Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de la autora Rumiko Takahashi, yo solo los cojos prestados sin ánimo de lucro.
Advertencia: Fic con vocabulario y escenas no aptas para menores de 18 años. Contiene escenas de dos rombos. Si eres sensible a esos temas o menor de edad, no recomiendo que leas su contenido. ¡ Este capítulo contiene lemon!
Pesadillas agridulces
Estando en este miedo vino el marido no conocido, y
subiendo en la cama hizo su mujer a Psiches, y antes que fuese el día
partiose de allí y luego aquellas voces vinieron a la cámara y comenzaron a
curar de la novia, que ya era dueña
Lucio Apuleyo. El asno de oro. Libro IV, Capitulo V
Eros y Psique
Después de chillar y llorar, decidió dejar de dar patadas pues supuso que nadie la escucharía. Sentía que el cuerpo le dolía pero estaba en un mundo donde la inconsciencia ganaba terreno. Tumbada en el suelo y con el vaivén doloroso que hacía su cuerpo y la fricción punzante en su interior, vio una ventana abierta por donde se podían ver las nubes blancas y el cielo azul y claro. Las espesas lágrimas volvieron a recorrer su cara, quería luchar, quería sacárselo de encima, pero había recibido tantos puñetazos que le habían hecho perder las ganas.
De repente, escuchó algo romperse y un quejido por parte de su agresor, viendo como unas fuertes manos lo empujaban lejos de ella. Unas manos suaves la tapaban con una manta y la ayudaban a levantarse mientras veía el espectáculo delante de sus ojos.
Su padre había cogido a su agresor y arremetía contra él con todas sus fuerzas intentando que reaccionara, pero el agresor era más fuerte que él y con una sonrisa diabólica sacó una navaja ya manchada con la sangre de ella. Su padre, sobrio gracias a la rehabilitación, tenía una botella rota en la mano para defenderse de las estocadas que le hacía con el arma. En un movimiento rápido, Naraku enterró el arma en el pecho de su padre haciendo que este cayera de rodillas. No contesto con eso, hizo una incisión vertical traspasando todo el pecho hasta el estómago, provocando que su padre se desangrara dolorosamente.
Naraku se giró hacia ellas pero su madre se puso delante protegiéndola mientras insultaba al agresor. Sin miramientos, él le pateó el estómago y le clavó el cuchillo en la espalda quitando su cuerpo de una patada.
Se giró hacia ella, con los ojos completamente desquiciados y una sonrisa lobuna. Se acercó queriendo acabar el trabajo, lentamente saboreando el miedo en los ojos de la joven. Sintió el aliento del agresor en su piel el miedo se apoderó de ella y lo único en lo que atinó fue en gritar.
-Kagura, Kagura – Sesshomaru, desesperado intentaba despertar a la muchacha de esa pesadilla tan intensa - ¡Kagura! – al tocarla ella abrió los ojos, dándole una cachetada en la cara y recogiéndose en la cama, aun viendo la cara del agresor delante – tranquila, soy yo
-¿Sesshomaru? – aun con los nervios a flor de piel y con el miedo palpable en su cuerpo, la mujer miró a su alrededor reconociendo la habitación, recordando lo que había pasado la noche anterior. Lo miró a los ojos viendo la marca roja en su cara – lo siento… yo no sabía
-Tranquila – con cuidado le tocó la mejilla para limpiar sus lágrimas – me he levantado un momento para hacer el desayuno y te he escuchado. ¿Qué pasaba en esa pesadilla?
-Algo de lo que aún no puedo hablarte – ella se encogió nuevamente – lo siento – él simplemente la miró y asintió, besando los labios de la mujer quien se sorprendió.
-La próxima vez te despertaré con un beso, parece que así no reaccionas negativamente – se levantó dejando a la mujer completamente pasmada por la reacción del detective – el desayuno te espera en la cocina, vístete y vamos a tu casa.
-¡Rin! – se levantó a toda prisa y cogió su vestido, pasando por el lavabo para cambiarse. No recordaba que la niña estaba sola con Batman y Joker capitoneando una guerra sin retorno.
Desayunaron algo ligero y salieron del apartamento para dirigirse al de Kagura. Eran las nueve y media de la mañana de un domingo y todo estaba desierto por las calles. Llegaron al apartamento de la periodista, aparcaron y subieron en el ascensor. Al llegar a la puerta, Kagura sacó la llave del apartamento y abrió lentamente.
El recinto estaba sumido en un silencio profundo, no se escuchaban ni ruidos, ni chillidos ni peleas. La pareja entró, se descalzó y fue a la habitación de Rin, viéndola dormida plácidamente. Kagura se sorprendió de que Kagome no hubiera dormido con ella, pues aunque las pesadillas se habían reducido, ella nunca había dejado sola a Rin ninguna noche.
-¿Dónde están aquellos dos? – preguntó en un susurro la periodista
-Supongo que durmiendo en alguna habitación – dijo él mientras cerraba la puerta suavemente. Al hacerlo, escuchó unas risas y alguien pidiendo que se bajara la voz.
-No puede ser – Kagura miraba sorprendida a Sesshomaru el cual miraba la puerta del fondo del apartamento de donde habían salido los ruidos - ¿Tú hermano no habrá sido capaz de traer a una conquista suya aquí no?
