Declaración: Rurouni Kenshin no me pertenece. Sus derechos corresponden a Nobuhiro Watsuki y otros cuantos, pero no a mi. Yo escribo esto por mera entretención, sin fines de lucro y sólo en fanfiction punto net

La Protegida

Acto Siete

"Cruzando al otro lado"

por

Blankaoru

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Como si fuera lo más natural del mundo, Kaoru durmió acurrucada contra Kenshin y como si a este no le importara tal cosa, le tenía una mano sobre la cintura. Contra lo que solía suceder, ella se despertó primero y tuvo una noción, al levantarse, de lo agradable que era dormir acompañada y abrigada por otra persona. Tal vez -se le ocurrió cuando llegó al baño.- es que ya se había acostumbrado a la presencia de Kenshin a su lado, porque definitivamente, dormir con un hombre no era algo que antes haya pensado como un anhelo y casi siempre había dormido sola, a veces con Misao cuando llegó a su casa. Jamás con un hombre.

Ella sabía que aquella no era una situación propiciada por Kenshin, de modo que no lo veía como un aprovechamiento por parte de él. Luego de llegar a la feliz conclusión de que ambos no hacían nada malo y terminado lo del baño, se aseó y fue a ver qué había de comer. Se topó con Kenshin por el pasillo y le informó que haría fuego por mientras.

Cuando él llegó, tenía la cocina llena de humo, pero al menos el agua ya se estaba calentando. Luego de comer algo, Kenshin la invitó a caminar.

-En este río suelo venir de pesca cuando tengo tiempo.- dijo tras cinco minutos colina abajo. Kaoru apreció la belleza del fluír calmo del agua, brillando cada gota a la luz del sol. Era un río relativamente ancho, tal vez tendría unos diez metros y al parecer tendría más de un metro de profundo al medio. Se lo comentó a Kenshin.

-Este río puede ser cruzado a pie sin mayores problemas.- Respondió él.- Pero no te confíes de eso. A veces el caudal viene aumentado por las lluvias, hay lugares en los que tiene pozos que no se ven desde la orilla y es peligroso. Supongo que algún dia querrás largarte de aquí o tendrás que bajar al pueblo y tomar esta dirección. Pero no quiero que te mates en el intento. Sólo hay dos lugares seguros para cruzar y te los señalaré, pero no te escapes.

Kaoru miró a Kenshin cuando su voz, normalmente áspera y seca tomó un tono algo tierno en la última palabra.

-Si usted no me da motivos, no veo por qué deba escaparme.

Por la sonrisa despreocupada de Kaoru, Kenshin supo que ella no había vislumbrado la real intención de sus palabras.

Él no quería que se dañara, sea cual fuere la circunstancia, porque le importaba. Originalmente no la dejaría salir de la casa, pero tras meditarlo durante el desayuno decidió mostrarle el bosque inmediato y su huerta para que se entretuviera y de paso, conociera la belleza de esos parajes. También le enseñaría el camino al pueblo, para que no se perdiera si en una emergencia debía ir hacia allí. Pero lo primero era el río.

La guió por la orilla, mostrándole las formas secretas y seguras de cruzar. Atravesaron el caudal y Kaoru tuvo que levantarse las faldas del kimono para no mojarlo cuando el agua le llegó a la rodilla. A Kenshin parecía no importarle mojarse el hakama y las sandalias mientras le hablaba del cuidado con el musgo en las piedras sumergidas, que las hacía resbalosas en tanto el agua y su frialdad los atacaba. Salieron del otro lado y caminaron otro poco, río abajo, hasta dar con una huella apenas visible y atravesaron de vuelta por allí. El río era mucho más ancho y a Kaoru le dio un poco de temor adentrarse tanto, pero el agua nunca estuvo más arriba de sus tobillos, aunque Kenshin volvió a prevenirla sobre no llegar y cruzar en cualquier lado. Le recalcó los árboles que señalaban los pasos.

Regresaron bordeando el río y Kenshin le indicó unas rocas tan grandes que bien podrían llegarle a las rodillas, una al lado de la otra.

-Esas piedras marcan un estanque junto a ese recodo del río. Es bastante profundo, al menos para que el agua te llegue al cuello. Parece que lo hicieron las personas que vivían antes aquí, entonces el agua entra por allá... - dijo al acercarse, señalando el inicio del estanque, de unos cinco metros de largo por unos dos de ancho, paralelo al río.- Y sale por allá. En general el agua suele ser más tibia que la del río y cuando quieras puedes venir a bañarte. Es seguro.

Al llegar junto al estanque, Kaoru se agachó sobre una roca y tocó el agua con una mano. Mientras la del río venía inmisericordemente fría, esa estaba un poco más temperada.

-¿Usted viene a bañarse aqui?

-Si. Casi todos los días.

