Hermione salió de la enfermería aquella misma tarde tras tomar el tónico del mediodía. Estaba completamente recuperada, y a penas tenía un leve resfriado. Se dirigió a la sala común en busca de sus amigos. Al entrar, pudo ver a Ron y Lavender abrazados en el sofá, la chica le estaba besando el cuello a Ron que se levantó rápidamente apartándose de ella cuando vio entrar a la castaña.

Se acercó a ella bajo una mirada fulminante de la rubia.

-Herm, ¿Qu-qué tal estás?- Titubeó.

Bien no fue nada, un pequeño accidente.- La chica sonrió al pelirrojo para hacerle sentir más tranquilo.

Siento no haberte visitado en la enfermería, yo.. -se disculpó nervioso

No te preocupes Ronald, en serio - sonrió

Harry apareció bajando las escaleras con el libro de transformaciones y le vió fruncir los labios al pasar junto a Ginny y Dean quienes se besaban junto a la chimenea. Hermione no pudo evitar reír, y fue a abrazar a su amigo.

¿Estás mejor? - Le dijo el chico de ojos verdes

Hermione asintió con gratitud.

-Iba a ir a la biblioteca ahora mismo- confesó

Genial- sonrió la chica radiante- he perdido toda una mañana de clase así que tendré que recuperarla.

Harry chasqueó la lengua con desaprobación, lo que hizo reír a la chica.

Se sentaron en una gran mesa en medio de la biblioteca. Hermione sacó su libro de Runas Antiguas y unos cuantos rollos de pergaminos. Al levantar la vista vio como Nott, Zabini y Draco entraban en la biblioteca. Siguió inconscientemente al chico con la mirada, que se sentó en la mesa de delante, justo enfrente de ella, pero la ignoró por completo. Ni siquiera la miró. La chica volvió a su tarea con decepción. En realidad no había esperado que fuese diferente... en fin, era Malfoy.

¿Con quién irás a la fiesta de Navidad, Hermione?- le preguntó Harry sin levantar la mirada del libro.

La chica se sorprendió, se había olvidado por completo de la fiesta de Slughorn y no le había pedido a nadie que la acompañara.

Lo había olvidado- admitió- no tengo con quien ir.

Yo tampoco, ¿Te parecería bien ir conmigo como amigos?

Sería genial, Harry - asintió la chica sonriendo.

La chica volvió tranquila a sus ejercicios con una preocupación menos, y Harry volvió a bajar la mirada a su libro.

Zabini ¿Has invitado a alguien a la fiesta de Slughorn?- oyó susurrar a Draco en la otra mesa.

Todavía no- dijo éste.

Iré contigo.

El chico se encogió de hombros, indiferente, pues tampoco pensaba invitar a nadie. Hermione en cambio levantó la mirada sorprendida y vio como Draco apartaba sus ojos de ella con rapidez.

No pudo evitar sonreír.

La fiesta fue dos noches después. Hermione utilizó poción alisadora y se arregló el pelo con un sutil recogido dejando caer algunos mechones de su pelo. Eligió para la ocasión un vestido negro bastante ceñido que dejaba la espalda al descubierto. Se perfumó y bajó a la sala común para encontrarse con Harry. Vio como Ron se quedaba boquiabierto al verla para disgusto de Lavender, que se levantó indignada y se fue a su habitación. Harry le esperaba junto a él, sonriente. Ginny bajó al cabo de unos minutos, llevaba un vestido azul turquesa, que contrastaba con su pelo pelirrojo. Estaba preciosa. Pudo ver como a Harry se le dilataban las pupilas al verla y la castaña sonrió. Dean fue a ayudarla a bajar las escaleras con caballerosidad pero ella no tomó su mano. Al parecer habían discutido hacía poco, Harry sonrió disimuladamente.

Fueron todos juntos a la fiesta, en la que ya había mucha gente. Hermione buscó a Draco con la mirada pero todavía no estaba allí. El profesor Slughorn le robó a Harry tan rápido como pudo con una amplia sonrisa, dispuesto a presentárselo a unos cuantos invitados suyos. Mientras ella fue a buscar algo de beber.