-Si ha hecho eso, ten por seguro que lo mataré – decretó el albino encaminándose hecho una furia hacia la puerta. Detrás de ella se escuchaban más risas y jadeos enervando los nervios del detective – sin duda lo mataré – y sin miramientos abrió la puerta.
Lo que vieron allí, fue una de las escenas más grotescas que podían llegar a ver, pero que se recordarán toda la vida. Inuyasha había caído de espaldas al suelo siendo tapado por un trozo de sabana que había caído con él. Por otra parte, Kagome se encontraba sentada en la cama, con los ojos abiertos de par en par y tapándose como podía ante la mirada inquisidora de los dos recién llegados.
La ropa estaba esparcida por toda la habitación, junto con algunos cojines y el cobertor de la cama. Parecía que había habido una auténtica batalla campal, en la que había salido perdiendo la habitación en sí.
-Em… os esperamos fuera – Kagura sacó a Sesshomaru de la habitación y antes de cerrar la puerta guiño el ojo a la detective.
-Mierda – maldijo Kagome tapándose la cara con las manos – a la mierda el secreto
-Al menos ya saben que no estás enamorada de mi hermano – con su completa desnudez, se levantó y se sentó en la cama – a los dos les ha quedado claro – y la besó en los labios.
Salieron al escuchar ruido en la cocina. Rin ya estaba vestida y comía unas tostadas y unos cereales mientras Sesshomaru y Kagura la miraban y hablaban. Cuando levantaron la cabeza vieron a la joven pareja salir del pasillo algo despeinados y vestidos con las ropas de ayer.
-Rin ¿qué te parece si llamamos a Kohaku? Hoy podría venir a visitarte – la niña asintió – pues vístete y arregla tu habitación, así podréis jugar allí también – ella se levantó, dejó las cosas en el fregadero y se dirigió a su cuarto, con una sonrisa en el rostro.
-Parece que habéis dormido bien – aseguró el detective con sorna – pensaba que os odiabais
-Nosotros pensábamos lo mismo – Kagome se sentó al lado de Kagura e Inuyasha al lado de su hermano – lo conozco desde hace mucho tiempo y siempre pensé que era un estúpido Don Juan
-Llevo enamorado de ella desde que la conocí – aseguró el médico – pero las circunstancias en ese momento no me dejaron seguir adelante. Y cuando pensé que estaba enamorada de ti… – miró a su hermano con ira
-Cuando Kagura me dijo lo que todo el mundo pensaba, me asusté y decidí dejar las cosas claras
-Es una forma contundente de dejarlas claras, sí – aseguró la periodista – pero os vais a llevar esas sábanas y lavarlas – apuntó con un dedo a la detective, la cual asintió efusivamente – por cierto Kagome, hay algo que quiero enseñarte, al menos para que se lo des a Kaede – la joven asintió y se levantó junto a Kagura para dirigirse al ordenador aun encendido.
-¿No eras tú quien decías que Kagome era como su hermana? –preguntó el mayor
-Debía de asegurarme de que no me la robaras – contestó el otro – es completamente diferente a su hermana. Ella tiene un corazón afable y sincero, incluso se preocupaba de aquel degenerado que acosaba a Kikyou.
-¿Cómo?
-Cierto, tú estabas en tu mundo idílico – protestó juguetón su hermano – Kikyou se había acostado un par de veces con aquel loco mientras salíamos. Cuando intentó apartarlo, él empezó a acosarla y a seguirla a todos lados. Una vez confundió a Kagome con Kikyou y tuve que pegarle un puñetazo para que se apartara. Fue así como descubrí por la boca de Kagome, quien era en realidad mi querida mujer.
-¿Sabes su nombre?
-No, solo sé que era alto, con cabellos negros y unos ojos cobrizos. Tenía una mirada completamente ida y en cuanto reconoció a Kagome quiso acercarse y disculparse, pero no se lo permití. Volvió a disculparse y se fue dejándonos a ambos desconcertados. Poco después, Kikyou había pedido el traslado y se iba a Alemania para seguir con su estudio de la mitología.
-De qué me sonará esa descripción – Sesshomaru intentó buscar en algún resquicio de su memoria, el lugar donde había escuchado algo así. Estaba a punto de conseguirlo cuando escuchó un lamento procedente de la habitación donde estaba el ordenador.
Los dos hombres se levantaron y fueron directos hacia el cuarto donde Kagura intentaba consolar a Kagome la cual apartaba la mirada del monitor mientras aguantaba las lágrimas. Los hermanos miraron el monitor viendo un gato descuartizado, solo uno de ellos reconoció al felino como el animal que cuidaba la detective en su casa.
-Parece que la mafia ha entrado en su casa y han matado al animal – Kagura le pasó a la destrozada Kagome a Inuyasha – lo que no entiendo es ¿por qué me lo enviarían a mí?
-Porque saben que algo escondéis – Sesshomaru vio el mensaje extrañado. Se envió el correo a su cuenta para poder analizarlo mejor
-No buscan a la niña, buscan una mochila rosa que ha desaparecido – agregó Kagome, algo más repuesta de la imagen
-¿Esta? – una voz dulce pero a la vez temblorosa se hizo presente en aquella habitación. Rin traía consigo una mochila de color rosa con el dibujo de una gatita azul - ¿han hecho llorar a Kagome por esto? – preguntó a punto de llorar también
-Cariño, no es culpa tuya – Kagura se agachó hasta quedar a su altura - ¿Qué contiene esa mochila? – Rin le pasó el objeto a la periodista que lo abrió y empezó a inspeccionarlo – parece que tiene algo en el forro.
