Para comenzar debo decir que la historia no me pertenece. La trama de la historia es de Nora Roberts, específicamente de la novela "Jugando con Fuego" , por otro lado los personajes son de Stephanie Meyer y su saga "Crepúsculo", la mezcla rara me pertenece a mí, ese es mi único mérito, además de encantarme ambas escritoras y ambas historias. Bueno eso es todo, ahora espero realmente que les guste mi adaptación. Saludos.


Edward se despertó con una resaca que resonaba en su cabeza como las campanas de una catedral. Estaba bocabajo en una cama que, más que a sábanas, olía a calcetines sucios, y se sentía tan hecho polvo que pensó quedarse así, respirando aquel olor rancio el resto de su vida.

No era culpa suya si cuando volvió después de llevar a Tanya a su casa la fiesta del vecino de abajo estaba en pleno apogeo. Y él entró por educación, y porque le pareció una forma entretenida de pasar el resto de aquel sábado noche. Y como luego solo tenía que subir un piso para volver a su casa, no vio nada de malo en tomarse un par de cervezas.

Pero la culpa era suya, y estaba dispuesto a reconocerlo en cuanto su cabeza dejara de gritar. Sí, se quedó hasta las dos de la mañana y se bebió un pack entero de seis cervezas.

No, no era del todo culpa suya, porque la cerveza estaba allí, con los nachos. Y ¿qué se supone que tiene que hacer uno cuando come nachos sino ayudarlos a bajar con cerveza? Montones de cerveza.

Tenía aspirinas, estaba seguro, en algún sitio. Oh, sí al menos hubiera un alma caritativa que le recordara dónde había guardado el frasco de pastillas... Iría él mismo a buscarlo, arrastrándose, arrastrando su pobre cuerpo maltrecho. Y ¿por qué no había bajado las persianas? ¿Por qué no podía esa alma caritativa apagar el sol para que no le quemara en los ojos como un horno caliente?

Porque había rendido homenaje al dios de la cerveza, por eso. Había violado un mandamiento y había idolatrado al dios falso y espumoso de la cerveza. Y ahora estaba siendo castigado.

La aspirina, sobre la que ahora recaía el peso de su salvación, seguramente estaría en la cocina. Edward rezó para que estuviera allí, y tras cubrirse los ojos con una mano, se levantó de la cama. Gimió con toda el alma, y el gemido se convirtió casi en un grito cuando tropezó con los zapatos y se cayó de bruces. Casi no tenía fuerzas ni para gimotear, y menos aún para empezar a renegar. Consiguió ponerse a cuatro patas y se quedó así hasta que recuperó el aliento. Nunca más, lo juraba. Si hubiera tenido un cuchillo a mano, lo habría utilizado para escribir aquella promesa en el suelo con su propia sangre.

Logró ponerse de pie, mientras la cabeza le daba vueltas y sentía un fuerte ardor en el estómago. Su última esperanza era no vomitarse encima. Prefería el dolor al vómito.

Afortunadamente, su departamento tenía el tamaño de una casa rodante, y la cocina solo estaba a unos pasos del sofá cama. En la cocina había algo que olía a rata muerta... ¿no era maravilloso? No hizo caso del fregadero lleno de platos, ni de las cajas vacías de comida rápida que aún estaban sobre la encimera, y se puso a rebuscar en los armarios.

«Fullola, lo más parecido al plástico que hay» pensó con resignación. Dentro había cajas abiertas de cereales y snacks. Una bolsa de salsa agria y papas con sabor a ajo, cuatro cajas de macarrones y queso, galletas de chocolate con relleno de crema, un surtido de latas de sopa y una caja de preparado para hacer pastel de queso y frambuesa. Y allí, entre el paquete de Life y el de cereales, estaban las aspirinas. Gracias a Dios.

Como después de su anterior resaca ya había tirado el tapón, lo único que tuvo que hacer fue echarse tres pequeñas pastillas en su mano pegajosa. Se las echó a la boca, abrió el grifo y, como no había sitio para la cabeza entre tantos platos, ahuecó la mano debajo del chorro y sorbió el agua para tragarse las pastillas.

