Dos meses atrás...

–¿Cómo es tu relación con tus amigos?

Me encogí de hombro y aparté la vista. –Bien, supongo.

–¿Haz peleado con ellos últimamente?

–No.

–¿Haz salido con ellos en estas vacaciones?

–No.

–¿Te haz quedado es casa?

–Sí.

–¿Cómo...?

–¿Puedo irme ya?

–No, aún nos quedan 25 minutos, Kendall.– maldije mentalmente y me deje deslizar por la silla hasta quedar recostado en ella. –¿Qué tienes?

–Nada, solo me quiero ir ya.

–¿Por qué?

Ok, fijo, ya me harté.

Me levanté de la silla y me senté inclinadamente mirándolo fijamente. –¡"¿Por qué?"! ¡Porque ya no aguanto ver tu cara! ¡Me estresas!

Parpadeó un par de veces mientras examinaba mi cara. –¿Qué bicho te picó?

–¡¿A mí?! ¡Tú deberías hacerte esa pregunta! ¡Desde que pasó eso estás serio, amargado, qué pasó contigo? ¡¿vas a actuar como si nada pasó?!

Suspiró y se inclinó en la silla. –Te dije desde el principio que yo me tomo mi trabajo muy enserio.

Gruñí. Tal vez yo estoy haciendo un escándalo por nada. Tal vez parezca toda una adolescente en sus días, pero la verdad este último tiempo a sido horrible. Uno de los más horrible. ¿Saben lo que es perder a tus únicos VERDADEROS AMIGOS de toda la puta vida? Y de paso que maten a lo único que realmente te amó sin importar todo lo que fueras e hicieras.

–Disculpa.– me levanté lentamente de la silla y caminé a la puerta.

–¿A dónde vas?– preguntó Mitchell un poco asustado.

Yo solo me moví más rápido a la puerta y la abrí, empezaba a ver turbio y tenía muchas ganas de llorar. –Necesito... ir al baño.– me dolió decir eso, fue unas de las últimas oraciones que oí de Carlos aquella vez. Abrí la puerta y corrí al baño al final del pasillo. Algunas enfermedades y secretarias me miraban mientras pasaba veloz, otros pacientes me miraban como si estuviera más loco que ellos.

Cuando llegué al baño cerré la puerta con llave y me senté en el suelo a sollozar. Todo empezó ésta mañana. No había sido necesario ver el calendario o el celular para saber que día era, tan sólo el amanecer y el viento agrio lo anunciaba.

Número uno: hoy, hace dos años, aproximadamente a las 2:30am Carlos se suicidó por la presión de "vivir" un día en casa de su papá y otro en la de su mamá, y en una casa-hogar cristiana, de mentes abiertas, porque sus padres no aceptaron que fuera gay. Todo los chicos y chicas de la escuela se burlaban de él, hacían bromas de mal gusto, le roban su tarea y lo golpeaban, él sólo nos tenía a James y a mí. Y sabíamos sus problemas. En realidad su problema era bastante malo, cuando peleaba con su papá, iba donde su mamá, y viceversa. Sus papás se divorciaron y él no tenía un lugar donde vivir fijo, así que muchas veces al mes cuando él no aguantaba ningún lugar, iba a esta casa-hogar cristiana. Lo hubiera invitado a vivir o quedase conmigo, pero no quería que Paul le hiciera algo. Nunca me lo perdonaría yo mismo.

Carlos fue ese fin de semana a casa de su papá y después de un duro día de escuela, yo mismo lo había dejado en la puerta de la casa y no me fui hasta que él entrara. En la última semana sus notas habían bajado estrepitosamente y los profesores le decían frente a toda la clase que él era un perdedor y nunca sería alguien en la vida, y la profesora de historia le dijo más cosas horribles ese día, y llamó a la señora García, y ella le dijo más cosas a Carlos, y entonces Carlos se fue donde su papá para evitarse el drama en casa de su mamá. La casa-hogar quedaba a 30 minutos y era demasiado tarde para llegar hasta ahí caminando solo. El trabajo de policía tenía al papá de Carlos muy ocupado y Carlos pensaba que entonces no contestaría las llamadas de su maestra. Estaba equivocado.

–Necesito... Ir al baño.– decía entre llantos y jadeos mientras caminaba por el pasillo, podía oírlo a través del celular.

