BURNING LIKE THE SUN
Hello there! Este es mi primer fic de Doctor Who, una serie a la que me volví adicta pero aun no termino de ver, por eso no me meteré en "asuntos complicados".
De todas formas, como de seguro habrá cosas en las que me equivocaré, estoy siempre abierta a sugerencias y/o correcciones.
#La historia se encuentra ubicada siguiendo el fin de la 3era temporada con algunos pequeños cambios por mi parte.
Enjoy it!
*DW-BLTS*
VII
Realmente esperaba que sus suposiciones fueran correctas y que el brillo del cuerpo de Rose fuera una buena señal, o al menos una que indicara que estaba en lo cierto. De todas formas, no pudo evitar sonreír al observarla. Sus ojos se encontraban fijos en sus manos, admirando el resplandor que emanaban. Aun se encontraba despierta, lo cual suponía algo bueno.
Aun desde donde se encontraba, el Doctor podía sentir el calor que emitía el cuerpo de su amiga. Claramente no tenía la misma intensidad que había tenido justo antes de que se despertara, pero aun así no era algo que pudiera pasarse por alto.
-Bien, estás riendo, por lo que debo suponer que esto no es nada malo.
La voz de Rose se escuchó en poco más que un susurro mientras le hablaba al Doctor, pero aun así sus ojos no se movían de sus manos. Claro que sus manos no era lo único de ella que brillaba, era todo su cuerpo. Aun no teniéndola de frente el Doctor podía ver el destello oro de sus ojos.
Y ahora volviendo a sus palabras, nada malo no quería decir que fuera algo bueno, pero no había razones para ponerla aun más nerviosa de lo que ya debía estar. ¿Por qué decirle que existía una mínima posibilidad de que estuviera equivocado en sus suposiciones y que su cuerpo estuviera a punto de hacer implosión en tan sólo unos segundos? No, definitivamente no había más razones para perturbar a Rose.
Antes de seguir hablando, volvió a apretar un botón de su destornillador sónico y el cuerpo de Rose dejó de brillar al instante. Fue entonces cuando sacudiendo levemente la cabeza levantó sus ojos hacia el Doctor. No había miedo en ellos, pero tampoco se la podía ver contenta.
-Bien, ¿qué fue todo eso?
-Partículas huon.
-Bien –sus ojos le instaron a continuar.
-Ellas son… Oh, bien no importa qué son, lo importante es que tu cuerpo está lleno de ellas. Puedo activarlas con esto –dijo sacudiendo un poco el destornillador sónico en sus manos-. Y la mejor parte, es que no estaba intentando activar las partículas de tu cuerpo, sino las de la Tardis; lo cual lleva a la segunda parte de la historia.
Y ahí está de nuevo, pensó Rose mientras observaba ese brillo en sus ojos que sólo aparecía cuando algo le gustaba, cuando estaba frente a alguna clase de problema complicado, o alguna nueva tecnología, o algún bicho raro como era ella ahora. ¿Pero cómo sentirse ofendida cuando al fin y al cabo él estaba intentando ayudar?
-¿Eso explica por qué soy un zombi? –preguntó Rose.
-Puede… -y recién entonces comprendió las palabras de su amiga-. ¿Zombi? –dijo riendo-. Eso es bueno. No. Digo sí, podría explicar parte de la historia. Mi teoría que es que estás conectada con la Tardis y que ella está haciendo funcionar tu cuerpo por ti, como si fueran baterías de repuesto que no se encuentran siquiera dentro de ti. La presencia de la Tardis en este mundo hizo que tu cuerpo comenzara a funcionar lo mejor que le era posible, aunque teniendo en cuenta de que reaccionaste cuando te toqué, significa que mi propia conexión con la Tardis sirvió para… transformarte en… alguna clase de… zombi.
-Entonces si tú no hubieras venido, yo seguiría muerta.
-Es probable, sí.
-¿Y ahora qué?
-Como dije antes, las energías de la Tardis son muy bajas en este universo, y tres kilómetros parecen no ser suficientes como para que… te recargues por completo.
-Significa que… ¿debo entrar en la Tardis?
-Significa que para que tu cuerpo vuelva a la normalidad debes regresar a tu universo, Rose, no estoy muy seguro de cuánto tiempo puedes estar aquí sin que te afecte por completo.
-Quieres decir que si permanezco aquí por mucho tiempo dejaré de ser un zombi para convertirme simplemente en un cadáver.
