Capítulo 7

Los meses fueron transcurriendo como agua entre los dedos. Parecía que el día duraba apenas minutos y las noches segundos. Aunque quizá eso se debía a que nunca dormíamos. Ahora me encontraba en mi quinto mes como vampira, mis ojos ya estaban a unos pasos de adquirir el tono dorado. Las clases de italiano y alemán avanzaron de manera sorprendente, ahora podía tener pequeñas conversaciones con los chicos, pero aun así tenía cada tropiezo que eran burlados por Emmett, quien me preguntaba cosas que a veces entendía y otras de plano me quedaba mirándolo confundida y él se reía a carcajadas, o peor, cuando creía entenderle y le contestaba totalmente distinto a lo que preguntaba.

Igual había pasado algo sorprendente, no sabía qué fuerza mística habría logrado que Alice por fin me aceptara, pero estaba muy feliz con el resultado. Ella sorprendiendo a toda la familia y en especial a mí, me ofreció una disculpa por su comportamiento anterior.

Aquel día, estaba en mi cuarto, revisando unas revistas que Esme me dio para que yo pudiera darme ideas de como decorar mi habitación, según ella cada espacio debía llevar la firma de cada habitante. Un lugar para ti sola había declarado aquella vez. Yo no quería abusar, ya era suficiente con que me aceptaran en su familia y se comporten como los mejores padres.

Mientras miraba las fotos que había en aquella revista, escuché como tocaban suavemente la puerta de mi cuarto.

—Adelante.

—Allison ¿podemos hablar? —sonó la voz de campanilla de Alice y su rostro se asomó.

—Claro, pasa —accedí y empecé a sentirme nerviosa.

Si era cierto, Alice se acercaba a mí, pero regularmente era cuando los chicos estaban presentes y pues durante las clases de alemán que me daba, pues eran eso, clases y no conversábamos mucho. Simplemente se limitaba a enseñarme y luego no existía conversación entre nosotras.

—¿Quieres sentarte? —pregunté y me hice a un lado para que ella pudiera subirse a la cama, aunque la cama ya era enorme de por sí.

Observé que con cautela ella se subía y se sentaba cruzando las piernas, justo en frente de mí, pero lo más lejos posible, casi en la orilla.

—¿Qué pasa, Alice? —pregunté cuando ella no habría la boca y empezó a jugar con los bordes de una revista.

—Yo quería… —lanzó un suspiro, tal vez era su manera de tranquilizarse— Allison, tú sabes que desde que despertaste aquel día, pues yo me comporte de manera hostil y grosera contigo. Fue injusto de mi parte haber sentido…

—Odio —susurré.

—No, nunca fue odio y déjame terminar por favor. Fue una completa estupidez pensar que tú tenías intenciones de ocupar el lugar de mi mejor amiga, realmente estúpido, ¿no? Tú como ibas a saber lo que somos. Tal vez te agarré maña por no poder ver tu llegada y por consecuencia tus acciones, o fue la acción de Edward al transformarte a ti, aun en contra de sus principios —explicó ella. No pude evitar sentirme mal ante esto último, pero me tranquilizaba que al fin ella me hablara de lo que sentía— Aunque Edward me explicó muchas veces sus razones. El punto es que nunca debí comportarme como lo he estado haciendo, tú no tienes culpa por haber sido transformada, por convertirte en lo que somos, y es por eso por lo que he venido a disculparme.

Su mirada era completamente sincera, como nunca la había visto, parecía la auténtica Alice, aquella que veía con Jasper, Emmett, Edward y Rosalie, pues cuando yo me acercaba, ella cambiaba, pero ahora parecía ser la de siempre.

Sentí mucha tranquilidad ante sus palabras, me tranquilizaba saber que ya no me tendría que preocupar si decía algo que podría molestarle, aun así, sentía que debía hacerle saber lo que yo sentía respecto a todo, pues en realidad su comportamiento si me había dolido demasiado.

—Alice, yo no tengo nada que disculparte, y en algunas cosas tienes razón, mi llegada a esta familia fue por demás sorpresiva y fue normal que algunos de ustedes me sintieran como la intrusa —le conté.

