Capitulo 7
-"Tenemos que hablar Leo…"-
-"¡Ami!"
La chica no pudo evitar sonreír ante la expresión de felicidad que le mostro el de azul al reconocerla. Por lo menos su alegría no se había disipado.
Leonardo por su parte no solo está feliz de escuchar su voz. Si no que no puede dejar de sonreír al poder ver aquellos dos puntos de colores. No le ve el rostro. Pero algo es algo. Por lo que sin consultarle primero a su cabeza si está bien o no lo que hace, avanza un poco más, quedando muy cerca de la niña. Lo que intenta después, hasta a Ami le sorprende.
El de azul con una de sus manos avanza ciegamente hacia uno de los ojos de la niña, la cual se queda quieta al ver la temblorosa mano acercándose. Lo que desea el de añil no es tocarle uno de sus ojos, y menos aun hacerle daño. Usando la pequeña luz como guía intenta llegar al cabello de la chica. El ángel notando lo que desea, toma la temblorosa mano entre las suyas, mucho más pequeñas que las de la tortuga. Y termina por guiarlo hasta la base de su cabeza. Iba algo perdido. Pero lo intento. Para la chica eso es un logro esplendido.
Una vez Leo siente sobre su palma la suave cabellera de su amiga, sonríe abiertamente. Era tan suave como se lo había imaginado. La vergüenza que sentía la primera vez que la vio, luego de tantos años ah desaparecido. Ellos siempre han sido amigos. Solo tenía que recordarlo.
Luego de unos segundos Ami le saluda, aun con la mano de su joven amigo sobre su pequeña cabeza.
-"Hola Leo, ah pasado un poco de tiempo pero aquí me tienes ¿cómo te encuentras?"-
La voz es algo infantil, pero bastante acogedora. Como el de una mamá pequeña. Leonardo no puede estar más feliz de que siga teniendo esa figura de niña. Después de todo es la única forma en la que puede recordarla. Retirando su mano del pelo de la chica contesta la pregunta.
-"Pues…supongo que no muy bien"- suspiro derrotado el joven líder. No sacaba nada con tratar de mentir, no podía negar que se sentía poco menos que devastado.
La niña lo mira fijamente sin que este lo note. Y contesta con algo de molestia en su voz.
-"lo sé…"-
Ami se encontraba en una posición difícil. Estaba muy triste. Y a la vez muy molesta. Por no decir que hervía de furia. Estaba enojada nuevamente con quien no debía y no podía evitarlo.
Sabía que las decisiones no las tomaba ella, sus funciones se regían solamente a obedecer. Le habían dejado en claro una vez se hayo frene a sus superiores, que debía mostrarse agradecida solo con el hecho de que le dieran a Leo otra oportunidad. Una cosa así no se le entregaba a cualquier mortal. Pero para ella Leo no era un mortal cualquiera. Su existencia era la prueba irrefutable de que la humanidad no estaba tan corrompida o muerta. Quizá no era propiamente un humano, pero era lo más parecido a como debería ser uno. Leo era alguien especial, eso nadie lograría sacárselo de la cabeza. El problema es que el destino les estaba jugando chueco a ambos. Quitarle la vista a su joven protegido había sido un acto que consideraba bastante cruel. Pero también entendía que era por el bien de Leo. Se lo habían explicado. Tenía que entender. El inconveniente en su caso, no era en ese sentimiento inmoral y poco ético del enojo. El problema es que no debía exteriorizarlo. Debía ser neutra. Fría. Igual que la vez anterior. Ella era un ángel. Un ser que debía ser capaz de controlar de la manera más lógica cualquier situación. Un ser que no debía mostrar emociones. Para los ángeles en general se les hacia fácil esa tarea. A ella se le izo fácil la tarea con todos los protegidos que tuvo. Se le había entrenado para ello. Pero el chico en cuestión era diferente. El solo hecho de mirarlo la hacía recordar cosas demasiado añejas para su gusto. No podía evitarlo. No podía actuar de la manera apropiada frente a Leonardo. Controlar su verdadero sentir era un reto enorme. Un reto que poco a poco perdía. Ahora ella debería guiarlo por un camino angosto, lleno de baches; y realmente no estaba muy segura de poder mantener el perfil bajo y paciente que había mantenido durante toda su vida celestial. Se le aria difícil. Pero no imposible. Intentaría. El tiempo le diría más tarde si había obrado bien. Ahora tenía que estabilizar al chico. Agitando su cabeza de un lado a otro trato de despejar sus ideas.
Poco tiempo. Mucha información. Tenía que ser rápida
-"Leo, tengo que informarte bien de lo que ah pasado ¿quieres escucharme?"-
El mayor no pudo sino sorprenderse de la extraña pregunta. Pero antes de poder decirle algo a su amiga; esta comenzó ah explicarle.
-"si tu no deseas escuchar algo, yo no puedo obligarte a que lo hagas. Mi deber es estar contigo. Pero tu deber no es ponerme atención. Puedes tomar lo que te digo. O ignorarlo. Eso es decisión tuya, yo no puedo objetar nada."
Leonardo guardo silencio frente a las frías palabras de su acompañante. Era muy extraño. Cuando la sintió llegar había sentido algo más que simple neutralidad. Y eso le había gustado. Había podido sentir algo además de su fuerte presencia. Un sentimiento de cansancio y tristeza le llego. Pero ahora sentía de nuevo como algo le impedía ver más allá. ¿Es que estaba enojada con él? ¿Había hecho algo malo?
