Bien, realmente el título del capítulo fue muy espontáneo pero creo que le va al capítulo tomando en cuenta la bomba de información que hay aquí (?) Hoy ha sido un día algo agitado, obviando que viajo mañana a la capital porque ya empiezan mis clases, los Martes 13 se han vuelto prácticamente un día de luto desde Diciembre. Pero bueno, he podido colgar el cap antes de irme. Y Lucha constante... Dioses, me está constando horrores. Pero juro por mi alma que lo termino antes de entrar a clases (?)
Disclaimer: Bleach es de Tite. Renji mío, al menos en mis sueños 1313.
Capítulo seis: Detrás de las sombras.
Cerca de las once de la noche, aún se podían vislumbrar luces provenientes de la oficina en lo alto de aquel edificio. Sitio perteneciente a Byakuya Kuchiki, quien acaba de tener una reunión con su hermana política y permanecía todavía detrás de su escritorio.
—¿Aún aquí, Byakuya? —una voz masculina se escuchó hasta dar paso por la puerta a la figura de un hombre adulto con el cabello blanco y lacio.
El aludido observó atento al hombre frente a él. Su rostro pálido hacía juego con su largo cabello blanquecino y sus facciones denotaban a una persona ya madura.
—Podría cuestionarte lo mismo —objetó el moreno, provocando que el albino se encogiera de hombros.
—Supongo que ya sabes quién le dijo a Kaien sobre tu hermana.
A modo de respuesta, el varón entrecerró los ojos y le lanzó una fría mirada.
—No deberías meterte en asuntos de mi familia ni mi empresa, Juushirou Ukitake —advirtió en tono despectivo.
—También estoy preocupado por Rukia-chan —confesó el hombre—. Debo decir que fue un movimiento inteligente permitir que viviese en el edificio que está a mi cargo. Después de la muerte de Hisana-san, seguramente irían tras ella.
Byakuya se mantuvo callado, esperando que el hombre terminara su diálogo y se marchara. Sin embargo, una voz femenina entró en la oficina, provocando que los ojos del moreno expresaran sorpresa.
—No te esperabas esto, ¿verdad, chico Byakuya?
Una mujer de ojos dorados y afilados entró al despacho. Su melena oscura con destellos morados danzaba a medida que caminaba.
—Yoruichi Shihouin —pronunció el aludido, reconociendo a la fémina—. Pensé que no te encontrabas en Japón.
—¿Urahara no vino contigo? —cuestionó extrañado el varón de largo cabello.
—No, ahora está en Londres.
—¿Puedo saber qué te trae por aquí? —demandó saber el moreno, juntando ambas manos y escondiendo su boca tras ellas.
La mirada en los ojos amarillos se tornó seria. Moviéndose sigilosamente por el lugar, la mujer se sentó en una silla y se cruzó de brazos.
—Supongo que ya te enteraste que varias compañías quieren destronarte y están uniendo fuerzas, ¿cierto? —comentó Yoruichi con cautela.
El moreno sólo cerró levemente los ojos a modo de asentimiento.
—No me extrañaría que se estuvieran aliando con la mafia —agregó—. Es imperativo mantener a Rukia fuera del negocio por un tiempo. Y con eso me refiero a nada de apariciones públicas.
—Alejé a Rukia de las apariciones empresariales desde que mi esposa falleció —cortó el moreno.
—Pero también consideraste la idea de prometerla con Kaien para no sólo resguardar su seguridad, sino el de tus acciones —acotó el hombre de tez pálida.
—Ciertamente la familia Shiba pondría un alto a los planes del grupo que se hace llamar "Arrancar" —analizó con rostro pensativo la fémina—. ¿Kaien está de acuerdo con esto?
—Él sugirió la idea —respondió el de apellido Ukitake.
Con los ojos cerrados intentando recobrar la paciencia de la intromisión de aquellas personas en sus asuntos familiares, Byakuya soltó sus palabras resolutivas.
—Yo resolveré los asuntos tanto de mi empresa, como de mi familia.
Ambos adultos comprendieron la molestia del varón. Él siempre había sido reservado con aquellos dos aspectos. Más aún desde que había perdido a su esposa. Sin decir nada más, el hombre de cabello blanco se retiró. Yoruichi, antes de salir se dirigió por última vez al moreno.
—Escuché que Rukia quiere ser escritora —comentó, haciendo una pausa—. Kisuke se asentará en Londres, ya está trabajando como editor con varios autores reconocidos —agregó, dirigiéndose a la puerta y dándole la espalda—. Si alguna vez necesitas sacar a Rukia de Japón, tómalo en cuenta.
