—El hechizo Incorum provoca sangrado interno, Granger.

Hermione dio un respingo. Snape se encontraba inclinado detrás suyo, leyendo sobre su hombro.

—¿Qué? No es cierto.

—¿Quiere que lo probemos con Weasley?

Snape tenía una sonrisa burlona en la cara, Hermione lo sabía aunque no estuviese viéndolo.

—¡No! El libro específica...

—Granger, ¿cuando va a entender que esos libros estan escritos por idiotas iguales a Gilderoy Lockhart?

—Pero aquí dice...

—¡Yo soy el profesor de Defensa, señorita Granger!— exclamó el Slytherin, consiguiendo una carcajada de la castaña. Quiza ese habia sido su proposito desde un comienzo.

Hacia meses que Hermione habia comenzado a prepararse para los EXTASIS (años, si se lo preguntasen a Ron) y ahora, Snape tambien era testigo de ello.

Lunes de Pociones, viernes de Defensa e incluso algunos jueves de Astronomía; definitiviamente Snape parecía saberlo todo respecto a todo.

Cuando Hermione aparecío la primera vez en su despacho, cargada de libros y dispuesta a hacerle cuentas preguntas vinieran a su cabeza, Snape no opuso la menor resistencia, y desde aquel día, Hermione se habia instalado en su oficina, tres días de cada semana, a veces unos cuantos más, a absorber cuanto le fuera posible de un Snape que parecía muy dispuesto a resolver cada duda que le brotaba de entre los labios.

—Según tu, TODOS los libros en el mundo estan equivocados.

—Evidentemente.

Hermione le sonrio, porque Snape estaba haciendo lo mismo.

—Los EXTASIS son en menos de seis meses y tu no dejas de corregir cada cosa que yo creo estar aprendiendo— le recriminó, acercandose al otro lado del escritorio y sentándose frente a su profesor. Snape fijo su atención en el caldero sobre la mesa; hacía casi dos horas que había comenzado a preparar una poción Oculus y estaba muy cerca de estar lista.

—Deje de quejarse, Granger, si no quisiera no estaría aquí.

Hermione lo miró con fingida indignación. Snape puso su sonrisa burlona y volvió a concentrarse en las semillas que estaba moliendo.

Hermione se quedó sentada ahí largo rato, olvidándose de todos los libros que aún tenía que estudiar, y dedicándose sólo a mirar a su profesor. La manera tan suave en que movía el contenido de su caldero, y como podía rebanar las plumas de aguila gigante con semejante delicadeza.

—¿Qué?— inquirió la hombre cuando reparó en la mirada embelesada de la chica, que lo observaba inclinada sobre el escritorio, apoyando la barbilla en su mano derecha.

—Me gusta verte hacer pociones — susurró, con una pequeña sonrisa.

Snape fruncío el ceño, sintiéndose raro bajo los ojos enormes de la castaña.


—¡Hey, Hermione! ¿Quieres ir al baile conmigo?

El martes por la mañana, Harry la sorprendido en el Gran Comedor durante el desayuno.

La castaña miró al pelirrojo enseguida, esperando alguna reacción de su parte, pero él estaba ocupado, mirando con ojos de amor a su plato lleno de estofado y papas.

—¿Qué dices?

Un cantidad imposble de comida viajó a la boca del pelirrojo mientras tanto.

—¿Qué?— escupió, cuando reparó en la mirada de Hermione clavada en su frente.

—Nada...

Ron no lo noto, ocupado en zambullirse en la bandeja llena de chuletas de cerdo recién aparecida en la mesa, pero Hermione lo estaba asesinando con la mirada.

—Claro, Harry, me encantaría ir al baile contigo— respondió al fin, haciendo énfasis en sílabas innecesarias, ganándose una mirada extrañada de Ron.

Harry también contempló a su amigo. Ron en cambio, le sonrió a su plato y volvió a dedicarse a comer.

Harry bufó, su amigo era un caso perdido.


—¡Mañana!

Ginny le brincó encima cuando se dirigía al aula de pociones, el viernes por la tarde.

—¿Qué?

Se había desvelado, estudiando Runas Antiguas, y Encantamiendos y Defensa, y su percepción en ese justo momento no estaba ni al veinte por ciento.

—¡Los vestidos, Herms! ¡Los vestidos!

Ginny daba saltitos frente suyo.

Cierto, los vestidos. Faltaba una semana para el baile y al parecer nadie se cansaba de hablar al respecto. Nadie excepto Hermione… y Snape.