-Déjame ver – Sesshomaru sacó una navaja multiusos y abrió el forro de la mochila. Rebuscó en ella hasta encontrar un pendrive metálico de dimensiones pequeñas
-¿Esto puede ser la famosa grabación? – preguntó la periodista a Kagome quien asintió. Kagura miró a la niña al escucharla hipar - ¿sabías que estaba ahí? – pero la niña negó.
-Hay que hacérselo llevar a Sango y a Kaede, lo escucharemos y si tiene algo que nos pueda ayudar en contra de los Wolf, les haremos pagar – aseguró la detective.
-Déjame el pen, haré cuatro copias para poder llevarlas a los destinatarios. Por lo demás lo guardaré en mi ordenador, si se pierden aquí estarán seguras.
-¿Y si queman ese aparato? Lo perderemos todo – contradijo Inuyasha
-Tengo una base de datos que está sincronizada con una cuenta propia en internet. Puedo conectarme desde cualquier dispositivo con mi contraseña para poder mirar mis archivos – se sentó en el ordenador y empezó a teclear con rapidez. Luego empezó a grabar en cd's el archivo requerido guardándolos en diferentes estuches – bien, con esto servirá.
-Le haré llegar esto a Kaede – sugirió Kagome cogió una de las copias – nos vemos esta noche – le dio un beso a Inuyasha y se dirigió a buscar sus cosas para salir del recinto.
-Yo me voy también – agregó el médico – tengo guardia esta tarde – hizo un gesto con la mano y se apresuró a salir detrás de la detective.
-No me gusta nada esto, Sesshomaru – Kagura abrazó a Rin quien había empezado a gimotear
-Llamaremos a Sango debe tener también su copia – se agachó y cogió a Rin con un brazo mientras ella se agarraba a su cuello – ¿me enseñas a jugar para ganarle al estúpido de mi hermano? – la niña asintió pero no dijo nada. Con la otra mano, Sesshomaru cogió a Kagura por la cintura y la atrajo hacia él – ya no estáis solas.
A Kagura se le iluminó la mirada. Esa simple frase la llenó de dicha y de gloria, pues tenía miedo, miedo de lo que pudiera pasar, miedo de Naraku, miedo de que todos y cada uno de los elementos que pudieran hacer daño a su vida se juntaran para romper la maravillosa burbuja de felicidad que se había creado. Pero esa simple frase le daba fuerzas para luchar contra todo aquél que le quisiera hacer mal.
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La luz tenue de la mañana se dejaba entrever por la ventana, iluminando la gran cama en la que se encontraban dos cuerpos desnudos disfrutando de la compañía mutua. Se miraban a los ojos mientras él le acariciaba la mejilla suavemente en un compás ameno y tranquilo. Se respiraba una frescura incomparable a todas las mañanas que se habían despertado juntos y es que ellos sabían que esa iba a ser la última mañana tranquila en sus vidas en mucho tiempo.
Ayame besó los labios de Kouga, hombre corpulento, con los ojos azules y cabello negro. Tenía una cicatriz en el antebrazo que le recordaba a la familia que pertenecía y que debía ser el líder de la misma en un futuro. Pero él no era así.
La mujer había descubierto una faceta diferente en él, pues debajo de toda aquella fachada dura, se escondía un amante de los animales que hubiera querido estudiar para ser veterinario. Ella misma se sorprendió y pensó que era una tapadera para que se confiara y luego matarla. Pero habían pasado varios meses desde que estaba infiltrada en la familia Wolf y nunca le había pasado nada.
Pero ella presentía que algo no andaba bien, pues Kouga había actuado de una forma extraña esa noche. Se había sentido como un gladiador comiendo su última cena antes de la batalla, la había colmado de regalos y la había tratado como una reina.
-Sabes que te quiero ¿verdad? – como si hubiera escuchado los pensamientos de la mujer, Kouga volvió manifestar su amor verbalmente – nunca olvides eso
-Ya está bien – protestó la mujer – no me quejo de que proceses tu amor hacia mí de una forma tan dulce, pero tú no eres así. ¿Qué ocurre?
-Pensaba que tardarías un poco más en preguntarme – sonrió y se sentó en la cama dejando su torso desnudo – debes irte
-¿Qué? – Ayame se sentó asustada olvidando que ella también estaba desnuda
-Han descubierto una conexión tuya con tu verdadera identidad – ella abrió los ojos – sí, sé que eres detective, lo supe la primera vez que inspeccioné tu bolso – ella abrió los ojos – tuviste suerte de que ya me hubiera enamorado de ti en aquel momento
-¿Entonces todos…?
-Nunca iba a traicionarte y más cuando descubrí que estabas buscando la manera de salvarme – ella bajó la cabeza – pero no he podido aguantar mucho más tu tapadera. Ellos no solo sospechan de ti sino también de mí y mi padre ya no cree lo que le estoy diciendo
-Pero si me voy, te mataran – con la mano en su mentón, Kouga levantó la cabeza de la muchacha para que lo mirara a los ojos, viendo que esta lloraba
-Sonará egoísta, pero prefiero morir a vivir toda una vida sin ti – la besó y se levantó de la cama – vístete, tengo un paquete para ti antes de que te vayas.
