¡Felices fiestas! Iba a subirlo antes, pero francamente con la Navidad y la celebración del Año Nuevo todo se volvió un caso. Espero me disculpen por la tardanza.
Hice este capítulo un poco más largo, de hecho iba a ser más largo todavía, pero me surgieron ideas para el siguiente capítulo y abarcar dos peleas que creo son cruciales: Vegeta vs. Dodoria y Zarbon.
EL IMPERIO DE LOS SAIYAJIN
-Mándame una postal- decía la Sra. Brief mientras se despedía de su hija –Un viaje por el espacio, eso debe ser emocionante- se acercó más a Bulma–Además pasarás tiempo con el joven y apuesto Vegeta- le susurró en voz baja y con una leve risita.
-Mamá por favor- se quejó Bulma –Si tengo suerte, apenas me toparé con él. Es un lunático-
-¿En serio? Pues yo creo que es un chico muy guapo- dijo con alegría mientras Bulma la miraba como si le hubiera nacido una segunda cabeza. –Además vas con Kakarotto, cómo me gustaría ser joven y estar en tu lugar-
Bulma decidió no discutir con su madre, ambas tenían gustos muy diferentes por lo que acababa de descubrir –Papá, si tengo alguna duda te llamaré por el comunicador, ¿pusiste todos los planos dentro de la cápsula?-
-Sí, aunque me sorprende que no hayas querido que terminara de colocar el estéreo, será un viaje muy aburrido-
Bulma rodó los ojos y abrazó a sus padres. Había tardado una semana exacta en mejorar las otras naves mientras su padre se encargaba de terminarle a ella una como la de Kakarotto; se había negado rotundamente a viajar en una nave con el espacio tan reducido como la de los saiyajin, incluso había discutido con Vegeta con respecto a ello, pero a él parecía no importarle cómo viajara mientras no se retrasara.
En la semana en la que había 'convivido' con los 'huéspedes', había descubierto dos cosas: eran seres sin modales, y el príncipe era el peor de todos. No había vuelto a toparse con él, Vegeta parecía evadirla como una plaga, sin embargo lo había sorprendido viendo las naves con una expresión que ella no había podido descifrar, ¡ese pequeño príncipe era todo un misterio! El resto de los saiyajin no eran tan complicados, si tenían comida se quedaban tranquilos, si se aburrían se iban a destruir pequeños poblados y regresaban con hambre de nuevo.
Las dos mujeres saiyajin la miraban con desprecio, y los otros dos saiyajin, Rhubarb y Kale, no la miraban mejor, ¿era acaso que los saiyajin y los humanos genéticamente se repelían entre ellos? Si no fuese amiga de Kakarotto, aseguraría que su teoría no era solamente una hipótesis.
-Los extrañaré- les dijo a ambos intentando no sonar triste, aunque no lo estaba del todo, el pensar que haría un viaje así y tendría contacto con seres de razas tan distintas y de culturas tan diferentes la emocionaba. Quizás eso lograra distraerla del dolor de perder a Yamcha.
-Ven a visitarnos- dijo su madre mientras tomaba del brazo a su esposo –Y si vienes, trae a Kakarotto, es todo un encanto y me gustaría tener una cita con él, ¡o trae al joven Vegeta!-
Bulma decidió no decir nada más. Se dio la vuelta intentando no verse triste, sabía que en cualquier momento el pequeño príncipe daría la orden y todo cambiaría.
Mientras se dirigía hacia su nave con un nuevo corte de cabello y su extraño traje espacial de color amarillo, Kakarotto recibía órdenes de Bardock.
-No pierdas la cabeza con Vegeta, te acostumbrarás a tenerlo encima de ti dándote órdenes como lo hacía con Nappa- dijo Bardock.
Kakarotto estaba de brazos cruzados escuchando a su padre –Ya lo sé- dijo hastiado de escuchar lo mismo, Vegeta siempre le había dado órdenes desde que tenía memoria, ¿acaso era posible que todo empeorara? –Si ya no tienes nada más que decirme, quiero subir a la nave para estar listo- dijo dándose la vuelta para ir hacia su nave.
-Espera- lo detuvo Bardock, haciendo que su hijo lo viera de nuevo exasperadamente. Titubeó un poco antes de decidirse a hablar –Dile… dile a Gine que no necesita preocuparse- dijo mientras giraba la cabeza un poco hacia un lado y desviaba la mirada –Ya sabes cómo es con estas cosas…-
Kakarotto sonrió, Bardock podía ser frío y déspota hacia él y Raditz, pero debía admitir que hacia su madre, Gine, era distinto. Había escuchado que algunos saiyajin lograban crear ese tipo de 'conexión' con su pareja, francamente creía que era una tontería que su madre le solía contar, pero a veces se preguntaba qué tan cierta era cuando miraba el cambio que tenía su padre cuando su madre estaba cerca. Se encogió de hombros y asintió con la cabeza –Supongo que no le gustará la idea de tener que esperarte mucho-
-No te preocupes, regresaremos al planeta antes de lo que crees-
-Pero Vegeta dijo que…-
-Sé lo que Vegeta dijo, pero Tarble necesita solamente desarrollar una actitud un poco más fuerte y estaremos de regreso aunque a su Majestad no le parezca la idea- dijo confiado mientras miraba de reojo a Tarble hablando con Vegeta.
Kakarotto se encogió de nuevo de hombros y se dirigió a su nave. Luego de cinco minutos Vegeta dio la orden de despegue, estaba ansioso por dejar ese planeta y dedicarse a buscar a los enviados de Freezer y a entrenar, sobre todo con esa máquina que la terrícola le había dicho que le construiría. No le había contado el resto de detalles, y sobre todo porque él se había esforzado en evadirla al ser testigo del alto tono de voz que ella empleaba cuando discutía.
