Esta historia es la continuación de NO ME ENAMORARÉ,

Aunque se puede leer independientemente, os recomiendo seguir el orden

Los personajes no son mios solo espero que lo disfrutéis:

—Rosalie, ¿ qué te ha pasado? —preguntó Bella a la mañana siguiente, cuando se unió al resto de las floreros en la mesa más alejada de la terraza posterior para desayunar—. Tienes un aspecto horrible. ¿Por qué no llevas puesto tu traje de montar? Creí que ibas a participar en el recorrido de obstáculos esta mañana. ¿Y por qué desapareciste tan de repente anoche? N o es típico de ti desaparecer sin más, sin decir...

—No me quedó otro remedio—contestó Rosalie malhumorada, al tiempo que cerraba los dedos alrededor de la delicada taza de porcelana en la que bebía su té.Con aspecto pálido, cansado y los ojos azules rodeados por unas oscuras ojeras, bebió un buen sorbo de té antes de continuar—. Es ese maldito perfume tuyo tan pronto como percibió el olor, se volvió loco.

Conmocionada, Bella trató de asimilar la información con el alma en los pies.

—Entonces... ¿surtió efecto con Cullen?—consiguió preguntar.

—Santo Dios, con lord Cullen no.— Rosalie se frotó los ojos cansados—. No podía haberle importado menos mi olor. Fue mi marido quien se volvió completamente loco. Después de que captara la dichosa fragancia, me arrastró de vuelta a nuestra habitación y ...Bueno, baste decir que me mantuvo despierta toda la noche. Y cuando digo toda la noche, me refiero exactamente a eso —repitió para dar mayor énfasis antes de beber otro largo sorbo de té.

¿Haciendo qué? -preguntó Alice, perpleja.

Bella que acababa de experimentar una oleada de alivio al saber que Edward no

se había sentido atraído por Rosalie mientras ésta llevaba el perfume, miró a su hermana con expresión burlona.

—¿Qué crees que estuvieron haciendo? ¿Jugando al escondite?

—i Ah!—dijo Alice cuando por fin lo comprendió. Acto seguido miró a Rosalie con una curiosidad nada propia de una muchacha virginal—. Pero yo tenía la impresión de que te gustaba hacer.. eso ... con el señor McCarty.

—Bueno, sí, claro que me gusta, pero... —Rosalie se detuvo, víctima de un intenso rubor—. Lo que pasa es que cuando un hombre se excita hasta ese punto... -Volvió a detenerse cuando se dio cuenta de que Bella prestaba demasiada atención a sus palabras. AI ser la única casada del grupo, poseía un conocimiento acerca de los hombres y de las relaciones íntimas que despertaba una excesiva curiosidad en las demás. Por lo general, Rosalie era bastante sincera, pero jamás revelaría los aspectos íntimos de su relación con el señor McCarty. Bajando la voz hasta convertirla en un susurro, murmuró— Dejémoslo en que mi marido no necesita ninguna poción que aumente todavía más sus apetitos físicos.

—¿Estas segura de que fue por el perfume?—preguntó Bella—Tal vez fuera otra

cosa lo que lo... .

—Fue el perfume —respondió Rosalie sin dejar lugar a dudas.

Nessie interrumpió la conversación en ese momento, con aspecto confundido.

—Pero ¿por-por qué no reaccionó lord Cullen cuando lo llevabas?¿Por qué sólo afectó a tu marido y a na-nadie más?

—Y ¿por qué nadie se fijó ni en Nessie ni en mí?— preguntó Alice contrariada.

Rosalie se acabó el té, se sirvió un poco más y le añadió con cuidado un terrón de azúcar. Con los párpados medio entornado miró a Bella por encima del borde de la taza.

—¿ Y qué tal te fue a ti, querida?¿Conseguiste llamar la atención de alguien?

—En realidad...—Bella estudió el contenido de su taza—Ia de Cullen—dijo con una mueca-. Otra vez. Menuda suerte tengo... He encontrado un afrodisíaco que sólo funciona con el único hombre al que desprecio.

