Moviéndose sigilosamente por el borde de las ruinas del poblado parecían estar lo suficientemente lejos de los hombres, que todavía buscaban y disparaban a los huidos, como para conseguir salir de allí con vida. Un par de gritos a lo lejos les hizo intuir que parte de su grupo, aparentemente liderado por la voz de Kings, se había hecho de alguna forma con un par de armas y les estaban dando guerra. Sólo podían esperar que consiguieran escapar también. Pero por ahora sólo podían preocuparse por ellas mismas. Aunque la mente de Tori no podía evitar pensar en Robbie y Rex.

-Casi lo hemos conseguido, Vega- la animó Jade, cuyo humor, si bien seguía tenso y alerta, parecía haber mejorado bastante-, Mira, allí terminan las casas. Lo logramos.

Parecía casi irreal.

Y tal vez lo fuera. Demasiado bonito para ser verdad. Apenas se hubieron alejado un par de metros, adentrándose por la estrecha ladera que bajaba desde el final del poblado con Jade todavía tirando de la mano de Tori, unas potentes y amenazadoras voces llegaron desde delante. Se escondieron en el momento justo para no ser vistas, porque uno de los hombres volvía a interponerse en su camino. Le gritaba a otro par de saqueadores que estaban de pie a un nivel del terreno más alto, que devolvía al poblado.

Mierda, mierda, mierda, se quejaba Jade sin palabras, mientras Tori estaba demasiado abrumada ante la idea de volver a enfrentarse a otro de ellos.

Esta vez tuvo ocasión de observarlos con más detalle. Ropas pesadas y chaquetas enormes que servían para cargar la munición. Aunque no parecían seguir un patrón, sino ser más bien producto de lo que iban encontrando y les servía, y todos parecían tener la cara salpicada de distintos patrones de pintura blanca. Creyó reconocer alguno de los dibujos que habían visto en el búnker, pero no podía estar segura.

Se preguntó de dónde demonios habían sacado tantas armas, o las provisiones, o las radios por las que hablaban algunos. O por qué demonios había un grupo armado y peligroso en una estúpida isla desconocida en mitad de la nada, y por qué parecían vivir aquí en lugar de intentar volver a la civilización. Nada de eso tenía sentido. Tal vez era producto de otros naufragios.

Jade, como amante del terror y los fenómenos paranormales, no descartaba esa teoría, sabía que el crucero pasaría por el Triángulo del Dragón, otra de las zonas del planeta que era famosa por sus misteriosas desapariciones y hundimientos, no tan famosa como el Triángulo de las Bermudas pero igualmente interesante. Era bastante posible que muchos otros barcos o aviones se hubieran estrellado en la isla si esa teoría era cierta.

Bueno, no era momento para perderse en divagaciones, tenía algo más importante en lo que centrarse. El hombre había dejado de hablar con los de arriba, pero este parecía que no iba a moverse de allí, vigilando esa salida. Y los de arriba tampoco tenían intenciones de irse demasiado lejos, buscando por esa parte, poco atentos en lo que pasaba bajo ellos pero completamente alerta. Entonces se dio cuenta de que sólo tenían una opción. Y a Tori no le iba a gustar.

Jade la tomó de las manos y puso la mejor mirada de entendimiento y seguridad que pudo conseguir.

-Tori- comenzó a susurrar con calma-, cariño.

La otra chica levantó la vista hacia ella. Atenta a sus palabras, confundida por su significado y su dulzura y alarmada por lo que podían significar en boca de Jade, pero esta había conseguido lo que quería, que Vega le prestara toda su atención.

-¿Ves a esos hombres de ahí arriba? Si disparo a este aquí los alertaré- siguió hablando-. Yo no puedo disparar. Sé que es lo último que quieres que te pida ahora mismo, pero necesito que lo hagas tú.