Luego de dejar atrás la atmósfera de la Tierra y mientras ésta se veía más lejana con el pasar de los segundos, Vegeta finalmente se recostó en su asiento –Si este viaje tarda realmente dos semanas, la hibernación será como un pestañeo- dijo mientras le indicaba a la nave que iniciar el proceso de estado suspendido y así no sentir el viaje. Todos menos Bulma hicieron lo mismo, ella se había preparado y llevado un centenar de películas para ver y libros que nunca pudo terminar por falta de tiempo, estaba demasiado ansiosa como para activar la opción del sueño suspendido.
El viaje fue corto para todos, cuando finalmente el planeta donde actualmente los saiyajin residían apareció en el radar, la hermosa terrícola no pudo hacer otra cosa más que admirarlo desde la ventana. Al igual que Júpiter, el planeta de los saiyajin poseían anillos, sin embargo éstos estaban formados por asteroides, lo que podía actuar como defensa para el planeta, pero también lo hacía verse algo inhóspito
–Es hermoso- dijo mientras lo seguía viendo, tenía esa belleza que los lugares salvajes y desolados solían provocar a quienes los veían.
-Bulma- dijo Kakarotto por el intercomunicador.
-¿Sí?- respondió sin apartar la vista de la ventana.
-Te daré las coordenadas para el aterrizaje- le dictó una serie de números y cortó la comunicación, parecía algo malhumorado.
Introdujo las coordenadas en el computador y se sentó para prepararse y esperar el aterrizaje. Al ser la heredera de la Corporación Cápsula, había tenido muchísimos viajes a distintas partes del mundo, pero nunca le había dejado de emocionar cuando llegaba a un lugar que no había visitado antes, esa sensación de vacío en el estómago por no saber lo que se toparía y a qué tipo de habitantes vería, pero esta vez era mucho más intensa.
–Relájate- se dijo y cerró los ojos –No eres esclava de nadie. Todo saldrá bien- parte de ella no estaba segura de lo que se decía, pero necesitaba escucharlo.
Su nave aterrizó sin problemas y de manera discreta, a diferencia de las otras que hicieron un gran escándalo cuando aterrizaron con toda la fuerza que llevaban, creando pequeños cráteres.
Vegeta fue el primero en descender y activar su rastreador –Todos vayan hacia el palacio- ordenó sin esperar que el resto de su escuadrón bajara de las naves. Se volteó para ver las naves de Kakarotto y la terrícola, ambas eran iguales, pero no quería parecer muy interesado en eso, aunque debía admitir que sentía curiosidad de verlas por adentro.
-Kakarotto- llamó con su tono malhumorado.
La puerta de la nave se abrió y Kakarotto descendió con el cabello más alborotado de lo normal, parecía que acababa de despertar.
Vegeta se cruzó de brazos y frunció el ceño –Lleva a la terrícola a los laboratorios del palacio y que inicie con su trabajo. Quiero ver sus resultados en menos de una semana.- No se molestó en esperar que Kakarotto le respondiera, pero antes de emprender vuelo hacia su palacio vio ligeramente hacia la nave de la humana, su poder de pelea era casi tan imperceptible que de no ver luces adentro podría jurar que no había nadie allí.
Kakarotto se rascó la cabeza luego de quedarse solo en donde habían aterrizado –Creo que tiene prisa- dijo sin darle más vueltas al asunto. Se dirigió a su nave y pulsó un diminuto botón que tenía en uno de sus lados, ésta se encapsuló en un segundo y Kakarotto sonrió –Debo mantenerte oculta- dijo mientras guardaba la cápsula dentro de su armadura.
Se acercó a la nave de Bulma y golpeó la puerta mientras bostezaba. Los minutos pasaron y no hubo respuesta, aunque se escuchaban ruidos desde adentro –Suficiente- dijo y abrió la puerta a base de fuerza –Bulma, no quiero que Vegeta se moleste porque nos retrasamos… ¿qué demonios traes puesto?-
Bulma llevaba puesto un traje amarillo que parecía quedarle enorme, y estaba presionando botones de una pequeña máquina que tenía cables por todos lados –Necesito ver si el oxígeno de este planeta no tiene ningún componente dañino para los humanos- decía sin siquiera voltear a ver a Kakarotto.
Kakarotto rodó los ojos y se cruzó de brazos, él podía explicarle que el oxígeno en ese planeta no era dañino, pero alguien como Bulma dudaría de todo a menos que lo pudiera comprobar. Tardaron pocos minutos para que ella se quitara el casco que llevaba puesto y sonrió –Bien, supongo que el único problema es lo pesado de su gravedad-
-¿Pesado?-
-Sí, la gravedad de este planeta es diez veces mayor que la de la Tierra, previendo eso ajusté las botas de este traje para que me mantengan regulada la gravedad mientras yo las lleve puestas. No quisiera terminar aplastada por la gravedad y el peso de mi propio cuerpo"-
Kakarotto había comenzado a bajar los brazos cuando Bulma inició a hablar, a veces olvidaba lo brillante que era –Supongo que te preparaste a la perfección para esto. Vamos-
Kakarotto la llevó volando en sus brazos luego de que encapsuló su nave, no quería llamar la atención del resto de los saiyajin. Mientras volaban, Bulma observó el planeta, ¡era un sitio tan frío y desolado! El polvo y las piedras eran los verdaderos soberanos del s. Había visto pequeños agrupamientos de seres de otras razas, pero nada que la hiciera pensar que estaban cerca de la ciudad, ¿habría una ciudad ahí? Lo único que miraba eran pequeñas montañas y cuevas.