Bajé la mirada a la revista que estaba en mis manos y la cerré por completo, para luego mirarla a la cara. Ella estaba atenta escuchándome y podía ver un gesto avergonzado.

—Mi intención nunca ha sido ocupar el lugar de Isabella, y si es cierto, cada vez que estaba cerca de ti me sentía mal, porque en cierta manera tú me recordabas que este no era mi sitio. Pero al estar al lado de Esme, Carlisle, Emmett, Rosalie, Edward y en algunas ocasiones Jasper, pues no lo sé, me siento bien —dije tocando el dije que hace unas semanas me habían regalado por ser oficialmente parte de la familia Cullen— Pero, aun así, algo no encajaba, tú eres mi pieza faltante, una parte de la familia. Puede que sea muy pronto para que tú olvides por completo tus suposiciones acerca de mí. Pero para eso somos inmortales, ¿verdad? Tenemos años para lograr limar asperezas —ella bajó la mirada un poco apenada— Entonces que dices, empezamos de nuevo ¿amigas? —pregunté extendiendo mi mano.

—No, amigas no —bajé mi mano un poco confundida y dolida, pues creía que eso era lo que quería— Seremos hermanas ¿te parece? —era la primera vez que me sonreía de esa manera, tan radiante, tan ella.

—Hermanas —dije con una sonrisa y ella prácticamente se tiró arriba de mí, ejerciendo un gran abrazo— ¿Quieres ayudarme a decorar mi habitación? —pregunté una vez rompiendo el abrazo.

Ella soltó un gritito emocionado, yo sabía que le gustaba todo ese tema de decoración y diseño, y las dos nos pasamos la tarde entera buscando ideas para la decoración con la ayuda de Rose.

Ahora mi habitación a mi parecer era perfecta, aunque Alice decía que todavía le faltaba algo ya que había una pared completamente blanca a la cual no supimos que hacerle, pero me gustaba y mucho, era mío.

Bajé a la sala y ahí estaban Emmett y Jasper viendo un partido de futbol, gritándole a la pantalla como si esta le fuera hacer caso, reí al escucharlos. Rosalie se encontraba apartada del resto leyendo un libro, alzó la mira y me regaló una sonrisa que yo devolví. Alice estaba pintándole las uñas a Esme, en el comedor, y me acerqué a ellas y vi que le estaba haciendo un diseño en las uñas muy elaborado, eran hermosa. Alice tenía una gran creatividad para esas cosas. Carlisle todavía no llegaba del trabajo, y claro Edward no estaba.

—Edward fue a dar un paseo al bosque —la voz de Alice se escuchó como si yo le hubiera preguntado.

—Gracias.

Para que ocultar algo que ya toda la familia sabía, ellos ya se habían dado cuenta que yo quería a Edward de un modo distinto qué a ellos, pero al parecer el único ciego aquí era él. Pensé que la que se iba a poner furiosa iba a ser Alice, pero no, ella lo aceptó y nunca ha hecho comentarios al respecto.

Salí de la casa y empecé a caminar con dirección al bosque. Llevaba como diez minutos caminando hasta que su aroma llegó a mí. ¡Cielo! Su aroma combinado con olor a bosque era exquisito, era algo de lo que no me cansaba. Llegué donde se encontraba y nuevamente tenía esa cara deprimente.

Me acerqué a él que está sentado debajo de un árbol.

—¿Molesto? —pregunté.

—No, para nada —contestó levantando la mirada y sonriéndome— Siéntate.

Me senté a su lado. Recargué mi cabeza en su hombro y él rodeó mis hombros con su brazo. Era algo a lo que ya estaba acostumbrada, él sabía que me gustaba el contacto físico, no sólo con él, sino con todos, me gustaba abrazar a la gente y aunque él no era muy dado a ello, se había acoplado a mis manías.

—Es gracioso —le dije suavemente.

—¿Qué cosa es gracioso?

—Que aquí el que necesita el abrazo eres tú.

Lo miré a los ojos y él medio sonrió.

—Entonces abrázame —aceptó.

Me giré con completo a él, y sentí como enterraba su cara en mi cuello y si no es porque ya no hay sangre en mi cuerpo, ahora mismo estaría sonrojada.

