Disclaimer: Pertenece a JK Rowling todo lo que puedan reconocer.
Advertencia: Contiene spoilers de Harry Potter y el cáliz de fuego.
Perdón por la demora pero he estado dándole vueltas al argumento de la historia, ya que desde este momento, dejamos el hilo argumental del libro y comienzan nuevas cosas.
Capítulo 7: Nuevos comienzos
por Mariana Masen
—Draco, querido, ven—La voz de Narcisa Malfoy se deslizó en las paredes de la Mansión Malfoy; alta, esbelta y rubia se encontraba la Sra. Malfoy sentada en el salón principal de la casa. La luz hacía que su cabello refulgiera de una manera que a Draco le recordara enormemente a Fleur Delacour.
Se sentó en un sillón verde con rayas verticales plateadas y miró con atención a la mujer que tenía enfrente.
—Ha habido un cambio de circunstancias debido a los últimos acontecimientos, Draco—Habló su padre que se encontraba caminando hacia ellos con un andar orgulloso, recto y cansado. Beso la mano de Narcisa y fue a sentarse a su lado.—: Te quedarás en Hogwarts.
Draco sintió como todas algo frio le caía en el estómago y el color se fue de su cara.
—¿Qué?
Lucius pareció complacido con su reacción y explicó:
—A raíz de la resurrección de nuestro Señor, él ha creído conveniente que reclutes a varios compañeros de la casa de Slytherin y así poder cumplir con lo que el Señor Tenebroso espera de tí. La semana próxima comenzarás con el entrenamiento que tu tía Bella te dará.
Y con esas palabras, Lucius Malfoy se levantó del sofá y salió de la habitación. Draco, estupefacto, se quedó parado sin saber que hacer. ¿Iría a Hogwarts? Nunca pensó que el marcharse de Durmstrang le trajese tanta dolor como el que estaba sintiendo en ese momento, simplemente pensar que desde la próxima semana sería ya una herramienta para los planes de su padre le hacía reconsiderar el quedarse allí en Inglaterra.
—¿Draco?—la voz de su madre se coló por sus oídos y lo hizo mirar hacia arriba. —Draco, querido...
—Seré una herramienta para padre, como siempre lo he sido...
Narcisa le tomó la mano y con un gesto lo obligó a mirarla.
—No importa que diga tu padre, él siempre está velando por ti y tu seguridad, Draco.
Aquellas palabras impactaron al rubio ya que nunca su mamá no se caracterizaba por ser precisamente la mujer más cariñoso y maternal. Miró sus ojos azules intensos y observó en ellos todo el amor y devoción que tenía hacia él.
—Gracias madre—Y con ello, Draco Malfoy salió del salón para refugiarse en las profundidades de su habitación.
"Querido Draco..."
—Suena terriblemente romántico...—Hermione Granger tiró el pergamino a la basura después de haberlo hecho bolita. Se dejó caer en su silla, cansada, y miró el escritorio que tenía frente a ella. Malfoy le había escrito la semana pasada, escuetamente, pero le había escrito y ella no sabía que responder.
El hecho de que se hubieran besado antes de que él partiera de regreso a Durmstrang le había traído una serie de sentimientos encontrados al respecto. Sabía que no volvería a verlo nunca más en su vida y aquello en vez de hacerla sentir mejor, la había sumido en una pequeña depresión.
El problema de todo aquello era que a pesar de que ella quisiera volver a ver al arrogante y nefasto Draco Malfoy, no podía hacerlo. Él no había dicho nada sobre invitarla en el verano a Durmstrang, al contrario que Viktor, únicamente le había una pequeña y escueta carta que decía:
Granger,
Sé que me echas de menos, a pesar de que en este momento estés probablemente rodando los ojos ante mi afirmación. Lamentablemente, Durmstrang está más aburrido que nunca y seguramente iré a mi mansión en Londres para visitar a mis padres; trata de no sofocarme con una carta larga lamentándote sobre lo mucho que me extrañas a mí y a mis besos.