-Kouga, no puedo dejarte aquí – ella se levantó y empezó a vestirse – ven conmigo
-¿Y cómo voy a conseguir que huyas de aquí? – se puso los pantalones y sacó un sobre marrón – aquí tienes todo lo que necesitas para encerrar a toda la familia e incluso para conseguir encontrar a la Araña
-La Araña ha sido arrestada - se puso el tejano y una camiseta blanca – ha salido en todas las noticias – se puso las bambas y se recogió el pelo pelirrojo
-Ese no es la auténtica Araña, alguien le ha tendido una trampa – Kouga se acercó a ella y se agachó a su altura – cógelo por favor, no nos queda mucho tiempo.
-Sabrán que me has ayudado – sus ojos esmeraldas se llenaron de lágrimas – no te volveré a ver
-Pero yo habré hecho algo bueno. No pude salvar a aquella familia pero puedo hacer que aquellos que la mataron paguen por ello – la besó nuevamente – nos queda poco tiempo, vete – se levantó dejando en su regazo el paquete y se dirigió al armario de madera, buscando una camisa – en cuanto me asegure de que estás a salvo confesaré que he traicionado a la familia. Espero que en cuanto descubran quien eres ya puedas encarcelarlos – escuchó un ruido procedente de su espalda, con la camisa desabrochada se giró mirando a su enamorada – Pero ¿qué…?
-No puedo permitir que hagas eso – las lágrimas recorrían su cara, no permitiéndole ver bien. Aun así, tenía su arma sin el silenciador apuntando al cuerpo del joven – entiende que no puedo dejar que lo hagas
-Ayame, por favor – suplicó Kouga sabiendo lo que se proponía – así no
-Lo siento – disparó el arma dando en el blanco certeramente. Él cayó al suelo como un saco de patatas – te quiero – le aseguró mientras lo ataba de pies y manos.
Luego removió toda la habitación como si hubieran entrado a robar. Abrió el ordenador de Kouga y tecleó todas las teclas, haciendo que saltara la alarma y despertara a los matones de seguridad. Disparó dos veces más hacia la puerta y cuando estuvo segura de que todos estaban aglomerados detrás de esta, salió por la ventana, con las pocas pertenencias que tenía.
Escuchó como daban la voz de alarma mientras ella corría por las calles. Limpió el arma de huellas y la tiró a un contenedor mientras corría para salir de la zona de los Wolf. Sabía que lo que había hecho había acabado con su felicidad amorosa, pero era la única manera de que nadie más a parte de ella saliera ileso.
Llegó a la estación de bus y cogió el primero que llegó, ya no podría ir a su casa ya que seguramente la estarían esperando. Bajó en el centro donde compró unas lentillas oscuras y un tinte negro para el cabello, fue a un restaurante e hizo la mágica transformación como si de una cenicienta se tratase. Se cortó el pelo dejándolo por los hombros y se puso un aro de pega en la nariz.
Se miró en el espejo del lavabo del restaurante. Su semblante había cambiado completamente, solo alguien que la conociera muy bien, sabría que ella en realidad era una agente de la agencia de detectives Thor's Home. Y aquellos que la conocían muy bien por suerte estaban muertos.
Por un momento se quitó las oscuras lentillas y lloró desconsoladamente. Sabía a lo que se enfrentaba al aceptar que se había enamorado de un componente de la mafia. Pero no esperaba que fuera tan pronto. Aun con lágrimas en los ojos, Ayame vació todo el bolso rompiendo por enésima vez los forros para encontrar algún transmisor. Pero lo único que halló fue una foto de ella y Kouga con un mensaje detrás.
"He eliminado todos los rastreadores, en cuanto salgas de aquí no habrá nadie que pueda dar contigo. Recuerda que siempre te querré."
Se secó las lágrimas y tomo una decisión con determinación. Se mojó los ojos y volvió a introducir las lentillas acostumbrándose un poco a la intrusión en sus ojos verdes. Después, eliminó todos los documentos relacionados con su vida en la mafia, identificaciones de todo tipo y apagó el móvil. Si habían trasteado sus conversaciones con Sango buscando algo, seguro que podían rastrear su posición por GPS.
Lo tiró todo al wáter y eliminó los restos de tinte que había dejado por el baño. Se puso unas gafas falsas de pasta gruesa, haciendo que su aspecto cambiara más notablemente. Se miró por última vez al espejo y asintió satisfecha con su trabajo.
Salió del restaurante con el sol de mediodía sobre su cabeza. Con tranquilidad, dirigió sus pasos hacia Thor's Home, pues si lo que Kouga le había dicho era verdad, en su poder tenía las pruebas necesarias para acabar con los Wolf y vengar así todas las muertes de mano de aquellos monstruos sin ley.
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Rin había caído rendida en el sofá después de jugar un rato con Sesshomaru al Assasin's Creeds, por lo que el detective la llevó a su cuarto para que durmiera. Ninguno de los tres había comido mucho, ya que todos estaban alarmados por la palpable amenaza de la familia Wolf.
Kagura había contactado con Sango para explicarle la situación en la que se encontraban. Ella le había comentado que había recibido una llamada importante y que estaba esperando a alguien, pero que en cuanto solucionara el asunto iría a su casa.
