Un niño pequeño, de unos seis años estaba jugando en un cajón de arena del parque. Pronto vendrían las mamas de sus amigos, e irían a tomar un café mientras ellos se divertían explorando el bien conocido lugar. Y dispuestos a ayudar a todo el que lo necesitase. Para eso eran los héroes del parque...
O eso les gustaba pensar...
-¡Stephano! -El pequeño se giró, para ver a un castaño bajito acercarse a él. Tenía gafas, y vestía con un polito verde. Era su amigo Mr. Chair, solía llegar el primero. Muchas veces habían coincidido entrando al parque. -¿Cómo estas? ¿Haces un castillo? -Dijo sentándose a su lado. Stephano pudo ver como la madre del chico, y la suya comenzaron a cotillear sentadas en un banco.
-Si... ¿Me ayudas? -Se quitó un poco de pelo dorado de los ojos, del mismo color. Lo tenía muy largo ya. Se preguntaba cuando se lo cortarían.
-¡Vale! Pero tenemos que estructurarlo más por aquí...
-...Estruc... ¿Qué? -Stephano levantó un poco el labio. Odiaba cuando Mr. Chair usaba esas palabras raras que nadie entendía.
-¡Escructura! ¿Ves? Aquí hay muy poca arena, habría que rellenar más. ¡Oh! Esta zona esta hecha un desastre...
-H-Hola... -Se oyó una voz tímida desde arriba.
-¡Piggeh! -El rubio se levantó a recibir a su amigo.
Era más pequeño que los demás... Tenía cuatro años, y era muy inocente. De alguna forma, todos tenían la necesidad de proteger su pequeña cabezita del duro mundo de los niños de seis años.
-Mira, Piggeh estamos haciendo castillos de arena. ¿Quieres ayudar? -Preguntó Mr. Chair. El chico negó con su cabeza, moviendo su pelo rosa de forma brusca.
-¡Quiero ir de aventuras~! -Respondió moviendo los brazos al aire. -Luchar con los malvados, y luego salir con las chicas guapas~
Stephano y Mr. Chair rieron un poco, y luego le desordenaron el pelo.
-Aun eres muy pequeño. Si hubiera que salvar a alguien sería a ti. -Dijo el rubio.
-¿Huuh? Ni en broma. Yo soy el más valiente de aquí. -Gritó haciendo una pose heróica. Pero la respuesta de los mayores fueron más risas. -Grr... ¡Pienso vengarme!
-Claro que si, Piggeh... Heheh... ¡Mira! ¡Ahí viene Skully!
Pasado un rato, las madres se fueron, y los niños por fin podían ir a la "parte prohibida", es decir el bosque del parque. Era bastante grande, solía ser usado para picnics. El parque estaba alejado de la ciudad, así que no había problemas de coches o trafico. ¡El lugar perfecto para explorar!
-Vale, esta vez no podemos separarnos. Ya sabemos lo que pasó cuando Jennifer se perdió. -Instintivamente, Stephano miró a Piggeh, que ese dia estaba tan raro.
-Pft. Ella es una torpe, llorona. -Dijo, al ver que todos acabaron mirándole. -¡Dejad de mirarme! -Y tras decir eso, sacó la lengua y empezó a andar solo.
-¡Espera, Piggeh!
Anduvieron un rato, inventando tantas aventuras como podían. Todo era parte de su juego, incluso los animales salvajes como ardillas que merodeaban por allí. Piggeh seguía empeñado en enseñar a sus amigos de una forma u otra que ya era mayor.
-¿Sabéis... la leyenda de este bosque? -Soltó de pronto en medio de la misión de buscar nueces para la señora Bigotitos.
-¿Qué leyenda? -Preguntó, temeroso Mr. Chair, mirando al pelirrosa.
-Ya sabes... La del OSO. -Gritó, dando un salto y levantando los brazos como si fuera un monstruo.
-Tonterías... -Respondió Stephano.
-¡Que no! Que es verdad. Pero yo no le tengo miedo. -Rió. -Suele venir a por niños de nuestra edad... Y cuando está cerca... Se escucha un rugido horrible... Como...
-WRAAAAAAAAGH.
Un grito proveniente de un animal, vino de justo detrás del pequeño Piggeh. Todos los niños palidecieron, incluido el propio pelirrosa.
