Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capitulo VI.

Sorpresas.


Edward Cullen estaba allí como si nada, definitivamente su sonrisa era patética, pero todo esto se me olvidaba cuando veía en sus brazos a Christine, mi hermosa pequeña con un precioso y delicado vestido rosa que resaltaba lo preciosa que era esta niña.

Corrí hacía ella y la arranqué de los brazos de Edward, quien no se opuso a mi acto.

Rose y Alice, saludaron a Seth y a Edward, mientras que yo jugaba con Christine quien de inmediato me reconoció y tironeó mis cabellos en señal de alegría.

—Bien, ahora que estamos todos, iremos a desayunar y luego de compras —dijo Seth —. Mi jefe ha ordenado que todo se haga en riguroso y estricto orden, además la Srta. Robbins envió a su benefactor para que todo continuase en estricto rigor lo que se ha planeado.

Todas escuchamos atentas, mientras que yo sentía el aroma de mi pequeña, la había extrañado increíblemente a pesar de no haber sido mucho tiempo el que ella se había alejado de mi.

—Isabella —dijo Edward antes de subir al coche que nos llevaría a desayunar.

—Si —respondí despreocupada no dándole importancia al oírle.

—Christine irá conmigo en otro automóvil —señaló mientras extendía sus brazos para que yo se la entregase.

Cosa que indudablemente no haría.

—Ella perfectamente podría ir cómoda conmigo —señalé.

—Si, pero se irá en mi automóvil, junto a mí y su silla de seguridad —me ordenó.

—Discúlpeme, pero no pretendo separarme de ella —le respondí lanzándole una mirada de seguridad.

—Entonces deberás venirte en mi automóvil —dijo Edward sonriendo de medio lado.

¡Qué fastidio!

Subí al bendito coche, me senté en la parte trasera mientras Edward conducía y la pequeña Christine se iba a mi lado segura en su silla.

—¿Qué te ha parecido todo? —dijo intentando parecer simpático.

—Bien, gracias —respondí.

—¿Sólo "bien gracias"? Vaya que agradecida eres —rió.

—Que yo sepa mi gratitud no es para con usted, por lo que mis agradecimientos serán para aquel que se los merezca y como el Mr. Smith no quiere decir quien demonios es, difícilmente tendrá mis agradecimientos —dijo Bella molesta por tener que viajar con él y ansiando que pronto se acabase todo.

—Quizá él no desea que sepa quién es porque teme que se sientan ligado a él de una manera monetaria y por eso lo hace —respondió sin quitar los ojos del camino y del auto en que iban Rose y Alice.

—Es la única forma en que yo este ligada a él, después de todo le deberé mi educación, nada más que eso —señalé.

No se habló más, nos reunimos todos en un restaurant bastante concurrido y muy elegante. Vino un mesero, nos pidió la orden, Edward Cullen pidió para todos lo mismo.

Resultó que el soufflé fue bastante agradable y rico, por lo que no pude quejarme si no agradecer, Edward sonreía mucho con Christine, se veía dulce y muy cariñoso con ella, sin contar que Rose y Alice le hablaban mucho: Simpatizaban con el enemigo.

—¿Qué le parece todo? —dijo Seth al verme silenciosa.

—Muy agradable, muchas gracias —respondí como formula de cortesía.

Las ansias aumentaron cuando vimos que todo estaba listo y cancelado, era hora de las compras de ropa.

—Mr. Smith junto a Mr. Cullen, presente hoy, han decidido que es necesario que se vistan tal cual como lo haría cualquier chica de este prestigioso College y es por esto que necesitan ropa adecuada, por lo que finalizando todas las compras ustedes le harán entrega de su antigua ropa a Mr. Cullen quien la devolverá al orfanato.

Las chicas asintieron en silencio, mientras que yo observaba a mi querida Christine que jugaba con la corbata de Edward, una imagen muy conmovedora.

Volvimos a subirnos a los respectivos automóviles, volví a soportar una agradable conversación con Mr. Cullen. Obviamente irónicamente hablando.