Tori negó con la cabeza con los ojos muy abiertos y el rostro níveo

-Joder, Jade. No puedes pedirme eso- negó sintiendo las lágrimas amontonarse detrás de sus párpados.

-Necesito que lo hagas, cariño- la instó con la voz más dulce que jamás le había escuchado-. Sólo así saldremos vivas de aquí.

Maldita sea, ¿por qué había tenido que llamarla cariño, y por su nombre propio? ¿De verdad no se había dado cuenta en todo ese tiempo de lo jodidamente manipuladora que podía llegar a ser? Bueno, al menos tendría que haberse dado cuenta después de esa noche en el barco. Cerró los ojos con fuerza, espantando sus pensamientos. No había superado todavía el haber disparado a ese hombre y no sabía cómo para Jade no parecía suponer demasiado, pero tenía razón, Tenía que hacerlo.

Sacó una de las flechas buenas del carcaj que había improvisado con algo de corteza, cáñamo y cuerda, intentando no hacer ruido. El blanco estaba quieto y a poca distancia. Era fácil, y necesitaba hacerlo bien a la primera, pero las manos no dejaban de temblarle. Tomó aire un par de veces, luchando con todas sus fuerzas para calmarse. Desde ese ángulo la vería si al hombre le daba por darse la vuelta, así que también tenía que ser lo más rápida posible.

Estuvo tentada de cerrar los ojos justo antes de soltar el hasta, pero venció al miedo en el último momento.

Los cerró después. Y sintió el tirón del brazo de Jade sacándolas de su escondite en dirección hacia donde había sonado el cuerpo inerte al caer al suelo.

Al final había sido tan fácil…

-En la nuca, Vega- la alabó por lo bajo mientras se alejaban de allí a toda prisa-. Eres fantástica.

Cómo no, ya no la llamaba Tori. Era tan tonta. Se tragó las nuevas náuseas y se dejó llevar una vez más. Sólo quería llegar a la maldita playa.


No tardaron en llegar a donde la vegetación volvía a cubrirlo todo, pero bajando por la ladera pudieron ver como la playa se extendía tras ella. Por suerte, entre los espesos árboles sería mucho más difícil que las detectaran. Era mejor no pensar en nada, en lo que acababan de vivir o lo que se habían visto obligadas hacer. Sólo tenían que seguir avanzando y, cuando las primeras ramas las cubrieron, sabían que estaban un poco más cerca de conseguirlo.

-¿Oyes esas voces?- preguntó Jade jalándola de la mano.

-¿Crees que son de los nuestros?- dijo Tori con la voz todavía tomada.

-Creo que sí. O al menos hablan nuestro idioma.

Jade se acercó un poco más a ella, mirándola a los ojos, llevaba demasiado tiempo siendo amable y considerada, y a Tori comenzaba a inquietarle. Pero simplemente descendió sobre su hombro desnudo y abandonó allí un beso.

Eso sí que era inquietante.

-¿Estás mejor?

Tori no respondió al momento, tomada por sorpresa, así que agitó la cabeza como afirmación cuando vio que debía contestar algo. No estaba bien, y estaba más bien lejos de estarlo. Pero estaba mejor.

-Bien- le sonrió la chica de negro-. Vamos.

-¿¡Quiénes sois!?

Uno de los hombres del grupo les apuntó con una pistola, y Jade que estaba empezando a hartarse de esos cacharros, sacó la suya, a tal velocidad que casi no la vieron.

-Baja el arma, Johan- habló otro hombre, conteniendo las afiladas palabras que pugnaban por salir de entre los labios de Jade como respuesta-. Conozco a la muchacha. Subía bastante al puente de mando con Dirk.

El tipo que les apuntaba era enorme, casi dos metros y brazos tan anchos que podrían partir a alguien en dos de una simple bofetada, sin embargo, bajo la expresión amenazadora que les dirigía se apreciaba un rostro gentil y bonachón. El segundo hombre, por otro lado, era más bien menudo, con el pelo tan gris y las arrugas tan marcadas que no podían quedarle muchos años más de servicio. Tori lo reconoció al instante, igual que él parecía haberlo hecho con ella. Era el primer oficial del Endurance, creía recordar que se apellidaba Archer.

