Durante la hora del té, Drácula pregunto

¿Que otros autores te gustan?

He leído casi todo de Dickens , de George Elliot y de Jane Austend –

Prosiguieron la conversación discutiendo sobre sus obras favoritas de , de Wordwortht y de Byron.

Un ligero estremecimiento, les recorrió a ambos la espalda. Eran incapaces de recordar cuando habían tenido una conversación tan interesante con alguien.

Carol, a todo esto, llegaba de su "trabajo". Tenía que decirle a Vlad lo que estaba planeando Van Helsing.

Aparte, ese cazador no le agradaba nada. Demasiado machista. Carl solo se la había pasado la mitad de su vida en una biblioteca del Vaticano, no sabía nada de la vida y, encima, la miraba con mala cara, por el hecho de ser bruja

Pero, Velkan era… agradable. Le gusto hablar con él, sabía que él conocía el dolor de haberse quedado sola… o casi sola.

Velkan tenía a Anna.

Carol tenía a Vlad.

Si tenías familia, no estabas solo

Entonces, lo sintió, alguien, siguiéndola

-Es un gusto que haya salido a recibirme, amo

-¿Cómo supiste que no era un asesino lunático?

-Siempre me hizo la misma broma desde los ocho. Creo reconocerlo.

-Bien ¿y que tienes para decirme?-

Carol se volvió. Vlad estaba sonriendo. Porque ella sabía, no era la sonrisa de Drácula, sino la sonrisa de su primo.

El vampiro noto que su prima estaba sonriendo como una tonta. De haber sido niños se habría carcajeado durante una hora.

Ahora solo pregunto

-¿Linda, porque esa sonrisa?

- Podría hacerle la misma pregunta- la verdad era la segunda vez que sonreía de verdad después de volver a ser humana. Velkan en verdad le había agradado. .. Y eso, por extraño que parezca la hacía sonreír.

Ahora era extraño ver a Vlad sonreír en verdad, sin un deje de crueldad y burla

-¿Que tienes que decirme Rol?- apenas dejo salir esas palabras se quedó helado por cómo había llamado a su suvenir

Carol también. ¿Rol? Así la llamaba cuando eran niños, cariñosamente. Solo le decía Carolina o Carol cuando estaba enfadado, o ahora, que era vampiro.

-¿Que me dijiste?- pregunto, olvidándose por completo de tratarlo de usted

- Nada, me equivoque Carol ¿qué tiene planeado Van Helsing?

- Esto es lo que más importa. Van Helsing ha conseguido, perdón, es solo un rumor. Hombres lobo que controlan sus transformaciones con la luna.

- ¿Es una broma? – pregunto, sintiéndose en verdad asustado

- Desearía que lo fuera. Ya aplicaste la única cura para la licantropía en el príncipe Velkan. Espero que tengas una o dos dosis más planeadas

- Normalmente, las dosis tardan un año en ser producidas. ¿Cuándo vendrán esos perros?

- En un año. Creo que estarás preparado para eso. Me voy a dormir. Ha sido un largo día-

- Si-

"¿Qué es esto que estoy sintiendo por Anna? Si es que aun puedo sentir, pues siempre estoy vacío, sin sentir miedo, ni culpa, ni cariño y mucho menos amor.

¿Qué es lo que siento por Anna?

¿Atracción física? Si

¿Lujuria? Claro

Pero aun lo logro averiguar lo que siento en verdad.

Debe ser solo un capricho más, de los cientos que he tenido en esta eternidad.

Cuando el tome, se acabara estaré satisfecho. Falta poco para que ella se entregue a mí. Muy poco" pensó Drácula, antes de entrar a su ataúd.

Anna estaba segura que algo estaba sucediendo con Carol.

Había estado afuera todo el día (algo imposible, porque Carol era vampiresa), pero la encontró en el desayuno, junto con Drácula.

Y, lo más sorprendente de todo, es que estaba comiendo… comiendo comida humana, su piel estaba con menos color de cadáver y sus ojos azules brillaban.

No parecía que el Conde la hubiera castigado, de hecho...

-¿Anna, cariño, no quieres sentarte? Traje a mi suvenir Carol para que te dieras cuenta de que esta sana y salva. Desgraciadamente no podre desayunar con ustedes, lindas. Tengo asuntos que atender- se levantó con elegancia y saludo a su prima con un beso en la mano.

Carol solo rodo los ojos. De pequeños, Vlad solía hacer eso para burlarse de ella y ahora, siglos después, las cosas no habían cambiado. Eso era una buena señal.

