LA LUNA EN EL ORÁCULO

7. En donde Sirius se desespera

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—Como si me importara lo que hace o deja de hacer ese licántropo idiota. Por mí como si se lía con Filch. Es cosa suya.

Sirius está muy cabreado. Está así desde que vio a Remus hablando con ese Huflepuff y de momento no quiere que se le pase. De hecho, está deseando cruzarse con él para demostrarle lo enfadado que está, a ver si se da por aludido. Eso es lo que quiere: quiere que Remus se sienta culpable y le pida perdón por haberse portado así con él: después de todo no tiene razón para retirarle la palabra sólo porque él se sobresaltó al verlo en la puerta de la habitación con la carta de la luna en la mano. No, no es razón en absoluto. Quiere que admita que se equivocó y que no le gusta la compañía de ese Hufflepuff idiota, que lo prefiere a él y que nunca va a separarse de su lado.

—Sí, claro, sigue soñando y estréllate al despertar, gilipollas, no sabes hacer nada más que gruñir, igual que un perro rabioso.

Todo ha salido mal. Todo ha salido MUY mal. No para James, claro, al final él se ha convencido de que su adorada e inalcanzable Lily aún le sigue esperando (vamos, que no sale con nadie), pero ¿qué pasa con él? No sabe si son celos, pero sabe que no le gusta nada esa sensación. ¿Por qué no puede quitárselos de la cabeza?

Lupin y Fannon…, Ethan y Remus.

—No me importa, que haga lo que quiera.

Pero claro, eso es lo que dice en voz alta, porque en realidad lo que piensa es que daría cualquier cosa porque Remus estuviera ahora a su lado, y no hablando con ese tío que no sabe ni preparar una poción crecepelo.

—¿Se habrá mirado al espejo?

Sirius pasa el resto de la tarde caminando enfurecido de un lado a otro, a la mierda su idea de quedarse tumbado junto al lago. ¿Quién puede quedarse quieto ahora? Necesita desfogarse, quemar energías como sea. ¿Dónde están los Slytherins cuando se los necesita?

—Joder.

—¿Te encuentras bien?

Ni siquiera se ha dado cuenta de que acaba de pasar a su lado. Iba tan sumido en sus pensamientos que no la ha visto.

—Hola, Stidolph.

—Hola, Black. ¿Pasa algo?

—Nada —gruñe.

La chica hace un gesto de incredulidad, pero no pregunta nada. Es más, tiene intención de marcharse sin que medie ni una palabra más palabras entre ellos, pero Sirius la sujeta del brazo.

—Necesito otra sesión.

Sirius no es discreto y ni se le pasa por la cabeza que cierto espía transformado en roedor pueda andar por allí, escuchando sus palabras desesperadas y, de paso, malinterpretándolas. De hecho ahora pocas cosas le importan, y una de ellas es averiguar qué está pasando con Remus. Porque las cartas no han acertado para nada y tiene que saber qué va a pasar ahora.

—Tendrá que ser en otro momento, Black. Ahora no puedo.

—Bien…, vale… ¿Cuándo estás libre? —hay urgencia en su voz—. Necesito verte.

—Quizá mañana.

—¿¡Mañana?! ¡No puedo aguantar tanto!

Ella se atreve a sujetar su mano con dulzura y Sirius se queda un poco sorprendido por el gesto, pero aún así lo agradece agachando un poco la cabeza.

—No te preocupes, Black. Todo saldrá bien.

Por alguna razón esas palabras consiguen amansar la fiera que lleva dentro y la mayor parte de su agitación desaparece, dejando sólo a un muchacho de dieciséis años abatido por sentimientos que le vienen un poco grandes.

—Está bien.

—Nos vemos luego.

—Adiós, Stidolph.

Detrás de su esquina, Peter frunce el ceño (eso cree, pero en realidad arruga el hocico) mientras se pregunta qué tramarán esos dos. Bueno, tendrá que informar a Remus enseguida si quiere que siga ayudándole con la asignatura. ¿Dónde se habrá metido el licántropo?

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Sirius no vuelve a ver a Remus hasta la hora de la cena, cuando entra en el comedor. Y tiene que controlarse para no saltar en su silla al verlo llegar acompañado de Fannon.

—¿Pero qué se traen ahora esos dos? —la pregunta de James no hace que se sienta mejor, ni siquiera cuando ve a Remus sentarse frente a él, con una sonrisa cansada a modo de saludo.