-Seguramente se puede.- Concedió Kaoru. Ella no sabía nadar, pero si el estanque no era muy profundo podría venir a refrescarse también, aunque con meter los pies le bastaría. Le gustaba mucho el entorno, con un vistazo había encontrado varios lugares cómodos para dormir la siesta.

Caminaron de regreso a la casa, ocasión que Kenshin aprovechó de mostrarle algunos frutales y una huerta bastante grande donde se asomaban algunas hojas. Ella recordó haber visto algo similar donde Anji. Kenshin exploró cada surco con cuidado y asintió.

-Sano cuidó bien.- murmuró. Kaoru no lo comprendió y regresaron a la casa, pero se alarmó al notar que había gente en ella, tranquilizándose al notar a Kenshin tan calmado con eso.

-Hey, amigo Kenshin, hasta que regresaste. Ya nos tenías preocupados. Dijiste que te demorarías una semana.- dijo un joven atractivo y alto, de enormes ojos castaños y cabello peinado hacia arriba, con una cinta roja sobre la frente. De pronto este reparó en Kaoru.- ¿Y esta?

Junto al joven había una atractiva mujer. Tan cuidada y bonita que por un momento Kaoru sintió verguenza de su aspecto simplón y de su cabello peinado con los dedos. La mujer la miró de pies a cabeza.

-Ken-san, nos dijiste que volverías antes y no lo hiciste y encima te traes una mujer. - dijo algo molesta.- Nos pones en peligro con esto.

-Ella vivirá aquí.- dijo Kenshin escueto.- ¿Cómo ha estado todo por acá?

Se hizo un silencio tras la pregunta. La mujer y el joven miraban a Kaoru y Kenshin alternamente y ella sobre todo no se veía feliz con la idea.

-No te debemos explicaciones, así como tú a nosotros.- respondió ella, cruzándose de brazos.

Kaoru se estaba poniendo nerviosa con esa hostilidad. No sabía que pasaba allí, pero la hacían sentir como una intrusa que debería estar a miles de kilómetros de allí. Miró a Kenshin, pero él no se veía ni molesto. Pasó de largo hacia la casa y ella lo siguió, la vista baja. Cuando él se detuvo, a prudente distancia de los recién llegados, se los señaló.

-Ella es Takani Megumi, doctora. Nos ayudará a conseguir algunas cosas para no tener que bajar demasiado al pueblo a exponerte. Él es Sagara Sanosuke, su asistente y también mi colaborador.

-Gusto en conocerte.- dijo Sanosuke, repentinamente de buen ánimo.- Si necesitas algo sólo pí...-

No siguió hablando. Un codazo entre las costillas le causó más dolor que ganas de hablar. Megumi, a su lado, seguía mirando hostil a Kaoru.

-¿Es tu mujer?- preguntó sin rodeos a Kenshin.

Kaoru iba a abrir la boca para defenderse, pero Kenshin decidió zanjar el asunto. Habló muy serio.

-Se quedará aquí, un tiempo. Ustedes me ayudarán para que ella no tenga necesidad de bajar al pueblo. Si tienes problemas con eso, Megumi, está bien, puedes seguir trabajando en tu clínica, que no te molestaré. No es necesario que vengas, puedo enviar lo tuyo con Sanosuke.

-Tampoco te lo tomes así.- repuso Megumi haciendo un gesto coqueto con su cabello para disimular su turbación.- Si me necesitas puedes contar conmigo, como siempre. Pero nunca antes habías traído una mujer a tu casa. Quería saber de qué se trataba.

-Es un trabajo.- respondió Kenshin arrastrando las palabras. -Y debo protegerla. Como se quedará aquí, necesitamos algunas cosas, como un futón nuevo para esta tarde, Sanosuke.

-Ja! Cuenta con uno.

-Megumi, me gustaría que hicieras un examen físico a Kaoru. Tuvo... tenía algunas heridas y quiero saber si cicatrizan bien.

Kaoru en tanto estaba muy impresionada con Sanosuke. No le quitaba los ojos de encima. Cuando Kenshin lo advirtió, ella decidió hablarle.

-Podría conseguirme un costurero, ¿por favor?.

Una punzada de celos atacó a Kenshin cuando Sanosuke sonrió a la joven.

-Claro, muchacha. Tardará un poco más que el futón, pero lo tendrás.

Agradecida, Kaoru sonrió de vuelta.

-También consigue un kimono y una yukata para ella.- dijo Kenshin.- Acá arreglamos cuentas.

Megumi llamó a Kaoru hacia el interior de la casa para revisar lo que sea que Kenshin haya querido que ella viera. Los hombres quedaron afuera.

-Guau. ¿De dónde sacaste a esa lindura? No me digas que es la chica que tenías que capturar.- dijo Sanosuke muy contento, ignorando que por un segundo Kenshin consideró la posibilidad de rebanarle el cuello.

-Es ella.

-¡Vaya! ¿Y qué pasó? No pudiste entregarla y decidiste quedártela. No es raro. Es muy hermosa.

