Los que fuimos nosotros

Capítulo 7

Tan sólo faltaban dos días para la muestra de ikebana. Por alguna razón, Lin se encontraba muy ansiosa de que llegase ese día. Cuando la joven le comentó a su vecino que iría con un muchacho, éste decidió diseñarle ropa para que se la pusiese ese día y sorprender al chico. Lin trató de explicarle que no era una cita, pero Jakotsu no quiso escuchar y le prometió que su atuendo quedaría listo dos días antes del evento.

- ¡Te queda precioso! – Exclamó Jakotsu – Sin duda voy a ser un diseñador muy talentoso.

- ¡Esta buenísimo Jako-chan! – Dijo Lin con lágrimas de felicidad en su rostro – Pero no gastaste mucho dinero para la tela y todo eso – Cuestionó la chica preocupada.

- No te preocupes – Habló el joven apoyando un dedo sobre la nariz de su vecina – Mi compensación es que lo uses.

- ¡Por supuesto! – Exclamó entusiasmada la pelinegra mirándose al espejo nuevamente observando detenidamente su ropa. Ella tenía puesto un vestido de color bordo. Las mangas cortas de éste estaban caídas a los costados. Cuando la manga terminaba tenía un elástico tapada con puntillas para evitar que siguieran bajando. También había puntillas en la parte del escote para relucir el pecho de la joven que comenzaba desde la parte de arriba de las mangas. El largo del atuendo era casi llegando a las rodillas.

- Se va a querer morir el muchachito cuando te vea – Se reía Jakotsu tapándose la boca.

- Jaja, puede ser – Sonrió Lin con los ojos fruncidos, pero un rostro preocupado.

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El día del evento llegó. Éste comenzaba a las tres de la tarde y el reloj de la muchacha de cabello negro marcaba las dos y cuarto. Sesshomaru llegaría buscarla a las dos y media. Ella estaba en medio del maquillaje, el cual no era mucho, nada más un poco de rímel y rubor.

El timbre sonó.

- Hola – Dijo Lin que era tapada por la puerta, por lo tanto el muchacho no pudo ver como estaba – Espérame un segundo que ya salgo.

Así lo hizo el plateado, se apoyó en la pared con las manos en el bolsillo de su jean y cerró los ojos.

- Es extraño. Hacía mucho que no salía con una mujer sin después o antes terminar en la cama. Pero bueno, qué le voy a hacer - Pensaba aún con los ojos cerrados. Al escuchar una puerta abrirse, los abrió y se encontró con una bella mujer.

- ¿Vamos? – Preguntó Lin sonriendo con una dulce expresión. Sesshomaru asintió y juntos partieron a la muestra de ikebana.

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Al llegar al evento que era dentro de una gran mansión de apariencia occidental, tanto Lin como Sesshomaru se quedaron sin habla. Los ojos de la pelinegra brillaban de la alegría mientras que los del plateado seguían neutros.

El lugar estaba lleno de pequeños negocios con gente vendiendo diferentes tipos de flores arregladas por ellos, o de textos explicativos sobre ese arte, o también cuadros de flores. Lin estaba totalmente maravillada.

- Pareces una nena viendo todo esto – Comentó Sesshomaru mientras caminaban por el lugar. Él estaba mirando para adelante.

- ¡Es que me emociono tanto al ver todo esto! – Contestó la muchacha juntando sus manos –
Y estoy segura que tú también – Dijo pero no obtuvo una respuesta – Háblame de algo…

- ¿De qué?

- No sé… por ejemplo, ¿Estudias algo?

- Estudiaba administración de empresas en la Universidad de Tokyo, pero abandoné porque no me gustaba – Respondió Sesshomaru secamente.

- ¡¿Abandonaste la Universidad de Tokyo? ¡¿Sabes qué difícil es entrar ahí! – Preguntó Lin exaltada. No lo podía creer. Ella se vino a Tokyo especialmente para poder entrar en aquella universidad tan prestigiosa - ¿Por qué dejaste de estudiar?

- No tenía ganas. Además mi papá me dijo que estudiará eso. Yo no quería ir a la universidad. Con un curso de jardinería me conformaba, pero él no quiso – Explicó el plateado que en ningún momento miraba a la joven junto a él.

- Lo que pasa es que seguramente tu papá tenía miedo de que el estudiar jardinería no tuviera salida laboral o no para vivir con muchas comodidades – Dijo Lin – Pero la verdad yo jamás dejaría la universidad, mi sueño es ir a ella y convertirme en una exitosa antropóloga – Habló muy entusiasmada.

