguien muera en un circuito de carreras -dijo Kiba, sabiendo que esa era la preocupación de todas las familias de los pilotos.

-Quizá, pero ocurre. Así que dejé de ver las carreras y seguí adelante con mi vida.

-Ya, dejaste Konoha y te viniste a Tokio. Yo pensaba ir a casa después de la boda, ¿sabes?

Kiba se preguntó qué habría hecho si hubiera llegado allí y no la hubiese encontrado.

-¿Por qué?

Él respiró profundamente. No sabía qué contestar y se alegró de que llegara el camarero con los platos. Pero esperó hasta que se quedaron solos antes de hablar.

-Pensé que había llegado el momento de hacer las paces.

-Han pasado siete años. ¿Por qué crees que alguno de los dos quiere hacer las paces?

Debería haber sabido que no sería tan fácil. ¿Cómo reaccionarían sus padres? ¿No habrían recibido sus cartas? Tampoco ellos le habían escrito.
Kiba intentó tomar su mano, pero Ino la apartó.

-Yo no quería hacerte daño, Ino. Pero quería aprovechar mi oportunidad. ¿Nunca has querido algo de tal forma que habrías hecho lo que fuera por conseguirlo?

Ella no se movió, pero Kiba sabía lo que estaba pensando. ¿En él?

-Debería haber vuelto a casa, lo sé. Te pregunté más de una vez en mis cartas si querías ir a verme. Como no contestaste, pensé que eso era un no. Te escribía a menudo, pero nunca contestabas...

-Las famosas cartas -murmuró ella, incrédula.

-Ino Inuzuka, Apartado de Correos 10, Konoha -recitó Kiba.

-Yo nunca he usado ese apartado de correos. Te fuiste y yo volví a casa de mis padres... aunque a ellos no les hizo ninguna gracia que me casara contigo. Supongo que después de un año, cuando no se renovó la suscripción deberían habértelas devuelto.

-Es que no puse remitente. Viajaba mucho, nunca sabía dónde iba a estar. En una de las cartas te daba mi número de móvil y la dirección de la oficina de mi patrocinador. Ellos me mandan el correo donde esté.

-¿No tienes una casa en alguna parte?

Kiba negó con la cabeza.

-Tengo entrenamientos, estrategias y carreras por todo el mundo. Ya te he dicho que viajo mucho.

-Pero todo el mundo tiene una casa.

-Yo pensé que la mía estaba en Konoha. Ahora veo que no.

-¿Creías que iba a esperar en ese apartamento diminuto hasta que tú te dignaras a volver? ¿Durante siete años? Kiba, tú estás loco.

Por alguna razón, Kiba había creído exactamente eso. En su mente, Ino se había quedado en aquel sitio, sin moverse. Sin dejar de adorarlo. Pero eso había sido una fantasía. Cuando ella no contestó a ninguna de sus cartas supo que su matrimonio estaba roto.

Pero quería una oportunidad para cambiar las cosas.

-Pensé que me esperarías.

Sonaba absurdo al decirlo en voz alta. Ella era una chica demasiado vital, demasiado activa. Había sido ridículo pensar que iba a esperarlo.

-En cuanto pude reunir algo de dinero me vine a Tokio. Al menos aquí nadie sabía que mi marido me había abandonado dos semanas después de la boda.

-¿Cuando pudiste reunir algo de dinero? ¿Cuánto dinero necesitabas? ¿Y el dinero que yo te mandaba?