Kenshin miró de reojo a Sanosuke. Esta vez fueron dos.

Dos segundos de considerar lo de su cuello.

-No se trata de eso.-

Ajeno a los tumultosos pensamientos de Kenshin, Sanosuke se quedó pensando en la belleza que acababa de conocer. Figura sinuosa como le gustaba a él, cintura pequeña, rostro bonito y labios llenos, cabello largo, pies pequeños, ojos... ojos...

-Eran de color azúl, ¿cierto?

-Si.- respondió Kenshin, de brazos cruzados y mirando sin ver hacia el interior de la casa.

-Si. Me pareció que no eran negros.

Tras un par de segundos en silencio, Sanosuke sentenció.

-Es muy joven. Le falta todavía para llegar a ser el mujerón que Megumi.

Una imperceptible sonrisa llegó a los labios de Kenshin. Su joven amigo al parecer seguía irremediablemente enamorado de la médica, misma que cada vez que podía le dejaba en claro que no era su tipo de hombre y que jamás lo sería. Pero bueno, Sanosuke no dejaba de tener esperanzas.

Se quedaron poniéndose al día sobre huertas y palas rotas y en eso salió Megumi de la casa. En realidad, no era extraño que Sanosuke estuviera enamorado de esa belleza de piel blanca y pelo rabiosamente negro, como el ébano. Su figura no era tan sinuosa como la de Kaoru, pero en términos generales era más bonita, dependiendo, tal juicio, de quien la estaba mirando. Porque Kenshin entendía que esto lo pensara Sano, pero él mismo tenía dificultades para apartar los ojos de su protegida y Megumi le parecía de lo más normal. De todos modos, no era una opinión que quisiera compartir. Menos concordar.

-Está todo en orden.- le dijo Megumi a Kenshin, mirándolo por un momento intensamente a los ojos.

Este asintió, disimulando lo aliviado que se sentia. Kaoru salió un poco después, para despedir a la pareja que se iban por los encargos.

-Mocosa.- dijo Kenshin.- Ayer cociné yo. Hoy te toca a tí. Yo me ocuparé del techo, que parece que...

-Y si... ¿Y si yo me ocupo del techo?.- Preguntó Kaoru con evidente timidez. Kenshin ennarcó las cejas, extrañado.

-No es tan fácil como parece. Ve a cocinar. Sanosuke dejó algunas verduras y miso. Creo que algo debes poder hacer con eso.

Incómoda, Kaoru evitó mirar directamente a los ojos.

-Mi padre me enseñó muy bien lo del techo.

Kenshin asumió que la renuencia de Kaoru a cocinar era flojera y cuando ella le quiso decir algo, él se reusó escucharla, enviándola a la cocina.

-Bajaré en una hora chiquilla y te aseguro que, si no está lista la comida, tendrás tu primera clase de natación en el estaque.- dijo muy serio. Puso su escalera y cargando una cubeta con cosas, se dispuso a trabajar. Kaoru se metió a la cocina como la mandaron y mirando los ingredientes, intentó hacer algo.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

-¿Por qué no se lo dijiste?- preguntó Sanosuke a Megumi cuando iban llegando al pueblo.

-No tengo por qué dar cuenta de mis actos si Ken-san no es capaz de responder civilizadamente una pregunta. Ni siquiera nos presentó como se debe. Le dio nuestros nombres a esa muchacha y nosotros sólo sabemos que ella se llama Kaoru.

-Bueno, no digamos que Kenshin es muy expresivo. No es dado a hablar mucho, quizá sólo lo pillamos en un mal día y cuando volvamos sepamos más de esa muchacha.

-De todos modos lo mío no tiene nada que ver con él ni con la chica esa, menos con su misión. Asi que tampoco quiero que le cuentes de eso. Este caso es mío. Ya, mejor ve a conseguir lo que te pidieron o no podrás llegar esta tarde con eso.

-Primero la comida. Luego, daré la vida si es necesario, por mi amigo Kenshin.

Molesta, Megumi miró a Sanosuke. Tendría que invitarlo a comer, para variar.

-Ve donde Tae. Pídele dos colaciones de salmón. Y una de trigo, que es más liviana.-

Sanosuke se separó de Megumi para ir a ejecutar la orden apenas entraron al pueblo. La médica, que sólo dejaba su clínica cuando se trataba de Kenshin, regresó a su puesto de trabajo y atendió rápidamente a una muchacha cuyos huesos en la muñeca se separaron al tener una fuerte caída. Más tarde, al llegar Sanosuke, comió con él, reservando la comida más liviana para su único paciente de planta. Aquel sobre el cual Kenshin, debido a su mala forma de contestar, no se iba a enterar.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kaoru miraba de reojo a Kenshin quien, sentado con gran propiedad frente a la mesa, tomó el pocillo para probar la sopa. La joven temblaba imperceptiblemente.

