Suomen Tasalvalta, Republic of Finland
Los días venideros las cosas parecían haber cambiado. Berwald se mantenía en silencio y en las noches me abrazaba con fuerzas. Una que otra noche volvimos a enredarnos entre nosotros, sin llegar a cierto límite. De pronto me di cuenta que estaba esperando una segunda vez. Me sentí inquieto y algo avergonzado por desear cosas de este tipo, aunque más que desear obtener un placer carnal, quería volver a unirme a él; el placer podía obtenerlo solo, lo que no obtenía, era su entrega.
Conforme pasaron los días, los bosques comenzaron a ser menos densos y desde ciertos puntos, podíamos ver el mar a lo lejos. Algunos días la nieve nos obligó a retirarnos bajo los árboles, otros, caminamos incluso cuando ya era de noche. Nuestra marcha sucedió sin inconvenientes y en cosa de una semana, habíamos llegado a límites urbanos. No teníamos comida ya y llevábamos dos días sin beber agua. Mi mal humor volvió y mi espalda me dolía tanto que incluso me negué en caminar más. Berwald mantuvo la paciencia y me alentó a seguir. Incluso me ayudó a subir al carruaje que pagamos para llegar a Stadsholmen, la isla de Estocolmo en donde se hallaba el Palacio Real.
En lo que duró el viaje, la noche se fue incrementando, sin embargo no vi oscuridad, puesto que las luces de una ciudad hermosa se hacían cada vez más intensas. Hermosos bancos y palacios comenzaron a desfilar por mis ojos. Casas de estudios y pequeños lugares de entretención; hace mucho que no estaba en esta localidad y las cosas habían cambiado. Berwald a mi lado, no tenía las ganas de mirar su propio esplendor. Iba cabizbajo y en mortal silencio.
― Berwald descuida, tú mismo dijiste que luego iríamos a Estonia. No es necesario que te amargues, mejor disfruta de la comida que tendremos y de la buena noche que pasaremos. ― Los ojos de Berwald se iluminaban tras cada farol que la carroza dejaba atrás. Ninguna de esas luces me demostró alegría en su mirada.
Una vez llegamos a cierto límite, luego de pasar hermosos puentes sobre ríos iluminados y adornados entre cristales de hielo y copos del mar, Detuvieron nuestro transporte. Nos hicieron bajar y una vez que los guardias nos reconocieron, mandaron a traer otro transporte. Todo el viaje hasta la mansión era pesado y el silencio estaba más congelado que todo el hielo que pisé durante el viaje. Me inquietaba la expresión de Berwald y su nerviosismo; Los dos meses y medio de viaje me dejaron conocerlo perfectamente y entendía hasta sus gestos más mínimos. Por mi cuenta intenté arreglar mi capa para no parecer un mundano joven cualquiera, pero no logré mucho. Llegar al hermoso palacio me hizo sentir un vuelco en el estómago, la enorme fortaleza protegida por el mar y las fuertes paredes siempre me hacían sentir minúsculo. Atravesar en la carroza ese puente adornado con banderas que caían congeladas bajo el viento invernal y mirar el horizonte perderse en el mar, confundirse entre una noche azulosa y la brisa marina cargada de agua y hielo me deprimieron enormemente. Una enorme cantidad de trineos se movían entre los parajes de la nieve que sepultaba el suelo de piedra espléndido que tenía la imponente entrada al palacio. Nos llevó dentro y nos dejó cerca de la entrada principal. Berwald se bajó a la indicación dada por el conductor y seguido, bajé, aterrizando sobre suelo seco de nieve. Iba a ir por el equipaje, pero luego recordé que no era necesario. Nos abrieron la puerta del vestíbulo principal y los guardias nos dieron la bienvenida con esa formalidad que no me gustaba nada. Miré a mi acompañante y me acomodé la capa.
― Berwald, no te ves bien, después me gustaría conversar contigo. ― Él asintió sin ganas y entró a su propia casa ostentosa, hermosa y gloriosa.
El vestíbulo era grandioso. Una verdadera obra de arte de la arquitectura. Los techos altos estaban adornados con lámparas de lágrimas que simulaban una claridad y calidez muy fina. Apenas entrar, se sintió como las chimeneas aportaban el calor necesario para no necesitar capas ni gruesas botas en tales instancias. Berwald inició la caminata para dirigirse a una de las escaleras cuando un puñado de criadas y sirvientas vinieron en nuestro servicio. Berwald rechazó la ayuda, sin embargo nos rogaron que esperáramos por la recibida de autoridades. Estuvimos un momento en silencio y Berwald me invitó a sentarme.
― No pareces cómodo. Has estado aquí muchas veces ya, no es nada novedoso. ― Bajo la luz de las lámparas, su rostro se veía en extremo cansado y se notaba que había adelgazado. Me centré en el diseño del suelo y me encogí de hombros.
― Siempre que vengo aquí, me siento demasiado fuera de lugar, tan solo mírame― Señalé mis propias ropas comunes y dañadas ya con el frío. ― Lo más elegante que traigo puesto es esta camisa que me diste.
Soltó una pequeña risa cansada que me hizo enseguida ponerle atención. Hace mucho no lo veía alegrarse y escuchar su risa era un privilegio difícil de obtener. Fui consciente que mis mejillas delataron un ligero tono rosáceo. Se levantó de su puesto y me hizo levantarme también. Me quitó mi capa y acto seguido, se quitó la suya, tan elegante aunque ya muy a maltraer y la colocó en mis hombros. Me ajustó las ataduras como lo había hecho meses atrás y él se colocó la mía. Nos quedamos mirando y sonreímos algo más aliviados, una vez nos volvimos a sentar.
― ¿Ves?, ahora ambos estamos a la misma altura. ― Nuestras capas se mezclaron entre ellas y pude sentir su mano enguantada reclamar por la mía. La aferré con fuerzas, intentando ignorar el hambre que me volvía a atacar. No teníamos más ánimos luego de tantas semanas bajo bosques y nieve, y con suerte prestamos atención cuando unos pasos se acercaban a nosotros. Berwald dio un salto de su asiento y miré su rostro antes que el de nuestro anfitrión.
― Asique llegaron hechos unos harapientos. Qué vergüenza que pisen mi palacio con sus pies sucios. ― Su voz me resultó tan familiar que enseguida volteé mi cabeza de cabello desordenado y demasiado largo ya.
Lukas parecía un príncipe de cuentos de hadas con su sonrisa amable al vernos y nosotros, los villanos más burdos y sucios de toda Suecia.
