Antes de comenzar, recuerden todos que Yuuri cuando está ansioso es un narrador muy poco confiable. Enjoy the show.
7. Mamihlapinatapai
Hasta ese momento, Yuuri había sido tan feliz viviendo en su fantasía de carne y hueso que nunca se había planteado que en realidad estaba guardando todas sus esperanzas en un castillo de arena. Los castillos de arena son hermosos, livianos y por eso es tan fácil tentarse a estar en ellos olvidando que ante cualquier empujón se van a derrumbar. Las palabras del entrenador ruso aún resonaban en sus oidos.
Por supuesto que Viktor volvería a Rusia al volver a estar en forma de competir. Era solo que Yuuri se había acostumbrado tanto a sus risas tontas, sus gestos ridículos, su manejo torpe de la espuma de leche, la forma en que era olvidadizo y todas esas pequeñas cosas cosas que hacían de Viktor un humano; estaba tan cómodo, que olvidó que él pertenecía a una dimensión diferente a la suya. El ruso simplemente era como esos gansos del himalaya acostumbrados a volar por sobre las cumbres que en algún momento tuvo un ala rota y se vio forzado a volar bajo. Yuuri no era especial, no era un elegido. Simplemente pasó que él estaba en la misma llanura donde Viktor pasó rozando el suelo, pero ahora era su tiempo de elevarse nuevamente. Seguro Yuuri sería un punto en la distancia cuando eso sucediera.
La respiración de pronto le fallaba, se ahogaba, su corazón latía demasiado rápido y las lágrimas salían descontroladas. Yuuri corrió hasta poder llegar a un lugar del parque del Forest Lake Country Club. Era tarde, no sabía si lograría llegar a tiempo a su turno. Phichit aún tenía dos horas más de entrenamiento y Yuuri no tenía derecho a interrumpirlo, pero tuvo mucho miedo de estar solo; de ahogarse en su propio llanto en el parque, solo. De que la pena le quitara el oxígeno para siempre y caer allí, lejos de su casa, del consuelo de su madre, con la imagen de Viktor bailando en su cabeza. Solo.
"Phichit", mandó en un mensaje de voz, tratando de respirar, de que sus sollozos no se escucharan muy alarmantes. "Me siento mal..."
A los pocos segundos, el tailandés le devolvió un llamado y preguntó dónde estaba. Yuuri le contestó y esperó un tiempo que en su mente fue eterno, intentando mantener la calma con la vista al lago y a los patos. En menos de diez minutos apareció Phichit en la bicicleta púrpura de Christine, frenó brusco, dejó que la bicicleta cayera en el pasto con estrépito y se agachó junto a su amigo envolviéndolo en un abrazo.
"¡Yuuri!"
"Perdóname... estabas entrenando... perdona"
"¡Yuuri!, eres más importante que eso... ¿Qué pasó?, por favor ¿te pasó algo?"
No tuvo respuesta inmediata, Yuuri dejó salir el suspiro que estaba ahogándole y se echó a llorar en sus brazos, totalmente desvalido. Phichit solo acariciaba su espalda para tranquilizarlo
"Volverá a Rusia... su entrenador está aquí... !Se va!"
El tailandés no dijo nada, solo sostuvo a su amigo hasta que sus temblores cesaron y pidió a uno de sus compañeros de pista que los llevara hacia el centro de la ciudad para comer algo; Yuuri finalmente se saltó el turno de la tarde así que se excusó y le pidió a Christine que lo reemplazara. No tenía voluntad para ver a Viktor en la tarde sabiendo que se iría; tampoco podía imaginar como sería llegar y que no estuviese allí, y él sabiendo que estaba alistando su viaje con su entrenador o que llegara anunciándole que se iba, o peor... Yuuri no estaba preparado para vivir una tarde, todas sus tardes, sin las risas tontas de Viktor.