–Carlos, por favor, ¡no lo hagas!– yo sabía que él se cortaba, lo hacía cada vez que había mucho dolor alrededor, pero sabía controlarse y sólo lo hacía cuando era algo realmente grande.

–Es... lo único que puede... hacerme sentir mejor.

–¡Yo estoy aquí!

–No estás... junto a mí.– mi corazón latía más rápido y no pude evitar dejar caer las lágrimas.

–Carlos por favor, eres mi mejor amigo.– escuché el sonido seco cuando se sentó en el suelo, y el sonido de la navaja caer contra el suelo.

–Maldición, Logan. Eres grande.– gruñó y sabía lo que estaba haciendo.

–Carlos...– mi voz salió quebrada. –Por favor, te lo pido. No. Eres mi mejor amigo y te necesito, tú me necesitas y yo puedo y QUIERO ayudarte. Te necesito.

–Lo siento, Logan. Pero por primera vez en mi vida voy a ser egoísta, y voy a ser egoísta contigo.

–¡No!

–No dejes que te destruyan la vida y te destruyan a ti como lo hicieron conmigo. Recuerda que siempre estaré vigilando que nada malo te suceda. Lo intentaré siempre.

–Te amo, amigo.– yo estaba atacado llorando.

Ni siquiera podía salir de mi casa a la de su papá. Mi mamá estaba dando vuelta a la casa buscando algo y Paul estaba en el jardín con unos amigos, la ventana de mi cuarto daba al jardín y mamá no me dejaba cerrar la puerta porque quería vigilarme que no fuera de esos muchachos consumidores o adictos a las drogas.

–Te amo también, amigo. Ya sabes que hacer con mi libreta y sabes donde está.– yo en ese momento agarré mi chaqueta y la silla de mi escritorio y rompí la ventana de mi cuarto, me puse los auriculares para seguir escuchando a Carlos, salté y corrí hacía la casa de su papá, Paul me gritaba que volviera o tendría problemas, igual iba a tener de algún modo. Carlos lloraba y sabía que seguía cortándose, corrí las cuatro cuadras hasta donde estaba. Esperaba llegar a tiempo, no como cuando llegué tarde al aeropuerto cuando James se fue a vivir para siempre en Nueva York. –Recuerda lo que te dije sobre ser feliz, Kendall.– llegué a la casa demasiado cansado pero igual corrí al patio de atrás e intenté subir por un árbol hasta la ventana del baño en el segundo piso y entonces escuché un disparo.

Demasiado tarde otra vez.

Número dos: lo segundo era la vez cuando James fue obligado a ir a Nueva York, parece una mentira que esa oración suene tan mal porque, es Nueva York. Pero ¿les gustaría saber qué fueron obligados a dejar a sus mejores amigos solo por un mal entendido? Y lo peor de todo es que su mamá nunca llegó a entender bien la situación.

Estábamos los tres hablando por videollamada y en un momento dice Carlos que le arde el abdomen, yo sabía que pasaba. Él se había cortado ese día en la mañana por unos chicos que le dijeron cosas e hicieron anuncios sobre él siendo "una princesa" y que votaran por él como reina del baile. Y esa tarde su papá le había golpeado por haber llegado muy tarde a casa, esos chicos le habían hecho perder el autobús. Y entonces desde que su papá le pegó, las heridas frescas de Carlos se abrieron.

Entonces James estaba preocupado y le pidió que se levantara y se subiera la camisa un momento, él sabía un poco de primeros auxilios y él fue más que nada fue el enfermero de Carlos todo esos años. Yo me había quedado en silencio un rato, sólo viendo a James poderse sus anteojos y acercarse a la pantalla para ver lo mejor de las heridas. Le recomendó untarse alguna crema para hidratar y que sea suave con la piel, por supuesto que desintoxicarlo cuando empiece la sangrar para evitar infecciones.

–Deberías acusar a esos chicos con el director.– dijo James volviendo a sentarse normal.

Carlos se estaba restregando una crema con varias cosas que James le recomendó. –El director pasa todo el tiempo ocupado. Siempre está en asuntos con los policías de Texas desde que esa alumna de intercambio de ahí se suicidó en el baño del gimnasio.

