Disclaimer: Con excepción de la trama de este fic y los ocs que me pertenecen. Todos los demás personajes, nombres, historias y trama de Invasor Zim pertenecen a JHONEN VASQUEZ y NICKELODEON.


Capítulo seis

El día que te conocí

Había pasado más de medio día en la nave de los resisty aún sin rumbo fijo, la tripulación se paseaba de un lado a otro del centro de mando esperando ordenes de su capitán que se encontraba sentado pensativo en su elevada silla de mando, sus pensamientos se concentraban en los posibles lugares del basto universo donde su familia pudiera haber huido después de escapar de la prisión de Vort, los lugares que solía frecuentar con su antigua resistencia ahora pasaron a ser territorio irken y los prisioneros exiliados cada vez tenían menos alternativas a la hora de huir.

-¿Lard Nar?- Lo llama Tex Lan algo preocupado al verlo tan callado, desde que había regresado del pasillo tras la pequeña discusión con Nad se veía especialmente callado y preocupado.- ¿Sucedió algo con Nad?-

-N-no… nada... pasa con Nad…- Vuelve a decir con un tono algo triste y su mirada perdida aún sosteniendo la taza con café con leche en sus manos.

-Nad sigue en la cocina charlando con Nix Berr.- Comenta Fel Der entrando a la sala para luego apoyarse contra una pared.

Lard Nar no puede evitar fruncir el ceño al escuchar eso, apretando aún más sus manos que sostenían la taza, la imagen de aquel otro vortian abrazando a Nad tan cariñosamente contra su cuerpo, a su Nad, aunque si lo pensaba bien, lejos estaba de ser suya aún no le había dicho de ese gran amor que sentía por ella, de esas ganas de abrazarla y besarla que consumían su alma, ¿Qué podría decirle? ¿Sentiría los mismo por el? Después de todo eran de distintas razas, quizás lo que ella buscaba era un apuesto humano, no un vortian suertudo como el.

-Capitán, ¿vas a terminar eso?- Pregunta mirando el café que aún humeaba desde la taza.

-¿Eh? n-no… toma, Shloonk…- Dice aún algo abatido por sus pensamientos acercándole la taza al extraterrestre violeta que rápidamente la sostiene con su boca mientras flota feliz a su lado.

-¿De donde sacaste a esa humana de todos modos?- Pregunta Spleenk acomodándose en una silla cercana a uno de los tableros de la nave.

Lard Nar alza su mirada dejando escapar un suave suspiro, remontándose en sus recuerdos de aquella vez que había visto a su amada Nad por primera vez.

Fue justo después de que los resisty perdieran la batalla contra la Inmensa, siguiendo aquel alocado plan de Spleenk que pretendía robar los dulces del almacenaje de la Inmensa para alimentar a la creciente resistencia y debilitar la nave, recién ahora que lo pensaba en frio se daba cuenta de los estúpido que era ese plan. Habían quedado perfectamente a la deriva atrapados en aquellas pequeña capsulas de escape después de perder su nave, sin suficientes provisiones, sin armas, solo sabiendo que en cualquier momento sus enemigos irkens caerían sobre ellos para hacerlos pagar por su rebeldía.

Este era su último plan, un último intento para marcar presencia, que si resultaba no solo salvarían sus cabezas sino que también conseguirían nueva nave o equipamientos. Quizás la situación desesperante no les dio otra opción que aquel alocado plan o su propia desesperación por el terror de ser atrapados no les dejo pensarlo dos veces, pero allí estaban asaltando aquella nave de transporte irken, tal si fueran piratas del siglo pasado, buscando secuestrar a sus pasajeros, nada más ni nada menos que los invasores del Imperio irken que se dirigían hacía el planeta Hobo 13 para un entrenamiento de rutina.

-El plan va funcionando según lo esperado, capitán.- Anuncia un extraterrestre miembro de los resisty verificando una pequeña pantalla conectada a una de las naves de escape.- La armada aún no sospecha nada mientras reparan la Inmensa.-

-Tenemos a los prisioneros vigilados.- Dice otro extraterrestre a medida que el capitán pasa caminando por aquel pasillo.

El líder de la resistencia sonríe triunfante mientras camina por aquel pasillo, más al escuchar que su plan funcionaba según lo esperado, cuando se acercara el momento oportuno se comunicaría con la Inmensa nuevamente, proponiéndoles un intercambio, una nave a cambio de aquellos invasores irkens, sabía de su gran importancia para la armada y que no se arriesgarían a perder a su tropa de elite así como así, después de todo muy pocos irkens eran los que lograban calificar como invasores.