Rosalie se atragantó con el té, mientras que Alice se tuvo que cubrir la boca con las manos para sofocar una carcajada. Una vez que remitieron los espasmos de tos y risa de Rosalie, ésta miró a Bella con los ojos algo empañados.

—Ni siquiera puedo imaginarme lo molesto que debe estar lord Cullen al sentirse tan atraído hacia ti cuando lo único que habéis hecho hasta ahora es discutir con inquina.

—Le dije que, si quería enmendar su comportamiento, le pidiera a la condesa que

actuase como nuestra madrina —explicó Bella.

—Muy inteligente —exclamó Alice—. ¿ Y accedió?

—Está considerando el asunto.

Recostada contra el brazo de la silla, Rosalie dejó que su vista se perdiera en la bruma matinal que rodeaba el bosque.

—No termino de comprender... ¿por qué el perfume sólo funciona con el señor McCarty y con lord Cullen? ¿Y por qué no tuvo efecto sobre el conde cuando yo lo llevaba mientras que tú...?

—Quizá sea el ingrediente mágico lo que te a-ayuda a encontrar el verdadero amor—especuló Nessie.

—Bobadas—replicó Bella, que se sintió ofendida por la mera idea—. ¡Cullen no

es mi verdadero amor! Es un asno pomposo y estúpido con quien nunca podré mantener una conversación civilizada. Y cualquier mujer que tenga la desventura de casarse con él acabará pudriéndose aquí en Hampshire, y necesitará de su aprobación para cualquier cosa que haga. No, muchas gracias.

—No se puede considerar que lord Cullen sea un apolillado caballero de provincias —dijo Rosalie—. Suele residir con frecuencia en su casa de Londres y recibe invitaciones a todas las fiestas y en cuanto a esa actitud de superioridad...bueno, supongo que no puedo negarlo. Lo único que puedo decir es que, cuando se llega a conocer mejor y baja la guardia, puede ser encantador.

Bella sacudió la cabeza y apretó los labios con tozudez.

—Si es el único hombre al que puede atraer este perfume, dejaré de usarlo.

—¡No, no lo hagas!—Una chispa de diversión y astucia iluminó los ojos de Rosalie—. Conociéndote, habría pensado que querrías continuar torturándolo un poco más.

—Sí, úsalo—la instó Alice—. No tenemos pruebas de que el conde sea el único hombre que pueda verse seducido por tu perfume.

Bella miró a Nessie, que lucía un asomo de sonrisa.

—¿ Debería hacerlo? —preguntó, a lo que Nessie asintió—. Muy bien— dijo Bella—.Odiaría desaprovechar una oportunidad, por pequeña que sea, de torturar a Cullen. —Sacó el frasquito de su falda de montar—. ¿Alguien quiere un poco más?

Rosalie pareció horrorizada.

—No. Mantén eso lejos de mi, lo más lejos que puedas.

Las otras dos muchachas ya habían extendido las manos. Bella sonrió y le tendió el frasco a su hermana, que se aplicó dos generosas gotas en las muñecas y se puso un poco detrás de las orejas.

—Ya está —dijo Alice con satisfacción—. Es el doble de lo que usé anoche. Si mi verdadero amor se encuentra en un radio de dos kilómetros, vendrá corriendo a mi encuentro.

Nessie cogió el frasco y se puso un poco de perfume en el cuello.

—aunque no fun-funcione—comentó—, huele muy bien.

Tras devolver el frasquito al bolsillo, Bella se puso en pie. Se alisó las faldas color chocolate del traje de montar, cuyo extremo mas largo se hallaba sujeto con un botón para evitar que se pisara el dobladillo al andar. Cuando estuviera sentada en la silla de montar, no obstante, tendría que dejar caer la falda por el flanco del caballo para cubrir las piernas, tal y como dictaba el decoro. Llevaba el pelo recogido en varias trenzas sujetas en la nuca y un sombrerito con una pluma en la parte superior de la cabeza

—Ya es hora de que los jinetes nos reunamos en los establos.—Arqueó las cejas al preguntar-: ¿ Alguna de vosotras va a participar?

Rosalie le dirigió una mirada de lo más elocuente.

—Ni hablar después de la noche pasada...