-Desde aquí puedes ver el palacio- dijo Kakarotto mientras miraba hacia enfrente.
Bulma vio hacia el frente, y admitió para sí misma que, aunque no poseía ornamentación ni tampoco una arquitectura barroca que pudiera embellecer el lugar, era una construcción muy curiosa. Era un castillo sobrio, pero al mismo tiempo ostentoso, sobre todo por el tamaño colosal que poseía –Es… enorme- pero también frío, pensó mientras se acercaba y miraba que todo el lugar estaba construido a base de piedra.
-Si miras para abajo, podrás ver los poblados que están cerca del palacio, supongo que no podrías categorizarlo como una ciudad-
Bulma negó con la cabeza, podía ver mercados, pequeños puestos y carpas, pero, al igual que en el resto del planeta, habían demasiadas piedras. Fue ahí cuando se percató que no eran solamente piedras colocadas arbitrariamente, ¡eran casas hechas de piedra! Cada vez se le hacía más difícil poder describir mejor a los saiyajin, aunque tenían costumbres cavernícolas, al mismo tiempo manejaban una tecnología de lo más avanzada.
-¿Y qué es eso? Que se ve que atraviesa el palacio?-
-¿Eso? Es el Muro- respondió Kakarotto de manera casual –Te llevaré cuando tengamos tiempo. Ya llegamos-
–¿Me están esperando?- preguntó algo confusa mientras descendían en la entrada del castillo.
Kakarotto rió –No, Vegeta no espera a nadie. Te enterarías si él te estuviera esperando, te lo puedo asegurar-
Bulma negó rápidamente con la cabeza, toparse con ese saiyajin era lo último que quería hacer ahora recién llegada al planeta –Bien, ¿me enseñarás dónde trabajaré?-
-Sígueme, no te despegues de mí. Si uno de mis compañeros te ve, podría pensar que eres simplemente una esclava más-
Cuando entraron al palacio, Bulma sintió cómo el frío aumentaba mientras se adentraba cada vez más –¿Qué no tienen calefacción?- preguntó mientras se abrazaba a sí misma.
-¿Calefacción? No, nosotros los saiyajin tenemos una temperatura corporal bastante alta, tiene que haber una temperatura verdaderamente baja para que sintamos frío- se encogió de hombros –Una de las tantas ventajas de nuestra raza- sonrió orgulloso.
-Bien, pues si quieren que yo trabaje aquí, tendré que hacer mejoras al lugar. Me niego a estar en un laboratorio frío y lúgubre todos los días-
Kakarotto no respondió, simplemente siguió caminando y de vez en cuando le decía a Bulma algún dato sobre este cuarto o aquel otro. Parecía estresado, y ella no lo había pasado por alto.
-Aquí es el laboratorio- dijo cuando llegaron hasta una puerta de metal que, comparativamente a las puertas de la Corporación Cápsula, parecía que podría resistir cualquier tipo de ataque. Kakarotto ingresó varios dígitos y se adentraron al lugar que posiblemente sería el refugio de todo el caos que rodearía a Bulma.
-¿Se supone que debo trabajar aquí? No hay nada, es una gran bodega- dijo ella luego de ver a detalle el lugar. Habían restos de naves, unas cuantas mesas por aquí y por allá, parecía que nadie había usado ese laboratorio más que para lugar de almacenaje –¿Dónde me ingresarán las naves?, ¿hay baños cercas?, ¿se supone que tengo que hacer todo sola? No veo ningún monta-carga, ni siquiera desniveles en el piso para poder reparar las partes bajas de la nave, ¿si quiera tienen herramientas?-
Kakarotto estaba retrocediendo poco a poco ante la rabieta de la bella terrícola. Levantó las manos en señal de paz, era una tendencia que tenía a hacer cuando a Bulma le agarraba por alegar frente a él.
–Oye, oye, éste es el lugar, pero no está listo. No sabíamos que traeríamos a alguien para que trabajara aquí. Conseguiré alguien que te ayude para remodelarlo-
Bulma respiró profundo y puso las manos sobre su cadera –Bien- dijo ya calmada –Tengo que hablar con él-
Kakarotto pestañeó varias veces antes de poder entender, pero aun así preguntó lo obvio –¿Hablar con quién?-
-Con Vegeta-
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
-¿Dónde está ese inútil de Kakarotto?- exclamaba Vegeta en la Cámara de Guerra, una habitación enorme, decorada con varios mapas hechos en tela, colgando de las paredes; unas ventanas verticales cubiertas con vidrios rojos y azules, y en el centro del lugar se hallaba una mesa rectangular, donde los saiyajin de mayor alto rango se sentaban cuando el príncipe los mandaba a llamar. Y frente a la mesa se hallaba una plataforma elevada un metro por encima del suelo, donde se ubicaba una enorme silla de madera tallada, con un respaldo acolchonado y cubierto de tela roja, al igual que la almohada ubicada en el asiento. –Olvídenlo, no lo necesitamos para esto- dijo sentándose mientras el resto de saiyajin imitaban sus acciones –¿Capturaron a alguien con vida?-
Un saiyajin delgado y con cabello corto que se podría jurar sufría de calvicie carraspeó –La flota completa fue aniquilada- tenía sudor por toda la frente, era demasiado obvio que temía por la reacción de Vegeta –Solamente quedó la nave, pero la dejamos varada en el espacio-
Vegeta mantuvo su mirada fría sobre todos los presentes –Quiero a cada tropa de saiyajin de clase baja en los límites del imperio-
-No tenemos tantos miembros de clase baja, aunque podemos mandar a los kabochans-
-Que Turles disponga del pequeño ejército de Daiz. Nadie entra a este imperio y nadie sale- Dio la orden de que se retiraran todos los presentes.