-Quiero decir… Sí, exactamente eso es lo que quiero decir.
Rose bajó nuevamente la vista a sus manos e inspiró profundamente tratando de relajarse, sólo para recordarse a sí misma que respirar ya no era necesario. Y si esperaba lo suficiente entonces ya nunca más sería necesario.
Viéndolo por arriba no podía decirse que hubiera tantos problemas, siempre y cuando la teoría del Doctor fuera correcta, pero quién no pondría todos los puntos a su favor luego de conocerlo. Pero si Rose analizaba la situación se daba cuenta de muchas cosas. Ella realmente quería regresar a su propio universo, ¿pero así? ¿Qué ocurriría con su familia, sus amigos, con todo el planeta? ¿Qué sucedería con los Sontaran? No es que ella hubiera sido de mucha ayuda hasta ese momento, pero no significaba que no le importara lo que estaba pasando. No podía simplemente darle la espalda a todo eso y alejarse, ni siquiera cuando significara alejarse para estar con el Doctor.
Si ella iba a irse de aquel lugar debía asegurarse primero de que la tierra iba a estar a salvo. No podía ser de otra forma.
-Suena a problemas –dijo ella finalmente alzado sus ojos hacia el Doctor, con una sonrisa en su boca. Por primera vez con esa frase todo parecía normal otra vez.
*DW-BLTS*
Cuando Peter Tyler salió del ascensor con su hijo aun en brazos, lo primero que pudo ver mientras avanzaba hacia el final del pasillo fue a su esposa sentada en una silla con la cabeza entre sus manos, a Mickey recostado contra la pared contraria con sus ojos puestos en la puerta y los brazos cruzados sobre sus hombros, y a una completa desconocida sentada en el suelo, observando hacia la misma puerta con la mirada preocupada.
No había señales del Doctor a la vista, por lo que seguramente debía de encontrarse con Rose; aquella chica debía ser la que había llegado con el Doctor, y hasta ahí todo comprensible. Lo que Pete no llegaba a comprender era el por qué de sus caras. Todos parecían preocupados, como si algo estuviera sucediendo allí dentro y ninguno de ellos pudiera hacer nada. Se preguntó si el Doctor estaría bien, si finalmente el haber visto el cuerpo de Rose habría conseguido afectarlo. Nadie puede ser tan fuerte, ni siquiera un alienígena de casi mil años de edad.
-¿Qué ocurrió? –fue lo primero que pudo preguntar Pete.
Los ojos de Jackie se levantaron y pudo ver que se encontraban rojos de tanto haber llorado. Sin siquiera responder, la mujer se paró de la silla y fue directo hacia su hijo y su marido. Sus brazos se enredaron alrededor de ellos mientras comenzaba a llorar nuevamente.
-Jackie, ¿qué pasó? –preguntó ahora más preocupado. Quizás la pregunta sonara estúpida dadas las circunstancias, ya que las cosas no iban precisamente bien en ningún sentido. Pero Jackie había estado relativamente estable la última vez que la había visto. Había dejado de llorar, y eso ya era decir mucho. No entendía qué era lo que podía haber cambiado ahora.
-Algo ocurrió con Rose –dijo apretando su cara contra su pecho y sin dejar de llorar.
*DW-BLTS*
-Bien, entonces el plan es salir de aquí y correr de vuelta a la Tardis para traerla hasta aquí, siempre y cuando puedas hacerla funcionar para que llegue hasta aquí.
Ni siquiera Rose llegaba a creerse que eso pudiera llegar a funcionar, sin embargo el Doctor seguía sonriendo, ahora sentado en una silla frente a ella. Se lo veía confiado en lo que decía, al igual que siempre. Aun cuando el plan no estuviera completamente desarrollado en su cabeza, confiaba en que a último momento se le ocurriría cómo solucionar esos pequeños detalles que podrían llegar a salir mal.
Pero Rose no estaba nada convencida.
-Fácil ¿verdad? –dijo él con una sonrisa.
-Hay una guerra afuera, ¿cómo puede ser todo esto fácil?
-Martha, Mickey y yo acabamos de venir desde ahí, y mírame, ¡estoy mejor que nunca! –terminó con una sonrisa, la cual desapareció por completo con la siguiente pregunta de Rose.
-¿Martha?
-¿Qué?
-Dijiste Martha… ¿quién es Martha?
-¿Yo dije Martha?