Una se le atascó en la garganta y se atragantó; fue dando tumbos hasta la nevera y tomó una botella de Gatorade, para luego beber apoyado ligeramente en la encimera.

Abriéndose paso a través del montón de ropa, los zapatos, las estúpidas llaves y las otras cosas que habían acabado en el suelo, fue al cuarto de baño. Se sujetó al borde del lavabo e hizo acopio de valor para mirar se en el espejo.

Por el aspecto, su pelo parecía que la rata muerta de la cocina se había dedicado a revolvérselo por la noche. Estaba muy pálido.

Tenía los ojos tan enrojecidos que se preguntó si quedaría sangre para el resto del cuerpo.

- Muy bien, señor Cullen, estúpido hijo de puta. Se acabó. Ahora mismo vas a poner tu trasero en condiciones –se dijo Edward a si mismo mientras se miraba al espejo.

Abrió el grifo de la ducha y se puso debajo del ridículo chorrito. Después de levantar los ojos al techo, se quitó los bóxers y el calcetín que llevaba puesto. Se inclinó hacia delante para que el agua le cayera sobre el pelo.

Tenía que salir de aquel antro en cuanto pudiera. Entretanto, lo mejor sería que lo limpiara. Una cosa era ahorrar viviendo en un departamento ruinoso y otra dejar que se convirtiera en un pozo de mierda porque no se molestaba en cuidarlo.

Aquello no era forma de vivir, y estaba cansado de conformarse. Cansado de pasarse la semana deslomándose y desahogarse bebiendo tanta cerveza que los domingos por la mañana se encontraba casi muerto. Había llegado el momento de hacer algo.

Tardó una hora en ducharse, quitarse el olor de los excesos de la noche anterior de la boca y obligarse a comer algo que esperaba que su estómago retuviera. Se puso unos pantalones de deporte rotos y empezó a recoger en la sala de estar.

Encontró montones de ropa para lavar. ¿Quién iba a decir que tenía tanta ropa? Quitó las sábanas apestosas de la cama y por un momento consideró la posibilidad de quemarlas sin más. Pero al final, su naturaleza ahorrador las aprovecho para poner encima el resto de la ropa y las toallas. Se iba a pasar buena parte del domingo en la lavandería.

Pero, entretanto, tomó la toalla más lastimosa que tenía, la rompió en jirones y utilizó uno de ellos para quitar el polvo a la mesita auxiliar. La había hecho él, era una pieza buena de madera, había que ver cómo la trataba. Sacó sus otras sábanas pero el olor que despedían hizo que las pusiera con el resto de la ropa para lavar.

Pasó a la cocina, descubrió que, efectivamente, tenía lavavajillas y un bote sin estrenar de Don Limpio. Llenó bolsas y más bolsas de basura y descubrió que lo que olía tan mal no era una rata muerta, sino una ración realmente caducada de cerdo agridulce. Echó un montón de jabón en la pila de fregar. Echó más. Los platos parecían verdaderamente cochinos. Con las piernas abiertas, fregó los platos en un mar de espuma.

Cuando hubo recogido un poco la encimera y tuvo suficiente espacio para poner los platos limpios, empezó a sentirse casi normal.

Ya que se había puesto, vació la nevera y la fregó. Abrió el horno, encontró una caja de pizza con lo que, en un pasado lejano, debieron de ser los restos de una hawaiana.

- Dios, mira que eres cerdo –se dijo Edward mientras la tiraba dentro de una bolsa.

¿Dónde podía arrendar un traje especial para manipular sustancias peligrosas?, se preguntó antes de entrar en el cuarto de baño.

Casi cuatro horas después de haberse levantado de la cama, tenía dos montones de ropa sucia embutidos en dos grandes canastas de plástico que hasta entonces había utilizado para poner un poco de todo, tres bolsas llenas de basura y porquerías varias y un departamento limpio.

El hombre que salió a llevar la basura al contenedor era un hombre satisfecho.

Cuando volvió a subir, se quitó los pantalones de deporte, tomó la ropa para lavar y se vistió con sus téjanos más limpios y su camiseta menos ofensiva.

Juntó las monedas que había encontrado en la cama, debajo de la cama, en su única silla y en diferentes bolsillos. Se puso los lentes de sol que pensó que había perdido semanas antes y tomó las llaves.

Cuando estaba a punto de tomar la canasta con la ropa sucia, alguien llamó a la puerta. Era James.

- Eh. He intentado llamar... –pero la frase se quedó a medias. Estaba boquiabierto -¡Qué demonios! ¿Es que estoy en un universo alternativo?

- He limpiado un poco –dijo Edward con orgullo.

- ¿Un poco? Oye, aquí puede vivir una persona. Mira, pero si tienes una silla –dijo James mirando asombrado el departamento de su amigo.

- Siempre he tenido una silla, solo que estaba enterrada debajo de otras cosas. Me voy a la lavandería, por si quieres venir... A veces hay chicas muy buenas –dijo Edward.

- Puede. Oye, hace un par de horas que intenté llamarte. Todo el tiempo daba ocupado –dijo James frunciendo el ceño.

- Debí de darle un golpe al auricular y descolgar sin querer anoche. ¿Qué pasa? –dijo revolviéndose el cabello.

-Nada bueno –dijo James quedando maravillado al entrar a la cocina, para tomar una coca-cola de la nevera –Anoche hubo un incendio en la casa de Tanya.

- ¿Un incendio? ¿Está bien? –dijo Edward mirándolo sorprendido.

- Ella está bien, aunque bastante afectada. Vino a casa de Victoria, yo vengo de allí ahora. Supongo que necesitaba desahogarse –dijo James suspirando con pesar –Ha salido en las noticias.

- No he puesto la tele. He estado escuchando a Black Sabbath mientras limpiaba. ¿Ha sido muy grave el incendio? –Pregunto Edward con las manos en los bolsillos.

- Más que grave –dijo James mientras se dejaba caer sobre la silla –Empezó en el departamento de arriba. Dicen que es posible que estuviese fumando en la cama —Se pasó una mano por la cara, y se subió las gafas –Oye, Edward, un chico ha muerto. Se ha quemado junto con buena parte de su departamento. Se ha perdido la mayoría de la segunda planta y parte de la tercera. Tanya salió; luego la dejaron entrar para que tomara algunas de sus cosas, pero está hecha polvo. Era el chico de la corbata. Ah, Jacob. ¿Te acuerdas? El de la escalera.

- Dios, ¿está muerto? –Edward se dejó caer en el sofá.

- Ha sido muy fuerte, Tanya casi no podía ni hablar, el chico se ha muerto, y hay otras dos personas en el hospital con quemaduras o por inhalación de humo. Dice que debió de empezar justo después de que la dejaras en casa. Aún estaba levantada, viendo la tele, cuando oyó gritos y se dispararon las alarmas de incendio –dijo James mirando la alfombre.

- Iba a una boda -Murmuro Edward –Y no sabía ponerse bien la corbata.

- Y ahora está muerto –James dio un largo trago a la lata de Coca-Cola –Te hace pensar, te das cuenta de lo corto que puede ser el viaje.

- Sí –dijo Edward teniendo una imagen del muerto en la cabeza, de pie, con el traje y una sonrisa tímida –Sí, te hace pensar.

Los domingos por la tarde había poco movimiento en el restaurante. Algunos clientes iban a comer allí después de misa, pero la mayoría se iban a comer a sus casas. Bella y Emmett se encargaron del turno de después de misa; la prima pequeña de Harry, Mía, atendía las mesas y Nick Casto se encargaba de la comida para llevar y de lavar los platos.

Habían puesto música de Tony Bennett en el pequeño equipo, porque a los clientes habituales de los domingos les gustaba, pero Emmett estaba haciendo las pizzas y los calzone en la gran mesa de trabajo, escuchando a Pearl Jam con los audífonos.

