Muchas gracias a las betas Meliza y Bellatrix_2009 que sacan tiempo para revisar esa y otras de mis fics.

Razón utilizada: 21. Porque Harry mira de forma rara a las chicas que están junto a Draco antes de aquel juego. (Príncipe Mestizo)

Harry se despertó con una sensación diferente. La cama donde estaba tumbado era más dura que la antigua cama de Sirius, las sábanas más ásperas y él no estaba del lado donde dormía todos los días. En el momento que percibió eso, abrió los ojos rápidamente, recordando el motivo de estar allí. Frente a sus ojos tenía una mesita y la poca luz que entraba por la ventana con cortinas iluminaba el cuarto oscuro y no tan limpio del burdel. El sol aún no había salido. Despacio, Harry giró el rostro, continuando de bruces para mirar el otro lado de la cama.

Draco estaba dormido de espaldas hacia Harry, que podía ver sus hombros y la espalda desnuda hasta el final de su espina, donde la sábana ocultaba el resto del cuerpo del rubio. La poca luz de la habitación combinada con la miopía de Harry hacía que la piel de Draco se viera un poco gris, pero Harry sabía que era blanca como la leche. Un brazo del rubio estaba bajo la almohada y el otro estirado hacía el otro lado de la cama. El pelo de Draco cerca de su cuello estaba erizado y también lucia gris debido a la poca luz, Harry se recordaba muy bien de como el pelo rubio se sintió muy suave entre sus dedos.

Con un sentimiento de culpa, Harry cerró los ojos con fuerza, intentando impedir los recuerdos que invadieron su mente como una ola, pero aquello sólo hizo que las imágenes se volvieran más claras en su cabeza.

Sus dedos enredados en el pelo de Draco mientras éste bajaba con besos por su pecho, desabrochando sus pantalones con rapidez... la sensación caliente de su boca en su punto más sensible, la lengua que pasó por caminos pecaminosos... la boca de Draco alrededor suyo, caliente y húmeda.

Harry abrió los ojos, sin aliento. Debió hacer algún ruido o movimiento sin percibirlo, ya que Draco suspiró y se movió. El moreno evitó siquiera respirar hasta que el rubio volvió a quedarse inmóvil, ahora de bruces. Sin que el auror pudiera evitarlo, su mirada viajó por la espina del rubio mientras se acordaba de la noche anterior.

Draco de rodillas en la cama, agarrando la madera de la cama con una mano y lamiendo los dedos de la otra, mientras Harry también de rodillas atrás de él, besaba sus hombros y su cuello... la sensación caliente y apretada que sintió al entrar en él, haciendo que el rubio gimiera por el dolor... las manos de Harry viajando por su pecho hasta llegar a sus muslos, intentando no perder el control mientras Draco se tomaba su tiempo para relajarse y acostumbrarse con Harry dentro de él.

El moreno mordió sus labios, preocupado. Draco no pareció preocupado por el dolor la noche anterior, ya que le había provocado, haciéndole continuar, hasta que ya no pudo contenerse...

... forzando la espalda del rubio para que se inclinara hasta quedarse tumbado sobre la cama, las manos del moreno sujetando con fuerza su cintura estrecha y blanca, mirando como los músculos de la espalda de Draco se movían mientras el rubio se tocaba al mismo ritmo que Harry golpeaba dentro suyo...

El auror hundió su rostro en la almohada, completamente avergonzado. Tenía ganas de golpear la cabeza contra la cama hasta que las cosas empezaran a tener sentido. ¿Por qué se había dejado llevar de aquella manera? ¿Cómo fue capaz de perder su virginidad con Draco Malfoy? Por todo el tiempo que estuvo con Ginny, fuera porque nunca tuvieron mucho tiempo a solas, o porque Harry la respetaba demasiado para hacer algún avance, jamás había siquiera tocado a su novia íntimamente. Lo más íntimo que habían hecho fue toquetearse bajo las escaleras de La Madriguera, eso sin avanzar por debajo de la ropa. Aún así, Harry no podía comparar ninguno de sus momentos con Ginny con la pasión caliente de Draco al besarlo la noche anterior, el rubio tocaba, apretaba, exigía...

Harry se sentó con lentitud, regañándose a sí mismo con el pensamiento. Como si no fuera poco todo aquello, Draco estaba bajo sus cuidados. Era su trabajo cuidarlo y Harry aprendió muy bien en su entrenamiento que no se debe mezclar trabajo con relaciones sexuales, sería alejado del caso de los Malfoy en el momento que alguien desconfiara. Y no era sólo con el Ministerio que Harry tendría problemas si descubrieran lo que había ocurrido. ¿Qué pensarían sus amigos? ¿Los Weasley? ¿Ginny? ¿Los Malfoy? ¿La prensa? Harry era una persona pública, sus acciones eran juzgadas por la sociedad. ¿Cómo el mundo mágico iba a reaccionar? Harry aún recibía ofertas de casamiento con frecuencia.

Y claro, estaba el hecho que se había acostado con otro hombre, cosa que el moreno no sabía si era tan criticada entre los brujos como en el mundo muggle. Y luego estaba el pasado de Draco como mortífago, la manera como los Malfoy se habían librado de su condena, cosa que aún causaba muchas discusiones entre las personas. "Mierda", Harry pensó, quedando muy quieto al sentir a Draco moverse. El rubio giró su rostro en dirección a Harry, pero la luz de la mañana debe haberlo incomodado porque volvió a la misma posición de antes.

