Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, lamentablemente ( O afortunadamente, como lo quieran ver).

CAN'T STOP ME NOOOOOOW~ No se mal acostumbren que esto es una situación particular. Esta vez no le avisé a Row porque si no no me deja subir(?) Además, ¿que es eso de revisar, editar, y todas esas cosas? ¿Alguien sabe?


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El punto exacto que detonó el cambio en la rutina establecida entre ambos, no fue más que una casualidad o, como Rogue decía, pura mala suerte. Para él, al menos.

Era un día como cualquier otro, y él acababa de llegar a su trabajo. Había sido afortunado de encontrar el lugar, no le quedaba demasiado lejos de casa, el sueldo era decente y no tenía demasiados problemas con el horario. De vez en cuando, tenía que suplir algunos turnos extra y sus horarios se desbalanceaban un poco, pero no era nada que no pudiera arreglar. Había apuntado sus clases de mañana, así que tenía casi todas las tardes libres para trabajar o estudiar, dependiendo la situación.

Aquel día en particular, el café no se veía muy ajetreado, aunque las nubes grises que viajaban por el cielo parecían anunciar que la situación cambiaría. La gente solía llegar en tropel cuando el clima se enfriaba. Sería pues un turno ocupado o eso esperaba. Cuando se llenaba el local, el trabajo podía ponerse agotador, pero al menos la hora pasaba más rápido.

Saludó a su compañera de turno al entrar y se cambió de ropa, poniéndose el uniforme a toda prisa, pues quedaban pocos minutos antes del comienzo oficial de su turno. La buena noticia era que su jefe no estaba en el local ese día, así que en teoría no importaba si se retrasaba. De todas formas y a modo personal, le molestaba no cumplir su horario correspondiente, así que justo dos minutos antes de que la hora se cumpliera, estuvo listo para salir y comenzar sus labores.

Mientras terminaba de ajustar el delantal como correspondía, su compañera le puso al tanto de las novedades. Tal y como había pensado, la mañana había transcurrido sin mucho que hacer, aparte de limpiar la loza sucia y un par de clientes frecuentes que solían aparecer a diario, a la misma hora. Se esperaba que la tarde fuera mucho más movida apenas el clima cambiara. Hasta entonces, lo único que había que hacer era terminar de secar un par de tazas y esperar a que se desocuparan las únicas dos mesas con clientes. Así pues, mientras Rogue terminaba de lavar y secar, ambos trabajadores comenzaron una conversación casual, para matar el tiempo.

Rogue llevaba desde el inicio del semestre, más o menos tres meses en total, trabajando en la cafetería, pero en todo ese tiempo no se había enterado de muchas cosas su compañera. Aparte de su nombre, Minerva, y que llevaba trabajando allí por más de un año, no sabía prácticamente nada sobre ella. Tenía entendido que vivía sola, pues alguna vez había hecho un comentario a la pasada sobre el sueldo que le alcanzaba justo para mantenerse, pero eso era más bien una deducción propia y nunca la había confirmado.

Para ser honestos, no había querido preguntar en el momento y luego el tema nunca volvió a salir, además de que le parecía un poco maleducado el ponerse a interrogar a alguien, por más que ambos trabajaran juntos. Pedir más detalles le hacía parecer chismoso y, además, lo importante era que su relación laboral funcionaba bien y eso era suficiente. Por más que a veces le picara la curiosidad, sobre todo cuando no había mucho más que hacer.

Casi una hora más tarde, las nubes esperaron y, no mucho después, comenzó una llovizna suave que no tardó en convertirse en torrencial. Fue entonces cuando la vida decidió reírse en su cara, de la peor manera posible.

Con la avalancha de personas que inundaron de pronto el local, entraron tres personas que Rogue no tenía mucho interés en ver, incluyendo una cabeza rubia que ya juraba podría reconocer aún a cien metros de distancia. ¿Por qué la vida lo trataba así? ¿¡Cuáles eran las probabilidades!? Porque, por la evidente falta de abrigo, no era más que una casualidad que hubieran pasado por allí cerca justo cuando empezó a llover. Y, para más remate, eligieron justo la mesa que le tocaba servir a él. Habían exactamente diez mesas, ocho de ellas desocupadas y habían tenido que elegir, de entre todas las opciones, justo la que le pertenecía. A punto estuvo de decirles que se largaran pero, por desgracia, recordó a tiempo que no era más que un trabajador allí y no podía estar echando a los clientes sin justificación. Ah, pero las cosas no se iban a quedar así, no lo iba a permitir. Se rehusaba a acercarse siquiera a la mesa en particular, menos aún a hacer conversación y tomar su pedido. Pero el trabajo es trabajo así que, alguien tenía que hacerlo.

