GRACIAS A TWITTER

Capítulo 7

Aquí arderá Troya

:.:.:.:

[Forks, Washington, EEUU / 3:05 pm ]

Quería arrancarle esa cabezota. ¡Juro que quería! Y el maldito de Edward seguía sonriendo todo el tiempo conduciendo mi coche.

—¿Quien te envió a recogerme, exactamente?

—Tu mamá. Muy amable, por cierto. ¿Seguro son madre e hija, ustedes dos? —quedé mirándolo sin comprender.— Lo digo por tus malas pulgas y eso. —rió por lo bajo.

Ouch. Golpe bajo Edward. Golpe bajo... Mis dientes y puños dolían de tanto apretarlos. Quise ignorar su arrogancia unos instantes mirando a los asientos traseros pero luego preferí no haberlo hecho. Emmett se hacía fotos a si mismo con el cuerpo de Edward detrás y Alice tenía una típica carita embobada por el actorzucho. Iugh. Este sería un viaje muy largo.


—¿Puedes firmarme en la camisa?

—Claro, linda.

Rodé los ojos. Oh Dios, ya tuve suficiente de la adoración de Alice hacia Cullen. ¡Edward es el demonio personificado! ¡¿Por qué nadie me cree?!

Después de darle indicaciones al idiota y dejar a Al en su casa, nos encaminamos a la nuestra. No participé absolutamente nada en la conversación de aquellos dos cavernícolas durante el viaje. Edward quería molestarme, pero no entraría en su juego. ¡Lo que le hizo al señor Piggy fue la gota que colmó el baso! ¡No tenía perdón!

Emmett se entretuvo haciendose millones de fotos con Edward de las que fanfarronear en clase. Abrí la puerta del coche y me encaminé a casa. Entré dando un portazo cuando Renée asomó en el hall.

—¿Qué tal el colegio chicos?

—Un asco. —escupí de mal humor.

Subí las escaleras refunfuñando y lanzé la mochilas a las profundidades de mi habitación. Luego me dirigí a la ventana y miré hacia fuera. Por fin acabaron. Vi a Edward intentar cubrirse con unas gafas de sol y correr precipitadamente a casa. ¡Já, de poco le servía! Dudaba que a estas horas alguien en Forks aún no se hubiese enterado de la notícia. ¡Bella Swan conoce a Edward Cullen! ¡Uhhh! Enfermizo.

Quedé recostada unos instantes mirando hacia ninguna parte. Paz, tranquilidad y...

—¡Ey! —Ouch. Edward entró al cuarto, saludó levemente con la cabeza y se tendió en mi cama.

—¿No sabes llamar?

Me ignoró y paseó su vista por todos los rincones. Perfecto.

—¿Sabes? —dijo.— Estuve pensando y...

I'm sexy and I know it!

—¿En serio? —entrecerré los ojos sin poder creerme que la arrogancia de Edward fuese tan grande. ¡Oh vamos, se puso el I'm sexy and I know it de tono para su celular! Para variar, él volvió a ignorarme.

—¿Diga? —contemplé como sus caras iban canviando mientras se mantenía pegado al aparato. Hubo un momento en que quien fuese que estuviera al otro lado de la línia comenzó a gritar como loco. Wou, menudos amiguitos más simpáticos tiene Eddie. Al fin acabó y únicamente dijo con voz resignada:— Entendido...

Fruncí el ceño.


—La mejor actuación de tu vida, ¡¿entendiste?!— la voz del manager de Edward tenía ese matiz amenazador que haría retroceder hasta a Emmett.— Te conseguí esa película, pero quieren actores maduros y serios con su trabajo. Necesitas esta relación más que nunca para demostrar que sentaste la cabeza. Si te escogen como protagonista, ¿imaginas la cantidad de dólares que nos pag... Digo, que te pagarán?

Me mantuve callada todo el tiempo mientras Edward, a mi lado en la limusina, asentía. ¿Era cosa mía o a Aro V. no le importaba una mierda su cliente sinó solamente ganar toneladas y toneladas de dinero? Pff, como todos los peces gordos de Hollywood, supongo. ¿Pero Edward estaba tan ciego como para no verlo?

—¡La mejor actuación, recuerda! —su dedo amenazador entonces me apuntó a mí:— Y tu, linda, dedicate a sonreir y salir guapa en las fotos. Quiero mucho cariño y amor, ¿capito(1)? —frotó sus manos.— ¡Esto será un éxito!

