Capítulo siete.
La bruma se disipó tan rápido que Sherlock se sintió idiota cuando reaccionó y supo que estaba mordiendo a John, se alejó de este dispuesto a preguntar lo que había sucedido, pero en el momento que se separaron John le soltó una fuerte bofetada y luego salió corriendo. Sherlock colocó la palma de su mano sobre la zona afectada y miró la espalda de John antes que la puerta del salón se cerrara.
Datos, necesitaba datos.
Miró el suelo bajó sus zapatos y continuó con la mano en la zona. Necesitaba datos de todo lo que había pasado esa noche, así como los datos que habían nublado su juicio así como lo que estaba escondiendo Mycroft. Apretó los dientes y formó una firme línea con los labios. Mycroft estaba escondiendo algo; si los alfas sentían como Sherlock llevaba sintiendo era evidente que su hermano no debía de cortejar a otro omega, Anthea debía ser su todo. A menos que la unión forjara otro tipo de vínculo.
Preguntarle a John ahora mismo quedaba fuera de lugar.
Por las reacciones que John solía tener, era evidente que no gustaba mucho de los alfas, parecía algo arraigado en él, por ende su padre debía de ser un alfa que maltrataba mucho a su madre, una mujer beta; por ende John debía pensar que los alfas lastimaban, a todo en general (además que la historia mostraba un gran pasado de esa misma acción) sin tomar en cuenta que un alfa en unión era como un perro guardián que no mordería lo que protege; sin embargo es imposible que un alfa pueda unirse a un beta, aunque lo considere de su propiedad. Un beta normalmente, con el tiempo, causa frustración en un alfa. O eso decían los textos.
Ahora, John tenía otra aversión además de a los alfas, le temía al contacto. Probablemente había sido abusado y fue una experiencia traumática, de tal forma que ahora en lugar de luchar contra él se había congelado (y aunque luchó con él fue obvio que lo hizo con duda, evidentemente John tenía miedo de hacerlo enojar).
Finalmente concluyó. En esta relación que estaba surgiendo entre ellos existían tres limitantes, John y su miedo a enfrentar a un alfa, John y su miedo al contacto y finalmente Mycroft (si contábamos al propio Sherlock existirían cuatro, pero él estaba dispuesto a no ser un limitante).
Por el momento los traumas de John eran intratables, porque, por error, Sherlock había cometido dos errores, ser un alfa (no era culpa suya) y acercarse al otro con tan poco cuidado. Lo primero era algo que no podía cambiar, lo segundo fue algo no planeado, él no quería actuar de esa manera, todo fue provocado por el olor del propio John y tenía que averiguar qué hacer para pararlo; evidentemente sin decir nada al propio John o se auto-odiaría bastante más (también tendrían que trabajar en su autoestima, por lo visto).
Si los traumas de John no podían ser tratados por el momento no le quedaba más que afrontarse a Mycroft, cosa en la que estaba realmente más… curioso. Mycroft no parecía particularmente desagradable con John, tampoco parecía apreciarlo, sin embargo hoy había intentado cortejarlo de tal forma que la naturaleza de John salió. El omega dentro del rubio reaccionó a la esencia dominante de su hermano; por ende era un sumiso. Y realmente no era justo que alguien como John tuviera que ser así por la naturaleza.
No podía entender.
Realmente no podía entender como una persona tan fuerte como John podía ser sumiso cuando era evidente que todo a su alrededor declaraba independencia. No era justo. Así como su olor obligó a Sherlock a actuar de forma irracional la naturaleza de John lo obligaba a bajar la cabeza y aceptar.
Todo era una maldición.