-Kenshin... sobre la sopa...

-Parece que está muy caliente aún.- observó, dejando el pocillo para más tarde. Empezaría con las verduras, que tenían buena pinta.

-¿Podemos hablar antes de comer?- comenzó Kaoru. Kenshin sólo la miró.

-Estoy hambriento.

-Por favor.

Resoplando, Kenshin se sentó derecho.

-Habla.-

-Pues... lo que pasa es que...

De verdad Kenshin tenía hambre. Cada parte de su ser estaba concentrado en la sopa de la que sobresalian algunas verduritas.

-Mi madre murió siendo yo un niña.- se apresuró a decir ella.- Y mi padre me crió. Me educó... me educó en las artes marciales, en kendo.

-Si, ya sabía eso. ¿Y?- dijo, picoteando una verdura y sacándole un generoso pedazo.

-Lo que pasa es que él no sabía cocinar, siempre lo hizo mi madre... y yo...

Kenshin se llevó la verdura a la boca. Le pareció que estaba un poco recocida.

-... Yo la verdad es que no pude aprender. Es decir, puedo hervir agua y cocer verduras, pero... pero...-

-Se nota, pero no te preocupes, muchacha, mientras se pueda comer no hay problema.- dijo Kenshin, ahora si, tomando un buen sorbo de la sopa.

Al principio el calor disimuló el sabor y cuando pudo comenzar a sentirlo le pareció que no estaba mal, pero cuando la sopa acabó de pasar por su garganta no pudo soportar el sabor agrio que conllevaba hacia el final. Era malo... tan amargo que no lo pudo soportar y levantándose con premura, alcanzó el patio donde vomitó lo poco que había comido.

Apenas se pudo levantar, sintiendo aún el asqueroso sabor en el final de la lengua, vio a Kaoru, arrodillada y con la cabeza gacha, delante de él, pidiéndole miles de disculpas.

-No aprendí, no aprendí a hacer nada más, por eso en la casa de mi tio hacía labores de casa. Por favor, Kenshin, perdóneme por arruinar su comida...

Con el dorso de la mano, Kenshin se limpió la boca y la miró molesto, en tanto ella seguía deshaciéndose en disculpas. Lo pensó un momento.

-Creí que querías matarme con esa porquería.

-No es así... Es sólo que nunca he podido entender lo de la sazón o los minutos de...

Kenshin se puso manos en la cintura y de pronto miró hacia arriba. Le dijo a Kaoru que se levantara.

-Tu padre, además del kendo... supongo que te enseñó a arreglar el techo, ¿no?

-Si, Kenshin. Eso lo aprendí muy bien. Lo juro.- dijo ella intentando por todos los medios hacerse útil.

Regresaron a la casa, donde comieron las verduras que pudieron, mientras otra olla con agua comenzaba a hervir en la cocina. Y mientras Kenshin se ocupó de una nueva sopa con los ingredientes que ella dejó, Kaoru encontró el problema en el techo que él fue incapaz de ver, reparándolo con una facilidad que él, revolviendo la sopa, no pudo sino admirar.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Buda había escuchado sus plegarias y finalmente Riuji y su hermana Rumiko serían adoptados. Anji se sentía muy contento, tanto, que pidió a Tsubaki una cena especial para despedir a los niños. Hubo un ambiente lindo cuando todos despidieron a los niños y les hicieron pequeños regalos, como dibujos y flores de esas que crecen entre el pasto. Al día siguiente irían a buscarlos, asi que Tsubaki tenía secándose al fuego la mejor ropita que ellos tenían y que había lavado para que usaran.

Cuando los niños se acostaron y todo quedó en calma, Anji se quedó afuera, pensando en algunas cosas. Tsubaki llegó a su lado.

-Los niños crecerán en un buen ambiente.- dijo Anji tranquilo. Tsubaki lo miró un poco más. Lo quería.

-Anji, hay algo que me preocupa. Hoy vi un cartel donde hablan de los señores Himura. Yahiko no lee mucho, Tsubame nada, en general los niños no pueden entender lo que dice pero me preocupa que se les escape que estuvieron aquí. Pienso en un modo de advertirles que no digan nada, pero no se me ocurre.

-Le pediremos a Buda que nos ilumine para guiarlos en eso. No temo tanto por los Himura, ellos deben estar a salvo ahora, pero nosotros podemos tener problemas con eso.

-Pues vas a tener que pedir harto para que no tengamos problemas.- dijo Tsubaki realmente preocupada.- por los niños que se van mañana. Me da un poco de pena dejar de ver a Rumiko pero la señora que la adoptará siempre nos da cosas y nos trata bien. Será muy buena y justa con ella y su hermano, pero su marido me parece algo severo, sería un desastre que él escuchara de Kenshin y Kaoru.