Draco Malfoy.
Sí, aquello sonaba terriblemente vano y superficial inclusive para alguien como Draco Malfoy, pero Hermione había quedado en las nubes al recibir y leer ansiosamente su carta varias veces en los siguientes días. Sabía que el rubio había escrito aquello con el mero objeto de ponerla nerviosa.
El problema de todo aquello, es que después de los acontecimientos del laberinto y que Harry dijese que El que no debía ser nombrado había regresado y con ello sus seguidores, los mortífagos, le hacía sentir un temor inexplicable hacia Malfoy. Él era hijo de uno de las manos derechas de Voldemort, Lucius Malfoy y por lo tanto era uno de los candidatos a seguir la filosofía de su padre.
Pero... ¿y si Malfoy no era como su padre? Él le había hablado, tomado de la mano e inclusive besado sin mostrarse asqueado en ningún momento. ¿Sería que no siguiera las ideas arcaicas de su padre? La idea de que Malfoy siguiera los pasos de su padre la hacía dudar de si seguir con su amistad con él. Se sentía psicológicamente cansada al darle vueltas a aquella teoría, ya que si lo anterior se hiciera realidad, ella tendría que cortar con su amistad.
Se dejó caer perezosamente en su cama y observó las estrellas pegadas en el techo de su recamara recordando aquellos tiempos de infancia e inocencia. Sentía como si hubiese envejecido diez años más después de los sucesos del Torneo de los Tres, o Cuatro, Magos.
Jamás se imaginó que en el Mundo Mágico la gente siguiera con esos arcaicos prejuicios de la sangre mientras que el Mundo Muggle la gente ya los había aprendido a "tolerar" después de la segunda guerra mundial. Se suponía que los magos eran personas "superiores" y por lo tanto no entendía como El que no debía ser nombrado empezara una guerra con el único fin de eliminar a los muggles o nacidos de muggles.
—¿Hermione?—Oyó la voz de su madre hablarle—: Un amigo vino a buscarte.
La aludida se volteó a un lado para mirar la pequeña figura de su madre, quien había estado tan preocupada por ella en las pocas semanas que llevaba en casa ya que su hija se había mostrado más silenciosa y triste que nunca.
—¿Quién es?
—El chico Weasley.
—Ron... no puedo.
—¿Por qué no?
Se encontraban en una cafetería muggle cercana a su casa y a pesar de lo irreal que se veía su compañero Ronald Weasley al tomar un capuchino, Hermione no pudo evitar esbozar una sonrisa. Su mejor amigo estaba allí para convencerla de que pasara el resto del verano en la Madriguera, pero Hermione estaba decidida: lo pasaría junto a su familia. Temía que ése fuera el último verano que estuviera con ellos a causa de todos los eventos que habían ocurrido recientemente.
—Escucha, Ron, están pasando cosas muy raras últimamente...—Dejó escapar un suspiro y tomó un sorbo de su capuchino—. Quiero estar con mi familia, eso es todo.
El pelirrojo la miró desconcertado.
—¡Pero Harry va a ir!, hasta mamá aceptó que Sirius fuera, Hermione...
La aludida lo miró severamente.
—Lo siento Ronald, pero no todo gira alrededor de la Madriguera—dijo Hermione y Ron la miró como si hubiera dicho una blasfemia—: Necesito tiempo para estudiar para los TIMOS y no creo que en la Madriguera lo tenga.
Ron se masajeó las sienes de su cabeza como si le estuviera doliendo.
—Hermione...—comenzó a decir, lentamente—, estamos en vacaciones, ni siquiera tienes material para estudiar quinto.
—Iré a comprar los libros más tarde, lo que me recuerda...—Miró a su alrededor y notó como comenzaba a anochecer—. Debo de regresar a casa, Ron... Mamá quiere que cenes con nosotros, ya sabes... nunca los he llevado a casa.