Dicho aquello, la mujer se retiró y siguió al hombre de larga melena hasta que ambos estuvieron ya alejados de la oficina del moreno, además del edificio. Caminaron hasta el estacionamiento y se detuvieron antes de entrar cada quien a su respectivo auto.
—Hay algo que no le dijiste a Byakuya, ¿cierto? —cuestionó el hombre.
—Tampoco es como si él me permitiera decírselo —sonrió irónica, luego su rostro se tornó serio—. Es algo que a Kisuke y a mí nos inquieta. Ya se lo comenté a Kuukaku, es una suerte que los Shiba estén de nuestro lado.
—¿Los Arrancar se están moviendo? —cuestionó precavido.
—Rukia es la única heredera de Byakuya —musitó ella—. Está establecido hasta en su testamento —recordó, cruzándose de brazos—. Estoy segura que a Byakuya no le interesa tener hijos, pero si Rukia los tuviera… Pasarían a ser herederos también de todo lo que posee el apellido Kuchiki.
—Rukia es una muchacha inteligente. Ella nunca se relacionaría con nadie de los Arrancar —interrumpió Juushirou.
—No por voluntad propia.
—¿Qué estás insinuando? —articuló temeroso ante el misterio de la fémina.
—Si Rukia tuviera un hijo, directamente pasa a tener derecho sobre todo lo que le pertenece a ella. Y el padre de esa criatura, tiene a su vez responsabilidades sobre ese niño —concluyó Yoruichi.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente al comprender las palabras de la morena. Después de todo, la concepción de un bebé no siempre debía ser por mutuo acuerdo. Pero considerar una violación como medio para apoderarse de una empresa, era una atrocidad.
—Espero que los Arrancar no hayan pensado en ese aspecto —profirió el hombre, serio.
—Créeme, Kisuke y yo también esperamos eso.
…
Kaien pestañeó repetidas veces intentando asimilar la presencia del muchacho con singular color de cabello. La mano del joven apretaba fuertemente su muñeca en señal de amenaza si se atrevía a gesticular otro movimiento osado como el anterior.
—¿Quién eres tú? —espetó bruscamente el moreno, sacudiendo su brazo para liberarse del agarre.
—Eso mismo quiero saber yo —respondió el chico, nada cortés—. ¿Quién demonios eres?
El hombre de oscuro cabello le sacaba unos cuantos centímetros de alto a Ichigo, sin embargo, éste en ningún momento se vio intimidado por ese hecho y mantuvo el reto de miradas con el varón.
—Ichigo —llamó la morena, obteniendo la atención del aludido—. Puedo manejar esto.
—No te pregunté —espetó en un bufido.
Rukia frunció el ceño.
—No necesito tu ayuda —anunció la fémina, mandándole un codazo en las costillas.
—¡Demonios, Rukia! —bramó éste, permitiendo que el aroma a licor se infiltrara en la vía olfativa de la morena.
—Tú… —farfulló empuñando una mano intentando contener la ira— ¿¡Te emborrachaste!
El acusado inmediatamente se defendió.
—¿¡Qué! —alegó— ¡Por supuesto que no!
—¡Apestas a alcohol! —recriminó la chica— ¿¡Salgo por un momento y te dedicas a tomar!
—¡Tú fuiste la que tardó! —usó el primer argumento que se le vino a la cabeza. No muy razonable, por cierto.
—¡Que me demore no te da derecho de convertir el departamento en un bar!
Los rostros de ambos se hallaban excesivamente cerca debido a la enfrascada discusión. Ninguno daba muestras de querer ceder.
—Kuchiki… —articuló un sorprendido Kaien al ver la que alguna vez fue su pupila llevar a cabo tal efusiva batalla.
Cualquier frase que alguno de los presentes deseara formular fue cortada por una afanosa rubia que corrió a los brazos de la morena, siendo seguida de cerca por Shizuku.
—¡Rukia! —lloriqueó Homura, abrazando a la susodicha— Estoy tan feliz… de que estés de vuelta.
Aquel gesto pareció calmar a la joven Kuchiki. Quien se dedicó a acariciar maternalmente el cabello corto y claro de la muchacha. Mientras, su hermano le mandó una mirada de advertencia al moreno en cuanto posó la mano en el hombro de la que para él, era su madre.
Ichigo estuvo de acuerdo en detener el pleito para que su amiga se preocupara de los hermanos.