—Hola.

—¿Quién es ése?

Sirius se había prometido permanecer en silencio, pero está demasiado alterado para quedarse callado.

Remus ni siquiera lo mira cuando contesta.

—Se llama Ethan Fannon, Lily me lo presentó. Es un alumno de Hufflepuff.

—No estoy ciego, puedo ver su uniforme.

Remus empieza a comer sin más. Pero hay algo. Sirius puede percibirlo: hay algo en su forma de agachar la mirada que le dice que está ocultando cosas. Y no le hace gracia que Remus le oculte cosas. Menos si ese tal Fannon está involucrado.

—Así que ahora sois amigos.

Remus se detiene, con la cuchara a unos centímetros de su boca entreabierta.

—No es algo que te interese, pero sí, hemos congeniado bastante bien. La verdad es que tenemos muchas cosas en común y es un chico muy agradable, no como otros a los que no quiero señalar.

Es demasiado. James y Peter miran a su amigo sorprendidos por sus palabras y Black aún se queda un rato en silencio, antes de lanzar su servilleta junto a su plato y ponerse de pie.

—¿Adónde vas? —James lo mira sorprendido por su reacción.

—De pronto se me ha quitado el hambre.

Sabe que se comporta como un crío. Un crío caprichoso y mimado, pero no le importa. Alza la cabeza con orgullo y sale del comedor, conocedor de que ha incitado la curiosidad de muchos alumnos. Lo que no entiende todavía es porqué le molesta tanto. Que Remus haga buenas migas con otro alumno… quizá sea por su sonrisa, por la manera en la que brillaban sus ojos mientras hablaban en el patio. Y las palabras de James… "Creo que Moony es uno de esos". Remus es muy tímido, le cuesta mucho entablar amistad, y Lily estaba allí, como si quisiera guardarle las espaldas. Celestina, había dicho James. No sabía lo que significaba esa palabra, así que tuvo que buscarla en el "Diccionario de los 1001 términos muggles que todo mago debe conocer". Casamentera. Básicamente se reducía a eso. Referido a un personaje literario, bla, bla, bla.

Casamentera.

Ese Fannon debería aprender una lección: nadie se acerca a los Merodeadores y sale inmune. Nadie se acerca a Remus J. Lupin sin que Sirius Black lo sepa y dé el visto bueno. Y hoy no se siente generoso, así que habrá que hacer algo.

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A la mañana siguiente Sirius es el primero en levantarse y cuando sus amigos despiertan él ya ha dejado la habitación. Tampoco se cruzan con él en el desayuno y cuando James llega a clase de Adivinación se sorprende al verlo ya sentado, en una de las mesas más céntricas del aula.

—Eh, Black.

—Hola, James.

—¿Dónde te metes? Te estábamos esperando para desayunar.

—No tenía hambre.

—Ah, vale, no tenías hambre —James resopla—. ¿Qué haces ahí? Aún quedan sitios libres al final de la clase.

—Hoy nos sentamos aquí.

—¿Y eso por qué?

—Porque me da la gana.

—Oh, vale —con el ceño fruncido James se sienta a su lado y pretende estar un rato sin hablarle para demostrarle que está enfadado por su indiferencia y su forma de contestar... pero claro, fracasa estrepitosamente.

—Estás muy raro, ¿lo sabías? —pero Sirius le sigue ignorando–. No cenas, no desayunas, evitas a tus amigos, te sientas el primero en clase…

Sirius le chista para que se calle, la profesora acaba de entrar y ha empezado a hablar sobre la clase del día: hoy leerán los posos del té. Sirius espera que le llenen su taza y bebe el té negro de un trago ante la mirada intrigada de James.

—Es por esa chica —deduce—. ¡Oye!

Pero Sirius no contesta. Remueve tres veces el poso, vuelca la taza sobre un platillo y golpea tres veces el fondo, hasta que la mayoría de las hojas caen. Luego examina el interior de la taza para ver qué formas dibujan las hojas que han quedado dentro.

—¿Piensas leerte tu futuro tú mismo? Sabes que eso da mala suerte.

Sirius le alarga la taza.

—Qué ves ahí? ¿Crees que puede ser un triángulo?