-¡CORRED! -Gritó el "líder" del grupo, señal suficiente para que todos salieran corriendo tras él. Todos... Excepto Piggeh.
El más pequeño se quedó en el sitio, con los ojos como platos durante unos minutos. No sabia que hacer, sus pequeñas piernas no le respondían. Frunció el ceño, reaccionando de pronto, y empezó a correr todo lo que pudo. Izquierda, Derecha, Dercha, Izqui...
-... ¿Dónde estoy? -Susurró haciendo pucheritos, con sus ojos grises llenos de lágrimas sin derramar. -Stephano... Skully... Mr. Chair...
Piggeh comenzó a sollozar, y a romper cosas con una rama. Entonces, siguió andando hacia un camino que él "recordaba".
-Yo soy mayor... Soy muy valiente... -Dijo susurrando, limpiándose la cara con su pequeña mano. -Yo... y-yo...
Miró a la derecha, luego a la izquierda, y los pucheritos empezaron a hacerse más notables. Hasta que se sentó bajo un árbol y empezó a llorar.
-STEPHANOOOOOOO. -Gritó fuertemente. -STEPHANOOOOO SÁLVAMEEEE -Siguió llorando desconsoladamente, y empezando a tener hipo.
-Oye, oye... ¿Estas bien, chico? -Una voz parecida a la de Stephano vino desde arriba, solo que no tenía acento. Piggeh levantó la vista. Un niño castaño con gafas de sol que le quedaban bastante grandes le miraba con una ceja levantada.
-M-me he perdido... -Dijo él.
-¡Oh! Tu eres el niño del oso. Hahaha. -El chico comenzó a reír. -¡Ese ruido lo hice yo! Que tontos sois. HAHAHA.
Piggeh infló las mejillas, con el ceño fruncido.
-¡TONTO! POR TU CULPA... -Las lágrimas volvieron a aparecer en su casa. -POR TU CULPA ME HE PERDIDOOOOOO
-¡EH! ¡N-no llores!
Pasaron un rato andando por el bosque. El niño de gafas de sol grandes no soltó su mano en ningún momento. "Te llevaré con tus amigos, pero deja de llorar." Le dijo. Se quedó mirándole todo el rato. Su piel era muy morena, y tenia el pelo muy peinado... Le gustaba.
-¿Cómo te llamas? -Dijo Piggeh dando un saltito.
-¿Uh? Craig. ¿Tu?
-Piggeh...
-Heh que mono.
-... -El pelirrosa sonrió ampliamente. -Craig.
-¿Qué quieres? -Frunció el ceño, irritado.
-...Me gustas. -Rió el chico de forma adorable.
-¿UHH? -Se paró en seco. -¿Qué dices?
-Seamos novios~ -Siguió riendo, mientras lo abrazaba.
-¿QUÉ?
-¡PIGGEH! -El castaño de pronto notó un golpe en el costado, por parte de un rubio. -CRAIG. ¿Qué haces con mi amigo, Piggeh?
-¡STEPHANO!
Ambos chicos se miraron con rayos en los ojos. O al menos así lo imaginó Piggeh. Cuando consiguieron volver con sus madres, Stephano le explicó que Craig era su enemigo mortal. Pero al pelirrosa no le importaba. A él le gustaba. Y iba a hacer todo lo posible, por que él le correspondiera.
Tras enterarse de los viajecitos de los niños, las madres no los volvieron a dejar solos. Y comenzaron a ir a otro parque de la capital. Eso puso muy triste a Piggeh, porque ya nunca más podría ver a su salvador. Piggeh aprendió que tal vez ser el valiente del grupo no era lo más divertido... Le gustaba más ser rescatado por Craig~ Aunque ya no pudiera hacerlo...
Pero daba igual, se dijo a si mismo, algún día estarían juntos. ¡Justo como en las películas!
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Un adolescente de pelo rosa se despertó dando un salto por la alarma del reloj. Ya eran las siete, si no se daba prisa llegaría tarde.
-Cariño, ¿has dormido bien? -Preguntó una voz desde la cocina.
-Sí, mamá~ -Respondió Piggeh riendo. -Aunque... He tenido un sueño muy raro... -Susurró. -No recuerdo mucho...
-¡YA ESTÁN AQUÍ TUS AMIGOS!
-OH MIERDA. ¡Que no llegó! -Gritó vistiéndose con rapidez con lo primero que pillaba.