—Kaien-dono —murmuró la joven de orbes violáceas—. Aceptaré mi destino en cuanto llegue. Pero me gustaría que reconsiderara su compromiso con Miyako-dono.
—¿Es tu última palabra? —articuló resignado el moreno, obteniendo una mirada rencorosa de parte de Homura.
—Sí —concluyó Rukia, dejando ver la determinación en sus ojos.
El joven de anaranjado cabello observó atento cómo el varón emprendió camino escalera abajo y se perdió de vista. Luego, observó a la sonriente muchacha que abrazaba a los dos hermanos para tranquilizarlos.
Renji prefirió mantenerse al margen y obligó a los demás espectadores a ingresar nuevamente al interior del departamento.
Después de unas cuantas discusiones en las que Ichigo salía mal parado por todas las críticas que le lanzaba su compañera de piso, la situación en el lugar fue más amena. Rukia se había encargado de que tanto Homura como Shizuku descansaran pacíficamente en su dormitorio. Keigo, se había vuelto a quedar dormido víctima del trago y Orihime estaba hablando más disparates de los que habitualmente decía producto de la hora.
—Lo siento —sonrió nuevamente la morena dueña de la vivienda, amablemente—, Ichigo es un asco como anfitrión.
—Lo sé —concordó Tatsuki—. Mira que ponerse a beber…
—¡Estoy sobrio! —alegó el mencionado, defendiendo su reputación.
—Sí, me encantaría verte caminando en línea recta —se mofó Renji, recibiendo un bramido de respuesta.
—¡Rukia-san! —exclamó afablemente la muchacha de exagerada delantera— El chico de antes… Era el que me dijiste te gustaba, ¿cierto? —cuestionó inocente.
El pelirrojo frunció el entrecejo e Ichigo miró curioso a la morena, esperando respuesta.
—Bueno… —articuló incómoda la joven— Sí, era él.
—Pero por lo que escuchamos prácticamente se te estaba proponiendo —se atrevió a comentar Tatsuki.
—Eso… —pensó por un momento— Es complicado.
Orihime observó curiosa el rostro de circunstancia en su compañera de clases. Mientras, la morena karateca, siempre más perceptiva, comprendió que mejor era no comentar del tema. Por la morena, y el peculiar mal humor que comenzó a percibir en su amigo de la infancia, quien al parecer el alcohol lo hacía más irritable.
—Hey, Rukia —la voz del pelirrojo llamó su atención, cortando el tenso ambiente.
—¿Qué? —articuló ella, confusa de la repentina alusión.
—La semana entrante tengo una exposición de Kendo —comunicó encogiéndose de hombros, ante el rostro atento de su amiga—. Necesito practicar y no sé, si tienes tiempo libre… —comentó sin darle mucha importancia— He oído que el deporte ayuda a quitar el estrés de la escuela, universidad, trabajo, hermanos problemáticos…
Soltó una sonrisa al comprender las intenciones de su amigo. Sabía que él respetaba su espacio, pero también tenía sus métodos que la ayudaban a desahogarse.
—Podríamos practicar ahora —sugirió sin quitar su ánimo.
—No creo que ella pueda ayudarte, Renji… —comentó burlón Ichigo.
—¿Sabes Kendo? —cuestionó Tatsuki interesada, cortando las acotaciones del muchacho de anaranjado cabello.
Intentando ahorrarse las explicaciones, Rukia sólo asintió.
—Tenemos una habitación despejada en este mismo piso que usamos como lugar de entrenamiento —declaró ante el asombro de la karateca.
—¿Puedo verlo? —inquirió con entusiasmo.
Ante la insistencia de Tatsuki, el grupo terminó dirigiéndose al lugar. No sin antes mover a Orihime hasta la habitación de invitados para tenderla en la cama, puesto que se había quedado dormida entre la conversación. A Keigo, lo dejaron roncando en el sillón.
Los cinco que a esas horas se encontraban aún de pie, emprendieron marcha encabezados por Rukia y Renji, quienes los guiaron hasta la puerta de otro departamento. Al abrirla, se encontraron con un piso de madera completamente despejado, exceptuando por los implementos necesarios.
Sin perder tiempo, y ante la vista de Chad, Tatsuki e Ichigo, ambos familiarizados con aquél sitio se dirigieron a un estante donde sacaron unas holgadas prendas para cambiarse. Una vez ambos con una vestimenta más apropiada, cogieron cada quien una espada de bambú y se lanzaron contra su contrincante.