Se dirige hacia una de las últimas puertas que se encontraba en el corredor custodiado por dos extraterrestre de más voluminoso aspecto, que se apartan de inmediato para dejarlo pasar a aquella pequeña sala donde tenían custodiados a sus prisioneros.

EL vortian se para en el umbral de la puerta, mirando con una sonrisa triunfante a los invasores, siempre había querido verlos así, atados y reducidos como antes él habían tenido que ver a su familia y amigos.

-¿Qué acaso no invadiste Vort?- Pregunta enfadada la invasora Tenn.

-¡Claro que lo hice!- Protesta indignado el invasor Larb.

-Pues hiciste un buen trabajo.- Agrega Nad que estaba atada junto a Tenn.

-¡Vos mejor callate humana!-

-¡Por qué no te callas vos!-

Lard Nar se queda viendo sorprendido la escena y casi enojado de la poca atención que le prestaban al estar discutiendo entre ellos.

-¡Callense todos!- Grita enojado haciendo que los revoltosos invasores le presten atención.-¡No se dan cuenta que nosotros, los resisty, los acabamos de secuestrar!-

-¿Los qué?- Pregunta otro de los invasores con una mueca de incredibilidad.

-Los resisty.-

Los invasores se miran entre ellos para luego comenzar a reír con fuerza del vortian que frunce el ceño enseguida.

-Entonces los dejaré aquí encerrados sin comida ni provisiones hasta que se me dé la gana, malditos irkens.-

-¡Que miedo!- Grita uno de ellos protestando desde el interior del cuarto mientras el capitán se retira.- ¡No sabes que podemos pasar semanas sin comer! ¡Tonto vortian!

Pero Tenn dirige una mirada preocupada a su amiga humana sabía que su cuerpo no era como el de los irkens y solo podía soportar unos pocos días antes de padecer de hambre o sed.

-¡Auxilio! ¡Ayuda!- gritaba la voz asustada de la invasora Tenn desde el interior de la habitación, con un un tono de desesperación tal en su voz que hizo que tanto el capitán como un grupo más de extraterrestres corran a ver qué pasaba.- ¡Por favor! ¡Ayúdenla! ¡Por favor! ¡Ayúdenla!- Insistía con terror la invasora viendo el cuerpo inconsciente de Nad recostado sobre el suyo.

Lard Nar evalúa la situación algo incrédulo, definitivamente esa criatura de piel clara y cabellos marrones no era tan resistente como los irkens y perderla no solo era una perdida para su plan ya que no podrían negociar con los irkens sino que por más cruel que intentaba ser no podía permitirse dejar morir a esa joven.

-Bien, llévenla.- Ordena Lard nar.

-Pero, capitán…- Dice uno de los extraterrestres que lo acompañaba.

-Solo háganlo.- Contesta con severidad.

Uno de los extraterrestres toma a la humana en sus brazos sintiendo el peso de su cuerpo inconsciente para llevarla a una de las habitaciones libres de la nave para encargarse de asistirla, siguiendo las órdenes de su capitán por más tontas que le parecían, desde hace tiempo se venía corriendo un rumor entre los miembros de los resisty, un rumor sobre motín y las pésimas habilidades de su capitán, quizás el no era el más indicado para ese puesto de liderazgo y tal vez alguien debería encargarse de demostrárselo definitivamente.

Pero no logra llegar a mitad del pasillo cuando tanto Lard Nar como los que lo acompañaban voltearan al escuchar el grito de aquel miembro de los resisty, viendo como caía al piso herido, y la humana después su gran actuación se encontraba parada a su lado para luego correr hacia sus captores con gran furia.

-Ya tenemos controlada la situación, mis altos.- Anuncia la voz del invasor Larb unos minutos después de aquel suceso.

Los demás invasores furiosos se encargaban de maniatar a los asustados resistys llevándolos entre insultos, empujones y amenazas por aquel pasillo para luego soltarlos dentro de la habitación donde antes los tenían cautivos a ellos.

-Y manden unas naves para transportar prisioneros, logramos capturar a los resisty.- Continua con gran orgullo el invasor irken.

-Otro buen trabajo hecho, invasor Larb.- Dice el más alto Red.-Por fin podremos encargarnos de esos rebeldes.-

-Hare que les duela.- Agrega el más alto Purple.

Mientras los resisty atrapados en aquella habitación solo podían intentar idear una forma de escape, susurrándose entre ellos sobre aquellos planes de motín y deshacerse de una buena vez de su ineficiente capitán, que nuevamente había vuelto a fallar.

-¿Y ahora cuál es nuestro plan, capitán?- Pregunta uno de los resisty.

-No lo sé.- Contesta Lard Nar caminando de un lado a otro de la habitación.