—Yo no monto muy bien—dijo Nessie a modo de disculpa.

—Lo mismo podría decirse de Bella y de mi —replicó Alice, que lanzó una mirada de advertencia a su hermana mayor.

Yo sí monto bien—protestó Bella—. ¡Sabes de sobra, que monto tan bien como cualquier hombre!

—Sólo cuando montas como un hombre—fue la respuesta de Alice. Al darse cuenta de la confusión de Nessie y Rosalie, explicó—: En Nueva York, tanto Bella como yo cabalgamos a horcajadas la mayor parte del tiempo. Es mucho más seguro y, desde luego, bastante más cómodo. A nuestros padres no les importa siempre que lo hagamos dentro de nuestra propiedad y llevemos calzones largos bajo las faldas. En las pocas ocasiones en las que montamos en compañía de hombres, lo hacemos con silla de amazona, pero ninguna de las dos hemos llegado a dominar esa práctica.

Bella es una gran saltadora cuando monta a horcajadas. Pero hasta donde yo sé, jamás lo ha intentado con la silla lateral. Hay que guardar el equilibrio de un modo totalmente diferente y no se utilizan los mismos músculos. Además, el recorrido de obstáculos de Forks Place Park...

—Cállate, Alice —musitó Bella.

—...va a ser todo un desafío y estoy casi segura de que...

—He dicho que te calles—-masculló Bella con fiereza.

—... mi hermana va a romperse el cuello —terminó Alice, que respondió a la mirada airada de su hermana con una de su propia cosecha.

A Rosalie pareció preocuparle lo que acababa de escuchar

—Bella, querida...

—Tengo que irme—dijo Bella con brusquedad—. No quiero llegar tarde.

—Sé de buena tinta que el recorrido de saltos de lord Cullen no es apropiado para

una principiante.

—No soy ninguna principiante—replicó Bella entre dientes.

—Hay unos cuantos saltos bastante difíciles, con barras fijas en la parte ... quiero decir, el señor McCarty, me llevó al recorrido poco después de que se construyera y me aconsejó sobre la mejor forma de acercarme a ciertos obstáculos y, a pesar de todo me resultó bastante difícil. Y si tu postura en la silla no es perfecta puedes entorpecer los movimientos de la cabeza y el cuello del caballo, y...

—No me pasará nada—interrumpió Bella con frialdad—.Por todos los santos Rosalie, no sabía que pudieras ser tan pusilánime.

Acostumbrada ya a su lengua viperina, Rosalie estudió la expresión desafiante de su amiga.

—¿Por qué tienes que arriesgarte de esa manera?

—A estas alturas, ya deberías saber que nunca rehuyo un desafío.

—Y es una cualidad admirable, querida —fue la serena respuesta de Rosalie—.Siempre que no la apliques en prácticas inútiles.

Era lo mas parecido a una discusión que habían tenido jamás.

—Mira—dijo Bella con impaciencia—, si me caigo, podrás echarme un sermón del que no me perderé ni una sola palabra. Pero nadie va a impedir que monte esta mañana... Por lo tanto, la única que se empeña en prácticas inútiles eres tú, que estás malgastando saliva en balde.

Y con esas palabras se dio la vuelta y se alejó, dejando atrás la exclamación exasperada de Rosalie y el débil y resignado murmullo de Alice:

—Después de todo, es su cuello el que se va a romper...

Tras la partida de Bella, Alice miró a Rosalie con una expresión de disculpa.

—Lo siento. Mi hermana no pretendía sonar tan brusca. Ya sabes cómo es.

—No tienes por qué disculparla—le dijo Rosalie, con sequedad—. Es Bella quien

debería hacerlo... aunque supongo que podría morirme esperando antes de que ella lo admitiera.

Alice se encogió de hombros.

—Hay ocasiones en las que mi hermana debe sufrir las consecuencias de sus acciones. A decir verdad, una de las cosas que más me gustan de ella es que cuando se demuestra que se ha equivocado lo admite, e incluso se ríe de ella misma.

Rosalie no le devolvió la sonrisa.