Durante la guerra se dice que los omegas, por culpa de su naturaleza, nunca protestaron contra el trato al que eran sometidos por los alfas, sin embargo entre libros fue capaz de encontrar una rebelión: la rebelión de los empáticos. Una de las razones por las cuales los empáticos fueron perseguidos fue por eso, a diferencia de los omegas sin empatía que eran más sumisos, los empáticos eran capaces de quitar esa sumisión y crear una rebelión (justo lo que sucedió). En Inglaterra hubieron muchos empáticos que querían derecho para el grupo omega, todo esto obligó a los alfas a cazar a estos empáticos, quienes provocaban que sus omegas se alzaran contra ellos, la conocida 'cacería de brujas'.
Sin embargo los empáticos, a diferencia de lo que se creía, no era un grupo que se creaba a base de genes, simplemente un omega nacía empático, aunque en toda su línea nunca hubiera existido uno. Omegas empáticos eran capaces de controlar sentimientos y crear falsos, tal y como lo dijo John, sin embargo, omegas empáticos eran capaces de manipular sentimientos, crear paz y seguridad; gestionaban la mente de los alfas
No creía que los empáticos realmente hubieran desaparecido.
Si los empáticos eran tan buenos para manipular y crear ese tipo de atmosferas ellos debieron de ser capaces de ver que iban a ser eliminados. La 'Cacería de brujas' no debió ser ningún impedimento para ellos, sin embargo los empáticos parecieron confraternizar mucho con sus hermanos omegas; ante la eminente eliminación de su raza debieron tomar la decisión de desaparecer.
Sin embargo de eso había pasado mucho tiempo y ahora le era imposible saber si lo que pensaba era cierto o no; si los empáticos aún existían era algo que no podía saber, había pasado mucho tiempo desde eso y ciertamente no tenía mucho material de estudio.
Aunque… si no se equivocaba, dentro del instituto de Londres debía de existir más material sobre los empáticos y sobre John. Si podía ir ahí y pedir el material debían de dárselo, aunque no estaba seguro que pudieran compartirle información sobre John. Normalmente la información sobre los omegas estaba clasificada, los mismos omegas no sabían sobre la información que el instituto guardaba sobre ellos.
Si calculaba adecuadamente, podría marcharse a Londres hoy y llegar al anochecer, normalmente el instituto estaba abierto para alfas a todas horas, sin embargo se acercaría al instituto por la mañana. Podría entrar como un alfa que busca pareja y jugar con alguna beta que estuviera al cargo de mostrarle a los omegas, John aún no era confirmado como su pareja así que no podrían saber que tenía a John.
Pero sabía que todo eso podría considerarse como traición, era muy consciente que los omegas tenían un fuerte sentimiento de fidelidad, una infidelidad por parte de un alfa los hacía sentirse inútiles, no suficientes y por ende una vida sin propósito; muchas muertes de omegas era por esa razón, al sentirse inútiles los omegas caían en el suicidio.
¿John sería de esos cuantos? Así como podría decir que no lo cierto es que no lo sabía. En momentos John parecía diferente de muchos omegas, menos complaciente y más autoconsciente, pero otras veces caía en lo banal, como un omega parecía querer impresionarlo, pero como John no parecía quererlo tanto. Con todos sus pros y sus contras John debería ser más un problema que una solución, sin embargo estaba de acuerdo consigo mismo que todo eso le hacía interesante ante sus ojos, un omega diferente hubiera significado sufrimiento. John no lo era.
Después de mucho tiempo notó que había permanecido en su sitio tal cual John lo dejó. Sherlock dejó de tocarse la mejilla y se alejó de la columna, realmente no había querido hacer nada de lo que hizo, de hecho, cuando bajó lo hizo con intención de tomar el té, sin embargo el olor lo atrajo hasta el salón y por ende hacia John. Cuando los vio cerca y cuando sintió la duda de John en el aire Sherlock supo lo que tenía que hacer: interferir. Fue una sorpresa para él notar que Mycroft estaba de cortejo y que su cortejo estaba surtiendo efecto por el olor de John.
El olor de John.