—¿Mañana, de acuerdo? ¡No lo olvides!

Le gritó entre la multitud de alumnos que habian comenzado a arrastrarlas a lados opuestos del aula de pociones.

—Como digas.

—Si ellas compraran vestidos quiza debamos comprar una túnica, Harry.

Los chicos aparecieron a su lado un segundo después.

—¿Iras al baile?— inquirio Hermione enseguida, arrojando a Harry a un lado para poder verle la cara a Ronald.

—Pues...

En ese momento Slughorn comenzó a hablar y Hermione ya no consiguió escuchar la respuesta del pelirrojo.

—Se que todos acordamos que el examen aplicado por el Profesor Snape durante mi ausencia será solamente una triste experiencia para ustedes— soltó una de sus sonoras carcajadas y sólo algunos lo secundaron, Ron entre ellos. A Hermione no le causó gracia.

—Pero...— las risas se detuvieron y Hermione se irguio en su asiento —… el profesor dejó preparado un último examen que me gustaría que todos resolviéramos…— observó las expresiones desconcertadas de sus alumnos y volvió a sonreír —… como un ejercicio, muchachos. Dudo mucho que el profesor Snape realmente espere que alguien sea capaz de realizarlo por su cuenta…

El hombre parecía especialmente feliz aquel día y Hermione simplemente no le encontraba la gracias a todos esos comentarios de los que él tanto reía. Se limitó a dejar de escucharlo, garabateando distraídamente en las esquinas de su libro de texto, hacía muchas hojas que las pequeñas anotaciones de Snape había dejado de desaparecer.

.

Después de hora y media y el vergonzoso acontecimiento de Slughorn desapareciendo la desastrosa poción de su propio caldero cuando pensaba que nadie miraba, la habitación estaba llena de humo de colores y Hermione tenía el peor humor que Harry le había visto en mucho tiempo.

—¿Cual es tu problema?— le preguntó Ron al oido, con la odiosa falta de tacto tan característica en él. Hermione lo miró mal.

—Es una poción para la memoria, Ronald, cualquier alumno que haya estudiado propiamente para sus TIMOS sabría realizarla con los ojos cerrados, a diferencia del profesor Slughorn.

Su voz se había tornado chillona. Harry se estaba riendo por lo bajo.

Ron la miró como si hubiese enloquecido.

—Necesitas mejorar tu mal genio.

Hermione tenía la navaja para cortar raíces apretada tan fuerte que sus nudillos se tornaron blancos.

Ron optó por volver a lo suyo antes que le castaña decidiera apuñalarlo, y lella hizó lo mismo, su poción estaba a diez minutos de estar lista, aunque su humor parecía empeorar a cada segundo que pasaba.

—Sólo tienes que cortarlas en cuatro partes— le gritó-susurró a Neville luego de unos cuantos minutos, porque el castaño estaba cortando las raices de valeriana en trozos diminutos y el ruido del cuchillo golpetenado en la tabla de madera estaba terminando con su paciencia.

El pobre Gryffindor se sobresaltó.

—Si, si, claro... Gracias.

—¡Señor Longbottom!

Slughorn se detuvo detras del castaño. Los habia descubierto.

Hermione se tenso, por puro reflejo, porque, si se tratara de Snape, posiblemente ambos tendrían un castigo asegurado y 30 puntos menos para su casa cada uno. Pero, como era obvio, Slughorn no era Snape.

—Sientese mas cerca de la señorita Granger, siempre es bueno tener un compañero del que aprender, ¿cierto?

No recibio respuesta, pero al parecer no le importo.

—Pero mi poción...

—¡Oh! eso no importa, muchacho.

Y con un movimiento de la varita del profesor, el caldero de Neville quedo vacío y reluciente.

—Vamos, vamos— lo alentó a ponerse de pie, y el Gryffindor arrastró su banco hasta sentarse junto a la castaña.

Hermione casi podía ver la sonrisa burlona de Snape dentro de su cabeza.

—Lo siento, Herms...

—Esta bien.

Bufó. En dos minutos su poción estaría terminada. Neville no tenia nada que tocar y definitivamente solo lo dejaría mirar, ¿que podía salir mal?

—Algo esta saliendo mal— se quejó Harry cuando la masa verde que tenía por poción estupio las raices de valeriana hasta el otro lado del aula.

—Solo agrega dos escarabajos violeta, enteros — los trucos secretos de Snape eran la cosa mas maravillosa en el mundo.