Para Bella era una delicia encargarse de la cocina cuando había pocos clientes y salir al comedor de vez en cuando para pasear de mesa en mesa, como hacía su padre

Todos sabían que Fran heredaría el negocio, pero Bella siempre tendría tiempo para ayudar. Si no esperaban a nadie para la cena, cuando acababa el turno, ella y Emmett se iban a veces a ver un juego de beisbol o a jugar a la pelota con algunos amigos. Pero como ese día sí esperaban a alguien, su novio, Bella iría a casa y ayudaría a su madre con la cena.

En un par de horas, se iría a casa y prepararía la mesa con la mantelería y la cubertería para invitados. Su madre iba a preparar su pollo especial con romero y prosciutto, y de postre habría tiramisú.

Él se mostraría cohibido, pensó Bella mientras servía risotto en un plato. Pero su familia le ayudaría a sentirse más cómodo. Ya había hablado con Ang, para que le preguntara a Jacob sobre lo que escribía.

A Ang se le daba muy bien ayudar a la gente a abrirse.

Tarareando la música de Tony, Bella salió a servir los platos ella misma.

- Así que tu hermana ya es una mujer casada –la mujer a la que servía.

- Así es, señora Giambrisco –dijo Bella con una sonrisa.

La mujer asintió y echó una mirada a su marido, que ya se había lanzado sobre su risotto

- Ha cazado a un rico. Es tan fácil enamorarse de un rico como de un pobre –dijo la mujer con una sonrisa.

- Puede ser –dijo Bella. Personalmente no sabía cómo era eso de enamorarse, de quien fuera. A lo mejor se estaba enamorando de Jacob y no lo sabía.

- Tú recuerda –dijo la señora Giambrisco agitó su tenedor –A lo mejor los chicos van detrás de tus hermanas, pero ya te llegara el día a ti también. Ese marido de tu hermana, ¿no tendrá un hermano?

- Sí. Un hermano casado, con un hijo y otro en camino –dijo Bella con una sonrisa en la cara.

- ¿Y un primo? –intento la mujer nuevamente.

- No se preocupe, señora Giambrisco —dijo Emmett levantando la voz desde su mesa de cocina –Isabella tiene novio –Y se besó los dedos en dirección a su hermana -Esta noche viene a cenar. Papá lo va a cocer a preguntas.

- Como debe ser ¿Es italiano? –Pregunto inmediatamente.

- No, y viene para cenar pollo, no para que lo cocinen a él —dijo Bella respondiendo a lo que había dicho su hermano –Espero que disfruten de la comida.

Cuando volvía hacia la cocina, le lanzó a su hermano una mirada de disgusto, aunque en el fondo se sentía feliz de estar en posición de que le gastaran bromas sobre un novio.

Miró el reloj, puso unos penne en el horno y estaba sirviendo unos espaguetis puttanesca cuando Alice entró corriendo.

- Bella –dijo Alice agitada.

- ¿Necesitan alguna otra cosa? -Tomó una jarra de agua y volvió a llenar los vasos –Hoy tenemos los zahaglione de mamá, así que dejen sitio.

- Isabella -gruño Alice tomándola del brazo, apartándola de la mesa.

- Eh, ¿qué pasa? Termino en media hora –dijo Bella extrañada

- ¿No te has enterado? –Pregunto Alice aun agitada.

- ¿Enterarme de qué? —Dijo Bella pero al notar la fuerza con que Gina la aferraba del brazo, y la mirada llorosa le hicieron comprender -¿Qué ha pasado? ¿Qué es? ¿Es tu abuela?

- No, oh, Dios, no. Es Jacob. Oh, Bella, es Jacob –dijo Alice mientras los ojos se volvían a llenar de lágrimas.

- ¿Qué le ha pasado? Murmuró Bella mientras os dedos se le entumecieron apretando el asa de la jarra -¿Le ha pasado algo?

- Hubo un incendio en su apartamento –dijo Alice comenzando –Bella... vamos adentro.

- Dímelo –exigió Bella y se soltó bruscamente, haciendo que el agua saltara por el borde de la jarra y le salpicara la mano -¿Está herido? ¿Está en el hospital?