Nunca en su vida había olido algo similar, los omegas no olían así, los omegas eran dulces o flores, pero no eran tanta plenitud, claridad y después bruma, sin control y sin raciocinio, fue un aroma fuerte que abrumó y quemó sus ojos hasta que no era del todo consciente de lo que hacía. Era el olor real de un omega, un omega dispuesto a unirse a él.
No sabía si podría soportar estar así de nuevo.
~O=O~
No podía entender como había llegado a ello, estuvo a nada de entrar en un calor que no podría soportar; fue tal la agresión que no supo que hacer para detenerlo. Entonces todo se había frenado, el calor, el olor todo y en cuanto Sherlock se separó John lo golpeo. Era un maldito idiota y si Sherlock lo odiaba y terminaba con todo no le daría una sorpresa, el mismo terminaría con todo si pudiera.
Pero no quería.
Algo le decía que no encontraría a nadie como Sherlock. Alguien que no lo idolatraba por ser omega, la mayoría de los alfas tomaban a los omegas como posesiones, los tomaban como objetos bonitos y los llenaban de regalos para mostrarlos ante los otros alfas: 'Hey, mira, yo tengo un omega y probablemente tú nunca tendrás uno'. Pero Sherlock no había mostrado nada de eso, era como si para Sherlock él fuera otro ser común, un beta.
Nadie le decía que esto sucediera de nuevo.
Antiguos alfas habían ido a verlo, habían aceptado su olor y en cuanto sabían que no tenía ciclos entonces su interés se perdía y ellos ya no estaban más interesados en él. Otros más eran más positivos, decían que en cualquier momento el ciclo vendría; sin embargo se habían aburrido sin siquiera haber salido del instituto. Omega defectuoso… muchos otros le decían beta.
Los otros omegas tampoco eran amables con él. Ellos solían hacerlo menos; un omega sin ciclos simplemente no era un omega y siempre se preocupaban por decírselo.
Sin embargo todo eso dejó de tener importancia cuando le permitieron asistir a la universidad, que su guía le dijera que podía asistir a los cursos le dejó facinado. Él, que no tenía nada, le daban algo que, hasta cierto punto, anhelaba. Pero al final sabía que sería complicado realizarse sin un alfa de por medio, así que supuso que en el ejército encontraría un alfa, tendría que estar bajo el efecto de supresores pero eso le daba igual.
Ahora sólo tenía dos opciones, arreglar las cosas con Sherlock o ser un idiota. Realmente podría ser idiota y dejar las cosas como estaban, sin embargo era consciente que Sherlock no tuvo la culpa, él simplemente había actuado por el olor, era un alfa y estaba en su naturaleza. Si a alguien iba a culpar ese sería Mycroft. ¿Por qué había intentado cortejarlo si ya tenía a Anthea?
Recordó entonces que olía a Mycroft, no quería que nadie lo encontrara oliendo a Mycroft. Avanzó suavemente por el pasillo, de esa manera hasta que llegó a las escaleras; era ya muy tarde y dudaba que alguien estuviera despierto ya (además de Mycroft y Sherlock). Por esa razón no esperó lo siguiente (aunque con su suerte debió de hacerlo).
Cuando llegó a la planta donde debía de desviarse para llegar a la zona de Sherlock se encontró cara a cara con Anthea. Se quedó quieto en medio del pasillo y luego retrocedió, no podía hacerle eso a ella. Anthea le sonrió y se acercó a él, John estaba temeroso que notara el olor de Mycroft. Sin duda era cuestión de tiempo.
-Anthea yo-...
-¿Qué haces aquí a esta hora John? Deberías volver a tu dormitorio.
Aunque Anthea se acercó no hubo señales de que detectará el olor de Mycroft en él. Confundido, John asintió con la cabeza y se acercó al pasillo que le llevaría a las habitaciones de Sherlock, giró una última vez para ver a Anthea. Ella continuaba igual, despreocupada.