Eran las tres de la tarde y tanto Sesshomaru como Kagura se encontraban en el salón mirando hacia ninguna parte. La periodista había cambiado el vestido rojo por una camisa de botones fina a cuadros y unos tejanos, sintiéndose más cómoda con el nuevo atuendo.
Miró al detective que también llevaba ropa casual, unos pantalones cortos por la rodilla y una camiseta de Iron Maiden. Sonrió recordando la conversación que habían tenido en el coche, nunca se hubiera llegado a imaginar a aquel hombre tan serio y frío ser un fiel seguidor de Manowar dándolo todo en un concierto. Sin poder evitarlo, se le escapó una sonrisa.
-¿Tengo algo que te parece gracioso? – aunque el tono fuera desagradable y osco, Kagura supo identificar un destello divertido en los ojos del detective
-No más de lo normal – respondió con una sonrisa
-Parece que el humor ha mejorado desde esta mañana – Sesshomaru se acercó a ella sentándose a su lado
-Si no me hubiera tomado las cosas con humor no tendría nada por lo que vivir – hizo una mueca parecida a una sonrisa. Él la abrazó por la espalda – sí que te tomas tantas libertades y solo hemos tenido una primera cita
-La verdad es que ni yo mismo me reconozco – la apretó más hacia él, provocando que ella dejara su cabeza recostada en su hombro - ¿hace mucho que tienes pesadillas? – volvió a sacar el tema de esa mañana
-Las tenía hasta que Rin llegó a mi vida – suspiró – la niña no podía dormir sola y me quedaba velando por ella toda la noche así que caía rendida de cansancio
-¿Puedes contarlo ahora? – insistió el detective
-No te das por vencido ¿verdad? –el detective no sonrió, pero asintió como si fuera una cosa lógica – simplemente un demente asesinó a mis padres y yo no pude hacer nada – explicó
-Mírame – la mujer obedeció la suave orden sin pensarlo mucho – ¿solo es eso? ¿No ocurrió nada?
-Es demasiado vergonzoso como para hablar de ello – volvió a cerrarse en su misma. Odiaba tener que hablar de algo relacionado con su pasado. Sintió como la mano de Sesshomaru empezó a acariciar su hombro - ¿qué haces?
-Ya que no puedo llegar a ti de forma comunicativa – la mano pasó del hombro a la espalda – lo haremos de otra manera
-Sesshomaru no estoy – no pudo acabar la frase pues en el momento en el que levantó la vista sus labios fueron invadidos por los de él
-¿Confías en mi? – la pregunta simple requería una simple respuesta pero tenía un complejo procedimiento en la mente de la mujer. Confiar era algo a lo que ella no se había acostumbrado. ¿Qué había pasado con aquello de esperar? ¿se había olvidado de ir despacio?
-No es fácil confiar en alguien – aunque su mente la mantuviera alerta, su cuerpo estaba actuando por instinto, olvidando todas las órdenes que le indicaba el cerebro.
-Te lo preguntaré de otra manera – el detective le dio un beso en la frente y en la mejilla, sin parar de masajear la espalda lentamente –¿tú tienes fe en tu criterio Kagura? –ella lo miró – pues si tienes fe en tu criterio tienes confianza en mi
-Eso es una forma muy astuta de dar la vuelta a la situación ¿no crees? – mientras hablaba disfrutaba de los dedos masculinos recorriendo su espalda
-Es un hecho que los detectives conseguimos lo que queremos – se miraron y sonrieron – no cierres los ojos – ordenó – quiero que en todo momento sepas que soy yo
La beso suavemente, disfrutando de las sensaciones suaves de los labios de la periodista. Kagura no había acabado de procesar las palabras cuando la mente dejó de pensar cediendo a un creciente fuego que crecía en su interior.
Sintió como él ejercía presión entre sus caderas pero de una forma suave y tentadora. El beso se fue haciendo cada vez más intenso siguiendo el compás de las caricias que recibía el cuerpo femenino.
Kagura quería participar, pero se sentía demasiado avergonzada y asustada como para iniciar nada, activando nuevamente su mente. ¿Le haría daño? ¿se horrorizaría cuando viera su cuerpo? ¿Pensaría que era una buscona? ¿perdería el control? Había leído centenares de veces y visto en centenares de películas que los hombres se ponían hechos una furia cuando no conseguían lo que querían. Se quedó estática, no pudiendo soportar que Sesshomaru también intentara forzarla.
Él por su parte, sintió como ella dejaba de corresponder, su cuerpo estaba más estático y no respondía a ningún estímulo. Se separó un poco para mirarla a los ojos y supo que no estaba con él, sino que estaba lejos, donde su mente estaba ganando la batalla a su deseo, a su impulso más primitivo.
-Close your eyes, look into the dream – empezó a entonar en su oreja -Winds of change will winds of fortune bring – se levantó y la levantó a ella moviéndola hacia el dormitorio principal - Fly away to a rainbow in the sky gold is at the end for each of us to find,- abrió la puerta y entro con ella lentamente, cerrando la puerta tras de sí - There the road begins where another one will end –se sentó en la cama junto a ella - Here the four winds know who will break and who will bend
-All to be the master of the wind – acabó ella sonriendo. Sin darse cuenta habían acabado en su dormitorio. Los nervios habían desaparecido pero el miedo empezaba a florecer nuevamente. Antes de que pudiera decir nada, él volvió a besarla, con infinita ternura, esperando recibir otro estímulo positivo de ella.