-¿Cómo que no sabes? ¡Tenes que pensar en algo!-

-¡Es lo que estoy intentando!- Protesta el vortian levantando con furia sus cuernos.

Pero antes que puedan seguir discutiendo la puerta se abre abruptamente y pronto ven la figura de aquella extraña criatura con pelo castaño sobre su cabeza.

-Deberían irse, las naves irkens vendrán pronto.- Anuncia Nad apartándose de la puerta para dejarles el paso libre para que escapen.

-¿Por qué debería creerte?- Pregunta Lard Nar acercándose a ella.

-Me da igual que me creas o no, el punto es que si te quedas acá vas a estar en serios problemas, vortian.-

Al principio desconfían de sus palabras pero no tenían nada que perder, después de todo en algo tenía razón, quedarse allí era una muerte segura, a manos de unos enemigos tan sanguinarios como los irkens, así que se alejan corriendo por el pasillo para perderse de la vista de Nad.

Las naves arriban poco después trayendo consigo soldados irkens y guardias carceleros de la prisión de Vort para llevarse a los rebeldes. El invasor Larb es quien les muestra el lugar donde tenían a los prisioneros con una gran sonrisa orgullosa.

-Buen trabajo, invasor, ahora nosotros nos encargaremos de ellos.- Dice el jefe de los guardias dando la orden para que sus soldados entren a la habitación para esposar y llevarse a los resisty.

-Lo sé… lo sé…- Responde con su pecho inflado y sus antenas paradas.

-No hiciste nada… si no fuera por Nad nosotros…- Comenta Tenn acercándose a él.

-¡Ey! No voy a admitir que caí tan bajo como para necesitar la ayuda de esa apestosa humana.- Susurra entre dientes para que nadie lo escuche.

-¡Los prisioneros no están!- Anuncia severa la voz de uno de los soldados entrando nuevamente a la sala de mandos.

-¡¿Q-Qué? ¡No puede ser! ¡Tienen que estar allí!-Grita indignado el irken.

-Si esto es una broma invasor le advierto que…- Continúa con severidad el soldado poniéndose enfrente de Larb.

-¡Encontramos a uno!- Se escucha el grito de uno de los soldados que viene seguido de otro más fortachón que trae arrastrando a Lard Nar arrojándolo violentamente al suelo frente a ellos.-Parece que sus amiguitos de la resistencia lo dejaron "olvidado" cuando escaparon.-

-¿Ahora no te haces el valiente, vortian?- Pregunta el irken jefe con una sonrisa burlona acercándose al vortian que aún se encontraba tendido en el suelo.

-¡Me las van pagar malditos irkens!- Grita poniéndose de pie violentamente frente a aquel irken.

-Eso está por verse…. Llévenlo nuevamente a prisión.- Ordena a los guardias que sujetaban al enfurecido vortian. -Seguramente extraña su planeta.-

Los guardias obedecen la orden con gran satisfacción llevando al vortian a golpes hasta donde estaba el puente con la nave de prisioneros que se encargaría de transportar al rebelde nuevamente a la prisión de alta seguridad de Vort.

-¡No lo lastimen!- Grita la voz herida de Nad corriendo tras los guaridas que llevaban de forma tan violenta a Lard Nar.

-Es un vortian.- Dice uno de los altos guardias con un tono despectivo en la voz.

-¡No me importa que sea! ¡No lo lastimen y ya!- Continua plantándose firme.

Mientras los irkens ríen por los ridículos pedidos de aquella extraña criatura, Lard Nar la mira confundido preguntándose por que se preocupaba por el después de todo eran enemigos en bandos contrarios.

Nad se encontraba caminando taciturna por los pasillos de la prisión de Vort, una vez más de regreso al trabajo luego de haber cumplido su periodo de entrenamiento especial por orden de los altos, pero ahora lo único que ocupaba sus pensamientos era que después de una semana desde el incidente con los resisty, no había sabido nada de aquel vortian que lideraba al grupo, y por más que intentaba averiguar que había sido de él, los irkens se encargaban de ocultar aquella información, como hacían con todos aquellos prisioneros rebeldes antes terminar definitivamente con ellos.

Sacudió suavemente su cabeza para no pensar en ello, sabía que ese vortian era un prisionero importante para los irkens, no irían a matarlo así como así sin sacarle información importante sobre su resistencia, así que aquella posibilidad de que aún lo mantuvieran vivo a pesar de los tratos que podría haber sufrido la alentaban a continuar buscando información, y sabía que si no la encontraba entonces debería ir a buscarla ella misma.

