No importa cuánto corra… le van a alcanzar y lo sabe…

lo sabes, no importa lo que diga tu madre, no eres ni fuerte ni grande, eres tan gordo e incapaz que no podrás huir ni aunque te juegues la vida…

Su primo le apremia pero las piernas ya no responden. El suelo está húmedo y él, paralizado, aterrorizado ante la proximidad de una muerte cierta. No puede ver qué es aquello que los persigue…

Resistirse sólo hará que te canses, Dudley Dursley… sólo sabe que nunca, jamás, ni en sus peores pesadillas ha percibido tan funesta presencia, nada capaz de hacer que la sangre se congele en sus venas y el pulso quede paralizado, sus pensamientos giren y giren inconexos y todo cuanto creía conocer, todo cuanto creía amar, apreciar, simplemente se esfume como la nube de aliento que exhala en ese instante en que la atmósfera parece gélida.

El mismo infierno parece abatirse sobre él cuando tropieza y cae, y el duro pavimento le golpea en la frente. Su mundo da vueltas y nada tiene sentido aparente… ya no eres tú, Dudley Dursley, de nada sirve ya lo que sabes ni lo que eres…

Aquel pánico atroz no le permite apenas apreciar el haz de luz que parece emitir su primo.

La paz parece volver al lúgubre escenario, pero las voces suenan, se despiden en su mente…

Dudley Dursley… la vergüenza será tu compañera…