—Yo también la adoro, Alice. Tanto que no puedo dejar que se abalance sobre el

peligro a ciegas... bueno, en este caso, que cabalgue hacia él. Es evidente que no comprende lo peligroso que es el recorrido de obstáculos. Lord Cullen es un jinete experimentado y, como tal, ha construido un recorrido que se ajusta a su nivel de pericia. Incluso mi marido, que es un jinete excepcional dice que representa todo un reto. Y que Bella intente completarlo cuando no está acostumbrada a saltar con silla de amazona... —Unas cuantas arrugas surcaron su frente—. La posibilidad de que resulte herida o muerta a causa de una caída me resulta insoportable.

En aquel momento, Nessie habló en voz baja.

—El se-señor McCarty está en la terraza, Está de pie junto a las puertas francesas.

Las tres jóvenes desviaron la vista hacia el alto y moreno esposo de Rosalie, que iba ataviado con el traje de montar. Se encontraba junto a tres hombres que se le habían acercado tan pronto como puso un pie en la terraza. Todos se reían de alguna broma que Emmett había hecho... sin duda alguna, algún comentario subido de tono. Emmett era un hombre al que le gustaban las actividades masculinas y los deportes al aire libre y, por lo tanto, era muy apreciado por todos aquellos que solían reunirse en Forks Place Park. Una sonrisa sardónica le curvaba los labios mientras paseaba la mirada por los grupos de invitados que se sentaban en las mesas del exterior, alrededor de las cuales se movían los criados, llevando bandejas de comida y jarras de zumo recién exprimido. No obstante, su sonrisa cambió cuando vio a Rosalie, y el cinismo se transformó en una ternura que hizo que Alice se sintiera un poco melancólica. Daba la sensación de que algo hubiera atravesado la distancia que había entre la pareja: una conexión intangible pero tan intensa que nada podría romperla.

—Perdonadme un momento—murmuró Rosalie al tiempo que se ponía en pié.

Se acercó a su esposo, que le tomó la mano en cuanto llegó hasta él y se la llevó a los labios para besarle la palma. Con la vista clavada en su rostro, Emmett le retuvo la mano e inclinó la cabeza hacia la de ella.

—¿ Crees que le está contando lo de Bella?—le preguntó Alice a Nessie.

—Eso espero.

—-Por Dios, espero que ese hombre sepa que este asunto debe llevarse con la mayor discreción—dijo Alice Con un gemido-. Bella se volverá más terca que una mula ante el más mínimo intento de confrontación.

—Supongo que el señor McCarty será muy circunspecto. Tiene fama de ser un gran mediador en asuntos de negocios, ¿no es así?

—Tienes razón—replicó Alice, aunque no se sentía mucho mejor—. Además, está acostumbrado a tratar con Rosalie, que también tiene un temperamento bastante

fuerte.

Mientras hablaban, Alice no pudo dejar de percibir el extraño fenómeno que solía ocurrir cuando Nessie y ella estaban solas... Su amiga parecía relajarse y su tartamudeo desaparecía. Nessie se inclinó hacia delante, inconsciente de la elegancia de sus movimientos al reposar la barbilla en la suave curva de la mano y dejar el codo sobre la mesa.

—¿Qué crees que está pasando entre esos dos? Me refiero a Bella y a lord Cullen.

Alice sonrió con tristeza, un poco preocupada por su hermana.

—Creo que mi hermana se asustó ayer al darse cuenta de que podría encontrar atractivo a lord Cullen. y no reacciona muy bien cuando se asusta; el miedo suele hacer que se lance de cabeza y haga algo de lo más imprudente. De ahí viene la firme determinación de matarse a lomos de ese caballo hoy.

—Pero ¿por qué debería sentirse asustada? —La confusión teñía las facciones de Nessie-, Hubiera pensado que a Bella le agradaría atraer la atención de alguien como el conde..

—No cuando sabe que estarían en constante desacuerdo en el caso de que esa relación llegase a algún sitio. Y Bella no tiene deseo alguno de que alguien tan poderoso como Cullen la aplaste.—Alice exhaló un profundo suspiro-. A mí tampoco me gustaría que le pasara eso.

Nessie expresó su acuerdo con cierta renuencia.

—Supongo que al conde le costaría tolerar la naturaleza pintoresca de Bella.