-"Leo no estoy enojada contigo, no has hecho nada malo, no es algo que tú o yo podamos controlar"- dice de manera más normal.-"no quiero ser brusca, lo lamento"
Por toda respuesta el de ojos azules bajo la mirada pensativo, y antes de que Ami pueda preguntar, Leo comenzó ah hablarle, sin disimular ni un solo grado su molestia
-"¿Eso será normal entre nosotros?"
Ami procesa la pregunta. Pero al no entenderla solo puede responder con otra pregunta más. Totalmente descolocada
-"¿Eso?" "¿a qué te refieres?"-
-"A que te metas en mi mente sin mi permiso"- Termina por decir el líder cruzando los brazos.
La pelinegra no puede contenerse y comienza a reírse. Este mal. Lo sabe. Pero que se le va a hacer. Aquella extraña pose de berrinche que le ha mostrado es lo suficientemente graciosa como para que cualquiera se hubiera echado a reír. Su tristeza se esfuma un poco. Pero recordando que ante ella no tiene solo a un niño sino a fuerte guerrero retoma su postura. Pero es algo tarde. Leo se ve bastante molesto. Quizá no ha podido ver como se ríe, pero haberla escuchado fue más que suficiente. La chica sonríe. Lo conoce desde hace tanto que sabe que debe hacer.
-"Leo, quizá quieras sentarte"-
El de añil mantiene su postura unos segundos más antes de suspirar y bajar los brazos. Pero antes de que intente tantear el piso con las manos, Ami tomándole una de ellas le ayuda a sentarse. Una vez que la chica ya lo ve cómodamente sentado comienza ah hablar
-"Entiendo muy bien que te moleste que entre en tu mente Leo, pero esta acción en parte es para ayudarte"
Leonardo escucha atentamente. Tratando de no emitir un juicio apresurado o de detener abruptamente sus palabras. Pero no importa lo que le diga la chica, la idea de meterse en pensamientos ajenos, sigue siendo de mala educación. No puede evitar querer enojarse con los dos pequeños puntos de colores.
La chica suspira cansada y termina por sentarse frente a él y comienza ah hablar, esta vez no como ángel. No como un guardián hacia su protegido. Le habla como Ami. Como su tierna amiga de la infancia.
-"Yo no siempre pude leerte la mente Leo, eso lo adquirí con el tiempo. Veras, cuando eras pequeños, a pesar de ser siempre un chico obediente, tu siempre fuiste risueño y hablador. Decías lo que pensabas y lo que te molestaba. Pero al crecer, las responsabilidades impuestas por tu padre lograron esconder ese lado de ti. Te volviste reservado y cada vez me costaba más saber, qué es lo que pensaba esa extraña cabeza tuya y por lo mismo no podía ayudarte demasiado"-
El joven líder abre los ojos de manera inconsciente al escuchar esa parte de su vida. Una parte que había tenido que saber esconder para poder hacerle frente a todas sus responsabilidades. No pudo llorar mas frente a sus hermanos porque eso implicaba debilidad, y un líder no podía ser débil. No podía expresar enojo, debía ser tolerante y además mantener a raya todas sus emociones. Sin importar de donde vinieran estas. Cualquier falta de su parte implicaría un desastre. O por lo menos eso creía.
La chica prosiguió con su relato
-"Cuando cumpliste los 12 años se me entrego el don de poder leer tu mente. Tú lo consideraras molesto. Pero si no fuera por esa pequeña ventaja, yo jamás habría adivinado que intentarías acabar con tu vida. Cuando observe tus acciones ese día pensé que querrías hacerlo. Pero jamás creí que lo arias. Después de todos los jóvenes a tu edad piensan más de una vez en terminar con sus problemas de esa forma. Pero casi siempre renuncian por temor. Tu caso no fue así, y solo cuando leí tu mente pude confirmar que te suicidarías, sin importar lo que pasara"
Leo se queda un tanto helado luego de la pequeña confesión que se le ah echo. Entiende ahora sus razones. Pero la idea sigue sin gustarle. La chica dejando escapar una pequeña risa termina por resolver el asunto antes de que se complique más
-"Muy bien señor educación, esta es mi propuesta"- dice como si fuera una animadora y poniendo un dedo sobre la frente del chico- "si eres capaz de contestarme con sinceridad y de no guardarte tus comentarios frente a mí, yo no meteré más en tu mente. Solo cuando estés en tu mundo y yo no tenga otra manera mas de comunicarme contigo lo haré. Ese es el trato ¿Aceptas?"-
Leonardo mira hacia al frente. A los dos puntos verde y rojo frente a él. No está encantado con la idea. Pero viendo en ese aporte una mejor opción acepta asintiendo lentamente. Confía ciegamente en su pequeña guardiana.
Entonces como si hubieran querido limpiar los ojos de Leo, el chico observa atónito a su amiga. Sentada frente a él. Con su enorme camisón blanco. Con una sonrisa ladeada. Con el pelo algo revuelto por donde paso su mano. Sin manchones. Sin niebla. Ami brilla espantando a la temible oscuridad. Proyectando un pequeño círculo de blancura.
Leo esta vez no logra contenerse. Y sin medirse toma de los hombros a la chica, abrazándola instantáneamente. Sin poder creer que la ve. Que la tiene contra sí. Que su pelo negro se enreda entre sus dedos. Sus dedos algo lastimados por las batallas vividas. Sus dedos de color verde. La ve y también puede verse. No puede creerlo.