Ginny y Dean estaban discutiendo en una esquina de la fiesta y vió a este marcharse enfadado dejando a la pelirroja cruzada de brazos. El chico salió por la puerta, empujando a un par que entraban. Fue entonces cuando Hermione vio a Draco, con unos pantalones negros y una camisa blanca, de manera muy desenfadada pues estaba arremangada y tenía un par de botones abiertos.

El chico parecía inquieto, buscaba a alguien con la mirada, sus ojos se cruzaron con los dorados de la castaña y vio cómo entreabría la boca ligeramente, sorprendido. La chica esbozó una tímida sonrisa y Draco apartó los ojos rapidamente mientras se mordía los labios, y condujo a Zabini al otro lado de la habitación.

Hermione chasqueó la lengua decepcionada y fue a llevarle una bebida a Ginny, que se había sentado al lado de ventana.

-¿Estás bien?- le preguntó a su amiga ofreciéndole el vaso de Ron de Grosella

Sí - repuso Ginny- he roto con Dean.

En ese caso esto te ayudará- dijo, y brindaron con una sonrisa.

Cuando los camareros dejaron de servir comida, se retiraron las mesas dejando una gran pista de baile al medio. Los alumnos no se esperaban que su profesor fuese a dar una fiesta así, pero fue bienvenida por todos ellos. Ginny se unió a ella y Harry, por lo que este parecía completamente feliz. Los tres no paraban de bailar y reír, pasándoselo en grande. Hermione se retiró con la excusa de ir apor bebidas para dejar a Harry y Ginny solos. En realidad empezaba a sentirse ligermente mareada, así que decidió no beber más. Recorrió la estancia, y vio que el profesor Slughorn captaba su mirada, dispuesto a presentarle a alguno de sus invitados, y dándose cuenta de su estado, Hermione se escabulló ocultándose tras unas cortinas en un ventanal. Se rió de su pequeña aventura, cuando apareció un chico estrepitosamente. Ambos se sobresaltaron.

-Creía que eras Zabini- mintió el rubio disculpándose.

Ella se echó a reír

¿Qué te hace tanta gracia?- preguntó el chico sorprendido.

Hermione comenzó a reírse más fuerte y de repente se tapó los labios.

-Slughorn me va a descubrir- informó con mirada de pilla

Draco comprendió entonces que la chica estaba un poco borracha y puso los ojos en blanco.

Estás pedo, Granger.

Eso la hizo reír aún más fuerte e inevitablemente le contagió la risa al chico, que jamás la había visto así. La castaña se asomó para ver si el profesor seguía ahí, y cuando vió que se había ido miró al chico de nuevo.

Vámonos, corre- dijo de repente tomándole del brazo. Y salió deprisa por la puerta con el rubio tras ella. Corrieron durante unos metros hasta frenarse agotados en un pasillo alejado de la fiesta.

La chica jadeó riéndose, mientras veía como el chico la miraba detenidamente frente a ella.

¿Qué pasa? -preguntó riendo

Estás muy guapa - confesó él, esperando que no recordara nada al día siguiente por los efectos del alcohol.

Ambos se sorprendieron ante esta confesión. Lo que no sabía es que ella estaba exagerando su estado con tal de tener una justificiación para poder acercarse a él sin tener que lamentar sus actos. Hermione dejó de reir abruptamente, sintió mariposas aleteando en su estómago y unas grandes ganas de echarse encima de él y besarle. Pero vió como Blaise Zabini aparecía al principio del pasillo, espiándoles, y supo cómo de imposible le haría la vida a Draco si los demás Slytherin descubría que tenía algun tipo de trato con la sangre sucia.

¡Devuélvemelo!- gritó de repente

El rubio se sobresaltó con gran sorpresa.

-¡Devuélveme mi giratiempo Malfoy!-repitió la chica

Draco vió como su mirada se dirigía al principio del pasillo, levantó la mirada y vio a Zabini allí.

Contuvo la respiración y miró a la chica que parecía muy seria.

Ya te he dicho que yo no tengo nada tuyo,Granger- contestó

La chica le miró entonces con gesto enfadado, pero con mirada divertida.

-Gracias- susurró Draco- y echó a andar hacia Zabini mientras pensaba en lo que había estado apunto de hacer. Hermione estaba preciosa aquella noche, aquel vestido era más de lo que podía soportar cualquier hombre y su sonrisa le había hecho enloquecer.