Y entonces Jade, justo después de que el hombretón bajara la pistola, hizo algo que ninguno se esperaba. Soltó un bufido que continuó como una sonora carcajada.

-¡Dirk!- exclamó entre risas- Ahora sé por qué se presenta por su apellido. Y yo que creía que tenía complejo de James Bond.

-¡Jade! ¿Por qué no puedes decir nunca nada bueno de Foster? No. ¿Por qué no puedes decir nunca nada bueno de nadie?- regañó Tori.

-Ya verás lo bien que me lo voy a pasar la próxima vez que lo vea.

-Tienes razón, Griff- comentó el hombretón con una gran sonrisa-, no parecen muy peligrosas.


El grupo que dirigía Griffin Archer se había reunido esa misma mañana, también guiados por la llamada del capitán Rodríguez. Tori y Jade les contaron lo ocurrido en el poblado, y lo que habían visto en el búnker a grandes rasgos. La amenaza de los saqueadores seguía muy presente, pero tampoco querían marcharse sin esperar a ver si había más supervivientes que hubieran conseguido escapar a la masacre. A la noche le quedaba todavía varias horas de oscuridad, y no podían permitirse el lujo de ser detectados, así que con esas dos ideas contradictorias decidieron detenerse en una zona de vegetación espesa en lo que llegaba el alba, como tiempo límite de espera, antes de reanudar la marcha a la playa.

-Judith es más que capaz de sacarlos a todos de allí- les explicaba Johan, apretado contra una pared de piedra que conseguía cubrirles la espalda-. Es una tía muy dura.

Tori no podía dejar de pensar en Robbie y Rex, así que deseaba que no se equivocara. Bastante le estaba contando el no tener ninguna noticia del resto de sus amigos. Se imaginaba a una Cat pequeña y desvalida abandonada a su suerte en mitad de la isla, o peor, atrapada por esos bandidos despiadados, apunto de ser crucificada como lo había intentado aquel tipo con Jade. Se estremeció.

-Eso espero.

-Habéis tenido muchísima suerte de salir de allí sanas y salvas. Me alegro muchísimo. Yo soy Johan Marvin. Soy… era el cocinero jefe del Endurance.

-¡Vaya, eres muy joven!- se sorprendió Tori, con su simpatía natural.

A Jade le molestaba su simpatía natural, pero esta vez, en alguna parte pequeña de su fuero interno, se alegraba de ver que volvía a ser un poquito ella misma de nuevo.

-Mira quién fue a hablar. Un puñado de adolescentes trabajando como principal espectáculo del nuevo crucero de lujo de S.S. Cruceros.

-Bueno- se entristeció la morena-, en un par de días habríamos inaugurado la obra por fin. Habíamos trabajado tanto para conseguirlo.

-Mira, tío, estudiamos en la mejor escuela de arte de Hollywood. No nos eligieron por casualidad.

-Tú siempre tan modesta, Jade- dijo con ironía Tori.

-Oh, ¿crees que no soy modesta, Vega?- le espetó con su mejor tono de amenaza.

-¿Tengo que recordarte que fue gracias a mi "estúpida idea" por lo que nos seleccionaron y que tú no querías tener nada que ver con ello?

-Ya. Y yo soy la modesta, ¿verdad, Vega?

Entonces Johan comenzó a reírse de forma sonora, deteniendo su discusión.

-Debéis ser grandes amigas. Tenéis un rollito muy cómplice por encima de todo ese juego del perro y el gato.

Jade levantó una ceja, Tori se quedó con la boca abierta, y ambas lo miraban como si le hubieran salido dos cabezas y hubiera comenzado a escupir fuego por sendas bocas, preguntándose si hablaba en serio o se estaba riendo de ellas. Se miraron la una a la otra, por si alguna tenía la respuesta.