Por eso fue que disimulando que cumplía con sus tareas habituales siguió a uno de los irkens que se encargaba de los prisioneros hasta una de las puertas que anunciaba "Solo personal autorizado", este se para frente a la puerta haciendo salir un cable de su pak que se conecta al identificador, abriéndose rápidamente, sin pensarlo dos veces salta de su escondite propinándole el golpe justo haciendo que este caiga desmayado, toma el cuerpo pesado del guardia llevándolo hasta un costado del pasillo donde quedara fuera de la vista.

Al entrar al lugar descubre un largo pasillo color cemento con sus tuberías y cables totalmente expuestos, colgando del techo, seguramente era una parte que nunca que se termino de construir en la prisión, después de todo fue una obra de gran rapidez, apenas conquistaron Vort encarcelaron a sus nuevos prisioneros en precarias celdas improvisadas donde apenas había lugar siquiera para sentarse, y pasaron a destruir todas las construcciones vortians en el centro de la cuidad donde pronto comenzaría la construcción de aquella prisión de alta seguridad.

Camino por el pasillo donde se veían puertas totalmente oxidadas hechas de un grueso acero y apenas una diminuta ventanita con rejas. No sabía quien se encontraba detrás de aquellas puertas o que irían a guardar allí pero ciertamente no le producía una buena sensación.

-Invasora Nad.- La llama una profunda voz haciendo que la pobre chica se estremezca del susto.

-General.- Dice Nad volteando a ver a aquel irken, sintiendo como su corazón aún latía agitado por el susto.-Señor, puedo explicarle que hago acá…-

-No es necesario, invasora, ya estoy al tanto que vino a interrogar al prisionero.-

-¿El prisionero? Ah… si, si, para eso vengo.-

El general irken le hace una seña a la humana para que esta lo siga por el pasillo que goteaba humedad desde el techo haciendo pequeños charcos en el piso.

-Se que estuvo con los demás invasores cuando estos rebeldes se aparecieron y gracias a su astucia lograron ser liberados, la felicito por eso, invasora.-

-Gracias, señor pero…- Dice algo incomoda la chica esquivando los charco de agua mientras seguía a su general.

-Desde hace una semana tenemos al prisionero que se niega a hablar, otros invasores ya intentaron hacer su trabajo pero no dio resultado, es uno de estos rebeldes duros.- Continua con una sonrisa complacida por eso, después de todo los prisioneros que más se negaban a hablar eran con los que más se divertía.- Quizás usted, invasora, pueda ayudarme con el… después de todo es mi último recurso antes que colme mi paciencia y termine deshaciéndome de el.-

-B-bien…- Contesta la chica sin estar bien segura de todo lo que le decía aquel irken.

Al llegar hasta una de las gruesas puertas el general le hace una seña a dos guardias que allí lo esperaban portando sus armas, para que estos pronto le sedan el paso a aquella celda totalmente decadente llena de olor a humedad y sus paredes completamente manchadas de manchas de oxido y otra sustancia que parecía ser sangre pero lo que vio en medio de aquella habitación la horrorizo más, allí tendido en el piso totalmente herido en medio de un charco de sangre gris se encontraba aquel vortian, líder de la resistencia.

-Levantate, vortian.- Ordena el general parándose frente a el.

El herido vortian obedece antes de ser golpeado nuevamente por desobedecer a al general, pero por más que intentaba no podía hacerlo, su lastimado cuerpo no tenía fuerzas suficiente para mantener su peso sobre aquellas dos piernas curvadas totalmente heridas con quemaduras y manchadas de sangre, los días enteros sin haber probado agua ni alimentos se hacían evidentes, y eran quizás la peor tortura cuando su estómago vacío rugía o su lengua seca relamía sus labios al ver como aquello crueles carceleros se deleitaban con sus bocadillos y refrescos frente a él.

El irken reacio a perder tiempo en los prisioneros logra hacerlo ponerse de pie propinando unos cuantos golpes más.

-No era tan difícil ¿verdad?- Se burla de el.

Nad miraba atónita a aquel vortian, sintiendo un nudo en su estómago al verlo así, con su delgado cuerpo cubierto de cicatrices y quemaduras de distintos grados, que se veían a través de sus ropas desgarradas, gruesas y finas, profundas hasta llegar al hueso y otras superficiales como cortes de papel, que correspondían al calibre de algunas armas irkens que ella conocía, muchas de ellas aún sangraban otras solo quedaban vestigios de la sangre seca sobre su piel.

-Me parece que deberías pedirle perdón a la señorita después de todo vos y tu grupito de resisty les causaron bastantes problemas a los invasores.- Continua riendo para luego patearlo con fuerza en sus piernas totalmente débiles.- ¡De rodillas!-

El irken solo ríe histéricamente disfrutado de tener así a su enemigo vortian, de rodillas ante el mientras aplastaba con su pie su cabeza contra el suelo, escuchando sus quejidos e intensos insultos en su lengua natal vortian.