- Él... Oh, santa María. Bella, no consiguieron entrar a tiempo. Está muerto –dijo Alice mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

- No, no es verdad –dijo Bella. La habitación empezó a dar vueltas, en un círculo enfermizo de paredes amarillo toscana, bocetos coloridos, manteles a cuadros blancos y rojos. Dean Martín cantaba Volare con su melosa voz de barítono –No, no es verdad. ¿Cómo puedes decirme una cosa así?

- Ha sido un accidente, un terrible accidente –dijo Alice mientras gruesos lagrimones le caían por las mejillas -Bella, Oh Bella.

- Te equivocas, tiene que haber un error, lo llamaré, ya verás, lo voy a llamar ahora mismo –dijo Bella comenzando a agitarse.

Pero cuando se dio la vuelta, Emmett estaba ahí, oliendo a harina, como su padre. La abrazó con fuerza.

- Ven, ven a la trastienda conmigo. Mía, llama a Harry, dile que le necesitamos aquí –dijo Emmet arrastrándola.

- No, déjame, tengo que llamar –dijo Bella intentando zafarse.

- Ven y siéntate –ordeno Emmet. Le quitó la jarra de las manos antes de que la dejara caer y se la dio a Mía.

- Hoy viene a cenar, hasta puede que ya venga para acá, el tráfico... –aseguraba Bella que empezaba a sacudirse mientras Emmett la llevaba a toda prisa a la cocina.

- Hazme caso y siéntate. Alice, ¿estás segura? ¿No puede ser un error? –dijo Emmett mirando a la muchacha que no dejaba de llorar.

- Me lo ha dicho Jen. Una amiga suya vive en el mismo edificio, ella... su amiga vive en el mismo rellano que Jacob, la han llevado al hospital dijo Alice y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano –Se pondrá bien, pero han tenido que llevarla al hospital. Jacob... el fuego empezó en su casa, eso dicen. Cuando lo encontraron ya estaba... ha salido en las noticias, mi madre lo ha oído en las noticias.

Se sentó a los pies de Bella, apoyó la cabeza en su regazo.

- Lo siento, lo siento mucho –dijo Alice.

- ¿Cuándo fue? –Pregunto Bella miraba al frente, sin ver nada. Todo era gris, como el humo -¿Cuándo pasó?

- No estoy segura, creo que anoche –dijo Alice mirando el rostro perdido de su amiga.

- Tengo que ir a casa –dijo Bella de forma mecánica.

Te acompañaré en un minuto, toma –dijo Emmett y le dio un vaso de agua –Bebe esto.

Ella tomó el vaso, lo miró.

- ¿Cómo? ¿Han dicho cómo empezó? –Pregunto a su amiga.

- Dicen que quizá estaba fumando en la cama y se quedo dormido –dijo Alice no con bastante nerviosismo.

- Eso no puede ser, Jacob no fuma, no puede ser –dijo Bella respirando fuerte.

- Ya nos preocuparemos por eso más tarde, Alice, llama a mi madre. ¿Puedes quedarte aquí hasta que Harry baje? Nos vamos a casa, Bella. Saldremos por atrás –comenzó a ordenar Emmett.

- Él no fuma, a lo mejor no es él, a lo mejor se han equivocado –dijo Bella dejándose arrastrar.

- Lo averiguaremos, llamaremos a Charlie cuando lleguemos a casa —dijo Emmett, y la hizo salir por la puerta de atrás –Ahora nos vamos a casa.

El sol y el calor de junio la golpearon. De alguna manera estaba caminando, poniendo un pie delante del otro, pero no se sentía las piernas.

Volvieron la esquina, Bella oía niños que jugaban, llamándose entre ellos como hacen los niños. Oía las radios de los autos que pasaban con la música a todo volumen, y la voz de su hermano, murmurándole.

Siempre lo recordaría. Ella y Emmett por la calle, con el delantal puesto, Emmett olía a harina. El sol brillaba con intensidad y le hacía daño en los ojos, y el brazo de su hermano la sujetaba con fuerza por la cintura. Había unas niñas jugando a las tabas en la vereda, y otra sentada en los escalones de mármol blanco conversando animadamente con su Barbie.

