ICE DAYS

(Días de hielo)

Cuando el amor no es locura… no es amor

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Ron Weasley paseaba intranquilo por los jardines de Howgarts, mientras la silenciosa brisa matutina mecía tranquilamente su rojo cabello junto a su larga túnica, pensando en ella… en Hermione.

Su mejor amiga.

¿Por qué? ¿Por qué no podían hacer nada para salvarla?

¿Por qué, si ella hubiera hecho hasta lo imposible si fuesen ellos que estuvieran en su lugar?

"El ministerio esta investigando, cuando nuevas noticias lleguen a nuestros oídos, os serán comunicadas inmediatamente".

-¡Maldita sea!- masculló, nervioso.

No cuestionaba las palabras de su director, no quería desconfiar de él, pero, aún así…

¡Él no sabía por lo que estaba pasando! ¡Por lo que todos ellos estaban pasando!

Deseaba que volviera…

Merlín, como deseaba tenerla de nuevo cerca, y poder explicarle… lo necesitaba.

No había hablado en serio aquella mañana, ¡Solo estaba enfadado!

Siempre había sido muy temperamental, y la castaña lo sabía, él quería confiar en que así era, pero…

¿Por qué entonces le había mirado de aquella manera?

Los remordimientos no le dejaban dormir. Apenas le dejaban subsistir.

¡Por su culpa, por su maldita culpa, ¡Solo por sus malditos caprichos y su estúpida manera de comportarse con ella!

Por su culpa Hermione no estaba ahora riendo junto a ellos.

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Ron: -¡No tienes por qué tratarla así, ella no te ha hecho nada!

Hermione: -Yo no la he tratado de ninguna manera, Ronald…- le espetó la castaña, harta ya del tema de conversación al que recurría el pelirrojo demasiado frecuentemente para su gusto.

Ron: -¡Claro que sí, Luna ha venido hoy llorando! ¡Mencionó algo sobre ti antes de marcharse corriendo! ¡Es cosa tuya, no te atrevas a negarlo!

Hermione: -¡Ya te dije, Ron, que yo también la aprecio, maldita sea! ¡He aprendido a quererla! ¿Vale? Es mí amiga, jamás la haría llorar.

Ron: -¡Mientes, todo son mentiras! ¡Jamás la has soportado! ¡Siempre la has envidiado! ¿Me oyes? ¡Siempre! ¡Pero entiéndelo de una vez, yo la elegí a ella, no a ti! ¡Supéralo!

Se calló entonces.

Había tocado una fibra sensible.

Demasiado sensible, y lo sabía.

La castaña se hallaba estática en su sitio, con la cabeza gacha, sin poder todavía encajar las rudas palabras que había pronunciado el pelirrojo momentos antes.

Ron: -Hermione, yo…

Hermione: -No, Ronald.- dijo la chica, tajante.

Al chico le pareció que, de repente, aquel nombre sonaba diferente de cómo siempre lo había echo en aquellos momentos, en sus labios.

Hermione: -Lo has dejado bastante claro.

Y emprendió la marcha escaleras arriba, o al menos, lo intentó.

Mas no caminó mucho antes de que un fuerte brazo la mantuviese en su sitio.

Al girarse se topó de frente con aquellos ojos azules, aquellos ojos que la derretían, que la hacían volar, ahora llenos de arrepentimiento… pero no iba a caer, no ahora.

Nunca más.

-¡Chicos!- gritó un enérgico moreno desde la puerta de la sala común de los leones.

Ambos se giraron entonces, observando quedamente a su amigo en común.

Harry Potter.

El chico pareció darse cuenta entonces de la posición en la que se encontraban sus amigos, mirando directamente el firme brazo de Ron sujetando con fuerza a la castaña.

Frunció el ceño, intranquilo.

Conocía perfectamente la expresión que sostenía Hermione en aquellos momentos.

Demasiado bien.

Harry: -¿Ocurre algo?- preguntó.

Ron masculló unos susurros apenas audibles, pero Hermione no le dejo continuar.

Hermione: -Oh, Harry, no es nada importante. Solo le decía a Ronald que me encuentro indispuesta para la salida a Hogsmeade de hoy.

Harry: -¡Pero…!

Hermione: -Harry…-

Y el chico la miró entonces a los ojos.

Cuantas emociones podía percibir a través de aquellas esferas café, cuanta desilusión, cuanto dolor… cuanta soledad.

Dio entonces un suspiro de resignación. Casi podía adivinar que era lo que había sucedido.

Hermione: -Estaré en la biblioteca-

Y dándole un fugaz beso en la mejilla al moreno, subió hasta su habitación, dando un portazo al entrar.