-Sólo podemos pedir a Buda, Tsubaki. Pero independiente de lo que pueda pasar en ese aspecto, lo importante es que los niños lleguen a un buen hogar. No pierdas eso de vista cuando hagas tus plegarias. Formarán parte de una familia, nunca más tendrán que acostarse temprano por falta de comida y usarán ropa a la medida de ellos y no heredada de cuatro niños o más antes que ellos. Y no te preocupes por el señor. Él quiere a su mujer y sabrá guiar a los niños. Serán felices con la familia Fujita, ya lo verás, Tsubaki. Serán felices.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Aoshi escuchó atentamente el reporte de cada uno de sus hombres sobre la tarea que les había encomendado. La situación era más delicada de lo que parecía y ya no estaba muy seguro sobre cómo enfrentarla. Debía ser honesto consigo mismo: Una parte de él quería hacer el trabajo solo, como ninja que era, con su grupo, investigando, corriendo riesgos y desmantelando aquello que se cernía como una amenaza sobre su pais. Pero tampoco podía desconocer la promesa que los tiempos habían cambiado y así también el modo de poner sus habilidades al servicio de su país.

-Está claro que todo tráfico de armas es para algo grande, pero esto parece ser mucho más grande. - comentó a sus hombres y confidentes.- Son armas importadas desde China y aunque Hannya tiene el nombre del vendedor, lo mejor es dejarlo ahí y seguir el hilo de la gente que hizo la compra acá, como Sadojima. Al parecer, la compañía "Inferno"sería la que realizó la compra, sin embargo Kamiya no tiene conexiones con esa empresa o gente de allí y puede que haya hecho el negocio sólo por el dinero, aunque también podríamos asumir que él no sabe nada de esto y que su propio negocio podría estar siendo utilizado como fachada por alguien que trabaja para él o es muy cercano.

-¿Los hijos?- Preguntó Beshimi.

-Creo que la investigación de Hyotoko descartó a Shiro, Kuro y Misao. En fin, que los he reunido aquí, no para decirles algo que ya sabemos, si no para comunicarles que he decidido trabajar en conjunto con la policía.

-¿Qué? ¿Estás seguro, jefe?.- preguntaron los cuatro hombres a un tiempo.

-Asi es. Como les he dicho, debemos investigar a las personas que compraron y esto podría ser algo muy grande.

-Pero tú sabes que la policía tiene un grado de corrupción.- dijo Hannya, muy tranquilo, ocultando que la idea no le gustaba nada. Jamás contradecía al jefe, al menos, no en público.- Si hablamos de dinero es fácil que se corrompa a un oficial y jamás llegaremos al fondo de esto.

Aoshi miró a sus hombres. Como espías eran bastante buenos, pero no eran dados a pensar en profundidad sobre las cosas y a pesar de lo que habían descubierto, no se daban cuenta de lo grave que podía ser lo que estaba pasando.

-Necesitamos la conexión con la policía porque es un modo más directo de llegar a las Fuerzas Armadas. Porque en esas armas que Kuro y Misao encontraron, no sólo habían pistolas. Habían ametralladoras Gaitlin y no sabemos qué cosas más pero si sabemos que eran muchas. Sólo puedo pensar que un grupo se está armando y con ese poder de fuego podemos esperar un enfrentamiento por algo. Puede ser cualquier cosa, un levantamiento en alguna región, un golpe de estado, una guerra civil, incluso alguien que quiera doblegar un pueblo. Nosotros y los miembros Onniwabanshuu aún activos algo podemos hacer, pero estoy seguro que necesitamos apoyo... o apoyar. Es por eso que decidí indagar un poco sobre los casos que lleva la policía actualmente y encontré algo interesante, por eso el día de ayer me comuniqué con el único hombre en el que puedo confiar y que está llevando el asunto. Con Saito. Pienso que nuestros casos son el mismo.

Sus hombres no dijeron nada ante la mención de ese apellido, aunque sabían perfectamente de quien se trataba. En silencio, aprobaron la decisión de su jefe.

-Nos reuniremos con él en dos días más, en un pueblo cercano para exponerle y entregarle nuestra evidencia. A cambio, nos permtirá colaborar con él en la investigación como el grupo de las sombras que somos.- dijo Aoshi.- Ya así, hacer justicia.

La junta terminó y Okina, quien estuvo presente en la misma, se dirigió a su hijo al quedar a solas.

-Sé que la decisión no fue fácil, pero es la mejor.

-Gracias. Lo sé, padre.

-Dime... ¿Has seguido indagando en el asunto de Battousai?

-No he podido por la salud de Shiro, aunque estoy seguro que por estos días podría volver a su casa para interrogarlo.

-Tienes la misma corazonada que yo, ¿cierto?

-Yo diría más bien, padre... que lo que tengo, es una certeza.-

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Shiro miraba a su hermano Kuro mover ágilmente el abaco, calculando algunas cuentas. Había ido hasta su oficina porque quería hablar con él en algún lugar lejos de casa, de su padre y de Misao. Quería tener una conversación de hombres, entre hermanos.