-Yo soy el perro- se apresuró a responder Jade con la misma amenaza.

Y Tori tuvo que reírse.

-Vamos a hacer guardias hasta el amanecer- les comentó Griffin, o "Griff", como habían observado que se referían a él-. Vosotras dos, muchachitas, estáis exentas. Después de lo que habéis pasado hoy lo mejor es que descanséis todo lo que podáis.

-¡No hace falta!- se apresuró a contestar Tori a pesar de lo cansada que se encontraba, habían sido demasiadas emociones en un día pero no podía dejar las responsabilidades sobre otros.

-Muchas gracias- contestó Jade por ella, tapándole la boca-. Estamos muy cansadas.

-¡Jade!- la reprendió cuando las dejaron solas y esta retiró la mano.

-¿Sabes? Has dicho más mi nombre en estos dos días que en todo el año.

-¿Por qué les has dicho que sí? Sabes que no es justo.

Jade puso los ojos en blanco, acomodándose contra el muro de roca, colocando su camisa roja en el suelo para que la humedad no les enfriara el cuerpo. Junto a los dos hombres había un puñado más de refugiados que parecían más bien pasajeros corrientes y asustados, los cuales se apretaban también contra el muro de piedra que les daba refugio esperando poder descansar algo hasta la mañana o hasta su turno de guardia.

-Porque estamos cansadas de verdad, Vega. Especialmente tú.

-¿Yo?- era cierto, pero Jade no tenía por qué saberlo.

-Sí. Ven aquí, anda. Han sido demasiadas emociones para un solo día- explicó como si le leyera la mente-. Y sé que es así, no te molestes en negarlo. No es fácil matar a nadie.

Tori se abrazó a sí misma, como si fuera presa de una repentina corriente helada que le atravesaba el alma. Casi se había olvidado. Pero tenía razón.

-¿Quieres venir de una maldita vez?- comenzaba a impacientarse Jade.

Se sentó a su lado, sobre la camisa, soltando el arco y las flechas donde Jade había dejado la mochila, lo suficientemente cerca como para alcanzarlos con rapidez si fuera necesario.

-Tenías que recordármelo, ¿verdad?- suspiró apretándose las rodillas.

Jade le pasó un brazo torpe alrededor de los hombros.

-No es algo que vayamos a olvidar tan fácilmente.

-Para ti parecía tan fácil- no pudo evitar comentar, aunque deseó haberse mordido la lengua justo después, al escuchar sólo silencio de parte de la otra chica.

-No lo fue- contestó al final en un susurro.

Tori la miró, se dio la vuelta en sus brazos y la abrazó con fuerza, escondiendo la cabeza en su cuello, sin poder evitar que los gemidos quedos se escaparan de entre sus labios. Se suponía que era fuerte, pero no dejaba de desmoronarse. Jade le devolvió el gesto, apretándola con la fuerza justa y no de la forma en la que solía hacerlo; intentando romperle las costillas. Le dejó un beso en la sien, suspirando pesadamente. Normalmente la hubiera empujado lo más lejos posible, pero esa noche ella también se sentía vulnerable. Más vulnerable que nunca antes en la vida.

Se recostaron así sobre la tela, con Tori demasiado ocupada regodeándose en su propia desgracia para acordarse de la noche en el barco, aún abrazadas, hasta que los sollozos quedos se fueron apagando lentamente hasta convertirse en una respiración lenta pero pesada, acompañada de unos ojos vidriosos demasiado cansados para seguir abiertos.

-Todo esto es una mierda, Jade.

-Lo es, Tori.

Esta levantó la vista al escuchar su nombre de pila. Debía dejar de sorprenderse cada vez que la chica lo decía, pero no podía evitarlo, porque le saltaba el corazón ligeramente cada vez que lo hacía. Jade le sonrió con dulzura, algo tan poco habitual en ella, y bajó lentamente hasta su boca.