Ichigo no perdía de vista ningún movimiento de Rukia. La morena se movía con gracia, como si danzara. Arremetía contra el pelirrojo con gran certeza de tal manera que dejaba en problemas el muchacho, puesto que éste a duras penas esquivaba algunos golpes estratégicos en su costado.
—Ella es buena —murmuró bajo Tatsuki, para no interrumpir la práctica—. Sabía que Renji practicaba Kendo porque lo conocí en una exposición, pero…
Detuvo su diálogo cuando se percató que la morena con un grito se lanzó contra su amigo, mientras éste a penas esquivó el espadazo con su propia arma.
Ninguno traía las protecciones en el rostro características del Kendo. Nada más llevaban puestos unos trajes negros que asemejaban al uniforme de un practicante de aquel deporte, y la espada de bambú.
A pesar de que no estaba seguro de la razón, Ichigo no despegó su mirada del menudo cuerpo de su amiga. Su atención dispuesta en cada ataque propinado al pelirrojo, cada salto y el movimiento de su cabello cuando realizaba un brusco movimiento. Su respiración se había agitado debido a la actividad, provocando que su pecho subiera y bajara para poder captar el aire.
—¡Ichigo! —el llamado enfadado de su amiga de la infancia hizo que se sobresaltara— ¿Cuánto tiempo vas a estar embobado?
—¿Qué? —articuló éste finalmente, despertando de su ensoñación.
Después de los reclamos de Tatsuki y las miradas de intrigadas del moreno de prominente estatura, el grupo volvió al departamento para asegurarse de que nadie había extrañado su ausencia. El breve entrenamiento había acabado y Rukia se sentía mejor al dejar salir todas sus preocupaciones a través de los golpes con la espada de madera.
Al entrar al departamento, la única diferencia que notaron fue que Keigo ahora dormía en el piso en lugar del sillón.
—Maldición, ya es tarde —masculló Tatsuki viendo la hora, pensando en que se le dificultaría volver hasta su casa a esas horas de la noche.
—¿Tienes algo que hacer mañana temprano? —cuestionó Rukia denotando curiosidad en su tono.
—De hecho sí —lanzó un suspiro, mirando de soslayo a su amiga que dormía profundamente en la habitación de huéspedes.
—Yo puedo llevarlos —anunció Renji—. Tengo el coche en el estacionamiento y no he bebido.
La joven Kuchiki le sonrió y finalmente la deportista accedió al ofrecimiento. Con ayuda de Chad y Renji, llevaron a los durmientes hasta el coche y emprendieron marcha. Dejando en el departamento a sus ocupantes y los hermanos en la habitación de la morena.
—
Ichigo observaba atento el papel con una dirección escrita. Se la había entregado un viejo conocido que se sorprendió de ver días atrás, poco después de haber acordado su viaje a Londres por motivos de negocios. Más se asombró que aquel amigo supiera de sus intenciones de usar sus asuntos empresariales como excusa para buscar a cierta persona que sabía ahora residía en la ciudad inglesa.
Le asustaba un poco el pensar que cada vez se acercaba más a su objetivo, y los hechos se estaban dando de tal manera que pareciera estar ya arreglado su reencuentro con ella.
—El próximo miércoles… —susurró para sí, recordando las palabras de aquella pequeña morena que le había comentado sobre la firma de libros que daría la autora del libro que estuvo leyendo.
Estaba dispuesto a verla nuevamente después de ocho años. Sabía que en aquel largo periodo en su ausencia, ambos habían cumplido sus sueños. Ella era una escritora reconocida. Y él, actualmente manejaba varias compañías y velaba por el buen funcionamiento de diversas clínicas a pesar de su corta edad en el mundo de los negocios. Su nombre también era conocido.
Desvió su atención a la ventana del taxi en el que viajaba, mientras éste se dirigía rumbo a la dirección que le había indicado. Los árboles que decoraban los patios de algunas casas se alzaban esplendorosos, niños jugando en un parque, vitrinas de tiendas, y un sinfín de cosas de la gran ciudad.
El sonido de su teléfono celular lo distrajo de sus divagaciones. Buscándolo en el bolsillo de su pantalón, reconoció a la persona que lo ubicaba por el identificador.
—Hirako —articuló a modo de saludo.
—¿Así saludas a tu socio? ¿Tu compadre? Tu…
—Qué quieres —resopló el varón de anaranjado cabello.
—Bien, lo capto, no estás de humor —chistó la masculina voz tras la línea—. Qué aburrido eres. En fin, llamaron para confirmar la reunión del lunes.