Kuro acabó su tarea y se volvió hacia Shiro.

-Estoy listo. Cuando quieras nos vamos.

Asintiendo, Shiro se levantó con cierta dificultad, sin aceptar ayuda. Ya bastante tenía con tener que usar un bastón, debido a lo agotado que quedó su cuerpo tras la herida en el abdomen. Entendiendo esto, Kuro caminó despacio, cuidando de llevar una velocidad que Shiro pudiera seguir.

Tomaron por ahí un poco de te, recordando ciertas anécdotas y luego siguieron hacia un parque. Nadie les prestaba mayor atención.

Shiro no sabía cómo enfrentar el tema, pero era algo que lo superaba. Necesitaba confiar en alguien ¿y qué mejor que su hermano?.

-Se trata de papá.- comenzó.

Kuro se tensó ligeramente.

-Tú dirás.

Sin mirar a su hermano, con el aspecto de hablar sobre el clima, Shiro comenzó.

-En casa notaba que le pasaba algo con Kaoru. Siempre muy pendiente de ella, siempre queriendo saber en qué estaba. Pensé que tal vez, podría celarla por la promesa que le hizo al tío Kojiro de cuidar de ella en su ausencia, pero luego de este viaje que hice con él, eso no me quedó muy claro.

Kuro siempre había intuido que algo no andaba bien sobre el modo en que su padre se preocupaba de su prima, pero pensó que eran imaginaciones suyas. Pensó en Misao. En que ella sabía algo... algo había visto. Algo le contó. Decidió no decir nada de eso todavía y puso atención en su hermano.

Shiro le narró con todo detalle cómo fue el encuentro con Battousai. "No parecía un hombre violento", diría sobre él. "Sólo quería cobrar el dinero". Luego le contó cómo Matsusoo hizo atar a Kaoru, "como si fuera una criminal" y no le había permitido ser gentil.

-Lo peor no fue eso, si lo analizo. Lo peor era que Kaoru no quería regresar con nosotros. Ella miraba muy asustada a nuestro padre y eso me hizo pensar sobre sus motivos para irse de la casa. Había escuchado entre los sirvientes, que él solía golpearla a modo de castigo, pero te juro hermano que nunca pensé que se tratara de algo serio. No tan serio como para irse de casa.

Kuro asintió. Él también había oído sobre los castigos. Algo que antes de ir a la misión de la que no volvió, uno de los hombres de su padre le había confidenciado.

Shiro, intentando dominar el leve temblor que atacó a sus manos y su cuerpo en general mientras recordaba, le contó a su hermano sobre la ocasión en que tuvieron que volver a buscar el regalo para Misao, la aparición de Battousai a caballo y cómo ellos le dieron alcance.

-Cuando seguí su rastro por el bosque hacia el claro, pensé que Battousai querría matar a nuestro padre. Pero cuando llegamos hasta ellos, pude ver que la prima tenía... las piernas al descubierto y nuestro padre no traía su hakama ni su ropa interior. Hermano... yo tuve que defender a nuestro padre de Battousai porque era mi padre, nada más, pero ahí estaba pasando algo que ese hombre había evitado. Yo... ya sabes, somos hombres. Sabemos cómo se hacen ciertas cosas. Que el cielo me castigue por ser tan mal hijo y pensar esto pero... pienso que nuestro padre estaba tomando a la fuerza a Kaoru cuando llegó Battousai. Es lo único que puedo pensar. Que al final tanto celo y tanta violencia es por eso. Porque la quiere como mujer.

Soltando el aire, Kuro asintió nuevamente. Era horrible de pensar, pero así era.

-No eres un mal hijo, ni estás viendo cosas donde no las hay.- repuso el más grande, contándole su parte de la historia. Shiro, apesadumbrado, sólo atinó a cerrar fuertemente los ojos al final de relato, pensando.

Le hubiera gustado que su hermano lo tratara de mala persona, que aquello que él había creía ver era imposible. Se levantaron ambos hombres para tomar rumbo a la casa, intentando llevar ahora una charla tranquila y distendida, sin embargo Shiro no podía relajarse. No ahora que su mente trabajaba a mil por hora.

¿Sería posible que así como su idea de que Kaoru pudo ser abusada por su padre se convertía en una horrible realidad, para ella al menos, otra idea que él tenía también pudiera ser cierta?

Él cada noche, cada día recordaba un poco más sobre lo sucedido en el claro. Respirando y concentrándose como le indicó Aoshi, podía llegar a un estado de relajación que le permitía ver lo sucedido, cada vez con más detalle y eso lo atormentaba.