Ami se deja abrazar, sintiendo el corazón acelerado de Leo pegado contra su pecho. Ella no puede estar más feliz. Leo ha dado un paso gigantesco sin siquiera darse cuenta. Ha confiado. Ha confiado ciegamente en su persona. La felicidad la inunda, pero bien sabe que debe calmarse. Si se descontrola perderá el dominio del pequeño cuerpo que ha creado y volverá a su estado original. Un ángel. Un ser celestial que a pesar de inspirar paz inspira temor. No puede permitirse ese error. Por lo que deja que Leo la abrace tan fuerte como desee, mientras ella se calma.
El de bandana azul no puede evitar creer que todo es un sueño. No quiere ilusionarse. Pero lo que siente, al darse cuenta de que ha podido ver a la chica es demasiado grande como para contenerlo y aprieta un poco más a Ami contra sí.
La niña no se queja. Quizá si fuera humana le hubiera roto un par de costillas. O le hubiera dificultado enormemente el acto de respirar. Pero para Ami ninguna de esas cosas importa. Hace mucho tiempo que ella no sabe lo que es respirar de verdad.
Luego de unos minutos la chica siente que ya es hora de decirle la verdad a Leo por fuerte y ruda que parezca. Además el tiempo que le queda es muy poco. Si no se da prisa tendrá que atenerse a las consecuencias. Por lo que acariciándole la cabeza a Leo trata de demostrarle que todo está bien y que ya debe soltarle.
El de añil al sentir el suave tacto sobre su cabeza reacciona inmediatamente. Dándose cuenta de lo fuerte que tiene cerrados los brazos en torno a su amiga. Por lo que apenado enseguida la suelta. Sorprendido además de no haberla partido a la mitad.
La niña dándose cuenta de la preocupación que refleja el rostro de su amigo, sonríe para tranquilizarlo. Aun así, el chico se disculpa.
-"lo lamento…no quise…o sea si quise, es más lo hice… pero no fue mi intención..."
-"Leo"- le corta tajante mientras le mira- "todo está bien, no me has herido, tranquilo"
Leonardo más tranquilo también se relaja. Pero enseguida pregunta, ansioso, y preocupado de la respuesta
-"¿Ahora volveré a ver? ¿Veré a mis hermanos cuando vuelva?"
La felicidad que entonces tiene se esfuma al ver la cara de su amiga. La cual niega lentamente. Leo no entiende. Y por lo tanto busca en la mirada de la chica una explicación. Pero la niña lo mira fijamente sin decirle nada. Los minutos pasan y un silencio incomodo inunda el ambiente. La chica sin ninguna intención de hablarle, comienza a jugar con las puntas de su cabello, totalmente concentrada. El de azul entonces recuerda avergonzado que prometió decirle como se sentía, y lo que pensaba. Ella prometió que no se metería más en su mente. Por lo tanto no puede contestarle su muda pregunta como antes. Entendiendo entonces el problema, comienza el dialogo
-"¿Entonces cómo es que puedo verte?"- pregunta sonrojado
La niña sonríe abiertamente ante la pregunta mientras deja caer su cabello hacia atrás. Su protegido al fin se había dado cuenta. Pero en vez de responderle a secas su pregunta le contesta con otra más.
-"¿Quieres escuchar toda la información?"-
El chico asiente enseguida. Cansado de tantas vueltas.
-"Leo se te fue quitada la vista como pago para volver con tus hermanos. Pero aunque no lo creas, tus ojos si logran ver"
-"¡Eso no es verdad!"- interrumpe el de azul desesperado
-"si me dejas continuar, te explicare"- dice la chica, pacientemente.
Leo no sabe si quiere seguir escuchando. Ya las cosas no iniciaron bien. Le dicen que no ve pero que ve, ¿Qué clase de juego están jugando con su existencia? Le asusta saber lo que le depara el futuro. Pero picado por la curiosidad asiente y Ami sigue hablando
-"Tus ojos logran ver, pero tu no. Estos han sido separados de ti y por lo mismo tú no puedes controlar lo que ellos deseen expresar"- explica lo mejor que puede-"Por esa razón, lloras sin darte cuenta, o expresas lo que sientes a través de ellos. No te han quitado la vista literalmente Leo, lo que han hecho es quitarte el control sobre ellos"-
-"Pe…pero ¿Por qué?" – pregunta sorprendido y alarmado
-"No sé si te abras dado cuenta, pero desde que despertaste no has podido hacer nada por ti mismo, y tampoco has podido controlar lo que sientes"."Eso es lo que se ha querido para ti"- admite resumiendo la guardiana- "Ellos desean que te vuelvas dependiente de tu familia"
-"¿¡ESTAN LOCOS!?"
Leonardo preso nuevamente de la desesperación se para enseguida al escuchar la última parte de su sentencia. No puede hacer nada solo y resulta que eso es lo que quieren que pase. ¿Es que acaso se volvieron locos? Él no puede depender de sus hermanos. Es al revés. Sus hermanos deben depender de él. Esa es la ley. El orden natural. Para Leo intentar cambiar eso era como tratar de girar leyes universales como la gravedad o querer transformar el mar en sopa. Dentro de su mente eso no puede pasar. El no puede andar de sentimental todo el día. Debe ser fuerte, sereno. Su familia no podía enterarse de cómo se sintiera cada minuto del día, eso debía permanecer en secreto. Sus sentimientos con respecto a algunas cosas eran un secreto. Él no podía andar llorando cada vez que Rapha le gritara algo o andar triste por la casa cada vez que se acabara su cereal sin azúcar. Eso solo preocuparía más a sus ya tristes hermanos. Era ilógico. Estúpido. Poco razonable. Ridículo. Imposible. No podía ser. No podía permitir tal cosa.