-No es tan divertido estar del otro lado ¿no?- Ríe el general al escuchar los quejidos de su indefensa víctima.

Hasta que repentinamente es empujado con fuerza haciendo que se aparte de Lard Nar.

-¡Basta!- Grita indignada poniéndose entre el enfurecido irken que la miraba incrédulo por su arrebato y el indefenso Lard Nar que aún se encontraba adolorido en el suelo.

-Invasora espero que tenga una buena razón para esto.- Reprocha enfurecido el general.

Nad se queda callada haciéndose a misma pregunta, sabía de las atrocidades que hacían los irkens, de los miles de rebeldes que habían muerto a sus manos por causa de su revolución, y sin embargo había algo en aquel vortian que aún sin conocerlo hacían que se preocupe por el.

-Eso pensé… ¡ahora apártese!-

-No….- Alcanza a decir con una voz suave por su miedo a resistirse.

-¿Que?- Pregunta alzando sus antenas ante aquella desobediencia.- Sabe lo que le pasa a los que se resisten ¿verdad, invasora?

-Lo se…-

-Entonces…-

-No me voy a mover…- Dice con un miedo notable pero mirando desafiante al general.

El irken asiente para luego llamar a sus dos subalternos que se encontraban custodiando la puerta desde afuera.

-Vamos a divertirnos un rato, soldados.-

Ambos irkens, más bajos que el general se miran entre sí para luego sonreír con malicia.

Mientras uno de los fortachones guardias sujetaba con fuerza a Nad de sus brazos, tanto el otro guardia como el general se encargaban de darle una feroz paliza a Lard Nar que lo único que podía hacer era cubrirse de los goles y patadas que le llovían de todos lados. Nad gritaba e insultaba a los irkens con una furia tal por ver aquella horrenda imagen sintiendo la impotencia de no poder hacer nada para ayudarlo.

-Aún sigue respirando.- Se burla uno de los guardias entre jadeos recuperando el aire después de agitarse por estar usando a Lard Nar como pelota de fútbol.

-Es de los resistentes.- Agrega el general igual de agitado por el esfuerzo que llevaba torturar a su víctima.- Acabemos con esto.- Dice tomando una barra de metal que encontraba en el suelo.

-¡No!- Grita Nad.

-No hay nada que puedas hacer humana.- Contesta el general volteando mientras se acercaba a Lard Nar.

-No, no es eso…-

-Entonces ¿qué?-

-Yo lo hago.- Responde Nad bajando su mirada.

-Pensé que querías salvarlo.-

-Pero ¿vale la pena? Digo… mire como esta, mejor ahorrémosle sufrimiento.- Dice con una mirada cómplice a su superior.

Al principio mira a la joven invasora algo intrigado pero luego solo cede entregándole en mano aquella barra de metal para que se encargara del prisionero.

-Así se habla invasora.- Dice con una maléfica sonrisa.

Nad toma la barra poniéndose de pie frente al indefenso Lard Nar que se encontraba tendido en el suelo empapado en un charco de su propia sangre gris, el solo levanta su vista mirando como la chica se preparaba para efectuar el golpe final, pensando que todo se había acabado para el. Ella levanta la barra de metal tomando impulso para luego efectuar un golpe en seco, pero no es a Lard Nar a quien golpea, sino al general irken que se encontraba a lado de ella, cayendo doblado al piso tomándose su vientre.

-Maldita humana traidora.- Se queja entre dientes.- ¡Atrápenla!-

Los otros dos irkens se lanzan contra ella comenzando a pelear cuerpo a cuerpo, Nad usaba la barra de metal como su arma defendiéndose y propinando golpes a sus agresores.

-¡¿Qué acaso tengo que hacerlo todo yo?- Dice con gran furia el general para luego lanzarse también a la pelea al ver que sus hombres fueron reducidos con gran facilidad por la chica.

Nad también comienza a luchar con aquel irken aunque este era un oponente más difícil recibiendo también varios golpes de su parte, hasta que en un momento el logra tener total control de la pelea propinando una seguidilla de golpes a la humana, haciéndola caer al suelo algo herida y sacándole su arma.

-Ahora morirás como una traidora más.- Dice acercándose a ella empuñando nuevamente aquella barra de metal para matarla de la misma forma que luego pensaba matar a aquel otro resisty.