Harry esperó unos momentos antes de ponerse sus gafas y levantarse de la cama, casi tropezó con su propio zapato antes de llegar al baño. Se había puesto sus calzoncillos antes de dormirse, pero el restante de su ropa estaba esparcido por el suelo. Miró a su reflejo por un momento y suspiró. No había nada de diferente en lo que veía, era el mismo Harry de siempre. Entonces, ¿por qué se sentía tan diferente? El auror miró la suciedad de la ducha y sus ganas de bañarse se fueron. Su tía tendría un ataque si llegara a ver un baño tan mugroso como ése. El moreno sólo trató de mojar su cara, hacer un hechizo para limpiar su boca y vestirse. ¿Qué cambiaría arrepentirse? No tenía cómo volver.

Harry evitó mirar a Draco mientras terminaba de vestirse lo más silenciosamente que podía. Recogió las ropas del rubio del suelo y las tendió en la cama. Sólo entonces revisó la habitación, cosa que debería haber hecho la noche anterior. No encontró nada sospechoso, nada de cuadros o señales de magia en los objetos, sólo la ventana estaba hechizada para evitar los ruidos de la calle. Después de finalizar su inspección, Harry se sentó en la única butaca de la habitación, que se quedaba bien al lado de Draco. El rubio había ocultado su rostro bajo la almohada para huir de la luz. Harry analizó atentamente la piel muy blanca del otro, buscando alguna marca dejada por él. No había ninguna en la cintura, dónde las manos de Harry lo apretaron con fuerza casi bruta, pero había un moretón en el hombro, dónde el moreno hincó sus dientes la noche anterior. Además de eso, no había otras marcas visibles para señalar lo que había pasado.

Harry tuvo que obligarse a desviar la mirada del rubio cuando su cuerpo empezó a reaccionar nuevamente. Sólo entonces se permitió investigar un detalle que lo dejó curioso desde la noche anterior, cuando tenía cosas más urgentes para pensar y hacer. Draco tenía dos varitas, una al alcance de la mano, en el bolsillo interno de su capa, otra puesta en una funda cosida en la manga izquierda de la túnica. La que estaba oculta era la misma que Harry utilizó para matar a Voldemort. Harry la cogió con cuidado, imaginando el motivo para que Draco llevara dos varitas.

Sintiendo la magia familiar al girarla entre los dedos, Harry experimentó una breve tentación de utilizarla para borrar la memoria de la última noche de la mente del rubio mientras él dormía. Sería un hechizo sencillo, que sólo afectaría un período corto de tiempo, no sería complicado de hacer... pero Harry se acordó del dolor en los ojos de Draco al alejarlo después del primer beso que le robó. "Te dije que no entenderías", Draco dijo, fingiendo desprecio. El moreno sacudió la cabeza, respirando profundamente, era incapaz de borrar la memoria de Draco después de percibir cuánto aquella noche debía significar para él.

Aunque nada de aquello había ocurrido porque Harry sintiera lástima por Draco, o sólo por los sentimientos del rubio. Harry había actuado por su propia voluntad, aún no comprendía sus acciones, pero sabía que estaba relacionado con la manera que se preocupaba por Draco, y se moría por saber dónde estaba, con quién y qué estaba haciendo, exactamente como ocurrió en todo su sexto año en Hogwarts. El auror odió la idea de dejar al Slytherin meterse en ese cuarto con una prostituta y se sintió satisfecho al ser él el elegido y no ella. Se acordó de haber sentido algo parecido a los celos que tuvo al ver a Malfoy caminar por los pasillos de la escuela con las dos chicas desconocidas, que en aquella ocasión no sabía que eran Crabble y Goyle.

Harry no estaba enamorado. No sentía cariño o afecto por Draco Malfoy. Lo que sentía estaba más relacionado con un sentimiento de posesión, de que el rubio era para él solamente. Era diferente a la pasión, por lo menos de lo que él pensaba que era eso. Harry sabía que se sentía atraído por Malfoy, sólo que nunca le dio un nombre a eso. Ahora podía nombrar el sentimiento. Pero, ¿qué haría con eso? No podía cometer el mismo error nuevamente, tendría que asegurarse de eso en el futuro. Perdido en sus pensamientos, Harry se relajó en la butaca, esperando que el rubio despertase.

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Draco estaba despierto hacía un tiempo, pero se rehusaba a abrir los ojos. Fantaseó con aquella noche por tanto tiempo que temía descubrir que todo no pasaba de un sueño, aunque supiera que fue muy real por el dolor que sentía en una parte específica de su cuerpo. La cama no era tan cómoda como debería, el colchón era muy blando, la almohada demasiado dura y las sábanas no eran suaves y perfumadas como las que Draco estaba acostumbrado. Y estaba la claridad que insistía en molestar sus ojos. Aún así el rubio hesitaba en mostrarse despierto, ya que temía la reacción de Harry. Sintió cada movimiento que hizo al levantarse, sus pasos hacia el baño y después su caminar por la habitación. Draco sabía que no debía esperar la mejor de las reacciones, pero por lo menos, no parecía enfadado, aunque probablemente ya estaba arrepentido y listo para decir que aquel error no debería repetirse.

Pero el mayor miedo de Draco era una reacción de indiferencia.

