Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la historia si.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.
En esta historia los personajes son humanos.
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7.
Esa mañana, en cuanto me desperté, me vestí con la ropa más formal que tenía y fui directa hacia la cafetería. Aun no habían abierto, pero el dueño ya estaba allí. Llamé a la puerta y vino a abrirme.
- ¿El seños Ateara?
- Si.
- Me llamo Nessie Hale. - dije, tendiéndole mi mano, que estrechó al momento.
- Si. Jacob me ha dicho algo. - dijo, señalando hacia dentro. Jacob estaba limpiando las mesas.
- ¿Le ha dicho que no me contrate, verdad?
- Bueno, me ha comentado que ibas a venir.
- Lo que yo decía. - dije, mirando hacia dentro. - Bueno, solo quería decirle, en persona, que si necesita a alguien, para cualquier tipo de trabajo, que puede llamarme cuando quiera. - dije, dándole mi número de teléfono. - Aunque sea para limpiar. No soy escrupulosa.
- Pasa. - me abrió la puerta y entré.
Me llevó directamente hacia el cuarto de baño, me dio una bata de trabajo y un cubo con todo lo que necesitaba. Estaba claro que me iba a tocar limpiar los retretes. Me daba un poco de asco, pero me estaban dando una oportunidad y no podía desaprobecharla.
- ¿Cuando haya terminado de limpiar los baños que tengo que hacer? dije, recogiéndome el pelo en un moño.
- Me vienes a buscar.
- Muy bien. - Me puse los guantes de latex y entré en los baños.
Estaba claro que me había dado la peor tarea para que yo rechazara el trabajo, pero eso no iba a suceder. Si otros podían hacerlo, yo también. Hice tripas corazón y empecé con lo más difícil. Los retretes.
- It's my life, its now or never... - empecé a cantar. Cantar era lo que más me relajaba.
Terminé de limpiar en apenas cuarenta minutos. Me quité los guantes y me labé las manos. Dejé todas las cosas en el cubo y volví a la cafetería. Aun estaba vacía.
- Señor Ateara. - dije, acercándome a él y a Jacob, que estaban desayunando juntos. - Ya he terminado con los baños.
- ¿Con los dos?
- Si.
- Voy a ver. Mientras, ponte a preparar los bocadillos. Que Jacob te enseñe. - dijo, echando a andar hacia los baños.
- ¿Vamos? - dije yo, empezando a caminar hacia la zona de los embutidos.
Jacob terminó de desayunar y vino hacia mí. Me quité la bata y me puse un delantal como el que llevaba él.
- Casi lo consigues. - dije cuando me estaba enseñando a cortar el embutido con la máquina.
- No es por nada, pero ya tengo suficiente trabajo como para andar vigilando y enseñando a otra persona. - me dió la espalda y fue cortando el pan.
- Yo no he venido para eso. He venido para conseguir yo sola el trabajo. - cogí el embutido que había cortado y me puse a su lado. - Lo necesito.
- Eres rica.
- Mis padres lo son.
- Es lo mismo.
- Mi madre me ha cerrado el grifo.
- Tú nunca has trabajado.
- Ahora lo estoy haciendo.
- Y nada mal. - dijo Ateara, apareciendo a nuestro lado. - Nunca he visto los baños tan limpios. El trabajo es tuyo.
- Gracias. - dije, sonriendo, golpeando a Jacob con el codo. - Es muy amable de su parte.
- Tú sigue con eso, Nessie. Jacob, ponte en la barra. Voy a abrir ya.
La mañana fue de lo más entretenida. Me extrañaba que hubiera tanta gente por el campus un sábado por la mañana. Iba un poco perdida, pero Jacob aparecía a mi lado y me ayudaba, aunque no me dirigió la palabra en toda la mañana.
Nunca en mi vida había trabajado y, cuando dieron las dos del mediodía, ya estaba echa polvo. Cuando salí de la cafetería, me quitó los zapatos y fui caminando descalza por el campus. "Solo a mí se me ocurre llevar tacones. Mañana me pongo unas deportivas."
No llegué a ir a la residéncia. Me dejé caer en el suelo, a la sombra de un enorme árbol y me quedé tumbada. Cerré los ojos, pero aun así supe que alguien se había tumbado a mi lado.
- Lo has hecho muy bien.
- Gracias.
- Y no te has quejado de nada de lo que te han mandado.