– ¿Minerva? necesito que me hagas un favor y tomes la mesa seis – Su compañera lo miró, extrañada. No era para menos, nunca antes había hecho una petición de ese tipo.
– ¿Qué? ¿Por qué?
– No puedo atender a esos tipos, tenemos un… eh… problema bastante serio. Te lo explicaré después, lo prometo. ¡Por favor, toma la mesa!
– Sólo porque el jefe no está hoy, Rogue. Pero exijo una explicación detallada lo antes posible – Hubiera deseado negarse, pues no le apetecía tener que explicar la vergonzosa situación a alguien con quien tenía que compartir a diario, pero era eso o atender la mesa. No le quedaba más que resignarse a una acuciosa interrogación apenas tuvieran un tiempo libre.

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Mientras tanto, al otro lado del local, nadie había notado la curiosa situación en que se encontraban, al menos hasta que la mirada siempre observadora de Rufus se deslizó por entre las mesas hasta donde se encontraban los trabajadores.

– ¿Sting? A veces no puedo creer la suerte que tienes…
– ¿Eh? ¿Y eso a que viene?
– Mira por allá – El rubio siguió las indicaciones y casi se cayó de su asiento.
– ¿Qué hace él aquí?
– Todo parece indicar que trabaja aquí.
– Si vas a empezar a dar pena, yo me voy – comentó entonces Orga, quien ya tenía suficiente con soportar el drama cuando estaban en la universidad.
– ¡Está lloviendo afuera! Y yo no doy pena – Se quejó Sting.
– Sí, como sea.
– Yo me voy a quedar – dijo Rufus a la pasada, provocando que Sting intentara asesinarlo con la mirada.

Por fortuna, esto no funcionó y se vieron interrumpidos por la mesera, que se acercó a dejar el menú y tomar su pedido. Mientras sus compañeros pedían lo que querían beber, Sting se dedicó a seguir los movimientos de Rogue por el local, al menos hasta que notó un silencio a su alrededor y que la camarera lo miraba con cara de pocos amigos, de seguro molesta por perder su tiempo cuando había una cafetería llena que atender. Después de algunas dudas, y sin querer atraer más ira sobre si, pidió lo primero que encontró, que resultó ser café negro y galletas, en algún tipo de promoción.

Mientras esperaban y más tarde cuando comían, intentó poner atención al tema de conversación que correspondiera, pero no podía evitar distraerse una y otra vez mirando al otro joven trabajar. El uniforme le quedaba bien, y era agradable verlo trabajar e interactuar con otras personas, aunque lo ignorara por completo mientras pasaba por su lado. Lo cierto es que tuvo la tentación un par de veces de levantarse e intentar hablar con él, pero, por mucho que sus amigos insistieran en molestarlo, algo de tino tenía. Suponía que ir a interrumpirlo y armar una escena de cualquier tipo no podría si no terminar mal para Rogue y no quería provocarle problemas en su trabajo, sobre todo considerando el ocupado día que parecían tener. La tentación estaba allí, pero una cosa era la universidad donde ambos eran estudiantes y no tenían nada que perder, y otra muy diferente era la posibilidad de hacerlo perder su trabajo por una tontería.

Entre esas y otras cavilaciones acerca de la situación, el tiempo se le escapó y antes de que se diera cuenta, Rufus le estaba pidiendo la parte que le correspondía para pagar la cuenta. Lo cierto es que habría podido quedarse algo más, tenía todo el derecho por haber pagado, pero el local seguía lleno y había gente de pie esperando una mesa que se desocupara, mientras la mesera no dejaba de dirigirles miradas amenazantes, en espera de que se fueran para poder limpiar y atender a alguien más. Sin otra opción, Sting se marchó con los demás, aunque con la firme disposición de regresar otro día.

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N/A: Quiero terminar esto, para ser libre de empezar otro fic (que sospecho solo escribiré en inglés) o cambiarme de fandom. Así que le estoy poniendo ganas pero ya saben como es esto, cualquier día termino metiéndome en 40 retos otra vez :x