Todo ocurrió de una manera totalmente diferente de los sueños y fantasías de Draco. No hubo el cariño deseado, fue una cosa mucho más instintiva, los toques inexpertos y el dolor fue mucho. Pero aunque supiera que sería así, el rubio habría cambiado cualquier fantasía por la realidad, nada se comparaba a la sensación de verlo desnudo, besarlo, tocar su piel y sentir su toque posesivo. Cuando Harry desabrochó su camisa la noche anterior, Draco vio sorpresa en su rostro al reconocer las cicatrices del hechizo que casi lo mató en el baño años antes, pero lejos de mostrar rechazo, el moreno se acercó y acarició toda la extensión de las marcas con la punta de los dedos. Draco había sentido el impulso de decirle que no lo hiciera, era incómodo, pero se contuvo al ver que el moreno tenía una expresión de puro remordimiento. Antes que Harry hiciera algo como deshacerse en disculpas, Draco se sacó totalmente la camisa, y con eso, la mirada del moreno fue atraída hacia la Marca Tenebrosa. El rubio tuvo miedo que el auror se detuviera, pero Harry lo sorprendió acariciando sus brazos y besándole de forma exigente.

Harry también era diferente que el imaginado por Draco, su cuerpo tenía más vello que el rubio jamás tendría, aunque no fuera nada exagerado. Los músculos eran más firmes que los del héroe de sus sueños, la piel menos dorada, más caliente, las manos menos suaves, más callosas, el toque menos delicado y mucho más intenso.

Draco jadeó por el dolor al ser tomado por primera vez, pero deseaba aquel dolor por demasiado tiempo y la recibió con satisfacción. Felizmente, Harry le dio tiempo para relajarse, acariciando sus muslos y su abdomen, pero Draco deseaba verlo perder el control, por eso, lo provocó para que se moviera con fuerza, hasta que cualquier pensamiento coherente los dejara y sólo desearan desesperadamente alivio. El moreno estaba frenético, apretaba sus caderas a punto del dolor, haciendo que Draco se inclinase hacia el frente, el rubio sintió primero la respiración rápida de Harry en su cuello antes de gemir con dolor cuando él le mordió y en el instante siguiente, sus sentidos fueron completamente envueltos por puro e intenso placer.

Draco estaba feliz por estar tendido de bruces y así permaneció por algún tiempo, intentando no pensar demasiado en aquello. No estaba seguro si Harry estaría dispuesto a revivir la noche anterior, ni si lo aguantaría en caso que no lo deseara. Puso atención en la ausencia de ruidos en la habitación y se preguntó si el moreno se había quedado dormido en la butaca, porque sólo mientras dormía Potter podía quedarse quieto tanto tiempo.

Cuando creyó que era hora de levantarse, se desperezó con lentitud, moviendo la almohada de su rostro para mirar la habitación. La claridad no era mucha, pero hirió sus ojos, haciendo que los cerrara ligeramente con una mueca. Harry levantó la cabeza de su butaca para mirarlo, no estaba dormido entonces.

Draco giró en la cama y el auror desvió los ojos al percibir que él estaba desnudo. El rubio levantó una ceja, típico de un Gryffindor quedarse avergonzado de mirarlo a los ojos, aún después de haber tenido sexo. Así que se sentó, Draco se arrepintió profundamente. Debe haber hecho algún sonido o una mueca, pues oyó la voz insegura del moreno preguntar:

- ¿Estás bien?

- Voy a sobrevivir. - Draco dijo, de mala leche, ya preparándose para las excusas que seguirían.

Pero Harry no dijo que estaba arrepentido o otro tipo de comentario. Sólo se levantó, cogió las ropas de Draco y las tendió al lado del rubio. Todo eso evitando mirar su cuerpo desnudo. Draco se preguntó si sería vergüenza o remordimiento. Probablemente los dos.

Mientras el Slytherin se vestía, Harry fue hacía la ventana y la abrió con un girar de varita Inmediatamente alguna cosa pequeña y marrón voló hacia dentro como una snitch hecha de plumas, que chocó con el rostro de Harry, quién tuvo que desviarse. La cosa evitó chocarse con la pared, pero terminó estrellándose en la otra y terminó en el suelo.

- ¡Pig! - Harry exclamó y corrió para coger lo que se reveló como una lechuza. - Caray, ¿desde cuándo estás ahí afuera? - Preguntó al sostener el ave y desatar el pergamino de su pata.

Aunque estuviese muerto por la curiosidad, Draco intentó hacerse el desinteresado mientras se ponía el cinturón. Así que Potter dejó la lechuza irse, ella levantó vuelo de manera inexperta y empezó a volar alrededor del moreno.

- ¡Maldición! - Harry refunfuñó. - Me olvidé totalmente de avisar a Ron. - Y empezó a buscar en los cajones hasta encontrar pluma y tinta. Garabateó dos frases, que Draco se certificó de leer por encima de su hombro.

Trabajando. Te veo después.

Harry dispensó la lechuza histérica y volvió a cerrar la ventana. Draco terminó calmamente de hacer el nudo de su corbata y cogió su antigua varita antes de ponerse la capa. No había punto en ocultarla, ya que Harry ya la había visto, la guardó en su funda oculta en la manga de la capa.

-¿Por qué llevas dos varitas? - Harry preguntó al ver lo que el rubio hacía.

- Porque no me gusta la idea de quedarme sin una arma en toda ocasión que necesito entrar en el Ministerio.

Draco dijo y se examinó en el único espejo de la habitación, que estaba sucio para ayudar aún más. No había dicho a nadie que había recuperado su antigua varita, ni siquiera a sus padres. Los tres Malfoy habían comprado varitas nuevas, entonces Draco terminó con dos que funcionaban perfectamente bien para él. En sus visitas al Ministerio, tanto para hacer las pruebas como para la entrevista, los candidatos eran obligados a dejar las varitas en la entrada, pero nadie se daba al trabajo de revisarlos para verificar si no cargaban una segunda varita.