- ¿Quejarme? ¿En mi primer día? Ni hablar!
- Oye, entiendo que te hayas enfadado conmigo, pero...
- No me he enfadado. - me tumbé de lado y me fijé en que él estaba tumbado de igaul manera, mirándome. - Entiendo que vamos juntos a clase, ahora vamos a hacer clases particulares de Shakespeare... es agotador tenerme todo el día encima, pero no puedo evitar estar cerca de ti.
- ¿Por qué?
- Porque me gustas. ¿Es que no se me nota?
- Quería creer que me lo estaba imaginando.
- Pues no te lo estás imaginando. - me senté en el suelo y dejé los zapatos a mi lado. - ¿En que puedo ayudarte con Shakespeare? - dije, intentando cambiar de tema. Aun no me creía que acabara de declararme a Jacob.
- Es que leo dos líneas y ya no se que he leído en la primera. - dijo, sentándose él también. - Tienen un hablar muy complicado.
- Bueno, hay que leer centrándose en cada palabra. A mí también me costó un poco al principio. - cogí mi bolso y saqué mi libro de Romeo y Julieta.
- ¿Cuando leíste por primera vez ese libro? - dijo, cogiendo el libro de mi mano.
- Me lo regalaron cuando cumplí los siete. - murmuré.
- Uau! ¿Y te lo sigues leyendo? Pero si te lo sabes de memória!
- Pero cuando lo leo de nuevo, me meto mejor en la historia y entiendo mucho mejor las palabras.
- Me gustaría tener esa facilidad. - Abrió el libro y comenzó a pasar las páginas.
- ¿Cuando es el trabajo? Ya ni me acuerdo.
- En un mes.
- Podríamos quedar algunas tardes, después del trabajo. Para hacer la colada, por ejemplo. Aprobecharemos ese momento para estudiar. - "Por favor, que le guste la idea."
- Me parece perfecto.
- Genial.
"Yuppi!"
- ¿Que planes tienes para esta noche?
"¿Me está diciendo lo que creo que me está diciendo?"
- Pensaba estudiar un poco e irme a dormir temprano. - dije, cogiendo el libro.
- ¿No vas a salir? - preguntó. Parecía sorprendido.
- Ya no me gusta salir de fiesta.
- Lo que quieres decir es que no quieres correr el riesgo de encontrarte con Paul.
Estiró su brazo y me cogió de la mano, empezando a acariciarla. Sentí como los latidos de mi corazón se aceleraban. El sentirle tan cerca me ponía muy nerviosa.
- Lo siento, tengo que irme. - me solté de su mano y me levanté del suelo.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- A las cinco iré a hacer la colada.
En cuanto dije eso, eché a correr con los zapatos en la mano, esperando que Jacob hubiera entendido mis palabras. Cuando llegué a mi habitación, me encontré con que la puerta estaba cerrada por dentro. En el pomo de la puerta había una corbata.
- ¿Que narices significa esto? - "Parece una de las locas ideas de Emmett."
- Vaya! Están ocupados, eh?
Me volví y me encontré con un chico alto, moreno, de ojos oscuros. Me sonaba mucho su cara, pero no alcanzaba a saber de qué.
- ¿Eso es lo que significa?
- Si. Hay una pareja dentro.
- Ah!
Apoyé la espalda en la pared que había frente a la puerta y me dejé caer hasta el suelo, sentándome. El chico hizo lo mismo a mi lado.
- ¿Nos conocemos? Estudio literatura. Vamos juntos a clase de Shakespeare.
- Ya decía yo que me sonaba tu cara.
- Quien crees que puede estar... - no terminó la frase, pero miró de reojo la puerta y supe a lo que se refería.
- Supongo que mi amiga Alice.
- ¿Esa Alice? - miró hacia el final del pasillo, señalando a Alice, que venía de la mano de su novio Jasper.
"Entonces... ¿Emmett y Rosalie? Emmett se está arriesgando a que le pillen saliendo de la habitación de una alumna. ¿Es que ha perdido el juicio?"
- ¿Que pasa, Nessie?
- Pensaba que estabais en la habitación. - dije, poniéndome en pie, con la ayuda de Jared. Me puse los zapatos y cogí mi bolso.
- No.
- Ya lo veo.
- Nuestra Rose ha triumfado! - canturreó, sonriendo.
- Alice, ¿Tienes el portátil aquí fuera?