El ángel respira profundo, llenando de aire pulmones que no existen, tratando de relajarse inútilmente, mientras ve como el chico camina de un lado a otro frente a ella. Exhalando. Bufando el aire. Moviendo la boca sin articular palabra. Ya sabía que eso pasaría. Ella había reaccionado igual. Quizá un poco peor. Bueno. Bastante peor
Cuando le avisaron de todos los detalles quedo pasmada. Y aunque rogo de rodillas que el castigo fuera disminuido solo obtuvo un rotundo no por respuesta. Y una frase para nada alentadora. Después de todo, ella había roto las reglas. Se había comunicado con Leo cuando este jamás la llamo. Le había rogado que le dijera sus hermanos donde se encontraba y luego había ayudado a Donny a darse cuenta de lo que el chico intentaba hacer. Dos faltas graves. Que ella también debería pagar. Había intervenido no una sino dos veces. Y no conforme con eso, había decidido seguir metiendo los pies dentro del mismo balde de agua, dándole algo más de fuerza a Raphael cuando este al fin dio con su hermano; ayudándolo a correr. Pero no se arrepentía en absoluto. Y por esa misma razón no podían castigarla. Por lo menos no todavía. Ya que antes de hacerlo ella debía arrepentirse de corazón haber desobedecido. Pero muy por el contrario se sentía orgullosa de sus actos. Ayudaría a Leo aunque le costara su propio deseo. Aunque le costara perder.
Enfocando la vista nuevamente en el círculo blanco, siguió mirando a su afligido protegido. La tarea de hacer a Leo un ser dependiente de su familia era una tarea casi imposible de realizar. Lo sabía bien. El chico en cuestión no dejaría que le ayudaran. Trataría de resolver el asunto solo. Y se culparía de todo lo que no lograra. Más que una ayuda, Ami sentía que estaban empeorando la situación. Y maldecir o reclamar no arreglaría nada.
Por otra parte había observado que los hermanos de Leo parecían haber aprendido una o dos cosas de lo sucedido. La primera que su hermano no era de titanio indestructible, y la segunda de que él los amaba literalmente más que a su vida. Presenciar los cambios que estos había sufrido mientras el de azul estaba inconsciente habían sido gratos de ver. Ahora quedaba esperar que Leo creyera un poco en estos cambios. Lo cual tampoco sería tarea fácil. Un suspiro de su parte es todo lo que necesita para animarse a sí misma a continuar.
Leonardo por otro lado, cansado de moverse, había terminado por volver a sentarse. Abrumado con todo lo que pasaría. Realmente no podía hacer lo que pedían. Ami viendo que el chico ya había desahogado un poco su molestia volvió a acercársele. Y poniendo una mano sobre su cabeza en un gesto de comprensión comenzó a hablarle otra vez.
-"no todo es tan malo Leo…recuerda que no estás solo"-
-"Es fácil para ti decirlo…"
La chica comprime enseguida cualquier sentimiento de dolor que pueda surgir en ella. Como debe hacerlo. Como esperan que lo haga. Su deber y su obligación es ser fuerte. Pero las palabras duelen más que los golpes. Mordiéndose levemente el labio inferior concentra su cabeza. En este momento debe ser lógica. No sentimental. Pero su mente como vil traidora le recuerda enseguida su desgraciada posición. No es fácil. Jamás ha sido fácil. Por lo menos no para ella.
Entiende al chico, no solo por la razón de ser su protectora. Lo entiende y sabe que no es fácil. Sabe lo que es estar perdido. Sabe lo que es sentirse lastimado y asustado. Lo sabe, lo ha sentido. Pero no puede hacer otra cosa más que pedirle que entienda. Aunque su mente le grite otra cosa. En momentos así, tiene que ser lo que no tuvo en momentos de debilidad. Aunque su silencio le rompiera el alma en miles de partes desiguales. No podía decirle que sabía por lo que estaba pasando. Después de todo ella también cumplía un castigo. Un castigo eterno que terminaría por matarla dos veces.
El de añil notando el silencio en el que ha se ha sumergido la chica levanta la mirada otra vez, topándose con ambos ojos vidriosos. A punto de llorar. Leo sabe que uno de esos ojos corresponde a su propio interior. Pero tiene más que claro que el otro es totalmente propio de Ami. Sus palabras resuenan en su cabeza provocando un eco que va decayendo a medida que le llega el entendimiento. Reparando en lo que ha dicho trata de disculparse. Pero antes de hacerlo ve algo que se lo impide. El camisón de la pequeña niña está roto en la parte de abajo. Como mordido por una criatura salvaje. Y la manga derecha, desplazada por algún movimiento de la chica esconde un enorme rasguño. Tres garras rojas incrustadas en la carne blanca. Tres líneas enormes que rodean la piel en un podrido semicírculo perfecto. Una herida aun abierta de la cual no brota sangre, pero si la asquerosa esencia del miedo y el sudor. Leo no puede creerlo. Su guardiana ha sido herida. ¿Cómo era posible? ¿Es que un ser celestial también podía ser herido? ¿Y si era herido, podía morir?
La niña sumergida en sus amargos recuerdos no nota la escrutadora mirada que le dedica Leo hasta que es demasiado tarde. Golpea mentalmente su poco cuidado y en un movimiento rápido pero torpe trata de volver a cubrirse el brazo derecho con la manga de su camisón. La acción es tan mal efectuada que solo aumenta la curiosidad y la preocupación del joven quelonio. Quien solo atina a gritar alarmado
-"¡¿Qué te paso en el…?!"