-Necesito matar algo- dijo cuando se quedó solo. Salió de la recámara y se quitó el rastreador, arrojándolo al suelo y pisándolo –Es como quitarse un peso de encima"
Caminó por los pasillos del palacio. Era un lugar frío y silencioso, y así era como le gustaba. Se sentía bien al estar de regreso en un lugar así, en la Tierra había encontrado silencio, pero todo era demasiado colorido para su gusto.
¿Qué podía hacer ahora? Sí, era el príncipe, podía hacer lo que se le viniera en gana y no habría nadie quien le recriminara eso, pero ahora sin Nappa era un peligro dejar el planeta e irse, sobre todo en las manos de Kakarotto, quizás sí era mejor idea dejar el cargo a Kale.
-Fue una mala jugada eliminar a ese grandísimo animal- masculló refiriéndose a Nappa. Vegeta no solía retractarse luego de dar una orden, ¿con qué excusa podía nombrar ahora a Kale? Maldecía que su imprudencia tomara lo mejor de él.
Se encaminó hacia su Centro de Entrenamiento, por una vez en la vida tendría que ser el príncipe que debía ser, en lugar del guerrero asesino que realmente era. Tendría que quedarse en el planeta por unos días, ir a misiones que no fuesen tan lejanas, pero lo peor de todo sería tratar con los campesinos. Al llegar al Centro inició su calentamiento, tenía demasiado en la cabeza. No había ni siquiera estado treinta minutos entrenando cuando sintió un poder de pelea acercarse a donde él estaba entrenando, pero fue hasta que estaba verdaderamente cerca que supo quién era.
-Maldita sea- dijo cuando sintió a Kakarotto parar frente a la puerta del Centro. No esperó a que llamaran, él mismo abrió la puerta de un solo golpe, no estaba de humor para esto –¿Qué quieres ahora, insecto?- espetó.
-Tenemos problemas con el laboratorio, Bulma insiste que no es más que una bodega, necesita constructores, ayudantes, además quiere hablar contigo…-
Vegeta arqueó la ceja –Kakarotto, tú eres el encargado de esa terrícola. Si tiene problemas, soluciónalos. A mí no me interesa si la mujer trabaja en una bodega o en una celda, si no comienza a producir, no tendrá que preocuparse por esas cosas- amenazó y cerró la puerta en la cara de Kakarotto –¿Para qué demonios me molesto en tratar con ese inepto?-
Entrenó durante horas más hasta quedar bañado en sudor, simplemente estaba demasiado estresado. Si habían naves de Freezer navegando sus territorios, eso significaba que el maldito lagarto estaba probando las aguas, ¿acaso quería comprobar qué tan alerta estaba el joven príncipe? –Le demostraré- dijo mientras lanzaba un puño al aire –Le demostraré que no puede meterse conmigo-
Cuando finalmente dejó de entrenar era posiblemente la madrugada del siguiente día, todavía podía ver las estrellas y otros planetas, era lo único que servía para iluminar el cielo nocturno. Caminaba por los pasillos, sabía que debía ir hacia su alcoba, había varios caminos para llegar hasta su habitación; tomó el más largo, éste atravesaba distintas áreas del castillo, incluyendo los jardines que estaban totalmente desiertos, ni una sola planta había sido sembrada en el lugar.
-La próxima vez que den alerta de una nave, iré personalmente a torturarlos y mandar un mensaje a Freezer. Desmembraré a cada uno de sus tripulantes y…- Se interrumpió al ver una luz que provenía de una de las bodegas, su palacio estaba prohibido para todos por la noche, incluyendo a los saiyajin de clase alta. Nadie habitaba el lugar a menos que fueran los escasos sirvientes que tenía, ¿alguno de ellos estaba husmeando?
Caminó hacia el lugar, era un pequeño desvío de su camino normal hacia su alcoba, pero algo que Vegeta odiaba de sí mismo era ese impulso que lo empujaba para saciar su curiosidad por cosas que rompían su rutina, y esa luz en esa bodega era algo que definitivamente no esperaba ver. Mientras más se acercaba al lugar donde se originaba la luz, más lo reconocía: el nuevo laboratorio.
–Si Kakarotto sigue aquí, juro que tener nuevas costillas rotas será su último problema.- Cuando finalmente llegó a la puerta del laboratorio se detuvo, no sentía el poder de Kakarotto adentro. Cerró los ojos y se concentró más en sentir la energía de quien estuviera en el interior.
Un sonido de metales cayendo hizo que detuviera cualquier intento para entrar –Entonces la terrícola sí está allí adentro- pensó mientras daba un pequeño resoplido, quizás la mujer fuese más útil de lo que a simple vista demostraba.
Cerró de nuevo los ojos y sintió cómo la mujer se movía de un lugar para otro en el nuevo laboratorio. Sonrió de lado cuando la escuchó maldecir –Qué mujer tan vulgar- balbuceó mientras se imaginaba lo que podría estar sucediendo adentro. Se encogió de hombros y decidió permitirle a la mujer quedarse esa noche allí, pero sería la primera y única vez. Era su palacio después de todo, no podía permitir a los simples sirvientes que hicieran lo que quisieran.
Se dio la vuelta y mientras retomaba su camino hacia su habitación, recordó que Kakarotto había llegado porque la terrícola estaba exigiendo mano de obra entre sus objeciones –Quizás algunos shamoian la hagan callar- dijo sin darle muchas vueltas al asunto.