No sabía en qué momento pasó, pero él ahora tenía su cabeza en mis piernas mientras yo simplemente me dedicaba a acariciar su cabello cobrizo. Me gustaba el color de su cabello con el sol dando en ellos, parecía más rojo, como fuego.

—¿En qué piensas? —preguntó cerrando los ojos.

—¿Te interesa? —sonreí ante la posible respuesta.

—Sí, es raro no tener voces en mi cabeza, está en silencio… bueno tan solo veo el mar en tu mente.

—Pues no estoy pensando en nada interesante… mejor dime tú en que piensas.

—En nada interesante —devolvió mi respuesta con una sonrisa.

Reí ante eso y luego lo miré a los ojos, tan dorados como el rayo de sol que daba en mi pie derecho justo en ese momento.

—Edward ¿Por qué te lastimas de esta manera? —pregunté y él suspiró, su rostro se llenó de dolor y confusión.

—Porque ella lo vale —murmuró y sus palabras llegan con la fuerza de un huracán a mi corazón petrificado.

—Y si ella lo vale, porque no vuelves a su lado.

Si tienen razón, es verdad lo que dicen en los libros que he leído: el que ama es capaz de dejar libre al ser amado para que sea feliz con otra persona, aunque existe ese amargo sentimiento egoísta que te ruega para que lo detengas.

—Ella no se merece esto —dijo él en un susurro.

—¿Merecer qué?, tu amor, acaso ella no se lo merece —pregunté un poco molesta, aunque ya sabía de lo que hablaba.

—Claro que se merece mi amor y por lo mismo es que me alejo.

—Que dramático y sufrido eres, Edward, acaso no entiendes, así como la amas a ella deberías amarte a ti mismo, esto no te hace feliz, separarte de ella te duele, si en verdad la quieres y te quieres a ti, regresa a su lado —expresé con un poco de rabia.

Él sólo me observó buscando una razón para mi ataque de rabia.

Esto me dolía, dolía más que los tres días que duró la transformación. Él chico que amaba, ama a otra, y a su parecer es perfecta y se merece todo. Cerré los ojos y levanté la cara, tratando de ocultar mi tristeza y las ganas de morir, claro si es que eso fuera posible. Si tan solo por un segundo pudiera evadir la realidad o fuera lo suficientemente valiente, dejara mi miedo y mi cobardía a un lado, sería capaz de confesarle lo que sentía, pero de que serviría si eso no lo alejaría de ella.

Sentí como se levantaba, tomó mi cara entre sus manos. Yo aún no abría los ojos, no quería ver su rostro por ella, sentía su aliento tan cerca de mi cara, y él de manera tierna depositó un beso en mi mejilla derecha.

—Allison, realmente te vez adorable enfadada —soltó él dejando salir una risa baja. Yo abrí los ojos y me encontré con su rostro de frente— Gracias.

—¿Volverás con ella? —no pude evitar la rápida pregunta y es aquí donde el egoísmo se hace presente ya que ahorita lo que más deseaba era regresar el tiempo y nunca haber abierto la boca.

—No, no regresare —suspiró, y un dejo de alegría sentí— No regresare hasta cuando ya no soporte más esto.

Él se sentó en la misma posición en que lo encontré.

Yo me levanté y como lo hacía normalmente le extendí mi mano.

—Allison, no quiero jugar —dijo él un poco angustiado.

—No vamos a jugar, quiero mostrarte algo —dije con una sonrisa.

Él tomó mi mano y sin soltarlo empecé a correr hasta llegar a la playa.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó.

—Que impaciente eres, Edward. Espera.

Hace un tiempo empecé a practicar este truco. Moví mis manos sacando una gran cantidad de agua del mar y con un poco más de concentración forme un ovalo de dos metros de alto aproximadamente, lo suficientemente grande para que Edward o Emmett entraran. Con otro movimiento abrí una parte, haciéndolo ver como una capsula. Me metí en ella, sin que un solo cabello se me mojara.

—Es impresionante lo que puedes hacer —alegó y su rostro mostraba sorpresa. Extendí nuevamente mi mano.

—Gracias, pero esto no es todo, entra.

—Pero…

—¿Confías en mí? —pregunté sin bajar la mano y viéndolo directamente a los ojos.