Y lo recibió pues la mujer le mordió el labio inferior en un acto de deseo desenfrenado. Casi saltó de alegría al recibir esa pequeña muestra de deseo, lo estaba consiguiendo, estaba consiguiendo que confiara en él.
La tumbó lentamente y él se puso de lado siempre evitando los movimientos bruscos. La besó en la frente, las mejillas y el cuello, donde se deleitó oliendo a jazmín. Los brazos de ella tocaron su espalda tenuemente, como si tuviera miedo de hacerle enfadar. Sesshomaru se posicionó encima de ella pero sin aplastarla, quería darle el espacio suficiente.
De los besos del cuello fue bajando lentamente quitando los botones de la camisa uno a uno. Kagura intentó detenerlo, no quería que viera las heridas y se horrorizada. Al sentir el rechazo él la miró intensamente a los ojos esperando que lo apartara, pero simplemente vio vergüenza en su mirada. La besó nuevamente en los labios para seguir con su trabajo, abrir completamente la camisa para dejarle ver una hermosa vista de sus pechos.
-¿No llevas sujetador? – Sesshomaru tragó con fuerza, no se esperaba encontrarse tal hermosura debajo de las prendas holgadas. Sin escuchar respuesta, atacó el pecho derecho mientras jugaba con el izquierdo. Primero besándolo, tentándolo, para seguir de una manera más salvaje provocando gemidos en Kagura que ella misma no reconocía.
Estaba intentando contestar a la pregunta del detective cuando sintió como él besó y acarició sus pechos. Sintió una presión placentera y se arqueó como pidiéndole que continuara, pues quería sentir más sensaciones así.
Sesshomaru se excitó en sobremanera al sentir las respuestas ardientes de ella, pero se acogió a su autocontrol, no quería asustarla sino darle tanto placer que llorara de la emoción. Bajó sus labios del pecho hacia el ombligo e hizo ademan de quitar el botón de su cintura. La miró esperando alguna reacción, pero ella, sonrojada y nerviosa, simplemente desabrochó el pantalón, dándole plena disponibilidad al detective.
Este no la hizo esperar y le bajó los pantalones junto a la prenda íntima que tapaba su tesoro más preciado. Sintió como ella se tensó al sentir su aliento en la zona y entonces fue cuando se fijó en los muslos. En la parte interior de estos, tenía unas marcas de incisiones que debían de ser profundas y hechas con algún tipo de arma blanca. Su ira creció, hubiera querido tener delante al imbécil que le había hecho eso, a ella.
Por su parte Kagura estaba asustada pero también ansiosa. ¿Por qué no continuaba? Entonces recordó las marcas en sus piernas de la navaja de Naraku. Seguramente debían de serle repulsivas para alguien que tenía un cuerpo que parecía esculpido por un maestro. Fue a levantarse y a recoger sus ropas avergonzada cuando sintió que los labios masculinos besaban las marcas en su nívea piel.
-¿Ibas a algún lado? – él levantó la cabeza y la miró a los ojos, viendo el desconcierto en su color cobre
-Yo pensaba que…
-He llegado a la conclusión de que piensas demasiado – se puso a su altura y volvió a besarla – déjame que te muestre lo que ocurre cuando disfrutas de esto – le dio un beso lánguido mientras masajeaba la zona sensible de la joven.
Ella abrió los ojos sorprendida pero en seguida se destensó al sentir la suavidad de sus dedos. Las sensaciones eran placenteras y dulces, envolviéndola en una espiral de deseo. Sin saber por qué, Kagura empezó a demandar más caricias con sus movimientos de cadera, sorprendiéndose a sí misma de que pudiera hacer algo así. Agarró las sabanas con las manos sintiendo la frenética necesidad de sujetarse a algo mientras esa bola de calor se expandía por todo el cuerpo.
Los gemidos fueron subiendo de intensidad al igual que las sensaciones a flor de piel. Sentía la presión, sentía que algo estaba a punto de suceder, algo que le daba miedo y curiosidad a la vez. Pero sabía que era algo que nunca antes había sentido. Entonces algo en ella explotó sintiendo que se desataba y libre caía en un vacío considerado casi de inconsciencia.
Sesshomaru, un mero espectador, se excitó al sentir como ella había llegado al que debería ser su primer orgasmo con tanta intensidad y entrega. Se sentía completamente orgulloso de haber sido participe del mismo acto. Vio como la respiración volvía a ella poco a poco y como abría los ojos para mirarlo intensamente.
-Ha sido – no tuvo palabras para continuar, por lo que tragó un poco para aliviar a su reseca garganta – Dios.
-¿Crees que podrás seguir? – Kagura lo miró sorprendida
-¿Hay más? – el detective asintió – no creo que pueda soportarlo – sonrió satisfecha
-La humanidad lo ha soportado durante décadas y nosotros no seremos menos – la volvió a besar en los labios para relajarla nuevamente.
Se desabrochó los pantalones sin dejar de mirarla, quitándose las dos prendas, además de la camiseta. Se quedó completamente desnudo ante ella, viendo como Kagura lo examinaba detenidamente. Sintió la tensión cuando vio su miembro, recto e imponente y cerró las piernas.