Por un momento creyó que había estado apunto de besarla. En un momento, lo habría perdido todo, pues Zabini estaba allí escondido y no habría dudado en pregonar su traición a la sangre. Y ella lo había sabido y le había salvado por los pelos.

Se reunió con Zabini mientras sonreía con malicia, haciéndole creer que sí le había quitado algo y por eso estaba Granger tan alterada. Blaise decidió que ya había tenido fiesta suficiente y quería volver a su sala común, así que Draco le siguió pues no tenía ninguna excusa para volver.

Llegando ya a las mazmorras se encontraron con el Profesor Snape.

Draco acompáñame.

El chico se despidió de Zabini con un gesto de incompresión y siguió al profesor.

En realidad sí sabía lo que le esperaba, pues Snape había intentado encontrarse a solas con chico bastantes veces, pero él se había escabullido con cualquier excusa, cosa que ahora le era imposible.

Entraron a su despacho, y Snape cerró la puerta, indicando a Draco que tomara asiento, pero él no tenía ninguna intención de sentarse.

-¿Qué quiere profesor? - preguntó con acritud.

Necesito hacerte unas preguntas.

No creo que pueda responderlas

Draco- inquirió elevando la voz- sabes que puedo ayudarte.

No necesito su ayuda, el señor Tenebroso confía en mí.

No seas necio - masculló aprentando los dientes con rabia.

El profesor Snape se acercó a él intimidándole y Draco comenzó a sentirse incómodo.

Creo que no lo entiendes - continuó el profesor - he hecho el Juramento Inquebrantable.

Draco desvió la mirada del profesor que estaba a centímetros de su cara y negó con la cabeza.

-No me dejas otra opción - contestó el profesor, sacando su varita y apuntándole- Legeremens.

Una luz blanca cegó los ojos de Draco y poco a poco todo se fue tornando oscuro. Vió muchas imágenes pasar por su cabeza. El juicio de su padre, el salón de su casa y a Lord Voldemort frente a él.

Quiero que mates a Albus Dumbledore - siseaba su voz desgarrada.

Vio a su madre llorando desconsolada en su habitación, vio Borgin y Bourkes y la sala de los menesteres. Y después, el armario evanescente.

Quiero que mates a Albus Dumbledore- repetía la voz haciendo eco en su mente.

Rosmerta apareció después, el collar de ópalos en un paquete y Pansy diciéndole que Katie Bell había sido maldita. Su sangre corría bajo el agua. Una chica acariciaba su anterbrazo con ternura, sintió el calor de su cuerpo al apoyarse en él y el olor de su pelo castaño.

Vio entonces a Hermione frente a él, mirándole a los ojos intensamente.

Yo no creo que seas malo -decía.

La cara de la chica se tornó infantil y sus ojos parecían tristes. La niña se acercaba y le dio un beso en la mejilla. La más triste de las despedidas, el dolor le inundó. Se encontró entonces frente a sus padres en una habitación que apenas recordaba, rodeado de caras de sus antecesores, de sangre pura.

-Asquerosa Sangre Sucia - resonó su propia voz en su cabeza.

Y vió la cara de una Hermione de doce años jadeando, con expresión completamente dolida y cara de incompresión y a Weasley tratando de hechizarle. La vio entonces del brazo de Victor Krum, preciosa y radiante en el baile de Invierno, y después aquella misma noche, con aquel vestido negro le había hecho perder la razón. La chica reía apoyada en la pared, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, dorados.

-Quiero que mates a Albus Dumbledore. - sentenció una lengua viperina en su mente.

Draco cayó de rodillas en el suelo. Volvía a estar en el despacho de Snape y el profesor frente a él tenía aún la varita en alto.

-Draco...- musitó con rostro descompuesto. Supo entonces que todo lo que había pasado por su mente, había sido tambien visto por el profesor. El chico se levantó, ardiendo de la rabia y salió del despacho con un terrible portazo tras él.

El profesor se sentó en su mesa, abatido. Abrió un cajón y sacó un trozo de papel arrugado.

Lo desplegó y contempló a la mujer que amaba, sonriéndole desde la fotografía.

Cerró los ojos con fuerza, deseando que Draco pudiera escapar a su destino.