-Doctor –su voz no sonaba enojada, pero claramente significaba que ya era suficiente de evasivas.
-Martha es una amiga, viaja conmigo, viajó conmigo. Fueron sólo un par de meses, aunque serían tan sólo unos días contando el tiempo en la tierra, eso sin contar el año que nunca pasó. Ella ya se estaba yendo y entonces la Tardis enloqueció y nos trajo hasta aquí. Seguramente sintió que estabas en problemas y quiso venir a ayudar, aun cuando pueda sonar un poco raro. Lo cual significa que tu conexión con la Tardis debe ser extremadamente fuerte. Pero ¿cómo? Esa es la pregunta, cómo se dio la conexión. Bueno, puede estar relacionado… extremadamente relacionado con lo que ocurrió en la estación de juegos, pero podría jurar que en ese momento saqué todo de ti. Absorbí todo el vortex con mi cuerpo, pero al parecer algo quedó dentro de ti. Bueno, claramente fue así.
-Bien, detente –la boca del Doctor se cerró y sus ojos se centraron en Rose, quien no sabía si gritar o simplemente comenzar a reír-. Sólo pregunté quién era Martha, ¿sí? No es necesario que te pongas nervioso –agregó en un susurro desviando la mirada, aun sabiendo que él escucharía.
-Yo no estoy… Yo no me pongo nervioso.
-Sí, claro –dijo ella riendo, y con eso bajó los pies de la cama y los puso sobre el suelo. Aun estaba descalza. Y debía admitirlo, una parte de ella tenía miedo de caerse al momento de ponerse de pie. ¿Podría caminar sin problemas? ¿Las energías de la Tardis en este universo serían suficientes como para permitirle hacer eso? Siempre y cuando siguieran considerando la teoría del Doctor como correcta. Pero no perdía nada con intentarlo, después de todo no podría llegar más lejos del suelo.
Con una gran bocanada de aire y casi de un salto se puso de pie. Sus piernas temblaron un poco debido al largo rato de haber estado inactivas; y justo en el momento en el que pensó iba a caer al suelo, los brazos del Doctor se aferraron a ella. Sus ojos se encontraron nuevamente y Rose pudo notar que los de él parecían preocupados. Sin embargo ella no lo estaba. Ahora otro pensamiento cruzaba su cabeza. Sus manos en sus brazos, aun impidiendo que cayera al suelo –aunque ella dudaba que tal cosa ocurriera- mandaban una extraña corriente que había recorrido su cuerpo de pies a cabeza en tan sólo unos pocos segundos. Fue una energía tan fuerte en el primero momento, que ella estuvo segura hizo latir su corazón al menos una vez.
-¿Estás bien? –preguntó él, y ella no pudo hacer más que sonreír.
Se había sentido viva por un momento; viva una vez más. Tuvo que aferrarse a esa sensación para poner firmes sus piernas y alejar con suavidad los brazos del Doctor. Comprendiendo lo que ella quería, él dio un paso atrás y la dejó por su cuenta. Al menos no había caído. Rose estaba segura de que podía hacerlo, y sin esperar más comenzó a mover sus piernas. Primero levantando una, luego la otra, dando unos simples pasos para un lado y el otro. Y finalmente, cuando consideró que podía hacerlo, comenzó a saltar, al mismo tiempo que comenzó a reír.
-Saltando por tu vida, ¿recuerdas, Doctor? –dijo riendo.
Él sólo sonrió. Rose no había cambiado en nada, al menos no desde la última vez que la había visto y la prefería mil veces de esta manera. No más muerta que viva, sino riendo en vez de con lágrimas en sus ojos.
Aquel último encuentro vino a su cabeza al igual que las cosas que se habían dicho, y las que no también. Definitivamente él era un cobarde, o al menos eso era lo que él pensaba. Rose le había dicho que lo amaba, y él no había sido capaz de decir nada. Si eso no era de cobardes, ¿entonces de qué era?
Y a pesar de todos los problemas más importantes que tenían en frente, él no podía dejar de pensar en si ella seguía sintiendo lo que sentía en ese momento. ¿Había pasado el tiempo suficiente como para que ella dejara de sentir eso? Ni siquiera estaba seguro de cuánto tiempo había pasado para él. Ni siquiera podía estar seguro de cuánto tiempo había estado con Martha. El punto de todo había sido perder la noción del tiempo, aun cuando fuera algo prácticamente imposible para un Señor del Tiempo, pero al parecer lo había logrado en cierto punto.