Harry miró entonces al pelirrojo.

Había olvidado la falta de tacto de su amigo en cuanto a mujeres se trataba.

En cuanto a Hermione se trataba.

Harry: ¿Qué le has hecho ahora?

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Se reprendió mentalmente entonces.

¿Cómo podía haber sido tan estúpido?

Luna había acudido a él momentos después, diciéndole que lloraba por Hermione, si.

Pero no porqué le hubiese hecho algo malo, sino todo lo contrario.

La chica le había ayudado toda la noche con sus deberes de herbología, a pesar de haber terminado relativamente tarde.

Luna no lloraba por otra cosa que no fuera emoción.

"¡Oh, Ron, Hermione es fantástica!" –le había dicho.

Demasiado tarde.

¿Por qué tenía que dudar de ella?

¡Se lo había dicho, le había dicho que ella jamás haría llorar a una amiga!

Y si, era cierto que los primeros días la castaña no había tolerado demasiado bien a la nueva novia del chico, pero con el tiempo había dejado de lado sus desavenencias y se había terminado encariñando con ella.

-Joder…

Y sin más, se dejó caer sobre la mullida hierba, esperando a Luna, que no tardaría en llegar.

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Un apuesto rubio se hallaba entonces frente a una oscura habitación.

Aquella que era capaz de infundirle el mayor de los miedos, aquella…

La guarida del mismísimo diablo.

La habitación de su padre.

-Pasa- se oyó la voz del mayor de los Malfoy, hueca, sin sentimientos… como siempre.

Dudó unos segundos antes de girar por completo la perilla de la puerta, atemorizado.

Si, en efecto, el gran Draco Malfoy tenía miedo, si…

Muchísimo miedo.

Pero solo de él, solo de aquella persona.

Solo de quién le había enseñado a no sentir, a mentir, a despreciar…

Solo de aquel que había terminado con la vida de su madre.

Solo de Lucius Malfoy.

Entró con paso lento pero decidido en la habitación, encontrándose con una espesa oscuridad que cubría toda la estancia.

Aquello comenzaba a darle mala espina, no podía distinguir la figura de su padre en aquella total falta de claridad.

Hasta que lo notó. Notó su pausada respiración justo detrás de él, sin alteración alguna… solo como Lucius sabía hacerlo.

Se maldijo mentalmente por no ser capaz de mirarlo a la cara.

Pero no podía.

Si miraba a su padre a los ojos, si lo hacía… le descubriría, sin duda alguna.

Descubriría aquel extraño y nuevo brillo en sus antaño ojos de hielo, los rasgos de culpabilidad todavía patentes en su rostro…

Notaría aquella inseguridad que, por primera vez, era palpable en le ambiente.

Y volvería a decepcionarle…

Volvería a renegar de él, volvería a hacerle sentir la criatura más baja del mundo…

Le diría de nuevo que su madre se retorcería en el infierno viendo al inútil de su hijo en aquel estado.

De nuevo las torturas, los desplantes…

No quería soportarlo…

No creía poder hacerlo de nuevo.

Mas se giró.

Y preferiría mil veces no haberlo hecho.

Lucius: Tú- le señaló Lucius, sin ninguna emoción en su rostro porcelánico- el que se hace llamar mi hijo, un Malfoy…- un destello de diversión brilló entonces en sus ojos, al percatarse de la expresión que comenzaba a formarse en la cara de su hijo- Me has desobedecido… ¡Mírame cuando te hablo!- dijo, cogiendo fuertemente la cara del rubio entre sus manos.

Draco cerró los ojos.

Sabía lo que venía a continuación, lo sabía…

Lucius: -Juro por Dios que te arrepentirás eternamente… desearás no haber nacido, y créeme,- añadió, en un escalofriante susurro- matar a esa simple impura te parecerá un juego de niños entonces.

Y, dejando dentro a su hijo, y en un recóndito lugar también sus sentimientos, salió de la oscura habitación

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Entretanto, Hermione despertaba en su nueva celda.

Miró entonces su reloj, casi hecho trizas, comprobando con horror lo lentas que pasaban las horas en aquel sitio.

Tardó indefinido tiempo en lograr levantarse, pues las heridas del hechizo del mortífago todavía le hacían flaquear, pero lo hizo, y se encaminó hacia los barrotes de la mazmorra, a por algo de comida.

Si es que la había.

Se arrodilló frente a la puerta, y atinó a coger un duro trozo de pan, mas desechó toda idea de comerlo cuando vio los pequeños mordiscos de los roedores en el alimento.

Malditas ratas, volvían a ganarle la partida.