Miré a Edward de reojo. ¿Cariño y amor? ¿Con él? Ja-ja-ja amigo, esa será tarea difícil.

De repente la limusina negra paró y miré a través del cristal tintado. ¿Un parque?

—¡Salgan ahí, ya! —Aro nos empujó cuando el chofer abrió la puerta, por poco haciéndome caer. Creí escuchar una risita y un "torpe" susurrado por Edward. Créanme cuando les digo que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no golpearlo allí mismo.

Quedamos los dos parados de brazos cruzados frente al auto. Aro nos mostró una sonrisa espeluznante y después desapareció junto con la limo.

—Genial... —me quejé bajo mi aliento, girando sobre mis talones. Un parque desierto y el cielo encapotado. ¿Llovería? Ojalá no, porque no traje paraguas.

—Estamos solos. —sentí el brazo de Edward sobre mis hombros. ¡¿WTF?!

—¡Eh, quiero ahí! A un metro de distancia hasta que no comience el plan, ¿me escuchaste? Sé defensa personal y no tendré compasión contigo.

—Uhh, muero de miedo. —su tono burlón salió de nuevo.— Vamos, ¿en serio crees que lo hice a propósito? ¡Estaba practicando! No eres para tanto, linda. —acabó soltando una risa y puso sus manos tras su nuca, empezando a caminar.

Mi autoestima es muy bajo. Patético, pero cierto. Y lo que me dijo realmente dolió. Ahí dentro. En un pequeño órgano llamado corazón. Sí, mi maldito corazoncito. Cogí aire de nuevo y me obligué a seguir al idiota con patas.

—Já, será que tu eres una belleza. —respondí con rabia. No, Edward no es guapo. Ok, no te engañes Bella, es más que guapo. ¡Pero eso no quita su asqueroso egocentrismo!

—Eso no es lo que dicen las chicas y las revistas. —me lanzó un guiño y volvió su vista al frente con esa seguridad tan propia de él.

—¿Podrías explicarme cómo demonios eres tan ególatra? En serio, deberían darte un premio por eso. —Edward encogió sus hombros.

—Un premio es un premio. —¿sonrió? ¡Sonrió! ¡Santa mierda, no puedo con esto!

Paré en seco muy cerca del tobogán infantil haciendo que Edward se sorprendiese y se detuvise también.

—¡Creído!—solté.

—Patética.—canturrineó.

—Idiota.

—Malhumorada. Te saldrán arrugas.

—¿Arrugas? Eso a ti, ¡abuelo!

—¡¿Y eso a qué viene?!

—¡No lo sé, ok!

—¡No hace falta que grites! ¡No todos estamos tan sordos como tu!

—¡¿Perdona?! Apghr..—busqué algo que contestar.— ¡Tu pelo!

—¡¿Qué le pasa?! —Edward llevó sus manos arriba rápidamente, comprando que todo estaba en su sitio.

—¡LO-ODIO!

—Oh, bien, aquí acabó la broma. Ahora más te vale correr, linda...

¡Pip, pip!

Quedamos en silencio. Edward sacó su celular y leyó en voz alta.

—Sms. De Aro. Ahora.

Nuestras miradas se cruzaron unos segundos. Comprendí entonces. Corrimos y chocamos el uno con el otro.

—¡Rodea mi cintura con tu brazo! —susurró pasando su brazo por sobre mis hombros de nuevo. Incómodo. Muy, muy incómodo.

Tragué saliva sintiendolo demasiado cerca para mi propio bien. Edward dirigia su ojos a todas partes, escurcullando el parque en busca de cualquier paparazzi.

—Así no parece que estemos enamorados. — murmuré entre dientes sin abandonar mi sonrisa forzada.

—¡Deja de sonreír así! ¡Das miedo!

—Perdona por no ser una estrella de la actuación, señorito yo-hago-todo-perfecto.

Shhh, está bien, está bien. Discutiremos eso luego. Ahora ciñete al plan.

—¿Qué plan? —pero nadie contestó. Supuse que Edward habría visto al fin un paparazzi. A pesar de no estar viendo a nadie, la maldita sensación de que me estaban observando seguía allí.

—Dime algo. Acércate más. —su brazo hizo una presa que me impidió huir. Definitivamente tuve que haberme negado a esto cuando tuve oportunidad. ¡Pero no...! ¡Todo por unos cochinos cientos de millones de dólares! El dinero mueve el mundo...

—Bésame.

—¡¿Uh?!

—No es tan difícil. Vamos, creo que empezaron las fotos. —la cara de Edward fue acercándose pero sus ojos seguían mirando a todas direcciones.

Quedé paralizada. ¿Mi primer beso con este idiota? ¡Ni muerta! Lo aparté con toda la fingida dulzura del mundo y lo abracé como una adolescente enamorada emperdernida. Creo que quedó algo chocado al principio pero luego me siguió.

—Sonríe.— me recordó muy bajito. Imaginé que justo ahora estaba en Londres, uno de mis viajes soñados, y contemplaba el Big Ben junto a una cabina telefónica roja. Oh, el paraíso... Sonreí sin ningun esfuerzo.


—Creo que salieron unas buenas fotos.— Edward comió otro regaliz.— Mi cabello aguanta bien teniendo en cuenta la humedad de este infierno. —rodé los ojos y agarré yo un regaliz de su bolsa.

—Pues fue en la tiendita de este infierno donde te compré estas delicias.— sostuve la golosina y luego la llevé a mi boca.— Me debes regaliz, por cierto.

—Soy un turista aquí, es justo que me obsequien con regalos. —golpeé su hombro rodando los ojos nuevamente.— Lo hubiese comprado yo, pero no puedo arriesgarme a que me reconozcan sin seguridad cerca. Aunque tu podrías ser un buen guardaespaldas... Con ese carácter... —mi mirada lo hizo callar al instante.— ¡Fue una broma! —alzó los brazos en son de paz.

Seguimos dando vueltas sin sentido por el parque. ¡Era tan malditamente incómodo ahora que habíamos estado a segundos de besarnos! ¡Por nada del mundo saldría eso a la luz! Sería uno de mis oscuros secretos que guardaría con llave hasta que muriese siendo una viejita odiadora de Edward.

—¿Cuanto va a tardar tu manager? Hicimos lo que dijo, ¿ahora nos abandonará?

—Bah, siempre se retrasa. Estará arreglando algo con mi publicista, supongo.

—Mi gozo en un pozo... —maldije bajo mi aliento.

—¿Qué? —mierda, me escuchó.

—Nada, sólo... —jugué con otro trozo de regaliz en mi mano. ¿Donde quedó tu valentía Bella? Hundida, como toda mi dignidad.— ¿Sabes que acabas de destruir mi último semestre en Forks, cierto? En cuanto salgan esas fotos se acabó la vida tal y como la conocía. Tanya me asesinará y tendré que mudarme al Polo Norte a vivir con los pinguinos. Y daré gracias si ellos no son fans tuyos y no quiere matarme también.

Edward rió a todo pulmón y subió a una banca, cayendo en su respaldo y colocando los pies donde teoricamente debería sentarse. Yo también me senté cruzando las piernas.

—Siento eso. —su risa aún seguía un poco presente. Eso me cabreó.— Eh... —alcé la vista.— No, ahora en serio. De verdad, yo... Fue idea de Aro. Yo... de verdad, lo siento. —fue extraño no sentir esas ganas de matarlo cada vez que decía una simple frase. Extraño no querer asesinarlo por una vez en todos estos días. Claro que pronto tuvo que estropearlo.

—Quiero decir...—se revolvió un poco mirando al suelo y luego al frente.— ¡Sólo a Aro se le ocurriría la idea de ponerme a un novia tan fea! —sus carcajadas llenando el ambiente. Eso es señores, el caballeroso y educado Edward Cullen. Oh, sí, un aplauso.


(1) Esa palabra italiana que utilizan los gangster. Suena como "capichi" o algo así.


Ya sé, tardé demasiado... Pero les cuento, cuando tenía algo de tiempo para escribir no encontraba inspiración ¡y cuando la encontraba no tenía ni un segundo libre! Una tortura. Justo esta semana tengo 4 examenes seguidos y ¡bang! apareció mi amiguita la imaginación. Como siempre, espero les guste y sinó... estoy demasiado estresada últimamente, necesito vacaciones YA O_O Y disculpen la ortografía, no tuve mucho tiempo de revisar y no sé como quedó finalmente... Espero aún continuen leyendo(?) So, todas sus opiniones son validas, así que...

¿Review?

~VampireGirl