Autor/a: Acaeber
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen; estos son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto.
Ѕєνєηтн мιѕтαкє: вєѕαяℓσ
—S-Sasuke…
¿Qué está pasando?
Realmente… no lo sabes.
Ahora mismo apenas y puedes pensar. Y es que esa forma en la que te mira… simplemente hace que te pierdas dentro de sus ojos oscuros como la noche. Ese brillo ha vuelto. Con el que te miraba en un principio, y el que se apagó cuando le dijiste que después de esa cita, jamás se volverían a ver, y, que sin embargo, ha vuelto a surgir de entre ese mirar negro.
Su mirada es tan intensa que te deja sin aliento. Pero, aun así, en un intento de salir del trance, miras sus labios. Y esto no resulta mucho mejor. No.
Sus labios están cerca de los tuyos. De hecho, tu rostro también está muy cerca del suyo…
¿Cuándo ocurrió? Justamente después de que te había abrazado, y prácticamente, consolado.
No supiste el momento en que lo miraste y te quedaste hipnotizada, y mucho menos cuando él comenzó a acercar su rostro al tuyo. ¿Y querías detenerlo? ¡Como si pudieras! Pero no… no quieres. Su cercanía te brinda un placer indescriptible, que con palabras, serias incapaz de explicar. Solo podrían entenderlo aquellos que lo han sentido, porque de lo contrario, creerían que eres otra estúpida chica que dice sentir mariposas en el estómago cada vez que escuchaba el nombre de su enamorado o cosas así.
Y no. No hay nada más lejos de la verdad.
Tú no sientes mariposas, para nada.
Sientes un extraño y satisfactorio calor en el vientre y en el pecho. Además de pequeñas corrientes recorriéndote estos mismos. ¿Parecido a las mariposas? ¡Para nada! Todo esto es sin la necesidad de tragar mariposas.
En el fondo piensas en la posibilidad de que sea amor lo que sientes. Y linda, sí que lo sientes. Ya no hay por qué negarlo.
Pero, volviendo a la realidad…
Él se acerca lo suficiente como para que sus labios se rocen, y, justo en ese instante, te recorre una corriente idéntica a como las que tienes en el vientre y pecho. Termina el trabajo y pega sus labios completamente a los tuyos. Y tú… tú te sientes en el cielo. No eres capaz de recordar ninguna sensación que se le parezca, ni mucho menos que se le acerque. Por qué esa sensación es única. Incluso podrías asegurar que solo la sentirías con él.
No mueve sus labios hasta que comprueba que tú no rechazas el beso. No lo haces, pero tampoco lo aceptas. Sigues congelada en tu lugar, sin saber si corresponder o alejarte. Sin saber cuál de las dos cosas hacer. Sin embargo, cuando sientes como mueve sus labios contra los tuyos, sabes que no serás capaz de alejarte de él. La delicadeza con la que los mueve, hacen que empieces a temblar. El calor que sientes en el vientre incluso incrementa, como si eso fuera posible.
Delinea con su lengua tu labio inferior, y tú entiendes que es lo que busca. Tampoco se lo impides; dejas que lo haga. Su lengua busca la tuya, y nuevamente, sientes que te desmayaras cuando acaricia la tuya. Comienzas a corresponderle, moviendo tu lengua al mismo ritmo que la de él, e incluso pegando un poco tu cuerpo al suyo. Él te toma de la nuca y te acerca más a él, mientras tú, le pasas los brazos por el cuello. El beso se ha vuelto pasional, sin duda, pero el aun no deja de hacer los movimientos con delicadeza, y el momento es de lo más tierno.
El baile de sus lenguas comienza a dejarlos sin aliento, e irremediablemente, y en contra de su voluntad, deben separarse. Tu respiración es acelerada, igual que la de él, y ahora mismo, te encuentras sentada sobre sus piernas, mientras él te toma de la cintura. Tú pecho sube y baja a causa de tu respiración agitada, y sientes como frotas levemente tus pechos contra el pecho de él. Y él lo disfruta, y no se molesta en ocultarlo, porque te jala un poco de las piernas, para acercarte a él y sentirte aún más.
Algo te dice que no debes seguir con eso, que debes levantarte y pedirle que se vaya, pero no es lo que quieres, y por primera vez, te niegas a hacerle caso a tus modales y ética. Esta vez te dejaras llevar por lo que quieres. Por lo que sientes.
Ahora eres tú la que, con las manos levemente apoyadas en su pecho, lo besa. Y él no tarda en corresponderte, pasando, nuevamente, una mano por tu nuca y dejando la otra en tu cintura. De nuevo, empieza el baile en sus bocas, e igualmente, las caricias. Cuando te toca, es cuando te das cuenta que lo que estás haciendo, valdrá la pena. Que incluso la cita lo valió.
Pero lo sabes. Sabes que después de besarlo, no hay marcha atrás.
Ya saben: Sin Reviews, sin historia. Déjenlos :D
Acaeber