—Está bien, de todas formas iba a ir contigo...—Se acercó a ella como si fuera a decirle un secreto y le susurró—: Desde lo de Cedric han estado pasando cosas raras, no confío en estas calles muggles.
La mención de lo ocurrido hace semanas hizo que Hermione agachara la mirada y recordara de nuevo a Malfoy y sobre en donde estarían sus lealtades. Pensar que el padre de Malfoy estuviera junto al cadáver de Cedric Diggory le provocaba ganas de vomitar. Ron al ver como Hermione se ponía pálida se recriminó mentalmente su falta de tacto.
—Mira, Hermione... Yo lo siento—Se disculpó Ron, rascándose la parte posterior de su cabeza con incomodidad y sus orejas rojas. — Sabes que tengo los sentimientos del tamaño de una cucharilla de té...
La chica se río, liberando la tensión que se le había acumulado y dejó el capuchino en la mesa.
—Gracias Ron.
El aludido se sonrojó levemente y, mirando a la ventana, dijo:
—Es hora de irnos, se esta haciendo tarde...
Se levantaron de la mesa, Hermione fue a pagar las bebidas mientras Ron se adelantaba a la puerta, mirando cautelosamente a los lados. La chica fue a reunirse a su lado después de haber pagado y juntos salieron de la pequeña cafetería.
Aquel verano se mostraba en todo su esplendor y los chicos se fueron caminando a la luz del atardecer. Caminaron varias cuadras, en las cuales se veía como los muggles volvían de trabajo en sus automóviles y aquello intrigó a Ron más que nada. ¿Cómo era posible que pudieran trasladarse en esos cacharros de metal? Recordaba el Ford Anglia que su padre había tenido y que ahora estaba libremente vagando por el Bosque Prohibido, eso le decía lo inestable que eran esos aparatos para los muggles...
—Hermione...—comenzó a decir Ron, vacilante—¿Por qué...?
Pero Hermione soltó un chillido y le señaló a Ron el final de la calle; el pelirrojo la volteó a mirar, asustado, y miró con alarma como al final de la calle se encontraban un par de dementores. No se había percatado como el luminoso atardecer se había convertido en una noche oscura y fría.
—¿Qué vamos a hacer?—preguntó Hermione, entrando en pánico, pero Ron no lo pensó dos veces: la tomó de la mano y la jaló hacia él para que comenzara a correr. Corrieron entre las casas muggles, Hermione, con la mano de Ron, tomando la delantera y guiándolos para llegar a su casa, pero lamentablemente faltaban varias manzanas para eso y el frío se iba sintiendo cada vez más cerca.
No lo lograrían, a menos que...
Se detuvo, cansada, y Ron la miro con cara de querer matarla.
—¿Qué demonios crees que haces, Hermione?—vociferó Ron, tirando de la chica pero ella permanecía estática en su sitio—: ¡No es momento para descansar!, ¡están justo detrás de nosotros!
—¡Cállate Ron, necesito pensar!—le espetó Hermione y sacó la varita de sus vaqueros—. Bien...
—¿Qué tienes que pensar?—Ron soltó una risa histérica—: Hermione, si no te mueves, juro que...
—¡Expect-to patronum!—dijo la chica, moviendo la varita como había leído en un libro hace dos años al enterarse que Harry sabía hacer el hechizo y ella no. Daba gracias a Merlín en ese momento por tener ese lado competitivo y haberse aprendido a memoria todo lo relacionado al hechizo. Lamentablemente la teoría no era lo mismo que la práctica y de su varita no salió más que un humo gris—: ¡Maldición!
Sentía como los dementores se acercaban cada vez más y Ron se colocó frente a ella, en un gesto protector.
—Confío en que harás ese hechizo Hermione—dijo el pelirrojo y la miró seriamente—: Tienes un minuto, máximo.
La chica asintió y volvió a concentrarse en un momento feliz. Recordó cuando recibió la carta a Hogwarts...