—Los datos del lugar los mandaste a mi correo, ¿cierto?
—Escanearé el fax y te lo enviaré en la noche —anunció el hombre.
—¿Fax? —repitió Ichigo, extrañado.
En esos tiempos aquel aparato estaba casi obsoleto. Comúnmente se manejaban por computadoras, enviando correos electrónicos.
—Sí, bueno —notó la molestia en su tono de voz—. ¿Recuerdas la película que Mashiro hizo escándalo para ir a ver?
—Tuve que adelantar una reunión con unos accionistas —rememoró aquel día. No sabía cómo aguantaba los caprichos de aquella mujer.
—Pues al día siguiente comenzó a dar golpes por todo el edificio con un mazo alegando que los duendes la atacaban. Terminó dañando la conexión inalámbrica —finalizó Hirako.
—¿¡QUÉ! —el grito que articuló el hombre de llamativo cabello provocó que el taxista se sobresaltara.
—Pero los datos te llegarán, y el problema ya está casi resuelto —agregó para su tranquilidad.
Desde que había levantado la compañía con su socio Shinji Hirako y sus demás compañeros, cada día allí era una odisea. No sólo por el trabajo que debían realizar, los integrantes del singular equipo tenían las más excéntricas personalidades. Pero admitía que cada presencia allí poseía un talento muy capaz y eran parte importante en la empresa.
—¿Eso es todo, Hirako? —interrogó dispuesto a cortar la conversación.
—En realidad no —repuso el hombre, para su sorpresa—. Hiyori me dejó una información que podría interesarte. Agradece que te la diga yo y no ella, sino deberías estar soportando sus burlas.
—Dime —cortó, impaciente.
—Tu autora favorita dará una firma de libros el próximo miércoles —anunció, provocando que una sonrisa se vislumbrara en sus labios al ya ser consciente de aquel hecho.
—Ya lo sabía —comentó.
—¿Pero sabías que será su última firma?
Alzó una ceja ante la acotación entregada por su compañero.
—¿De qué hablas? —inquirió.
—Se retira —confirmó sus sospechas—. El libro que te llevaste es su última publicación.
Se paralizó ante las palabras pronunciadas por Shinji. ¿Ella se retiraba? Hace tan sólo unos años había logrado una fama de admirar, en tan breve tiempo. A penas había sacado una trilogía de sus historias, y en su último libro lanzado no había mencionado nada en sus notas. Sabía que el libro que había llevado consigo era el último de la saga, sin embargo nunca pensó que sería el último que ella escribiera.
—¿Ichigo? —la voz al teléfono lo llamó para comprobar que la línea no fallaba.
—¿Señor? —pronunció el taxista en inglés británico— Ya llegamos.
El aludido despertó de entre sus pensamientos y se despidió del hombre al teléfono. Pagó su transporte para luego dirigirse al hotel que marcaba la dirección en el papel. En cuanto llegó a recepción, otorgó su nombre para hacer acto de presencia y posteriormente encaminarse al número de habitación que se le había indicado. Al estar frente a la puerta, tocó suavemente hasta escuchar una voz que lo invitó a entrar.
—Renji Abarai me sugirió que contactara contigo —mencionó, en cuanto vio la figura de un hombre alto de espaldas, observando por una ventana. Su cabello oscuro rozaba sus hombros y la mano que apoyaba en el cristal denotaba una piel pálida.
—Te estaba esperando, Ichigo.
Con lentitud, el aludido logró distinguir las facciones de aquel varón de ojos melancólicos. Marcadas ojeras surcaban su rostro, en contraste con su vestimenta formal. Y en el momento en que sus miradas se encontraron, lo reconoció.
—¿Shizuku? —nombró, incrédulo— ¿Cómo…? —miles de preguntas cruzaron su mente, todas dirigidas a aquel muchacho que debía tener en ese entonces alrededor de veinticinco años— ¿Y Homura? —finalmente articuló, recordando lo inseparables que eran los hermanos.
En cuanto se percató que la mirada del moreno se ensombrecía, supo que algo no andaba bien.
—Mi hermana está muerta —susurró audiblemente.
Si no fuera por la puerta que había cerrado anteriormente, Ichigo se hubiera caído de espaldas.
Akisa: Nah, Kaien no es malo. No creo que nadie sea malo en esta historia, simplemente que sus acciones contradicen a los principales, pero en cada acción hay una razón. ¡YO IGUAL ME MUERO POR ESCRIBIR A YUA EN ACCION! *_* ¡Saludos, Akisa! :DD