—Eso parece, sí —dijo Alice con una sonrisa extraña—. Nessie, querida... supongo que es de pésimo gusto por mi parte hacértelo notar pero en el último minuto no has tartamudeado.

La muchacha pelirroja esbozó una sonrisa tímida tras la palma de la mano y miró a Alice con un aleteo de sus pestañas castaño rojizas.

—Siempre mejora cuando estoy lejos de casa.. lejos de mi familia. Y también ayuda que me acuerde de hablar despacio y piense lo que vaya decir. Sin embargo, empeora cuando estoy cansada o cuando tengo que hablar con ex-extraños. Nada me parece mas aterrador que acudir a un baile y enfrentarme a una habitación llena de personas a las que no conozco.

—Querida—dijo Alice con suavidad— la próxima vez que te enfrentes a una habitación llena de extraños... deberías pensar que algunos no son más que amigos a la espera de que los conozcas,

Cuando los jinetes se congregaron delante de los establos, los recibió una mañana fresca y brumosa. Habría unos quince hombres y dos mujeres más aparte de Bella.

Los caballeros llevaban chaquetas oscuras, pantalones de montar cuyo color variaba desde el marrón al mostaza y botas altas. Las mujeres llevaban trajes de montar ceñidos en la cintura y adornados con cordoncillo, que se remataban con unas voluminosas faldas de bajo asimétrico abotonadas a un costado. Los criados y los mozos de cuadra se movían entre la multitud, llevándoles los caballos y ayudando a los jinetes a montar en cada uno de los tres escalones dispuestos para tal fin. Algunos invitados habían decidido llevar sus propios caballos mientras que otros se habían decantado por utilizar los famosos animales que conformaban los establos Masen. A pesar de que había visitado los establos la última vez que estuviera allí, Bella se sorprendió de nuevo ante la belleza de los bien atendidos purasangres que se les ofrecían a los invitados.

Bella esperó junto a uno de los escalones para montar, en compañía del señor

Cheeney, un joven de cabellos castaños y facciones agradables, aunque con un

mentón débil, y dos caballeros más, lord West y lord Bazeley, que charlaban de forma amigable mientras esperaban que les llevaran sus monturas. Dado que no le

interesaba la conversación, Bella dejó que su mirada vagara ociosamente por el lugar, hasta que vio la esbelta figura de lord Cullen cruzando el patio. Su chaqueta se veía un tanto desgastada a pesar de tener un buen corte y la piel de las botas altas tenía un aspecto suave y maleable.

Unos recuerdos indeseados hicieron que se le desbocara el corazón. Le ardieron las orejas cuando s acordó de ese ronco susurro Quiero besarte por todas partes...»

Consciente de las incómodas pasiones que se agitaban en su interior, observó cómo Edward se acercaba a un caballo que ya habían sacado... un animal que Bella recordaba haber visto con anterioridad. El animal, llamado Brutus, se mencionaba en casi cualquier conversación que versara sobre temas ecuestres. No había un caballo de caza más admirado en toda Inglaterra; un magnífico bayo oscuro, de disposición inteligente y habilidosa. Era un caballo de perfil bajo y espalda musculosa, con una curva pronunciada que le permitía cabalgar por terrenos bastante agrestes y saltar con envidiable destreza. En tierra, Brutus tenía la disciplina de un soldado... en el aire, no obstante saltaba como si tuviera alas.

—Dicen que, con Brutus, lord Cullen no necesita una segunda montura— señaló

uno de los invitados.

Bella que estaba junto al escalón para montar, desvió la vista hacia el hombre

que había hablado, presa de la curiosidad.

—¿Y eso qué quiere decir?

El hombre de cabello castaño sonrió con cierta incredulidad, como si fuera algo que todo el mundo debería saber.

—En un día de caza -explicó-, lo habitual es que se monte un caballo por la mañana y por la tarde se utilice uno de refresco. Aunque al parecer, Brutus tiene la energía y la resistencia de dos caballos.

— Como su propietario—dijo otro de los hombres, y todos los demás rieron entre

dientes.