—¡Expecto Patronum!—Pero volvió a salir una humarada blanca y brillante; la chica frunció el ceño y dejó escapar un suspiro de frustración.
—Vamos, Hermione...—La voz de Ron se tornó ansiosa—. Ya están aquí...
Hermione comenzó a entrar en pánico.
—Expecto patronum... expecto...¡Ron!—ella chilló al ver como un dementor comenzaba a absorberle el rostro—Vamos, vamos, vamos... —Y el recuerdo de su beso con Draco Malfoy le inundó la mente...— ¡Expecto patronum!
Una nutria plateada salió de su varita y comenzó a repeler al dementor que estaba con Ron para después irse con el otro dementor que se encontraba cerca. Hermione se apresuró a ir con Ron, quien jadeaba en el suelo y estaba sudando, y arrodillarse a su lado.
—Sabía que lo harías—musitó el chico y dejó escapar una sonrisa torcida—. Eres increíble Hermione.
La chica lo miró con una sonrisa tensa.
—¿Cómo es que esos dementores estaban aquí?—le dijo a Ron, preocupada—: ¡Oh, por Merlín!, ¡hice magia!
Ron la miró sin comprender.
—¿A qué te refieres?
—¡Van a expulsarme de Hogwarts, Ronald! ¡Se supone que no tenía que hacer magia! ¡Por Merlín!
—¿Draco?—una voz femenina lo llamó y el chico desvió su mirada del libro que tenía enfrente. Pansy Parkinson se encontraba frente a él, el chico tuvo un deja vú al recordar el verano pasado y como había estado en la misma situación. —¿No estás emocionado por las noticias?
El joven la miró con el ceño fruncido.
—¿Ir a Hogwarts? ¿Bajo la mirada de Dumbledore?—Pronunció el nombre con asco y miró a Pansy como si se hubiese vuelto loca—: Prefiero mil veces irme a vivir con muggles...
—Pero Draco...—empezó a decir Pansy con voz chillona por la emoción—, ¿no te gustaría ver como Potter y Weasley ya no tendrán a su querida sangre sucia?
Ante la mención de Hermione, levantó su cabeza del libro que leía, y miró a Pansy con interés.
—¿A qué te refieres?
Pansy sonrió, ufana, ante la atención que le brindaba el rubio.
—A que la querida sangre sucia por fin tuvo su merecido... Hizo magia fuera de Hogwarts y por ello van a expulsarla.
—¿Qué demonios hizo para que la expulsaran?—preguntó Draco, atónito.
—Según lo que me dijo Daphne, la muy estúpida hizo magia al defenderse de un dementor, ¿puedes creer eso? Ni siquiera pudo hacerse de una excusa para hacer magia...
Pero Malfoy ya no la escuchaba. ¿Dementores? ¿En un lugar en donde viven muggles? ¿Qué hacían dementores en una zona como aquella en donde coincidentemente viviera Granger? Aquello le sonaba muy raro.
—¿Has dicho dementores, Pansy?—preguntó el chico, interrumpiendo el monólogo de la aludida, y la miró fijamente.
—Como oíste, Draco, la sangre sucia ya no estará más en Hogwarts...
—Fuera.
Pansy lo miró como si se hubiera vuelto loco y lo miró perpleja.
—Como escuchaste, Pansy, vete de aquí.
La chica lo miró con los ojos, llenos de lágrimas, y con un reproche marcado en ellos.
—¿Pero por qué...?
Malfoy la miró con desprecio.
—No me interesa tus chismes sobre Potty, la Comadreja o la sangre sucia...—Las últimas palabras le quedaron atascadas en la garganta y carraspeó—: Así que fuera.
Pansy lo miró con reproche y le pegó en el hombre para después salir con un dramático portazo. Draco se tocó las sienes de la cabeza sintiendo como algo en su interior estaba por explotar.
