Saint Seiya pertenece a Kurumada y Toei...

N/A: Gracias por seguir este fic y dejar su opinión, siempre me anima leer lo que piensan Ü

Disculpen la demora, espero que sigan leyendo y comentando... ^.^

AMOR PROHIBIDO

Capítulo VII

Saori se sentía feliz de poder conocer un poco más a Shun, ya que él estaba ocupando todos sus pensamientos desde hacía un tiempo. Verlo conversar tranquilo con aquella amiga, le hacía imaginarse cómo era él normalmente y le parecía tan seductor… como movía sus manos, su sonrisa, el brillo de sus ojos, todo él le era increíblemente irresistible. Fue interrumpida de aquellos pensamientos por June, quien se había acercado a despedirse.

-Fue un gusto haberla conocido, señorita Atenea - habló haciendo una reverencia.

-Gracias. Para mí igual fue un gusto.

Shun las observaba con una sonrisa, después de todo ellas eran las mujeres más importantes de su vida. June era su mejor amiga y siempre fue la que insistió en que debía acercarse a Saori para revelarle sus sentimientos. Si no le hubiese hecho caso, no habría vuelto a la mansión y esto que estaba viviendo no sería una realidad. No había nadie que lo conociera más que ella, por ahora; porque desde ese día en adelante deseaba que fuera Saori quien supiera todo acerca de él.

Vio como June se giraba para despedirse de él, acercándose para terminar depositando un dulce beso en su mejilla y decirle algo al oído.

-No desaproveches esta oportunidad - le susurró. Al separarse le guiñó un ojo, sonriendo. –Cuando desee saber alguna cosa acerca de Shun, puede llamarme y yo le contaré hasta los mínimos detalles, señorita Saori –dijo finalmente, mirando a la pelilila.

Su amigo se sobresaltó ante aquellas palabras y comenzó a hacer gestos con las manos, pidiéndole a Saori que se negara a aquella ocurrencia. Ella solo comenzó a reír disimuladamente, un tanto celosa de aquella mágica cercanía que mantenían. "Quizás algún día yo también tenga esa conexión con él", pensó optimista.

Vieron a June perderse entre medio de la multitud que caminaba por aquel Centro Comercial, quedándose en silencio por un momento. De pronto, Shun se acercó a ella y le tomó la mano con suavidad, provocándole un placentero escalofrío.

-¿Podemos seguir?

-Claro. ¿Qué quieres hacer ahora?

-Tengo algo preparado –contestó sonriendo.

Saori sintió las palpitaciones de su corazón y no pudo evitar ruborizarse al ver la dedicación que él le otorgaba. No quería interrumpir su cita con él comparándolo con Seiya, pero tampoco podía evitarlo. Shun era tan maduro, actuaba como un verdadero adulto, responsable y preocupado. Ese aire de madurez la hacía sentirse aún más atraída a él, porque Seiya era todo lo contrario. Aunque el castaño trabajaba en el orfanato, siempre se iba a la hora que quería y volvía temprano. Cuando lo había ido a visitar, lo veía jugando con los niños y eso le agradaba mucho, pues veía su gran conexión con los pequeños. Pero, también le preocupaba verlo como un igual de ellos. En sus citas siempre quería complacerla en todo, corriendo por todos lados, señalándole cosas que quisiera que le comprara. Al final terminaba con muchas bolsas con regalos y pagando el taxi de vuelta, porque él gastaba en ella todos sus ingresos. Se le agitaba el corazón recordando aquellos momentos con él, pero también recordó el vacío de sentirse adorada como una diosa cuando estaba al lado de Seiya. En cambio, Shun la hacía sentirse importante como mujer, como Saori… podía sentir un vibrante calor emanar de su cuerpo y excitantes sensaciones acelerar su corazón con solo percibir su mano junto a la suya.