—¿Qué es lo que más te gusta vestir? —preguntó mientras conducía.

—¿Por qué se interesa en saber eso?

—Porque así sabré a que área de Seattle tenemos que ir a comprar —respondió fríamente.

—No lo sé, la verdad y si mal no recuerdo jamás elegí la ropa que usaría, así que da igual lo que use ahora ¿No?

—Realmente no, resulta que ahora estarás a un nivel completamente distinto e incluso Alice, Rose y tu deberán aprender etiqueta —añadió.

—¿Etiqueta?

—Si, todos los modales que son correctos de señoritas como ustedes, clases que tendrán conmigo en mi casa hasta que comiencen las clases en el College —sonrió.

—¿Clases de etiqueta con usted? ¿En su casa? Deténgase ahí, Usted vive en Forks si mal no recuerdo —dije tratando de evitar que esto fuese cierto.

—Si, pero también tengo una casa en Seattle y ahora que usted esta aquí y ya que Christine aún no se acostumbra a estar sin usted, he decidido mudarme para que la pequeña pueda verla un par de veces a la semana —explicó.

Entonces una vez más me sentí fatal con lo que había hecho, había sido cruel y muy mala persona al decirle todo de esta manera ¿Sería realmente que Edward Cullen sólo quería ayudar?

—Entonces, ¿usted nos enseñará etiqueta y yo podré ir a ver a Christine luego de las clases del College? —dije sorprendida.

—Si —respondió —. Hemos llegado.

¡Genial! Ahora resulta que para ver a Christine tendré que estudiar etiqueta con el adorable Sr. Cullen, adorable con todos, pero conmigo no, siempre tendía a interpretar de otro modo las cosas…

El centro comercial, con todas sus tiendas, zapaterías, ropa exclusiva, deportiva, diseñadores… ¡wow! Todo nuevo para mí y alucinante.

La gente caminaba llena de bolsas, llena de cosas, era increíble cuanto podían comprar en tan sólo unas horas, las personas caminaban apresuradas, si no es porque Seth nos apura a entrar seguramente alguien nos habría derribado.

—¡Esto es alucinante! —chilló Alice feliz —. Sin dudas un paraíso.

—Realmente hermoso —susurró Rose.

Seth nos puso a las tres en una fila mientras trajo a una vendedora que nos observó desde lejos y luego se acercó a nosotras.

—Ellas necesitan estar a la altura de College y deseo que a las tres las deje con un estilo impuesto y a la vanguardia —dijo seguro Seth, mientras la vendedora nos observaba.

—Entiendo —respondió.

—Podría comenzar preguntándoles sus colores favoritos ¿no cree? —dijo Edward.

—Claro, por supuesto, sus nombres y su color favorito para comenzar a trabajar —dijo la mujer.

—Alice y mi color favorito es el zafiro —sonrió.

—Rosalie y me gusta el granate —dijo sintiéndose incomoda, lo noté por su forma de pararse.

—Isabella, me gusta el azul —respondí.

—Perfecto, entonces iremos a buscar ropa formal y luego algo más de uso diario —sonrió —. ¿Han visto alguna vez el programa de Tim Gunn?

Las tres quedamos mirándonos sorprendidas sin haber oído jamás ese nombre.

—Veo que no, él les pide a las mujeres que escojan diez piezas de vestir básicas, entre ellas un vestido y luego él selecciona si están bien, pues eso haremos ahora, ustedes traerán diez conjuntos de ropa, para diferentes ocasiones y veremos si tienen bueno gusto —sonrió la vendedora.

Alice, Rose y yo comenzamos a observar ropa, mientras que Christine se quedó en brazos de Edward.

Alice fue la primera en escoger sus diez básicos, Rose tampoco tardó demasiado, mientras que yo conseguí todo y lo fui a mostrar.