¿Acaso otra de las ventajas de ser un omega de los Holmes era su falta de olfato? John tenía muy buen olfato, siempre fue capaz de distinguir el olor en las personas. La señora Holmes olía a madera de bosque y lirios silvestres, Sherlock tenía un olor misterioso, suave, dulce y abrumador. Mycroft tenía ese olor a dominio y perfumes elegantes. Anthea era como una flor.
Sin embargo ella no parecía tener un buen olfato.
Nunca había escuchado sobre algún alfa u omega con mal olfato, pero ahora mismo le caía como el cielo.
~O=O~
Melissa llegó primero que nadie al comedor esa mañana, el delicioso aroma de la bergamota llenaba la mansión suavemente, supuso que esa mañana tendrían Earl Gray, el té favorito de Melissa. Ella tomó el periódico de la mesa y lo colocó frente a sus ojos, escuchó los pasos de Mycroft descender las escaleras, a su lado Anthea caminaba suavemente, lo común cada mañana.
Una de las damas de la casa colocó frente a sus ojos la taza de té y Melissa tomó la taza sin verla y le dio un suave sorbo, entonces algo no estaba bien. Ella despegó los ojos del periódico y observó su taza, aunque la bergamota revoloteaba en el aire ese té no sabía a Earl Gray, era té de Ceylón. Melissa miró a la chica detrás de ella y la chica se acercó rápidamente, Mycroft a su lado le miró de forma furtiva.
-¿Esto es té Ceylón? –Preguntó rápidamente, la chica asintió. -¿Han preparado también Early Gray?
La chica miró a las otras y ellas negaron con la cabeza. –No señora, sólo se hizo té de Ceylón.
Sin embargo la bergamota olía en el aire, no había duda. -¿Sucede algo, madre? –Preguntó de repente Mycroft.
Melissa observó a su hijo mayor y entrecerró los ojos. –Puedo oler la bergamota, ¿puedes hacerlo también?
Mycroft no elevó mucho la cabeza pero su nariz estuvo al aire, Melissa estaba segura de que la bergamota estaba en el aire, era un aroma suave, pero bastante latente, como si una tetera hirviendo de Earl Gray estuviera en la mesa. De repente la bergamota dejó el aire, como si hubieran tirado el contenido de la tetera por el desagüe. Entonces entró John.
-¿Sherlock no ha bajado?
Rápidamente la mirada de Melissa se posó en John y todo fue evidente, tanto que sonrió antes de dar un sorbo a su bebida, Mycroft fue quien contestó la pregunta de John.
-No John, Sherlock no estará en la mansión todo el día de hoy y parte de la mañana del siguiente.
John se tensó y el olor de la bergamota comenzó a ser un poco agrió, no el dulce de hace rato, entonces el olor se detuvo de nuevo y John la miró, sus ojos azules mostraban la duda mientras él se sentaba a su lado, dejando el espacio que le pertenecía a Sherlock, Melissa se sentía de repente muy contenta, tanto que le fue imposible contener la sonrisa.
-Es tradición John. –Soltó Melissa dejando la taza sobre el platito y mirando al rubio. –Los alfas no viven con sus omegas hasta la unión, -John bajó la cabeza, como si preguntara entonces que había pasado con ellos, -se te preparará adecuadamente para que el día que te presentes a Sherlock parte de su olor esté en ti.
La cabeza de John despegó. -¿Cómo?
El desayuno se colocó frente a ellos, frutas cítricas para Melissa, desayuno inglés para John y Mycroft, finalmente fruta y cereales para Anthea (ahora recordó que debía preguntarle a John que era lo que prefería para desayunar, al parecer el desayuno inglés era demasiado para él, nunca lo terminaba), las doncellas se retiraron una vez terminaron con eso. Siendo betas ellas no podían estar al tanto de sus conversaciones, era algo que simples betas no entenderían. Melissa espero a que no quedara ninguna para responder la duda en John.
-Normalmente se piensa que las uniones simbólicas se realizan después de la unión de esencias. –Melissa miró su propio lazo, los topacios siempre brillaban. –Si supieran los otros alfas que un omega se está uniendo únicamente simbólicamente entonces… sería complicado. Las leyes prohíben las uniones simbólicas sin antes existir una de esencias y en caso de no poder realizar una unión de esencias antes que una simbólica se pide discreción, -Melissa miró a John. –Realmente no eres único John, muchos omegas sufren supresión, sus ciclos se cortan por temporadas, para evitar que ese omega pueda ser tomado por otro alfa se recurre a las uniones simbólicas y poco después a las uniones de esencias.
De alguna manera Melissa supo que algo no estaba bien cuando todo lo que había sentido comenzó a venirse abajo, pudo ver a John y fue como retroceder dos semanas, como volver al inicio. John asintió ante lo nuevo y comenzó con su desayuno.
Mycroft a la cabeza de la mesa le mandó un ligero mensaje con sus acciones, al parecer algo había sucedido con John y Sherlock la noche pasado, algo que desató el olor de John (la bergamota en el aire) y eso mismo que ella había tirado con todo lo que dijo. Deseo darse un golpe en la frente o retroceder el tiempo y no decir nada. Sin embargo todo lo que dijo era verdad y tarde o temprano John debería de saber.
La realidad de los omegas estaba muy lejos de lo que el instituto hacía creer.
~O=O~
John volvió a su habitación en cuanto el desayuno terminó, Melissa dijo que su preparación comenzaría después de la hora del té del medio día. Así que tenía unas pocas horas para mentalizarse. Mañana estaría unido a Sherlock y aún no habían arreglado lo del día anterior. Esto no podía ser mejor. La unión por si sola era ya horrible, hacerla después de lo que había sucedido era peor.
Las cosas que habían sucedido la noche pasada eran cosas que John deseaba ignorar y olvidar entonces, para ser franco si Sherlock no mencionaba nada estaría bien, pero vivir bajo esto no sería algo bueno. Sin embargo hablar de ello, no sentía que fuera lo correcto. ¿Qué debía hacer entonces?
Así como era consciente que Sherlock era especial también sabía que los sentimientos no iban con él. Algo en Sherlockle hacía notar que nunca podría obtener lo que estaba buscando y por esa razón hablar de lo que había sucedido ayer no parecía algo que Sherlock fuera a agradecerle.
Era tan complicado pensar en un alfa, más si este era Sherlock.
Pese a que Sherlock era un problema realmente no era el más importante ni el que quería resolver ahora; Mycroft lo era. John podía entender a Sherlock y sus razones, pero no podía entender a Mycroft. Mycroft tenía a Anthea, Sherlock conseguiría a John.
No podía entender realmente lo que había sucedido en ese momento, de alguna manera intentó justificar a Mycroft, pero después de un tiempo fue imposible. No tenía justificación.
Para el medio día, puntual, Melissa llegó por él. Estarían tomando sólo ellos dos el té. Ella le explicó un poco sobre lo que haría ahora; además de la unión de olores John estaría tomando una pequeña clase de baile, al parecer era verdad que tendría un baile con Sherlock.
Después de terminar con el té Melissa lo llevó a un salón, era mucho más pequeño que el salón donde se llevaría a cabo la recepción, lo más destacable para él fueron los dos pianos de cola; entonces sus ojos se fijaron en un violín. Todos los instrumentos en la habitación se encontraban acomodados en repisas, sin embargo ese violín estaba fuera de su lugar; John lo reconoció como el violín de Sherlock y algo en él fue cálido y supo con sorpresa que eran sentimientos por Sherlock; de alguna forma los tenía ahora.
No sabía si tener sentimientos por Sherlock era algo bueno o estaba cometiendo un error. Tal vez estaba cometiendo un error, algo dentro de él le decía que los sentimientos no era algo que quisiera experimentar por algún Holmes y normalmente esos presentimientos eran los correctos. De cualquier manera el propio sentimiento común le indicaba lo mismo.
Él obedecería eso como si fuera un dogma, aunque fuer ambiguo, aunque sólo él lo entendiera.
Melissa le sonrió mientras la puerta se abría, ella entonces soltó. –Me fue imposible encontrar a alguien que viniera a enseñarte este vals, pero Mycroft se ofreció a ayudarte.
Mycroft hizo acto de aparición en ese momento, John no pudo evitar tensarse, sin embargo se calmó y fingió indiferencia y sorpresa. Tentativamente pensó si todo era una broma de Mycroft y pronto se acabaría, pero cuando Mycroft entró sacado de la pena supo que no pasaría. En el fondo John pensó que lo odiaba mucho en la superficie estaba un poco desconcertado y Melissa debió de notarlo.
-No te preocupes John, no existe tan buen maestro como Mycroft. –Melissa sonrió, observó su reloj de muñeca y soltó un ligero suspiro. –Será mejor que los deje aquí, aún hay muchas cosas sin hacer. Enséñale bien Mike.
Melissa se fue sin esperar respuesta y John se tensó mucho más en ese momento, si Mycroft esperaba que aceptara estar a solas con él estaba muy equivocado. John se alejó de Mycroft hasta quedar casi al otro lado de la habitación, sin embargo el mayor de los Holmes simplemente se quitó la chaqueta y luego se acercó al componente, seleccionó un disco de entre los muchos que habían y lo insertó, después giró en dirección de John y estiró la mano en su dirección.
-Comenzaremos con algo sencillo John, sin embargo ya debes de saber que Sherlock es muy buen bailarín, no necesitaras más que dejar que te guíe.
La mano en su dirección y la voz tranquila de Mycroft le hicieron enfadar, John no se molestó en ocultar su incredulidad ni su enojo; cruzó los brazos sobre su pecho.
-No voy a tocarte. –Declaró, la mano de Mycroft no vaciló. –No voy a estar cerca de ti, no a menos que alguien esté aquí.
Lentamente la mano de Mycroft bajó, pero no del todo, John juntó las cejas. –Ahora, John, aún tienes que hacer la unión de aromas, no tenemos mucho tiempo.
Maldito, era buen actor y era evidente que estaba obviando lo que había pasado entre ellos la noche pasada; lamentablemente John no iba a olvidar eso tan fácil. Poco a poco se acercó a Mycroft y tomó su mano, la melodía ya había cambiado a otra, esta era un dueto entre violín y piano; la mano de Mycroft era más gruesa que la de Sherlock y también más cálida. El cuerpo del mayor de los Holmes se acercó al suyo sin embargo mantuvo distancia, una mano sobre su cintura y John coloca la suya sobre el hombro de Mycroft.
-Realmente no tienes mucho que hacer John, simplemente sigue mis pasos, si lo deseas puedes mirar los movimientos de tus pies, pero mañana intenta no hacerlo; mantener la mirada en los ojos del alfa es lo más importante.
Fue suave. John no estaba acostumbrado a esto, tal vez por eso se sintió un poco cálido, sin embargo recordó que estaba con Mycroft y volvió a sentirse tenso; no iba a cometer el mismo error que la noche anterior. Se sentía comprometido con Sherlock y con ese sentimiento cálido que había sentido hace tan poco.
-No sé qué pretendías con lo de anoche… -Mycroft no se inmutó, ni siquiera parecía prestarle atención. –Sin embargo espero que no vuelvas a hacerlo.
Hubo un movimiento brusco, no estuvo preparado y chocó con los pies de Mycroft, el mayor se detuvo. –Espero que seas cuidadoso en esta parte, el vals que tendrás con Sherlock tiene pasos un poco más complicados, lo único que necesitas es poner atención en tu compañero.