Luego se acercó a Anna y le prometió que, luego del desayuno, leerían juntos otro libro.

Después de que el vampiro se retirara, los pensamientos de Anna volvieron a la realidad

-¿Dónde estuviste todo el día de ayer?-

La ex vampiresa suspiro

-Lo lamento, no tuve opción. Tuve que hacer encargos para Vlad. No estaré en todo el día, pero volveré a la noche-

Oh, Dios, como le gustaría poder decirle a Velkan que su hermana estaba bien(al menos, de momento), y a Anna que su hermano estaba a salvo.

Carol observo el reloj de oro

-Estoy llegando tarde. Prometo que te acompañare en la cena- bajo el tono de voz y añadió

-No bajes de tu habitación hasta que yo y Vlad regresemos. Es lo más seguro

-¿Por qué?

La joven suspiro y respondió

-Alera llegara pronto. Aun mi primo no me ha dicho precisamente cuando. Y créeme, es una de sus novias más celosas. Estarás en peligro-

- Bien - respondió la princesa.

Con ese pensamiento, ambas terminaron su desayuno. Carol se fue a hacer los "encargos" y Anna, por su parte, estaba extrañamente ansiosa de volver a estar en la biblioteca con Drácula, oyendo su voz recitándole un libro.

El día trascurrió como el de ayer. Drácula y Anna leyendo libros y discutiendo entre ellos cual les parecía la mejor obra de Dickens.

Así paso una semana.

"Es extraño" pensó el vampiro, con los recuerdos de esa semana en su mente.

"Esta semana, junto a Anna, no me he sentido tan vacío"

Con la princesa de los gitanos se había abierto más que a cualquier persona, incluso más que con Mirena.

Quizás era hora de enseñarle sus otras dos partes favoritas del palacio.

Te mostrare otros de mis sitios favoritos en mi palacio- anuncio Vlad esa mañana, apenas terminaron de desayunar.

Mi estudio de arte - dijo , a los pocos segundos de estar caminando

Era una habitación circular y muy bien iluminada. Había docenas de lienzos acomodados en las paredes, paisajes europeos pintados con destreza, majestuosas montañas nevadas, campos y valles repletos de flores, verdes bosques y resplandecientes lagos y ríos.

¿ Los pintaste todos tú?- dijo , maravillada

Así es -

¿Y los de la biblioteca?

La mayoría los hice yo, uno pocos son de Brueghel y de Peter Paul Rubens.

¿Cómo tuviste tiempo si todo el tiempo estabas…?-

"Matando a mi familia"

Estudie con ellos en Amberes, al principio del siglo 17. Tuve que dejar sus enseñanzas cuando ya se había demasiado evidente qué era – añadió con amargura. Estaba tan cansando de estar solo, vacío, de vivir en las sombras de las que sabía nunca escaria.

¿Quieres que pintemos un cuadro? Sera como una pequeña competencia de arte –

El vampiro armo dos taburetes, y, entre los dos, prepararon todo.

El vampiro, a los pocos minutos de pintar, noto que Anna estaba usando trazos demasiados gruesos para la réplica "Noche Estrellada de Van Gogh".

Decidió ayudarle y se colocó aún más cerca de ella.

No te lo tomes a mal, pero tus trazos son demasiado grandes. Ven, te ayudo- tomo su mano con la suya, muy delicadamente y juntos, comenzaron a trazar los trazos correctos.

Fue muy extraño, sobre todo para ella. La última vez que tuvo a Drácula tan cerca fue hace una semana, cuando la convenció del truque. En ese momento, estaba aterrada. Su corazón había latido de miedo en ese tiempo.

Ahora, su corazón latía del mismo modo, pero no precisamente de miedo. Ni de asco, ni mucho menos de terror.

Listo – anuncio el vampiro. No quería soltar su mano, su cálido tacto era tan tentador, pero su fino oído capto los latidos rápidos del corazón de Anna. Quizás se debía a que estaba asustada.

Le soltó la mano, preguntándose a sí mismo "¿cuándo fue la última vez que escuche ese tipo de latido?"

Gracias – respondió la princesa de los gitanos.

De nada –

Pasaron cinco días más "Noche Estrellada de Van Gogh", replica de Anna estaba lista.

El cuadro del vampiro también.

¿Quién es el juez en esta competencia? – pregunto Anna.