Potter levantó una ceja, comprensivo, y pasó una mano por su pelo.

- ¿Podemos irnos ahora?

Draco sacudió la cabeza afirmativamente, con miedo que si dijera algo su voz mostraría su decepción.

Potter abrió la puerta y miró los dos lados del pasillo antes de dejar que Draco saliera. Mantuvieron el máximo de espacio uno del otro rumbo a las escaleras, pero había una confusión en el pasillo, las voces alteradas llegaban a ellos. Potter cogió su varita.

-¿Qué pasa? - El auror preguntó, parado y mirando el ajetreo dentro del primer cuarto cerca de las escaleras.

Draco miró dentro de la habitación por encima del hombro del auror. Algunas brujas vestidas como empleadas hablaban con una mujer usando una bata elegante, que Draco reconoció como Madame Celestina. Había una tercera persona en la habitación, sentada en la cama, pero Draco no podía verla totalmente, sólo el pelo castaño y despeinado.

- ¡Auror Potter! - Madame Celestina dijo, luciendo aliviada. – Que bueno que estés aquí. Mis empleadas acabaron de llamarme porque encontraron a Trinity atada dentro del baño de esa habitación.

Potter se adelantó y Draco finalmente pudo ver a la mujer sentada en la cama, que estaba muy conmocionada.

-¿Cómo exactamente la encontraron? - Potter preguntó y se arrodilló para examinar a la chica.

Una de las empleadas se adelantó torciendo las manos. Las otras parecían muy choqueadas, pero Draco no sabía decir si por el estado de la chica o si porque estaban viendo a Harry Potter en persona.

- Nosotras vinimos a limpiar la habitación esta mañana y la puerta del baño estaba cerrada. Pensamos que estaba atascada cuando no abrió, entre las tres forzando, logramos derribarla y Trinity estaba ahí, desmayada en el suelo. Corrí para llamar a Madame Celestina mientras las dos se quedaron para despertarla.

- ¿Trinity? ¿Puedes oírme? - Potter preguntó, pasando la mano frente a sus ojos. La chica se mecía hacia el frente y hacia atrás con la mirada perdida. - ¿Trinity?

- Déjeme intentarlo, señor Potter. - Madame Celestina tomó el frente y se sentó junto a la chica, calmándola como haría una madre con su hija, sólo después hizo un gesto para que el auror continuase.

- ¿Te acuerdas de lo que pasó? - Harry preguntó, con voz suave.

Draco pensó en irse sin esperar al moreno, pero estaba demasiado curioso por saber qué había pasado. Se inclinó contra la pared y cruzó los brazos, mirando en silencio como Potter trabajaba.

- Un poco. - Trinity contestó con un hilo de voz.

- ¿Quién te hizo eso?

- Un hombre alto y delgado. Se llamaba Peter o John, no me acuerdo. Dio su nombre al mesero del bar antes de subirnos al cuarto.

Madame Celestina hizo un gesto hacia una de las empleadas, que salió de la habitación rápidamente para llamar al mesero.

- ¿Te hizo daño? - Harry preguntó, lo más suavemente que pudo.

- No, sólo tiró de mi pelo después de ponerme el bozal.

- Cuéntame exactamente qué pasó.

- Él parecía apresurado por venir al cuarto. - Trinity dijo, frunciendo el ceño. - Miraba alrededor todo el tiempo y así que entramos en el cuarto sacó la varita y me ató, después me arrastró hacía el baño por el pelo y debe haberme lanzado un desmaius porque no me acuerdo de nada más.

- ¿Te acuerdas del horario que eso ocurrió? - Harry preguntó. - ¿Fue mucho después de habernos dejado al señor Malfoy y a mí?

La chica lucía confundida.

- ¿Cómo?

Potter lucía preocupado al tener que detallar.

- ¿No te acuerdas de haber acompañado al señor Malfoy? - Hizo un gesto en dirección al rubio. - ¿Fue al cuarto 203 ayer por la noche?

- No, señor. - Trinity dijo después de mirar a Draco con atención.

- ¿Cómo que no, Trinity? - Madame Celestine intervino. - ¿No te acuerdas de los dos discutiendo? Te ofrecí ayuda para lidiar con el Señor Malfoy y el Señor Potter.

- Ni siquiera hablé con esos dos, Madame. - Trinity dijo a la mujer. - Y estoy segura que el rubio había acabado de llegar cuando mi cliente se acercó. No era noche, era un fin de tarde.

Draco miró con sorpresa a Harry, que le lanzó una mirada de aprehensión antes de volver a la prostituta.

- ¿Dijiste que tiró de tu pelo? - Trinity asintió. - ¿Llegó a arrancar hilos?

- Es posible. - La chica asintió.

- Madame. - Potter dijo a la dueña del burdel. - Tendré que llamar refuerzos, todo indica que alguien usó la mutijugos para pretender ser su funcionario ayer por la noche.

- Por todos los cielos. - Madame Celestina lucía unos años mayor. - Haremos todo lo posible para ayudar en las investigaciones, señor Potter. Una de mis chicas fue utilizada por un criminal.

Potter se puso de pie rápidamente y apuntó su varita a la ventana abierta. El patronus de Potter saltó brillando por los cielos y el auror miró a Draco de manera dura.