No fue corto, pero fue lento, muy lento, tanto que Tori no quería moverse demasiado por si lo quebraba. Ya le daban igual cuáles fueran sus intenciones, si se iba a burlar de ella o si simplemente se estaba aprovechando de la situación. Ya no le importaba, sólo sabía que pensaba disfrutar de ese beso tan tierno, tan diferente a los del barco, a los de esa noche. Porque mientras se concentraba en los escalofríos que cada uno de los roces que los labios de Jade sobre los suyos despertaba en ella no podía pensar en absolutamente nada más.

Ni en el naufragio, ni en el hombre de la cueva, ni el búnker lleno de carne humana, ni siquiera en el desalmado al que había matado. Ninguno de los dos.


La mañana llegó demasiado pronto a opinión de Tori, la despertaron las voces de los demás a su alrededor y el movimiento del cuerpo de Jade al apartarse de su lado. Cuando abrió los ojos ya no estaba a su lado, pero al menos no había desaparecido como la última vez.

Seguía cansada, pero era ese tipo de cansancio del que parecía que no te ibas a librar ni durmiendo tres días seguidos. Su padre, hablando a través de su experiencia como policía, le había hablado del cansancio del alma, no de una forma religiosa, sino anímica, y le había dicho que ese tipo de pesadez sólo se curaba con el tiempo, con comprensión y después de un buen examen de conciencia. Y claro, estando perdida en medio de la nada, en continuo movimiento y bajo la constante amenaza de un ataque mortal no tenía mucho tiempo para ninguna de esas cosas.

Jade le dio un golpecito en el hombro con el suyo propio para llamar su atención, mientras atravesaban el bosque de camino al mar.

-¿Ya estás mejor?

-Sólo un poco- contestó con un suspiro, comenzando a preocuparse por la amabilidad de la chica de negro.

-Bueno, dentro de poco llegaremos a la playa- le sonrió con malicia-. Y con un poco de suerte no tendré que pasarme el día viéndote la cara a todas horas. Yo desde luego voy a estar mejor.

Sí, definitivamente esa se parecía más a la Jade que conocía.


-¡Vaya!- exclamó Griff con una gran sonrisa- ¡Menuda fortaleza tienen montada aquí! Desde luego Conrado sabe lo que se hace. Ese viejo hijo de puta. ¡La leche!

Y era verdad, lo que el capitán Rodríguez había descrito como "campamento en la playa" era más bien un fuerte, compuesto por una serie de búnkeres con una estructura bastante parecida a la del que ellas habían atravesado, que se disponían en una hilera que bordeaba los límites de la playa. Entre ellos, colocadas de forma muy eficiente, se extendían grandes planchas de metal, sacos de arena y casi cualquier otra cosa que sirviera como soporte para tapar los huecos. Era un auténtico fuerte, que parecía tener partes nuevas y viejas, y seguramente todo eran piezas de los barcos y aviones que parecían haber encontrado su fin en la isla que ahora, una vez que Tori contemplaba el cementerio de cuerdas, tela y metal que se extendía entre las afiladas costas de la isla, detrás de la playa, parecían ser más de lo que pudiera haberse considerado normal.

-Entre todos esos barcos hay montones de los que utilizaba el ejército japonés y el americano durante la guerra. Seguro que aquí tuvo lugar un buen enfrentamiento- dijo Jade maravillada.

-¿Qué no sale en los libros de historia?- comentó Tori escéptica.

Jade soltó un bufido.

-Te sorprendería saber la cantidad de cosas que no salen en los libros de historia. El gobierno los llama: archivos clasificados, y el mundo está lleno de ellos.

-No te tenía por una de esas personas paranoicas con las teorías conspiratorias.