—Yo diría que es una prenda íntima femenina —y ríe por su descabellada ocurrencia, pero para su sorpresa Sirius no le hace caso. En lugar de eso alza la mano. ¡Alza la mano! Y le pide a la profesora que le ayude con la interpretación.

Delphina se acerca y se sienta junto a ellos.

—¿Esta taza es del señor Potter? —pregunta alzando un poco las cejas.

—No, es la mía, profesora.

—Entiendo… —la profesora da un par de vueltas a la taza, entrecerrando los ojos con gesto de concentración—. Hmm, interesante. Esto viene a complementar la lectura del I-ching del otro día, ¿verdad? —Le dedica un guiño amable antes de seguir—. Esto de aquí es un triángulo —James ríe por lo bajo, pero Sirius le da un codazo para que se calle—, que hace referencia a un acontecimiento inesperado. Y mira, una calabaza. ¿Recuerdas lo que significaba?

—¿Una relación?

—Cálida. Una relación cálida. ¿No te salió el fuego el otro día?

Sirius asiente avergonzado.

—¿Una calabaza? —pregunta James con una carcajada—. Yo diría que es un farolillo chino.

Su amigo le lanza una mirada de advertencia y el joven se calla. Con un carraspeo, la profesora sigue:

—La espada… vas a discutir con un amigo íntimo, pero… Vaya, esto es curioso.

—¿El qué? ¿Qué ocurre?

—Nada malo, pero han vuelto a aparecer estos dos símbolos juntos: la estrella y la luna.

Sirius siente cómo su corazón se acelera, y le late tan fuerte que mira a James de reojo para ver si se ha dado cuenta, pero su amigo parece más bien aburrido.

—Siempre salen la luna y la estrella.

—Como ya sabes, la estrella es símbolo de buena suerte y la luna hace referencia al amor. —La profesora lo mira y sonríe—. Ésa es una buena noticia.

Le devuelve su taza y se dirige a otra mesa, donde hay un par de manos levantadas. Sirius se ha quedado con la mirada fija en el fondo de la taza, donde la luna y la estrella son claramente visibles. Amor y buena suerte. ¿Podría ser…?

—Tío, yo que tú no dudaba más y se lo decía.

Sirius mira a James un poco asustado por sus palabras.

—¿Qué?

-Esa niña, Stidolph. Te gusta, ¿no? Y todas las señales parecen indicar que es una buena oportunidad. ¿Por qué no se lo dices?

Sirius aprieta los labios.

—No seas idiota, James.

—Eh, que sólo quiero ayudar.

—Pues estás mejor callado.

—¿Te he dicho ya que últimamente estás insoportable?

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Al salir de clase se tropiezan con los alumnos que acaban de terminar Runas Antiguas. Lily y Remus conversan animados con Selene y ese tal Fannon. Sirius se detiene y los observa: el licántropo tiene los ojos prendidos del otro chico y sonríe cuando éste dice algo que parece divertido y hace reír a todo el grupo. Sin que nadie le vea Sirius aprieta los puños.

—¡Hola, Lily!

El grupo mira hacia ellos y Lily suelta un desganado "hola, Potter" antes de volver a ignorarlo. Remus ha agachado la cabeza, avergonzado, pero Sirius simula no haberse dado cuenta. En lugar de eso se acerca a Stidolph y ante la mirada estupefacta de los demás la coge del brazo y la obliga a ir con él.

—Prometiste que me dedicarías algo de tiempo —dice en voz alta.

Ella intenta protestar.

—¡Pero ahora tengo clase!

—Aún faltan unos minutos para la próxima clase y no pasa nada si llegas tarde una vez. Es importante.

—¿No podemos vernos luego?

—Es un segundo, sólo quiero preguntarte algo.

—Está bien —suspira—. Sólo un segundo.

Finalmente ella cede, dedica una mirada de disculpa a los demás y los dos desaparecen, con los libros bajo el brazo y el paso acelerado.

—¿Es amiga de Black? —pregunta Fannon, todavía mirando hacia el lugar por el que han desaparecido, los ojos ligeramente entrecerrados.

—Eso parece —suspira el licántropo.

Los dos chicos permanecen quietos y ligeramente abatidos. Y suspiran.

Lily sólo los mira.

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Continuará


N/A: Como siempre, esperamos que os haya gustado. Muchas gracias por decirnos lo que os parece nuestra historia. Besos y hasta la semana que viene.