-estás ansiosa porque vas a estudiar lo tu quieres. Yo no quería ir a la universidad. Hay tanta gente que no fue y vive tranquilo. Yo no me quiero matar estudiando para competir con otra gente, me parece estúpido. Yo quiero ir a vivir al campo, en una casa chiquita y sencilla. Sin preocupaciones, sin celulares o autos caros. – Decía el muchacho con un tono de voz frío.

- Pero tienes que aceptar que vivimos en un mundo competitivo. No puedes alejarte de él y querer vivir en tu mundo ideal – Se expresó ella.

- ¿En mi mundo ideal? Perdón, pero si yo soy un delirante en el querer alejarme de todos, tu también los eres en esperar a tu hombre perfecto – Le dijo Sesshomaru a la chica casi en un regaño.

- ¿Por qué dices eso?
- Porque nunca va a ver alguien que perfectamente satisfaga todas tus expectativas.

Lin se quedó muda. Los dos ya habían parado de caminar hace tiempo. Estaban charlando en medio del tumulto de gente que pasaba.

- Ese hombre que yo quiero no existe… MentiraPensaba Lin como dolida, luego miró con intensidad a Sesshomaru - ¡Por lo menos yo si acepto a la sociedad!

- ¿Ah sí? Cuéntame, cuál es tu sueño para el futuro – Preguntó el plateado levantando una ceja.

- Yo quiero ir a la universidad y recibirme de antropóloga. Luego, estar dos o tres años viajando por el mundo haciendo investigaciones. También me quiero casar y tener una familia maravillosa. De vez en cuando viajar al exterior para seguir haciendo investigaciones, ya que un antropólogo viaja mucho. Ese es mi sueño.

- Una familia maravillosa, un trabajo que amas… tu eres idealista. ¿Tú crees que todo va a ser así de rosa en tu futuro?

- ¡Lo mío es mucho más alcanzable que lo tuyo! – Exclamó la pelinegra apuntándolo con un dedo - ¡Si me esfuerzo muchísimo en la universidad voy a poder ser exitosa y ser contratada para muchas investigaciones. Pero claro me tengo que esforzar, una palabra que tu no conoces!

- ¿Tú crees qué toda la gente que se esfuerza recibe un premio en la vida? – Cuestionó el joven mirándola fríamente. Ella no respondió – La vida no es tan justa, eh.

Los dos se quedaron callados mirando para el suelo. El reloj de Lin sonó. Eran las cuatro, hora en la que había una charla sobre el arte del arreglo floral.

- Mejor vamos yendo porque si no, no vamos a poder encontrar buenos lugares – Habló Sesshomaru.

- ¿Sabes qué? – Cuestionó la adolescente mirando al plateado – Me di cuenta que tenemos otra cosa en común – Sonrió.

- ¿Cuál?

- Los dos queremos vivir en un mundo ideal. Son mundos completamente diferentes, pero al final son ideales.

- Supongo que tienes razón – Dijo el joven y tomó de la mano a Lin para dirigirse a la charla. Ella la aceptó sonriendo y juntos fueron de la mano.

Eran cerca de las seis de la tarde cuando ellos dos salieron de la muestra. El dúo decidió caminar un poco por la ciudad. Ellos no se percataron que sus manos estaban unidas y caminaban como una linda pareja de enamorados. De repente, la panza de Lin hizo ruido.
- Per... Perdón – Dijo ella toda roja.

- ¿Quieres ir a tomar un helado? – Preguntó Sesshomaru sin mirarla. Luego desvió su vista y vio que ella asintió con una sonrisa – Siempre está contenta. ¿La pasa bien conmigo?

Los dos jóvenes fueron a la heladería más cercana de donde estaban. Él se pidió de dulce de leche y banana split (no creo que en Japón exista de dulce de leche, pero bueno… lo que se pierden) y ella de vainilla únicamente porque ese era el sabor que más le gustaba. Se fueron a sentar en una pequeña mesa redonda que estaba en una punta del local.

- ¡Qué rico! – Exclamó Lin luego de darle una probada.

-Eres totalmente diferente a lo que pensé que eras – Comentó el plateado luego de comer un bocado de su helado con una cucharita de plástico.

- ¿Cómo pensaste que era?

- Amarga. No me sonreíste ni una vez. Y si lo hiciste fue una sonrisa amarga – Habló observándola con su mirada fría.

- Bueno, tu eres casi como pensé que eras – La pelinegra esperó a que le preguntará cómo, pero nunca llegó – Yo pensé que eras una persona fría y despreciable, pero… lo de fría sigue en pie, pero ya no me pareces despreciable – Sonrió.