¿Era capaz Granger de hacer magia fuera de Hogwarts? Lo poco que sabía Malfoy sobre ella es que respetaba las reglas y normas más que nada en el mundo y por ello no sabía si darle realmente crédito a lo que había escuchado. ¿Y si...?
Un ardor en el estómago lo hizo apretar los puños, sacar un pergamino y una pluma con una rapidez inmediata. ¿Y si le había pasado algo? Malfoy apretó la pluma y comenzó a escribir furiosamente en el pergamino.
Mañana en Caldero Chorreante a las 5. DM
.
Hermione estrujó la nota entre sus manos y se mordió los labios indecisa. Hacía una semana que había llegado a Grimmauld Place después de toda la locura ocurrida en su casa y había pasado todo el tiempo encerrada en la biblioteca de los Black para investigar sobre su caso. Iba a ir a juicio, uno en donde podían romper su varita y prohibirle el ir a Hogwarts.
Aquella perspectiva le hacía querer escapar e impedirlo pero sabía que aquello no podría hacerse. Sabía que su caso había en total defensa propia... Es decir, ¡había un dementor atacándola, por Merlín! Había estado dándole vueltas y sabía que Dumbledore no lo permitiría además que contaban con el testimonio de Ron.
Miró la carta nuevamente y frunció el ceño a sabiendas de que los Weasley no le permitirían salir y menos con los eventos del pasado junio. Estar en Grimmauld Place era lo más deprimente que había experimentado en su vida. Y estaba el hecho de que en dos días tendría el juicio y la Sra. Weasley los tenía más vigilados que nunca, no dejaba a Hermione ni siquiera asomarse a la ventana con el temor de que hiciera magia accidental y pudiera afectar su caso aún más.
Sin embargo, la tentación de salir de Grimmauld Place era tan grande que no podía evitar pensar en la propuesta de Draco Malfoy. Sabía que era una reverenda estupidez, pero llevaba semanas sin ver al rubio, y honestamente, muy honestamente, en el fondo de su ser admitía que le gustaba un poco.
Miró a su alrededor, los estantes llenos de libros y polvo, y cerró el libro que tenía en sus manos: Todo sobre el Estatuto del Secreto, y sintió que al menos debía de contestarle a Malfoy. Su pequeña nota era tan concisa, sin embargo, ella sentía que tenía todo el significado del mundo, como si tuviera algún código encriptado y la chica no pudiera encontrarlo.
Y Merlín sabía que se moría por ir a verlo, ya que la curiosidad de saber lo que tenía que decirle era más fuerte que su prudencia y todos sabían perfectamente que la curiosidad había matado al gato.
—¿Se te ofrece algo más?
Draco se encontraba en una mesa del Caldero Chorreante y miró a la simple camarera que tenía frente a él con aburrimiento. La despachó con un movimiento de la cabeza y ella se fue un tanto ofendida por su seco trato. El joven observó a su alrededor tratando de encontrar una cabellera castaña entre el gentío de personas pero al no tener éxito, se conformó con un tomar un trago de Cerveza de Mantequilla.
Frunció el ceño al mirar el reloj que había a su derecha y darse cuenta de que la chica iba tarde o al menos lo haría si fuera a presentarse. Dejó escapar un suspiro, aburrido, y sintió algo parecido al miedo al pensar en la posibilidad de que Hermione Granger lo dejara plantado. Sí, sabía que la Gryffindor era de esas chicas con una moral intachable y por lo tanto había dado por supuesto que su sentido de moralidad y buenos modales la obligaría a presentarse.
"¿Cómo se atreve esa sang-Granger a dejarme plantado?", pensó y se irritó aún más al percatarse que ni siquiera en su mente podía llamarla sangre sucia. Sin duda se estaba volviendo cada vez más un blandengue. Pero no tuvo tiempo para seguir lamentándose porque en ese momento la puerta del Caldero Chorreante se abrió y dejó ver a una figura delgada y con un indomable cabello castaño. "Granger", el simple pensamiento lo hizo sonreír quedamente y alzó una ceja cuando la chica volteó a verlo como si hubiera pronunciado su nombre.
