Gaara no se podía creer lo que tenía delante de sus ojos. Matsuri acababa de aparecer en el refugio, totalmente empapada con sus rizos castaños enmarcándole la cara y un vaporoso vestido amarillo que debido a la lluvia se le pegaba a cada curva de su cuerpo. Oyó que alguien le llamaba y después un codazo directo a las costillas.

-Gaara, haz algo- le decía su hermana.

Pero él no odia hablar, sentía la lengua de trapo y la garganta seca.

-¿Alguien puede darme una toalla o algo para secarme por favor?

Tenten fue corriendo a ayudar a Matsuri y las chicas se la llevaron a una de las habitaciones para darle ropa seca y atenderla mientras le explicaban la situación.

-A ver si lo he entendido bien. Nos hemos convertido en personajes de cuentos de hadas y hasta que no resolvamos nuestros conflictos interiores no volveremos a la normalidad.

-Exacto- dijo Temari.

-Y si no lo conseguimos podemos o bien morir o quedarnos asi.

-Correcto

-¡Menuda mierda! ¿Y que se supone que tengo que hacer yo?

-Bueno, Matsuri voy a hacerte una pregunta algo delicada. ¿A ti te gusta mi hermano Gaara?

-Creo que es bastante obvio. Siempre le he admirado y sí.. creo que es bastante atractivo.

Menos mal, suspiro Temari. Al menos para uno de ellos había esperanza.

-Bueno- dijo Shikamaru esa noche a los chicos. Tenemos que pasar ya a la acción que cada uno haga planes con su chica y resolvedlo ya.

-Me parece bien- dijo Neji.

-Tócale un pelo a mi hermana y te reviento.

Shikamaru no dijo nada más y durante el resto de la noche los chicos no dejaron de darle vueltas a la cabeza sobre cómo solucionar el problema que tenían con sus compañeras.

A la mañana siguiente Matsuri se despertó debido a los fuertes golpes que resonaban en la puerta de su cuarto. Salio de la cama a regañadientes, ya que estaba muy a gusto y ario la puerta. Su cara fue todo un poema cuando se encontró a Gaara en la puerta.

-Hola. Desayunemos.

-¿Perdona? – dijo Matsuri con algo de vergüenza ya que estaba solo con un camisón.

-Lo que yo quería decir es.. que si quieres desayunar conmigo. Ahora.

-Bueno… tendría que vestirme y arreglarme un poco.

-Así estas bien.

-Estoy en camisón y con el pelo revuelto. Así que si me disculpas…

Matsuri se arregló a toda prisa. No podía creer que su amor platónico, Gaara le hubiera pedido una cita para desayunar. Cuando salió, su sonrisa le ocupaba toda la cara. Gaara la guio hasta la terraza de la casa donde había una mesa con el desayuno servido.

-Sientate.

Vaya, Gaara estaba un poco gruñón aquella mañana.

-Bueno, la verdad es que la situación es algo.. curiosa por decirlo de alguna manera. Jamás me haría imaginado que los cuentos que me contaban de niña pudieran convertirse en realidad.

-¿A ti te contaban esos cuentos?

-Pues si- dijo cogiendo un vaso de naranja.

-Entonces sabes quienes somos tú y yo.

-Por tu aspecto diría que eres la bestia y yo la verdad es que no sé porque tengo que ser la bella. Quiero decir, es un honor señor kazekage pero no sé por qué justamente yo…

Gaara estaba perdido. A penas escuchaba nada de lo que le decía Matsuri. Desde que le extrajeron el biju lo había sentido todo con mucha más intensidad pero nada comparado con aquello. Nunca se había preocupado de las mujeres. Para él ese aspecto era secundario hasta que conoció a Matsuri hacía ya algunos meses.

Oh, oh. Matsur ile había preguntado algo pero él estaba tan ensimismado que no se había dado cuenta. No sabía qué hacer, no era un experto en sentimientos así que decidió hacer caso a su instinto. ¿No había dicho Shikamaru que debían arreglar las cosas de una vez?

-Bésame.

-¿Cómo?

De repente Gaara no pensó. Solo actuó. Claro que si se hubiera parado un momento a pensar en lo que estaba haciendo se habría dado de cabezazos contra una pared.

Se levantó de la silla, cogió a Matsuri por los hombros y pego los labios a los suyos sin darle tiempo a escapar. Jamás se había sentido de esa manera, como si mil fuegos artificiales hubieran estallado dentro de él. Algo le susurraba al oído que aquello era lo correcto, el lugar exacto donde tenia que estar en ese momento. Pero aquella sensación no le duro demasiado ya que cuando se quiso dar cuenta Matsuri le había pegado un sonoro bofetón y se iba corriendo y maldiciendo su nombre.