Bufó exasperada, llevándose el vaso de agua a la boca, acallando aquella sed que la mataba…

Pero no pudo acallar los malditos latidos de su censurado corazón.

La imagen del rubio frente a ella, varita en mano, pronunciando aquellas palabras, aquellas palabras de nuevo una y otra vez no dejaba de aparecer recurrentemente en su cabeza, torturándola.

-¿H… hola?- se escuchó entonces en la vacía sala, o eso había pensado la castaña hasta aquel momento.

La leona dio un respingo, y el vaso calló al suelo con un tremendo estruendo, olvidado.

Una morena mano asomó entonces por entre los barrotes, buscando a tientas una persona con la que poder entablar una conversación.

Podía ser una trampa, podía ser una artimaña de las serpientes, pero aún así aquella soledad la estaba marchitando, necesitaba algo a lo que aferrarse para no caer…

Lo necesitaba.

Hermione: Hola, ¿quién eres?

-¡Por fin algo de compañía! No creía soportar mucho más tiempo solo…- dijo una trémula voz masculina- Soy Emile Bradford- contestó a su pregunta.

Hermione: -¿Emile? ¿Emile de Ravenclaw?

Emile: -Así es… ¿Cómo lo has…?

Hermione: -Hermione Granger, Gryffindor.

Emile: -¡Vaya, tu eres Hermione! ¡La prefecta de la casa de los leones! He oído hablar de ti en varias ocasiones, eres amiga de Potter, ¿cierto?

Hermione sintió un profundo vacío en el estómago al oír de nuevo el nombre de Harry…

¿Cómo estaría en aquellos momentos?

Desesperado, seguramente, lo conocía a la perfección.

No descansaría hasta encontrarla.

Confiaba plenamente en que, tarde o temprano, el niño que vivió acudiría en su busca… tarde o temprano.

Emile: -¿También de Weasley, no? El famoso portero del equipo de Gryffindor.

Empalideció solo ante la sola mención de su nombre.

Ron…

Se disponía a contestar cuando unos nuevos pasos se escucharon con claridad resonando sobre las gruesas paredes de roca de la mazmorra, haciéndola estremecer.

Se quedó estática, sin poder formular palabra alguna.

¿Y si volvía a ser él? ¿Y si volvía para atormentarla de nuevo?

-No…- atinó a decir.

Emile: -Hey, Hermione… Hermione, ¡Escúchame!- llamó su atención el chico- échate al suelo… ¡Hazlo, maldita sea! Si creen que duermes no pasará nada.

Reaccionó justo a tiempo, echándose al suelo con un sonido sordo, y cerrando rápidamente los ojos, simulando su sueño. Cerca suyo pudo oír como los pasos cesaban, y alguien paraba justo enfrente de la celda de Emile.

-¿Qué tramas ahora, Bradford? ¿Otro intento de fuga, tal vez?- se oyó con claridad la potente voz de Vicent Crabble.

Vaya, así que él y Goyle también se hallaban en la fortaleza, junto al bando oscuro…

No esperaba menos de los guardaespaldas de Malfoy.

Emile: -Buena idea, lo pensaré.

Crabble: -No te hagas el gracioso conmigo, Bradford. Recuerda que soy superior a ti, sangre sucia- dijo con un palpable tono de acidez y rencor.

Emile: -Hazle un favor al mundo y muérete, bastardo.

"Emile…"

Entonces, lo que Hermione había estado esperando desde que el mortífago llegó, sucedió.

Crabble: -¡Cruccio!

Nada.

Ni un gemido, ni tan siquiera un mínimo grito ahogado… ni un solo sonido salió de la boca de Emile.

La leona se sorprendió.

Había vivido de primera mano el dolor, la desesperación… aquel hechizo era realmente potente.

Había escuchado algunos rumores sobre Emile, mas era ahora cuando se confirmaban… ella jamás había creído en habladurías (todavía más si venían de Patil y Lavender) pero no podía hacer otra cosa que sucumbir ante la fortaleza de la cual estaba haciendo gala el Ravenclaw.

Crabble: -En cuanto a ti, Granger… ¡Despierta!- Hermione movió la cabeza, aturdida, fingiendo un sueño del que, evidentemente carecía- Seguidme, os llevaré al baño- dijo mirándoles con asco- necesitáis un buen baño.

Hermione quedó algo aturdida, ¿había dicho baño?

¿No esperaba que… o si?

Crabble la sacó a la fuerza de la celda, ante la negativa de la chica, y entonces lo vio.

No era el chico más guapo que había visto en la vida, pero desde luego, era atractivo.

Muy atractivo.

Su pelo era de un castaño claro poco común, sus finas fracciones se encontraban perfectamente marcadas, y sus ojos…

Negros.