Yo. Tú pintura es una muy buena replica, pero le faltan algunos tintes de color y más detalles. Mi pintura, por otra parte es original…

Si, y es idéntica a las de la biblioteca – argumento ella, con una risa, olvidándose, por un momento de lo aterrador que toda su vida le dijeron que era el vampiro.

No lo creo- argumento él y una sonrisa se dibujó también en su pálido rostro

¿Quién tiene más manchas de pintura en la ropa? – inquirió Drácula.

Eso no tiene nada que ver. Sé de muchos pintores profesionales que no se manchan ni con un poco de pintura.

Eso no es cierto – volvió a argumentar el vampiro, aun sonriendo.

¿Nunca te vistes con otro color de ropa? Siempre usas negro ¿no te aburre?

No…lo use desde que era humano y ahora. Aunque siempre me gusto más el azul o el rojo-

¿Entonces por qué no usas esos colores a veces?

Es como una especie de lo… - se trabo antes de terminar la oración.

No importa. Creo que es un empate esto de la competencia. Ven, de seguro tienes hambre - concluyo, cambiando su tono divertido a uno rayando la tristeza.

Vivía en el luto. El luto por la vida que dejo atrás, Mirena, Ingeras, el mismo Vlad… no, no quería pensar más en ello.

Anna entendió que había tocado sin querer , un tema muy delicado para el Conde. Y poso una mano sobre su hombro.

Perdón – se disculpó.

El vampiro abrió los ojos como platos. ¿Ella le estaba pidiendo disculpas al? Debería ser al contrario, pensó con amargura.

No importa. Intento no pensar en ello. Ven, vamos. Él te está listo-

Drácula tomo un poco de café. Una vez, hace 400 años, le dijo a que lo único que extrañaba de sus días como su "hermano" Mehmed era el café.

Hace tantos siglos que no estaba tranquilo y feliz, como sus últimos días pacíficos con Mirena e Ingeras.

Esas dos semanas con la princesa eran iguales a esos días y, a la vez, completamente diferentes.

Al lado de Anna no se sentía tan vacío.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, el decidió que esa tarde harían algo diferente.

Ven , te enseñare mi salón de música -

Anna no tenía opción y, aunque ni en mil años lo admitiera, le empezaba a agradar la compañía del vampiro.

Llegaron a una parte del salón. Tenía varios instrumentos musicales.

Anna vio el piano, en realidad, había dos.

Ella sabía tocar un poco el piano, mas nunca había tenido mucho tiempo para ello.

Drácula observo como a la joven se le iluminaba la mirada al ver el piano y dijo, con una sonrisa.

Toca, si quieres.

Ella solo asintió y toco una pieza, aunque la faltaba práctica.

Drácula la observo tocar y decidió acompañarla con su violín.

Después de tocar una media hora y le ofreció la mano, Anna todavía estada sentada tocando el piano.

¿Quieres bailar? –

Ella sabía que no tenía opción, tomo su mano, se levantó y comenzaron a bailar.

Anna, de baile, cero, pero al Conde le encantaba rodear su cintura con un brazo y tener la mano enlazada con la suya.

Se sentía culpable de haberla asustado tanto la noche anterior al truque, pero, simplemente, así era su carácter. Era extraño. Quería tenerla en sus brazos, besarla, abrazarla, decirle lo feliz que lo hacía. El problema era que no sabía cómo.

Si, tenía que reconocer que se había enamorado de ella, que la necesitaba a su lado. Era increíble, después de 400 años que su corazón muerto se negara a volver a amar por fin había sucedido.

La princesa de los gitanos, por su parte, se sentía casi cómoda bailando con el vampiro.

No podía apartar la vista de sus preciosos ojos azules zafiros.

Drácula hizo la distancia entre ellos mucho más corta y la beso. Contrariamente a lo que su mente le ordeno, ella correspondió al beso.

El vampiro lo profundizo, sintiendo el sabor de sus labios en los suyos.

Sin embargo, cuando su corazón quiso rodear el cuello de Drácula con sus brazos y explicarle que aunque no lo creyera, estaba empezando a sentir amor por él.

No pudo. Su mente gano esta vez y se separó del vampiro.

Perdóname – dijo simplemente ella.

Su mente y su corazón eran un caos total.

La mente le decía mil veces al día lo mismo.

"Está mal enamorarse del Conde Vladislaus Drácula. Piensa, es el asesino de tu familia. Es un moustruo, no tiene corazón"

"No" respondía su corazón.

"No puede amarte" argumentaba su mente.