Pero antes de poder continuar el sonido de un gruñido lejos de sus posiciones hace que calle abruptamente. La chica dándose vuelta pone atención. Olvidándose de la pregunta formulada a medias de Leonardo. Un gruñido más fuerte y gutural que el anterior, le indica que el tiempo ha llegado a su fin. Ahora las reglas han cambiado. La vida del chico está en sus manos. Por lo que tomando la cara de Leo entre sus dos manos comienza a hablar. Rápida pero calmadamente.
-"Aquí no puedo responder a tu pregunta. Debes irte, ahora"
Pero para Leonardo abandonar a su amiga luego de lo que ha visto no es ninguna opción. Un rugido más fuerte que el anterior se escucha. ¿Más fuerte o más cercano? Se pregunta el de azul. La chica sabiendo lo que se avecina se pone frente al chico, protectoramente. Y en esa posición se dirige hacia él. Esta vez no se molesta en ocultar su voz un tanto preocupada y dura.}
-"Leo tienes que irte, detrás de ti se abrirá un portal, en cuanto se abra salta, no te atrevas a mirar atrás"
Pero el chico no está dispuesto a marcharse. Algo ha herido a Ami. Y esa misma cosa puede que la vuelva a atacar. No puede irse. No puede abandonarla
El sonido de enormes pisadas se hace audible entonces para él. Algo enorme se acerca. Algo con dientes. Algo con garras. Algo que le inspira terror sin siquiera saber que es. Algo que logro herir a su ángel.
La chica no se mueve de su posición. Maldiciendo internamente el no haber dejado bien noqueada a esa cosa minutos atrás. La primera batalla que tuvo fue difícil. Y sabe que se hará más difícil entre más aplace toda la información que posee. Pero su protegido no está listo. No puede contarle la real amenaza. En este momento no hay opciones ni salidas. Solo una tajante decisión. Mandarlo de vuelta lo más rápido que pueda. Si se queda morirá. Y si muere nada habrá valido la pena. Y ella no está dispuesta a ver más sangre a su alrededor a menos que sea suya. Concentrando parte de su energía abre la puerta hacia el mundo de Leo. Y girándose ordena al paralizado chico.
-"Tienes que irte , no es una opción, ni una pregunta Leo, es una orden"
Leonardo la mira asustado. Pero la chica le devuelve una extraña sonrisa. Una parecida a la que forma Raphael al eliminar a sus contrincantes. El parecido es tan extraordinario que incluso cree escuchar la voz de Rapha en vez del de la niña.
-"Soy más fuerte de lo que aparento, no mires solo el pequeño envase Leo, no intentes subestimarme"-
Explica burlonamente mientras una enorme espada de luz nace de su mano derecha, tan enorme que es imposible que su pequeño cuerpo pueda sostenerla. Más lo hace con una enorme facilidad. Y no conforme con sorprender a Leo con eso la levanta blandiéndola antes de apoyar parte de la enorme hoja sobre uno de sus hombro. La sonrisa de la chica crece al igual que la estupefacción del joven ninja. Aun así, Leonardo intenta rebatirle. No tan convencido como al principio
-"Pe…pero…"
Ami sabiendo bien que nada convencerá a Leo de que se marche, toma el asunto en sus manos. No tiene tiempo de discutir. No tiene tiempo de hablar pausadamente como siempre. Y realmente gritar no le gusta en absoluto. Aun así debe ser ruda con su protegido en este caso. La bestia está cerca. Casi encima de ellos. Por lo que bajando la espada avanza hasta el chico abrazándolo. Leo no entiende lo que sucede, y tampoco alcanza a preguntar. Lo último que oye es un rugido ensordecedor y un "Lo siento" silencioso de Ami que parece incrustarse en sus oídos. En el último segundo su ángel lo lanza hacia el portal. Con apenas las yemas de sus dedos la niña a despedido hacia atrás a Leo con una fuerza impresiónate. La sonrisa triste de Ami desaparece junto con la luz que le absorbe.
Entonces Despierta. Asustado. Pero sin sudor. Asustado y sin sus ojos nuevamente.
A Leonardo le toma un par de minutos calmarse y otros pocos minutos más asimilar que está ciego de nuevo. La tristeza se abre camino de nuevo en su corazón. Era irónico. La luz que lo había consumido lo había devuelto al mundo de las tinieblas. Despedirse de sus ojos no era una tarea fácil. Las lágrimas le ruedan por las mejillas sin su permiso, demostrando nuevamente su verdadero sentir. Ahora no podía esconder la verdad que parecía refregarse ante su propia nariz. Ciego y asustado. Ciego y desorientado.
El dolor escapando en forma líquida de sus ojos lo perturba y no puede evitar tratar de apartarlas con las manos. ¿Cuándo fue la última vez que lloro? ¿Cuándo fue la última vez que dejo que las emociones vencieran? No lo sabía. No lo recordaba. Simplemente se presentaban puntos muertos de su memoria cuando intentaba obtener una respuesta.
Sube sus brazos y refriega con fuerza sus ausentes ojos. Tratando de ordenarles que detengan tan penoso acto. No quiere llorar. No quiere sentirse débil. Lo único que desea es que todo vuelva a ser como antes. Aunque los chicos le siguieran gritando. Aunque tuviera que seguir sufriendo en silencio. Todo lo que quiere es que le devuelvan lo que le quitaron.