Phichit le recomendó tomar su medicación para la ansiedad y dormir; Yuuri no discutió y se quedó el resto de la tarde adormecido en la tranquila nube del fármaco. Al despertar ya había oscurecido; sus compañeros de piso no estaba en la casa. pensó que debía revisar su correo y ver si su profesor guía le había escrito de vuelta; No obstante, como si el universo conspirara contra él, aún no tenía noticias de eso, por lo que no podía tener el alivio de evadir la realidad encerrándose en sus estudios. Fue a prepararse un té; estaba teniendo un ataque de hambre por comer dulces y porquerías, pero sabía que si sucumbía, sería como la última vez y no tendría la condición física para competir. Pensó en un té y una ensalada antes de dormir. Estaba preparándolos cuando la puerta sonó.
Yuuri no se imaginaba quien podría ser, Phichit y Otabek no tenían visitas, a menos que de fueran las chicas de la cafetería, que normalmente anunciaban si iban a verlos, entonces su mano quedó en la manilla. Porque de pronto imaginó, temió, quien podía ser. Al abrir la puerta, sus temores se confirmaron; Viktor tenía un gesto terrible y entrando comenzó.
"Dios, Yuuri, no sabes cómo estaba de preocupado, no contestabas mis mensajes, no fuiste al turno de la cafetería y Phichit me dijo que él no podía decirme lo que te pasaba... ¿te pasa algo Yuuri?, sabes que puedes decírmelo..."
"No pasa nada", Estaba siendo infantil e irracional. Una parte de él se daba cuenta. Pero no podía evitarlo. Pensar que Viktor venía como si nada a verlo y no mencionaba aún el tema de su entrenador que lo había venido a buscar...
"Te extrañé tanto Yuura, mi almuerzo no fue lo mismo", el ruso lo envolvió en sus brazos; Yuuri estaba tieso, sin saber cómo reaccionar. "necesito saber que estás bien... o puedo hacer que lo estés, puedo besarte hasta que tus preocupaciones se vayan y luego me cuentas cuando te sientas mejor"
Los labios de Viktor descendieron desde la zona cercana a su oreja y se movieron por su rostro hasta casi alcanzar su boca. Yuuri casi perdió la fuerza de voluntad en el proceso, pero el rencor fue más grande y corrió el rostro, aún con una expresión herida que el mayor no sabía cómo interpretar.
"Preferiría que te vayas", dijo finalmente el japonés, ganando algo de firmeza. La frialdad de su tono de voz sorprendió al ruso que sacudió su cabeza.
"Dime qué sucede... ¿hice algo sin querer? ¿pasó algo en tu entrenamiento? ¿en la universidad?"
"Por favor, Viktor... ándate, no tengo ganas de hablar y tú tienes un viaje que preparar de todos modos ¿o no?"
"¿Ah?"
"No pretendas que no... sé que tu entrenador vino a buscarte..."
"Oh... Yuuri, te lo iba a contar... llegó en la madrugada, ¿cómo te enteraste?"
"Fui a verte en la mañana", admitió el japonés avergonzado, "pero ya no importa, te vas y que estés acá no tiene sentido, pierdes el tiempo..."
"No digas eso, sabes que no es así"
La mirada azul de Viktor estaba aguándose, levemente, intentó aferrarse a él tomando la mejilla de Yuuri. Pero él no podía soportarlo. No importaba que dijera o hiciera, se iba a ir, lo iba a dejar atrás; él fue solo una parada, una entretención, Viktor no era ni sería nunca suyo. Él debía dejar de ser patético y hacerse la idea.
"Por favor ándate", le volvió a pedir Yuuri y parecía una estupidez, porque no quería que se fuera. Una parte de él pensaba "llévame contigo", una parte de él pensaba que no importaba si no era en Detroit, él solo quería poder seguir viendo a Viktor todos los días, comer juntos, terminar el día juntos, hablar de estupideces, sentarse juntos en ese viejo Chrysler, sentir sus abrazos, sus risas...
"Te vas a ir de todos modos"
Y entonces Viktor dijo una estupidez que seguro no pensó demasiado. Con un tono bromista, con una media risa.