Las hermosas blusas, poleras, jeans, pantalones de tela y un vestido, todo bien seleccionado y elegido, la parte que no me agradó fue tener que probarme toda esa ropa, era entrar y salir, mostrarlo que te evaluaran y volver a entrar a probarte otra cosa.

Por suerte, pasamos toda la prueba, escogimos más ropa, hermosas sedas, pantys y todo eso que una chica con una situación acomodada debería tener. En la parte más intima, Seth y Edward nos dejaron solas, pues debíamos hablar de ropa interior, la vendedora nos dejó en claro que esto era fundamental.

—Ahora irán a probarse y mostrarme para que les enseñe que debe tener un buen fijador —sonrió.

Fue incomodo salir y que ella nos viera, pero sabíamos que ella sabía lo que hacía por lo que confiamos en su sabiduría en el tema.

Pronto, al vernos salir Seth y Edward, notamos que éramos unas mujeres distintas, nuestra postura ante la vida había cambiado gracias a un hombre del cual no teníamos ni la más minima pista, lo que si debíamos agradecer, era todo lo que hacía por nosotras.

Una vez que salimos de allí, cerca de dos horas después, estábamos llenas de ropa nueva, cientos de prendas con las que jamás soñamos y que ahora eran completamente nuestras, de hecho ya nos dábamos por más que satisfechas con el simple hecho de salir del orfanato.

—Ahora las señoritas deberán alistarse para ir al salón de belleza —sonrió Edward.

—¿Salón de Belleza? —abrió los ojos impresionada Alice.

—Por supuesto, no iba a dejar que Mr. Smith se llevase todo el crédito, ni he venido a asegurarme solamente que ustedes vistan adecuadamente, mi ofrenda será una sesión completa en el mejor salón de belleza de Seattle —sonrió Edward.

Alice tomó de la mano a Rose y se lo agradeció una y otra vez, mientras que yo no comprendía por qué tanto alboroto ni tanta amabilidad de manos de este benefactor.

—Buenas tardes, soy Paolo Ricciardi y esta tarde las dejaré divinas —dijo el estilista.

Rose fue la primera, Paolo le recomendó un poco de reflejos, le hizo la manicure y la maquilló dejándola aún más preciosa de lo que ya era.

—¡Divina! —chilló al terminar con mi amiga.

Rose se vio al espejo para ver que su rubio pelo ahora tenía más brillo y unas pequeñas ondulaciones que la hacían ver aún más perfecta.

Alice fue la siguiente, la chica tenía su larga cabellera negra.

Paolo le preguntó si estaba dispuesta a cortar más de la mitad de su cabello.

—Mi querida niña, tu hermoso pelo reluciría mucho más con un corte que haga ver lo dócil y perfecto que es —sonrió.

—Que sea lo que quieras, pero no te excedas en cortarlo más arriba de mi mentón —dijo Alice.

—Está bien, es un poco más largo —señaló.

Comenzó a mover con gran habilidad sus tijeras.

Mientras continuaba con Alice, decidí ir a caminar con Christine por la peluquería. La pequeña niña era más inquieta de lo que parecía y los días que no estuvimos juntas nos habían pasado la cuenta, la había extrañado a sobremanera.

—¿Piensa cortarse usted el cabello? —añadió Edward mientras paseaba con la niña.

—¿Cree usted que es necesario? —dije con cierta amabilidad.

—No lo sé, ¿Qué desea usted? —sonrió.

¿Desear? Una huérfana como yo jamás había podido darse el tiempo de desear cosas más que su propia libertad, pero tenerla ahora era muy distinto a lo que mi limitada imaginación me otorgaba.

—Me gusta el cabello largo, pero me gustaría aprender a usar labial y esas cosas —me sonrojé al decirlo.

Él educadamente no emitió comentario alguno y se limitó a juguetear con Christine quien se estaba adecuando muy rápidamente a Edward.