Cuando despertó en el laboratorio de Donny y logro calmarse, pensó que ya no sufriría más por sus ojos. Que lo afrontaría. Que se sobrepondría de una forma u otra. Que terminaría por acostumbrarse y seria todo tan fácil como al principio. Pero realmente había sido como caer en el infierno veces. Su mente ya no creía las mentiras que el mismo se creaba. La falta de su vista le recordaría el error más grande que había cometido. Pero también le recordaría su decisión.
Bien pudo irse por el lado fácil. Irse. Largarse de una vez a donde le correspondía. Fuera para bien o mal. Dejar de una vez toda su carga sobre el mesón y decir que lo había intentado. Que había fracasado. Pero que por lo menos había tratado. Pero decidido, había elegido caminar por las espinas, con la esperanza de llegar a ser feliz nuevamente al lado de los suyos. La realidad era otra. Hasta el momento las espinas no habían hecho otra cosa más que crecer de manera apresurada y firme. ¿Cómo le devolvería la tranquilidad que tanto necesitaban los chicos? ¿Cómo los cuidaría si no podía cuidar ni del? ¿Qué sería de su persona? Eran tantas las preguntas que llegaban a su mente que no podía ni contarlas, o mucho menos resolverlas. Todo lo que rogaba era haber tomado la decisión correcta, y la única manera en que podría averiguarlo era llegando al final del camino.
Levantando sus dos brazos trata de ver sus manos. Manos que pudo ver en el extraño mundo donde Ami lo había invocado. Ahora es claro no puede verlos. Ni las heridas ni el color verde pistacho que lo diferenciaba de sus hermanos. No hay nada más que la oscuridad y su propio dolor interno. Derrotado deja que las lágrimas corran por su cara. Esta vez sin apartarlas. Las acepta. Acepta su dolor y su pena. Acepta haberse equivocado. Pero no acepta estar vencido. Se pondrá de pie. Logrará salir adelante cueste lo cueste.
"Un paso a la vez Leo, recuerda que no estás solo"
La voz de Ami le llega despacio. Tranquilizando sus alterados nervios y cortando su llanto. La imagen de ser lanzado hacia el portal repercute haciendo que se sobresalte. Había olvidado por completo en el estado que dejo a su guardiana. Había dejado sola a su amiga sabiendo que algo enorme se le acercaba. Y no solo eso. Ami también estaba herida. Tal combinación solo acarreaba desastre en su ya alterada conciencia. Pero una suave risa envuelve el lugar. La chica entiende sus preocupaciones y termina por calmarlo
"Estoy bien, tranquilo. Nos volveremos a ver, solo ten paciencia"
Leo se queda estático esperando algo más aparte de aquellas pobres palabras. Pero al parecer sin nada más que decir la chica desaparece nuevamente, dejándolo con sus dudas internas. Leo respira irritado, aún tenía muchas preguntas que hacerle a la chica; pero acepta el consejo de Ami. Paciencia. Solo un poco de paciencia. Él tenía bastante. Solo tenía que encontrarla.
El movimiento brusco de una mano contra su pecho lo hace reaccionar, sacándolo de sus cavilaciones internas y haciendo que mire rápidamente hacia abajo .Al darse cuenta de que no ve nada se permite golpearse la frente con la mano derecha. No veía, eso era cierto, pero no podía evitar actuar de forma instintiva. Tendría que adaptarse.
Otro manotazo y un par de palabras mal dichas, terminan por darle a entender qué diablos estaba pasando. Como un golpe estático a sus adormiladas neuronas, recuerda que no está solo en su habitación. Mike inquieto en sus sueños le ha dado un manotazo, quizá pensando que le quitaba la última rebanada de pizza al más gruñón de la casa. Poniendo atención a su alrededor escucha también como Rapha ronca quedamente frente a él, mientras Donny balbucea cosas que escapan de su entendimiento. Y sin contenerse deja escapar una pequeña risa con los ojos aun vidriosos. Sus pequeños hermanos aún estaban dormidos.
El mayor acomodándose dejo que las mantas y el calor de sus hermanos le entregaran de nuevo la sensación de cansancio. Jamás fue bueno para quedarse más tiempo del debido en la cama. Y menos recordaba haberlo hecho alguna vez. Pero no puede evitar querer ser irresponsable en esta ocasión. Quiere escuchar a Don hablar de cosas raras y sin sentido contra su caparazón. Oír al de anaranjado como ruega entre sueños al de rojo que no lo golpee, sentir la sinfonía algo inarmónica de los ronquidos de Raph. No entiende porque. Pero cosas tan insignificantes como escucharlos dormir lo reconforta, haciéndolo sentir seguro y en casa. Por lo que decide quedarse unos minutos más recostado.
Pero el estado de relajación en el que se sumerge dura poco. Su sentido del deber lo obliga a levantarse luego de unos minutos. El estómago del más pequeño había comenzado a rugir como provisto de vida propia. Casi como la criatura a la que no vio. Acostumbrado a que Mike siempre tuviera hambre no le tomo mucha importancia al principio. Pero cuando los estómagos de los otros dos hermanos le hicieron compañía al primero, se dio cuenta de que tenía que preparar de comer. No tenía muy en claro que cosa podría preparar en su estado, pero escuchando la huelga poco amistosa de las tripas de Mike, se dijo que cualquier cosa estaría bien.