Salieron del Centro Comercial y Shun hizo parar un taxi. Ella se sorprendió un poco, pues pensaba que volverían a la mansión caminando igual como lo habían hecho para llegar. Un tanto triste de que su cita llegara a su fin, subió al auto después que él le abriera la puerta como todo un caballero. Miraba hacia afuera cuando escuchó a Shun darle las instrucciones al chofer.

-A la Torre de Tokio, por favor.

Ella se sobresaltó al escuchar hacia donde se dirigían, en realidad Shun se estaba preocupando por tratarla como toda una mujer y quería satisfacerla como tal. Sonrió y se sonrojó al volver a sentir su mano acariciar la suya con suavidad. Las yemas de sus dedos recorrían su palma lentamente, despertando en ella el deseo de más. Cerró sus ojos para concentrarse en la sensación que aquella caricia le proporcionaba, sintiendo que podía estar eternamente así. Shun la miró de reojo, porque no quería faltar a su compromiso más de lo que ya lo estaba haciendo. Pero, al verla con los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas y sus atrayentes labios divididos, sintió que su determinación se iba y su cuerpo se movía solo en dirección a ella. Se giró y con su otra mano acarició su rostro acalorado, por lo que ella abrió los ojos sobresaltada. Ambos recostaron sus cabezas en el respaldo del asiento trasero del taxi, mirándose a escasos centímetros, sintiendo la cálida y agitada respiración del otro, sumiéndose en el mismo trance que los llevó a hacer lo prohibido, manteniendo la caricia en sus manos. Saori deseaba ser besada por él, lo anhelaba con desesperación. Olvidándose de todo, acortó la distancia entre ellos y satisfizo su deseo, siendo inmediatamente correspondida por él. Comenzaron a besarse con suavidad, disfrutando de acariciarse con los labios, pero después de unos momentos, la pasión se apoderó de sus cuerpos, profundizando el beso con deseo. En lo mejor de aquella acalorada situación, el taxi se detuvo anunciado que habían llegado a su destino. Agitados y un tanto avergonzados de haber sucumbido al deseo en aquel lugar, se dispusieron a bajarse después de que Shun cancelara la carrera.

Con más confianza ya, caminaron tomados de la mano, disfrutando del momento privado que se estaban dando lejos de cualquiera que pudiera verlos. Subieron hasta la parte más alta, apreciando la vista nocturna de la ciudad desde aquella alta torre. Saori estaba fascinada con aquel paseo, ya que nunca había ido hasta allá. Se acercó a un mirador y comenzó a enfocar lugares, hasta que Shun llegó hasta su lado.

-¿Dónde estabas?

-Estaba comprando esto –dijo, acercándole una rosa roja.

No pudo evitar asombrarse y con una radiante sonrisa recibió el regalo que le estaba dando. Después de tenerlo en sus manos, él le tomó el mentón y volvió a besar sus labios con suavidad.

-Te amo. Espero que algún día tú también sientas lo mismo.

Ella solo pudo asentir, pues se quedó sin palabras ante sus hermosas acciones. Sentía que ya lo amaba, pero creía que ese sentimiento no podía nacer tan rápido. "O tal vez sí", pensó.

Ajenos a todos quienes estaban en aquel piso, siguieron mirando el panorama de la ciudad desde aquella altura, aprovechando hasta el último segundo que tuvieron para estar ahí, hasta que el guardia avisó que en unos minutos cerrarían la torre. Más acostumbrados ya a estar juntos, Shun rodeó a Saori con su brazo caminando juntos hacia el ascensor.

-¿Qué se supone que está sucediendo aquí? –susurró una figura que apareció detrás de un pilar. –Esto tendré que averiguarlo.

Sin advertir la presencia de nadie, los enamorados siguieron su camino, llegando a la mansión felices. No imaginaban que el abrir la puerta sería el comienzo de los problemas para ellos juntos…

-Así quería encontrarlos –dijo Seiya, visiblemente borracho.

Shun se adelantó a Saori, colocándose delante de ella para protegerla de las acciones del Pegaso, aunque sabía perfectamente que era él a quien buscaba dañar.