Él se marchó un poco más allá con la pequeña, quizá para darme más intimidad y se lo agradecí. No era fácil acostumbrarse a la presencia de hombres mayores que estaban pendiente de ti y de lo que tenías que hacer como correcto, menos si era Edward, el Sr. Cullen, un médico ocupado que de un momento a otro se ocupó de una huerfanita y que de paso se tendría que adecuar a mí porque no pensaba dejar a Christine abandonada jamás y él debería darse por vencido en eso, algo que al parecer había estado haciendo muy bien.

Paolo me enseñó a maquillarme, a peinarme y a sacarme partido, dijo que era muy guapa y que podría conseguir lo que quisiese con mi cabello por lo dócil que era.

Al terminar me costó bastante darme cuenta de quién era que estaba frente al espejo, es que realmente no parecía yo, los ojos pintados suavemente de un zafiro tierno y mis labios con un rosa pastel con brillo, las mejillas un rosado natural, todo era perfecto.

Se lo agradecí a Paolo y luego fuimos a mostrar mi look y conocer el de mis amigas.

Todos quedaron sorprendidos, Seth nos felicitó por lo hermosas que habíamos quedado y Christine soltó un exquisito gritito en señal de alegría, pero no me fue indiferente la mirada del Dr. Cullen, no dejó de mirarme mientras acariciaba a mi pequeña en sus brazos.

Un poco avergonzada por tanta atención hizo que me ruborizara más de lo necesario.

Fuimos a almorzar, ya que con tanta compra se nos hizo tarde, al final del almuerzo me sorprendí ya que no me costó desprenderme tanto de Christine, quizá influía el saber que la vería bastante seguido, por no decirlo todos los días.

Cuando al fin tuve un momento a solas con las chicas les conté la maravillosa noticia.

—¿Qué el Dr. Cullen se va a quedar aquí en Seattle? —dijo Rose mientras ordenaba su nueva ropa en el gran armario que teníamos para cada una.

—Si, lo más impresionante es que nos dará clases de etiqueta, dice que la manera de comer es muy distinta a la de nuestro comedor común y que no quiere que quedemos avergonzadas ante las chicas de un nivel más alto —añadí.

—Vaya —me interrumpió sorprendida Alice —. Es un gran detalle que se haya mudado para que Christine estuviese más cerca de ti, sin contar que lo veremos todos los días en las tardes, eso implica que dejará en parte de lado su trabajo que, obviamente, tiene que ser arduo por el hecho de ser médico —sonrió —. Bella, creo que deberías ser más amable con él.

—Si, opino lo mismo —dijo Rose —. No puedes estar rechazando su buena educación simplemente porque esta luchando por la tenencia de Christine, mientras mejor te lleves con él más podrás ver a Christine.

—Pero no olviden que Jacob Black también luchará por la tutoría de Christine, él reclama un derecho de su padre sobre la pequeña, que me parece justo después de todo, además el Sr. Black ha sido muy amable enviándonos estas hermosas tarjetas de invitación a su casa de Seattle —sonreí.

—Si, es cierto, el Sr. Black se ha demostrado muy atento, en especial contigo Isabella —rió Alice.

—Nada de especial, simplemente ese día me miró amablemente, tú Alice tienes la manía de asociar todo erróneamente —dije mientras me tendía sobre la cama —Además estuvieron demasiado risueñas y amorosas con Cullen, simpatizaron con el enemigo.

—Tú también lo hacías, además como no iba a simpatizar, mira mi cabello, es divino y todas estas pinturas, son hermosas —rió Alice.

—Te has vendido por todo eso —reclamé.

—No seas así, Bella, todo esto de Edward no son más que prejuicios, deberías conocerle y saber como es, después de todo será el padre de Christine y ella llevará su apellido, deberías asumirlo ya y adaptarte —dijo golpeadamente Rose.

—Gracias por tu apoyo —fue todo lo que dije y me voltée en mi cama.

El Sr. Jacob Black había enviado unas tarjetas de invitación mientras estábamos fuera de compras con Seth y Edward.