"Claro que me iré, ¿somos rivales o no? El mundo no permitirá que estemos juntos para siempre"
Entonces, como una explosión sin premeditar, las lágrimas de Yuuri se amontonaron y lo tracionaron saliendo en bandada; el japonés quiso mirar abajo para no ser notado. Viktor entendió entonces que su intento de alivianar el ambiente con una broma había fracasado.
"Por favor... ándate"
"Yuuri...", fue todo lo que alcanzó a decir antes de ser empujado al pasillo. Esperó un rato, a ver si Yuuri se calmaba y le abría la puerta de Viktor finalmente se resignó a que no sería escuchado comenzó su camino hacia fuera del edificio. En la puerta, Phichit lo vio sorprendido y preguntó.
"¿Arreglaron las cosas?"
Viktor con una expresión culposa admitió, "No... temo de hecho que están peor que antes."
El tailandés incrédulo dio un suspiro y agarró el brazo del ruso para luego mirarlo hacia arriba con una expresión que Viktor nunca había visto.
Puede que Phichit sea una cabeza más bajo que él, pero por dios, le pareció muy intimidante así de cabreado.
"Pensé más de tí, que como eras mayor, eras más maduro y que luego de hablar contigo, quedaría más seguro de la situación, nunca imaginé que serías capaz de empeorarlo"
"Phichit, yo..."
"No me sirve que estés acá si no puedes darle seguridad o al menos contención así que haznos un favor a todos y desaparece, no te quiero ver por acá, ni en la cafetería, ni en la universidad ni en el club de patinaje hasta que tengas algo que decir que pueda ayudar a Yuuri, ¿entiendes?", el tailandés soltó bruscamente a Viktor y pasó apresurándose por las escaleras para luego correr a la habitación de su compañero. Becka no estaba en casa, mejor. No quería exponerlo a esta situación, era muy joven y tampoco sabía cómo lidiar con la ansiedad de Yuuri.
Esa noche no hablaron, Yuuri lloró hasta que se cansó y se durmieron abrazados en la cama de Phichit.
Mark estaba ya dormido cuando sintió que golpeaban la puerta de su habitación.
"¿Estás solo?", preguntó su amigo desde afuera.
"Lamentablemente sí", respondió abriendo los ojos.
"No estás haciendo nada sucio..."
"Tori... por el amor de dios..."
Viktor entró sin más preámbulo. Makkachin tras suyo, dio un salto a la cama de Mark y se acurrucó a los pies del norteamericano mientras Viktor se sentaba en el lado libre del colchón.
"¿Qué pasó con Yuuri?"
"Me vio hablando con Yakov sobre volver a Rusia y ahora no quiere hablarme"
"¡Tori!, no era que le ibas a decir con tacto..."
"Quiso sorprenderme en la mañana y me vio, por accidente, yo le iba a decir con tacto"
"Sabía que romperías a Yuuri" Gritó Mark exasperado incorporándose para quedar a a la altura de su amigo "... o sea lo imaginé y quise creer que no y por eso dejé que siguieras tonteando con él"
"¡No estoy tonteando con él!"
"¿Qué hacías entonces Tori? ¿Siquiera sabes lo que estabas haciendo"
"Estabamos entrenando, luego salíamos... me gusta mucho, yo también le gusto creo.."
"El problema es que tu no solo le gustas"
"Él no solo me gusta", admitió Viktor, "es más de lo que he sentido por ninguna persona con la que he salido... pero no sé cómo lidiar con esto ahora, se supone que debo volver a competir, yo quería decirle que esperáramos a que terminara la temporada y luego viéramos cómo lo hacíamos..."
"¿Cómo planeabas que fuera luego?"
"¡No lo sé!", se desesperó el ruso, "Yo solo quería estar con él, vivir en la misma ciudad, comer juntos, verlo todo los días, poder patinar con él o hacer nada, solo estar con él en el mismo lugar..."
"Por qué no se lo dices"
"¿No es un poco intenso decirle eso cuando llevo apenas ocho meses de conocerlo?"
Mark evaluó la situación unos segundos y asintió con la cabeza.
"Aún así debes hablar con él"
"Lo sé, pero puedo hoy solo... dormir acá"
"¿Acá?"
"¡Me siento solo y triste!", se quejó dramáticamente Viktor, a lo que Mark suspiró cansado y asintió.
"Eres un niño de cinco años... está bien, solo hoy, ¡Solo hoy, Tori!"
Como respuesta recibió un empujón y un abrazo de oso, reclamó bastante, pero Viktor finalmente se sacó los jeans, quedando en boxers y camiseta y se durmió rápidamente. Mark, se acomodó en el espacio que su amigo y el poodle le dejaban y volvió a conciliar el sueño luego de un rato.
Al día siguiente Viktor va a buscar a Yakov al hotel, recibió un sermón durante todo el camino a la pista- por un tiempo respetable de casi media hora - y luego de que su entrenador viera sus dos programas, le dio algunas indicaciones técnicas y se apresuraron hacia la consulta de Marianne. Yakov vio las radiografías recientes y discutió con la terapeuta sobre la rutina de ejercicio nueva para Viktor. Al final de la sesión, la afroamericana se despidió de un abrazo de su paciente y dijo: Mándale mis saludos a Yuuri.
Apenas estuvieron en el auto, Yakov preguntó con un tono serio.
"Exactamente, ¿qué tan cercano eres con ese Yuuri?"
"Somos amigos... él me ha ayudado con mi terapia, me animó a volver a patinar, pasamos nuestro tiempo libre juntos en la cafetería de Mark o por ahí"
"Ya veo", comprendió el entrenador y de pronto preguntó, "y tú programa libre trata sobre él ¿o me equivoco?"
Viktor no lo negó ni lo afirmó, solo agregó.
"No puedo irme ahora... necesito arreglar las cosas con él"
"Tenemos que irnos esta semana"
El patinador negó con la cabeza sentenció. "Me iré en tres semanas más, cuando haya arreglado las cosas con él"
"¿Qué cosas?"
"Me vio hablando contigo sobre volver a Rusia y ahora cree que he estado jugando con él"
"¿Y has estado jugando con él?"
Viktor sabía que su respuesta le daría a entender todo a Yakov así que armándose de valor, pronunció con sinceridad.
"No... esta vez no estoy jugando".
Yakov acomodó su sombrero antes de bajarse en la puerta de su hotel y comentó.
"Lo imaginé al ver tu programa libre"
"Por eso me quedaré unas semanas más, hablaré con él y volveré"
"¿Sabes lo difícil que es conciliar tu profesión con una relación de este tipo o no?, preguntó el entrenador. Viktor asintió, pero su gesto lastimero lo decía todo. "Bien, nos vemos mañana... ¿a las ocho?"
El patinador volvió a aceptar en silencio antes de partir hacia la cafetería de Mark donde almorzó una ensalada y ayudó a atender mesas hasta que Yuuri llegó. El japonés al principio se había quedado estampado en su lugar, pero suspiró armándose de valor y pasó hacia la bodega donde estaba su delantal, dejó su mochila en su casillero y se acercó a sus compañeros saludándolos antes de comenzar a tomar órdenes.
Al principio no se hablaron, trabajaron en silencio, tomando órdenes, riéndose de las ridiculeses que Julia y Christine decían, luego Viktor comenzó a inventar sus propias tonterías y en nada, Yuuri se burlaba de él "Y ahí está el medallista más grande de nuestra generación, incapaz de equilibrar cuatro tazas en la misma bandeja". Viktor le sonrió radiante y Yuuri asintió volviendo a la máquina a preparar bebidas.
Finalmente, Viktor respiró sabiendo que no todo estaba perdido. Yuuri no lo odiaba, si se basaba en los últimos días, podía asegurar que Yuuri sentía lo mismo que él; sin embargo, él sabía que el japonés era inseguro, se había enterado de una muy mala manera de sus planes de volver a San Petersburgo y era su responsabilidad, por una vez, de actuar como un adulto y darle las certezas que la ansiedad de su compañero necesitaba.
"¿Vamos a cenar a la salida?", preguntó casualmente cuando Yuuri le entregó una de las órdenes preparadas en una bandeja.
"OK", asintió Yuuri con una expresión amigable.
A eso de las nueve de la noche comenzaron a cerrar el local; Yuuri y Julia guardaban las tazas mientras cuchicheaban tras el mostrador y Mark le recomendó a Viktor ser lo más sensible y claro mientras hablara con Yuuri "O sino enfrentarás a Phichit y a una latina enojada, porque Julia está a punto de saltar a tu yugular".
"¿Tú me defenderás verdad?"
"No me metas... nadie te manda a atormentar al dulce Yuuri"
Viktor decidió esperar afuera quejándose dramáticamente con su amigo por la hostilidad hacia su persona. El japonés salió atrás de él y una vez en el auto le pidió disculpas por la forma en que lo había tratado. Viktor se sorprendió; Yuuri tenía un gesto atormentado y entonces rápidamente interpuso.
"La culpa es mía por no decirte que Yakov estaba aquí en el momento en que llegó y no explicarte lo que eso significaba"
"¿Y cuándo llegó?"
"Horas antes de que lo vieras..."
"Bueno, no es tu deber contarme todo apenas sucede"
"¡Sí, lo es! Eres importante para mi", al decirlo, notó que Yuuri se sonreía aunque evitaba su mirada, "... espero que tu también me cuentes lo que te pasa apenas suceda"
Yuuri asintió. Nunca había tenido a otra persona aparte de su familia y Phichit que con fuerza le exigiesen que él le contara sus cosas; normalmente Yuuri prefería aguantárselas en silencio, pero en los últimos días el pánico que le causaba la idea de perder a Viktor lo habían hecho perder el control alterando también a aquellos a su alrededor. "Me alteré más de la cuenta cuando supe que debías irte...", admitió finalmente, sonando bastante avergonzado. ¿Qué más podría decirle? ¿Sufro de ansiedad? ¿A veces pierdo la cabeza por el miedo a lo que aún no sucede?, todo eso probablemente Viktor lo había notado en los meses que llevaban conociéndose.
"Yo también, no quiero hacerlo..."
"¿No quieres volver a casa?"
"No quiero estar lejos de tí", declaró Viktor honesta y crudamente y Yuuri hizo su mayor esfuerzo por evitar que sus ojos se aguaran.
"No quería hablar de esto hasta luego de cenar, pero no me dejas opción", Viktor estacionó afuera del restaurante japonés que Yuuri le había presentado hacía un tiempo. "En tres semanas más me iré a San Petersburgo a entrenar con Yakov, si es que quiero volver a competir necesito el apoyo técnico y acá no lo tengo", Todo lo que estaba diciendo era algo sabido por ambos, pero que ninguno había querido admitir en voz alta hasta entonces. "Eso no significa que entre nosotros todo ha terminado..."
"Te vas..."
"Unos cuantos miles de kilómetros no van a hacer que me olvide de ti"
"No digas esas cosas..." musitó Yuuri. Él no quería ilusiones. No podía lidar con eso.
"Debemos entrenar duro para vernos en las competencias internacionales y entre medio hablaremos, por teléfono, por skype, te llamaré todos los días, podemos cenar juntos por video llamada..."
"No prometas cosas que no sabes si podrás cumplir"
"Las cumpliré Yuuri... te lo probaré, te llamaré tanto que te aburrirás de mi"
La risa exasperada del japonés sonó casi como un sollozo, Viktor se sacó el cinturón y liberó también el de Yuuri para abrazarlo. "Porque te quiero", el japonés se estremeció sosprendido y Viktor lo repitió enfáticamente "Te quiero tanto".
Nota: Mamihlapinatapai es una palabra de los indígenas yámanas, significa «Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar». No sé so se fijaron de que ambos quieren vivir juntos en la misma ciudad pero ninguno al final lo dijo.
El próximo es el final!
Besitos