-Creo que nuestro padre los mató.- soltó repentinamente, a poco de llegar a casa. Kuro, sorprendido, con la respiración agitada y el corazón golpeando a mil por hora, lo miró como si fuera la primera vez que lo hiciera.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

La ropita del orfanato estaba bien. La señora agradeció que le entregaran a los niños tan limpios y bien peinados y le agradeció a Tsubaki y Tsubame el haberlos cuidado hasta ese momento. Luego los metió a la casa y jugó encantada con ellos un rato.

Cuando pasaron siete años de matrimonio y ella no se pudo embarazar, tuvo que aceptar que algo andaba mal. Antes de eso no quiso escuchar la palabra "estéril" y fue renuente a la idea que bien intencionadamente le dio una amiga de adoptar a uno de los niños del orfanato. Pero ella misma se había dicho que no había nada de malo en ella y que tendría sus propios bebés.

Tres años después tuvo que aceptar que el milagro que tanto pedía en el templo jamás se realizaría. Y aunque a su esposo parecía no importarle la falta de descendencia, ella sentía como algo que le faltaba el no poder ser madre. Al principio su marido no estuvo muy de acuerdo con la idea de adoptar, porque no siempre él estaba en casa para ayudarla, pero al final cedió, no solo con uno, sino con los dos hermanitos. Era un hombre duro, poco empático con los demás, cuya mujer era su debilidad. La única que se permitía. Era bueno con ella, hasta amable.

-¿Cómo le debemos decir, señora Tokio?- preguntó Rumiko cuando llegó la hora de preparar algo de comer y el juego terminó.

-Desde ahora seré su mamá. Me pueden decir mamá.- repuso ella tan gentil como pudo, con una sonrisa sincera.

-¿Nuestra mamá? No. Mejor no seas nuestra mamá, porque ella era mala con nosotros.- respondió la niña.- No nos quería. Nos botó.

El corazón de Tokio tembló de dolor. Ella era una mujer cerca de la treintena, que no pudo evitar pensar con cierta rabia, que mientras ella no pudo tener hijos -y por Kamisama que los deseó-, otras mujeres los tenían y los trataban mal, o los botaban, como decía Rumiko. El pequeño se pegó a las piernas de su hermana, mirándolo con sus enormes ojos.

-Yo no seré ese tipo de mamá.- dijo con dulzura, la garganta ligeramente apretada al agacharse junto a ellos.- Yo seré una mamá que todos los días les dará de comer y les tendrá un lugar caliente donde dormir. Yo los cuidaré, los protegeré de todo aquello que quiera dañarlos, porque no habrá nada más importante para mí que ustedes. Yo seré su mamá... y ustedes serán mis hijitos. Y esta será su casa. Y siempre los querré y los abrazaré.

-¿De verdad nos abrazarás?.- preguntó la pequeña. La señora Tokio asintió, abriendo los brazos.- Entonces si quiero que seas nuestra mamá.- repuso la niña, acomodándose entre ellos. Su hermano la siguió y Tokio se encontró feliz, viviendo el primer día del inicio de su sueño.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Kaoru se mantendría lejos del fogón a mientras Kenshin le enseñaba sobre la sazón.

-Con esto se pone picante y con esto más picante.- le dijo al aliñar la sopa y darle a probar luego de revolverla. Quería que ella entendiera bien la diferencia de sabores. También el orden en que se ponían las verduras.- Porque no se cocinan al mismo tiempo.

La joven prestó mucha atención a lo que él decía y agradeció internamente el que Kenshin tuviera la amabilidad de enseñarle a cocinar. También le parecía agradable su forma de hablarle, sin ironías y se preguntó si esa cicatriz que tenía en la cara, esa en forma de cruz ya no le dolía, porque era muy grande.

Si no la tuviera, seguramente su rostro sería más lindo de lo que ya era, porque a ella le parecía que el conjunto de su cabello rojo, sus ojos violeta y su piel blanca quedaban muy bien. En realidad, le parecía que todo él estaba bien. A Kaoru le parecía que Kenshin era un hombre atractivo para mirar... y agradable para dormir... incluso para conversar o dar un paseo.

Para vivir...

-... y por eso éstas se ponen al final. ¿Entendiste?

-¿Ehh? ¿De qué?

-Niña... te estaba diciendo que...

-Ahh... si, si... que estas son las que se cuecen a los veinte minutos y retiro del fuego.

Kenshin miró con cierto fastidio a Kaoru. Ella puso su mejor sonrisa de inocencia, al no poder confesarle que se había distraído pensando en él.

-Está bien, pero sé que no prestabas atención.- dijo Kenshin.- Te lo perdiste. Mañana cocinaré otra cosa.

-No volverá a suceder, lo prometo.

Después de comer, Kaoru se quedó cortando las orillas del kimono que le dio su padre, tras descoserlo y lavarlo con cuidado. Kenshin le había dicho que iría a limpiar el estanque que a veces se llenaba de lodo en el fondo, aprovechando que ese día en especial estaba algo caluroso. A ella no le molestó quedarse sola, trabajando.