—Sí, confió en ti —contesto con voz sincera cada silaba y yo tenía que evitar con todas mis fuerzas dar saltitos de la emoción.

—Entonces sube.

Mi emoción creció al momento en que tomó nuevamente mi mano. Él entró y su sorpresa fue mayor al ver que no se mojaba. Vi su mano extenderse y tocar las paredes de agua, y aunque se mojaba, ésta se quedaba en su lugar. Sonreí y me concentré más, y en unos segundos ya estábamos debajo del mar.

—¡Esto es sorprendente! —exclamó él viendo todo nuestro alrededor.

—Gracias.

Empecé a sumergirnos más, era increíble, parecía que estuviéramos en un acuario y viéramos todo a través de un cristal, todos los peces pasaban por nuestros lados. Los corales eran perfectos, todo era hermoso debajo del mar, parecía otro mundo, otra vida. Pero lo más hermoso era él, Edward observaba todo con un brillo especial, era como ver a un niño en una juguetería o recibiendo su regalo de navidad. Y nunca lo había visto así, tan olvidado de su seriedad.

No sabía cuánto tiempo llevábamos ahí, todo era maravilloso. ¡Cielo! Cuanto amaba a este chico, él me veía con una sonrisa.

—Allison, ¿estás bien? —lo escuché preguntar en el momento en que me quedé estática, mirando un punto casi oscuro a la distancia.

—Yo…

Dejé de hablar y moviendo rápidamente la capsula la acerqué a donde vi al pequeño delfín. Era pequeño y movía su aleta con entusiasmo.

—¿No te parece lindo? —pregunté con alegría.

El delfín dio un giro a nuestro alrededor e intento traspasar la capsula, pero no lo permití.

—Creo que le caíste bien- dijo y lo vi sonreír.

El pequeño animal realizó un ruido agudo y vimos a lo lejos como se acercaban dos más. Yo reí encantada con lo que pasaba, me gustaban todos los animales y en especial los acuáticos, pues era una vida completamente distinta. Saqué una mano y acaricié a uno de los delfines. Sonreí ante una idea y quitando un rato mi barrera mental se lo hice saber.

—No, Allison —claudicó Edward.

—Vamos, Edward, será divertido.

Sonreí como siempre lo hacía para que me dijera que sí. Era una enana maliciosa y manipuladora vampira, como decía Emmett, y Edward accedía la mayoría de veces por los remordimientos que cargaba sobre mi transformación. A veces eso me molestaba, pero igual lo utilizaba a mi favor.

—No.

—Por favor, será por un ratito —hice un puchero sobre actuado.

—De acuerdo, pero tan solo por un rato.

Poniéndome de puntilla le di un beso en la mejilla en forma de agradecimiento.

—¿Listo? —pregunté y lo vi asentir.

Poco a poco fui cerrando la capsula, haciendo que las paredes de agua se apretaran contra nosotros e inmediatamente los dos nos mojáramos.

Por un rato pasamos jugando con los defines. Yo nadaba hacia ellos y los perseguía, o ellos me perseguían a mí. Los animalitos se acercaban a nosotros, y Edward les acariciaba la cara o los jalaba suavemente por la cola y ellos emitían ese ruido. Me divertían tantos estos animales, eran tan tiernos y dulces. Después de un tiempo volteé a ver a Edward y este sonreía y me hacía señas para salir.

—Una carrera a la orilla —dije mentalmente y él alzó su pulgar en señal de estar de acuerdo.

Nadé todo lo rápido que pude y a pesar de que mi don era prácticamente el mar, esto no me ayudaba a ser más veloz, Edward era demasiado rápido para mí y más porque mis habilidades descontroladas de neófita estaban desapareciendo ya, hasta volverme un vampiro más como los chicos. Así que sin preocuparme porque se enojara, me ayudé con mi don para que las olas me impulsaran, prácticamente provocando una función similar al de un bote, y fui la primera en llegar a la orilla.

—Te gané —celebré cuando lo vi salir del agua.

—Tramposa, siempre utilizas tu don.

Le saqué la lengua y extendí los brazos sobre mi cabeza y di una vuelta, en un pequeño baile de la victoria, pero él tan solo sonrió.