El trabajo fue arduo, ordenar la nueva ropa, agrupar la vieja y devolverla al orfanato, tenía mucho que hacer, pero guardaba la ilusión en lo más interno de mi corazón que sería feliz aquí, pues Christine siempre estaría conmigo, siempre cerca.

Al día siguiente despertamos temprano, nos vestimos todas con nuestra nueva ropa, elegí un hermoso vestido rosa, con un lazo negro en mi cintura y unas hermosas sandalias. Bajamos y allí se encontraba el Sr. Cullen con Christine, no esperé verlos tan temprano, pensé que nuestras clases serían en la tarde y que por hoy en la mañana conoceríamos el College.

—Buenos días —le dije al Sr. Cullen.

—Buenos días Srta. Isabella, hoy he programado un panorama especial para ustedes y para Christine, espero que este deseosa y preparada —sonrió.

Era una de las pocas veces que él me sonreía, o en general sonreía frente a mí, jamás lo había hecho y esos cambios repentinos de tanta buena educación me contrariaban.

—Discúlpeme, Sr. Cullen, pero hoy hemos sido invitadas a pasar la mañana con el señor Black —le expliqué —. De hecho creo que pronto nos pasará a recoger su coche.

—No, nada de eso, está estipulado que se vendrán conmigo, todas —explicó.

—No podemos hacerle un desaire así al Sr. Black —interrumpió Alice —, sería algo muy feo de nuestra parte.

Edward analizó un poco el asunto, al parecer no quería discutir con el Sr. Black, no sabía por qué había esa rivalidad tan notoria entre ellos y realmente quería saberlo, quería saberlo porque en medio estaba mi pequeña Christine.

—Podríamos ir, Alice y yo junto al Sr. Black y que Bella le acompañe a usted y a Christine —sonrió Rose.

Intenté calmarme y le envié una mirada muy seria por lo que acababa de hacer.

Edward se vio muy conforme con la respuesta y aceptó encantado, por lo que me vi en la obligación de subirme en su coche, tomé en brazos a Christine y nos fuimos.

—¿Dónde vamos? —sonreí nerviosa.

—Es un hermoso lugar, espero que a Christine y a usted les guste —sonrió.

El cambio de Edward había sido radical y no entendía por qué, no era un motivo que me agradase que fuese tan amable, de hecho me confundía le prefería orgulloso y engreído, no así, pero al parecer el aire de Seattle había cambiado su aire huraño.

Debía reconocer que mi estómago se apretaba con la idea de saber que estaba sola con Edward, me sentía desprotegida y nerviosa pues su mirada era extraña, no sabía describirla, jamás había visto una mirada tan hermosa, tierna y especial… me daba miedo porque no sabía a qué se debía, quizá era porque iba Christine con él, debía ser eso.


Hola chicas.

Primero: Perdón, mil perdón por no subir este capitulo en meses y ustedes dirán: ¿Y eso es todo que no sube el capitulo? Pues se los contaré.

Intenté muchas veces comprender por qué las palabras no se escribían de mis dedos, en serio, intentaba, me sentaba horas y horas y nada...

Jamás me había pasado algo así de sentarme y no conseguir nada.

Tengo toda la trama armada, entonces no era eso, no sé que fue, se apoderó de mi por meses y en especial con esta historia, sin contar

la universidad que esta agobiante.

Ahora... este capitulo ha sido escrito meses y meses de a poco.

Quiero que recuerden que mi Universidad es agotadora y que haré lo posible por subir más seguido estos capitulos.

Perdonenme, realmente lo siento.

Espero que ahora no me vuelva a ocurrir esto porque tengo animos de saber cuando Bella se comienza a dar cuenta que Edward es especial...

Se nos viene un día solitos y luego las clases de etiqueta.

Espero ansiosa sus reviews aunque sea para retarme, no me extrañaría que muchas de ustedes hayan olvidado de qué iba la historia...

lo siento.

Gracias por las que dejarán su review a pesar de todo.

Manne.

PD: ustedes saben que jamás dejo una historia sin terminar, aunque ya nadie la siga, la terminaré igual.