Le gustaba esa intimidad que tenía en ese momento, donde sentía que tenía su vida en sus manos. Luego de juntar la tela sobrante y desecharla, decidió hilvanar el vestido, así no cometería errores al coserlo. Se sentía en paz, pero tras una hora de trabajo y de acabar el hilvan, sintió que le picaban los ojos, asi que guardó todo y decidió tomar un descanso, recostándose un rato, pero se quedó profundamente dormida. Tanto así que soñó.

Soñó con Kenshin. Era un sueño gracioso, en el que él la quería y hacia todo lo posible por estar a su lado y cuidarla. En su sueño, Kenshin la abrazaba y la besaba y ella despertó de un sobresalto, justo cuando Kenshin la intentaba despertar para que tomaran algo caliente, porque hacía un poco de frío.

Por la noche, al acostarse ya en su propio futón y en su propia pieza, tuvo ocasión de reflexionar sobre lo soñado. Había tenido durante esa tarde, luego de despertar, una sensación de anticipación, de que era amada por más que se dijera que era un sueño. Pero lo que más la perturbaba era su propia respuesta ante esa idea de ser querida por Kenshin. Porque la sensación que tenía al respecto era muy clara. Le gustaba. Quería ser deseada.

Quería ser abrigada por el calor de su abrazo y quería ver que su mirada violeta la siguiera allá donde fuera. La idea de ser querida por Kenshin la emocionaba aunque no estaba segura de estar enamorada de él, pero si sentía algo que iba en esa dirección.

Se levantó temprano para ver lo del desayuno y tuvo un día ajetreado. Por la noche hacía frío, tanto que Kenshin prefirió sentarse cerca del fogón, apoyado en un pilar, cuando ella le pasó su taza con té para antes de dormir. Kaoru se sirvió la suya y se sentó delante de él, en el espacio entre sus piernas, recostándose en su cuerpo comoo una vez que habían dormido así.

Kenshin no dijo nada, pero la miró hacer con una sonrisa medio esbozada.

-Hace frío.- dijo Kaoru, bebiendo de su taza.

-Lo hace.- repuso Kenshin tomando su te y dejando la taza por ahí.

-Los futones deben estar helados. ¿Me puedo quedar un poco más aqui con usted?

-Si quieres.

Kaoru ya había avanzado bastante para comprobar si Kenshin tenía alguna reacción hacia ella y no quiso orillarlo más de lo que ya estaba. Se abrazó a sí misma, disfrutando de la cercanía de su protector a su espalda. Entonces sintió que él se movía, cubriéndole los brazos con los suyos, poniendo sus manos sobre las de ella. Su corazón saltó con eso y separó sus dedos, viendo que los de Kenshin se metían entre ellos.

-¿Aún sientes frío, niña? Tienes las manos heladas.

-No. Así está bien. Gracias.

Kenshin se quedó pensando que de buena gana se quedaría así toda la noche y tal vez, toda la vida. Porque tenía la impresión de que Kaoru era ese tipo de mujer al que un hombre podría querer con seguridad al ser correspondido. Lo había sorprendido al acomodarse así, tan fresca delante de él, pero le había gustado. Si tan solo ella se volviera un poco y le diera un indicio de que podía besarla, él podría cumplir algo que anhelaba desde hacía un par de semanas.

O-o-o-o-O-o-o-o-O-o-o-o-O

Fin acto siete

Cruzando al otro lado.

Mayo 12, 2016.

Notas de autor.

Hola!

Lamento haber demorado más de los diez días que prometí en el capítulo anterior. Han pasado miles de cosas por acá y la verdad es que uno nunca es lo suficientemente mayor como para no necesitar aprender algo. Y en estos días estuve aprendiendo algo nuevo, lejos, necesariamente del computador.

Me costó un poco este capítulo, asi que espero que no se contradiga demasiado con los anteriores. Suelo confundirme con los hermanos Shiro y Kuro. Se suponque que Shiro es el hermano delgado y Kuro el gordito, a cargo de la contabilidad.

En este capítulo no salieron ni Misao ni Matsusoo, pero estoy segura que algo pasará en el próximo episodio.

Espero que se hayan entretenido con algunos personajes que se han revelado en este capítulo.

Les quiero dar las gracias, primero que todo, a las personas que se preocuparon por mi salud a través de este medio y de face. Para seguir, les quiero agradecer a quienes me han escrito reviews. Han sido un apoyo el último mes.

Le chat et le abeille

Guest

Ro

Guest

Relenavivi

Pajarito Azul

Pjean

jazzlittlemockingjay

Okashira Janet

AbiTaisho

Carito

ChicaGoodBye

DULCECITO311

PrettyKaoru

Kaoruca

Integra Val Hellsing

Battousai Kamiya

En serio, chicas, muchas gracias. Contestaré sus reviews a partir de ahora.

Blankaoru.