Pero antes de que pudiera efectuar el golpe siente algo que se aferra a su pierna y lo hace caer estrepitosamente al suelo, al volver su mirada descubre que era el moribundo vortian. Lleno de ira por frustrar su ataque le da una fuerte patada haciendo que se suelte de su pierna y caiga inconsciente a unos metros de distancia. Mientras Nad aprovecha la oportunidad dada para atacar al irken haciendo uso nuevamente de la barra de metal para asestarle un gran golpe dejándolo noqueado en el piso.

La chica se pone de pie algo adolorida tomándose el costado de su cuerpo donde había sido golpeada mirando la imagen de los irkens desmayados hasta que un ruido la hace voltear con gran temor, era el ruido de un comunicador.

-Necesito refuerzos en el área 951, la invasora Nad causando problemas con….- Anuncia por el guardia.

En solo segundos antes de que pueda terminar de transmitir el mensaje Nad se abalanza sobre el irken haciéndolo caer inconsciente pero al escuchar la afirmación de la voz de aquella persona que se encontraba del otro lado del comunicador sabía que debía escapar de allí lo más rápido posible.

Toma a Lard Nar que aún se encontraba inconsciente cargándolo sobre su espalda para luego salir corriendo por aquel pasillo hacia la puerta desde donde había entrado, afortunadamente había sido más rápida que el control de seguridad y al estar tanto tiempo trabajando en la prisión sabia de bastantes vías de escape alternativas.

Sheld salía de su turno en la prisión llevando su bolso consigo donde guardaba su uniforme y pertenencias, caminando por el estacionamiento de naves hasta llegar a una nave negra con vidrios polarizados ubicada justo en el fondo, mira a todos lados asegurándose que nadie lo seguía ni nadie lo viera para luego acercarse y dar tres golpecitos en el vidrio.

-Tengo lo que me pediste.- Dice abriendo su bolso apenas se abre el vidrio polarizado.

-Genial.- Contesta Nad tomando el contenido para guardarlo en una pequeña bolsa.

El irken sigue mirando incómodo los alrededores con sus antenas paradas para escuchar hasta el más mínimo sonido mientras Nad termina de cargar aquellas provisiones y pone nuevamente en marcha la nave.

-Gracias, Sheld.- Dice finalmente la humana volviendo a ocultarse dentro de la nave.-Podrías encargarte de….-

-No te preocupes, Nad, yo me encargo de cubrirte.- Dice con una sonrisa amistosa para su amiga.- Solo te pido que te cuides mucho, acá están como locos buscándote.-

-No te preocupes… No me encontraran.- Responde con la misma sonrisa para luego despegar en su nave dejando a Sheld nuevamente solo en el estacionamiento.

Condujo su nave a toda velocidad no queriendo perder más tiempo, alejándose del planeta Vort para luego para por ese agujero de gusano que la transporta a una lejana distancia de donde el Imperio realizaba sus movimientos. Se acerca con cuidado asegurándose de no ser seguida por nadie hasta aquella estación espacial en desuso, de los tiempos de la alteza Miyuki cundo aún los vortian e irkens eran aliados.

Adentro era un completo desastre, piezas de metal desparramas por todo el piso junto a los cables que colgaban de techo, todo cubierto de capas y capas de polvo espacial que indicaba que desde hace mucho tiempo nadie se había aparecido por allí.

Camino con paso apurado después de cerrar la puerta del hangar donde había dejado estacionada su nave, hasta subir unas pequeñas escaleras y dirigirse a uno de los tantos pasillos desde donde se podía apreciar un pequeño destello de luz que resultaba ser ni más ni menos que la tenue luz de unas cuantas velas que alumbraban aquel cuarto, donde en una improvisada cama hecha con trapos, mantas y sabanas descansaba Lard Nar.

-Ya llegue.- Dice con suavidad dejando a un lado su bolsa.

El vortian gris abre con lentitud sus ojos viendo como ella luego se dispone a sacar su contenido, montones de medicamentos vortians, con aún el sello de la prisión de Vort, vendas, gasas y alimentos. Luego se acerca a él cambiando el paño frio que había dejado en su frente, le preocupaba bastante que la fiebre no estaba cediendo a pesar que ya habían pasado tres días, sus heridas se habían infectado y eso era muy malo para su deplorable estado.

-Te conseguí algo de antibióticos vortians para bajar de una vez esa fiebre.- Comenta viendo la prescripción del pequeño frasco con pastillas.

-No pienso tomar nada de eso.- Contesta Lard Nar con voz débil.

-Pero te va a hacer bien.- Continua la humana acercándole una pastilla junto a una botella de agua.

-¿Por qué debería confiar en vos?- Pregunta apartando su rostro.

-Porque es lo único que te va a ayudar a bajar la fiebre por las infecciones que tenes.- Explica nuevamente acercándole el medicamento.