Pero definitivamente había cosas más importantes en ese momento para pensar.
-Jackie y Mickey están ahí afuera –dijo simplemente, y con esas palabras logró que Rose dejara de reír y se quedara paralizada en el lugar.
Por un lado quería abrir la puerta, salir corriendo y abrazar a su madre. Se imaginaba lo duro que debía haber sido para ella el verla muerta en aquella cama. Ni siquiera sabía ahora que se encontraba con vida… o algo así. Quería abrazarla con fuerza y susurrarle al oído que todo estaba e iba a estar bien, aun cuando nunca pudiera estar segura de eso. Y por el otro lado estaba Mickey, el valiente Mickey quien de seguro debía estar culpándose a sí mismo por lo que ella había hecho. Como si él tuviera la culpa. Rose no había dudado ni un segundo en recibir aquel disparo por él, y estaba segura de que volvería a hacerlo en caso de que se presentara la posibilidad; aunque realmente esperaba que no sucediera. Ya había muerto una vez ese día, una cuenta regresiva le decía que quizás la segunda se encontrara al finalizar el día –o el tiempo que el Doctor considerara que ella tenía para regresar a su universo-, por lo tanto no tenían por qué agregar en medio de ambas una tercera muerte que volviera a complicar las cosas o que lo hiciera aun más.
-¿Qué saben ellos? –preguntó tratando de volver a la realidad del momento.
-¿Sobre qué?
-Sobre lo que me pasó.
-¿Ahora? –ella asintió-. Mira, esto fue lo que pasó: vinimos a verte, yo te… toqué –dijo vagamente, evitando hablar sobre el pequeño beso-, empezaste a brillar y entonces les dije que salieran de la habitación.
-¿Por qué? –preguntó ella confundida.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué les dijiste que salieran de la habitación?
-Tu cuerpo estaba ardiendo, la habitación estaba cada vez más caliente, y estaba un noventa y ocho por ciento seguro de que no era nada inofensivo.
Bien, pensó Rose, tratando de encontrarle un sentido a la situación. Nuevamente pensando en la posibilidad de que todo fuera un simple sueño. Pero no podía hacer más que descartar esa opción ahora. Su imaginación no era suficiente como para darle tanto material. La historia demasiado a una realidad que ella estuviera viviendo con el Doctor.
-Bien… estoy fría ahora –dijo recorriendo uno de sus brazos con la mano, evitando la muñeca para no volver a pensar en que no tenía pulso. Su piel se encontraba más que fría; no había sangre recorriendo su cuerpo, porque no había un corazón allí que la impulsara; ella literalmente se encontraba tan fría como un cadáver.
-Sí –dijo el Doctor con una sonrisa-, por ahora –y sin decir nada más caminó hasta la puerta, sin darle la espalda a ella y llegar a poner su mano en el picaporte-. Salgamos a ver a Jackie –dijo sin perder la sonrisa mientras abría la puerta y Rose daba un paso hacia él.
*DW-BLTS*
Ahora eran cinco personas las que esperaban en el pasillo fuera de la habitación. Cuatro de ellas confundidas, y un nene que ni siquiera llegaba a comprender qué era lo que había sucedido con su hermana. Ahora era Tony quien se encontraba sentado en el suelo, jugando con un pequeño juguete que llevaba siempre consigo en los últimos días. Mickey seguía en el mismo lugar en el que había estado al llegar Pete. El señor y la señora Tyler se encontraban medio abrazados sentados en las sillas frente a la puerta de la habitación. Y Martha… Martha Jones iba y venía de un lado al otro del pasillo sin saber qué pensar.
Bien podía no comprender nada de lo que había sucedido en esa habitación, pero realmente esperaba que el Doctor se encontrara bien. Había sido ella la que había insistido ya un par de veces para echar un vistazo y asegurarse de que todo iba bien. ¿O es que acaso a nadie le preocupaba que el cuerpo de Rose hubiera comenzado a brillar y a arder y que el Doctor se hubiera quedado en el preciso lugar del problema? El Doctor podía ser un simple montón de cenizas en ese momento y aun así nadie estaba haciendo nada.
Sin embargo las tres personas a su alrededor confiaban ciegamente en el Doctor, sin importar qué, ni siquiera sabiendo qué era lo que estaba pasando con Rose, su hija y amiga. Al parecer ninguno de ellos tenía mucho más que perder.