Vegeta retomó su rutina en los días venideros. Despertaba y no esperaba ni un segundo para ir a entrenar, pero no por eso significaba que se había olvidado de su huésped. Al cuarto día de haber regresado al planeta la mandó a llamar para tener una audiencia con ella, también llamando a Kakarotto, quien era el supuesto encargado de la terrícola.
Cuando Bulma llegó a donde se encontraba Vegeta esperándola, no imaginó que estarían ellos dos solos. Desde que lo había conocido siempre tenía a otros saiyajin cerca, creía que era algo normal al ser parte de la realeza, aunque en los días en los que se mantuvieron en la Tierra le fue muy obvio que Vegeta odiaba tenerlos a su alrededor.
Vegeta estaba sentado en su trono con una pierna cruzada. La armadura que vestía era distinta a la que había usado cuando llegó a la Tierra; ésta tenía los detalles rojos en lugar de amarillos como el resto de armaduras, tenía una capa azul al igual que las botas, y una insignia en el pecho izquierdo que se asemejaba a un ancla.
-Hemos estado aquí ya cuatro días, espero que tengas resultados para mí- dijo sin rodeos.
Bulma volteó a ver si los guardias que la habían llevado ante Vegeta seguían en la puerta, pero al parecer se habían desvanecido –Pues habrían resultados si el laboratorio que me asignaron hubiese estado equipado, ¿pero fue así? No. Tuve que desmantelar unas naves y usar sus piezas para armar yo misma mis propias computadoras, Kakarotto me llevó unos pequeños ayudantes para poder trabajar deprisa, pero incluso así es algo difícil porque ninguno de ellos tienen idea de lo que hay que hacer-
Vegeta escuchaba mientras la mujer parloteaba, le había preguntado por resultados y ahora parecía que le estaba dando un discurso que a él no le interesaba.
-¡SILENCIO!- gritó al mismo tiempo que se ponía de pie –¿Me estás diciendo que no tienes nada para mí?-
-Lo tendría si alguien aquí supiera hacer bien las cosas-
Vegeta comenzó a bajar los escalones lentamente sin quitarle la mirada de encima –Te traje para que trabajes, no para que me des excusas, además no tengo ni la menor idea de lo que me estrás construyendo-
El cuerpo de Bulma le estaba diciendo a gritos que debía retroceder, pero su orgullo no le permitía moverse –Es una máquina de gravedad. Como la de Kakarotto-
Eso detuvo los pasos de Vegeta, ¿Kakarotto tenía una de esas? –Claro, eso explica su aumento de poder.- Retomó su camino hasta estar frente a la terrícola, quien parecía tener una lucha interna entre huir de él o quedarse quieta.
-Kakarotto me dijo que a mayor gravedad, mayor eficiencia en su entrenamiento tendría, así que mi papá y yo le construimos una con capacidad para hasta 50 veces la gravedad que teníamos en la Tierra. Antes de regresar, le aumenté la potencia a 100 veces y…-
-Trescientas veces- interrumpió Vegeta.
-¿Qué?-
-No me hagas repetir- amenazó él –Si Kakarotto entrenó con una gravedad aumentada a 100 veces, yo puedo soportar el triple-
-¡¿Estás loco?! Trescientas veces es demasiado. Vegeta, si tú pesas 60 kilos eso se convertirá en 18 toneladas. Eso es imposible- Bulma estaba intentando sonar lo más razonable posible.
Vegeta comenzó a fruncir el ceño más de lo usual hasta que expulsó energía, esto fue lo que hizo que Bulma finalmente retrocediera –¡Obedece y constrúyelo!-
-Es… está bien- respondió finalmente cuando se recuperó de su shock –Pero debes decirme en dónde la quieres, tengo que cambiar esa habitación y hacerla capaz de soportar el cambio de temperatura, además…-
-Ya que Kakarotto es lo bastante incompetente para no llegar rápido a esta audiencia, será Raditz quien te muestre el Centro de Entrenamiento. Raditz- llamó con un tono de voz más calmado, aunque no dejaba de sonar como si en cualquier momento fuese a perder la paciencia –Por cierto, mujer-
Bulma volvió a mirarlo con desconfianza, pero decidió no decir nada esta vez.
-Por cada día que te retrases, te mandaré a dormir en una celda que están en los calabozos de abajo- sin decir nada más se alejó de ella y se dirigió de nuevo a su trono.
Bulma dio unos pasos para enfrentarse a él de nuevo, pero un saiyajin bloqueó su camino –Vendrás conmigo-
Retrocedió por la sorpresa. Era uno de los saiyajin que la había llevado frente a Vegeta, pero creía que ya no estaban cerca –Bien- estaba algo molesta, no había podido decir nada mientras Vegeta la amenazaba y le exigía lo imposible, ¿desde cuándo era así ella? Siempre había sido temible y se caracterizaba por no dejar que nadie le diera órdenes, y ahora estaba aquí siguiendo los comandos de un príncipe caprichoso.
Saiyajin y terrícola caminaron en silencio por minutos que se sintieron eternos hasta llegar a un vestíbulo con doble altura. El saiyajin pareció dudar unos segundos antes de seguir por el pasillo de la izquierda. Llegaron finalmente a una puerta blindada. Raditz se acercó al candado digital y luego de unos segundos éste desbloqueó la puerta.
Bulma se quedó admirando el lugar, ¡era tan grande! Y tan vacío, con algunos objetos que supuso serían pesas y un pequeño mueble donde habían semillas verdes, ¿qué eran esas cosas? Inspeccionó el lugar, tocó las paredes y golpeó el piso –Es resistente, supongo que no tendré que hacer mucho con él- dijo para sí misma.
Raditz miraba cada movimiento de la terrícola sin apartar la mirada –¿Ya viste suficiente, terrícola?-
La voz del saiyajin hacía que Bulma se sintiera intimidada. Era de esas voces que le quedaban bien a ladrones, asesinos y psicópatas –Supongo que en batalla funciona bien para intimidar al enemigo- pensó mientras se daba la vuelta –Bien… comenzaré a trabajar de inmediato. Iré por mis herramientas y por los shamoian y listo. Así que iré y…-
El saiyajin se interpuso en su camino sin dejar de tener los brazos cruzados –Me temo que no puedo dejarte, terrícola-
-Puedes acompañarme si quieres- se animó a decir.
Raditz sonrió con picardía –Supongo que podría si quisiera-
-No te molestes-
Raditz y Bulma voltearon a ver hacia la puerta donde estaba Kakarotto, parecía haber llegado corriendo hacia donde estaban –Vegeta me dijo que estarían aquí. Yo soy el encargado de Bul… de la terrícola. No quiero que Vegeta se moleste porque no hago mi trabajo, ya sabes que busca cualquier excusa para meterse conmigo- dijo a Raditz sin dejar de verlo, casi ignorando a Bulma.
Raditz miró a su hermano y luego a Bulma, a quien le sonrió de nuevo –Nos veremos, terrícola-
Bulma se quedó callada hasta que finalmente se quedó sola con Kakarotto –Ese sujeto me pone nerviosa- admitió con un tono bajo –No lo tomes a mal, sé que es tu hermano, pero no me dejes sola con él-
-No te preocupes, se olvidará de ti pronto. ¿Qué te dijo Vegeta?-
-Quiere una máquina de gravedad en este lugar, ¡oh! También me advirtió que por cada día de retraso, me encerraría, ¿puedes creerlo? Es un lunático- Kakarotto contuvo su risa, si una amenaza de encerrarla la enojaba, no quería ni pensar si un día Vegeta se dedicaba a amenazarla de verdad –Bien, regresemos al laboratorio, necesito avanzar lo más que pueda-
Fueron al laboratorio a traer todo lo necesario, los shamioan eran trabajadores insuperables y Bulma estaba más que feliz con ellos. Había uno de ellos, uno joven que respondía al nombre de Yabo, este pequeño trabajaba el doble porque su abuelo no podía hacer mucho, de manera que para evitar cualquier problema, él trabajaba por ambos.
Trabajaron por horas mientras Kakarotto acompañaba a Vegeta en sus vueltas como príncipe, había descubierto que no había nacido para ser el sustituto de Nappa, ni siquiera había podido hablar con su madre por lo ajetreado.
-Oye, Vegeta- dijo Kakarotto mientras estaba al lado del trono de éste.
-¿Qué quieres, insecto?- preguntó de mala gana el príncipe. Ese día había tenido demasiadas citas con los seres de otros planetas, cada uno con exigencias y favores que pedir al nuevo emperador de esa galaxia, ¿cómo es que Freezer podía gobernar el resto del Universo sin perder la cabeza?
-Bulma está trabajando en tu habitación, pero ya va anocheciendo y…-
-¿Bulma?- preguntó confundido.
-La terrícola- explicó Kakarotto también confundido, ¿qué acaso él ni siquiera se había molestado en preguntarle su nombre?
-Ya recuerdo, ¿qué pasa? Imagino que tendrá que dormir en uno de los calabozos- se encogió de hombros –Encárgate de eso, yo no quiero tener que escucharla gritar-
Kakarotto sintió sudor en su frente, ¿¡él debía hacerlo!? Prefería enfrentarse un sinfín de veces contra Vegeta antes de tener que ir a arrastrar a Bulma a un calabozo –Quizás Raditz sea el más indicado… sabes cómo adora lanzar a los sirvientes al calabozo-
-¿Estás retando mis órdenes, Kakarotto?-
-No-
-Bien. Haz lo que te ordeno entonces-
Kakarotto hizo una pequeña inclinación y salió del lugar, al mismo tiempo que otro representante de algún otro planeta entraba para tener una audiencia con Vegeta en el Salón. Poco después regresó con la cara algo pálida, y parecía inquieto. Se quedó al lado del trono durante casi media hora sin decir una palabra, cosa que Vegeta agradecía, pero esa irregularidad en la energía de Kakarotto lo estaba comenzando a alterar.
-Kakarotto, si tienes algo que decirme dilo de una vez- dijo hastiado.
-Yo… fui a encerrar a Bulma a los calabozos, pero antes de eso me informó sobre los avances en tu proyecto-
-Bien, finalmente haces algo productivo, ¿qué te dijo esa mujer?-
Fue ahí cuando Kakarotto comenzó a sudar frío –Verás… me informó que no podrás usar tu Centro de Entrenamiento por un tiempo-
-¡¿QUÉ?!-
Kakarotto retrocedió dos pasos –El lugar está de cabeza, hay paneles de metal por todas partes-
-Tráela ante mí- comenzó a apretar los puños, ¿era su imaginación o el aire se estaba haciendo más pesado?
Kakarotto comenzó a darse la vuelta apresuradamente.
-No. Iré personalmente. Nadie dispone de mi tiempo sin mi consentimiento-
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Bulma estaba tomando un relajante baño de burbujas mientras hablaba con su madre, quien estaba emocionada por haber encontrado una nueva tienda de pasteles en la Tierra, ¿quién diría que su planeta estaba bajo amenaza de ser destruida?
La puerta del baño sonó y Bulma cortó la llamada con su madre –¿Sí?-
-Señorita Bulma-
Bulma se relajó al escuchar la voz de Yabo –¿Qué pasa?-
-El príncipe está aquí con Kakarotto- hizo una pequeña pausa –Se ven molestos-
Bulma suspiró, la habían encerrado en el calabozo sin mayor explicación, ¿y ahora aparecían mientras ella se daba un relajante baño de burbujas? Era obvio que ninguno de los saiyajin sabía cómo tratar con una dama tan refinada como ella –Diles que… no, no digas nada. Ya saldré- sabía que con el temperamento de cierto príncipe, el pequeño Yabo podría terminar muerto si a Vegeta no le gustaba lo que mandaba a decir.
Luego de quince minutos que para ella se le hicieron infinitamente rápidos salió a recibirlos. Vegeta parecía estar al borde del suicidio y Kakarotto parecía contener sus ganas de huir.
-Vaya, no creí que me vinieran a visitar a mis humildes calabozos- dijo con tono juguetón. Pudo observar que los barrotes de acero de su celda estaban doblados –Creo que alguien tiene que controlar sus ataques de ira, ¿cómo se supone que yo no escape si los barrotes están así?-
Vegeta dio varios pasos hasta estar frente a ella –Los barrotes deben ser tu última preocupación, mujer-
-Bulma- interrumpió ella –Por si no lo sabías, mi nombre es Bulma, así que llámame por ni nombre- tuvo que retener su lengua para no agregar un 'grosero' a su oración, pero sentía que tenía límites para provocar al príncipe.
Vegeta tuvo un ligero parpadeo en su ojo derecho, hace poco esa mujer no le había contestado nada, ¿y ahora estaba diciéndole cómo llamarla?
-¿De dónde demonios sacaste esa… cosa?- siguió él ignorándola por completo.
-Es una casa, ¿realmente imaginaban que estaría en un calabozo? Si no logro dormir apropiadamente, luego no tendré energía para trabajar-
Vegeta sentía su vena resaltar en su frente con cada palabra que salía de la boca de la terrícola.
-Aunque me parece una total mejora a dormir dentro del castillo que en la casa de Kakarotto. No te ofendas, pero ir y venir desde tu casa me hace gastar más tiempo que podría invertir si estuviera hospedada aquí- dijo viendo a su amigo saiyajin.
Kakarotto abrió los ojos de par en par, ese comentario lo había tomado totalmente por sorpresa –Sí…- fue lo único que pudo responder él en su actual estado de shock.
Vegeta se cruzó de brazos –Sal de aquí, Kakarotto- volteó a verlo levemente –Tengo asuntos que discutir con esta mujer-
-Bulma- volvió a corregir ella.
Kakarotto pareció dudar por un segundo, pero Bulma le guiñó el ojo –Sí, Vegeta- se dio la vuelta y dejó a ambos solos, nunca antes había visto a Vegeta soportar tanto de una mujer, bueno, de nadie en especial. Ni siquiera Nappa se había atrevido a contradecir sus órdenes.
Cuando Vegeta escuchó el sonido de la puerta de los calabozos cerrarse volvió a posar su mirada sobre la terrícola –Bien, mujer-
-Bulma- insistió ella.
Vegeta inhaló profundamente antes de continuar. No tenía que matarla. No podía matarla. No debía matarla. Pero quería hacerlo –Kakarotto me dijo que no podré usar mi Centro de Entrenamiento por un tiempo, tienes un minuto para explicar el por qué-
Bulma sonrió, poco a poco Vegeta estaba cayendo donde ella lo quería –Verás, puedo construir la máquina en un día, pero tengo que reconstruir toda tu área de entrenamiento porque los cambios de gravedad tan bruscos no son algo que se pueda tolerar fácilmente. Así que tengo que reforzar toda la habitación y hacer pruebas. Tardaré unos cinco días, pero…-
Vegeta frunció el ceño, sentía como si estuviera cayendo en una trampa –¿Qué?-
-Supongo que si me quedara aquí en el palacio, podría terminarlo en menos tiempo, quizás tres días- se encogió de hombros –Pero imagino que es imposible-
Vegeta no respondió nada, seguía molesto por el hecho de que la mujer, en lugar de sentirse amenazada en una celda, se había acomodado e incluso había colocado una pequeña casa, ¿de dónde la había sacado?
-Bien, mujer-
-BUL-MA-
-Te quedarás en el palacio mientras sea necesario- dio un paso hacia adelante –Pero no quiero cruzarme contigo, y si lo hago espero que sea porque voy a revisar tu trabajo. Si te encuentro, aunque sea por un segundo, haciendo algo que no sea construir la habitación, ya no te tendrás que preocupar por nada más.- Dijo mientras ambos sostenían la mirada. Vegeta estaba teniendo un poco de dificultad en creer que estaba amenazándola y ella le sostenía la vista, ni siquiera a los reyes y emperadores de los otros planetas les había visto tantas agallas.
-Es un trato- dijo Bulma extendiendo la mano y sonriéndole con picardía –No importa que me vaya a quedar en tu palacio, no permitiré que te enamores de mí aunque me encuentres muy atractiva- dijo guiñándole el ojo.
-Qué mujer tan vulgar… y cómo grita- Se dio la vuelta y dejó a Bulma en el calabozo. Intentó caminar de manera normal, no dejando entrever que el comentario anterior lo había tomado por sorpresa.
Bulma se puso las manos en la cintura mientras miraba a Vegeta alejarse. Sentía su corazón acelerado por la adrenalina, nunca antes se había puesto a discutir con alguien que podría matarla, bueno… sí, recordaba sus aventuras contra la Patrulla Roja, pero comparados con Vegeta, ellos habían resultado ser sólo unos niños jugando a ser malos.