—¿Y si me los escupe a la cara?— se quejó el moreno, ganandose una carcajada de parte de su amiga.

—¿Escarabajos violeta?— corroboró Neville a su izquierda, sacandolos del fondo de un frasco casi vacío.

—¿¡Qué!?— Hermione se sobresaltó, girando a prisa para detenerlo, pero ya era tarde...

.

La piel le quemaba y por un efímero segundo la idea de quedar ciega el resto de su vida le congelo cada célula de su cuerpo.

Las carcajadas de Parkinson le retumbaban en los oídos y sentía un par de manos sobre sus hombros, pero aún no se atrevía a abrir los ojos.

—¡Señor Longbottom!— Slughorn se abrió paso con dificultad entre el corro de alumnos que se había formado en torno a la mesa de los cuatro Gryffindor —acompañe a su compañera a la enfermería, por favor. Granger, no debe preocuparse, la Señora Pomffrey seguramente puede resolverlo.

Cuando finalmente se atrevio a abrir los ojos, todos habian vuelto a sus asientos excepto Harry... y Malfoy.

—¿Estas bien, Harry?— inquirio el profesor. Por eso Malfoy estaba de pie.

—Si, pero yo acompañare a Hermione a la enfermería.

—Esta bien, muchacho, vuelve a sentarte, el señor Longbottom puede hacerlo por su cuenta.


—¡No me toques!— le espetó en cuanto hubieron salido del aula, y Neville se quedo temblando en su sitio.

Cuando pensó que había conseguido alejarse sola del aula de pociones, descubrio a Neville siguiendola silenciosamente.

La señora Pomffrey la hizó esperar sentada en una camilla mientras terminaba de hacer lo que fuera que estuviera haciendo en su despacho.

Neville se movió incomodo frente suyo por un momento, hasta que terminó decidiéndose por sentarse a su lado.

—Herms…

—¡No digas nada!— lo cortó antes de que comenzará, porque tenía tantas ganas de petrificarlo que si él seguía hablando posiblemente terminaría haciéndolo.

Madame Pomffrey volvió finalmente luego de unos minutos, curiosamente seguida por el Profesor Snape.

—Gracias, profesor— se despidió la mujer, pero Snape ya no estaba escuchándola, porque había repado en ambos Gryffindor al fondo de la enfermería.

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—¿¡Qué pasó!?

Neville iba a desmayarse, Hermione estaba segura.

—Esta bien...— intentó intervenir, porque, si las miradas mataran, y comenzaba a pensar que Snape sabía el modo de hacerlo, Neville estaba exhalando su último aliento.

Hermione no tenía idea de que había sucedido con su cara, pero debia lucir fatal, porque Snape la miró por un segundo especialmente largo.

—Longbottom, fuera de aquí.

No gritó, pero su voz grave fue suficiente para poner a Neville nervioso de nuevo.

—Pero el profesor Slughorn dijo…

Snape iba a maldecirlo, Hermione estaba segura.

—Esta bien, Neville.

Neville la miró una última vez, pero salió de la enfermería tan rápido como le permitieron sus piernas.

.

A Madame Pomffrey no le hizó ninguna gracia que Snape se la llevase de la enfermería, y a Snape no le hizó ninguna gracia que la mujer intentara detenerlo.

"¡Soy quien decidide en mi enfermería, Snape!"

"¡Y yo en mi colegio, Pomffrey!"

Si Hermione no sintiera las mejillas tiesas se hubiera reído de la cara que había puesto la mujer cuando Snape la arrastró fuera de la enfermería.


Snape cerró la puerta de su despacho con un sonoro portazo.

—¿Cómo se siente?— inquirió enseguida y por un efímero segundo, Hermione pensó que Snape iba a tomarla por los hombros.

—Bien, estoy bien— balbuceó intentado sonar tranquila, pero los ojos habían comenzado a esocerle.

—¡Slughorn es un incompetente!— vociferó.

—¿Hablando mal de un profesor, profesor Snape?

Intento hacerlo reir, algunas veces, cada vez mas, lo conseguía, pero esta ocasión no fue una de ellas.

—¡Pudo dejarla ciega!

Había algo en la reacción de Snape que estaba subiendole el ánimo, a pesar de las heridas abiertas y del cabello que se había tornado violeta.

Snape desapareció por una pequeña puerta al fondo de la habitación que, Hermione sabía, conducía a sus habitaciones. La castaña terminó sentadose a la orilla del escritorio y unos segundo después, el peofesor se acerco a ella con una botella de algo azul en una mano y algodón en la otra, aún molesto.