-Seiya, déjanos entrar, por favor.

-Nunca. Ahora aclararemos las cosas entre nosotros tres.

-Cuatro. No dejaré a mi amigo solo. Te dije que hicieras lo que quisieras, pero no algo tan bajo como esto, Seiya –intervino Hyoga, que apenas alcanzó a escuchar hablar al castaño supuso el escándalo que armaría.

-¿Así que ahora tienes mamá, Shun? –se burló Seiya.

-Hyoga, es mejor que te lleves a Saori –dijo. El rubio asintió, acercándose a la chica para acompañarla adentro.

-No, yo soy la que tiene que aclarar esto. No es justo que sigan peleándose por mi culpa –habló alto Saori.

Todos se quedaron en silencio, esperando a que ella siguiera su discurso.

-A mí también me gustaría escuchar lo que tienes que decir, Saori…

Todos se giraron al oír aquella conocida voz, sintiendo un poco de temor de que hubiera aparecido justo en ese momento.

-Ja… ahora apareció tu otra mami –siguió burlándose el castaño.

-Sabía que eras un perdedor, Seiya, pero nunca pensé que era para tanto.

-¡¿Qué dijiste?!

-No estoy aquí para hablar con borrachos, solo quiero saber qué está sucediendo.

-Ikki, es mejor que esto lo hablemos con calma –intentó persuadirlo Shun.

-Estoy calmado. Ahora espero la explicación de Saori.

La aludida tragó saliva. No solo tendría que enfrentarse a Seiya, sino también a Ikki y él era de temer, aún para ella.

-Y-yo… s-solo quiero decir…

Había empezado a hablar, pero fue interrumpida por la llegada de un taxi.

-¡Habla Saori…! -le exigió Seiya, visiblemente fuera de sus cabales.

Pero ella se quedó aún más muda al ver quienes estaban llegando, Shiryu y Shunrei.

-¡Hola! –saludaron ambos felices. -Queríamos darles una sorpresa, por eso adelantamos nuestro vuelo para hoy –terminó de decir el Dragón muy contento. Pero al ver las caras descolocadas de algunos, furiosa de otro e indiferente del último, pensó que había sido una pésima decisión haber llegado antes. –Parece que llegamos en mal momento…

-Shiryu, no es tu culpa –intentó arreglar la situación Saori. –Tenemos un problema personal aquí, pero si quieres pasa y espéranos hasta que hayamos terminado nuestra conversación, por favor.

-No, él también tiene que saber lo que está pasando –se metió Seiya. -¿O acaso tienes miedo de que se entere de lo que has hecho, Saori?

Ella lo miró decepcionada. Sabía que todo eso era su culpa, pero esperaba más comprensión y solidaridad de parte de quien fue su novio por tanto tiempo.

-Basta. Esta es una conversación privada entre tú, Saori y yo. Deja de atormentarla delante de los demás. No es justo exponerla así –Shun salió en defensa de ella. La tomó de la mano sin vacilar y la llevó dentro de la mansión, dejando a todos atónitos por su reacción. Los recién llegados no entendían mucho, pero varias conjeturas subieron a sus cabezas.

Enfurecido, Seiya entró detrás de ellos, gritando un sinfín de barbaridades producto de la borrachera. Hyoga lo siguió para detenerlo y hacerlo razonar en lo estúpido que estaba siendo al hacer eso. Mientras, Ikki y Shiryu se miraban asombrados por lo que acababan de presenciar.

-Tanto tiempo fuera de la mansión y llego para encontrarme con esto –dijo el Dragón.

-Si supieras lo que está pasando…

-¿Acaso tú lo sabes?

-Coincidencias de la vida, Shiryu, solo coincidencias –contestó alejándose.

El joven de largo cabello negro se acercó a su novia y tomando las maletas entraron a la mansión, esperando que mañana fuera un día mejor…