Bella hecho un vistazo a la escena y vio que Cullen conversaba con Emmett McCarty, quien le estaba contando algo que hizo que el conde frunciera el ceño. De pie junto a su amo, Brutus se agitó y golpeó con el hocico a Edward en un despliegue de rudo afecto, aunque se calmó cuando éste extendió la mano para acariciarlo.

Bella se distrajo cuando un mozo de cuadra, uno con el que había jugado al

rounders el día anterior, acercó un lustroso caballo tordo al escalón. Tras devolverle el guiño, Bella esperó a que el muchacho comprobara la cincha y la sujeción que aseguraba el equilibrio de la detestada silla de amazona. Al examinar al caballo con una mirada de aprobación se dio cuenta de que el tordo era fuerte y de líneas refinadas, de complexión perfecta y ojos de vivaz inteligencia. La cruz no se alzaría más de un metro y treinta centímetros... el caballo perfecto para una dama.

— ¿Cómo se llama? —preguntó Bella. Al oír el sonido de su voz las orejas del

caballo se giraron hacia ella, atentas.

Starlight, señorita. Estará segura con él: es el caballo más disciplinado de los establos, después de Brutus.

Bella le dio unas palmaditas en el sedoso cuello.

—Tienes pinta de caballero, Starlight. Ojalá pudiera montarte como es debido, en lugar de tener que ponerte esta estúpida silla lateral.

El tordo inclinó la cabeza para mirarla con una tranquilidad reconfortante.

—El señor nos dijo expresamente que le diéramos a Starlight cuando quisiera montar, señorita —dijo el mozo, que al parecer estaba impresionado por el hecho de que el propio lord Cullen en persona hubiera condescendido a elegirle una montura.

—Qué amable —murmuró Bella al tiempo que deslizaba el pie en el estribo y se alzaba un poco sobre la silla de tres pomos.

Trató de sentarse derecha, cargando la mayor parte de su peso sobre la nalga y el muslo derechos. Enganchó la pierna derecha en un pomo, con el pie apuntando hacia el suelo, mientras que la pierna izquierda colgaba con naturalidad sobre el estribo. Por el momento, no resultaba una postura incómoda, aunque Bella sabía que empezarían a dolerle las piernas en poco rato, debido a la desacostumbrada posición. A pesar de todo, cuando tomó las riendas y se inclinó para acariciar a Starlight una vez más, sintió un es estremecimiento de placer. Adoraba montar, y aquel caballo era mucho mejor que cualquiera que hubiera en las cuadras de su familia.

—Esto... señorita... —dijo el mozo de cuadra en voz baja, tras lo que señaló con

timidez sus faldas, que seguían abotonadas.

Ya montada en la silla, quedaba al descubierto una buena porción de su pierna izquierda.

—Gracias —respondió, a la par que soltaba el gran botón que tenía en la cadera para que las faldas cayeran sobre su pierna.

Satisfecha al ver que todo estaba en su lugar, azuzó con suavidad al caballo para

que se alejara del escalón de montar y Starlight respondió de inmediato, atento a la menor presión del tacón de su bota.

Se unió a un grupo de jinetes que se dirigía al bosque y sintió una oleada de

anticipación al pensar en el recorrido de obstáculos. Según había escuchado, se

trataba de un total de doce saltos dispuestos con ingenio en un recorrido que

serpenteaba desde el bosque hasta los prados. Era un desafío que estaba convencida de poder superar. Incluso montada en una silla de amazona, su sujeción era firme y su muslo se apretaba con fuerza contra el pomo que la ayudaría a mantener el equilibrio.

Además, el tordo era un caballo maravillosamente adiestrado, brioso pero obediente, que pasó sin dificultad de un trote ligero a un galope suave. Cuando Bella se acercó al inicio del recorrido, pudo ver el primer obstáculo: un prisma triangular que parecía tener alrededor de medio metro de altura y algo más de metro y medio de ancho.

—Esto no será ningún problema para nosotros, ¿verdad, Starlight?—le susurró al caballo.