—Malfoy.
—Granger—El aludido portaba una sonrisa sarcástica y, como se había parado al verla, la acercó a él, rodeándola con el brazo—: Cuanto tiempo sin verte.—El sarcasmo era palpable en cada una de sus palabras sin embargo si mirada fija en ella le hizo pensar a Hermione que sus palabras eran verdaderas.
—Umm...—El nerviosismo de Hermione acrecentía en la duración de la mirada de Malfoy y se separó delicadamente de él, sentándose en la silla que había frente a la de él. Miró como Malfoy la imitaba sin quitarle la mirada de encima y ella sintió sus mejillas enrojecer.— Deja de hacerlo.
—¿El qué, precisamente?
Pero ella no tuvo oportunidad de responderle porque en ese instante llegó la camarera que le tomó la orden. La chica ordenó Cerveza de Mantequilla, igual que Malfoy, con un poco rompope encima. El chico no le quitó la mirada de encima ni siquiera cuando la camarera le preguntó si quería algo más y el chico volviera a ignorarla con un gesto un tanto grosero. Hermione frunció el ceño ante sus malos modales pero se sintió aliviada cuando la camarera le trajo su pedido y se marchó, dejándolos solos.
—¿Así que para qué querías verme?—preguntó ella, cansada de su silencio y sus miradas.
—¿Es qué acaso no puedo hacerte una visita de calidad, Granger?—El chico dejó escapar una sonrisa ladeada ante el turbado aspecto de la chica—: Tal vez ese beso no fue suficiente y quisiera más... ya sabes.
—¿Disculpa?—El rostro de Hermione se tornó indignado y lo miró con repulsión—, a veces olvido lo despreciable que puedes llegar a ser, Malfoy.
—Me adulas, Hermione—Pronunció su nombre con cierto retintín y observo con inusitado placer como la chica se sonrojaba sin poder evitarlo.
—Ya en serio, Malfoy, dudo que esto se trate de una visita afectuosa desde Bulgaria.
—Me he enterado que tuviste un pequeño inconveniente con los dementores—El rostro de Draco se tornó serio mientras hablaba—Así que quise ver con mis propios ojos y disipar el ridículo rumor de que estuvieras muerta.—Lo último lo dijo en broma, sin embargo, Hermione sintió una oleada de cariño al ver como al fin, Draco Malfoy dejaba entrever su preocupación hacia ella.
—¿Cómo te enteraste?
Draco hizo un gesto con la mano, restándole importancia a aquella parte de la información.
—No importa como me enteré, lo importante es cómo pasó.
Y entonces Hermione procedió a contarle el suceso de como un dementor les había atacado a ella y a Ron al estar en una cafetería muggle. Malfoy frunció el ceño al oír como la chica estaba pasando tiempo con la Comadreja, sin embargo, la dejó terminar su relato.
—La Comadreja es más estúpido de lo que creía—señaló al momento en que Hermione terminara su relato—. ¿No saber defenderse?, ¿correr como niña asustada en vez de luchar como un mago?
—Ron no tiene la culpa de nada—Lo defendió Hermione con más pasión de la que Malfoy quería—: Fue una situación de vida o muerte, no sabíamos que hacer y simplemente pasó. Nadie tiene la culpa... sólo espero que el Ministerio de Magia sepa distinguir eso y no me expulse de Hogwarts y jamás me dejen volver...
—No lo harán—La interrumpió Malfoy, firme—, únicamente has hecho una vez magia fuera de Hogwarts y fue en una situación, como tu dices, de "vida o muerte" por lo que tu uso de la varita está justificado, además de contar con el imbécil de la Comadreja como testigo y lo que deberían de preguntarse es quien envió a esos dementores, en vez de de porqué usaste magia.
La lógica aplastante de Draco Malfoy calmó y apagó todas esas dudas que venían carcomiéndola desde el incidente; se relajó en el asiento y miró al chico con una sonrisa.