Girándose despacio logro quedar de espaldas. Incomodo en totalidad. Solo de esa forma podría salir sin despertar a los más pequeños, que gracias a Dios lo habían dejado de apretujar en algún momento de la noche. Tomando algo de impulso logro ponerse de pie. Pero se vio obligado a sentarse nuevamente.
Al pararse casi pudo asegurar lo que se sentía cuando se era arrollado por un tráiler y sus piernas débiles, se doblaron como un par de fideos, negándose a caminar. Resignado se quedó otros 5 minutos sentado sobre la cama, afirmándose su mareada cabeza. No veía girar el mundo, pero podía sentir como este se movía bajo sus pies, generándole una sensación nada agradable. Volviendo entonces a escuchar la guerra bélica que se desataba dentro del estomago de su pequeño hermanito, intento nuevamente ponerse de pie. Esta vez sus piernas pudieron sostener su peso y aunque aún se sentía mareado comenzó a caminar.
Lo primero que hizo fue salir de la cama y quedarse en silencio. Tenía que verificar que sus hermanos seguían descansando. Por lo que agacho la cabeza y puso total atención a cualquier movimiento o extraño sonido que pudieran captar sus oídos. Pasados unos segundos se dio cuenta de que su maniobra había sido un total éxito. Los chicos ni siquiera lo habían sentido. Un punto a su favor. El juego había empezado de maravilla. Y eso que solo era el primer tiempo.
Agachándose entonces, avanzando de rodillas por sobre el cobertor, y tomando la orilla de la frazada arropo mejor a sus hermanos. Una vez listo ese asunto, volvió a enderezarse. Salir de la cama no había sido tan difícil, por lo que animado giro en dirección a la puerta de su habitación. Ahora tenía que salir de su cuarto. Esta tarea fue más sencilla. Su habitación era grande pero no tenía ningún mueble más que la cama y un velador pequeño a la izquierda de la misma. Nunca agradecería lo suficiente el no tener más muebles que los necesarios. Levantando sus manos camino hasta chocar contra la pared y una vez sintió la puerta bajo sus palmas la abrió lentamente. Fácil. Eso había sido muy fácil.
-"Dos puntos para Leonardo"- dijo sonriente
Al cruzar el umbral su cuerpo pareció congelarse. Su mente atareada le recordó la fecha actual. Estaban a mediados de otoño. El frio de las mañanas era algo usual. Pero no podía volver a su habitación a por un sweater más grueso. Si lo intentaba podría ejecutar alguna mala maniobra que lo enviaría derecho al fracaso. No podía retroceder. Sus hermanos necesitaban descansar. Y el necesitaba preparar algo de comer
Girándose cerró la puerta tras de sí y se quedó pensando en un punto muy importante. No tenía ni la más remota idea de la hora que era. ¿Era hora del desayuno o del almuerzo?, tristemente ahora se daba cuenta de que no podría ni ver la hora sin ayuda de los chicos.
Pero la tristeza le duro bastante poco, si no podía ver la hora, la tocaría. Sonaba ridículo pero eso era más o menos lo que intentaría hacer. Lo primero era hallar un reloj. Al final del pasillo había uno. Recordaba el día exacto en el que le puso pila. El mismo puso ese dichoso aparato. Solo debía avanzar, pasar de largo las escaleras y descolgar el reloj del muro. Siguiendo su instinto avanzo con las manos al frente. Una vez choco con la pared levanto los brazos hacia arriba en busca de su objetivo. Pero sin importar lo que hiciera seguía sin sentir la forma redonda del reloj.
El chico no entendía que pasaba. El reloj siempre había estado ahí ¿se habría roto? ¿Estaría en el taller de Donny? ¿Se abría equivocado de pared? sin nadie a quien preguntarle siguió tanteando la pared. Salto un par de veces, pensando que estaría más arriba, pero lo único que obtuvo fue aumentar su ya creciente mareo. Deslizando los brazos junto a la pintura descascarada se rindió.
-"Un punto para los malos…"- susurro despacio
Era hora de buscar otra solución. Siempre hay una salida. Y sonriendo ante una loca idea se dirige hacia donde cree están las escalera, totalmente resuelto. Si no sabía qué hora era prepararía un desayuno-almuerzo. Se demoraría más, pero no se equivocaría. Esta vez no hubo puntos. Nadie ganaba, nadie perdía. Era un empate. Esperaba ganar al final de día.
Después de todo el sí tenía una ventaja sobre el enemigo. Conocía a la perfección su casa. Solo debía ubicarse y sabría hacia dónde dirigirse. Todo lo que debía rogar es que no le hubieran cambiado los muebles del living de lugar. Pero si lo habían hecho, de todas maneras se arreglaría. Ahora solo tenía que planear que aria para los chicos. Si había huevos en la nevera prepararía tortillas. Leche achocolatada para el más pequeño, café cargado para Rapha y jugo de naranja para Donny. Además de las infaltables tostadas y el cereal de hojuelas de maíz sin azúcar. Con eso iniciaría el menú. Y no necesitaría despertar a los chicos. El olor de la comida despertaría a Mike, que luego terminaría por despertar a los demás. Rapha saldría persiguiendo al de anaranjado escaleras abajo, luego de que este consiguiera despertarlo y Donny como buen pacifista trataría de calmarlo. Y de esta manera los tres terminarían en la puerta de la cocina. Matemática simple. Se dijo a sí mismo.