-Olvídalo.-

-Mira, no arriesgue mi trasero volviendo a la prisión a buscarte estos medicamentos en vano, así que si no te los tomas a las buenas, yo me encargo que te los tomes a las malas.- Dice con vos firme acercándole por última vez aquella pastilla junto al agua.

Lard Nar la mira confundido y algo dudoso, es verdad que se había arriesgado demasiado para conseguir esa medicación y de todos modos en el estado que estaba no tenía nada que perder, así que accedió tomando aquella medicación para luego recostarse nuevamente en su improvisada cama mientras la humana se encargaba nuevamente de cambiar su paño frio, sintiendo el alivio temporáneo de aquella agua fresca en su frente ardiendo.

Pronto queda dormido sumergido en medio de aquel dolor que consumía su cuerpo teniendo sus recurrentes pesadillas sobre la invasión de su planeta, su tripulación traicionándolo y las miles de torturas que había sufrido por no querer delatarlos.

Los días pasaron y para sorpresa de Lard Nar iba mejorando gracias a los medicamentos que Nad había traído para él, sus heridas cicatrizaban con bastante rapidez aunque no tanto las de Nad, como era humana su cuerpo tardaba un poco más en curar las heridas que había recibido en aquel enfrentamiento.

-¡Auch! ¡¿No podrías ser más cuidadosa?- Protesta Lard Nar.

-Ya casi termino.- Responde Nad, concentrada en quitar los últimos puntos de una de sus heridas.

A pesar de no tener estómago suficiente para ello tuvo que enfrentar el hecho de tener que poner ella misma aquellos puntos en las heridas del vortian, mientras Sheld le daba las instrucciones a través del comunicador de cómo suturar aquellas heridas, como limpiarlas y desinfectarlas, y ahora le había dado un curso detallado de cómo retirar los pequeños y algo desprolijos puntos quirúrgicos.

-Ya termine.- Dice sacando el último punto para luego poner una gasa encima de aquella cicatriz.

-Finalmente…- Responde algo malhumorado el vortian.

-Sos tan quejoso…- Continua Nad recogiendo su improvisado equipo médico, robado de la prisión de Vort.

-Y vos tan insoportable…- Contesta viendo la venda sobre su hombro.

-ey… no estarías acá si no fuera por mi.- Reprocha con algo de enojo la humana.

-Es verdad… no estaría así si no fuera por tu culpa.- Dice mostrándole su cuerpo lleno de vendas, gasas y cicatrices.

-¿Mi culpa?- Dice con un gran tono de indignación.

-¡Si tuya y de tu imperio! Ustedes arruinaron mi vida y la de todos los vortians, ¿y ahora pretendes hacerte la buena conmigo? ¿Cuál es tu plan? ¿Mejorarme para luego usarme? ¿Esclavizarme?- Continua en tono acusador alzando sus cuernos.

-¿No pude haberlo hecho solo para ayudarte?- Pregunta Nad mientras ordena sus cosas.

-¡No! ¡Porque ustedes son iguales! ¡Matando y esclavizando a otro seres sin importarles nada más que ustedes!-

- Yo no soy así.-

- No... ¡Vos sos una hipócrita! decís que no sos así pero seguís sus órdenes.-

-¿Cuál es tu problema?-

-¡Vos sos mi problema!-

Se produce un incomodo silencio mientras la voz de Lard Nar retumba por las vacías habitaciones y pasillos de aquella estación espacial en desuso, Nad solo se queda mirándolo atónita por sus palabras sin saber que responder ante aquello.

Lard Nar se vuelve a acomodar incómodo en su cama volteando hacia el otro lado cuando escucha esos leves sollozos de detrás de él, volteando nuevamente para descubrir a la joven sollozando.

-¿Q-qué? No… no, no… espera no llores…- Dice incomodo solo haciendo que la chica continua llorando más.

El quedo en silencio sin saber que decir, mientras la humana descargaba aquella frustración en llanto, aunque estaba de mal humor nunca quiso que eso pasara, nunca hubiera querido hacer llorar a una mujer. Pero por más que intentaba arreglar aquella situación solo lograba empeorarla más y más hasta el punto que finalmente Nad no resiste el impulso de irse de aquella habitación corriendo por los pasillos.

Le era tan frustrante el hecho de que el no pudiera reconocer su ayuda o aun peor, que la compare con ese Imperio al que ahora estaba empezando a cuestionar, sus pasos sin dirección la llevan a una de las áreas de maquinarias en la planta baja de la estación.

-No fue buena idea salvarlo, ¿Verdad?- Dice una profunda voz que la distrae de sus pensamientos.