-No es paranoia, es una realidad. Pero las niñitas buenas como tú prefieren creer que viven en un mundo perfecto y bello en el que nadie miente, todo se hace por el prójimo y si somos muy buenos vivimos en castillos de azúcar en las nubes.

-No podía haberme perdido con Cat. Tenía que ser contigo.

-¿Y quién te habría abrazado mientras duermes?- se defendió con esa sonrisa de lado cargada de inocente maldad que tan bien le salía.

Tori se quedó con la boca abierta, cansada de sus golpes bajos cuando por fin pensaba que la otra iba a olvidar el tema. Nuevamente tenía que recordar que aquella noche había aceptado seguir con su juego aun cuando sabía que pagaría las consecuencias, y aun así había seguido, por lo que ahora le tocaba morderse la lengua y maldecir su propia debilidad internamente.

-¿Es que siempre estáis igual?- preguntó Johan a su lado con la misma actitud bonachona de siempre.

Entonces el brillo malicioso de sus labios se acentuó en sus pupilas. A Tori no le gustó un pelo.

-Oh, claro que no- dijo casi como si ronroneara las palabras sin quitar la vista de la cantante-. En la cama nos llevamos más que bien.

Sintió cómo la sangre se le congelaba en las venas.

-¡Jade! ¡Tori!

Cat se las ingenió para abrazarlas a las dos a la vez, más bien arrollarlas, aunque Tori no sabía cómo lo había conseguido, porque se había asegurado de encontrarse a una buena distancia de la chica de negro. Pero la verdad es que le importó por poco tiempo. Enseguida la invadió la alegría de ver a su amiga con vida.

-¡Cat! ¡Oh, Dios mío, estás bien!

-Me gusta la idea de respirar, Cat- le chistó Jade, aunque sin hacer ningún esfuerzo por ocultar su sonrisa, era muy difícil mantener su fachada en esos momentos.

-¡Estábamos tan asustados! Pensaba que os habíais quedado a jugar con los peces- dijo con un miedo genuino-. O después de haber visto a esos hombres malos. Pero el capitán Rodríguez puso a todo el mundo en marcha enseguida- le añadió una risilla cantarina-. Y después llegaron esos tíos con sus pistolas. ¡Piun, piun!- hizo el símbolo de las pistolas con las manos, una detrás de la otra y disparó balas imaginarias a todas partes.- ¡Fue increíble! Pero yo me asusté mucho, así que me escondí debajo de las piernas de Beck, pero claro, las piernas de Beck no cubren mucho así que…

-¿¡Qué!?- la cortó Jade- ¿Beck? ¿Beck está aquí?

Cat paró un momento, primero ofendida por que la hubiera parado, después perpleja como si no hubiera entendido la pregunta. Parpadeó dos veces, y cuando Jade estaba a punto de gritarle una burrada por hacerla esperar respondió:

-Claro. ¿Dónde iba a estar si no?

La cara de Jade clamaba: "esta es tonta y voy a matarla", así que Tori se puso en medio para desviar su atención.

-¿Y André? ¿O Robbie y Rex? ¿Están aquí?

-André sí. Todos llegamos en el mismo bote. Pero tampoco hemos sabido nada de Robbie o Rex- terminó de responder con tono apesadumbrado.

Tori bajó la vista y, sin que se lo esperara, Jade le dio un ligero apretón en el brazo para obligarla a mirarla.

-Va a estar bien, ya verás. Está con Kings, y Johan dice que sabe muy bien lo que hace.

-Eso espero- suspiró Tori.

-¡Jade!

Beck llegó también de golpe, tan de golpe que separó a Jade de Tori y se tiró sobre ella, envolviéndola entre sus brazos y apretando su boca contra la suya, esta se agarró a él, primero para no caer, pero después para continuar con el beso.

Tori sintió un pinchazo agudo en el pecho y apartó la mirada con poca discreción, olvidándose rápidamente de la alegría que le había causado saber que su amigo estaba vivo.