—Gracias.
Malfoy solo se limitó a hacer un sonido y Hermione tomó otro trago de su Cerveza de Mantequilla antes de hacerle una pregunta más.
—¿Malfoy?
—¿Si, Granger?
—¿Tu papá..., umm, él estuvo involucrado en lo de Cedric?—La voz de Hermione era suave y tímida, como si supiera la respuesta de esa pregunta pero aún así quisiera que él se lo dijera.
Malfoy la miró fijamente y sintió que algo de él se destruía y desmoronaba al ver esos ojos chocolates.
—Sí.
Hermione dejó escapar un gran suspiro y se abrazó los hombros, como si intentara protegerse de la crudeza verdad que Draco Malfoy le había dicho.
—No lo entiendo...—dijo en un hilo de voz y Malfoy la miró con el ceño ligeramente fruncido—, ¿porqué estás aquí si...?
"Si tu papá es un mortífago", esas palabras no dichas, pero que ambos sabían, flotaron entre ellos, poniéndolos en una situación incómoda, confusa y un tanto hiriente, al menos para el chico. El jovial ambiente que habían mantenido hasta entonces se había roto y Hermione sentía una enorme necesidad de irse lejos y escapar de los profundos ojos grises de Draco Malfoy.
—Tú no sabes nada—Cada palabra dicha, dura y brusca, parecía salir de lo más recóndito de su ser—: No sabes ni un carajo sobre mi vida.
—Entonces explícame—respondió ella, silenciosa y lentamente, como si quisiera hacerle entendérselo—, dímelo Draco, para poder entenderlo.
El pronunciar su nombre pareció apaciguar los nervios perdidos del chico y éste la miró vacilante.
—No puedo.
Hermione asintió con la cabeza, pausadamente, y se levantó de su lugar.
—¿No puedes o no quieres?
La pregunta dejó al chico con la mente en blanco y pensando en las posibilidades de contarle todo a Granger, contarle cómo sus padres estaban utilizándolo para sus propios fines, sin importarle que él únicamente tuviera quince años, el cómo todas las noches prefería estar en Bulgaria y no en medio del inicio de una guerra, el cómo había odiado a su padre al enterarse de que él estaba en el momento en que Cedric Diggory había muerto, el cómo no quería portar una asquerosa marca en el brazo, el cómo simplemente no quería ser él y, finalmente, el cómo no sabía lo mucho que odiaba que le importara tanto su presencia y no poder mostrarlo...
—Lo siento.
Hermione arrugó su cara, comprendiendo lo que pasaba por su mente y él se aterró ante la idea de que pudiera leerlo con esa facilidad.
—Bien, creo que lo mejor será que cada quien siga su camino por su cuenta.—Dijo, después de un tenso silencio, y, dejando un par de galeones, se levantó de su silla—: Es evidente que tú ya lo hiciste.
Y con eso salió de Cabeza de Puerco, dejando a Malfoy totalmente solo y estático en su lugar, quien tenía ganas de levantarse e impedirle que se marchara, sin embargo, se conformó con verla salir y terminar su cerveza de mantequilla.
"La vida sí que era un asco", pensó antes de salir del pub, envuelto en su capa.
Se siente muy extraño el volver escribir después de mucho tiempo sin hacerlo, es como hablar con un viejo amigo después de años sin verlo. En fin, estoy de vuelta, después de uno de los años más confusos y difíciles de mi vida, porque mi compromiso ante esta historia es más grande que nada. Quiero disculparme tanto el haberme prolongado en esta historia, pero les prometo que de ahora en adelante las actualizaciones serán más seguidas.
Muchas gracias a todas las que dejaron su review: Cignus Black, Aome-Hime, Alice Marie Fray, AngelesPG y PrincesLynx, quienes me animaron a seguir escribiendo. Y las que no me dejaron su review, sería hermoso conocerlas y saber su opinión.
Besos,
Mariana Masen.