La joven voltea enfrentándose nuevamente con su general el cual aprovecha la incredulidad de la chica para asestarle un fuerte golpe haciendo que golpee violentamente contra una de las paredes dejando una nube de polvo en el ambiente.

-Desobedeciste mis órdenes, atacaste a un general, salvase a un rebelde y traicionaste al Imperio… ahora tendré que matarte.- Dice el general irken acercándose a ella para luego tomarla con su enorme mano de su cuello.- Lastima… eras una de mis favoritas….-

La humana comienza a arrojar golpes y paratas para intentar zafarse pero la realidad es que estaba indefensa y asustada en las manos de aquel irken que comienza a asfixiarla con una sonrisa macabra, finalmente siente como sus extremidades se hacen más pesadas y débiles por la falta de aire sabiendo que en un momento quizás ya no podría pelear más, cuando repentinamente se aparece una cegadora luz que arremete contra los irkens haciéndolos caer desparramados por el suelo, Nad rueda unos metro lejos de ellos tosiendo fuertemente mientras se toma el cuello y toma grandes bocanadas de aire fresco. Luego voltea sobre su hombro para descubrir que aquel destello salvador fue nada menos que su propio voot cruiser, su puerta se abre dejando ver a quien conducía.

-¿Qué estas esperando? ¡Subite de una vez!- Grita Lard Nar desde el interior.

Nad no espera un segundo más y corre dentro del voot cruiser, Lard Nar lo pone nuevamente en marcha hacia el espacio huyendo con prisa de aquel lugar antes que los irkens pudieran seguirlos.

-Parece que no nos siguen.- Dice Nad mirando por la ventanilla.

-Esos malditos irkens… ¿cómo es que nos encontraron?- Gruñe Lard Nar aún manejando los controles de la nave.

-Supongo que habrán seguido la señal de mi voot hasta la estación abandonada.- Resuelve ella nuevamente acomodándose en la comodidad de su nave.

Lard Nar frunce levemente el ceño pensando en lo descuidada que fue por eso y Nad bajo su mirada apenada imaginando en que podía estar pensando él.

-Gracias…. Por salvarme….- Dice la humana con suavidad y un leve sonrojo mirando hacia un costado.

-Ahora estamos a mano…- Dice simplemente el vortian sin quitar su mirada del vasto espacio exterior.

Pero la chica no se da por vencido y sin dudarlo se lanza sobre el extraterrestre gris abrazándolo con simpatía, esto hace que Lard Nar intente zafarse de los brazos de Nad protestando y forcejeando ambos sobre los controles del voot como si fueran dos niños pequeños, haciendo que el vehículo zigzagueara peligroso por entre pequeñas rocas espaciales, finalmente se separan del abrazo mirándose ambos confundidos y sonrojados.

-Si te salve es porque te devolví el favor… nunca me vas a caer bien, humana.- Dice mirando con un leve sonrojo a Nad.

-Vos tampoco me vas a caer bien, vortian.- Responde Nad viéndolo con el mismo sonrojo.

Para ese entonces Lard Nar ya se había bajado de su silla de mando después de contar aquellos acontecimientos que se sucedieron unos años atrás, ese lejano y extraño pasado cuando se conoció con Nad, aún le dolía saber de la crueldad de algunas de sus palabras hacia ella o aún peor no podía perdonarse el hecho de haberla hecho llorar años atrás cuando ahora daría su propia vida para que ella nunca tuviera que llorar.

Al salir de la sala de mandos de la nave hacia el pasillo ve la figura de Nad que se encontraba apoyada contra una de las paredes del corredor escuchando su relato con una gran sonrisa.

-Nad…- Dice alanzado con algo de sorpresa sus cuernos, no esperando verla allí.

-Hola Lardi…- Responde simplemente levantando su mirada para encontrarse con sus ojos color miel.

-¿E-estas bien? Digo… después de… bueno… yo…. No quise gritarte y…- Tartamudea algo temeroso rascándose la cabeza apenado.

-Si…- Dice ella con suavidad.

-Entonces… ¿Estamos bien?-

-Nunca estuvimos mal.-

Al decir esto Nad vuelve a refugiarse en los brazos de su vortian, ese vortian al que tanto amaba y no se atrevía a decírselo, deseando poder perderse para siempre en aquellos brazos que la contenía.

-Nunca me vas a caer bien…- Repite aquellas palabras en forma de broma sonriendo con una amplia sonrisa.

-¿Quién fue el tonto que dijo esas palabras?- Contesta con la misma sonrisa apoyando su cabeza sobre los cabellos de Nad, perdiéndose en su dulce aroma.

Continuara...