Avergonzado, John se vio obligado a prestar atención a los movimientos de Mycroft, tenía razón en algo, si ponía atención a los movimientos él podía ser bien guiado. No tuvo más opción que guardar silencio y prestar atención a lo que estaba haciendo ahora, aunque los movimientos de Mycroft fueran lentos y fluidos era evidente que estaba haciendo pasos difíciles para obligarlo a prestar su interés en el vals y no en conversar.
Bailaron, Mycroft era buen bailarín y se lo demostró con cada paso, John se esforzó en aprender y en algún momento ya no tenía que mirar los pies y como no sabía que mirar enfocó la mirada en el hombro del mayor, no necesitaba un acercamiento con Mycroft, tampoco lo quería.
Después de lo que a él le parecieron horas Mycroft se detuvo, lo soltó suavemente y se acercó al componente de música, con un botón el ruido se detuvo y lo miró.
-Aprendes rápido John, no tendrás ningún problema mañana con Sherlock, sin embargo no lo olvides, tienes que mirarlo a los ojos, siempre. –Mycroft le sonrió. –Me retiro, aún tengo muchos pendientes. –Una levísima reverencia fue dada a él y Mycroft se encaminó a la puerta.
-No sé qué pretendes. –Soltó rápidamente, Mycroft se detuvo junto a la puerta. –No sé qué esperabas conseguir con lo que hiciste, pero no voy a permitir que lo hagas de nuevo. Anthea no merece que le hagas algo como eso… Lo que sea que pretendías.
Aunque no lo vio casi pudo ver su sonrisa. –Nos vemos más tarde, John.
Y se fue.
Una cosa era segura, Mycroft no era un aliado. Algo en Mycroft se sentía extraño, pero no incorrecto; John no podía entenderlo pero los sentimientos que lo llenaban cuando estaba a su lado eran tan confusos que le hacían sentir inseguridad, un poco de curiosidad y un montón de duda. Pero ese mismo algo le decía que Sherlock iba a ser su alfa y entonces todo lo que refería a Mycroft debía de parar.
Era fácil, así como Mycroft le impresionaba también le inquietaba y no planeaba estar más con él, el piso en Baker Street sonaba como gloria en sus oídos. Sherlock tenía razón, estar en la mansión Holmes no era algo que podría soportar para toda la vida.
Melissa volvió por él veinte minutos después, siendo hora de la comida se dirigieron al comedor; Anthea estaba presente, pero Mycroft no. Al parecer el mayor de los Holmes estaría hasta tarde trabajando para tener el día libre de mañana para presenciar la unión. Después de la comida Melissa y Anthea lo escoltaron a su habitación; la hora de la unión de esencias había llegado.
Melissa se dirigió al baño y con una indicación de mano los otros dos se acercaron a ella. Una vez los tres estaban en el baño Melissa miró únicamente a John.
-Esto será muy rápido John, -Melissa le dijo con una sonrisa, -antes que nada deberás quitarte toda la ropa.
Sorprendido, John miró a Melissa con duda, pero en los ojos de la mujer nada parecía una broma. La aceptación fue lo siguiente que sintió, sin mirar a Anthea o a Melissa, John comenzó a quitarse la ropa. El suéter fue lo primero que retiró de su cuerpo, enseguida desabrochó el pantalón y sacó la camisa y soltó los botones, con algo similar a la duda se sentó en el borde de la bañera y se quitó los zapatos junto con los calcetines; los pantalones le siguieron enseguida y se quedó así, cubierto únicamente con su ropa interior.
-No seas tímido cariño, también la ropa interior. Anda. -Más avergonzado John sacó la última prenda, de alguna manera se sentía humillado. –Anthea, querida, ¿podrías abrir el agua y ambientarla para que John pueda entrar?
Anthea asintió con la cabeza, se acercó a las manijas del agua e hizo lo que Melissa le indicó, cuando estuvo lista John se deslizó debajo del chorro de agua.
-Bien. –Melissa tomó una pastilla de jabón, o al menos eso pareció a ojos de John. –Aséate con esto, todo el cuerpo, sobre todo el cuello, las muñecas y las zonas erógenas.