El detective sintió el rechazo pero lejos de sentirse ofendido, se acercó a ella y la besó. Volvió a masajear sus senos y besar su cuello pero Kagura seguía tensa, no respondía a los estímulos y notaba que no dejaba que él se acercara a la zona sensible. Por lo que decidió emprender otra táctica.
Sin que se lo esperara, Sesshomaru se tumbó boca arriba en la cama arrastrándola a ella para que se sentara en su pecho. La visión de la mujer ataviada solamente con la camisa desabrochada lo volvió loco, pero nuevamente, volvió a respirar y esperar paciente la reacción de ella.
Kagura por otra parte se sentía desestabilizada. Nunca había estado en esa posición creándole un aire de superioridad increíble. Lo miró a los ojos esperando que le dijera que debía de hacer, pero al no recibir respuesta lo besó tímidamente.
-¿Qué hago?
-Excítame – respondió arrogante
-¿Más? – preguntó irónica sintiendo su deseo que le rozaba las nalgas – no sé si esté preparada para esto
-Quien va a tomar las riendas eres tú, no yo – se apresuró a decir – tú dirás que quieres comenzar y que quieres parar y yo simplemente acataré la orden.
-No te creía tan pasivo – le picó cogiendo un poco de confianza en sí misma
-No lo soy – contestó a duras penas, al sentir como ella empezaba a besarlo en el cuello, deseosa – y te lo demostraré en un futuro – le prometió – pero solo por hoy dominarás tú
-¿Y si me gusta? – fue dejando una huella de besos en la clavícula y el pecho sintiéndose libre por primera vez
-Pues lo echaremos a suertes – agregó seguido de un jadeo al sentir su lengua en su pezón. La mujer se apartó asustada – no, no pares – se indicó.
Kagura siguió besado y acariciando su pecho, deleitándose con los pectorales bien formados de su presa. Se movió involuntariamente sintiendo algo ajeno en su entrada, amenazando por irrumpir dentro de la cavidad. Dio un pequeño salto y se levantó, apoyándose en sus rodillas.
De inmediato Sesshomaru fue a apartar a su miembro de la entrada pero ella se lo impidió. Poco a poco, se fue sentando encima de él, pensado que la nueva intrusión le dolería; pero no fue así. Sesshomaru dejó salir un suspiró ahogado al sentirse envuelto por aquella cavidad húmeda y estrecha. Movió las caderas sin poder evitarlo para iniciar el vaivén que sabría lo volvería loco.
Kagura lejos de asustarse y completamente embriagada de lujuria ante la sensación de plenitud que sentía, siguió el movimiento marcado por el detective provocando que los dos soltaran gemidos ahogados.
A cada gemido, a cada vaivén de sus cuerpos, la pareja empezó a sentir una necesidad insaciable de ser parte del otro, de aumentar el ritmo, de sentirse completamente extasiados. Sus cuerpos sudorosos, subían de temperatura incitando a que el mismo roce fuera placentero para ambos, sintiéndose en la gloria. En ese instante ella volvió a experimentar aquél desenfreno de su cuerpo y aquella sensación de libertad. Sesshomaru la siguió, casi aullando al sentir como alrededor de su miembro se apretaban suavemente las paredes de ella.
La periodista cayó rendida encima del detective, sintiéndose abrazada y segura. Él le besó la coronilla y estiró las mantas para taparse. No sabía cuánto tiempo había pasado pero aun tendrían un par de horas hasta que Sango llegara, por lo que sin decir nada, decidieron descansar un poco sin pensar en las consecuencias de después, solo el ahora.
Hasta aquí, el capítulo.
Espero que la espera haya valido la pena, es un capítulo algo extraño pero que la verdad es uno de los que más me gusta de esta pequeña historia. La verdad que lo que más me ha costado de hacer, ha sido el lemon. Tratar de hacer una escena erótica cuando una de las partes ha sido violada, me ha replanteado muchas dudas de cómo llevarlo a cabo, por lo que espero que os agrade.
Aclaraciones:
La canción es de Manowar (como no xD) es una balada llamada Master of the Wind es muy bonita, recomiendo que la escuchéis.