-¡Ey, Tor!- le gritó André, abrazándola también con fuerza.- Nunca me había alegrado tanto de verte, chica.

Jade tuvo al menos la decencia de ser la primera en cortar el beso. Beck parecía decirle mil cosas con la mirada, pero el gesto más bien frio de la chica lo obligó a decidir dejarlo para luego.

-Tori. Yo también me alegro de que estés bien- se dirigió a ella con su sonrisa encantadora, a pesar de tener las mejillas sonrosadas.


El refugio de la playa estaba más que bien hecho. Al parecer, se había usado como auténtico fuerte durante la guerra, así que sólo tuvieron que reforzar la empalizada, lo que parecía que también hubieron hecho otros antes que ellos.

El perímetro de la playa estaba ocupado por siete búnkeres, cinco de ellos eran exteriores, otro tenía la entrada completamente destruida, por lo que su interior era inaccesible, y el último poseía una red de salas subterráneas que, inspeccionándolas, parecían acabar en una zona escondida de la pared de un acantilado cercano pero fuera de la playa. Habían decidido usar los primeros como dormitorios y el último como salida de emergencia, que siempre contaba con un vigilante al otro lado y varias puertas que se cerraban por dentro a lo largo del corredor.

Por lo que les contaron sus amigos, el primer día se basó en intentar localizar su posición en el mapa y enviar un mensaje de rescate, pero la señal en la isla era más que deficiente, otra de esas extrañas coincidencias en común con el Triángulo de las Bermudas.

La segunda mañana, apareció un hombre, que se hacía llamar a sí mismo el Padre Marlon, acompañado de otros dos, dándoles la bienvenida a la isla. Les contó una historia maravillosa de cómo nadie había conseguido salir nunca, pues la comunicación era irreparable, y no había embarcación que cubriera esa zona ni avión que la sobrevolara, y los animó a unirse a su grupo "espiritual", o algo por el estilo, pero Cat y André no contaban demasiado bien la historia. Por algún motivo, el capitán Rodríguez desconfió de ellos y los despachó con una negativa amable pero firme. Debió tomar la decisión correcta, porque esa misma tarde (haciendo cuentas descubrieron que fue entonces cuando ellas salían de la cueva) un grupo armado los asaltó. No era numeroso, porque no se esperaban que la tripulación del Endurance hubiera sido lo suficientemente precavidas como para tomar las armas del barco antes del naufragio, porque el capitán Rodríguez había sido capataz de un buque de mercancías durante gran parte de su vida, y no siempre pasaba por aguas seguras, así que siempre estaba preparado para todo. Cayeron casi la mitad de los saqueadores antes de que emprendieran la retirada. La tripulación recogió las armas de los caídos y comenzó a fortificar la empalizada sin demora.

Habían pasado tres días, pero el capitán se las había apañado para formar toda una comunidad funcional en la que todo el mundo, más o menos, se encargaba de una tarea. En un principio eran unas cien o doscientas personas, lo cual era triste porque entre la tripulación y los pasajeros contaban más de 4.000 personas a bordo. A lo largo de los días se había ido uniendo más y más grupos, muchos de ellos relataban también encontronazos con los saqueadores, la mayoría acabando con auténticas masacres, y otros que hablaban de haber intentado enrolarlos en sus tropas. Ahora eras unas 400 personas, apenas un 10%, pero todavía guardaban esperanzas de que llegaran más.

Tori todavía rezaba por la llegada de Robbie, Rex y Kings.


Un capítulo más, que a mí personalmente no me gusta demasiado pero que era necesario para hacerlas llegar a la playa antes de encontrarse con la realidad de nuevo. Ahora les toca sentirse a salvo por un tiempo, o eso creen, porque tal vez tengan demasiados asuntos sin resolver como para poder vivir en paz con ellos.

Muchas gracias por los reviews y por el apoyo. Espero no decepcionar a nadie.

ZR