- Tú quédate donde pueda verte.

- No voy a ninguna parte, Potter. - Draco intentó sonar aburrido, pero la verdad era que estaba conmocionado. Casi se había encerrado en un cuarto con un desconocido, probablemente un antiguo mortífago que estaba loco por apuntarle la varita a su cuello.

Si no fuera por Potter... Draco no quería ni pensar en lo que pudo haber ocurrido.

El mesero llegó en seguida, aparentemente había sido sacado de la cama en aquel momento y llevaba la túnica sobre el pijama. El hombre confirmó la versión de Trinity que el desconocido, que se identificó como Matthew Hilton, la había llamado poco antes de las seis horas. Fue en ese momento que empezó el ruido en el primer piso y dos magos entraron en el cuarto, haciéndolo parecer aún más pequeño. Al más viejo Draco no lo conocía, pero el menor hizo que sus ojos se estrechasen. Era el chico de piel negra que acompañaba a Potter en su primera visita a la mansión después de la amenaza.

- Gracias por venir, Willamson, Mabbott. - Potter apretó las manos de sus compañeros. - ¿Tienen las fotos de los sospechosos? Excelente. Williamson, ayúdame con la investigación. Mabbott, lleva a Draco a la mansión y sólo vuelve después de haberle dejado con seguridad. Hablaré con él después de terminar aquí.

- Sí, señor. - El auror menor concordó, con entusiasmo, y hesitó un poco antes de acercarse al rubio. - Hum, señor Malfoy, ¿querrá acompañarme, por favor?

- No gracias. - Draco habló, mirando al auror con altanería. - Quiero quedarme.

- Err... - Mabbott buscó la mirada del líder de la misión.

- Te vas ahora, Malfoy. - Potter dijo con tono autoritario y ojos duros. - Eso no está en discusión. - Y cuando Draco no se movió, se acercó de manera que sólo el rubio, y tal vez Mabbott, pudo oírlo. - Hablamos después. Di a tu padre que llevaré noticias así ni bien terminemos por aquí. Ahora, por favor, ve con Mabbott.

Draco no suavizó ni un poco su expresión de arrogancia, pero la verdad era que el tono que Harry usó le dejó con piel de gallina al hacerlo recordarse del moreno susurrando en su cuello la noche anterior y Draco creyó que era mejor no discutir. Dejó la habitación sin ninguna palabra y Mabbott tuvo que correr para alcanzarlo.

Así que aparecieron afuera de la mansión, Mabbott se puso a su lado y limpió la garganta.

- Tengo una novia. - El auror dijo y Draco lo miró con una ceja en alto.

- ¿Y eso qué?

Mabbott sacudió los hombros.

- Creí que te gustaría saberlo.

Mabbott no podría estar más en lo correcto, pero Draco no tuvo tiempo para contestarle, ya que Narcissa Malfoy caminaba hacia ellos, visiblemente aliviada. El rubio no dejaba de pensar en qué explicación daría a sus padres sobre la noche anterior.

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- ¿Entonces la chica reconoció el atacante? - Lucius preguntó.

- Sí. - Harry confirmó, luciendo cansado. - Pero infelizmente estaba usando la mutijugos, ella vio a un muggle que ya murió hace unos años, como ocurrió la última vez. Hicimos que Trinity viera todas las fotografías de mortífagos cinco veces, pero ella estaba segura que no era ninguno de ellos, fue cuando le enseñamos la fotografía del muggle que identificamos anteriormente. Ella lo reconoció inmediatamente.

- ¿Pero, cómo es posible? - Narcisa preguntó.

- Violan tumbas. - Harry explicó. - Hay un equipo de aurores investigando el cementerio ahora mismo, pero apuesto que no encontrarán nada. - Se volvió a Draco. - ¿Te acuerdas de alguna cosa que la chica dijo que pareciera sospechoso?

Draco frunció el ceño.

- No creo. Ella me llamó la atención por recordarme a Pansy, aunque tuviera el pelo castaño. Me dijo algunos chistes sobre escoceses, cosa que me hizo reír por el acento francés falso. Fue cuando me dijo que subiésemos. - El rubio enderezó los hombros. - Sabía que no era francesa, pero todas las mujeres allí intentan lucir algo que no son, entonces, no habría por qué desconfiar.

Harry asintió. Era raro pensar en la manera fácil que se puso en "plan profesional" y fingir que nada importante ocurrió, como por ejemplo, haberse acostado con una de aquellas personas frías y calculadoras con quién dividía espacio en aquel preciso momento.

- Sólo no entiendo por qué desistió de atacar a Draco. - Lucius dijo, con intranquilidad.

- Al parecer todas sus acciones son muy bien planeadas. - Harry explicó. - Por eso nunca encontramos evidencias o fallas. Por alguna razón el criminal desconfió que Draco iba a estar sólo en aquel burdel ayer por la noche, y cuando llegué hubo un desvío en el plan, un factor que no estaba programado, por eso desistió. Madame Celestina, la dueña, dijo que vio a Trinity alejarse de Draco, que ya había pagado la cuenta y pagado por su tiempo, luego que llegué y por eso fue tras ella. La falsa Trinity dijo que nosotros peleábamos, por eso la Madame se ofreció para arreglar la situación, por eso él se vio obligado a volver con nosotros para no ser descubierto.

- ¿Y cómo se libró después de eso? - Lucius preguntó, curioso. - Por lo que me dice, Draco no pasó la noche con ella.

