1 Al llegar a la biblioteca, Hermione se llevó una gran sorpresa. Normalmente estaba vacía, especialmente tan temprano en la mañana, pero en esta ocasión había una verdadera multitud colmando los pasillos. La mayoría eran chicas, y ninguno respetaba el gran cuadro-letrero de 'Silencio' que daba la bienvenida a la sección de Alquimia.
El protagonista del cuadro, un monje calvo, sollozaba sobre su mesa (sin hacer el menor ruido). Se había cansado de agitar su letrero a una multitud que lo ignoraba por completo. Por culpa de su voto de silencio, no había podido hacer mucho más.
Hermione se asomó por entre la gente para ver la razón del tumulto y sólo pudo ver un par de cejas entre la gente. Pero fue suficiente. Viktor Krum, el buscador de Bulgaria.
La gente lo rodeaba para intentar entablar una conversación (lo que era extrañamente difícil de rechazar y mantener por parte de Krum, por su dificultad con el idioma), o simplemente para admirarlo descaradamente.
De vez en cuando, una chica se animaba a pedir un autógrafo, que le era entregado con cortesía, pero evidente fastidio.
-¡Y bien, ¿Qué esperas?! -dijo una voz desde la mochila de Hermione. Si bien no era necesario, el Manual había insistido en participar en el viaje a la Biblioteca. "Tengo a unos cuantos familiares por allí", había asegurado.
-El libro que necesito está por allí -dijo Hermione, insegura.
-Bah -respondió el Manual-. Si un montón de chiquillas basta para detenerte, ¿que puedes esperar del criminal?.
-Está bien -dijo Hermione, y empezó a moverse por entre la multitud. Recibió unos cuantos codazos, y cuando llegó al final de esta, salió tropezando.
-Auch -dijo, y se encontró frente al par de cejas, fruncidas. Viktor la estaba mirando con cara de fastidio.
-¿Qué? -dijo este-. ¿No traer papel?
-¿Uh? No. No quiero un autógrafo. Necesito ese libro -dijo Hermione, apuntando a través de Viktor.
-¿Libro de Autógafos? -preguntó el muchacho, sin entender bien.
-No. Que te muevas -dijo Hermione, y fastidiada, le hizo una seña para que se apartara. El chico lo hizo, y Hermione sacó "Sustancias Mágicas y sus características" del estante. Se alejó leyendo, sin captar la mirada tonta con que dejó a Viktor, ni las risitas de algunos chicos.
Al final del pasillo norte, el Manual de Procedimientos comenzó a agitarse.
-¡Yo me bajo en este estante! -anunció-. Aquí
tengo un par de primos.
-Oh, muy bien -dijo Hermione. Sacó
el Manual, pero dudó sobre dónde ponerlo-. Uhm, sólo
hay un espacio... no va a poder hablar, así de apretado.
-No seas tonta -dijo el Manual-. Los libros mágicos sólo
hablamos para comunicarnos con los humanos. Desde aquí puedo
conversar con cualquier libro del estante.
-Ya veo. Entonces,
lo pasaré a buscar a la vuelta.
-Sí, sí.
Tómate tu tiempo, chiquilla.
Hermione dejó el Manual, y continuó su recorrido por los largos pasillos, buscando otros libros de alquimia, hasta que al cabo de media hora había recolectado una buen montón. Dejó la pila sobre una mesa de estudio y se dispuso a comenzar su investigación.
Pero un estruendo de pisadas la hizo detenerse. Viktor avanzaba a largos trancos por uno de los pasillos, seguido de cerca por la multitud. Parecía hastiado y molesto.
-Pobre -dijo Hermione-. Harry creía tener problemas con Colin el año pasado, pero esto parece cien veces peor. ¡Justo cuando creía que podría relajarme!
Hermione se levantó, molesta. Esto era ridículo. Estaban causando un alboroto en un lugar que le parecía casi sagrado. Pero estos eran sus dominios, y ella sabría aprovecharlo.
Se dirigió a un estante, hasta quedar de cara a él, y observó con el rabillo del ojo a Viktor. Un poco más... Ya casi llegaba... ¡Ahora!
-Quiero 'El Atlas Eldritch', por Wizg Trovallon, consulta interna privada -le dijo Hermione al estante, y este pareció cobrar vida. Se deslizó hacia un lado, para dejar a la vista otro estante oculto. Al hacerlo, cerró el pasillo, separando a Viktor de la multitud. Se escucharon protestas del otro lado, pero bastante ahogadas por el espesor de los libros.
Ahora se encontraban en una especie de estudio privado, rodeado de estantes, y la multitud no podía alcanzarlos.
Hermione sacó el libro que había pedido y se lo entregó a Viktor, que se veía bastante sorprendido.
-Toma. Si lo dejas por ahí, se abrirá hacia la salida de la biblioteca -dijo Hermione, señalando otro estante.
-...
-...¿Entiendes? Libro. Ahí. Salida.
-¡Oh, sí! -respondió Viktor-. Muchas gracias. Pero...
-¿Sí?
-Yo quería leer. Uhm. Para mejorar el idioma... ¿Puedo quedar aquí?
-Sí, claro -dijo Hermione y, dando por terminada la conversación, volvió a sentarse en la mesa con su pila de libros. Por su parte, Viktor sacó un libro al azar y se sentó en la esquina opuesta de la mesa, a unos diez metros.
Parecía encontrar muy interesante a la chica que lo había ayudado, pues miraba más en aquella dirección que al libro que tenía al frente.
Hermione estaba muy concentrada en tomar notas, lo que le llevó un buen rato. Al final, suspiró y cerró de golpe el libro que sostenía en esos momentos. Su mirada se cruzó con la Viktor. Este la regresó de inmediato a su libro, y, al notar que Hermione lo miraba extrañada, intentó concentrarse de golpe en su lectura. ¿Uh? Esto... ¡No podía entender nada!
-Ese libro está en inglés antiguo -dijo Hermione, y Viktor entendió la razón de su mirada extrañada.
-Oh... yo... ¡Con razón me costar tanto entender! -dijo, forzando una risotada.
Hermione se levantó y sacó un libro de un estante cercano.
-Prueba este -dijo entregándoselo a Krum-. Era uno de mis favoritos, cuando era pequeña.
-Gracias -dijo Krum.
-Ahora, ¿Me devuelves el otro? -preguntó, y Krum se apuró en pasárselo.
-Gracias -dijo Hermione, pasó a recoger sus cosas, y devolvió el libro al estante de salida, que se deslizó suavemente.
Krum la siguió con la mirada hasta que desapareció, y luego, con mucho cuidado, abrió el libro y comenzó a leer.
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Antes de
dejar la biblioteca, Hermione pasó a buscar al Manual de
Procedimientos.
-¿Encontraste lo que estabas buscando?
-le preguntó este.
-No exactamente -dijo Hermione-.
Pero ahora sé que se trata de una sustancia prohibida. Para
continuar, necesito la cooperación de una persona.
Hermione revisó el papel con sus notas, y sintió
repulsión por lo que se avecinaba. La última anotación
decía simplemente "Severus Snape".