—¡No se quien le permitio volver a Longbottom en primer lugar!

Se detuvo frente a ella. Hermione estaba esperando a que Snape le entregara la pocion, pero para su sorpresa, él mismo comenzo humedecer el algodón.

Pensó en decirle que ella podía hacerlo, que no era necesario y sin embargo, se mantuvo en silencio, sin moverse de su sitio, mientras Snape se encargaba de curar cada herida y ampolla que se habia formado en su rostro.

Hermione lo miró a los ojos, y él la miro de vuelta. Estaban demasiado cerca.

Pasaron algunos minutos en completo silencio y por algún motivo que Hermione desconocía, no dejó de mirar los ojos del profesor ni uno sólo de ellos.

—A mi no me mire como si fuera mi culpa— susurró luego de tanto tiempo sintiendo los ojos castaños sobre su rostro.

El hombre tenía una sonrisa apenas perceptible dibujada en la cara.

Hermione se removió en su sitio.

—Es tu culpa, ciertamente.

Su sonrisa diminuta se volvio sólo un poco mas grande. Se estaba convirtiendo en una mala costumbre suya; inicialmente, cuando Hermione lo fastidiaba en su habitación en San Mungo cada día, había intentado evitarlo, pero todo se había quedado en un intento hacia un largo tiempo y ahora, casi no le importaba hacerlo cada ocasión que tenía a la castaña enferente.

—Nadie le ordeno ayudar a ninguno de sus amiguitos.

Hermione le regaló una mala mirada, pero su intento de parecer molesta se vio frustrado cuando él presionó la herida en su frente con el algodón húmedo.

Intento no quejarse en voz alta, pero la mueca en su rostro era suficiente.

—¿Duele?

—No.

Tenía que ser Gryffindor.

Snape la miro ligeramente divertido, pero continuo aplicando la poción con más suavidad, si es que eso era posible.

—Sus amigos no valen las cicatrices…— comentó distraídamente.

Hermione lo miró preocupada.

—¿Cicatrices?

Pero de nuevo, Snape se estaba burlando.

—No es divertido— se quejó ella con un puchero.

—No, por supuesto que no.

—Esto no sería necesario si tu no te empeñaras en poner tus pruebas tan difíciles.

—Esto no sería necesario si dejara pensar a sus amiguitos por si mismos— recalcó el profesor mirándola fijamente. —A pesar de los diminutos cerebros que sabemos que tienen — agregó.

—En primer lugar, esto no sería necesario si le hubieses llevado la poción Oculus a Madame Pomffrey en otro momento.

La ceja de el profesor se elevo, interrogante.

—Porque estaría en la enfermería y no aquí, contigo.

—¿Le molesta?— inquirió él, dejando por un segundo su labor de curarle las heridas y dedicándose sólo a mirarla.

Era extraña la sensación de estar seguro de conocer la respuesta a su propia pregunta.

Hermione lo miró con un deplorable intento de seriedad.

.

Snape curó cada herida, grande y pequeña, con una delicadeza sorprendente para el tamaño de sus manos y cuando al fin terminó, contempló a la Gryffindor por un largo segundo.

—Tiene suerte de que su poción este lista— soltó, sin moverse de su sitio, a pesar de haber terminado.

Ella abrió demasiado los ojos.

—¿Tu...?— no podía creer que realmente habia realizado su poción.

Una sensacion extraña, como un calor que la llenaba desde el pecho se extendío por todo su cuerpo.

Su cara debia decir más de lo que deseaba, porque Snape se le quedo mirando. Así como estaba, sentada sobre el escritorio, Snape no parecía tan alto. Sus ojos estaban casi a la misma altura.

—Yo se lo que es llevar una marca no deseada encima, Granger.

De nuevo, su voz sonaba suave. Quiza y después de todo, no eran las noches las que lo hacian hablar así, quiza era ella...

De pronto, a Hermione le entraron tantas ganas de abrazarlo, de abrazarlo fuerte y de enterrar la cara en su pecho, que tuvo que morderse el interior de la mejilla hasta hacerse daño para no cometer semejante tontería.

—¿Se siente mejor?

La voz de el Profesor la trajo de vuelta a la realidad.

—Si… si— repuso con una sonrisa y Snape le sonrió de vuelta.

Sin nada oculto detrás; sólo una sonrisa.


¿Review?


El capítulo que más trabajo me ha costado hasta ahora, y aún así, el que me quedo más largo.

Gracias por todos sus reviews, chicas, las amo.