Pero para que el llegara a la cocina, debía bajar las escaleras. La pregunta era ¿cómo? Las barandas de la dichosa escalera ya no existían. No tendría de donde afirmarse. Bien podría sentarse y bajar de esa manera un tanto penosa. Pero si no había otra forma…
Deslizando sus manos por el barandal de madera camina despacio, escuchando como rebota cada uno de sus pasos en el suave alfombrado de la casa, sintiendo el rose áspero de la madera contra su mano. El silencio de la casa es sublime y precioso. Su propio corazón parece ser lo único que emite un sonido lo suficientemente fuerte como para ser escuchado. Era casi como estar meditando en el dogo al lado de su padre. Lleno de tranquilidad, rodeado de armonía. Respira profundo llenándose de los olores de la mañana, tratando de inmortalizar algo que no puede ver pero si sentir. Una voz en su cabeza parece reírse feliz mente con voz infantil y soñadora. Recordándole que estaba vivo. Y que vivir era lo más hermoso que podía pasarle. Perdido en su letargo oye también una voz imperiosa que le ordena seguir avanzando. Una voz dura y ronca. No es Ami. No es la voz infantil de antes. Recobrándose se da cuenta de que se ah quedado estático, probablemente a mitad del pasillo.
La última voz desaparece enseguida, dejándolo algo asustado y extrañado. No entiende muy bien que acaba de pasar. Pero agradece en silencio que algo de paz haya podido llegar hasta él. La necesitaba.
Tomando una gran bocanada de aire termina por relajarse y des tensionar los músculos de su cuerpo. Una vez listo avanza nuevamente a ciegas por el pasillo. Un poco más feliz que cuando se despertó. Más tarde le preguntaría a su guardiana a quien había logrado escuchar hablar desde dentro de su propio cuerpo. Ahora sintiéndose renovado camina más rápido sosteniéndose del delgado barandal. Una vez deja de sentirlo bajo su mano se da cuenta de que ha llegado a su próximo desafío
La escalera de casa tenía más historia que todos los muebles de la casa juntos. Jugando en ella perdió su primer diente de leche por el cual le dieron la primera moneda de su vida. Oxidada y inservible. Pues con yenes no podías comprar nada en la enorme Nueva York. Mike creo su primera gran maniobra en patineta sobre la misma. Se torció un pie y no pudieron salir en una semana, pero su hermanito no paro de sonreír victorioso durante los siete días que duro su convalecencia. Don se cayó y decidido a que no le pasara a nadie más la tapizo con el mismo alfombrado de arriba. No porque el golpe le hubiera dolido a Donny sino porque el que más sufrió con la caída fue el mismo. Cuando vio que tropezaba se había lanzado sin dudarlo envolviéndolo entre sus brazos para protegerlo, girándose para que todo el golpe fuera recibido por su espalda, y no por la de su tranquilo hermano. La delgada escala también había recibido severos golpes de un enojado Rapha cuando aun no tenía su preciado saco personal. Las marcas de los puños del más temperamental estaban marcadas en casi todos los escalones. Su propio padre había corrido una vez despavorido por ellas cuando los vio llegar de una misión mas ensangrentados de lo normal. La escalera fue lo primero que construyeron juntos para poder crear las habitaciones donde ahora dormían. Cada escalón tenía una historia tan larga como ellos mismos.
Dándose cuenta de que nuevamente se había quedado pegado en sus recuerdos, toma su labor. Lo primero que hace es agacharse, mientras baja las manos en busca del seguro y estable piso, pero la misma voz que anteriormente escuchara en su cabeza se lo impide. El puede. El siempre ah podido. Solo debe ir más lento, solo eso. No tiene por que rebajarse a pedir ayuda. No tiene por que actuar como un niño. El puede bajar la condenada escalera de forma normal y civilizada. El era un guerrero. Un líder y el hermano mayor ¿Qué demonios intentaba hacer?
Cada palabra se incrusta poco a poco en su mente y no puede hacer otra cosa más que darle la razón a la desconocida y penetrante voz. Olvidándose entonces de su primera táctica se endereza rápidamente, como para evitar sentirse más avergonzado de lo que ya se siente y comienza a bajar despacio. Primero apoya el pie derecho, lo ubica bien en el escalón y una vez seguro, pone el pie izquierdo en el mismo escalón. Dándose cuenta de que no fue tan difícil vuelve a hacer lo mismo con el segundo escalón. Lo logra. No fue tan complicado. Sonríe irónicamente al pensar que solo faltan once escalones más. Pero el número se ve claramente reducido en tan solo dos segundos.
Al bajar el tercer escalón un pequeño mareo lo hace ladearse hacia la derecha. Aun cuando trata de mantener el equilibrio con sus brazos, su cuerpo se niega a obedecer. Y dando un paso en falso hacia la derecha todo soporte bajo su pie desaparece. Trata de atenerse a algo moviendo sus dedos frenéticamente al darse cuenta de que cae sin remedio. Pero el aire se desliza entre ellos al igual que lo hace con el resto de su cuerpo. La sensación de la caída le duele más que el duro golpe. Un grito desgarrador escapa de sus labios en el mismo segundo que cae, sin poder reprimirlo dentro de su boca. Cortándole por segundos la respiración. El sonido seco de su espalda contra el cemento le deja un eco mortal hueco.
Se había caído de las escaleras sin poder evitarlo. Había llegado lejos, pero no lo suficiente. Ya no era el fuerte y temerario intrépido. Ahora solo era Leonardo, o lo poco que quedaba aun de él. Había fracasado en algo tan básico como querer ir hacia la cocina. Las emociones lo superaron nuevamente. Y estando semi contorsionado contra el sofá de la sala y la estructura de madera, comenzó a llorar.