—Deberías aprender a perder —le dije después, exprimiendo mi cabello.

Él asintió de mala gana y luego me miró con suavidad.

—Gracias, ha sido genial.

—Ha sido todo un placer —contesté.

Empezamos a caminar de regreso a la casa. Habíamos pasado tanto tiempo fuera que era seguro que los chicos nos buscarían. El silencio nos embargó y él puso su cara pensativa nuevamente. Sé que vuelve a pensar en ella, en ese rostro que no conozco, en ese nombre que quisiera tabú y nadie más lo nombrara, porque duele y mucho.

Me cuestionó nuevamente mis sentimientos, porque fue tan fácil quererlo, amarlo con la misma facilidad que con la que se antoja la sangre, lo sentí como algo irremediable igual que mi sed. Porque mi corazón decidió enamorarse de él sabiendo que amaba a otra, pues lo sabía, lo supe quizá desde la primera semana en casa de los Cullen, Rosalie me habló de ella con voz molesta y despectiva, Emmett con tranquilidad, Esme con preocupación y dulzura, Alice como si fuera la chica que ha plantado todos los árboles en este planeta. Y no podía culparlos por hacerlo, pues para Edward ella era importante.

Si hubiera sabido lo que me esperaba en mi esta existencia inmortal, hubiera preferido morir en aquel bosque, desangrarme sin remedio, que tan sólo se hubiera sentado a mi lado y sostuviera mi mano hasta que cerrara los ojos y verlo a él como un sueño, y mi corazón hubiera dejado de latir. No entendía porqué me salvo si me iba a condenar a esta existencia donde yo lo amaría y él amaba a otra, a la perfecta Isabella Swam.

El pecho me duele, era algo imposible, pero a veces sucedía cuando la pensaba a ella y a él concretamente.

No aguanté más y sin decirle nada, corrí al acantilado, pues me encantaba estar ahí, en ese lugar parecía controlarme. Me senté en la orilla disfrutando de los últimos rayos de sol que hacían mi piel brillar. Me gustaba ver mis manos refulgir, parecía que me hubiera caído piedras preciosas en las manos o pequeñas perlas pálida y con el sol no hacían más que brillar como un puñado de estrellas. Dejé de ver mis manos y miré las revoltosas olas del mar, como si alguien dejara caer constantemente pesadas piedras al agua, el ruido era fuerte y el movimiento agresivo, y ahí supe que me tenía que controlar, mis sentimientos estaban interfiriendo con mi don, y a veces era difícil controlar el mar si es que yo no estaba controlada.

Respiré profundamente tratando de conseguir un poco de serenidad ya que sabía que él estaba en el borde del bosque. Podía sentir su penetrante mirada clavada en mí y su aroma más cerca. Escuché sus pasos acercándose y se sentó a mi lado.

—¿Qué pasa? —preguntó.

No quería girar y verlo, de seguro pensaría que era bipolar, pero en verdad es que en este momento me dolía estar tan cerca de él. Quería pedirle que se fuera, que me dejara sola, pues, así como a él le gustaba estar a solas con su dolor, igual yo a veces lo prefería. Pero no podía decirle eso.

—Nada —murmuré.

Bajé la mirada y empecé a jugar con la cadena que me habían regalado, aquel con el símbolo de los Cullen. Me gustaba verlo.

—Esa mirada triste dice mucho.

Él con sus dedos gentiles giró mi rostro y me obligó a verlo a los ojos. No quería acceder, pero el contacto me debilitaba.

—¿Qué? ¿Cómo no puedes leer mi mente ahora vas a leer mis ojos? — pregunté con una sonrisa tratando de sonar divertida. Fallé miserablemente.

—No, pero hace un momento estabas feliz y ahora tienes una mirada triste —aclaró.

Suspiré con cansancio, ¿cómo decirle la verdad?

—No pasa nada —aseguré con casi rudeza. Mentí lo mejor que pude obligando a mi voz no temblar en el proceso.

—¿Y yo te voy a creer?