-¿Se encuentra bien, señorita Bulma?- preguntó el pequeño shamioan desde la puerta de la casa –Los otros y yo estábamos preocupados-
-Realmente es muy pequeño- murmuró ella para sí misma.
-¿Disculpe?-
-Vegeta- dijo dándose la vuelta para regresar a la casa –Es sólo que… solía verlo más imponente, pero ahora que lo tuve bastante cerca pude notar que… es pequeño. Casi de mi altura. Comparado con el resto de saiyajin… es muy pequeño-
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Vegeta y Kakarotto caminaban de regreso hacia el trono –¿Entonces ella se quedará acá, en el palacio?-
-No necesitas que te repita las cosas, ¿verdad, insecto?-
Kakarotto hizo un pequeño gesto de incomprensión –Lo sé… bueno, no importa. Mientras estabas allá abajo, recibí noticias. Han detectado una nave de Freezer, bueno, una pequeña flota. Uno de los patrulleros reportó un ser rosado y gordo, imagino que no necesito decir más-
Vegeta sonrió –Bien, Kakarotto, por fin tendré algo de acción. Iré de inmediato, no le digas a la mujer… ¿cuál es su maldito nombre?-
-Bulma-
-¿Qué clase de nombre es ese?- preguntó Vegeta.
-Yo lo sé, me reí un poco cuando me lo dijo… aunque no fue nada gracioso el ver su reacción. Me disparó a la cabeza- llevó su mano derecha hacia donde la bala lo había golpeado.
Vegeta sonrió –Creí que solamente era vulgar, pero también es agresiva- dijo en voz baja –Bien, no le digas a la mujer que me fui. Quiero que tenga la presión de que puedo llegar a ver los avances en cualquier momento, y otra cosa…- dijo viendo hacia atrás, donde todavía podía ver la puerta de los calabozos -Asegúrate de que termine antes de que yo regrese. No quiero tener que matarla- torció una sonrisa burlona y macabra.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
-Francamente no vi nada que podría sugerir algo entre la terrícola y el príncipe- dijo Raditz.
-¿Nada? Es curioso, recuerdo que Bardock balbuceó algo sobre ello la última vez que nos vimos. Claro, eso fue hace muchos años… antes de que se creara nuestra pequeña enemistad-
-¿Qué sabe un soldado como Raditz sobre los intereses de un príncipe?- se burló un guerrero tan alto como Raditz. No era un saiyajin, era de otra raza, una raza que no poseía cejas, pero casi la misma resistencia que la de los saiyajin.
-¡¿Qué estás queriéndome decir, Daiz?!- respondió defensivamente el joven saiyajin.
-¡Silencio!-
Ambos guerreros se callaron de inmediato y voltearon a ver al saiyajin que estaba sentado en el asiento principal de la única mesa que había en la habitación.
-Bien, igualmente quiero que mantengas los ojos sobre la terrícola, si es necesario tómala. Vegeta jamás aceptaría algo que un soldado de clase baja como nosotros ya haya tenido- dijo éste.
Raditz sonrió –Oh, la mujer es bastante hermosa, no será ningún sacrificio, aunque…- se quedó pensativo antes de responder –Podría asegurar que la mujer tiene cierta relación con Kakarotto"-
El saiyajin de piel morena y armadura gris pareció interesarse por ese detalle –¿Kakarotto?, ¿es la misma terrícola de cabello azul de la que estamos hablando?- Raditz asintió –Quizás haya entendido mal qué mujer será tomada por quién. Si ésta es la mujer de Kakarotto, significa que la mujer con la que Vegeta tendrá un híbrido no ha venido a este planeta-
-Imagino que debe ser incluso más hermosa que esta terrícola para que Vegeta se fije en ella, francamente me es difícil imaginar a otra así- dijo recordando la figura curvilínea de Bulma.
-No importa, Vegeta debe de estar loco para querer cruzar su sangre con la de una raza inferior. Si es la mujer de Kakarotto de nada nos importa, es la estirpe de Vegeta la que quiero eliminar. Estoy seguro que el pequeño príncipe morirá en su intento de ser el nuevo Emperador del Universo, ¿y luego de eso quién queda? Sólo el pequeño e indefenso Tarble, podría matarlo yo mismo si quisiera, con un brazo atado a mi espalda-
-¿Qué hay sobre el árbol?-
El saiyajin de tez morena sonrió con maldad –Todo a su tiempo, Raditz- dijo con un tono de burla –Bien, será mejor que regreses al palacio. No te preocupes por la terrícola, mantén tu fachada hasta que yo diga lo contrario-
Raditz se dio la vuelta y salió del salón que estaba en penumbras, con apenas unas cuantas antorchas iluminando el asiento principal.
-No me confiaría en la percepción de Raditz-
-No nos preocupemos por eso todavía, en cuanto miremos algo fuera de lugar, le dejaremos esto a Okkra- sonrió el saiyajin –No hay nada mejor que dejar que alguien que no tiene nada que ver con nosotros se encargue de eliminar a la diminuta amenaza que es esa terrícola. Además ya sabes cómo son las mujeres, en especial las saiyajin-
-¿Y si la mujer queda embarazada?- preguntó Daiz ya sabiendo la respuesta, pero aun así queriéndola escuchar.
-Entonces podrás hacer lo que más te gusta- dijo el saiyajin poniéndose de pie –Asesinar mujeres y niños-
Bueno, releyéndolo creo que no parece haber avanzado tanto la situación entre Vegeta y Bulma, ¿o quizás solo un poco?
Espero leerlas pronto :)