Por una ventana abierta salía música de ópera, daba ganas de llorar. Bella no lloró, Alice había derramado aquellos lagrimones espontáneos, pero sus ojos estaban dolorosamente secos. Y entonces vio a mamá, que salía a toda prisa de la casa y dejaba la puerta abierta. Mamá que corría hacia ella por la vereda, como aquella vez que Bella se cayó de la bicicleta y se torció la muñeca.

Su madre la abrazó, muy, muy fuerte, y todo se convirtió en algo real. Y allí, de pie en la acera, abrazada a su madre, Bella se echó a llorar.

La hicieron acostarse, y su madre se quedó con ella durante el aluvión de lágrimas. Y seguía allí cuando despertó de un sueño ligero con dolor de cabeza.

- ¿Ha llamado John? ¿Ha venido? –Pregunto Bella de inmediato.

- Todavía no –respondió Esme mientras le acariciaba el pelo –Ha dicho que llevaría un tiempo.

- Quiero ir allí, tengo que verlo por mí misma –dijo Bella intentando levantarse.

- Eh ¿Qué te dice siempre John sobre eso? –dijo Esme hablando con voz amable.

- Que no debo –dijo Bella, con voz débil, como si hubiera estado enferma mucho tiempo -No me dejarían entrar, pero...

- Ten paciencia, cara. Sé que es difícil, pero trata de dormir un poco más, yo me quedaré contigo –dijo Esme de forma calmada.

- No quiero dormir, a lo mejor se han equivocado –dijo Bella intentando nuevamente.

- Esperaremos, es lo único que podemos hacer. Ang ha ido a la iglesia a encender una vela y rezar para que yo pudiera quedarme contigo –dijo Esme acariciando la cabeza de su hija.

- Yo no puedo rezar, no puedo pensar las palabras –dijo Bella comenzando a desesperando nuevamente.

- Las palabras no son importantes y tú lo sabes –dijo Esme con el mismo tono apacible.

Bella ladeó la cabeza, vio el rosario que su madre tenía entre las manos.

- Tú siempre encuentras palabras –dijo Bella mirando al piso.

- Si necesitas las palabras, puedes repetirlas conmigo. Rezaremos un rosario –dijo Esme y colocó el crucifijo en las manos de Bella. Esta respiró hondo, se santiguó con el crucifijo y pasó a la primera cuenta.

- Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador de los cielos y la tierra

Rezaron el rosario, la voz serena de su madre se confundía con la suya, pero Bella no podía rezar por el alma de Jacob, o pidiendo fuerzas para aceptar la voluntad de Dios. Rezó para que fuera un error. Rezó para poder despertar y descubrir que todo había sido un sueño horrible

Cuando Carlisle se acercó a la puerta del dormitorio, vio a su hija acostada con la cabeza en el regazo de su madre. Esme aún tenía el rosario en las manos, pero entonces cantaba con suavidad una de las canciones de cuna que había cantado a todos sus hijos cuando tenían miedo por la noche.

Sus ojos se cruzaron, y Carlisle supo que su mujer entendía por la expresión de gravedad de su rostro.

- Charlie está aquí –dijo Carlisle. Esperó, y sintió una punzada cuando Bella volvió la cabeza y lo miró con aquella esperanza tan descarnada -¿Quieres que suba?

Los labios de Bella temblaron.

- ¿Es verdad? –Pregunto Bella con temor.

Él no dijo nada. Se limitó a acercarse y le besó la cabeza.

- Voy a bajar yo, ahora mismo –dijo Bella reponiéndose inmediatamente.

Charlie estaba esperando en la sala de estar, junto con Emmett y Charlie. Si lo que había visto en la cara de su padre era pesar, en la de Charle vio una expresión solemne de compasión. Lo aguantaría, de alguna forma lo aguantaría, porque no podía hacer otra cosa.

- ¿Cómo...? —La pregunta salió de su boca en un gemido, y Bella meneó la cabeza antes de que John pudiera hablar –Gracias, gracias por hacer esto, por venir a hablar conmigo. Yo...

- Bells –dijo Charlie adelantándose para tomarla de las manos –Será mejor que nos sentemos.