Frenó a su montura hasta andar al paso y se dispuso a acercarse al grupo de jinetes que esperaban. No obstante, antes de que pudiera llegar hasta ellos, se percató de que alguien se ponía a su altura. Se trataba de Edward, montado en su bayo oscuro y cabalgando, con una facilidad y una economía de movimientos que le erizaron el vello de los brazos y la nuca, como le sucedía siempre que presenciaba una proeza realizada con increíble perfección. Tenía que admitir que el conde ofrecía una imagen arrebatadora montado a caballo.

A diferencia de los otros caballeros presentes, Edward no llevaba guantes de montar. Al recordar la suave aspereza de esos dedos callosos sobre su piel, Bella se vio obligada a tragar con fuerza y apartar la vista de las manos del hombre sobre las riendas. Una cautelosa mirada hacia su rostro le dijo que había algo que le molestaba sobremanera... la distancia entre sus cejas se había acortado y su mandíbula se había endurecido, lo que le daba una apariencia obstinada.

Bella consiguió esbozar una sonrisa despreocupada.

—Buenos días, milord.

—Buenos días—fue su tranquila respuesta. Pareció elegir las palabras con mucho

cuidado antes de continuar— ¿ Le gusta su montura?

—Sí, es espléndida. Y, por lo visto, debo agradecérselo a usted.

La boca de Edward se torció un poco, como si el asunto no tuviera la menor

importancia.

—Señorita Swan... ha llegado hasta mis oídos que carece de la experiencia suficiente sobre una silla lateral.

La sonrisa de la joven se desvaneció de sus labios, que de súbito se quedaron

paralizados. Al recordar que Emmett había estado hablando con Edward apenas

unos minutos antes, Bella comprendió con una punzada de enojo que Rosalie debía estar detrás de todo do aquello. «Maldita sea por inmiscuirse», pensó, y frunció el ceño

—Me las arreglaré —dijo de modo conciso— No se preocupe por eso.

—Me temo que no puedo permitir que uno de mis invitados ponga en peligro su propia seguridad.

Bella observó cómo sus propios dedos enguantados apretaban las riendas.

—Cullen, puedo montar tan bien como cualquier otra persona de esta reunión. Y, a

pesar de lo que hayan podido decirle, las sillas de amazona no me son del todo desconocidas. Así que, si me deja tranquila...

—Si me hubieran informado con anterioridad, podría haber encontrado tiempo para

pasear con usted por el recorrido y comprobar así su nivel de habilidad. No obstante, tal y como están las cosas, ya es demasiado tarde.

Bella registró sus palabras, la firmeza de su tono y ese aire de autoridad que tanto

la exasperaba.

—¿Me está diciendo que no puedo montar hoy?

Edward mantuvo su mirada sin flaquear.

—No en el recorrido de obstáculos. Puede cabalgar en cualquier otra parte de la

propiedad. Si es su deseo, comprobaré sus habilidades a lo largo de la semana y así podrá disfrutar de otra oportunidad. Hoy, sin embargo, no puedo permitido.

Dado que no estaba acostumbrada a que le dijeran lo que podía o no podía hacer, Bella se tragó una sarta de acusaciones ofensivas. En su lugar, consiguió replicar con una forzada calma.

—Aprecio su preocupación por mi seguridad, milord. Pero me gustaría sugerirle un trato: observe cómo salto los primeros obstáculos y si le parece que no puedo

enfrentarme a ellos del modo apropiada, acataré su decisión.

—No hago tratos en lo concerniente a materias de seguridad—dijo Edward- Acatará mi decisión en este mismo momento, señorita Swan.

Estaba siendo injusto. Le estaba prohibiendo hacer algo para demostrar el poder que tenía sobre ella. Luchando por controlar la furia que hervía en su interior, Bella sintió que se le crispaban los labios. Para su eterna vergüenza, perdió la batalla contra su temperamento.

—Soy perfectamente capaz de saltar esos obstáculos —le dijo torvamente—. Y voy a demostrárselo.

Oooooooohhhhhh, esto se está poniendo complicado… no parecen ser capaces de mantener una conversación civilizada

¿Perdonara Bella a Rose? Que creeis?

Estad atentas…

Esta historia no la actualizare cada dia, pero si cada semana¡

A veces mas de una vez

Besitos : Masen1309 ;)