John obedeció, la idea de tener a Melissa mirándolo fijamente le atormento y le avergonzó hasta el punto de la humillación, pero obedeció. Lavó todo con cuidado, dedicó extremo cuidado en cada zona que Melissa indicó; fue un baño largo porque tuvo que bañarse a conciencia e inclusiva la señora Holmes le indicaba cuando tenía que volver a lavar alguna zona. Fue muy repetitiva con el cuello, literalmente tuvo que lavarlo cuatro veces. Cuando fue momento de lavarse el cabello Melissa le ofreció un gel, le ordenó lavarse el cabello primero con la pastilla y luego tres veces con el gel, John lo hizo; fue entonces cuando John notó algo: Su olor desaparecía.
Le estaban aplicando supresores de olor. John los recordaba, después de todo los utilizaba para ir a la universidad, día a día lavaba su cuerpo vigorosamente con la pastilla, el jabón provocaba que el olor natural de un omega desapareciera; normalmente un alfa tenía un olor tan suave que podía pasar por un beta, pero en la época de celo los alfas tenían un olor profundo y poderoso, por otro parte un omega tenía siempre un olor fuerte, servía para buscar pareja permanentemente (claro, cuando ya estaba unido eso era otro asunto). John nunca había tenido un olor fuerte, sin embargo tenía el olor distintivo de un omega, por esa razón su guía le recomendó usar las pastillas de supresión de olor; no eran tan efectivas como los supresores que se inyectaban, pero eran efectivos si no se tenía mucho contacto.
En el siguiente día sólo tendría contacto con Sherlock.
Cuando terminó, Melissa se alejó de él, Anthea ya había salido. –Seca tu cuerpo con la toalla que te he dejado aquí, -Melissa señaló la prenda, -viste la bata, te esperaré afuera. Por cierto, no toques nada más que eso.
Melissa salió del cuarto de baño y John pudo ver como varias empleadas entraban a su habitación; aunque no sabía exactamente que estaba sucediendo comenzaba a entender.
Salió del cuarto de baño con la bata puesta, para ese momento ninguna empleada estaba ahí, tampoco Anthea. Melissa sonrió satisfecha, entonces un olor abrumador le pegó directo en la nariz; en automático John se cubrió la nariz y volteo hacia la cama, el olor venía de ahí, era el olor de Sherlock. Aunque no era tan inteligente como el Holmes supo de inmediato lo que sucedía; Melissa se lo aclaró en ese momento.
-Estas son las sabanas que estaban en la cama de Sherlock, la ropa que está sobre la cama es también de Sherlock; dormirás con eso. –Melissa le indicó que se sentara en la cama, John lo hizo. –Por el momento no puedes salir de aquí, yo misma te traeré la cena; -por un momento reinó el silencio, Melissa soltó finalmente, -sin tu esencia el olor de Sherlock entrará en ti, el gel tiene un aislante, evitará que tu olor sea el dominante.
-El olor predominante durante los primeros días de unión es el del alfa; ¿es por eso?
Ella asintió con la cabeza. –Es así.
John observó las sabanas de la cama, seda, azul celeste. -¿Está todo bien señora Holmes? –Ella miró a John. –No estoy seguro aún de esto.
-John, no vayas a retractarte, por favor.
Él no pensaba hacerlo, también ya había tomado una decisión.
~0~
Me temo que cada vez tengo menos tiempo de contestar sus comentarios, pero quiero que sepan que realmente los leo, si veo que es muy necesario los contestaré. Estoy por regresar a la escuela y tiempo es justo lo que ya no tendré; sin embargo no se preocupen, seguiré actualizando de acuerdo a lo acordado, recuerden que tengo muchos capítulos ya escritos, en caso que no tuviera tiempo volveré a las actualizaciones de martes, pero les avisaré mucho antes.
-Nixse