- He preparado café –dijo Ang y se puso a servir el café –Bella a ti te he traído una Pepsi. Sé que no te gusta el café, así que... —Se interrumpió y levantó las manos en un gesto de impotencia –No sabía qué hacer.

- Has hecho bien –dijo Esme y acompaño a Bella en una silla –Por favor, siéntese, Charlie. Bella necesita saber todo lo que pueda decirle.

Charlie se acarició la nariz entre el índice y el pulgar y se sentó.

- He hablado con el detective encargado, y con algunos de los bomberos y la policía. Creen que fue un incendio accidental, provocado por un cigarrillo –dijo Charlie intentando sonar con voz neutral.

- Pero Jacob no fumaba. ¿Les has dicho que no fumaba? –dijo Bella comenzando a desesperarse.

- Lo he discutido con ellos, sí. Pero es frecuente que la gente que no fuma se encienda un cigarrillo de vez en cuando. Quizá alguien dejó un paquete en su casa –intento continuar Charlie.

- Pero él nunca fumaba. Yo nunca le vi fumar –dijo Bella volviendo al tema, mientras suspiraba y los ojos le escocían por las lágrimas.

- Estaba solo en el departamento, y no había señal de que hubieran forzado la entrada. Estaba... parece que había estado sentado o acostado en la cama, seguramente leyendo o escribiendo. Un cigarrillo cayó sobre la cama. El punto de origen y la trayectoria del fuego están muy claros. El fuego se inició por combustión en el colchón, y luego prendieron las sábanas. Seguramente despertó, confuso y desorientado por el fuego. Y se fue el suelo. Se cayó de la cama y se llevó por delante las sábanas. Aquello actuó como combustible. Él... ah, el forense hará unas pruebas, y el perito en incendios echará otro vistazo a la escena por cortesía, pero en estos momentos no hay razón para pensar que haya sido más que un trágico accidente –dijo Charlie mirando a Bella.

- Buscarán droga, harán un análisis toxicológico buscando restos de drogas o alcohol, pero Jacob no se drogaba, y no bebió en exceso y no fumaba –aseguro Bella -¿A qué hora empezó el fuego?

- Hacia las once y media de anoche –dijo Charlie entre suspiros de cansancio.

- Yo estuve con él en el departamento, hasta casi las diez. Fuimos allí después de la boda, nosotros... lo siento, papá... hicimos el amor. Me preguntó si podía quedarme a pasar la noche, porque su compañero de piso estaba fuera de la ciudad, pero yo preferí marcharme. Si me hubiera quedado... –dijo Bella con un nudo en la garganta.

- No sabemos si las cosas habrían sido diferentes si tú te hubieras quedado –dijo Charlie interrumpiéndola –Tú tampoco fumas.

- No –

- Lo más probable es que el chico lo supiera y por eso no quería que le vieras fumar –intento explicar Charlie.

- ¿Has examinado la escena? ¿Has...? –intento Bella nuevamente.

- Bella, queda fuera de mi jurisdicción. Pertenece al condado de Prince George, y las personas que se encargan del caso son muy competentes. Eché un vistazo a las fotografías, a los esquemas, los informes... y eso gracias a la cortesía de mis colegas. Yo hubiera llegado a la misma conclusión que ellos. Cielo, has vivido en primera persona un fuego provocado, y sabes cómo es. Pero ahora estás estudiando para eso, y sabes que a veces este tipo de tragedias se producen por accidente – Charlie intento convencerla.

- Vulturi... –dijo Bella sin pensarlo.

- Está en Nueva York. Solo para asegurarme, pedí a la policía local que lo comprobase. Anoche estaba en Queens. Ha conseguido un empleo como portero nocturno. Es imposible que viniera a Maryland y volviera a Nueva York a tiempo para fichar a las 12.06, que es lo que hizo –dijo Charlie.

- Entonces... ¿pasó y ya está? ¿Y por qué así me parece peor? –dijo Bella perdiendo los estribos.

- Estás buscando respuestas, pero no las hay –dijo Charlie intentando convencerla

- No –dijo Bella, se miró las manos y sintió que un pedacito de su corazón se desprendía y se convertía en polvo –A veces las respuestas no son las que buscas.