Harry abrió la boca para contestar, aunque no supiera que decir, pero fue Draco quien habló primero:

- Desistí después de saber el procedimiento que Potter tendría que realizar para dejarme sólo con la chica. - Dijo, sentándose al lado de su madre en el sofá. - Como ya había dejado el cuarto pago, terminé por dormirme allí, aunque dispensé a la chica.

Lucius y Narcissa no lucían molestos ni contrariados al saber que su hijo había pagado por una prostituta. No que Harry estuviera reclamando, claro, ya que cuanto menos tuvieran que hablar del asunto, mejor. El auror limpió su garganta y cambió de tema:

- Como dije, creo que el criminal está muy bien informado acerca de la rutina de esta familia. Esa táctica de usar la mutijugos con muggles sólo ayuda para que esté siempre un paso adelante de nosotros, pero en mi opinión, sabía que Draco iba a estar sólo ayer. ¿Tienen idea de cómo obtuvo esa información? ¿Comentaron eso con alguien? ¿Evidencia de espionaje en sus cartas?

- Habla como si descartara la posibilidad de que el criminal estuviera dentro del Ministerio, señor Potter, pero si es así, está muy bien informado, ¿no cree? - Lucius dijo, con voz cargada de sarcasmo, pero antes que Harry pudiera contestar, Draco volvió a hablar:

- Espera un poco. - El rubio dijo, inclinándose hacía el frente. - Ahora que hablaste de eso... la lechuza que vino a traerme la convocación para la entrevista estaba un poco lastimada. Podría haber sido capturada, ¿cierto?

Los otros tres soltaron exclamaciones cuando oyeron esa información.

- ¡Es obvio que sí! - Harry habló, incapaz de contener su irritación. - ¿Por qué no me dijiste eso antes?

- Estaba más preocupado con el contenido de la carta que con la lechuza, Potter. - Draco dijo, con arrogancia. - Sólo me acordé de ese detalle ahora.

- Sé que fue descuidado por parte de él. - Narcissa intervino. - Pero mi hijo estaba muy nervioso por la entrevista, es natural que no haya puesto atención en eso.

Harry pasó las manos por su pelo.

- Señor Malfoy, sé que confía en la protección de su casa, pero me gustaría chequear personalmente la propiedad para verificar que no haya fallos.

- Muy bien. - Lucius dijo después de una pausa. - Draco, acompaña el señor Potter, ¿sí?

- Claro, padre. ¿Me acompañas, Potter?

- Con permiso. - Harry dijo hacía los mayores y siguió a Draco para fuera de la casa.

- ¿Quieres ver las protecciones en las divisas, cierto? - Draco preguntó en tono de negocios, mientras caminaban por el jardín.

Harry miró hacia atrás para certificarse que estaban a una buena distancia de la mansión antes de coger al rubio por el brazo.

- Draco, ¿entiendes la gravedad de la situación? ¿Entiendes que no estoy insistiendo en tu protección por capricho, sino por tu seguridad?

- Sí, ya entendí. - Draco contestó, soltando el brazo. - No voy a salir solo nuevamente, ¿contento?

Harry suspiró y colocó las manos en los bolsillos mientras se miraban. El moreno podía oír el ruido del agua en la fuente.

- No le dijiste a tus padres. - Harry dijo y el rubio desvió la mirada.

- Y tú no dijiste nada a nadie, o habrías sido alejado del caso.

- Sí, ¿pero de que serviría? Quien está detrás de la amenaza hacía tu familia vio lo que ocurrió y puede usarlo contra nosotros. - Harry dijo, pasando los dedos por el pelo con irritación. - Mira, olvidemos lo que pasó, ¿está bien? - Harry pidió, luciendo avergonzado. La situación le hacía sentirse tan abochornado. - Fue un error, no va a suceder nuevamente... - La voz del moreno se extinguió al mirar los ojos del rubio.

- Como desees, Potter. - Draco habló y le dio la espalda, alejándose con pasos apresurados. El rubio tenía las manos cerradas en puños, Harry cerró los ojos y maldijo mentalmente antes de alcanzarlo.

- ¡Draco! ¡Draco, espera! - El rubio había girado en un pasillo del jardín y Harry lo siguió. - Draco, asumí una responsabilidad con tu familia. No puedo tener ningún tipo de... relación que no sea profesional...

Harry continuaba tras Draco, pasando por el bello jardín, las flores lucían muy bien, y mejores que las de su tía Petunia. Continuó siguiendo a Draco al girar en otro pasillo y se quedó congelado por la visión. Ahí estaba una hermosa fuente en forma de quimera, rodeada por lirios. El cuerpo de la quimera estaba inclinado, la parte de dragón parecía amenazadora pero linda. Las plantas alrededor de aquel lugar garantizaban que no eran vistos por nadie más.

- ¿No estoy reclamando, lo estoy? - Draco había dejado de caminar y lo esperaba algunos pasos adelante, los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados con desprecio.

- Pero también no luces para nada feliz. - Harry dijo, acercándose. - Continúo sin saber qué quieres de mí. Si... si sexo es todo, puedes tenerlo con cualquier persona, más fácil si estás dispuesto a pagar.

El moreno se interrumpió ante la reacción del otro. Draco acabó con la distancia que los separaba y cogió su rostro entre sus manos, haciendo que sus narices casi se tocaran.

- No deseo otra persona. - El rubio dijo, su respiración tocando los labios de Harry. - Te quiero a ti, ¿es difícil entenderlo?