Hubo varios minutos de silencio que a Lin ya no le incomodaron más. Es más se comenzó a acostumbrar. Era extraño, pero disfrutaba de la silenciosa compañía del hombre de cabello plateado. Repentinamente sintió que algo frío le cayó en la parte del pecho que tenía expuesta. Era una gota de helado. Si hubiese seguido bajando por la piel, hubiese manchado el vestido, pero no lo hizo. Sesshomaru acercó su boca hasta allí y lamió la gota haciendo que Lin tuviese un escalofrío. Luego volvió pasarle la lengua llegando hasta casi el cuello. Cuando se separó de la muchacha vio que ésta estaba totalmente roja. Él siguió comiendo como si nada hubiese pasado.

Cuando comenzó a oscurecer el joven decidió acompañarla hasta su casa. En el trayecto, notó como los hombres se baboseaban por la chica que tenía a su lado. Era comprensible porque esa prenda que tenía puesta le quedaba de maravilla y además le marcaba muy bien sus senos los cuales para Sesshomaru eran una tentación. Obviamente que no lo hacía notar, su máscara de hielo lo ayudaba perfectamente. Aparte, él sabía que como era Lin, nunca se iba a fijar en alguien como él. Porque tenían puntos de vistas totalmente diferentes. El muchacho no quería volver a ser rechazado.

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- Mi amor quédate aquí, que yo voy a comprara fideos de arroz para hacerte algo rico – Informó Jakotsu cerrando la puerta de su departamento. Él llevaba puesto un modelo diseñado por él mismo. Un pantalón beish con un cinturón negro con brillitos y una camisa algo abierta blanca con rosas negras de estampado.

Cuando estaba por llegar a la escalera, se encontró con Lin y con el muchacho con quién había ido a la muestra.

- ¡Lin-chan, no te vimos con mi terroncito en el evento! – Exclamó su vecino con las manos en las caderas.

- ¡Jako-chan! – Río la adolescente - ¡Muchas gracias por las entradas, mi amigo y yo lo disfrutamos mucho!

- ¿Amigo? – Pensó el plateado mirándola de reojo con su típica inexpresión. Sin embargo se sentía alegre de que lo haya llamado así.

- ¡¿De verdad la pasaron bien? ¡Súper! – Chilló el hombre emocionado – Te queda preciosísimo ese vestido. Estoy segura que atrajiste muchas miradas.

- Jaja. No sé si tantas. Por cierto, él es Sesshomaru – Lo presentó con una sonrisa.

- Es un placer – Dijo Jakotsu tomándolo de los cachetes y apretándolos un poco - ¡Ay, eres tan lindo!

- Sí, sí – Habló el plateado quitándose las manos del afeminado.

- Me voy yendo que tengo que ir al supermercado. Y tu amorcito, cuídate que te puedo agarrar – Avisó el vecino dándole una palmada en el trasero al joven

- ¿Es tu amigo esa cosa? – Preguntó Sesshomaru secamente.

- ¡No le digas esa cosa! ¡Se llama Jakotsu, pero dile Jako-chan! – Lo corrigió Lin enojada – ¡Él es muy bueno, y además me hizo este vestido! – Comentó dando una vuelta en el lugar.

- Te queda hermoso – Murmuró el joven terminando de subir las escaleras.

Cuando el dúo se encontraba frente a la puerta del departamento de Lin, ella lo abrió y luego volteó para ver a su amigo.

- ¿Así que somos amigos? – Preguntó Sesshomaru alzando una ceja.

- Yo siento que tú lo eres. ¿Tú no quieres ser mi amigo? – Cuestionó la pelinegra con un rostro triste creyendo que él no sentía lo mismo.

- Me da lo mismo. Pero tú ya los dijiste, así que somos amigos – Habló mirando para otro lado.

Lin observó esa mirada dura que tenía. Entonces, entendió que en realidad, adentro de él, muy adentro había una persona gentil. Por eso ella sonrió.

- ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? – Preguntó el plateado y vio como la chica negó con la cabeza.

- ¿No quieres pasar a tomar algo? -

- No, me tengo que ir – Respondió secamente.

- Nos vemos – Se despidió Lin con una sonrisa.

- Nos vemos, amiga – Contestó con una mano alzada en gesto de saludo.

Mientras Sesshomaru se iba alejando del departamento sintió que ese día fue uno de los mejores de su vida. En su corazón había un hormigueo constante que se expandió por todo su pecho. Cuando recordaba la sonrisa de Lin, de a poco una se iba dibujando en sus labios. Una pequeña, pero al fin de cuentas era una sonrisa.

Paró de caminar bruscamente y sus ojos se abrieron, revelando el esplendor del color ámbar que poseían. Luego, tan pronto como los abrió sorprendidos, los volvió a su tamaño natural y bajó la mirada al suelo.

Ese día me di cuenta que me había enamorado. Yo, quien jugaba con las mujeres despiadadamente, me enamoré. Sentí un miedo terrible.

Continuará…