Como la misma noche, de un perfecto y penetrante negro.

Jamás había visto unos ojos que se envolviesen en tanto misterio…

Excepto aquellos ojos... aquellos ojos de hielo.

Salió de sus ensoñaciones cuando sintió como el rudo mortífago le soltaba el brazo.

Habían llegado.

Crabble abrió la puerta ante ellos, descubriendo así las duchas…

O, mejor dicho.

La ducha.

Hermione: -Merlín… ¡solo hay una!

Oyó una estridente risita a sus espaldas, y se giró, exasperada.

¿Qué demonios le hacía tanta gracia a Bradford?

¿Es que no veía la situación en la que se encontraban?

Emile: -Oh, vamos Hermione, no me mires así…- dijo el chico, aparentemente divertido- puedes ducharte tu primero. No mirare, lo juro- aseguró, poniendo cómicamente su mano derecha sobre su pecho.

Hermione frunció levemente el ceño, y lo miró desconfiada.

El chico simplemente le dio la espalda, y le hizo señas con la mano, al parecer para que no tardase demasiado.

En fin… no se podía andar con recatos, después de todo, estaba prisionera…

Casi debería darle las gracias a Crabble por haberla llevado a darse una ducha.

Casi.

Se deshizo rápidamente de la ropa, y abrió el grifo de la ducha, dejando que el agua corriese libre por su cuerpo, haciéndole sentir escalofríos cuando tomaba contacto con las porciones heridas de su piel, pero no se quejó.

Se sentía bien después de incontable tiempo…

Por su parte, el Ravenclaw no lo soportaba más.

Justo detrás de él, se encontraba Granger… Hermione Granger. Sin duda alguna merecería la pena girar la cabeza aunque solo fuese un poco…

Solo un poco, para poder ver aquellas maravillosas curvas en todo su esplendor.

"Basta, recuerda la situación en la que te encuentras" –se reprendió mentalmente el mago, pero de poco servía… necesitaba girarse, y así lo hizo.

Lentamente, sin que la chica se percatase de gesto alguno, giró la cara para toparse con… con…

"Oh, Dios santo…"

Se frotó enérgicamente los ojos, a esperas de que aquella maravillosa visión desapareciera de un momento a otro… mas no lo hizo.

Sus curvas perfectamente proporcionadas, sus prominentes caderas, sus pechos…

Todo en ella era tremendamente excitante.

Y mortalmente sexy.

Tragó saliva, y se giró rápidamente, recordándose a sí mismo como se respiraba.

Entonces echó en falta el sonido del agua al caer, parecía ser que ya había terminado.

Hermione: -Listo. Creo que es tu turno, Emile.

Y no supo porqué, pero su nombre le pareció extrañamente hermoso en sus labios.

Viró para poder mirarla a los ojos y responder, pero se sorprendió a sí mismo quedando sin palabras.

La imagen de la chica en la ducha se repetía una y otra vez, una y otra vez… infinitas veces.

¡Merlín, ya estaba bien!

¡No podía pensar en eso, no ahora!

Pero Emile era un hombre…había ciertos impulsos casi imposibles de controlar…

Y con el tiempo, terminaría por darse cuenta…

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-Crabble, Goyle.

Los dos mortífagos se presentaron sin demora en la sala en la cual se les esperaba, con una leve inclinación de cabeza.

Crabble, Goyle: -Si, Draco.

Draco: -Preparad a la prisionera para la sala de torturas… si no habla por las buenas, que lo haga por las malas entonces.- dijo, con una mirada que helaría el mismísimo infierno.

Nadie esperaba, sin duda alguna, los sucesos que estaban por llevarse a cabo…

Nadie, incluso él mismo.

Continuara…

¡Hola a todos de nuevo!

Si, ya se que esta vez he tardado más de lo normal en publicar, pero esta era semana de exámenes… y ya se sabe (dejémoslo aquí, XD a nadie le importa si no tiene que ver con la historia)

Bueno, en este capítulo aparece un nuevo personaje (que ya había mencionado en el primero, si recordáis) para el que tengo preparado un gran futuro xD y aunque no hay ningún encuentro directo entre Draco y Hermione, ¡tranquilos! También tengo un dichoso (o no tanto) futuro para esta parejita…

De nuevo muchísimas gracias por vuestros comentarios, ya sabéis que esto no sería nada sin ellos…

Besos y hasta pronto

Suzaru

Se trata de vivir, y de soñar, y del derecho que tengo a equivocarme, y de que nadie, nadie, puede matar la esperanza de que mis anhelos se hagan realidad. No persigo la luna.

Quiero sentirla.