El Fragmento de este capítulo tiene que ver con la tierna historia de Eros y Psique. Psique era una joven muy bella que tenía muchos pretendientes, pero ella solo estaba pendiente de su padre. Afrodita, diosa del amor, estaba celosa de su belleza y su bondad, por lo que envió a su hijo, Eros (Cupido en Roma) para que la hiciera enamorarse del ser más feo y estúpido del pueblo. Pero Eros, en un acto de torpeza se pinchó a sí mismo y se enamoró completamente de Psique, por lo que no podía hacer que esta se enamorara de otro. Para apartarla de la vista de Afrodita, Eros la raptó y se la llevó a una cueva, donde la colmó de regalos y la fue enamorando poco a poco (el fragmento explica cuando ella al fin cede a los encantos del dios y yace con él), bajo la oscuridad, por lo que Psique no ve quien la corteja. Decide casarse con él aunque este le dice que tendrá lo que quiera, menos poder verle a los ojos. En una visita de la familia, sus dos hermanas mayores, más feas y casadas con hombres horrendos y pobres, convencen a Psique de que su nuevo marido es un monstruo y que por eso no quiere que lo vea. Por lo que, una noche en la que los dos están durmiendo, Psique acerca la lámpara de aceite para verle la cara y descubre que es el ser más bello de la tierra. Eros se quema con el aceite y descubre que la mujer ha roto la promesa, por lo que la abandona y vuelve con su madre a llorarle lo sucedido. Afrodita no puede aguantar el dolor de su hijo y lo embruja en un sueño profundo, por lo que Psique no puede encontrar a su marido. Tan desesperada está que llama a Afrodita para suplicarle que le deje ver una vez más a su hijo y esta le explica la situación. Tan afectada está la joven porque nunca más estará con su amor, que la diosa del amor le indica que debe bajar al Hades a buscar la cura. En el viaje al inframundo, hace lo que no debe hacer, oler el brebaje que puede salvar a Eros. El dios del amor escucha la desesperación en sueños de su amada, por lo que se despierta y va a buscarla, encontrándola llena de cicatrices y completamente inconsciente. Afrodita se le aparece y le informa que un beso de amor verdadero la despertará, por lo que el dios la besa, despertando ella del sueño. Juntos, los tres se dirigen a Zeus para que consagre el matrimonio, pero este hace mucho más. No solo permite el matrimonio de una humana con un dios, sino que además le concede la inmortalidad a Psique, para que pueda pasar el resto de su vida con él. De este mito, nació el cuento tradicional de la Bella y la Bestia, de la que Disney hizo algunos arreglos, pero que a mí me encanta. Eros ha enamorado a Psique… pero ¿podrá este Eros aguantar los problemas de esta Psique y estar con ella? Es una pregunta ambigua, pero en el siguiente capítulo, entenderéis porqué.
Agradecimientos:
Inu'Karuta: ¡Muchísimas gracias por tu comentario! casi me has hecho llorar, la verdad. Que te digan que has mejorado y que además te sigan es una sensación que no cabe en el pecho. ¡Espero que este capítulo te agrade de igual forma! ¿Cómo te voy a olvidar? Miraba tu cuenta a ver si aparecías, pero no sabía na de na… En fin me alegro de que nos volvamos a ver ^^
linithamonre77: ¡Muchisimas gracias por tu comentario! Bueno… ya ves que he hecho con Sesshomaru y Kagome… los he separado U.U. La verdad es que me cuesta hacer fics con esta pareja y mira que los caracteres son tan opuestos que se podrían experimentar grandes cosas, pero no me sale u.u Espero que el capítulo no te desagrade y que nos veamos más por aquí (aunque entenderé que no siendo tu pareja favorita no nos veamos más u.u). Aun así… parece que Bankostu es inocente y le han tendido una trampa… xD
Broken Glitz: ¡Muchisimas gracias por el comentario! Sí ciertamente, Artemisa, Atenea y Hestia eran las tres únicas diosas que no querían casarse, además que Artemisa, es aparte de la cazadora y protectora de animales del Olimpo, quien proteje a las embarazadas y las ayuda a parir. Había un dicho en Grecia que decía que si la mujer perdía al bebé, era porque la diosa Artemisa le había lanzado una flecha y porque consideraba que ese bebé no debía nacer. Bue, paro ya que me emociono xD. Espero que este capítulo te de algunas pistas sobre los acontecimientos aunque intento que no se vea mucho por donde voy. xD Espero verte en el siguiente capítulo.
Otaku seikatsu: ¡Muchas gracias por el comentario! Debo decirte, que cuando leí tu review estaba en una reunión y se me escapó un chillido de alegría al ver lo que habías escrito. No sabes lo feliz que me hace leer que aunque no sea tu tipo de fanfic, seguirás leyendo capítulos porque te gusta la historia. ¡Eso es un regalo! En serio, muchísimas gracias por estar aquí y espero que este capítulo te agrade.
PrincessVirgo: ¡Muchas gracias por tus mensajes! Sí, ciertamente, parece que Sesshomaru ha decidido por Kagura… aunque tampoco tenía mucha opción xD. Con referencia a libros de mitología te aconsejaría la Ilíada y la Odisea de Homero, La Teogonía de Hesíodo, la Biblioteca de Apolodoro y (aunque sea romano) un autor que a mí me encanta que es Ovidio, tanto las Metamorfosis como las Heroidas. Todas las encontraras por internet seguro. Espero que te gusten y no sigamos viendo por aquí.
anime love: ¡Muchísimas gracias por el mensaje! Bueno, espero que te guste este nuevo capítulo donde claramente se ve un avance en la relaciones de los personajes xD. La verdad es que la niña es algo más picarona que la Rin del Manga, pero a mí también me tiene enamorada xD. Sobre las rosas… bueno… en un futuro lo verás :p Mientras tanto, espero que sigamos viéndonos y aunque estés de vacaciones (que suerte que tienes xD) espero que en algun momento puedas leer la continuación. Nos vemos pronto!
Para finalizar agradecer a Hanna Stardust, Inariama-chan, Inu'Karuta, Mafe-mon, PrincessVirgo, SOPHI-106, alheli.g.r, chuckylandia, dana masen cullen, Michelle-Taisho14, caritomoxa, linithamonre77, y marcela arce por agregar a mis favoritos o seguir desde la distancia. Muchas gracias por estar ahí.
Y como siempre, agradecer al lector silencioso, que aunque no esté presente mantiene viva mi "obra" por llamarlo de alguna forma. Muchas Gracias.
En fin, nos vemos, como siempre, en los bares :p