Yo me encogí de hombros, viendo nuevamente las olas acariciando las rocas. Mi pecho dolía demostrando que de alguna manera existe una migaja de vida en mí. No estaba viva, porque los sentimientos no morían con la transformación. Era una estupidez pensarlo, la familia merece que los ame y me alegra que ellos igual me quieran, y Edward, él igual era alguien que merecía ser amado, pero tal vez no por mí, sino por ella. Ella era todo, todo para él.

—¿No confías en mí? —preguntó él y en su mirada había un poco de tristeza.

—Te confié mi vida y tú me salvaste, ¿Por qué piensas que no confió en ti?

—No me quieres decir que es lo que te pasa.

Me quedé callada. Como decirle que me enamoré de él, como decirle que lo amo y que le entregaría mi vida mil veces más, porque aquel día de mi transformación yo le di mi vida sin saberlo, pero no dudándolo, mi vida le pertenecía y que no me arrepentía de haberlo hecho. No creía que el soportara escuchar la verdad.

—Edward ¿puedo preguntar algo sin que te molestes? —dije muy nerviosa y tratando de cambiar el tema.

—Claro.

—¿Por qué me salvaste? ¿Por qué me convertiste? —pregunté.

Era mi duda, mi más grande duda. En cierta parte sabía que era por la culpa, pero no deseaba que sólo fuera eso, pues dolía un poco. Él era el único que sabía realmente los verdaderos motivos y yo quería saberlo.

—Tú no merecías morir por mi culpa, tú me pediste que te salvara y…

Esperé a que continuara, pero su mirada existía la duda sobre continuar o no.

—¿Y? —insistí para que siguiera hablando.

—Allison —digo mi nombre dudando y clavando sus ojos en los míos— Allison, cuando vi tus ojos supe que no podías morir —terminó de decir. No pude evitar sonreír como una tonta.

—¿Mis ojos?

—Sí, tus ojos, dos bellas esmeraldas —dijo él con una sonrisa.

—¿Mis ojos eran verdes?

—Sí, de ese color eran tus ojos. ¿Sabes? Me hubiera gustado no tener que convertirte, que Carlisle te hubiera salvado, así podrías haber conservado tus hermosos ojos.

—Pero ahora no estaría aquí contigo —dije girando la cara.

—¿En verdad no te sientes mal porque te convertí? ¿Haber perdido tu humanidad?

—Existen momentos en que me entra la tristeza por no recordar nada, es como si hubieran borrado mi cabeza y me siento mal por aquella familia que de seguro me llora. Pero luego se me pasa, fue como volver a nacer, además no puedo quejarme, Carlisle y Esme son unos padres amorosos, Rose, Emmett, Alice y Jasper son los mejores hermanos que pude desear y tú, tú eres alguien a quien yo quiero mucho, eres mi amigo, mi refugio, a ti te debo todo esto. Me diste más de lo crees, me lo diste todo.

Tenía que dejar de hablar, siempre terminaba diciendo cosas de las cuales luego me arrepentía.

Él sólo bajó la cara un poco apenado. Se acercó a mí y tomándome en brazos, me sentó en su regazo y me abrazó con fuerzas, demasiada fuerza. No pude evitarlo, y enterré mi cara en su pecho. Los minutos fueron pasando y cuando volví a alzar el rostro la luna se mostró ante mí de manera esplendorosa, mostrando su belleza casi irreal, era una ventaja este lugar, la luna parecía estar tan cerca, como si pudiera alzar la mano y tocarla.

—Gracias, Allison —escuché la voz de Edward, siempre tan suave, tan misteriosa.

—¿Por qué? —pregunté viéndolo a los ojos.

—Sin ti, no sé qué sería de mí, te volviste mi salvavidas, me hiciste pensar cuando creía que ya no había nada.

Si él supiera que era mi todo.


Hola, gracias por los comentarios del capítulo anterior-

De acuerdo aclarare algunas cosillas...

Paz: gracias por el comentario. Lamentablemente no puedo dejar a Bella fuera, así que sí hara su aparición pero lo que viene será sorpresa así que no dire nada más XD...

Luz de Luna: niña, me alegro que te guste y no me enoja tus comentarios, por el contrario me alegran. El amor de los dos protagonista va creciendo poco a poco.

Katherine: por fin la pelinegra de Alice acepto que Allison es parte de la familia le costo pero lo logró.