Harry tragó duro y cerró los ojos para no tener que encarar la boca de su antiguo rival.

- ¿Tienes alguna idea entonces? ¿Quieres otra persona cuidando de tu seguridad? Porque no puedo...

- Nadie va a saber. - Draco habló, ahora con su boca en el cuello del auror, como si lo estuviera oliendo.

- Alguien ya sabe. Sólo es cuestión de tiempo hasta que todos lo sepan.

- Entonces, no tiene sentido parar ahora. - El rubio susurró y lo besó profundamente. Los dedos pálidos dejaron su rostro y fueron hacía el pelo del moreno, sacando las gafas de su lugar habitual. Harry tiró de él, acercándolos aún más, por un momento, el auror imaginó acostar a Draco en el suelo, al lado de la fuente, y esa fantasía hizo que volviera a la realidad. Alejó a Draco y compuso sus gafas y su pelo.

- Esto es una locura. - Harry dijo en voz alta. – Ni siquiera podemos hablar sin discutir, esto jamás funcionará.

- Pareció funcionar de maravilla ayer. - Draco dijo, amargado.

Harry sintió su rostro calentarse y el cuerpo reaccionar a los recuerdos que las palabras del rubio provocaron. Antes que Draco pudiera continuar, el auror sabía que iba a ceder, que deseaba ceder.

- Tú eliges el día y el lugar. - Draco dijo, como si lo desafiara a rechazar la propuesta.

Harry suspiró profundamente.

- En mi casa. - El moreno dijo. - Cualquier día, sólo tienes que llamarme, pero hay una condición.

- ¿Cuál?

- Tienes que aceptar mi ayuda con el cargo en el Ministerio.

Draco rodó los ojos.

- Que sea.

- Cierto. - Harry dijo, enderezando su postura y su ropa. - Aún tengo que chequear las protecciones de la mansión, por favor, muéstrame el camino.

Los dos no intercambiaron muchas palabras después de aquello, pero varias veces, Harry se vio perdido en sus pensamientos mientras admiraba a su guía. ¿Cómo no percibió antes que se sentía atraído por él? En algunos momentos quiso tirar del rubio para besarlo, pero la posibilidad de alguien pudiera verlos lo traía a la realidad antes que hiciera alguna estupidez.

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En las semanas siguientes, por lo menos una vez por semana Draco llamó al moreno para llevarlo de la mansión. El rubio decía a sus padres que estaba de salida, Narcissa ofrecía una sonrisa o un apretón cariñoso en su brazo. Lucius levantaba una ceja y disfrazaba lo mejor que podía la satisfacción, pero su hijo aún la podía ver. Sus padres nunca preguntaban dónde iba, con quién se encontraba, o qué hacía. Draco se cercioraba de no volver muy tarde, evitando pasar la noche en la casa de Potter.

O mejor, en la antigua casa de los Black.

Draco no había puesto mucha atención en la casa en su primera visita. La verdad era que él y Harry casi no llegaban al salón antes de comenzar a besarse locamente, ese primer día, terminaron abrazados y sudados en el sofá de la sala, y Draco trató de marcharse luego que sus piernas dejaron de temblar. En su segunda visita él y Potter lograron llegar al cuarto aún con parte de las ropas, pero Draco también no tardó en marcharse. Parecían haber llegado a un acuerdo silencioso y buscaban cambiar el minino de palabras.

En la tercera vez, Draco estaba dispuesto a aprender más sobre la casa, pero sólo después de dar la debida atención a Potter, claro.

- ¡Ouch! - Reclamó.

- Perdón. - Harry susurró, besando su cuello y aunque eso no aliviaba el dolor en el pie que el moreno pisó, por lo menos distrajo a Draco.

Los dos mal habían cerrado la puerta del cuarto y ya estaban luchando para librarse de las ropas sin tener que soltar los labios unos de los otros, cosa que fue difícil. Draco casi perdió el equilibrio mientras Harry lo empujaba hacía la cama, desabrochaba su camisa y lo besaba al mismo tiempo.

El moreno deslizó sus manos por la espalda de Draco, aparentemente incapaz de esperar para que el rubio sacara la prenda. Felizmente, ellos ya habían llegado a la cama cuando Harry desabrochó su cinturón. Los pantalones del rubio se juntaron a su camisa en el suelo mientras Draco chupaba y lamía los labios del moreno hasta dejarlos hinchados y rojizos. Draco se alejó un momento para admirar su trabajo, se miraron por unos segundos antes que los dos se unieran en la tarea de desnudar al auror.

Con algo de trabajo lograron librarse de los calcetines antes de caer en la cama. Draco cerró los ojos y gimió al sentir el peso del moreno sobre su cuerpo, aquello era muy bueno. El rubio sacó las gafas de Harry y éste le besó alrededor del cuello y hombros. Por un momento, Draco deseó que dejara otra marca allí, alguna cosa que pudiera admirar orgullosamente al mirarse en el espejo después.

Draco cerró los ojos y mordió sus labios al sentir como el moreno hacía un camino descendiente por su pecho. Cuando sintió la lengua explorando más íntimamente, no resistió, tuvo que mirar, ¿quién diría que Harry Potter podía ser así de atrevido? El moreno estaba visiblemente inseguro, pero hasta su falta de experiencia era excitante. Draco también no era ningún experto en el tema, pero si no hubiese intentado con ganas desde el comienzo no habría quedado más habilidoso, y estaba el hecho que Harry nunca reclamó de sus performances.