¿Pero si ella perdía al Doctor qué haría? Además claro de quedarse encerrada en otro universo con personas que no conocía y en el medio de una guerra. Comprendía muy bien que sus pensamientos podían ser un poco egoístas, pero nadie podía culparla por el miedo que sentía.
Estaba por abrir la boca una vez más, para otra vez insistir en abrir la puerta aunque sea un poco para ver cómo estaban las cosas dentro, y estaba dispuesta a llevarle la contra a todos con sus acciones si llegaban a oponerse. Sin embargo nada fue necesario.
La puerta se abrió en un segundo, y allí estaba el Doctor, mejor que nunca, observándolos a todos con una sonrisa.
-Hola –dijo sin dejar de sonreír.
Jackie y Pete se pusieron de pie al instante y se acercaron a él. Mickey se acercó un poco detrás de ellos, y cuando Martha estaba por acercarse, el grito de Jackie la detuvo. Sin esperar ni un segundo más la mujer había entrado corriendo en la habitación, quedando fuera de su vista, los ojos de Pete mostraban mucho más que sorpresa, y aun cuando Martha pensaba que el acto había sido inconsciente, Mickey dio los suficientes pasos hacia atrás para quedar nuevamente pegado a la pared.
Nada tuvo sentido para ella hasta que escuchó una voz que nunca había oído antes.
-Mamá, por favor, vas a romperme.
-Jackie, no queremos romper a Rose –dijo el Doctor aun sin perder su sonrisa, como si le estuviera hablando a un nene.
-Oh, cállate –dijo Jackie volviendo nuevamente al campo de visión de Martha, y acercándose al Doctor para darle un fuerte beso en la mejilla-. ¿Qué es lo que hiciste? Oh, a quién le importa –dijo besándolo una vez más, ahora su otra mejilla.
Luego de eso fue el turno de Pete de entrar en la habitación.
Martha no sabía qué hacer ni que pensar; y justo cuando la idea de dejarlos a todos solos se le cruzó por la cabeza el Doctor salió de la habitación y fue directo hacia Mickey.
-Deberías entrar –dijo borrando su sonrisa tan sólo por un instante.
Mickey asintió, y volviendo a la vida su cuerpo se perdió también dentro de la habitación. Luego de eso el Doctor se giró hacia Martha sonriendo.
-Entonces –dijo ella en casi un susurro, recostándose contra una pared y alejándose medio paso más de la puerta-. ¿Ella está viva?
-Técnicamente –dijo él apoyando su cuerpo junto a Martha. La sonrisa no desaparecía, sin embargo ella no podía terminar de entender a qué se debía. Y obviamente el "técnicamente" no hacía más que confundirla.
El silencio se hizo entre ellos mientras las voces se seguían escuchando dentro de la habitación. Voces emocionadas. Martha bajó su vista al piso y los movimientos de Tony llamaron su atención; sólo estaba allí, jugando con su juguete, sin ser consciente realmente de lo que pasaba a su alrededor.
El Doctor siguió sus ojos por un segundo para encontrarse con el pequeño, y luego se volvió a girar hacia ella con la mirada confundida. Martha lo notó, sin embargo ignoró la pregunta implícita en sus ojos.
-¿Todo está bien ahora?
-No –dijo él riendo-. Absolutamente no.
Las voces del interior de la habitación se callaron por un segundo, y entonces el Doctor y Martha se giraron hacia la puerta.
Una joven rubia, descalza, y llevando unas simples prendas de ropa apareció frente a ellos y sus ojos se dirigieron rápidamente hacia el Doctor.
-Oye, creo que tengo un mejor plan –dijo sonriendo hasta que se percató de la presencia de Martha. Sus ojos se desviaron hacia ella, la sonrisa desapareció y su cabeza se inclinó tan sólo poco hacia un lado mientras la observaba-. Supongo que tú eres Martha.
Bonita presentación, pensó Martha antes de responder.
-Y supongo que tú eres Rose.
*DW-BLTS*
Gracias a Paula Wackson y a Akary55 por los comentarios. Akary, madman es exactamente eso xD y traduce que google ayuda (mentira, no ayuda casi nada, pero bueno)
Gracias nuevamente a quienes siguen la historia y la pusieron entre sus favoritos.
Sigo con la condición de los 2 reviews para publicar el siguiente capítulo.
Y por ultimo! Lamento si tiene errores, no lo releí antes de subir! e.e
Por favor, denme su opinión! :D
Suerte a todos (:
