La temperatura había aumentado en la habitación, lo cual en pleno invierno es una ventaja, no que las personas en ella necesitaran del calor extra pues compartiéndolo entre tres tendrían más que suficiente.

No recordaban quién sugirió la idea primero. ¿Vino de un desafío? ¿De sentimientos reprimidos y una oportunidad? Tampoco recuerdan el momento en que hurgaron en el gabinete de licores de su padre. "Sólo los uso para sazonar", era lo que les decía. Ahora sirvió para darles el coraje suficiente para ceder a sus más profundos deseos.

Un joven adulto a unos años de beber de manera legal estaba copando con una de sus manos la cara de una chica rubia unos cuantos años menor que él, la besaba de una manera en la que no debía, y ella lo sabía también, pero le devolvía el beso con un entusiasmo que compensaba la falta de experiencia de ambos. Tuvieron que hacerlo de manera torpe pues estaba ocupado en otra tarea, pues debajo de él estaba otra chica, muy similar a la que besaba, pero con una personalidad muy diferente, aunque con un deseo similar; él entraba y salía de ella de manera rítmica, casi parecía como si hubieran hecho esa clase de cosas antes, incluso si no era el caso. Desde hace exactamente un minuto había dejado de sentir dolor y en su lugar ella sentía un placer inimaginable, de aquel que sólo comparaba a cuando ganaba el primer lugar en sus competencias de belleza, pero multiplicado por varios cientos. Sus gemidos habían llenado la habitación y motivaban a su amante de blancos cabellos para que mantuviera el ritmo.

La otra chica decidió cortar el beso, para la sorpresa del chico, el cual vio cómo ella le dio una señal para que guardara silencio mientras se movía al extremo donde se encontraba la cabeza de la chica que causaba los gemidos. Él no pudo apartar la vista mientras la primera chica atrapaba los brazos de la segunda y antes de que ésta preguntara sus motivos comenzó a besarla de la misma manera como hizo con él. La reina de docenas de certámenes de belleza había murmurado su desdén a través de sus labios entrelazados, pero pronto comenzó a dejarse llevar. Esa parecía ser la pauta de esa noche.

Tentando a su suerte, la chica soltó una de las manos que mantenía aprisionada y comenzó a masajear uno de los senos de su víctima. En respuesta, los gemidos que le reprimían con una boca empezaron a crecer en magnitud y frecuencia, e inclusive se sintió desfallecer en cuanto el hombre del trío participó de manera similar usando una de las manos con las que mantenía sus piernas en su lugar. La poca familiaridad de la intervención de dos individuos diferentes terminó empujándola más allá de su límite, se liberó del beso y con un grito detuvo todo bamboleo de caderas y estimulación que tuviera lugar entre los tres. Arqueó la espalda de manera violenta y lo único que la mantuvo en su lugar fueron las manos que la guiaron sus caderas durante toda la experiencia, para después dejarse caer sobre la cama que los tres compartían por el momento.

El subir y bajar de su pecho era inconsistente y las respuestas se redujeron a constar de una sola sílaba, lo cual les indicó a los otros dos que debían continuar sin ella por el momento.

La otra chica entendió esto casi de inmediato y con una energía característica de ella, saltó en dirección del hombre que estaba allí, quien la atrapó, dándole a ella la oportunidad de reanudar el beso que dejaron inconcluso. Sin embargo, la inercia del salto llevó a que el chico chocara de espaldas contra una de las paredes. Al estar ahí, a éste se le ocurrió una idea. Dio una vuelta y apoyó parte del peso de la chica a la que vio crecer ensuciándose con lodo, y trayendo distintas mascotas a la casa, y la colocó de tal manera que su miembro estuviera en relación con el sexo de ella, y con un pequeño empujón ya se hallaba dentro. Hubo un pequeño gimoteó de parte de ella, un tanto similar al que su hermana había dado, él pensó en esperar un momento a que el dolor cesara, de la misma manera que hizo antes, pero en su lugar los brazos que rodearon su cuello lo hicieron acercarse para poder susurrarle al oído un "Vamos" que sonó casi como una orden.

Sintió cómo un par de piernas se entrelazaron alrededor su cadera mientras ambos realizaban el acto. En pocos momentos separaron sus bocas, dejándole en claro lo mucho que a ella le gustaba besar, y cuando lo hacían hubo un flujo de malas palabras que ella mencionaba al aire, así como el nombramiento de un ente divino al que parecía agradecerle.

En cuanto ella dejó de usar sus fuerzas para continuar el proceso pegada a la pared decidieron continuarlo en la cama. Su gemela pareció recuperarse pues le indicó a él que la colocase encima de ella. Esta sería su venganza, la cual constaría de mantenerla en su lugar usando sus piernas como gancho mientras él continuaba en una posición nombrada en honor a un animal. La gemela no quiso que la otra perdiera su afición al intercambio de saliva así que eso hizo mientras deslizaba una mano hacia su zona íntima, la cual continuaba siendo penetrada por el tercero en la habitación, y la estimuló continuamente.

Una nueva serie de gemidos ensordecedores llenaron el cuarto, además de malas palabras que apenas y eran silenciadas por una unión de labios. Luego de varios segundos de reprimirse para extender el acto, la chica rubia — que concordaba con la definición de rubia "sucia" en más de un sentido —finalmente llegó al clímax de una manera casi tan dramática como la de su gemela. Luego de un gritó se desplomó sobre su hermana quien no tardó en quejarse del peso extra, pero decidió dejarlo pasar dada la situación.

El chico en la habitación estaba deshecho, el desgaste físico mostró ser demasiado para él, tanto así que ignoró la carencia de un condón y que su carga había terminado dentro de la segunda chica. Dejó que su cuerpo chocara con la cama, quedando entre el tándem de gemelas que ya se había separado.

Ambas estaban en la misma situación que él: intoxicadas y demasiado satisfechas como para pensar en cualquier consecuencia. Dormir por tres décadas se hacía la opción más agradable, cuando la habitación comenzó a girar, quizá era la perspectiva de alguno de sus cuerpos lidiando con el vodka, pero a esta sensación se le sumó un zumbido incesante que-


Los ojos se le abrieron rápidamente y aún tenía en su mente el sueño, trató de grabar cada momento, pero, al igual que las noches pasadas, grandes partes de él se irían disipando de su cabeza durante el día. Esperaba que su ropa interior siguiera seca a pesar de la intensidad de ese sueño húmedo, pero la sensación de frescura y humedad en la zona le indicó lo contrario. Debía lavar su propia ropa, con un poco de suerte el calendario de actividades le daría esa tarea.

Su rostro reflejaba frustración y hartazgo. No era de sorprenderse, era la séptima vez en el mes que tenía un sueño similar…