- Si. - Abrió su enorme bolso y me lo dio. - Ten.
- Voy a conectarme un momento. Solo quiero mandar un e-mail.
- Vale.
Alice sujetó el ordenador mientras yo tecleaba todo lo deprisa que podía. Le envié un e-mail a Seth, contándole lo de Rose y Emmett y le pedí que me llamara en cuanto tubiera tiempo. Quería llamarle yo no sabía que hora podía ser en París, donde él estaba estudiando.
- Gracias, Alice.
- De nada.
- Bueno, ¿que hora es ya?
- Casi las cuatro.
- En una hora tengo que estar en la lavandería y necesito coger mi ropa.
- ¿Tú? ¿Lavar ropa? Ja, ja. - Alice se abrazó a Jasper. Se estaba riendo de mí en mi cara. - Pero si siempre te hace la colada Rosalie.
- Calla! . me quejé, poniéndome como un tomate. - Ahora me la hago yo. - Me volví hacia la puerta y empecé a golpearla con los puños. - Rosalie! Tengo que entrar! Ya follareis en otro momento!
Se oyeron unos golpes dentro de la habitación y, al momento, Rosalie abrió la puerta.
- ¿Quien ha puesto esto aquí? - dijo, cogiendo la corbata de un tirón. - ¿Es una broma?
- ¿Puedo entrar? - dije, mirando por encima de su hombro, intentando ver a Emmett.
- Claro.
Entré en la habitación y, después de cambiarme los zapatos, metí toda mi ropa sucia en una bolsa de deporte.
- ¿Donde se ha escondido Emmett?
- No se de que me hablas. - disimuló, dándose la vuelta para que no le viera la cara, pero a mi no me engañaba. - Solo me estaba dando una ducha.
- Ya... Con el pelo seco.
Miró hacia la cama y supe que estaba escondido debajo.
- ¿Está desnudo?
No dijo nada, pero por su mirada supe que si lo estaba.
- Voy a lavar mi ropa. Volveré... bueno. Cuando termine.
- ¿Tú? ¿Lavar la ropa? Que chiste más bueno. - dijo Emmett.
Me tiré en la cama de un salto y Emmett se quejó, que era lo que yo pretendía. No dejé de botar hasta que no dejó de reírse.
- Perdona. - dijo al fin. - Lavarás la ropa muy bien.
- Gracias. Tápate.
Me tumbé boca a bajo en la cama y asomé la cabeza, mirando a Emmett, que se tapaba la entrepierna con las manos.
- Hola. - dijo, nervioso.
- Em, ¿por qué te arriesgas tanto?
- ¿A qué?
- A que te pillen aquí.
- Estoy enamorado. - dijo, sonriendo, como si ello fuera razón suficiente. Para mí lo era, pero para el decano no lo sería si los pillaban.
- Ojalá encontrara un chico como tú.
- No puedes. Cuando me crearon rompieron el molde.
- Pues muy parecido a ti. Bueno, me voy.
Me levanté de la cama, cogí mi bolsa y salí de la habitación.
Jared aun seguía allí e insistió en acompañarme. Fuimos hablando durante todo el camino a la lavandería. Me contó que tenía veinticuatro años y que literatura era su segunda carrera. Vivía en Washington pero que se había decidido a ir a Florida para "cuidar" a su hermano pequeño.
- ¿Y quien es tu hermano?
Llegamos a la lavandería y señaló hacia dentro. Me quedé paralizada al ver a quien estaba señalando. Terminé entrando en la lavandería y fui hacia Jacob, que estaba leyendo una rebista al lado de una de las labadoras.
- Has llegado pronto. - dije, dejando mi bolsa en el suelo.
- Y tú. Son las cuatro y media.
- Jacob, yo...
- Te enseñaré a poner la labadora. - se puso en pie y fuimos hacia una labadora vacía.
- ¿Eres el hermano de Jared? - dije, mientras me explicaba los pasos que debía seguir.
- ¿Como lo sabes?
- Le acabo de conocer.
- Ah.
- Él también va a Shakespeare. ¿Como es que no le has pedido ayuda a él?
No dijo nada. Terminó de poner la labadora y fue hacia su mochila, de la que sacó un libro.
- ¿Empezamos?
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Por fin pude escribir el capítulo sin que se me parara el pc.
¿Que os ha parecido?
Espero que os haya gustado.
Besitos!
Pd: opiniones. opiniones.