–Ahora entiendo porqué los de primer año estaba inventado que el gimnasio está embriagado.– no pude evitar reír. Ellos siquiera se acordaron que yo estaba ahí. Me miraron y rieron también. –Pero en fin, deberías dejar esos chicos. Antes que también tú te suicides, sabes que yo lo haría si tu lo haces.– se oyó un jadeo y todos miramos detrás de James. Su mamá había dejado caer la ropa limpia de James. Brook estaba aterrada, mirando a James y después a Carlos y luego a las heridas de Carlos.

El día siguiente nos enteramos que la señora Diamond pensó que Carlos era de eso chicos que vendían drogas y lo habían golpeado por eso y que también lo habían apuñalado. Y que James quería involucrarse en eso también. Y envés de llamar a la policía o anunciarlo a los papás de Carlos, ella prefirió irse en tres días a Nueva York para alejar a James de Carlos para siempre y así él no terminara involucrado. Muy bueno.

Yo siempre creí y todavía creo, que James y Carlos se llevaban mejor, siempre los vi con más cercanía, yo era la tercera rueda. Una vez le comenté eso a los chicos y Carlos me dijo que siempre creyó que James y yo éramos más amigos que cualquier de los dos con él, y James pensaban que él y yo siempre fuimos más cercanos, pero él nunca quiso dejar a Carlos de fuera o que se sintiera mal. Pero digan lo que digan, siempre los vi más juntos a ellos dos que yo con cualquiera de ellos. Aunque Carlos fue mi favorito. No deberían haber favoritos entre nosotros.

Nunca más volvimos a saber de James, su mamá lo tenía tan aislado de nosotros que ni siquiera nos enteramos que dejó la escuela para ser modelo, empezando en la compañía de su mamá, hasta casi un año después cuando salió el comercio de James en la tele y entonces investigué con Carlos.

Carlos no volvió a ser el mismo, ni yo tampoco.

Número tres: Fue cuando Paul...

–¡Kendall!– La puerta empezó a sonar. –¡Kendall, abre la puerta!–era el doctor Mitchell.

–¡No! ¡Déjame!

–¡Abre ya la maldita puerta!

–¡Maldita sea, Mitchell! ¡DÉJAME SOLO!

Escuché que le daban patadas a la puerta y en un momento se abrió, estaba él con gotas de sudor bajando de su cara. Parecía realmente preocupado y nervioso. Yo estaban en una esquina del baño, junto al inodoro, hecho una bola y llorando como un niño. Tenía miedo y me sentía realmente solo, no esperaba que esto me pasara aquí mismo.

Él se arrodilló junto a mí y puso su mano en mi rodilla. –¿Qué pasa?

Enterré mi cabeza en mis piernas y seguí llorando, necesitaba ahora mismo a Carlos. –¡Aléjate de mi, maldito!

–¿Qué demonios te sucede? Habla conmigo, tienes que hablar conmigo.

–¡Eres un imbécil!– lo pateé. El gimió cuando cayó.

–¿Qué pasa contigo? ¿Fue tu...?

–¡Fuiste tú!– y la verdad así fue. Recordé lo de hace unas semanas, cuando él me besó. Por culpa de eso me estuve empeorando más, me sentía sucio y en dolor. Eso daba vueltas por mi mente por las noches y me sentía mal. Está en mi lista de mierda que me torturan.

–¿Qué te hice yo?– preguntó confundido.

–Eres un hijo de perra.

Me levanté y él también, intentó detenerme, pero lo empujé y caminé a la puerta. Alcé un poco la vista y vi a varios enfermeros y pacientes mirando. Gruñí y me limpié las lágrimas mientras corría entré ellos hasta salir de ahí.

Corrí hasta mi casa, siente cuadras corriendo hasta mi casa. Empezaba a oscurecer. Saqué las llaves de mi bolsillo y abrí, la casa estaba sola. Cuando entré me sentía con pánico. Quería seguir corriendo, quería dormir, quería gritar, golpear algo o alguien, no sé. Quería morir. Empezó todo a darme vueltas, me sentía mareado. No sabía que hacer.

Corrí al botiquín del baño, y saqué las pastillas que guardaba del hospital, una mierda para la depresión. Abrí el frasco y eché en mi mano cualquiera que salieran, fueron 5. Las puse en mi boca y las tomé con el agua del grifo.

Me fui a mi propio baño de mi cuarto, cerré con llave y me senté en el suelo. Me empezaba a dar sueño, seguí llorando recordando a Carlos.

–Ojalá estuviera aquí.