El moreno pareció percibir que era observado y buscó la mirada del rubio pidiendo aprobación. Draco sacudió la cabeza con un ademán de deseo, ganó uno o dos rasguños de dientes, pero en general, Harry estuvo muy bien. Antes que Draco necesitara hacerlo parar, el moreno lo soltó y volvió a cubrirle con su cuerpo, uniendo sus cuerpos y se movió con una cadencia tentadora. Sólo entonces Draco se acordó que había traído lubricante aquella vez y buscó su varita para convocar el bote. El Slytherin los untó con la sustancia perfumada y eso hizo que las caricias tan intimas se tornaran aún más deliciosas. Mientras las manos de Draco insistían en deslizarse por encima y por abajo en el cuerpo de Harry, el moreno hizo mención de prepararlo, pero Draco sostuvo su muñeca, impidiéndole.

- No es necesario. - Dijo, con la respiración agitada.

- Pero...

- No es necesario, anda, hazlo.

- ¿Estás seguro? - El moreno preguntó, mirándolo desde arriba, sus ojos parecían más pequeños sin la gafas, pero no menos impresionantes, Draco asintió con seguridad.

Harry no pareció muy convencido, ya que puso más lubricante en sí mismo. El auror se posicionó entre las piernas de Draco, sosteniendo sus muslos con manos firmes. Se empujó con cuidado mientras observaba la reacción del rubio atentamente, los dos se miraban como si fuera una competición para saber cuál se quedaba más tiempo sin parpadear.

Draco sintió la sensación ya conocida al ser invadido, pero trató de relajarse y mantener su expresión inalterada. Si aquello era una competición, Harry iba a perder al cerrar los ojos y suspirar de placer.

El león se volvía aún más lindo cuando se entregaba a las sensaciones de esa manera. Draco se imaginó diciendo aquellas palabras en voz alta, pero ellas continuaron repitiéndose sólo en su mente, sin que él pudiera darles voz, de la misma manera que las palabras "mi héroe" casi saltaban de su lengua, amenazando con salir, pero sin jamás pasar de eso.

Los ojos de Harry se abrieron nuevamente, sus pupilas agrandadas de puro placer. Draco puso las piernas alrededor del moreno, incentivándolo, y soltó un gemido de satisfacción cuando Harry empezó a moverse despacio, pero con ritmo. Draco iba al encuentro de sus envestidas en un baile perfecto, y luego sintió las olas de placer al tener al moreno tocándolo en el punto exacto para llevarlo a la locura.

Los dos se estaban volviendo muy buenos en aquello.

Harry deslizó los labios sensualmente por la piel de Draco, haciéndole temblar, cuando sintió la mano del moreno agarrarlo, tuvo ganas de detenerlo, no deseaba terminar, quería que tardase, que fuera para siempre...

Y para su suerte, el auror tampoco tenía prisa, mantuvo el ritmo lento, volvieron a la competición de miradas, y fue Draco quien perdió aquella vez. El rubio a veces intentaba leer a Harry, como hacían los poetas, las emociones que aparecían en aquellos ojos, pero sólo encontraba más dudas. ¿Será que Harry sólo actuaba por instinto cuando era afectuoso? ¿Tal vez Draco sólo viera al cariño porque era lo que deseaba ver? A veces, Draco se sentía demasiado vulnerable, tenía mucho miedo de tener respuestas a esas preguntas.

Por eso mantuvo los ojos cerrados, concentrado en la sensación que se formaba dentro de él, como si fuera una explosión esperando para liberarse. Al mismo tiempo en que deseaba alivio, Draco intentaba combatirla, retrasarla al máximo. Harry también parecía luchar por lo mismo, pero desistió primero. Sin ningún aviso, el moreno aceleró el ritmo en que envestía contra Draco hasta volverse violento, sin control. El rubio habría sonreído, si no estuviera tan concentrado en las sensaciones que el moreno le causaba. Draco sintió la tensión aumentar rápidamente hasta que no pudo retrasarla más, entonces vino el alivio. Draco abrió los ojos justo a tiempo de ver la expresión de completo placer de Harry mientras él también llegaba al final y se dejaba caer sobre el rubio, completamente exhausto.

Por unos momentos, Draco se dejó llevar por la nube de placer que sentía, hasta que el esfuerzo de sus pulmones para respirar debido al peso de Harry hizo que lo sacara de arriba con una sacudida en el hombro. El auror entendió y se movió para el lado, con la respiración alterada.

Los dos permanecieron en aquella posición por algún tiempo, mientras la temperatura de sus cuerpos bajaba, perdidos en sus propios pensamientos.

¿Y si Harry sintiera por lo menos un tercio de lo que Draco sentía? ¿Qué podrían ofrecer uno al otro si no aquel deseo que ya compartían? Draco no veía un futuro para ambos. Potter tenía una imagen que cuidar, Draco un padre controlador. Esperaban de ellos lo tradicional, que tuvieran esposas e hijos, y que sus vidas se alejaran lo máximo posible.

Draco sintió un movimiento en la cama y abrió los ojos, que no recordaba haber cerrado. Harry estaba de bruces, con el rostro en su dirección, el moreno deslizó su mano hasta tocar suavemente el brazo del rubio.

- ¿Por qué no te quedas? - Harry sugirió, medio dormido.

Draco no se dio el trabajo de contestar. Volvió a cerrar los ojos, sabiendo que estaba prácticamente dormido, imaginó que aquella mirada en el rostro de Harry no era sólo cansancio y placer, sino también cariño.